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Tu mirada…

¿Que tienes tu en esa mirada? ¿Qué esconden esos grandes ojos? Cada vez que los miro me hundo como si fueran un mar profundo. A veces trato de leer tus miradas, trato de entender tus sonrisas. Decodificando cada señal que emana tu cuerpo. ¿Coqueteo? Aún no estoy seguro. Pero lo que si estoy seguro es que tienes la facilidad es de robar mi atención. Cada movimiento tuyo a veces viene cargado de emociones, de seducción, picardía y una que otra atracción fatal que lo que provoca es caer en tus redes. Cada movimiento involuntario de tu cabello me atrae. Ese cabello rubio dorado y largo que cuando lo mueves genera y activa tus feromonas, esas mismas que me atraen hacia ti.
Esa sonrisa, esos labios tentadores, que cada vez que me hablan quisiera brincar como fiera salvaje y comerlos a besos y mordiscos. Sentir el sabor de esos labios tentadores, sentir ese aliento que despierta las más bajas pasiones cada vez que me aproximo a ti. Degustar cada labio como si fuera un plato exquisito, como si sólo tuviera una sola oportunidad de hacerlos míos. Desearía sentir tu voz susurrándome mientras te beso, mientras mis manos te acarician lentamente por todo tu cuerpo. Ese cuerpo que me encanta ver caminar de un lado a otro y que cuando se me acerca me hace tener los más eróticos y sensuales pensamientos.
Sobre todo cuando tan inocentemente dejas medio ver el escote de tu blusa, ese par de pechos grandes y atractivos que exhibes con tanto orgullo muchas veces. Provoca es arrancar los botones y dejarte al descubierto. Agarrarte por la cintura y que te sientes en mis piernas, rodeando mi cuerpo con las tuyas. Y así poder ver y sentir toda tu figura frente a mi. Dejando caer tu cabello y ocultando tu cara frente a mi, tus manos me toman por mi rostro controlandome mientras me besas con infinita pasión, cada beso lo das con un toque de ternura, lujuria y locura.
Mis manos, te recorren la espalda, explorando con el sentido del tacto cada centímetro de ti, tus grandes caderas, tus apetecibles nalgas, apretando cada una, mis manos se quedan pequeñas al adueñarse de ellas…

Me provocas, me seduces, mi respiración se acelera al punto de sentir que me falta el oxígeno, termino de despojarte de la blusa que llevas puesta, y con una sola mano desprendo tu brasier rojo de encajes. Allí están sólo para mi, ese par de senos redondos y voluptuoso con algunas pecas, que sólo provocan ser besados y acariciados con pasión y ternura. Tu te levantas, pero no dejas de besarme, desabrochas tu pantalón, broche a broche, te desprendes de tus zapatos, y dejas caer los jeans. Mi corazón bombea más fuerte, la sangre fluye por todo mi cuerpo con gran rapidez. Verte completamente desnuda, sentir tu piel, tu calor, sentir tu aroma… Tus besos fueron cambiando de rumbo, te adueñaste de mi cuello, mientras me decías pequeñas palabras para provocarme cada vez más. Te arrodillas, te pones frente a mi. Desabotonaste mi camisa, unas manos suaves y bien arregladas empezaron a acariciar mi pecho, recorrías con tus uñas cada parte de mi como queriendo clavarlas o dejar la marca en mi piel. Llegaste a la hebilla de mi pantalón, increíblemente, la desarmaste. Desabrochas con rapidez y notas que mi miembro quiere salir de esa cárcel, ya no aguantaba estar allí, me pides que me levante un poco y así me despojas del pantalón dejándome sólo el bóxer. Sonríes con suma picardía. Te levantas, me das la espalda, y recogiendo tu cabello empiezas a moverte, a seducirme con algunos movimientos sensuales, te sientas sobre mi y empiezas a menear tu gran trasero. Me querías hacer explotar. Tomaste mis manos, y las llevaste a tus pechos pidiéndome que sintiera y te acariciara con fuerza. “Siéntelas” gritaste entre dientes. “Se que morías por tocarlas, por hacerlas tuyas, aquí me tienes. Dime si te gustan, dime lo que sientes…” Tu voz era tan dulce, tan seductora. Tus senos tan grandes y firmes. Tus gemidos tan mágicos y encantadores. Que mi reacción fue empezar a morderte levemente por el cuello como si fueras una presa fácil de un vampiro adicto a tu sangre. Suspirabas con gran placer. Pero aún no me tenías donde deseabas. Tu no eras mi presa, lo era yo…

