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Yummy, Uber, Ridery o como lo quieras llamar…

Era un día de lluvia. Un día perfecto para salir a trabajar en mi nueva forma de hacer dinero, una app para hacer entregas de compras, hacer mandados y a veces uno que otro traslado. Tengo muy poco tiempo en esto pero quiero confesar que se me escapó de las manos. Mi intensión siempre fue trabajar haciendo compras y llevárselas al cliente en su hogar, hasta que un día una agradable usuaria le agradó tanto mi atención y la calidad de mi servicio que empezó a contactarme muy frecuentemente para casi todas las compras de su casa. No voy a negar que era hermosa y que a pesar de tener unos años se mantenía muy firme y atractiva. Cada vez que iba la veía más arreglada y coqueta conmigo. Su mirada de deseo cada vez era más imponente. Su lenguaje corporal fue cambiando y cada vez la sentía más sensual. No se si eran ideas mías o si en verdad la señora me filtreaba y coqueteaba. Siempre sonreía en esos pocos minutos que les dedicaba mientras baja las compras que le hacía un par de veces a la semana. Hasta que un día me invitó a pasar para que la ayudara con las bolsas. Tenía una casa hermosa, grande y con un jardín espectacular. La sala era super elegante, les confieso que miré el mueble principal y me la imaginé allí acostada. ¿Para que mentirles? 🤣 Llevé todo hasta la cocina, allí estaba su señora de servicio quien amablemente me ayudó con las compras mientras la hermosa dueña de aquella casa me servía un jugo seguido de unas palabras: «Mi amor, debes estar cansadito, te voy a dar un juguito de piña para que te hidrates bien y llene de buenas energía y ‘buen sabor’ tu cuerpo». Yo la agarré en el aire y mi cara cambió de colores, lo sé. Porque ella se me quedó mirando mientras la señora de servicio ni le paró. Yo no supe que responder, solo sonreí y bebí inmediatamente aunque en mi mente ya estaba procesando la indirecta muy directa 😳
Cuando ya iba de salida me pregunta ¿tu me podrías hacer una carrerita? ¿O solo andas con entregas? A lo que le respondí: Si claro, donde usted me lo pida. Y solo me pidió tiempo para ir en busca de su cartera. Y pude observar en esos pocos segundos que tenía tres vehículos 😱 ¿y entonces? ¿Qué pasa aquí?

La señora se subió a mi vehículo y me dijo que la llevara a un sitio de la ciudad donde tenía que retirar un pedido. Se subió atrás y se sentó justo en el medio, podía ver sus ojos verdes por el retrovisor mirarme a veces. Además es una forma de mantener contacto visual mientras conversas en el vehículo. Debo confesar que tiene una mirada fuerte y penetrante, hasta intimidadora. Quizás por eso amo los ojos claros en las mujeres. Veníamos conversando muy agradablemente, había muy buena vibra y confianza. Tenía tiempo siendo su mejor shoping driver 😋 esta era la primera vez que se subía a mi auto. Cuando llegamos al sitio ella se baja y me pide que la espere mientras retira algo en una tienda de envíos. A los minutos se sube de nuevo al auto con una caja mediana y una sonrisa inmensa en los labios. Abrió la caja justo al montarse y me pidió que no nos movieramos aún que la iba a revisar primero porque no lo podía hacer en la tienda. Cosa que me dio curiosidad claro está 😋🤣 Yo solo me puse a revisar el teléfono y estar pendiente de que no llegara una grúa o un fiscal de tránsito. Pero la curiosidad pudo más que yo. No sé si lo hizo a drede pero pude ver una cantidad de juguetes eróticos muy llamativos. Ya uno los conoce con solo medio verlos 😋 y sacó el famoso Lush 2, pude ver como lo abrió de paquete y lo probó, sabía lo que tenía en sus manos. Con una voz encantadora me dice: ¿Tienes suficiente gasolina? A lo que le digo que si, que tenía tanque full. Entonces demos un paseo hacia el Hatillo – me dijo- ¿Puedes poner una músiquita relax? Le dije que sí. Y mientras buscaba en mi teléfono un playlist de Spotify pude medio ver entre sombras como se introdujo ese aparato entre las piernas, llevaba una falda larga y vi como ella con su teléfono en lo que parecía una conversación de chat, estaba era controlando el App del Lush. Cuando escuchó la música me dijo: ¡Perfecta! Esa misma es… Toma la ruta como si fueras al Expanzoo, tu sigue que yo te digo donde cruzar.
Yo solo manejé, pero mi mirada se iba al retrovisor al ver su cara de placer sentada a ojos cerrados en el puesto trasero de mi camioneta y su dedo moverse por la pantalla del celular…

