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Nuestra fantasía…

No sé cuantas veces te he desnudado mentalmente. Para imaginarme como será cada curva de tu cuerpo. Cada peca quizás o algún lunar. Tatuajes, marcas o cicatrices. Esa firma que te hace única e irrepetible. He visto tu foto de perfil no sé cuantas veces para perderme en esa mirada, fantaseando con tus ojos, tus cejas, tus pestañas. Fantaseando con tus labios, con esa boca que causa tanta intriga. Saber como besa, como muerde, lame o suspira. Saber como se vuelve agua cuando sienta la firmeza de mi ser. Es sentir tus delicadas manos acariciando mi piel mientras te devoras hasta el fondo de tu garganta mi dureza. Es ver como se escapan las lágrimas de tus ojos por culpa de las arcadas que te das. Pero al ver tu sonrisa de placer mientras te saboreas los labios, lo escupes con morbo mientras lo aprietas con fuerza. Me hace sentir muy afortunado de haberme cruzado contigo. Unos creen en el amor a primera vista, yo creo en la fantasía que se vuelve realidad después de escribirla. Esa que es capaz de despertar el libido más dormido o apagado.

¿Sabes como te imagino? Vestida de forma elegante y atractiva, quizás con un pantalón que destaque las curvas de tu cuerpo y una blusa que deje a la imaginación sin exhibir de más. O mejor si es de esos que vienen todo en uno, para que cuando empiece a desvestirte no tengas excusa de dejarte algo puesto y tenga que quitártelo todo. Eso sí, te dejaría en ropa interior. Sé bien lo sexy que se siente una mujer cuando se compra un conjunto diminuto y de encajes, sobre todo si es de color rojo pasión, rojo fuego, ese color que te hace sentir divina y peligrosa, erótica y sensual. Me encanta acariciar con la vista, que sientas que me quiero devorar cada milímetro de tu cuerpo, que deseo tocarte, morderte, besarte. Pero le doy tiempo al encuentro. Quizás un vino nos ayude a entrar en calor. Un par de copas chocan y decimos ¡Salud! Seguido de un beso apasionado, esos besos húmedos y con lengua que te advierten de antemano que tendrás un gran encuentro. Esos besos que te hacen efecto y te hacen mojar, si es que se puede mojar más. Porque a veces puede que ya vengas mojada por el camino de solo pensar todo lo que podría pasar. Pero si no, es con ese beso donde sabes que te vas a entregar en cuerpo y alma.

Es allí cuando te dejas llevar a donde él quiera. Contra la pared, en el mueble, en el marco de la puerta, hasta que te lleva tan cerca de la cama que buscas ya sentir si está listo para adueñarse de tí. Es cuando tu mano me toca allá abajo, quizás con algo de temor y pena al principio, pero es allí cuando te das cuenta que lo que te vas a comer llena tus expectativas. Lo aprietas con tu mano, lo sientes palpándolo todo, ya me dices susurrando «Esto será todo mío» y sin mediar más palabras, llevas tu boca hasta él para disfrutarlo. Lo lames lentamente, succionándolo suavemente, tu saliva empieza a aparecer en mayor cantidad. Acomodas tu cabello para que pueda verte mientras lo acaricias y me miras con picardía. Lo escupes y lo llevas hasta el fondo de tu garganta. Lo sacas, tomas aire y nuevamente lo empujas hasta el fondo, cada vez más y más rápido y profundo.

Tus ojos se nublan de lágrimas y la nariz se humedece. Pero tu sonrisa y emoción es de una niña con un helado. Tu lengua me recorre de arriba a abajo, casi queriendo llegar a mi zona más erógena. Me pides que levante las piernas y sin soltarme empezaste a lamer mi culo. Tu mano me hacia una rica paja mientras tu saboreabas y jugabas con tu lengua. Me tenías en tu poder. Yo solo podía gemir y suspirar, disfrutar de tus manos y tu boca. Volviste a tomarlo con ambas manos y llevarlo a tu boca nuevamente, esta vez sin dejarme de ver a los ojos. Podía ver tus lágrimas correr tu maquillaje, pero te hacia ver igual de sexy, morbosa y pervertida. Hasta me pediste que te lo diera en la boca con un «Quiero tu lechita aquí» abriendo la boca mientras me masturbabas con tus manos rápidamente. Te dije que aún no.

