portrait of woman thinking and biting her lips, looking up with hand on cheek. Horizontal shape, Copy space

Tus labios…

Cada vez que miro tus ojos a lo lejos, y logro llamar tu atención, tu mirada tiene un poder sobre mi que me envuelve, como si tus pestañas me incitarán a correr a tus brazos. Seguidamente tus labios se humedecen con tanta inocencia, y yo me vuelvo loco por saber a que saben. Cual será el sabor de esa boca chiquita pero de labios atractivos, que al verlos cuando me hablas me hacen volar la imaginación. Siempre imagino besándolos con dulzura, suavemente, con ternura. Acariciando tu bello rostro mientras me degusto con tu boca. Recorrer con la punta de mi lengua tus labios, morderte poquito a poquito, acelerando la intensidad de cada beso… Hasta poseer toda tu boca con un gran beso a la francesa. Tu boca se me empieza a ser pequeña, mi boca empieza a recorrer tu rostro, tu cuello, tu oreja… Allí me detengo y te susurro: -Me encantan tu besos, nunca dejes de besarme… Quiero que tus labios sean solo míos, quiero que tu seas mía-
Tu sonríes y me dices: -Soy tuya desde que me besaste la primera vez… Con tu mirada. Yo también espere con ansias este momento, y resulto ser más apasionado de como me lo imaginaba. – en ese instante suspiraste profundamente y te dije: – ¿Sabías que tosemos para aclarar la garganta y suspiramos para aclarar el corazón?- seguido de una sonrisa y un beso en tu frente, tu solo me miras a los ojos, como buscando más allá de mis pupilas un motivo, una razón para no seguir besándonos. Pero es tu boca la que no se puede detener, son tus labios los que piden ser besados, es tu corazón el que quiere sentirse emocionado. Y aunque no creas ya en el amor por otras desilusiones, aún crees en lo emocionante que es sentirse deseada, seducida, conquistada. Tu cuerpo aún es débil a las tentaciones, al deseo, lo carnal. Sentir que te desnudo con solo mirarte. Sentir que te acaricio con mi mirada. Sentir que puedo hacerte mía con solo la imaginación. Y que no puedes evitarlo…

 

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Señora de las 4 décadas (Parte 3)

Ver tu cuerpo desnudo en mi cama, después de una primera sesión de sexo y pasión contigo elevo mi ego. Sentí que todo hombre en su vida debería empezar experimentando en el mundo sexual con una mujer con más experiencia que el. Desde qué estuve contigo esa noche empezó otra etapa de mi vida. No era solo vivir la aventura, era saber disfrutarla. Era complacer los deseos, las fantasías, saciar las ganas. En ese instante después de descansar un poquito recuerdo que me dijiste: -Quiero que me hagas gritar…- Para mi fue “una orden” e inmediatamente empece a besarte por el cuello susurrándote al oído: – Ahora me toca a mi, estas lista? – y empece a morderte suavemente cada rincón de tu cuerpo, te recorrí con mi lengua y mis labios. Mis manos recorrían tu piel, acariciando cada parte de ti. Me encanto besar tu cintura, morderla con picardía… Rozar tu ombligo y haciendo círculos con mi lengua jugaba con tu sexy huequito.

Hasta qué de pronto decidí bajar a tu sexo y mis labios hicieron un chasquido como un beso largó y profundo en tu clítoris y un suspiro profundo te invadió. Así qué me dedique a saborear el dulce sabor de tus jugos… Tu solo me tomaste del cabello y controlabas con tus manos la intensidad y la presión, yo controlaba la velocidad y la profundidad de mi lengua dentro de ti. Me excitaba cada vez que gemías más y más alto, tu respiración cada vez más acelerada y profunda. Sentir como temblaba tu pelvis cuando mi quijada se pegaba a ti. Sentir como me alabas el cabello cada vez más fuerte. Y me presionabas a tu sexo tan fuerte como sí desearás meter mi rostro entero dentro de ti. Subí tus piernas y empece ayudarme con mis dedos, recuerdo que enloqueciste, estabas toda mojada, tus jugos y mi saliva mezclados entre tus piernas recorrían tu piel hasta mis sábanas.

