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Tu mirada…

¿Que tienes tu en esa mirada? ¿Qué esconden esos grandes ojos? Cada vez que los miro me hundo como si fueran un mar profundo. A veces trato de leer tus miradas, trato de entender tus sonrisas. Decodificando cada señal que emana tu cuerpo. ¿Coqueteo? Aún no estoy seguro. Pero lo que si estoy seguro es que tienes la facilidad es de robar mi atención. Cada movimiento tuyo a veces viene cargado de emociones, de seducción, picardía y una que otra atracción fatal que lo que provoca es caer en tus redes. Cada movimiento involuntario de tu cabello me atrae. Ese cabello rubio dorado y largo que cuando lo mueves genera y activa tus feromonas, esas mismas que me atraen hacia ti.
Esa sonrisa, esos labios tentadores, que cada vez que me hablan quisiera brincar como fiera salvaje y comerlos a besos y mordiscos. Sentir el sabor de esos labios tentadores, sentir ese aliento que despierta las más bajas pasiones cada vez que me aproximo a ti. Degustar cada labio como si fuera un plato exquisito, como si sólo tuviera una sola oportunidad de hacerlos míos. Desearía sentir tu voz susurrándome mientras te beso, mientras mis manos te acarician lentamente por todo tu cuerpo. Ese cuerpo que me encanta ver caminar de un lado a otro y que cuando se me acerca me hace tener los más eróticos y sensuales pensamientos.
Sobre todo cuando tan inocentemente dejas medio ver el escote de tu blusa, ese par de pechos grandes y atractivos que exhibes con tanto orgullo muchas veces. Provoca es arrancar los botones y dejarte al descubierto. Agarrarte por la cintura y que te sientes en mis piernas, rodeando mi cuerpo con las tuyas. Y así poder ver y sentir toda tu figura frente a mi. Dejando caer tu cabello y ocultando tu cara frente a mi, tus manos me toman por mi rostro controlandome mientras me besas con infinita pasión, cada beso lo das con un toque de ternura, lujuria y locura.
Mis manos, te recorren la espalda, explorando con el sentido del tacto cada centímetro de ti, tus grandes caderas, tus apetecibles nalgas, apretando cada una, mis manos se quedan pequeñas al adueñarse de ellas…

Me provocas, me seduces, mi respiración se acelera al punto de sentir que me falta el oxígeno, termino de despojarte de la blusa que llevas puesta, y con una sola mano desprendo tu brasier rojo de encajes. Allí están sólo para mi, ese par de senos redondos y voluptuoso con algunas pecas, que sólo provocan ser besados y acariciados con pasión y ternura. Tu te levantas, pero no dejas de besarme, desabrochas tu pantalón, broche a broche, te desprendes de tus zapatos, y dejas caer los jeans. Mi corazón bombea más fuerte, la sangre fluye por todo mi cuerpo con gran rapidez. Verte completamente desnuda, sentir tu piel, tu calor, sentir tu aroma… Tus besos fueron cambiando de rumbo, te adueñaste de mi cuello, mientras me decías pequeñas palabras para provocarme cada vez más. Te arrodillas, te pones frente a mi. Desabotonaste mi camisa, unas manos suaves y bien arregladas empezaron a acariciar mi pecho, recorrías con tus uñas cada parte de mi como queriendo clavarlas o dejar la marca en mi piel. Llegaste a la hebilla de mi pantalón, increíblemente, la desarmaste. Desabrochas con rapidez y notas que mi miembro quiere salir de esa cárcel, ya no aguantaba estar allí, me pides que me levante un poco y así me despojas del pantalón dejándome sólo el bóxer. Sonríes con suma picardía. Te levantas, me das la espalda, y recogiendo tu cabello empiezas a moverte, a seducirme con algunos movimientos sensuales, te sientas sobre mi y empiezas a menear tu gran trasero. Me querías hacer explotar. Tomaste mis manos, y las llevaste a tus pechos pidiéndome que sintiera y te acariciara con fuerza. “Siéntelas” gritaste entre dientes. “Se que morías por tocarlas, por hacerlas tuyas, aquí me tienes. Dime si te gustan, dime lo que sientes…” Tu voz era tan dulce, tan seductora. Tus senos tan grandes y firmes. Tus gemidos tan mágicos y encantadores. Que mi reacción fue empezar a morderte levemente por el cuello como si fueras una presa fácil de un vampiro adicto a tu sangre. Suspirabas con gran placer. Pero aún no me tenías donde deseabas. Tu no eras mi presa, lo era yo…