Así que me levanté te tomé de las piernas abriéndolas y me dediqué a darte un rico sexo oral, sólo aparté tu panty a un lado para seguir disfrutando de tu conjunto rojo que te hacía ver tan sexy. Estabas caliente y muy húmeda. Mi boca se empalagó de tus fluidos que cubrieron mis labios y mi corta barba de un par de días sin afeitar. Pero tu sabor era mágico, no quería despegarme de allí. Escucharte gemir en cada lamida en tu clítoris me calentaba más. Te veía tocándote los senos, apretándote los pezones, allí me dí cuenta que te excita algo de dolor. Así que una de mis manos empezó a apretar tus pezones mientras la otra se abría espacio con los dedos para penetrarte. Uno, dos, tres dedos se disfrutaban de aquella humedad que surgía a chorros cuando empecé a moverme dentro de ti. Tocaba tu punto G para estimularte aún más. Quería hacerte perder el control del tiempo, el control de tu cuerpo, de tus pensamientos, de todo! Así que te besé.

Te besaba como si no hubiera un mañana, te mordía suave pero apasionado. Mi mano seguía dentro de ti, tocándote y estimulándote. Te hablaba sucio. Si, lo sé, sé que la voz tiene un poder sobrehumano. Pero pedirte que acabaras para mí fue un «pedir de boca». ¡Vamos perra! Acaba para mí, quiero escucharte gritar, quiero que grites que te lo hago rico, quiero escucharte gemir, quiero que me mojes, que te vengas, que me regales un squirt  ¡Vamos! Hoy eres mía, eres mi hembra, mi puta, mi dama… Hoy te voy a coger como ningún otro hombre lo ha hecho. Y justo allí, saqué mi mano y me subí sobre ti. Lo sentiste entrar todo, lentamente. Tú solo tomaste aire y te quedaste inmóvil. Cuando empecé a moverme y darte mis embestidas, me abrazaste fuerte besándome y mirándome a los ojos, soltando un rico quejido de placer, ahí ya venía, era ese orgasmo que había estado guardado desde hace mucho tiempo. Empezaste a temblar y a gemir sin control. Podía sentir como te mojabas mientras entraba y salía de ti una y otra vez. Me tomaste por el cabello, me mordiste. Me apretaste con tus piernas sin querer soltarte. Me volteé, quedando tú encima de mí. Dejándote el poder de moverte a tu gusto y placer.

¿Cuántos orgasmos fueron? Imposible contarlos. Sólo sé que no querías bajarte de allí. Podía ver tus senos brincar, ver como te mordías los labios mientras te sostenía por tus caderas y no dejabas de brincar encima de mí. Hasta que te dije: «Me vas a hacer explotar esta vez» y poniéndote en cuatro me pediste que te partiera el culo. Si, así mismo, sin más ni menos palabras. Verte en esa posición, levantando tus caderas y mostrándome todo el esplendor de tus nalgas me acomodé para darte lo que me pedías. Ya eres una mujer que se conoce muy bien y sabe buscar placer con su cuerpo. Cuando sólo había logrado meterlo un poco te moviste hacia atrás haciendo que se perdiera dentro de ti. Y allí empezaste a moverte con movimientos circulares y un vaivén que me harían explotar en pocos minutos. Allí fue cuando tu voz hizo lo suyo… Volteaste a verme y me pediste: ¡Dame con todo! Yo sentía que me iba a explotar el corazón, mi cuerpo daba todo lo que le quedaba de fuerzas. Tus gemidos y gritos me hicieron perder el control y cuando nuevamente volteaste y me pediste que lo querías dentro de tu culo… No podía dejar de complacerte. Mi orgasmo llegó y mis embestidas fueron con tanta fuerza que al final se salió y chorreo tus nalgas y espalda, dejándome sin aliento ni fuerzas. Cayendo encima de ti. Abrazándote y soltando las últimas palabras sucias que me quedaban en la mente. Terminamos esa escena besándonos y quedándonos abrazados en los brazos de Morfeo. Quien sabe si con fuerza para una segunda ronda más… ¿Tú que crees?

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