Tomaste un par de prendas para amarrarme a la silla, querías inmovilizarme. Yo solo sonreía. Volviste arrodillarte, esta vez tu boca empezó a besarme por todo mi pecho, mi abdomen, de pronto una de tus manos se adueño de mi miembro por encima de mi bóxer, lo apretaste fuertemente. Me miraste fijamente a los ojos y casi en silencio, moviendo sólo los labios me dijiste: “¿Que quieres? ” Estaba loco por sentir tu boca adueñarse de mi sexo, quería que me llevarás a otro nivel. Empezaste a bajar mi bóxer, jugando con tu boca. Dejando al descubierto sólo una parte, empezaste a usar tu lengua, mientras tus manos iban arañandome y rozándome por el pecho y abdomen. Eso me excitaba, ver las líneas rojas que dejabas marcadas en mi piel. Quería que cada vez fueran más fuertes, más profundas, quería sentir tu boca caliente y húmeda poseerme. Quería romper la línea del placer y el dolor. De pronto, en un solo impulso, llevaste mi miembro hasta tu garganta. Y muy suavemente y sin dejar de verme te ibas alejando, mientras tu lengua jugaba dentro de tu boca con variados movimientos. Esto lo repetiste varias veces, disfrutabas de la expresión de mi rostro. Mis manos atadas no me dejaban hacer nada, sólo me quedaba entregarme al placer que me brindabas. Tu boca estaba tan húmeda y caliente, que predije que acabarías conmigo si seguías haciendo eso. Al darte cuenta de esto, decidiste tapar mis ojos. ¡No! Te dije inmediatamente al ver tus intensiones, sólo colocaste tu dedo índice en mi boca y me mandaste a hacer silencio. Adiós a la visión me dije muy suavemente. Te acercaste a mi y me dijiste susurrando: “No puedes tocarme… No puedes verme, pero aún puedes oírme, olerme y probarme”. Pasaste tu lengua por mi oreja, logrando un escalofrío que me recorrió el cuerpo entero…

Me encanta cada vez que logró hacerte sentir así, estas muy sensible.” Me dijiste. “Veamos como estas con el sentido del oído, quiero que me escuches muy atentamente. Esto lo había fantaseado mucho antes así que déjame disfrutarlo. Quería verte así, dominado por mi completamente. Eres tan vulnerable, no puedes soltarte de mi, voy a morder cada parte de tu cuerpo, voy a lamer cada centímetro de ti, quiero que sientas de pies a cabeza el deseo inmenso que te tengo, las ganas locas que había aguantado todo este tiempo por hacerte mío” Un escalofrío me invadió, tu tenías la actitud que tanto anhelaba, y te sobraba la aptitud también. Se me puso la piel de gallina, los vellos de mis brazos se erizaron con sólo escucharte. Te acercaste a mi oído y me respiraste suavemente, tu lengua hacia pequeños chasquidos en tu boca, preparándose para salir, tus labios se apoderaron de mi oreja, y un leve mordisco desato una descarga eléctrica por todo mi cuerpo. Lo único que pude hacer fue suspirar profundamente y sonreír. “Veo que te gusta…” Dijiste “Estoy tan excitada con sólo ver como te pones, que ya te imagino cuando te tenga dentro de mi, todo lo que me vas hacer sentir. ¿Quieres hacerme tuya? Dime…” “Ya Eres mía” respondí… “¿A si?” dijiste con voz de duda “¿como puedes poseer a alguien a quien no puedes ver ni tocar? “La atracción mental es mucho más fuerte que la física, de una mente no te liberas ni cerrando los ojos” respondí… Fue cuando de pronto sentí mi rostro entre un par de grandes pechos y sentí ese aroma de Victoria Secret con mezcla de mora y vainilla. Quien no va a desear comérselos si huelen tan divinamente. Pero jugabas conmigo, no me dejabas saborearlos, no me dejabas morderlos, sólo rozabas mi piel, y podía escuchar tus leves risas, sabía que lo disfrutabas. Mis manos sólo deseaban liberarse y poder poseer tus sensuales senos. Me tenías donde querías. Siempre supiste como descontrolar mi cuerpo, aunque las primeras veces fueron involuntarias. Fuiste descubriendo cada vez donde era más sensible, más débil, más susceptible…