De pronto un escalofrío invadió tu cuerpo por entero y me agarraste con ambas manos y presionaste mi boca contra tu sexo de manera desenfrenada y casi sin aliento me dijiste: Muérdeme… Y un gran orgasmo invadió tu cuerpo seguido de un grito placentero largo y tendido, hasta que dijiste “Ven aquí…” y nos besamos. -“Me hiciste acabar rico mi niño, no quiero que se acabe esta noche… aun tengo muchas cosas por hacernos sentir.”-

Fue una gran noche, la botella de whisky empezó a verse vacía, y las posiciones del Kama Sutra nos quedaron cortas. Hiciste conmigo lo que te dio la gana, aun no puedo olvidar el ultimo orgasmo de esa noche, donde quisiste demostrarme tu experiencia con una felación  a garganta profunda que me dejo sin fuerzas y energía, dejándome casi dormido en mi cama hasta el amanecer. Gran noche la que vivimos juntos, mi señora de las cuatro décadas.

Continua…

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Señora de las 4 décadas (Parte 2)

-Quien diría que terminaría metido en la cama con una mujer que puede ser mi madre por su edad- comente.
-Pero no lo soy- me respondiste. -Sólo relájate y déjame disfrutar de este instante, tal vez mañana te arrepientas y no quieras verme de nuevo.-

Yo no lo niego, lo que en un pasado siempre dije “Con una vieja, nunca” me estaba tragando mis propias palabras. Tu solo me pediste que me relajara nuevamente. Empezaste a besarme desde el cuello con total sutileza, acompañados de caricias con unas manos muy bien arregladas recuerdo, uñas impecables, y una frescura única en tus dedos. Besaste mi pecho, mordiste un poco mi hombro izquierdo… Como tanteando la zona. Seguiste bajando hasta llegar a mi abdomen y sonreíste, me mirabas fijamente, y sosteniéndolo en tu mano derecha me dijiste: – Se que mueres por que lo haga-
Sólo coloque mi brazo sobre mis ojos y dije en voz susurrante: – Diooooos!! – y deje que tu boca hiciese su mejor trabajo. Fue fascinante cuando sentí el calor de tu boca y el movimiento de tu lengua. Todo empezó tan dulcemente, sutil, explorando cada centímetro de mi miembro. Yo solo podía respirar profundo… Y disfrutar. Aunque por un instante sonreí… Es que vino a mi mente un recuerdo de adolescente. Un amigo del liceo me dijo una vez: -“Hermanito, cójase una vieja, es lo más bueno que hay, yo se por que se lo digo”.
Apenas estaba empezando la noche y yo ya le daba crédito a mi amigo por tan grandioso consejo. De pronto decidiste ofrecer algo que a muchos hombres nos encanta: un 69. Te posicionaste encima de mi… Mis manos sujetaban tus grandes caderas mientras mi lengua jugaba contigo. Tu seguías ofreciéndome un sexo oral descomunal, sabías con detenimiento mis puntos débiles, la experiencia se ponía de manifiesto. Recuerdo como me gritabas en algunos momentos: ¡No pares! ¡No te detengas por favor! Hasta un punto donde casi ni te salió la voz… Sólo un largo y placentero gemido, acompañado de unos suspiros, apretabas tu pelvis a mi cara, casi me dejabas sin respiración. Decidiste cambiar de posición inmediatamente, y te colocaste tipo “perrito”. Sólo ver tu cintura y esas grandes caderas era suficiente razón para volverse loco del deseo. Aunque todo se me torno más explosivo cuando escuche algo que hasta ese momento ninguna mujer me había dicho: “-Soy tu puta papi… cojeme rico”.
Primero sonreí, por un momento creí haber escuchado mal, pero cuando lo volviste a repetir… Una ola de lujuria me invadió… Siempre creí que a las mujeres les gustaba palabras dulces solamente. Que gran equivocación. ¿Recuerdas que me pedías que te lo dijera? -Eres mía- te dije primero. Y me dijiste que asi no tenia la misma fuerza o intensidad, que era:”¡Eres mi puta!

