portada-masturbacic3b3n-08marzo

Con las dos…

Muchas noches deseó ser tocado por ambas, que recorran mi piel centímetro a centímetro. Paso a paso como sí caminarán por mi cuerpo. Que se deslicen por algunos instantes transmitiendo el calor y la energía de las dos. Una toca mi rostro, acaricia mi cabello, se siente algo fría, fresca en realidad. Juega con mis labios, mi nariz, me hace sonreír. La otra me hace suspirar, ya que recorre mi espalda, mi abdomen, mi pecho. Se siente más caliente. Sus caricias son más intensas, más dominantes, controladoras.

Ambas me hacen sentir el mayor de los placeres. Grandes emociones. Juntas me liberan de mi ropa, juntas me arrinconan contra la pared. Cada una toma el control de mis manos, como diciendo “no te muevas”. Yo me quedo inmóvil, aunque provoca luchar por liberarse. Una de ellas me toma por el cuello, la amenaza por el control es inminente. La otra se desliza por mi pecho, bajando por mi abdomen, y toma el control de mi sexo.

Estoy a merced de ambas, mi respiración se acelera cada vez más. De pronto ambas se adueñan de mi sexo y unos labios húmedos y calientes se empiezan a degustar con gran placer. Una lengua bien juguetona empieza a recorrerme, unos labios carnosos le dan apoyo. Sientes el sonido de una boca degustando con gran placer un sexo oral largo y profundo. Siento tantas sensaciones que no deseo que se detenga ni por un instante, una de ellas se apodera de la mitad de mi sexo, apretándome fuerte. La otra acaricia mis nalgas, mi espalda. Y cuando menos lo esperas ambas se adueñan de mi sexo y con movimientos intensos me masturban, quieren hacerme explorar… Se turnan, y cuando le hago saber que ya se aproxima mi orgasmo ambas trabajan juntas con movimientos giratorios invertidos llevando mi sexo hasta tu boca me dices:

-¿Quieres que siga con las dos manos? o ¿Quieres llegar aquí? (Tocando sus labios muy sutilmente)

Tu mirada de picardía fue la que me hizo llegar antes de que terminaras la frase… Tu boca se apoderó por esos segundos de mi, y tus ojos no se apartaron de mi, disfrutaste cada segundo mirándome, viendo como un escolofrio se apoderaba de mi cuerpo, te mire fijamente a los ojos casi sin parpadear. Tu terminaste de saborear y finalizaste con una sonrisa de satisfacción y placer consumado.

– ¿Te gusto? dijiste con voz suave
-Creo que tu cara lo dice todo… – dijiste con una sonrisa malvada entre tus labios
-¿Viste las maravillas que pueden hacer juntas mis manos y mis labios? ahora espero lo mismo de ti…

Continuara…

 

Sol-Perez

Sueño húmedo…

Es tan emocionante amanecer con la imagen de tu cuerpo en mi mente. Aunque más emocionante sería que amanecieras en mi cama, poder verte completamente dormida, completamente desnuda, completamente mía. Poder acariciar cada centímetro de tu cuerpo como sí dibujara nuevamente cada una de tus curvas. Como sí pintará cada una de tus pecas o lunares. Sería como modelar un jarrón de barro entre mis manos, definiendo con la dulzura y la fuerza de mis dedos, apretando, a veces solo rozando. Sintiendo la textura, la temperatura.

Tu te despiertas, y tu cuerpo empieza a moverse al ritmo de mis caricias. Los escalofríos se apoderan de tu cuerpo, la piel se te eriza. Tu respiración es cada vez más profunda y acelerada. Ni siquiera quieres abrir los ojos, sólo susurras: -No te detengas- así que abres tus piernas, y tu mano se introduce entre tu piel y un sexy cachetero que usas para dormir. Tocando tu sexo. Me miras fijamente y me dices con voz muy picara y sensual: ¿Quieres sentir como me pusiste? – tomaste una de mis manos y te la llevaste hasta allí…

Podía sentir el calor y la humedad necesaria para empezar a jugar contigo al placer y al amor. Mis dedos se dejaron llevar. En un instante la mitad de mi mano estaba dentro de ti. Y mi pulgar acariciaba tus labios y clítoris con mucha suavidad. Tu mientras tanto acariciabas tus pechos, eso me encanta, tu boca se abría, respirabas profundo, mordías tus labios por instantes, en otros me gritabas: – Bésame!
Mi mano no dejaba de moverse, tu tampoco dejabas de hacerlo. Tus jugos recorrían mis dedos. Tu no dejabas de gemir. No deseabas que me detuviera ni por un instante. Apretabas las sabanas, casi que arrancándolas de la cama. Así que acerque mi boca a tu sexo para terminar de hacerte sentir el orgasmo que tanto deseabas en la mañana. Tus manos agarraron mi cabello controlando los movimientos. Mis labios, mi lengua, mis dedos, todos trabajando juntos para logran un solo objetivo, una explosión de placer y lujuria, acompañada de un largo pero leve grito. Cerrando tus ojos. Halando mi cabello. Que manera tan placentera de despertar en las mañanas…