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Yummy, Uber, Ridery o como lo quieras llamar…

Era un día de lluvia. Un día perfecto para salir a trabajar en mi nueva forma de hacer dinero, una app para hacer entregas de compras, hacer mandados y a veces uno que otro traslado. Tengo muy poco tiempo en esto pero quiero confesar que se me escapó de las manos. Mi intensión siempre fue trabajar haciendo compras y llevárselas al cliente en su hogar, hasta que un día una agradable usuaria le agradó tanto mi atención y la calidad de mi servicio que empezó a contactarme muy frecuentemente para casi todas las compras de su casa. No voy a negar que era hermosa y que a pesar de tener unos años se mantenía muy firme y atractiva. Cada vez que iba la veía más arreglada y coqueta conmigo. Su mirada de deseo cada vez era más imponente. Su lenguaje corporal fue cambiando y cada vez la sentía más sensual. No se si eran ideas mías o si en verdad la señora me filtreaba y coqueteaba. Siempre sonreía en esos pocos minutos que les dedicaba mientras baja las compras que le hacía un par de veces a la semana. Hasta que un día me invitó a pasar para que la ayudara con las bolsas. Tenía una casa hermosa, grande y con un jardín espectacular. La sala era super elegante, les confieso que miré el mueble principal y me la imaginé allí acostada. ¿Para que mentirles? 🤣 Llevé todo hasta la cocina, allí estaba su señora de servicio quien amablemente me ayudó con las compras mientras la hermosa dueña de aquella casa me servía un jugo seguido de unas palabras: «Mi amor, debes estar cansadito, te voy a dar un juguito de piña para que te hidrates bien y llene de buenas energía y ‘buen sabor’ tu cuerpo». Yo la agarré en el aire y mi cara cambió de colores, lo sé. Porque ella se me quedó mirando mientras la señora de servicio ni le paró. Yo no supe que responder, solo sonreí y bebí inmediatamente aunque en mi mente ya estaba procesando la indirecta muy directa 😳
Cuando ya iba de salida me pregunta ¿tu me podrías hacer una carrerita? ¿O solo andas con entregas? A lo que le respondí: Si claro, donde usted me lo pida. Y solo me pidió tiempo para ir en busca de su cartera. Y pude observar en esos pocos segundos que tenía tres vehículos 😱 ¿y entonces? ¿Qué pasa aquí?

La señora se subió a mi vehículo y me dijo que la llevara a un sitio de la ciudad donde tenía que retirar un pedido. Se subió atrás y se sentó justo en el medio, podía ver sus ojos verdes por el retrovisor mirarme a veces. Además es una forma de mantener contacto visual mientras conversas en el vehículo. Debo confesar que tiene una mirada fuerte y penetrante, hasta intimidadora. Quizás por eso amo los ojos claros en las mujeres. Veníamos conversando muy agradablemente, había muy buena vibra y confianza. Tenía tiempo siendo su mejor shoping driver 😋 esta era la primera vez que se subía a mi auto. Cuando llegamos al sitio ella se baja y me pide que la espere mientras retira algo en una tienda de envíos. A los minutos se sube de nuevo al auto con una caja mediana y una sonrisa inmensa en los labios. Abrió la caja justo al montarse y me pidió que no nos movieramos aún que la iba a revisar primero porque no lo podía hacer en la tienda. Cosa que me dio curiosidad claro está 😋🤣 Yo solo me puse a revisar el teléfono y estar pendiente de que no llegara una grúa o un fiscal de tránsito. Pero la curiosidad pudo más que yo. No sé si lo hizo a drede pero pude ver una cantidad de juguetes eróticos muy llamativos. Ya uno los conoce con solo medio verlos 😋 y sacó el famoso Lush 2, pude ver como lo abrió de paquete y lo probó, sabía lo que tenía en sus manos. Con una voz encantadora me dice: ¿Tienes suficiente gasolina? A lo que le digo que si, que tenía tanque full. Entonces demos un paseo hacia el Hatillo – me dijo- ¿Puedes poner una músiquita relax? Le dije que sí. Y mientras buscaba en mi teléfono un playlist de Spotify pude medio ver entre sombras como se introdujo ese aparato entre las piernas, llevaba una falda larga y vi como ella con su teléfono en lo que parecía una conversación de chat, estaba era controlando el App del Lush. Cuando escuchó la música me dijo: ¡Perfecta! Esa misma es… Toma la ruta como si fueras al Expanzoo, tu sigue que yo te digo donde cruzar.
Yo solo manejé, pero mi mirada se iba al retrovisor al ver su cara de placer sentada a ojos cerrados en el puesto trasero de mi camioneta y su dedo moverse por la pantalla del celular…

