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No temas a mis deseos…

Me encantas, lo sabes. Pero al mismo tiempo sabemos que no podremos estar juntos. Tú eres tan dulce y tierna, quizás sin un toque de maldad. Yo, tan dominante y pervertido que siento que huiras de mi en la primera. No sé, quién sabe, caras vemos, perversiones no sabemos. Pero si te imagino frente a mí, mirándote a los ojos y a esa boca tan provocativa que tienes. Se que me sonreirás, se que nos besaríamos en la primera cita y dejaríamos el alma en casa beso. No te conozco y ya imagino como hueles. Ya imagino mis manos enredadas en tu cabello, apretándolo, controlándote, sintiéndote. Aunque me da miedo lastimarte. Te veo tan frágil y delicada. Pero pienso… Si ya te rompieron el corazón 💔 alguna vez y aún sonríes. Yo no te romperé el corazón, yo quiero amarlo. Quiero que sonrías. Pero también quiero que gimas, que grites, que suspires. Quiero darte el placer que ningún otro hombre te ha dado jamás. Quiero erizar tu piel con mis besos, mis manos, mi cuerpo. Quiero que te redescubras y disfrutes de esos orgasmos que nunca tuviste. Esos que te quedaron debiendo muchas veces. Esos que solo tu misma podías provocarte en la soledad de tu habitación. Quiero que sientas mi boca dándote placer sin miedo. Que te mojes sin control, que tiemblen tus piernas hasta que grites y me supliques qué pare. Quiero que me tomes por el cabello y me obligues a besarte. Estar encima de ti, dentro de ti, extasiado por ti. Sintiendo tus manos en mi espalda y en mis nalgas pidiéndome más y más. Mirándome a los ojos y preguntándote mentalmente: ¿Dónde rayos te habías escondido? Te había necesitado toda mi vida…

No me temas. No le temas a mis deseos. No tengas miedo a sentir nuevas sensaciones. Nuevas emociones. Deja que tu piel sienta otra forma de acariciar, de sentir, de disfrutar. Prometo no romperte el corazón, ni crearte una ilusión. Prometo ser sincero y sin secretos. No vengo a ofrecerte villas y castillos, solo suspiros y gemidos. Placer y deseo, lujuria y perversión. Enseñarte a sentir desde lo más profundo de tu ser, entender cómo tu cuerpo se humedece sin tocarte, como tu corazón se acelera sin verte a los ojos. Como tus dedos quieren imitarme sin aún haberme conocido. Porque sé que algunas noches estando sola no te aguantas y terminas soñando despierta, deseando que esté yo allí dándote el placer que tanto le hace falta a tu cuerpo. Te imagino besándome, con esos labios provocativos, primero tiernamente, luego con mordidas y pasión. Te quitas la ropa sin mediar palabras y me dejas al descubierto tus lindos senos al desnudo para ser devorados por completo por mi boca. Sentir el perfume de tu piel mientras mi cara está allí en el medio de tus senos, rozándolos con mi corta barba y mordiéndolos suavemente entre suspiros. Mis manos juegan con tus curvas, arrancando lo que te queda de ropa. Ya puedes sentir mi firmeza entre tus piernas, y sin penetrarte, te mueves lentamente rozando tu clítoris lentamente hasta hacerte mojar sin control. La locura y el deseo nos domina. Me muerdes los labios con furia. Como molesta porque aún no estoy dentro de ti. Y son tus propias manos quienes toman mi erección y la llevan justo en el lugar indicado. Sentándote encima de mi, controlando todo… Te mueves. Sonríes. Gimes, tapándote la boca como quien no quiere que la escuchen. Pero tus ganas son tan grandes que te dejas llevar, te sueltas y sientes como mis manos se aferran de tus caderas y empiezo a moverte mas fuerte. ¡Duro! ¡Rico! ¡Profundo! ¡Intenso! Un leve dolor adictivo que te hace gritar. Quejidos se escapan de tu boca, de tu ser. Un orgasmos se aproxima y sin pensarlo te lanzas encima de mi con tu movimiento de cadera sin cesar. Tiemblas. Tus piernas sienten espasmos y la humedad se adueñó de tu entrepierna. Mojaste la cama. Te sientes sorprendida..

Tu forma de moverte encima de mi me dejaba todo claro. Tenías mucho sin sentir tanto placer. Tus caderas me dominaban, tus manos me indicaban que no debía hacer nada, solo dejarte ser tú. Tu rostro, esa expresión en tu cara lo decía todo, verte morder los labios, lamerte, apretarte los senos mientras disfrutaba de un entrar y salir. El sonido de la humedad que brotaba en ti me volvía loco. Verte estimular tu clítoris mientras seguías moviendote de arriba a abajo y sentir como un squirt se escapaba de tu cuerpo sin poder evitarlo. Me gritaste: «¡Siento que me orino! Y allí fue cuando te dije: ¡No pares! Dame ese squirt… – Y tomandote por las caderas empecé a darte embestidas más fuertes que te hicieron golpearme la cara, el pecho, me clavaste las uñas, varios espasmos se apoderaron de ti, mientras sentía como a chorros explotabas encima de mi dejándome todo mojado. Cayendo rendida en mi pecho, suspirando, susurrando, temblando, pero sobre todo sonriente. Ambos complacidos, encantados por semejante encuentro. No hay nada más divino que sentir un orgasmo de una mujer y sentir que la complaces.

Te sientes el hombre más afortunado de mundo. Y es justo allí cuando te dice: ¿Y tú? ¿No vas a acabar para mí? La quiero… Aquí, en mi boca… O en mis senos… O donde a ti te provoque… – dijiste mientras me mirabas con fuego en los ojos. ¿Cómo negarme verdad? No hay nada más importante que complacer a una mujer…

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