Tomaste un par de prendas para amarrarme a la silla, querías inmovilizarme. Yo solo sonreía. Volviste arrodillarte, esta vez tu boca empezó a besarme por todo mi pecho, mi abdomen, de pronto una de tus manos se adueño de mi miembro por encima de mi bóxer, lo apretaste fuertemente. Me miraste fijamente a los ojos y casi en silencio, moviendo sólo los labios me dijiste: “¿Que quieres? ” Estaba loco por sentir tu boca adueñarse de mi sexo, quería que me llevarás a otro nivel. Empezaste a bajar mi bóxer, jugando con tu boca. Dejando al descubierto sólo una parte, empezaste a usar tu lengua, mientras tus manos iban arañandome y rozándome por el pecho y abdomen. Eso me excitaba, ver las líneas rojas que dejabas marcadas en mi piel. Quería que cada vez fueran más fuertes, más profundas, quería sentir tu boca caliente y húmeda poseerme. Quería romper la línea del placer y el dolor. De pronto, en un solo impulso, llevaste mi miembro hasta tu garganta. Y muy suavemente y sin dejar de verme te ibas alejando, mientras tu lengua jugaba dentro de tu boca con variados movimientos. Esto lo repetiste varias veces, disfrutabas de la expresión de mi rostro. Mis manos atadas no me dejaban hacer nada, sólo me quedaba entregarme al placer que me brindabas. Tu boca estaba tan húmeda y caliente, que predije que acabarías conmigo si seguías haciendo eso. Al darte cuenta de esto, decidiste tapar mis ojos. ¡No! Te dije inmediatamente al ver tus intensiones, sólo colocaste tu dedo índice en mi boca y me mandaste a hacer silencio. Adiós a la visión me dije muy suavemente. Te acercaste a mi y me dijiste susurrando: “No puedes tocarme… No puedes verme, pero aún puedes oírme, olerme y probarme”. Pasaste tu lengua por mi oreja, logrando un escalofrío que me recorrió el cuerpo entero…

Me encanta cada vez que logró hacerte sentir así, estas muy sensible.” Me dijiste. “Veamos como estas con el sentido del oído, quiero que me escuches muy atentamente. Esto lo había fantaseado mucho antes así que déjame disfrutarlo. Quería verte así, dominado por mi completamente. Eres tan vulnerable, no puedes soltarte de mi, voy a morder cada parte de tu cuerpo, voy a lamer cada centímetro de ti, quiero que sientas de pies a cabeza el deseo inmenso que te tengo, las ganas locas que había aguantado todo este tiempo por hacerte mío” Un escalofrío me invadió, tu tenías la actitud que tanto anhelaba, y te sobraba la aptitud también. Se me puso la piel de gallina, los vellos de mis brazos se erizaron con sólo escucharte. Te acercaste a mi oído y me respiraste suavemente, tu lengua hacia pequeños chasquidos en tu boca, preparándose para salir, tus labios se apoderaron de mi oreja, y un leve mordisco desato una descarga eléctrica por todo mi cuerpo. Lo único que pude hacer fue suspirar profundamente y sonreír. “Veo que te gusta…” Dijiste “Estoy tan excitada con sólo ver como te pones, que ya te imagino cuando te tenga dentro de mi, todo lo que me vas hacer sentir. ¿Quieres hacerme tuya? Dime…” “Ya Eres mía” respondí… “¿A si?” dijiste con voz de duda “¿como puedes poseer a alguien a quien no puedes ver ni tocar? “La atracción mental es mucho más fuerte que la física, de una mente no te liberas ni cerrando los ojos” respondí… Fue cuando de pronto sentí mi rostro entre un par de grandes pechos y sentí ese aroma de Victoria Secret con mezcla de mora y vainilla. Quien no va a desear comérselos si huelen tan divinamente. Pero jugabas conmigo, no me dejabas saborearlos, no me dejabas morderlos, sólo rozabas mi piel, y podía escuchar tus leves risas, sabía que lo disfrutabas. Mis manos sólo deseaban liberarse y poder poseer tus sensuales senos. Me tenías donde querías. Siempre supiste como descontrolar mi cuerpo, aunque las primeras veces fueron involuntarias. Fuiste descubriendo cada vez donde era más sensible, más débil, más susceptible…

Disfrutabas ver como se me erizaba la piel al hablarme al oído, y sin hablarme de sexo siquiera. Imagínate ahora, que me tienes a tu merced, en tu poder. Mi cuerpo sólo desea liberarse de las ataduras y poder vengarse, haciéndote lo mismo. Pero no me ha sido fácil, y muy en el fondo no deseo soltarme aún. Quiero ver hasta donde eres capaz de llevarme. “¿Sientes mi perfume? ¿Puedes sentir el aroma de mi piel? Quiero que respires profundamente, quiero que cada vez que percibas este aroma recuerdes este momento, porque no creo que lo volvamos a vivir juntos. Sabes bien que es sólo una aventura, una fantasía que quisimos hacer realidad.”

¿Es tu fantasía o la mía? ¿Quién debía tener el control de la situación? Como ves hasta ahora soy yo quien se metió en tu mente, soy yo quien piensa como tu. ¿Eres así? Dime, ahora que lees estas líneas que piensas de mi… Aunque la verdadera pregunta es: ¿Ahora, que piensas de ti misma? Tu sabes bien que muy en el fondo eres esa mujer salvaje y controladora, esa mujer sensual y seductora. No reprimas tus deseos. No ocultes tus pasiones… Hazlas realidad. Nunca es demasiado tarde. FIN