Nada hace más feliz a una mujer que el PLACER, sea cual sea éste. Una mujer que es feliz no jode, una mujer feliz no molesta a nadie. Una mujer feliz no tiene necesidad de meterse con nadie, ni siquiera hablar mal de nadie o criticar. Esta mujer con la que había compartido solo algunas conversaciones muy puntuales nunca me habló mal de nada ni nadie. Y justo en ese momento estaba probando ella misma un juguete que se veía que ya conocía perfectamente. Solo me pidió que le diera más volumen a la música y la vi cerrar los ojos por instantes. Una sonrisa delataba que la estaba pasando bien. Algunos suspiros que lograba escuchar a pesar de la música. Hasta que un momento ella notó que la miraba por el retrovisor y me miró fijamente mientras esperaba en un semáforo. Fue como que aceleró la intensidad del juguete y dejó salir un gemido de su boca, mordiéndose los labios inmediatamente y llevando luego su mano a su boca para silenciarse a sí misma. Me subió la temperatura a la cabeza, yo estaba claro de lo que pasaba, pero no me atrevía a decir nada. Ella se movía demasiado, cambiaba de lugar, cruzaba las piernas una y otra vez de un lado a otro. Respiraba profundo, suspiraba, sonreía, cerraba los ojos a veces, pero siempre terminaba viéndome por el espejo del retrovisor con sus ojos grandes y como encendidos en fuego. Fue cuando me pidió le bajara volumen a la música y empezó a hablarme con una voz algo temblorosa y justo detrás de mi asiento. Allí empezó una especie de interrogatorio básico hacia mí, ya no podía verla, solo escucharla hablándome con un tono acelerado y a veces hasta sin aire. Cuando estaba llegando a un sector conocido como La Lagunita y empecé a bajar por las calles me mostró su antigua casa (de sus padres) y me contó que se había casado muy joven. Y me hizo un recuento de sus aventuras de universitaria y que yo le recordaba un novio que ella tuvo con quien vivió grandes momentos. Y que yo le daba esa misma energía confesándome que venía masturbándose con su juguete mientras me miraba y revivía en su mente aquellos momentos. Espero no lo tomes a mal – me dijo bajándome la mirada….

Ella me dijo: Te pareces demasiado a él cuando lo conocí en la universidad. Yo tenía 21 y él ya pisaba los 45 o más. Recuerdo que me atraía su piel morena y esos labios gruesos y esas canas que me hacían sentir débil cuando se acercaba a mi. Ese hombre me hablaba y se me bajaban – me dijo sonriendo casi a carcajadas – Me llevaba tantos años pero para mi era el hombre perfecto. Mis amigas me decían que ya era un viejo y yo al contrario sentía que era el ideal. Tu no me estas preguntando, pero ya me siento en confianza plena contigo y perdóname si te incomodo – Yo le respondí que no me incomodaba y que agradezco su confianza, a lo que continuó – Ese hombre me enseñó a disfrutar de mi placer, mis orgasmos, de todo. Yo era muy curiosa y en el sexo más, yo sentía que mis amistades y hombres de mi edad estaban muy quedados. Siempre me gustaron mayores, como la canción. A mi ese hombre me hablaba y yo ya quería que me hiciera suya. Ese tono de voz era peligroso, era como mágico, yo siempre quería estar con él. Eso sí, que me hablara bonito mientras me hacía el amor, yo soy multiorgásmica, aún lo soy, soy demasiado sexual, quizás no me siento una ninfómana, pero si necesito sentir ese placer que me tranquiliza, me da paz, me quita el stress. No se si me explico – me dijo hablándome casi al oído mientras seguía manejando sin rumbo fijo – Me compré estos juguetes porque amo darme placer, no lo voy a negar. – Y me mostró un consolador grande en su empaque y me hizo sorprender y sonreír. – Y me dijo: Justo ahora tengo el Lush dentro de mi ¿lo conoces? Lo puedo controlar con mi celular y darle un sin número de vibraciones diferentes, lo amo. – Le dije que si sabía de el, pero que no lo había manejado nunca. A lo que se sonrió sorprendida ¡No puede ser! Es fantástico chico… Es más, detente allá adelante, hagamos algo. Toma, te daré el honor, ¿te atreves? – Dándome el celular con el app listo para controlarlo. Me detuve, estacionándome en la vía. Ella me explicaba como se usaba desde el asiento de atrás y yo solo empecé a mover mi dedo de arriba a abajo sobre la pantalla y podía ver la reacción de su cara…

