encima

Pues toma para que te enamores (Parte 2)

Se que la vez anterior nos quedaron muchas cosas por vivir. Y esta vez vine dispuesto a liberar todos tus sentidos. Quiero que mi voz sea cómplice de tus fantasías. Que te traslades junto a mi a un mundo lleno de emociones extremas, a la frontera de la realidad y la fantasía. A un lugar de la mente donde al igual que en los sueños, sentirás cada una de mis caricias, cada uno de mis besos, cada susurro hará estremecer cada rincón de tu cuerpo. Sólo debes escucharme. Dejarte llevar.

Trasladate conmigo a un cuarto amplio, de paredes y sábanas blancas, que al igual que hojas de papel escribiremos con nuestros cuerpos nuestra propia historia de pasión y deseo.
Tu, con tu piel trigueña, cabello negro azabache, unos labios seductores y provocativos, esos que con sólo verlos hablar te hacen fantasear con tantas cosas, verlos siendo humedecidos por tu lengua juguetona y a veces hasta mordidos de manera sexy por tus dientes, imagino que lo haces cuando pasa por tu cabeza alguna idea loca y atrevida. Tu mirada, esos ojos negros que cuando te miran sientes como si no pudieras separarte de ellos, pero sólo logras librarte temporalmente cuando miras a otro par… Si (pausa) el par que llevas debajo de la blusa, ese par que es capaz de controlar y robar mis miradas. ¿Que fascinación existe entre mis ojos y tu pecho? ¿Por qué muchas veces no puedo casi ni dominar mis propios ojos? Que poder mágico poseen ellos que con sólo mirarlos son capaces de acelerar mis pulsaciones y hasta producirme erecciones. Sobre todo en esos instantes cuando caminas y las vez moverse al ritmo de tu andar. Son como unos melocotones listos para ser saboreados con placer, degustados con pasión y devorados con locura. Y mientras lo hago, tu boca susurraría mi nombre y unos leves gemidos se te escaparían sin control.

Mi boca quiere seguir explorando tu cuerpo, seguir descubriendo los sabores, olores y texturas de tu piel. Quiero recorrer tu abdomen y encontrarme con tu ombligo, el centro de tu cuerpo, quiero lamer con sumó detalle y placer de allí y hacia abajo hasta cruzarme con tu sonrisa vertical.
Una explosión de mis sentidos emerge en ese instante. Mi olfato puede sentir cada feromona que emerge de tu piel. Ese olor a placer y lujuria incontrolable que te convierte en fiera salvaje. Tus jugos de placer y mi saliva se mezclan en un cóctel de lujuria en mi boca. Tu movimientos de pelvis ayudan a mezclarlo con ayuda de mi lengua. Tus gemidos me indican que le falta un poco más. Así que mi cálida lengua se aproxima inquieta y juguetona, cerca muy cerca de ese botón de encendido. Y con sólo unos leves movimientos empiezo a ver como tu cuerpo comienza a cambiar de posturas. Ya tus manos quieren dominarme aferrándose a mi cabello. Tus piernas se abren y se cierran, tu espalda se encorva hacia atrás y hacia adelante, tu cuerpo empieza a vibrar y tu respiración se entrecorta. Los suspiros se adueñan de ti. Explotas, un orgasmo se adueña de tu cuerpo entero y la pasión se apodera de ti. «Que rico» me dijiste apenas susurrando, y con tus ojos llenos de fuego. Y lanzándote encima de mi decidiste cambiar de posición. «Ahora me toca a mi» me dijiste aferrándote a mi miembro con tu mano derecha mientras la izquierda arreglaba tu cabello. Humedeciste tus labios y mirándome fijamente acercaste tu boca suavemente a mi sexo. Yo podía sentir esa boca húmeda y caliente devorándome. Tu lengua y tus labios empezaron a jugar de forma increíble, haciéndome sentir sensaciones que jamás me habían hecho vivir. Mi miembro cada vez lo sentía más duro y mis latidos se aceleraron fuertemente. En ese instante una garganta profunda se adueño de mi, y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, lo repetiste en varias ocasiones, sabías que eso era mi debilidad, sentía tu mirada disfrutando de como hacías retorcerme en la cama. De pronto te detienes y usando tu pecho, envuelves mi miembro todo húmedo y jugoso gracias a tu boca y empiezas a moverte masturbándome con tus grandes senos. No dejas de mirarme. Sólo sonríes con gran picardía y muerdes tu labio inferior. Y me dices con voz seductora: «ya quiero sentirte dentro de mi, ven, siente como me tienes…» Y llevando mi mano entre tus piernas pude sentir como estabas de húmeda y caliente. Vi como cerraste los ojos y dejaste que mi mano te acariciara, mis dedos jugaban al placer contigo. Tu boca se abrió levemente, acompañada de un susurrante gemido. No deseabas abrir los ojos.