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La Enfermera…

Ella es enfermera, y aunque cuando esta en sus labores diarias parece una mujer dulce y tranquila, de vez en cuando busca salir de su rutina y se convierte en una insaciable mujer adicta al placer y a la perversión. Recuerdo que teníamos ya varios meses conversando, conociéndonos, conversaciones que alborotan esas neuronas y llaman la atención. Su trabajo le genera un stress que se acumula en su cuerpo y lq mejor forma de librarse de el es teniendo sexo ¿No les pasa igual? Pero no un sexo cualquiera. Un sexo cargado de energía y pasión desenfrenada. Ese que te acelera y te lleva a desahogarte un poco en tu habitación a solas o en la ducha antes de ir a trabajar. Pero que anhelas lo más pronto posible encontrar ese alguien ideal para explotar en una escena de lujuria así sea por unos minutos. Muchas mujeres dicen: «No es que no tenga con quien matar las ganas, es que mientras maduras más te vuelves más exigente. Deseas un hombre que no se complazca él solo. Necesitamos un hombre que sepa complacer nuestros deseos sin complicaciones. Es que hasta eso se ha vuelto difícil, algunos hombres de hoy día parece que aún no comprenden lo importante de seducirnos la mente antes. Creen que pueden llegar a tocarnos los senos y ya le abrimos las piernas ¡NO! Tampoco quiero uno que me hable rico por mensajes y en persona no sepa ni donde queda el clítoris ni como estimularlo. No quiero que me mande sticker sexuales por Whatsapp y no sepa cómo hacerme desear estar con él. Necesito un Sapiosexual».
Un día esta enfermera y yo decidimos dar rienda suelta a esos deseos de lujuria y placer. Hablando sin tabúes, sin prejuicios y sin pena…

Mi amiga enfermera es fascinante, ese tipo de mujer que te emociona con una conversación. Nos conocemos desde hace años, pero últimamente habíamos conversado en oportunidades sobre las ganas de liberar stress después del trabajo. Y más en estos tiempos de pandemia donde todo se limita a trabajar y estar aislados. Pero las ganas continúan allí, acumulándose cada día más. Deseando poder encerrarse en una habitación con ese alguien que sepa satisfacer las ganas y la lujuria que tienes en tu cuerpo. Alguien que te toque y acaricie, te bese y te lleve a otro nivel. Ese alguien que te haga gritar de placer, ese alguien que te domine y te castigue como tanto te gusta. Un hombre que te haga temblar con su voz y te deje sus manos marcadas en tus nalgas. Un hombre que te deje ser libre y al mismo tiempo también te controle. Recuerdo que fui a buscar a su casa a mi amiga enfermera, estaba ansioso por verla, sentir su aroma, mirarla a los ojos. Y allí estaba, de pie esperándome, un pantalón que me mostraba sus curvas y una blusa que ya quería arrancar antes de tenerla más cerca. Cuando subió al auto su perfume terminó de alborotarme las feromonas. Un beso te dirá como será el encuentro, si besa rico tiene mucha oportunidad de hacerlo rico. ¿Que les puedo decir? Nos fuimos directo a la habitación. Besaba divino, tan rico que creo que me comí sus labios casi literalmente, porque le mordí en un momento el labio inferior y se lo inflamé. Nos besamos mucho y luego caímos en la cama, allí nos fuimos desvistiendo hasta quedar solo en ropa interior. Pero ella se deshizo de todo. Me tomo de una vez por mi erección y empezó a darme placer. ¡Dios mío! Era una golosa, lo disfrutaba de arriba a abajo y sin cesar. Sus ojos estaban llenos de fuego. Me miraba como pervertida. Su boca chorreaba de su saliva por todo mi miembro. Su respiración acelerada y sus demonios estaban libres… Le hice un rico sexo oral, no puede faltar. Y de pronto metí mis dedos dentro de ella y estimulé su punto G al punto que no me imaginé que la haría llegar al squirt tan rápido. Fueron chorros acompañados de gemidos mojando la cama. Sus piernas temblaban, sus ojos se viraron y se quedó mirándome con sorpresa…

Allí estaba ella, sintiendo como ya estaba dentro y aunque al inicio sentía algo de presión, se relajó y empezó ella misma a moverse lentamente. Respiraba profundamente y se empujaba hacia atrás, yo solo me quedaba inmóvil viendo desde arriba como entraba y salía de su cuerpo. Cuando menos de lo esperó, la tomé de sus caderas y empecé a moverme yo con un ritmo más acelerado. Ella solo apretaba las sábanas y continuaba estimulando su clítoris con su mano derecha. Fue cuando empezó a tener otro squirt, y allí unas nalgadas a dos manos encendieron el momento. La penetre hasta el fondo una y otra vez. Sus quejidos eran muy excitantes. Ya me decía: -«No pares por favor, no te detengas, sigue, dame más fuerte»- no podía parar, no quería parar, sus nalgas se convirtieron en mi catarsis, la nalguee una y otra, y otra vez. Logré ponerlas rojitas, y ella me pedía más. -«Me duele pero me gusta» -me decía casi entre dientes y sin aliento. Sabía elevar mi ego, me miraba con cara de insaciable, pidiendo más y más. Mordía la almohada y gritaba en ella. Se levantaba solo para mirar como la tenía dominada y que volvía a cerrar los ojos. Gritaba nuevamente contra la almohada y me pedía que no dejara de azotarla. -«Amo tus manos en mi culo, azótame fuerte, quiero más»- me decía, allí note lo mucho que disfrutaba del castigo. Yo estaba a punto de explotar y se lo dije… «Me vengo». Fue como si no hubiera un mañana, se afincó más de mi, sentía que lo tenía todo dentro de ella y me lo apretaba mientras se movía sin cesar. Le acabé dentro, mis gemidos y malas palabras salieron de mis labios. Unos cuantos gritos de placer salían mientras aún estaba dentro de ella descargando mi néctar por completo. Fue muy rico, caí rendido en la cama a un lado de ella sin poder moverme. Ella estaba fascinada, con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Te liberé el stress? Le pregunté también sonriendo. Ella suspiró y me dijo: «No se como iras hacer, pero necesito esto una vez a la semana como mínimo.» nos besamos por un largo rato, mientras descansamos de esta rica jornada. El descanso duró unos minutos, cuando volví del baño después de una leve ducha me hizo un sexo oral de esos que sientes que se llevan tu alma. ¿Será que se repite como me lo pidió?