Después de la breve explicación, ella se acomoda en el asiento y me pide que lo intente. Justo en ese momento empezaron a caer unas gotas de lluvia al parabrisas. En cuestiones de segundos estábamos arropados por el agua que caía del cielo. Ella sólo sonrió y dijo: Las cosas pasas cuando deben pasar. Así que se acostó literalmente en el asiento de atrás, abrió sus piernas buscando acomodarse el juguete y me dijo: Es todo suyo el control, solo te pido que me mires a mi a los ojos. – Así fue, no podía despegar mi mirada en su expresión del rostro, una mujer que se veía disfrutaba cada vibración y movimiento. Susurraba pidiendo que bajara o subiera la intensidad. De pronto la vi sacar el otro juguete que me había mostrado antes y sacarlo de su empaque, un miembro grueso y largo que sin pensarlo mucho empezó a golpear suavemente su cara. Empezó a lamerlo lentamente, me miraba casi escondiendo su rostro detrás de el. Mi mano controlaba la aplicación de arriba a abajo y hacia los lados. Ella solo se retorcía disfrutando de las vibraciones de aquel nuevo juguete. Y fue hasta que empecé a hablarle cuando ella se sintió completamente entregada al instante. Empecé a decirle: Siéntame, disfrútame, no sabes cuantas ganas tenía acumuladas queriendo sentirte. Acariciar tu piel y estar dentro de ti. Gime, grita para mí. Deja que tu cuerpo sienta lo divino del placer de un hombre que te desea con locura. Un hombre que te quiere hacer sentir la más divina hembra, las más fascinante mujer. Tócate, aprieta tus senos, siente como se ponen con cada una de mis palabras, usa tus manos para estimular un poco más tu piel. Usa tus dedos. Siente tu humedad. Dámela como si fuera tu mejor amante, tu cómplice, tu mejor…. Justo en ese momento sin poder controlarlo tuvo un squirt que mojó toda la tapicería y hasta la puerta y ventana, acompañada de gemidos y espasmos por todo su cuerpo. Podía verla temblar mientras sus dedos seguían tocándose ya dentro de ella mientras abría sus piernas entre su falda larga. Se quedó allí sentada respirando fuerte mientras la lluvia era nuestro único testigo de aquel instante…

Ella se acercó a mí y sin mediar palabra alguna solo metió sus dedos mojados en mi boca. Quería que saboreara su néctar. No voy a negar que me encendió, lamí sus dedos con placer y casi que me provocaba morderlo. Me dijo susurrándome muy cerca: Perdóname mi amor bello, mira lo que me hiciste hacerle a tu carro. Te lo mojé todo. Que pena. – Pero su mirada me decía que no le importaba y que lo había hecho a propósito. Se acercó a mí y me tomó por el cuello acercándome a sus labios y pidiendo disculpas mientras me besaba y me obligaba a dejar mi asiento tomándome por el cuello y me alaba hacia atrás. Era difícil ver hacia fuera por la cantidad de lluvia que caía. Así que nos despreocupamos porque nos vieran. Deje caer el asiento hacia atrás para facilitar su acercamiento y no alejarme de sus labios. Besaba divino no lo voy a negar. Y la adrenalina subía con cada segundo pero la lluvia no dejaba ver nada. Y sentíamos la libertad de disfrutarnos a solas. Sólo fueron besos apasionados y algunas caricias, cuando toqué su humedad me dijo que aún no estaba lista, que era muy pronto. Y aunque pensé que no tenía sentido, respeté su decisión. Siempre es la mujer quien tiene la última palabra en la toma de decisión. Fue un rato agradable y emocionante. Ella me pidió que solo la besara hasta que se fuera la lluvia y así fue. Fue casi una hora de lluvia y besos con lengua que te hacían sentir casi un adolescente. Caricias y miradas profundas, suspiros y susurros al oído. Nos dijimos ‘me gustas’ y ‘me siento a gusto contigo’ y el clásico ‘vamos con calma’. La lluvia bajó un poco la intensidad y seguí el camino. Ella decidió pasarse al puesto de adelante. Y en un semáforo sentí su mano acariciándome y preguntándome: ¿Cómo te sientes? – Mi cuerpo reaccionó de inmediato y ella lo notó. A lo que me trató de quitar la correa del pantalón y tuve que ayudarla porque era tipo militar y no logró soltarla en el primer intento. Sentí su mano adueñarse de mi, su calor, la suavidad de sus manos me abrazaron dominando mi firmeza. Me miraba con fuego en la mirada. ¿Quieres verdad? Me preguntó sonriendo con maldad. Yo solo asentí con la cabeza casi sin mirarla…