Disfrutabas ver como se me erizaba la piel al hablarme al oído, y sin hablarme de sexo siquiera. Imagínate ahora, que me tienes a tu merced, en tu poder. Mi cuerpo sólo desea liberarse de las ataduras y poder vengarse, haciéndote lo mismo. Pero no me ha sido fácil, y muy en el fondo no deseo soltarme aún. Quiero ver hasta donde eres capaz de llevarme. “¿Sientes mi perfume? ¿Puedes sentir el aroma de mi piel? Quiero que respires profundamente, quiero que cada vez que percibas este aroma recuerdes este momento, porque no creo que lo volvamos a vivir juntos. Sabes bien que es sólo una aventura, una fantasía que quisimos hacer realidad.”

¿Es tu fantasía o la mía? ¿Quién debía tener el control de la situación? Como ves hasta ahora soy yo quien se metió en tu mente, soy yo quien piensa como tu. ¿Eres así? Dime, ahora que lees estas líneas que piensas de mi… Aunque la verdadera pregunta es: ¿Ahora, que piensas de ti misma? Tu sabes bien que muy en el fondo eres esa mujer salvaje y controladora, esa mujer sensual y seductora. No reprimas tus deseos. No ocultes tus pasiones… Hazlas realidad. Nunca es demasiado tarde. FIN

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La Enfermera…

Ella es enfermera, y aunque cuando esta en sus labores diarias parece una mujer dulce y tranquila, de vez en cuando busca salir de su rutina y se convierte en una insaciable mujer adicta al placer y a la perversión. Recuerdo que teníamos ya varios meses conversando, conociéndonos, conversaciones que alborotan esas neuronas y llaman la atención. Su trabajo le genera un stress que se acumula en su cuerpo y lq mejor forma de librarse de el es teniendo sexo ¿No les pasa igual? Pero no un sexo cualquiera. Un sexo cargado de energía y pasión desenfrenada. Ese que te acelera y te lleva a desahogarte un poco en tu habitación a solas o en la ducha antes de ir a trabajar. Pero que anhelas lo más pronto posible encontrar ese alguien ideal para explotar en una escena de lujuria así sea por unos minutos. Muchas mujeres dicen: «No es que no tenga con quien matar las ganas, es que mientras maduras más te vuelves más exigente. Deseas un hombre que no se complazca él solo. Necesitamos un hombre que sepa complacer nuestros deseos sin complicaciones. Es que hasta eso se ha vuelto difícil, algunos hombres de hoy día parece que aún no comprenden lo importante de seducirnos la mente antes. Creen que pueden llegar a tocarnos los senos y ya le abrimos las piernas ¡NO! Tampoco quiero uno que me hable rico por mensajes y en persona no sepa ni donde queda el clítoris ni como estimularlo. No quiero que me mande sticker sexuales por Whatsapp y no sepa cómo hacerme desear estar con él. Necesito un Sapiosexual».
Un día esta enfermera y yo decidimos dar rienda suelta a esos deseos de lujuria y placer. Hablando sin tabúes, sin prejuicios y sin pena…