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Nuestra fantasía…

No sé cuantas veces te he desnudado mentalmente. Para imaginarme como será cada curva de tu cuerpo. Cada peca quizás o algún lunar. Tatuajes, marcas o cicatrices. Esa firma que te hace única e irrepetible. He visto tu foto de perfil no sé cuantas veces para perderme en esa mirada, fantaseando con tus ojos, tus cejas, tus pestañas. Fantaseando con tus labios, con esa boca que causa tanta intriga. Saber como besa, como muerde, lame o suspira. Saber como se vuelve agua cuando sienta la firmeza de mi ser. Es sentir tus delicadas manos acariciando mi piel mientras te devoras hasta el fondo de tu garganta mi dureza. Es ver como se escapan las lágrimas de tus ojos por culpa de las arcadas que te das. Pero al ver tu sonrisa de placer mientras te saboreas los labios, lo escupes con morbo mientras lo aprietas con fuerza. Me hace sentir muy afortunado de haberme cruzado contigo. Unos creen en el amor a primera vista, yo creo en la fantasía que se vuelve realidad después de escribirla. Esa que es capaz de despertar el libido más dormido o apagado.

¿Sabes como te imagino? Vestida de forma elegante y atractiva, quizás con un pantalón que destaque las curvas de tu cuerpo y una blusa que deje a la imaginación sin exhibir de más. O mejor si es de esos que vienen todo en uno, para que cuando empiece a desvestirte no tengas excusa de dejarte algo puesto y tenga que quitártelo todo. Eso sí, te dejaría en ropa interior. Sé bien lo sexy que se siente una mujer cuando se compra un conjunto diminuto y de encajes, sobre todo si es de color rojo pasión, rojo fuego, ese color que te hace sentir divina y peligrosa, erótica y sensual. Me encanta acariciar con la vista, que sientas que me quiero devorar cada milímetro de tu cuerpo, que deseo tocarte, morderte, besarte. Pero le doy tiempo al encuentro. Quizás un vino nos ayude a entrar en calor. Un par de copas chocan y decimos ¡Salud! Seguido de un beso apasionado, esos besos húmedos y con lengua que te advierten de antemano que tendrás un gran encuentro. Esos besos que te hacen efecto y te hacen mojar, si es que se puede mojar más. Porque a veces puede que ya vengas mojada por el camino de solo pensar todo lo que podría pasar. Pero si no, es con ese beso donde sabes que te vas a entregar en cuerpo y alma.

Es allí cuando te dejas llevar a donde él quiera. Contra la pared, en el mueble, en el marco de la puerta, hasta que te lleva tan cerca de la cama que buscas ya sentir si está listo para adueñarse de tí. Es cuando tu mano me toca allá abajo, quizás con algo de temor y pena al principio, pero es allí cuando te das cuenta que lo que te vas a comer llena tus expectativas. Lo aprietas con tu mano, lo sientes palpándolo todo, ya me dices susurrando «Esto será todo mío» y sin mediar más palabras, llevas tu boca hasta él para disfrutarlo. Lo lames lentamente, succionándolo suavemente, tu saliva empieza a aparecer en mayor cantidad. Acomodas tu cabello para que pueda verte mientras lo acaricias y me miras con picardía. Lo escupes y lo llevas hasta el fondo de tu garganta. Lo sacas, tomas aire y nuevamente lo empujas hasta el fondo, cada vez más y más rápido y profundo.

Tus ojos se nublan de lágrimas y la nariz se humedece. Pero tu sonrisa y emoción es de una niña con un helado. Tu lengua me recorre de arriba a abajo, casi queriendo llegar a mi zona más erógena. Me pides que levante las piernas y sin soltarme empezaste a lamer mi culo. Tu mano me hacia una rica paja mientras tu saboreabas y jugabas con tu lengua. Me tenías en tu poder. Yo solo podía gemir y suspirar, disfrutar de tus manos y tu boca. Volviste a tomarlo con ambas manos y llevarlo a tu boca nuevamente, esta vez sin dejarme de ver a los ojos. Podía ver tus lágrimas correr tu maquillaje, pero te hacia ver igual de sexy, morbosa y pervertida. Hasta me pediste que te lo diera en la boca con un «Quiero tu lechita aquí» abriendo la boca mientras me masturbabas con tus manos rápidamente. Te dije que aún no.

Así que me levanté te tomé de las piernas abriéndolas y me dediqué a darte un rico sexo oral, sólo aparté tu panty a un lado para seguir disfrutando de tu conjunto rojo que te hacía ver tan sexy. Estabas caliente y muy húmeda. Mi boca se empalagó de tus fluidos que cubrieron mis labios y mi corta barba de un par de días sin afeitar. Pero tu sabor era mágico, no quería despegarme de allí. Escucharte gemir en cada lamida en tu clítoris me calentaba más. Te veía tocándote los senos, apretándote los pezones, allí me dí cuenta que te excita algo de dolor. Así que una de mis manos empezó a apretar tus pezones mientras la otra se abría espacio con los dedos para penetrarte. Uno, dos, tres dedos se disfrutaban de aquella humedad que surgía a chorros cuando empecé a moverme dentro de ti. Tocaba tu punto G para estimularte aún más. Quería hacerte perder el control del tiempo, el control de tu cuerpo, de tus pensamientos, de todo! Así que te besé.