Mi pulso se elevó, la adrenalina corría por mi cuerpo. Sentir la mano de esa mujer adueñarse de me calentaba lentamente. Empezó a besarme en el oído, lamía mi oreja y chupaba con leves mordidas que generaba escalofríos por toda mi espalda, se me ponía la piel de gallina y los suspiros empezaron a salir de mi boca. Manejaba lento, no solo por la lluvia que se había vuelto intensa nuevamente sino también por lo que estaba sintiendo. Ya caía la tarde y estaba oscureciendo, el trafico se puso pesado a medida que me acercaba a zonas más pobladas. Sus caricias cambiaron de sutiles a más intensas, con movimientos más fuertes y repetitivos, cuando menos lo esperaba ya su boca se había encargado de humedecer un poco más aquella firmeza, usaba su lengua para recorrer de lado a lado, de arriba a abajo. A pesar de la lluvia y los vidrios oscuros, sentía que me podían ver la cara de placer que me hacía poner esta mujer. Por momentos sentía que se metería en su boca hasta mis gemelas. Se atragantaba hasta toser y ahogarse, sus ojos se llenaban de lágrimas y empezaba a chorrear su maquillaje de los ojos, pero eso como que la motivaba cada vez más, porque no se detenía y cada intento era más profundo, fuerte y prolongado. La veía aguantando la respiración mientras su nariz tocaba mi pelvis. Ya mis piernas no respondían igual, a veces aceleraba el auto sin querer. Así que busqué donde estacionar antes de tener un accidente.
Busqué una zona un poco solitaria para terminar de disfrutar este maravilloso momento con tranquilidad. Allí fue cuando me pidió nuevamente que usara el control de su juguete Lush mientras ella seguía disfrutando de mi. Incliné el asiento completamente hacia atrás y así podía ver mejor la escena y ver como se adueñaban los espasmos de su cuerpo cuando le subían la intensidad de vibración al juguete que tenía entre las piernas ella. Llegó ese momento en que no aguanté más y le dije que ya estaba a punto. Puse el juguete al máximo y ella grito sin sacárselo de la boca, sentí que lo apretó con su mano y me lo mordió levemente, puse mi mano en su cabello y sin forzarla solo apretaba su pelo fuertemente. Ella misma movía su cabeza de arriba a abajo.

Disfrutar de un oral en el auto es tan emocionante y fascinante ¿Verdad? Ella continuaba con su boca allí, haciendo ruidos mientras chupaba. Se atragantaba hasta el fondo ella sólita, no necesitaba forzarla, solo la agarraba del cabello para apretarlo y sostenerlo haciendo una cola para evitar que se metiera en la boca. Me tenía al borde de la locura, ya sentía que faltaba poco para explotar, su boca llegaba hasta la base de mi firmeza, pegaba la nariz de mi pelvis, una garganta profunda modo experta. Le dije con lo poco que me quedaba de aliento… Ahí viene. Sentí como succionaba cada mililitro y me lo apretaba fuerte y logré darle la máxima vibración al Lush puedo decir que fue un orgasmo mutuo, ella gimió al terminar de tragarse mi néctar hasta gritarme que lo apagara, lo agarré y se lo fui a sacar de su entrepierna, mojó todo el asiento. Temblaba, se quedó en silencio por un instante solo respirando con los ojos cerrados. Cuando reaccionó y volvió en sí, me pidió disculpas por «el desastre». Le dije que ambos lo habíamos hecho y la fui a besar. Me detuvo con su mano. Me dijo: Los besos enamoran, los besos en la boca involucran el corazón. Y usted caballero es una tentación. Gracias por este instante, pero creo que fuimos muy lejos. Perdí el control, solo quería jugar un rato para calentarme y llegar a casa a masturbarme con mis juguetes. Tu no estabas incluido en mis planes, pero todo fluyó rico y me dejé llevar. Pero creo que no debemos vernos más. ¿Me puedes llevar a mi casa? Gracias…

Imaginen todo lo que pasaba por mi mente en esos minutos de vuelta a su casa ¿Qué hago? ¿La dejo ir? ¿Le robo el beso? ¿Qué querrá ella en realidad? Ustedes que piensan…

