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Mi mejor amiga…

¿Te acuerdas de aquel día que fui a tu apartamento? Tenía tantas ganas de verte y conversar contigo. Y tu también me habías pedido que te aclarara algunas dudas. Como si se tratara de una master class sobre seducción. No dejo de pensar como me atreví a besarte y como en esos primeros segundos dudaste con la frase… “Es que no quiero perder tu amistad” ¿Quien te dijo a ti que la amistad se pierde por tener sexo? Además era solo un beso. Un beso que se volvió cada vez más profundo y apasionado. Un beso que empezó a explorar tu boca, tu sabor, tus ganas. Un beso que activó mis manos y empezaron a recorrer tu cuerpo, tu piel. A acariciar tu bello rostro de niña buena, a sentir tus nalgas de niña mala. Te dejaste llevar por el deseo, porque tu misma me lo confesarte luego… Ya habías fantaseado conmigo antes, solo que ahora se hacía realidad. Nos devoramos de pie por varios minutos. Te pegué a la pared, te tomé por el cabello fuertemente y metí mi lengua en tu boca jugosa y caliente y la mordiste suavemente mientras tus manos empezaban a acariciar mi erección por encima de mi pantalón. Te llevé al mueble, te senté en mis piernas, te recosté sobre mi para así poder sentir tus senos y meter mi mano debajo de tu ropa. ¡Que delicia! Sentir tu humedad entre mis dedos mientras te estimulaba y seguía besándote. Tu abrias tus piernas para sentir mi mano acariciandote. Yo introducía uno, dos, tres dedos, tu gemias en mi oído y me besabas y lamías mi oreja. Susurrabas lo rico que sentías. Ya se te había olvidado aquello de “perder la amistad”. En un momento nos levantamos del mueble, sentías que tus vecinos te verían y disfrutarian de un show sexual gratis y no se lo merecían. Te pegué de nuevo a la pared, aunque está vez tu te arrodillaste bajando mi pantalón y sacando de su escondite a mi amigo, estaba firme y listo para ser devorado por tu boca, que no titubeó en ningún momento. Pude sentir como lo hacías desaparecer dentro de tu garganta. Tu saliva ya se hacía ver chorreando por tus labios. Uffff tus labio, esa boca divina que me hacía ver estrellas cada vez que se comía mi ereccion. Tus ojos empezaron a llenarse de lágrimas ¿lo recuerdas?

Tus ojos llorosos me gustan, sobre todo cuando esas lágrimas van acompañadas de un poco de rimer… Lo hace ver tan dark y malvado, tu cara de niña buena ahora era de una carajita pervertida. Puedo confesar que tu sexo oral me encanta y en mi top ten estas casi de primera. Estuve a punto de acabar en tu boca, pero decidí levantarte de esa posición de sumisa y llevarte a la cama. Las ganas eran cada vez mayores. Nos desnudamos en ese trecho, por fin pude verte sin nada encima. Te acostaste y no podía iniciar en la cama sin un sexo oral para ti. Estabas mojada y lista para ser penetrada, pero quería degustarme tu sabor y rico olor a sexo. Verte disfrutar de los placeres de mi lengua dentro de ti, escucharte gemir, verte apretar y las sábanas… No gritabas porque sentías pena y vergüenza de tus vecinos. Prometo llevarte a un hotel a que desahogues tus gritos sexuales la próxima vez. Allí pudiste notar lo que disfruto hacer un oral que complazca. Tu clitoris se la llevó bien con mi lengua. Y tus manos en mi cabellos pidiendo que no me detenga. Me mirabas con tu rostro angélical poseído por la lujuria y la maldad. Me levanté, te besé y te pregunté con una sonrisa malvada en mi rostro: ¿te gustó? Tu solo reíste y me pediste que me acostara boca arriba. Te subiste encima de mi y tu misma controlaste la escena. ¡Que divino sentirte toda mojada! ¡Qué rico sentir tus movimientos de cadera sobre mi! Ver tus hermosos senos sobre mi cara y tu toda sensual, sudada, gimiendo mientras lo sentías muy profundo dentro de ti. Que rico es cuando hay química, ganas, deseo, ese placer incontrolable. Verte temblar y soltar esos pequeños suspiros. Eres una mujer muy hermosa y atractiva y más aún cuando estás disfrutando, te ves tan sexy, provocativa, que no provoca detenerse ni un solo instante…

¿Recuerdas el momento cuando me pediste que te lo hiciera en cuatro? Te acomodaste levantando tu redondito trasero y te aferraste a las sábanas de tu cama. ¡Dios que divina estas! Sentirte tan caliente mientras entraba y salía de tu cuerpo. Mirar tu cara de carajita pervertida sonriendo con maldad mientras movías tus caderas con fuerza al ritmo de mis embestidas. Ambos hacíamos realidad nuestra fantasía, sabes que nos teníamos ganas de hacía mucho tiempo, pero quizás no habíamos encontrado el momento correcto. Quizás no nos habíamos provocado como ahora, que ya nos teníamos más confianza y nos empezábamos a provocar la mente de una manera más explícita. Tenerte en ese momento agarrada por las caderas, apretando tus nalgas y soltando una que otra nalgada mientras te embestía fuerte y profundo. No aguanté más, te dije que iba a explotar, me pediste que acabara dentro de ti. Y sin pensarlo si quiera tuve el orgasmo más placentero en mucho tiempo. Te seguiste moviendo de arriba a abajo mientras apretaba tus nalgas casi clavando mis uñas en ti. Caí rendido a tu lado, me besaste con ternura y diciéndome: “¡Estás loco! No pensé que lo harías dentro de mí, pero me encantó, se sintió divino. Me lo haces demasiado rico”. Recuerdo que nos besamos como un par de adolescentes apasionados y todos sudados. Aún recuerdo tus ojos, esa mirada brillante y tierna que se enciende en fuego cuando me domina en la cama. De verdad no quería irme de tu cama… Y aun hoy deseo volver a estar en ella contigo. Y cumplir ese otro deseo que dejamos pendiente y que me pediste… Sexo anal 🍑 Pronto lo haremos realidad.

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