Te besaba como si no hubiera un mañana, te mordía suave pero apasionado. Mi mano seguía dentro de ti, tocándote y estimulándote. Te hablaba sucio. Si, lo sé, sé que la voz tiene un poder sobrehumano. Pero pedirte que acabaras para mí fue un «pedir de boca». ¡Vamos perra! Acaba para mí, quiero escucharte gritar, quiero que grites que te lo hago rico, quiero escucharte gemir, quiero que me mojes, que te vengas, que me regales un squirt  ¡Vamos! Hoy eres mía, eres mi hembra, mi puta, mi dama… Hoy te voy a coger como ningún otro hombre lo ha hecho. Y justo allí, saqué mi mano y me subí sobre ti. Lo sentiste entrar todo, lentamente. Tú solo tomaste aire y te quedaste inmóvil. Cuando empecé a moverme y darte mis embestidas, me abrazaste fuerte besándome y mirándome a los ojos, soltando un rico quejido de placer, ahí ya venía, era ese orgasmo que había estado guardado desde hace mucho tiempo. Empezaste a temblar y a gemir sin control. Podía sentir como te mojabas mientras entraba y salía de ti una y otra vez. Me tomaste por el cabello, me mordiste. Me apretaste con tus piernas sin querer soltarte. Me volteé, quedando tú encima de mí. Dejándote el poder de moverte a tu gusto y placer.

¿Cuántos orgasmos fueron? Imposible contarlos. Sólo sé que no querías bajarte de allí. Podía ver tus senos brincar, ver como te mordías los labios mientras te sostenía por tus caderas y no dejabas de brincar encima de mí. Hasta que te dije: «Me vas a hacer explotar esta vez» y poniéndote en cuatro me pediste que te partiera el culo. Si, así mismo, sin más ni menos palabras. Verte en esa posición, levantando tus caderas y mostrándome todo el esplendor de tus nalgas me acomodé para darte lo que me pedías. Ya eres una mujer que se conoce muy bien y sabe buscar placer con su cuerpo. Cuando sólo había logrado meterlo un poco te moviste hacia atrás haciendo que se perdiera dentro de ti. Y allí empezaste a moverte con movimientos circulares y un vaivén que me harían explotar en pocos minutos. Allí fue cuando tu voz hizo lo suyo… Volteaste a verme y me pediste: ¡Dame con todo! Yo sentía que me iba a explotar el corazón, mi cuerpo daba todo lo que le quedaba de fuerzas. Tus gemidos y gritos me hicieron perder el control y cuando nuevamente volteaste y me pediste que lo querías dentro de tu culo… No podía dejar de complacerte. Mi orgasmo llegó y mis embestidas fueron con tanta fuerza que al final se salió y chorreo tus nalgas y espalda, dejándome sin aliento ni fuerzas. Cayendo encima de ti. Abrazándote y soltando las últimas palabras sucias que me quedaban en la mente. Terminamos esa escena besándonos y quedándonos abrazados en los brazos de Morfeo. Quien sabe si con fuerza para una segunda ronda más… ¿Tú que crees?

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Mi mejor amiga…

¿Te acuerdas de aquel día que fui a tu apartamento? Tenía tantas ganas de verte y conversar contigo. Y tu también me habías pedido que te aclarara algunas dudas. Como si se tratara de una master class sobre seducción. No dejo de pensar como me atreví a besarte y como en esos primeros segundos dudaste con la frase… «Es que no quiero perder tu amistad» ¿Quien te dijo a ti que la amistad se pierde por tener sexo? Además era solo un beso. Un beso que se volvió cada vez más profundo y apasionado. Un beso que empezó a explorar tu boca, tu sabor, tus ganas. Un beso que activó mis manos y empezaron a recorrer tu cuerpo, tu piel. A acariciar tu bello rostro de niña buena, a sentir tus nalgas de niña mala. Te dejaste llevar por el deseo, porque tu misma me lo confesarte luego… Ya habías fantaseado conmigo antes, solo que ahora se hacía realidad. Nos devoramos de pie por varios minutos. Te pegué a la pared, te tomé por el cabello fuertemente y metí mi lengua en tu boca jugosa y caliente y la mordiste suavemente mientras tus manos empezaban a acariciar mi erección por encima de mi pantalón. Te llevé al mueble, te senté en mis piernas, te recosté sobre mi para así poder sentir tus senos y meter mi mano debajo de tu ropa. ¡Que delicia! Sentir tu humedad entre mis dedos mientras te estimulaba y seguía besándote. Tu abrias tus piernas para sentir mi mano acariciandote. Yo introducía uno, dos, tres dedos, tu gemias en mi oído y me besabas y lamías mi oreja. Susurrabas lo rico que sentías. Ya se te había olvidado aquello de «perder la amistad». En un momento nos levantamos del mueble, sentías que tus vecinos te verían y disfrutarian de un show sexual gratis y no se lo merecían. Te pegué de nuevo a la pared, aunque está vez tu te arrodillaste bajando mi pantalón y sacando de su escondite a mi amigo, estaba firme y listo para ser devorado por tu boca, que no titubeó en ningún momento. Pude sentir como lo hacías desaparecer dentro de tu garganta. Tu saliva ya se hacía ver chorreando por tus labios. Uffff tus labio, esa boca divina que me hacía ver estrellas cada vez que se comía mi ereccion. Tus ojos empezaron a llenarse de lágrimas ¿lo recuerdas?