Un largo silencio invadió mi camioneta por unos minutos. Ella se arreglaba el cabello, se maquillaba de nuevo, guardaba sus juguetes en sus empaques y con toallitas húmedas limpiaba los asientos de mi vehículo. La estaba dejando en su casa cuando sonó su teléfono. Atendió la llamada y con voz de molestia empezó a discutir. Al principio creía que era su marido o su novio, luego note que era una mujer porque le dijo «Bueno chica haz lo que te de la gana» y le colgó la llamada. Suspiro fuerte y se recostó en el asiento, se quedó pensativa. Totalmente en silencio. Mirando a través de la ventana hacia el infinito. No quise hacer deducciones ni adivinar. Preferí callar y esperar. Llegué a su casa, me estacioné y esperé a que ella decidiera bajarse. Me abrazó con una mano desde atrás de mi asiento besándome en la oreja y susurrándome: «La pasé genial, eres un caballero, no me equivoqué en elegirte. Creo que tendrás muchos otros viajes, pero déjame salir de unas preocupaciones que tengo primero cariño.» Aún tenía mis dudas de que se trataba realmente todo esto. Pero todo se iría aclarando al día siguiente de toda esta emocionante historia. Al día siguiente me llamaron para hacer otro viaje, esta vez era ella acompañada de una sensual amiga, otra dama muy atractiva, simpática y también madura, rondando los 40 años quizás. Pero esta vez solo me quedó disfrutar del viaje como espectador. Ambas mujeres se estaban devorando casi literalmente a besos mientras yo conducía por las calles de la ciudad de Caracas. No sé, pero sentía que se disfrutaban ese momento que muy bien podía ser en una habitación, pero no. Ellas preferían hacerlo desde un vehículo en movimiento y por las zonas más transitadas de la ciudad. Claro, con vidrios polarizados y con un espectador masculino que se le hacia agua la boca con solo imaginar estar en el medio 🤣 ellas a veces me miraban. Pero no daban la más mínima seña. Estaban solo para ellas y vaya que había química y picardía porque me miraban incitándome, provocándome, como queriendo que dijera algo. Pero me mantuve solo como espectador y chófer. Y mira que tengo que describirles todo lo que vi esa tarde noche con lujo de detalles ¿Quieren saber?

Se que no a muchas les gusta la idea de ver o imaginarse besando a otra mujer. Pero cuando existe una química, curiosidad y atracción sexual es algo de otro mundo. Más aún cuando sientes que ambas mujeres no les deja de atraer un hombre y casualmente la escena de esos besos son para alborotarle la mente a uno. Porque yo las veía por el retrovisor, las escuchaba hablando y diciéndose cosas provocadoras y a veces solo me llamaban la atención para decirme «Atento al volante». Pero se desconectaban del mundo y solo se acariciaban y besaban con ternura y pasión. Daba gusto escucharlas gemir, suspirar, sonreír y forcejear. En un momento cuando rondaba por las calles de Las Mercedes una de ellas se abrió la blusa dejando al descubierto aquel espectáculo, no usaba nada debajo. La otra empezó a acariciarla lentamente con sus dedos hasta que sus labios se adueñaron y empezó a disfrutar de aquel manjar cubierto de pecas. Y ustedes saben que amo las pecas. Provocaba era detenerse a admirar la escena pero ellas deseaban era que pasara por zonas con gente, eso les aumentaba la adrenalina. Hubo un momento en que una le empezó a dar un oral a la otra y ella decidió bajar el vidrio junto en un semáforo. Una camioneta más alta se detuvo a un lado nuestro y vi como un caballero casi se le salen los ojos mirando hacia nosotros, se quedó mirándola, le sonrió y ella solo le dijo a la otra: «Nos están viendo». Y fue como un botón de activación, porque la hizo gemir metiendo sus dedos en ella y usando su boca al punto que a mi me dio pena y sabía que no me miraban. Pero sus gemidos se podían escuchar a través de la ventana. Cambió la luz a verde y empezamos a movernos y el auto trataba de mantenerse a nuestro lado para seguir viendo aquella escena. Ella hizo que se subiera para basarla nuevamente y ambas se reían y hablaban sobre la expresión de aquel caballero. Me pidieron que me desviara. Cambié el rumbo y vi la cara del tipo salir por la ventana con algo de tristeza. Se acabó la diversión para él. Aunque ellas seguían tocándose y riendo sobre lo sucedido. Hasta que mi querida cliente me preguntó: ¿Te gusta tu trabajo? – a lo que respondí: Nunca me imaginé que sería tan emocionante.

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