«Ven, bésame…» Dijiste en esta face de éxtasis que se apoderaba de tu cuerpo. Y tus labios y los míos se fusionaron en un beso profundo y apasionado. Degustando y saboreando cada labio, acariciando nuestros rostros, rozando nuestras narices con ternura, uno que otro mordisco se escapaba para seguir encendiendo la pasión que llevamos dentro. Ese deseo escondido que nos enciende. «No pares de besarme» te dije mientras mi mano aún seguía dentro de ti. Mi pulgar acariciaba sutilmente tu clítoris, el índice rozaba tus labios y el medio y anular estaban en busca de tu punto G dentro de ti. Estabas muy húmeda, y eso me encanta, me excita cada vez más.
De pronto con el poco aliento que te queda me dices: «Ya no puedo más, necesito que me penetres ¡ya!».

Tuve que complacerte, como genio debía cumplir los deseos de mi ama. Así qué abriendo tus piernas me acerque a ti, y empece primero rozando tus labios con mi miembro, envolviéndolo con tus jugos para lubricarlo. Verte morder los labios me ponía muy caliente. Tus manos empezaron acariciar tus senos. Es increíble, es sexy verte tocar, las apretabas, las pellizcabas un poco, ver como tus uñas largas dejaban huella en tu piel se volvía en un fetiche para mi. Así qué empece a penetrarte suave y dulcemente, cada centímetro que entraba te hacia estremecer cada vez más. Respiraste profundo cerrando tus ojos y dejando caer tu cabeza hacia atrás soltaste un siseo de disfrute y placer. Seguido de un «waoooooooo» largo y profundo. Así que a partir de ese momento mis embestidas a tu cuerpo empezaron a acelerar. Subí tus piernas a mis hombros, así podía besar tus pies mientras te seguía penetrando. El vaivén de tus grandes senos al compás de los movimientos de mi cuerpo lo hacían parecer un baile erótico con coreografía.

«¿Sabías que algunas mujeres tienen un segundo punto G en los dedos de los pies? Vamos a averiguarlo» te dije sonriendo.
Y mi lengua empezó a averiguar uno a uno cual de todos era el dedo más placentero. Una descarga eléctrica se desprendió de tu cuerpo cuando metí en mi boca algunos de ellos. Ya tu cuerpo no sabía a cual de los dos placeres atender. Así que te pedí que acariciarás tus senos mientras hacia todo esto. Activamos todos los sentidos. Por eso te pedí que no dejaras de gemir o de hablarme. Podía verte, tocarte, olerte, degustarte y oírte. Quería disfrutarte al máximo. El placer debía ser completo, con los cinco sentidos activados. «Quiero que llegues dentro de mi» me dijiste mirándome con tus ojos encendidos en llamas. Cambiamos de posición, me senté en la cama y te subiste encima de mi y tus piernas abrazaban mi cintura. Podía dominarte, sentir tu espalda y nalgas entre mis manos. Ver el brincar de tus senos con cada movimiento de tu cuerpo. Y podíamos besarnos sin control. En ese instante ya eran más mordiscos que besos, más nalgadas, aruños y apretones que caricias, una euforia nos domina. Ese punto donde siente que no tienes el control ni de tu cuerpo ni de tu mente. Tus movimientos de cadera me llevaban al límite, y te dije que estaba a punto de explotar. «Yo también, pero quiero llegar contigo» dijiste mordiéndome la oreja y sin dejar de moverte lujuriosamente. «Que rico me lo haces… No quiero dejar de sentirte dentro de mi.» De pronto un explosivo orgasmo empezaba a adueñase de mi cuerpo y te dije: «No pares que me vengo morena» y me aferre a tus nalgas con fuerza para apoyar tus movimientos. Tu boca se abrió levemente y tus ojos se cerraron, un profundo gemido se aproximaba, tus uñas se adueñaron de mi espalda. Una de mis manos se quedo sobre tu espalda y la otra se apodero de tu pecho mientras arqueabas tu espalda hacia atrás y dejabas que el orgasmo se adueñara de ti. Yo podía sentir como tus piernas me apretaban con fuerza y temblaban mientras aún tu pelvis no dejaba de moverse disfrutando cada segundo de esa explosión de placer y deseo. El sudor corría por nuestras pieles. Caímos exhaustos ambos satisfechos por esta sesión de pasión y sexo sin control. Yo no deseaba rendirme, esto no se acaba hasta no poder moverte de la cama. Así qué aprovechando el instante empece a morderte suavemente por la espalda intentando cruzar la línea entre el dolor y el placer. Continúe haciéndolo por todo tu cuerpo hasta llegar a tus caderas, como no volverte loco con las curvas de tu cuerpo. Te pusiste en cuatro, y dijiste con gran picardía: «Quiero que sigas»

Continuara…

 

Add a Comment

Debes estar conectado para publicar un comentario