Tus ojos llorosos me gustan, sobre todo cuando esas lágrimas van acompañadas de un poco de rimer… Lo hace ver tan dark y malvado, tu cara de niña buena ahora era de una carajita pervertida. Puedo confesar que tu sexo oral me encanta y en mi top ten estas casi de primera. Estuve a punto de acabar en tu boca, pero decidí levantarte de esa posición de sumisa y llevarte a la cama. Las ganas eran cada vez mayores. Nos desnudamos en ese trecho, por fin pude verte sin nada encima. Te acostaste y no podía iniciar en la cama sin un sexo oral para ti. Estabas mojada y lista para ser penetrada, pero quería degustarme tu sabor y rico olor a sexo. Verte disfrutar de los placeres de mi lengua dentro de ti, escucharte gemir, verte apretar y las sábanas… No gritabas porque sentías pena y vergüenza de tus vecinos. Prometo llevarte a un hotel a que desahogues tus gritos sexuales la próxima vez. Allí pudiste notar lo que disfruto hacer un oral que complazca. Tu clitoris se la llevó bien con mi lengua. Y tus manos en mi cabellos pidiendo que no me detenga. Me mirabas con tu rostro angélical poseído por la lujuria y la maldad. Me levanté, te besé y te pregunté con una sonrisa malvada en mi rostro: ¿te gustó? Tu solo reíste y me pediste que me acostara boca arriba. Te subiste encima de mi y tu misma controlaste la escena. ¡Que divino sentirte toda mojada! ¡Qué rico sentir tus movimientos de cadera sobre mi! Ver tus hermosos senos sobre mi cara y tu toda sensual, sudada, gimiendo mientras lo sentías muy profundo dentro de ti. Que rico es cuando hay química, ganas, deseo, ese placer incontrolable. Verte temblar y soltar esos pequeños suspiros. Eres una mujer muy hermosa y atractiva y más aún cuando estás disfrutando, te ves tan sexy, provocativa, que no provoca detenerse ni un solo instante…

¿Recuerdas el momento cuando me pediste que te lo hiciera en cuatro? Te acomodaste levantando tu redondito trasero y te aferraste a las sábanas de tu cama. ¡Dios que divina estas! Sentirte tan caliente mientras entraba y salía de tu cuerpo. Mirar tu cara de carajita pervertida sonriendo con maldad mientras movías tus caderas con fuerza al ritmo de mis embestidas. Ambos hacíamos realidad nuestra fantasía, sabes que nos teníamos ganas de hacía mucho tiempo, pero quizás no habíamos encontrado el momento correcto. Quizás no nos habíamos provocado como ahora, que ya nos teníamos más confianza y nos empezábamos a provocar la mente de una manera más explícita. Tenerte en ese momento agarrada por las caderas, apretando tus nalgas y soltando una que otra nalgada mientras te embestía fuerte y profundo. No aguanté más, te dije que iba a explotar, me pediste que acabara dentro de ti. Y sin pensarlo si quiera tuve el orgasmo más placentero en mucho tiempo. Te seguiste moviendo de arriba a abajo mientras apretaba tus nalgas casi clavando mis uñas en ti. Caí rendido a tu lado, me besaste con ternura y diciéndome: «¡Estás loco! No pensé que lo harías dentro de mí, pero me encantó, se sintió divino. Me lo haces demasiado rico». Recuerdo que nos besamos como un par de adolescentes apasionados y todos sudados. Aún recuerdo tus ojos, esa mirada brillante y tierna que se enciende en fuego cuando me domina en la cama. De verdad no quería irme de tu cama… Y aun hoy deseo volver a estar en ella contigo. Y cumplir ese otro deseo que dejamos pendiente y que me pediste… Sexo anal 🍑 Pronto lo haremos realidad.

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Los mitos sexuales más famosos de la historia

«Nos escondemos para hacer el amor y la guerra se practica a plena luz del día», cuentan que John Lennon dijo estas sabias palabras alguna vez, y en el fondo, ambos conceptos tienen más relación de lo que pudiera parecer. Es innegable que el sexo mueve el mundo. Proporciona poder e, históricamente, ha conseguido que grandes imperios se redujeran a cenizas o que figuras públicas de gran relevancia perdieran su prestigio por haber ‘echado una cana al aire’.

Y como el ser humano es un animal sexual, el sexo siempre lo ha acompañado. El ritual de interacción entre (por lo general) dos personas no solamente sirve para la procreación, que es nuestra máxima para poder perpetuar la especie, sino que establece unos lazos íntimos, proporciona placer y libera endorfinas. Y, como toda nuestra Historia, también existen mitos a su alrededor.

