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La Enfermera…

Ella es enfermera, y aunque cuando esta en sus labores diarias parece una mujer dulce y tranquila, de vez en cuando busca salir de su rutina y se convierte en una insaciable mujer adicta al placer y a la perversión. Recuerdo que teníamos ya varios meses conversando, conociéndonos, conversaciones que alborotan esas neuronas y llaman la atención. Su trabajo le genera un stress que se acumula en su cuerpo y lq mejor forma de librarse de el es teniendo sexo ¿No les pasa igual? Pero no un sexo cualquiera. Un sexo cargado de energía y pasión desenfrenada. Ese que te acelera y te lleva a desahogarte un poco en tu habitación a solas o en la ducha antes de ir a trabajar. Pero que anhelas lo más pronto posible encontrar ese alguien ideal para explotar en una escena de lujuria así sea por unos minutos. Muchas mujeres dicen: «No es que no tenga con quien matar las ganas, es que mientras maduras más te vuelves más exigente. Deseas un hombre que no se complazca él solo. Necesitamos un hombre que sepa complacer nuestros deseos sin complicaciones. Es que hasta eso se ha vuelto difícil, algunos hombres de hoy día parece que aún no comprenden lo importante de seducirnos la mente antes. Creen que pueden llegar a tocarnos los senos y ya le abrimos las piernas ¡NO! Tampoco quiero uno que me hable rico por mensajes y en persona no sepa ni donde queda el clítoris ni como estimularlo. No quiero que me mande sticker sexuales por Whatsapp y no sepa cómo hacerme desear estar con él. Necesito un Sapiosexual».
Un día esta enfermera y yo decidimos dar rienda suelta a esos deseos de lujuria y placer. Hablando sin tabúes, sin prejuicios y sin pena…

Mi amiga enfermera es fascinante, ese tipo de mujer que te emociona con una conversación. Nos conocemos desde hace años, pero últimamente habíamos conversado en oportunidades sobre las ganas de liberar stress después del trabajo. Y más en estos tiempos de pandemia donde todo se limita a trabajar y estar aislados. Pero las ganas continúan allí, acumulándose cada día más. Deseando poder encerrarse en una habitación con ese alguien que sepa satisfacer las ganas y la lujuria que tienes en tu cuerpo. Alguien que te toque y acaricie, te bese y te lleve a otro nivel. Ese alguien que te haga gritar de placer, ese alguien que te domine y te castigue como tanto te gusta. Un hombre que te haga temblar con su voz y te deje sus manos marcadas en tus nalgas. Un hombre que te deje ser libre y al mismo tiempo también te controle. Recuerdo que fui a buscar a su casa a mi amiga enfermera, estaba ansioso por verla, sentir su aroma, mirarla a los ojos. Y allí estaba, de pie esperándome, un pantalón que me mostraba sus curvas y una blusa que ya quería arrancar antes de tenerla más cerca. Cuando subió al auto su perfume terminó de alborotarme las feromonas. Un beso te dirá como será el encuentro, si besa rico tiene mucha oportunidad de hacerlo rico. ¿Que les puedo decir? Nos fuimos directo a la habitación. Besaba divino, tan rico que creo que me comí sus labios casi literalmente, porque le mordí en un momento el labio inferior y se lo inflamé. Nos besamos mucho y luego caímos en la cama, allí nos fuimos desvistiendo hasta quedar solo en ropa interior. Pero ella se deshizo de todo. Me tomo de una vez por mi erección y empezó a darme placer. ¡Dios mío! Era una golosa, lo disfrutaba de arriba a abajo y sin cesar. Sus ojos estaban llenos de fuego. Me miraba como pervertida. Su boca chorreaba de su saliva por todo mi miembro. Su respiración acelerada y sus demonios estaban libres… Le hice un rico sexo oral, no puede faltar. Y de pronto metí mis dedos dentro de ella y estimulé su punto G al punto que no me imaginé que la haría llegar al squirt tan rápido. Fueron chorros acompañados de gemidos mojando la cama. Sus piernas temblaban, sus ojos se viraron y se quedó mirándome con sorpresa…

Allí estaba ella, sintiendo como ya estaba dentro y aunque al inicio sentía algo de presión, se relajó y empezó ella misma a moverse lentamente. Respiraba profundamente y se empujaba hacia atrás, yo solo me quedaba inmóvil viendo desde arriba como entraba y salía de su cuerpo. Cuando menos de lo esperó, la tomé de sus caderas y empecé a moverme yo con un ritmo más acelerado. Ella solo apretaba las sábanas y continuaba estimulando su clítoris con su mano derecha. Fue cuando empezó a tener otro squirt, y allí unas nalgadas a dos manos encendieron el momento. La penetre hasta el fondo una y otra vez. Sus quejidos eran muy excitantes. Ya me decía: -«No pares por favor, no te detengas, sigue, dame más fuerte»- no podía parar, no quería parar, sus nalgas se convirtieron en mi catarsis, la nalguee una y otra, y otra vez. Logré ponerlas rojitas, y ella me pedía más. -«Me duele pero me gusta» -me decía casi entre dientes y sin aliento. Sabía elevar mi ego, me miraba con cara de insaciable, pidiendo más y más. Mordía la almohada y gritaba en ella. Se levantaba solo para mirar como la tenía dominada y que volvía a cerrar los ojos. Gritaba nuevamente contra la almohada y me pedía que no dejara de azotarla. -«Amo tus manos en mi culo, azótame fuerte, quiero más»- me decía, allí note lo mucho que disfrutaba del castigo. Yo estaba a punto de explotar y se lo dije… «Me vengo». Fue como si no hubiera un mañana, se afincó más de mi, sentía que lo tenía todo dentro de ella y me lo apretaba mientras se movía sin cesar. Le acabé dentro, mis gemidos y malas palabras salieron de mis labios. Unos cuantos gritos de placer salían mientras aún estaba dentro de ella descargando mi néctar por completo. Fue muy rico, caí rendido en la cama a un lado de ella sin poder moverme. Ella estaba fascinada, con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Te liberé el stress? Le pregunté también sonriendo. Ella suspiró y me dijo: «No se como iras hacer, pero necesito esto una vez a la semana como mínimo.» nos besamos por un largo rato, mientras descansamos de esta rica jornada. El descanso duró unos minutos, cuando volví del baño después de una leve ducha me hizo un sexo oral de esos que sientes que se llevan tu alma. ¿Será que se repite como me lo pidió?

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