Mientras más lo decía más energía se apoderaba de mi. Como si se recargara mediante esas tres palabras. Tu solo gemías y suspirabas, mientras arrancabas las sábanas de la cama y mordías la almohada.
-¡No pares por favor! Seguías diciendo, mientras las gotas de sudor empezaron a brotar de mi frente, hasta el punto de caer encima de ti…
De pronto me pediste que no me moviera, decidiste tomar el control de los movimientos tu misma, un ir y venir dulce y suave, en otros instantes acelerabas la velocidad e intensidad. Yo sentía que iba a explotar. Con sólo mirarme sabias que estaba a punto de llegar. Así que decidiste empezar a gemir más fuerte y gritarme: -COJEME DURO PAPI… Quiero llegar contigo!!-
Fue increíble como los hombres nos activamos con palabras que nos hagan sentir que tenemos el control. Mis manos apretaron tus nalgas con fuerza y después de varios movimientos agresivos simplemente no aguanté más… Te dije: -Me vengo- y sentí como tu sexo me apretó y me hiciste explotar de placer… Caí sobre tu espalda, mi cuerpo estaba tan sudado que resbalaba por tu cuerpo. Quede sin aliento. Sonreíste y dijiste: Descansa un poquito mi niño, que la noche apenas empieza…

Continuara…

 

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Señora de las 4 décadas…

Te conocí en un bus rumbo a La Guaira, en aquella época cuando se cayó el viaducto. Cuando las colas eran interminables, yo iba sentado a tu lado ya desde hace una hora y no habíamos cruzado una palabra. Hasta qué recibiste una llamada que si no mal recuerdo te hizo hasta llorar. Y como para pensar en otra cosa me dijiste: -Wao! Esta cola esta interminable… Ya no siento las nalgas – seguido de una sonrisa. Fue suficiente para mi, ver una mujer de cuarenta y tantos años como pasaba de tristeza a alegría en sólo segundos. La curiosidad me mataba. ¿Que le estará pasando a esta señora tan simpática? Empece a hablar contigo y en cada mirada sentía una atracción casa vez mayor. Nunca me había sentido tan atraído a una mujer mayor a mi. Tu forma de hablarme, la forma en que tus labios se movían, esa mirada que a veces se perdía como tratando de no dejarte invadir por tus problemas. De pronto una ola de calor invadió tu cuerpo y sacudiste tu blusa y soplaste tus senos… Recogiste tu cabello y no pude evitar mirar el escote de tu blusa. Se que te diste cuenta. Se que notabas que mi mirada te recorría rápidamente. Y faltando pocas cuadras para quedarme en mi parada me dije mentalmente: -necesito volver a ver a esta señora.- Así que saque mi tarjeta de presentación y te dije que estaba a la orden. Me dijiste: -Que bueno mi niño, anota mi número, yo soy la Jefa de Servicios Generales de la Clínica ****** también estoy a tu orden.- Ya me toca quedarme en la siguiente parada, fue un placer conocerte.- Te dije lamentándome por dentro. Pero tu con sonrisa en los labios me dijiste: -Tienes Messenger? – Y te dije que si, que el correo estaba en mi tarjeta. Así que me dijiste: -Tal vez me conecte ahorita- y me guiñaste un ojo… Creo que me baje del bus y corrí a abrir el Messenger y esperar que me agregara…

Así fue, media hora después vi como me aparecía el mensaje si deseaba aceptar tu solicitud. Fue un clic inmediato. Mi corazón se aceleraba. Empezamos a hablar, de cosas muy diversas, pero fue hasta que dijiste: -Lástima que eres tan joven, si tuvieras unos 15 años más las cosas fueran diferentes- Yo inmediatamente pensé: – ¿Para que quieres tener un hombre con más edad? Olvidemos el Tabú, yo me arriesgo. Y te dije: -A mi no me importa la edad, a veces uno se siente atraído por gente mayor y deja de probar porque tienes miedo a que te juzguen… Por ejemplo, tu me atraes y me gustaría conocerte profundamente. –