El clítoris se descubrió hace tiempo

La historiadora sexual Kate Lister se encarga de dar voz a aquellas personas que vivieron en el pasado y no pudieron tenerla, a acercarnos a cómo era la vida de nuestros ancestros mediante el sexo. «Tendemos a pensar que el orgasmo es algo nuevo que solo nos importa en la actualidad, y los historiadores sabemos que es mentira», cuenta. «El descubrimiento del clítoris, por supuesto, fue vital. En 1559 dos médicos anatómicos italianos (Gabriel Fallopio y Matteo Realdo Colombo) lo descubrieron prácticamente a la vez».

El inglés Joseph Mortimer Granville inventó en 1870 el primer vibrador eléctrico para que las manos de los médicos pudieran descansar

Aunque, por supuesto, eso no significa que no haya sido defenestrado durante años. En parte, eso se debe a Freud, que llegó a decir que que aquellas que solo conseguían llegar al clímax gracias a la estimulación del clítoris eran inmaduras y tenían problemas procedentes de traumas infantiles.

¿Cómo surgió el vibrador?

«Se tiene una idea bastante preconcebida de la época Victoriana«, explica Lister en ‘BBC‘. «Es cierto que su doble moral aún sigue vigente en nosotros, y concebimos en muchas ocasiones el sexo como algo malo, pero los victorianos no eran idiotas. Sabían lo que eran los orgasmos. Ejemplo de ello es la fascinante historia del inventor del vibrador».

Durante la época Victoriana los matrimonios tendían a arreglarse y, aunque la masturbación se consideraba ‘un vicio oscuro’, la histeria femenina se encontraba a la orden del día y los médicos tendían a curarla estimulando los genitales de la dama en cuestión, pues así se ‘liberaba’ el deseo sexual reprimido. Se consideraba que las mujeres estaban aquejadas de histeria cuando tenían dolores de cabeza, insomnio, irritabilidad o alguna tendencia a causar problemas. Fue el inglés Joseph Mortimer Granville el que, en 1870, inventó el primer vibrador eléctrico para que las manos de los médicos pudieran descansar un poco ante una ‘epidemia de histéricas’.

Cuando los trabajadores del ferrocarril asistían a los burdeles, dejaban sus lámparas rojas encendidas y las colgaban fuera del local

«Sin embargo, a pesar de ser una historia fascinante, no hay prácticamente información al respecto. Fue Rachel P. Maines la que lo contó con pelos y señales en su libro ‘La tecnología del orgasmo'», cuenta Leister. «De hecho, hace unos años se hizo una película, pero los pocos registros al respecto demuestran cómo se comportaban los victorianos respecto a la sexualidad. Sabían lo que eran los orgasmos, pero no querían oír hablar al respecto. Por eso nosotros necesitaríamos dejar a un lado esa moralidad y volver a la idea del sexo que se tenía en la Edad Media«, apunta.

Las antiguas orgías

Es verdad que todos hemos oído hablar de las bacanales romanas, pero a la hora de la verdad, cuando pensamos en orgías, solemos remontarnos como mucho a la época hippy. Nos parecen algo novedoso y transgresor. Lo cierto es que en la Antigua Grecia ya se practicaban, aunque como rito, y en particular las más famosas eran aquellas que se realizaban como culto a Dionisio. Han cambiado un poco, eso sí, por aquel entonces se componían de bailes ‘desenfrenados’ a la luz de las antorchas y descuartizamientos de animales.

Los mitos sobre la masturbación

¿Sabías que el término ‘onanismo’ viene de Onán, hijo de Judá, cuya historia se relata en ‘La Biblia‘? Aunque a día de hoy son muchos los que defienden los beneficios de la masturbación, hasta hace no muy poco era bien diferente. Para evitar que algunos jóvenes se dieran a estas prácticas en los seminarios, se solía decir que provocaba ceguera, también calvicie, baja estatura, pérdida de sensibilidad e incluso que aumentaría el vello, especialmente en las manos.

El color rojo

«Roxanne / you don’t have to put on that red light» dice la popular canción de ‘The Police’. El color rojo siempre ha estado ligado a la prostitución, y las zonas rojas (también barrios chinos o zonas de tolerancia) son aquellas donde se concentra la prostitución. Pero, ¿por qué? La leyenda más difundida al respecto data de finales del siglo XIX en Estados Unidos. Los trabajadores del ferrocarril, por aquel entonces, tenían lámparas de señalización de los trenes en dos colores, blanco y rojo. Cuando asistían a los burdeles, las dejaban encendidas y las colgaban fuera del local: el rojo apuntaba a la calle y el blanco iluminaba dentro del local, lo que provocaba que esa parte de la ciudad se convirtiera en una verdadera zona roja.

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Las 5 cosas que no te han contado sobre el sexo y debes saber

El sexo siempre ha sido ese gran tabú social que ha producido vergüenza y escarnio durante años. Hoy en día, afortunadamente, hemos llegado a una sociedad más liberada en torno a estas cuestiones; sobre todo, tenemos una concepción mucho más justa e igualitaria del mismo, gracias en mayor medida al movimiento feminista que está poniendo voz a situaciones de desigualdad no solo en el plano económico o laboral, sino también en el sexual.

Una de las peculiaridades de nuestra época es esa apertura hacia estas cuestiones y las amplias maneras de liberar nuestros deseos sexuales más ocultos. Disfrutar de una vida sexual sana es imprescindible para sentirte a gusto contigo mismo y con las personas con las que te acuestas. Es por ello que más que nunca necesitamos profundizar más en la comunicación asertiva y emocionalmente responsable dentro de este ámbito.