Mi amiga enfermera es fascinante, ese tipo de mujer que te emociona con una conversación. Nos conocemos desde hace años, pero últimamente habíamos conversado en oportunidades sobre las ganas de liberar stress después del trabajo. Y más en estos tiempos de pandemia donde todo se limita a trabajar y estar aislados. Pero las ganas continúan allí, acumulándose cada día más. Deseando poder encerrarse en una habitación con ese alguien que sepa satisfacer las ganas y la lujuria que tienes en tu cuerpo. Alguien que te toque y acaricie, te bese y te lleve a otro nivel. Ese alguien que te haga gritar de placer, ese alguien que te domine y te castigue como tanto te gusta. Un hombre que te haga temblar con su voz y te deje sus manos marcadas en tus nalgas. Un hombre que te deje ser libre y al mismo tiempo también te controle. Recuerdo que fui a buscar a su casa a mi amiga enfermera, estaba ansioso por verla, sentir su aroma, mirarla a los ojos. Y allí estaba, de pie esperándome, un pantalón que me mostraba sus curvas y una blusa que ya quería arrancar antes de tenerla más cerca. Cuando subió al auto su perfume terminó de alborotarme las feromonas. Un beso te dirá como será el encuentro, si besa rico tiene mucha oportunidad de hacerlo rico. ¿Que les puedo decir? Nos fuimos directo a la habitación. Besaba divino, tan rico que creo que me comí sus labios casi literalmente, porque le mordí en un momento el labio inferior y se lo inflamé. Nos besamos mucho y luego caímos en la cama, allí nos fuimos desvistiendo hasta quedar solo en ropa interior. Pero ella se deshizo de todo. Me tomo de una vez por mi erección y empezó a darme placer. ¡Dios mío! Era una golosa, lo disfrutaba de arriba a abajo y sin cesar. Sus ojos estaban llenos de fuego. Me miraba como pervertida. Su boca chorreaba de su saliva por todo mi miembro. Su respiración acelerada y sus demonios estaban libres… Le hice un rico sexo oral, no puede faltar. Y de pronto metí mis dedos dentro de ella y estimulé su punto G al punto que no me imaginé que la haría llegar al squirt tan rápido. Fueron chorros acompañados de gemidos mojando la cama. Sus piernas temblaban, sus ojos se viraron y se quedó mirándome con sorpresa…

Allí estaba ella, sintiendo como ya estaba dentro y aunque al inicio sentía algo de presión, se relajó y empezó ella misma a moverse lentamente. Respiraba profundamente y se empujaba hacia atrás, yo solo me quedaba inmóvil viendo desde arriba como entraba y salía de su cuerpo. Cuando menos de lo esperó, la tomé de sus caderas y empecé a moverme yo con un ritmo más acelerado. Ella solo apretaba las sábanas y continuaba estimulando su clítoris con su mano derecha. Fue cuando empezó a tener otro squirt, y allí unas nalgadas a dos manos encendieron el momento. La penetre hasta el fondo una y otra vez. Sus quejidos eran muy excitantes. Ya me decía: -«No pares por favor, no te detengas, sigue, dame más fuerte»- no podía parar, no quería parar, sus nalgas se convirtieron en mi catarsis, la nalguee una y otra, y otra vez. Logré ponerlas rojitas, y ella me pedía más. -«Me duele pero me gusta» -me decía casi entre dientes y sin aliento. Sabía elevar mi ego, me miraba con cara de insaciable, pidiendo más y más. Mordía la almohada y gritaba en ella. Se levantaba solo para mirar como la tenía dominada y que volvía a cerrar los ojos. Gritaba nuevamente contra la almohada y me pedía que no dejara de azotarla. -«Amo tus manos en mi culo, azótame fuerte, quiero más»- me decía, allí note lo mucho que disfrutaba del castigo. Yo estaba a punto de explotar y se lo dije… «Me vengo». Fue como si no hubiera un mañana, se afincó más de mi, sentía que lo tenía todo dentro de ella y me lo apretaba mientras se movía sin cesar. Le acabé dentro, mis gemidos y malas palabras salieron de mis labios. Unos cuantos gritos de placer salían mientras aún estaba dentro de ella descargando mi néctar por completo. Fue muy rico, caí rendido en la cama a un lado de ella sin poder moverme. Ella estaba fascinada, con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Te liberé el stress? Le pregunté también sonriendo. Ella suspiró y me dijo: «No se como iras hacer, pero necesito esto una vez a la semana como mínimo.» nos besamos por un largo rato, mientras descansamos de esta rica jornada. El descanso duró unos minutos, cuando volví del baño después de una leve ducha me hizo un sexo oral de esos que sientes que se llevan tu alma. ¿Será que se repite como me lo pidió?