¿Qué tan profundo?- respondiste colocando un emoticon de “diablito”
-Lo que tu me permitas- te respondí acompañándolo con el de “angelito”
-¿Vives solo? Porque podríamos vernos en tu apartamento y bebernos unos tragos y así conocernos más en persona. Yo vivo con mi hija pero le puedo decir que me voy a quedar trabajando en Caracas. ¿Que te parece este viernes?
Mi cara, un poema, menos mal no era una videoconferencia, simplemente respondí con un ME ENCANTARÍA. Te escribí mi dirección y te espere ansioso hasta el viernes. Sólo debía esperar que pasara el jueves rápido. Así me daría chance de acomodar el apartamento, seleccionar buena música, la ambientación es importante.

Llego el día tan esperado por los dos. Quedamos en vernos en la parada para irnos juntos. Recuerdo que usabas uniforme de pantalón azul marino y una blusa blanca. Esta vez si pude verte bien, a la luz del día, me encanto ver tus piernas y esas grandes caderas. Te veías muy elegante y atractiva. Cuando me acerque a ti recuerdo que me dijiste: -Mi amor! Te estaba esperando- nos abrazamos y un beso de esos que tocan la frontera entre la mejilla y la boca. Inmediatamente se me aceleró el corazón. Creo que esa hora en autobús sería la más larga de la historia. Cuando al fin llegamos a mi apartamento recuerdo que sacaste una botella de whisky Etiqueta Negra, yo busque par de vasos con hielo y empezamos brindando por nuestra nueva amistad. Una amistad que ambos sabíamos que terminaríamos en la cama. Así que no tardamos nada en darnos los primeros besos, y olvidarnos de precalentar, yo ya venía muy caliente. Así que sólo te desabotone la blusa y deje al descubierto tu pecho lleno de atractivas pecas. Me acuerdo que me dijiste: -No tengo mucho busto, pero ¿sabes que lo complementa? – te pusiste de pie, te diste vuelta dándome la espalda y bajaste tu pantalón suavemente dejando ver un pequeño hilo que contrastaba con unas grandes y atractivas nalgas y esa marca de bronceado que me dejaron boquiabierto al ver que usabas bikini pequeñito para ir a la playa…

Continuara…

 

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Eres mía…

Hoy recuerdo como fue esa primera vez contigo. Te esperaba ansioso, deseando volver a probar esos ricos labios que bese ese día en la discoteca. Quería que al pasar la puerta de mi habitación te sintieras la mujer más deseada de la tierra. ¿Recuerdas como el piso estaba cubierto de pétalos de rosas hasta mi cama? Las velas por doquier y el olor a vainilla que endulzaba el ambiente. Tu rostro era un poema. Recuerdo que te prepare algo para comer… Creo que ni lo probamos jajaja. Te serví una copa de champaña para entrar en ambiente. Y después de media copa, los besos estaban invadiéndonos, las caricias y el deseo se volvieron protagonistas de esta nueva historia.

Volver a sentir esos labios carnosos, sentir tu aliento deseoso de pasión y lujuria. Nos recostamos en la cama, tu cuerpo sobre el mío, aún recuerdo como acomodabas tu cabello cada vez que invadía nuestros rostros, decías con voz suave: -Que tanto deseabas besar mis labios nuevamente- Y yo sin dejar de besarte y entre pequeños mordiscos te decía: -Los deseaba… Demasiado… No dejes de besarme…- fue cuando decidiste quitarte la blusa y mirarme fijamente a los ojos. Mi corazón latía cada vez más rápido, lo que una vez solo fue una fantasía ahora la tenía encima de mi cuerpo. Nos bebimos la champaña y me pediste algo más fuerte, así que busque una botella de tequila. Y entre shoots y besos fuimos entrando más en calor. ¿Te acuerdas de cuando tomaste la Nutella y cubriste gran parte de tu cuerpo de chocolate? Ver tu cuerpo desnudo cubierto de chocolate… Ya mis labios y mi lengua no me alcanzaban para comerte entera. Que rico es unir alcohol, chocolate y pasión.