Si no vas al baño después de cada relación sexual y eres mujer, corres un gran riesgo de contraer cistitis con todo lo que eso conlleva

Muchas parejas ven como día a día la rutina o la costumbre se pone en medio de su relación restando la capacidad de disfrutar cuantitativa y cualitativamente de sus momentos íntimos. Afortunadamente, existe un gran abanico de profesionales en la materia para resolver todas las dudas y sortear los baches que pueden aparecer en el camino.

Para conseguir alcanzar un estado de mayor satisfacción sexual y una vida erótica mucho más sana también es urgente disponer una formación adecuada sobre el tema. Sin duda, el tiempo de descubrimiento de uno mismo y del deseo afectivo es el de la adolescencia, esta difícil edad para cualquiera en la cual oímos mucho hablar de sexo a los demás.

Pero hay ciertas cosas que nunca te explicaron sobre cómo era hacer el amor con una persona real más allá del a veces injusto y nada realista dibujo que hacen de él la pornografía. Sobre todo para los hombres, los cuales tienen muchas más dudas que les cuesta reconocer. Por ello, la revista ‘Men’s Health’ ha recopilado las cuestiones que más les han preocupado a ellos desde que empezaron a tener sus primeras experiencias íntimas, y sobre aquello que les gustaría haber sabido para así tener que ahorrarse un desengaño, una frustración sexual o también en algunos casos, ciertas disculpas con sus parejas.

Usa siempre condón

Muchos hombres creen que los preservativos solo sirven para no concebir descendencia y, en algunos casos, recurren a la conocida como «marcha atrás» porque aseguran que les resulta incómodo ponerse esta caperuza de látex. Evidentemente, por nada del mundo pruebes este peligroso método, ya que a lo mejor el mayor de tus problemas no pasa por tener un hijo no deseado (que también), sino por cuestiones de salud en tus zonas íntimas: herpes, gonorrea o incluso VIH es a lo que te enfrentas si no usas profiláctico, por lo que ante todo, como dice el lema: «póntelo, pónselo».

Hay que orinar después del coito

Esto es algo que afecta en mayor parte a las mujeres. En caso de no seguir la rutina de ir al baño después del acto sexual te pones en riesgo de contraer cistitis, una infección fúngica vaginal (y, en algunos casos, oral) muy molesta e incómoda que produce una sensación de quemazón en tus zonas íntimas y debe tratarse con antibiótico.

La importancia de los juegos previos

Muchos hombres que están en relaciones heterosexuales piensan que su único papel se reduce a la penetración. Pues bien, ni mucho menos. Esta es una de las principales causas de insatisfacción sexual femenina, ya que los juegos previos implican comunicación corporal e indagar en el deseo de la otra persona. El sexo reducido solamente a la penetración puede ser uno de los factores que provocan que la relación se vuelva más fría, ya que no solo se trata de obtener placer inmediato, sino investigar y descubrir qué es lo que le gusta a la otra persona de ti o qué demanda de tus caricias.’

«Los juegos previos marcan la diferencia«, opina el usuario ‘purpledrank7855’. «No te apresures si de verdad te importa que tu pareja llegue al clímax. Y no dejes que los vídeos porno se conviertan en tu guía. Pregúntale a tu pareja lo que le gusta y hacedlo, tanto como explícale lo que tú también deseas que te haga. La comunicación es clave para practicar buen sexo».

El porno no es la vida real

Por si algún despistado todavía no se ha enterado: el porno es mera ficción construida por actores experimentados y bien preparados para su misión. Si ves posturas imposibles, orgasmos que duran media hora o mil maneras extravagantes de hacer el amor, recuerda que se trata de escenas interpretadas por profesionales, aunque a veces parezcan tan reales que pensemos que son ciertas (¿qué hay más real y físico que el propio cuerpo humano?).

Que siempre haya consentimiento

Este es sin duda el avance más importante en comparación con años atrás. Y algo que hasta hace muy poco no se enseñaba en los colegios, pues siempre se adoptaba la versión afirmativa del acto sexual cuando realmente hay muchos factores que pueden denotar cierta imposición por parte de uno de los sujetos implicados. Gracias al #MeToo y al movimiento feminista, cada vez tenemos más claro que el «no» siempre significará «no». Por tanto, si te sientes obligada o coaccionada por alguna persona para practicar sexo, lo mejor será que cortes de inmediato la relación con esa persona o, en casos más graves, expongas tu caso en primer lugar a tu familia o amigos, y en segundo lugar y si empeora a las fuerzas de seguridad.

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Lele Pons, otra venezolana que roba suspiros

Una nueva personalidad está surgiendo en Instagram, bueno, hace rato que surgió y ahora arrasa: Lele Pons. Esta personalidad de internet de origen venezolano ha conseguido más visitas en sus historias de la red social, que la celebridad estadounidense Kim Kardashian.

Con tan sólo 21 años, Pons llegó a más de 40,3 millones de seguidores en su cuenta, en la que comparte videos humorísticos.

Sus grabaciones están dedicadas a hechos cotidianos, tales como la amistad o los problemas familiares. Pero Lele no está sola, ya que sus amigos también participan de sus ocurrencias.

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New tattoo 🕊🕊🕊

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ADIÓS MIAMI🌴☀️👋🏼

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😂❤️😂❤️

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Home photoshoots💙💙💙 I’m bored…

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Missing summer times 😫😫😫 (who else?)

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