No puedo borrar de mi mente el instante donde me tomaste de la mano y me llevaste a la ducha para quitarnos tanto dulce de nuestras pieles pero te llevaste la botella de tequila… Me arrodillaste, y me dijiste: -Quiero que bebas de mi cuerpo… – y dejaste caer la tequila a tus senos y recorrió todo tu abdomen y allí abajo estaba yo esperando por beber mi primer shoots-cunnilingus. Tus movimientos de pelvis y caderas me tenían loco. Abrí la ducha, moje tu cuerpo, deje que el agua caliente recorriera tu piel. Tome el jabón líquido entre mis manos y empece a deslizarme por tus curvas. Pegue tu espalda a mi pecho, mis manos podían sentir tus senos firmes, tus nalgas recostadas a mi buscando como sentirse penetradas. Besos, gemidos, la pasión no se contenía… Recuerdo que salimos aún goteando agua de la ducha y así mismo nos lanzamos en la cama… -¿Desde cuándo me deseabas?- preguntaste. -Desde la primera vez que me hablaste- respondí. -Mis palabras te calentaban. -¿Deseabas hacerme tuya? ¿Querías tener mi cuerpo encima de ti? – me decías mientras empezaba a penetrarte suavemente. -Ya soy tuya, sólo tuya, yo también te deseaba demasiado. ¿Qué me hiciste? ¿Como me convenciste? – me decías. Yo solo te besaba y acariciaba disfrutando cada centímetro de tu piel. Esa boca tuya que me dejaba sin respiración. De pronto cambiamos de posición, me tocaba a mi dominarte, tener el control, quería sólo cogerte, pero tu mirada, tu voz y tus caricias me llevaron a hacerte el amor. Ya mi deseo se había hecho realidad. Ya eras mía… Totalmente mía. Valió la pena esperar que decidieras dejarlo a él y te entregarás a mi. De aquí en adelante empezó nuestra historia….

 

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Te soñé despierto…

Esta vez no te contare un sueño de esos que se tienen cuando duermes. Esta vez, te contare uno que tuve despierto. Y este empieza despertando… Despertando a tu lado, mirándote como duermes con una sonrisa en los labios de felicidad. Así me acerco a ti y susurrante al oído te digo: Despierta bella durmiente! Es hora de levantarse…
Me sonríes y respondes: No quiero despertar de este sueño!
Así que me acerco y empiezo a besar tu hombro… Con rumbo hacia tu espalda… Abro camino entre tu cabello para llegar a tu cuello. Y sólo te respiro cerca y siento tu aroma de mujer. Sigo recorriendo con mis labios tu espalda…Y siento como se te eriza la piel. Tu solo suspiras… Te tomo de la cintura y volteo tu cuerpo. Quedándome tu ombligo frente a mi boca… Lo beso levemente… Y tu sólo aprietas las sábanas y vuelves a suspirar… Levanto un poco mi cara… Y mirándote te digo con una sonrisa en los labios: quieres que suba o que baje? Y sólo te tapas los ojos, suspiras, sonríes, y me miras… Sólo me miras… Tratando de decirme lo que querías que hiciera sólo con una mirada… Así que yo solo cerré mis ojos y empece a besarte por todo tu cuerpo… Besos suaves… Que subían y bajaban por tu abdomen… De pronto, mi boca se detuvo en tus senos… Mis manos empezaron a acariciarlos, empece con sólo roces con mis dedos… Jugando y degustando el sabor de tu piel, cada tanto abría mis ojos para ver tu cara de placer… Y tu sólo susurrabas entre labios: No te detengas.
Me encanta como tu respiración se acelera, como muerdes tus labios, y me miras, y disfrutas como yo me saboreo con tanto gusto esos lindos y redondos pechos… IC