Nada hace más feliz a una mujer que el PLACER, sea cual sea éste. Una mujer que es feliz no jode, una mujer feliz no molesta a nadie. Una mujer feliz no tiene necesidad de meterse con nadie, ni siquiera hablar mal de nadie o criticar. Esta mujer con la que había compartido solo algunas conversaciones muy puntuales nunca me habló mal de nada ni nadie. Y justo en ese momento estaba probando ella misma un juguete que se veía que ya conocía perfectamente. Solo me pidió que le diera más volumen a la música y la vi cerrar los ojos por instantes. Una sonrisa delataba que la estaba pasando bien. Algunos suspiros que lograba escuchar a pesar de la música. Hasta que un momento ella notó que la miraba por el retrovisor y me miró fijamente mientras esperaba en un semáforo. Fue como que aceleró la intensidad del juguete y dejó salir un gemido de su boca, mordiéndose los labios inmediatamente y llevando luego su mano a su boca para silenciarse a sí misma. Me subió la temperatura a la cabeza, yo estaba claro de lo que pasaba, pero no me atrevía a decir nada. Ella se movía demasiado, cambiaba de lugar, cruzaba las piernas una y otra vez de un lado a otro. Respiraba profundo, suspiraba, sonreía, cerraba los ojos a veces, pero siempre terminaba viéndome por el espejo del retrovisor con sus ojos grandes y como encendidos en fuego. Fue cuando me pidió le bajara volumen a la música y empezó a hablarme con una voz algo temblorosa y justo detrás de mi asiento. Allí empezó una especie de interrogatorio básico hacia mí, ya no podía verla, solo escucharla hablándome con un tono acelerado y a veces hasta sin aire. Cuando estaba llegando a un sector conocido como La Lagunita y empecé a bajar por las calles me mostró su antigua casa (de sus padres) y me contó que se había casado muy joven. Y me hizo un recuento de sus aventuras de universitaria y que yo le recordaba un novio que ella tuvo con quien vivió grandes momentos. Y que yo le daba esa misma energía confesándome que venía masturbándose con su juguete mientras me miraba y revivía en su mente aquellos momentos. Espero no lo tomes a mal – me dijo bajándome la mirada….

Ella me dijo: Te pareces demasiado a él cuando lo conocí en la universidad. Yo tenía 21 y él ya pisaba los 45 o más. Recuerdo que me atraía su piel morena y esos labios gruesos y esas canas que me hacían sentir débil cuando se acercaba a mi. Ese hombre me hablaba y se me bajaban – me dijo sonriendo casi a carcajadas – Me llevaba tantos años pero para mi era el hombre perfecto. Mis amigas me decían que ya era un viejo y yo al contrario sentía que era el ideal. Tu no me estas preguntando, pero ya me siento en confianza plena contigo y perdóname si te incomodo – Yo le respondí que no me incomodaba y que agradezco su confianza, a lo que continuó – Ese hombre me enseñó a disfrutar de mi placer, mis orgasmos, de todo. Yo era muy curiosa y en el sexo más, yo sentía que mis amistades y hombres de mi edad estaban muy quedados. Siempre me gustaron mayores, como la canción. A mi ese hombre me hablaba y yo ya quería que me hiciera suya. Ese tono de voz era peligroso, era como mágico, yo siempre quería estar con él. Eso sí, que me hablara bonito mientras me hacía el amor, yo soy multiorgásmica, aún lo soy, soy demasiado sexual, quizás no me siento una ninfómana, pero si necesito sentir ese placer que me tranquiliza, me da paz, me quita el stress. No se si me explico – me dijo hablándome casi al oído mientras seguía manejando sin rumbo fijo – Me compré estos juguetes porque amo darme placer, no lo voy a negar. – Y me mostró un consolador grande en su empaque y me hizo sorprender y sonreír. – Y me dijo: Justo ahora tengo el Lush dentro de mi ¿lo conoces? Lo puedo controlar con mi celular y darle un sin número de vibraciones diferentes, lo amo. – Le dije que si sabía de el, pero que no lo había manejado nunca. A lo que se sonrió sorprendida ¡No puede ser! Es fantástico chico… Es más, detente allá adelante, hagamos algo. Toma, te daré el honor, ¿te atreves? – Dándome el celular con el app listo para controlarlo. Me detuve, estacionándome en la vía. Ella me explicaba como se usaba desde el asiento de atrás y yo solo empecé a mover mi dedo de arriba a abajo sobre la pantalla y podía ver la reacción de su cara…

Después de la breve explicación, ella se acomoda en el asiento y me pide que lo intente. Justo en ese momento empezaron a caer unas gotas de lluvia al parabrisas. En cuestiones de segundos estábamos arropados por el agua que caía del cielo. Ella sólo sonrió y dijo: Las cosas pasas cuando deben pasar. Así que se acostó literalmente en el asiento de atrás, abrió sus piernas buscando acomodarse el juguete y me dijo: Es todo suyo el control, solo te pido que me mires a mi a los ojos. – Así fue, no podía despegar mi mirada en su expresión del rostro, una mujer que se veía disfrutaba cada vibración y movimiento. Susurraba pidiendo que bajara o subiera la intensidad. De pronto la vi sacar el otro juguete que me había mostrado antes y sacarlo de su empaque, un miembro grueso y largo que sin pensarlo mucho empezó a golpear suavemente su cara. Empezó a lamerlo lentamente, me miraba casi escondiendo su rostro detrás de el. Mi mano controlaba la aplicación de arriba a abajo y hacia los lados. Ella solo se retorcía disfrutando de las vibraciones de aquel nuevo juguete. Y fue hasta que empecé a hablarle cuando ella se sintió completamente entregada al instante. Empecé a decirle: Siéntame, disfrútame, no sabes cuantas ganas tenía acumuladas queriendo sentirte. Acariciar tu piel y estar dentro de ti. Gime, grita para mí. Deja que tu cuerpo sienta lo divino del placer de un hombre que te desea con locura. Un hombre que te quiere hacer sentir la más divina hembra, las más fascinante mujer. Tócate, aprieta tus senos, siente como se ponen con cada una de mis palabras, usa tus manos para estimular un poco más tu piel. Usa tus dedos. Siente tu humedad. Dámela como si fuera tu mejor amante, tu cómplice, tu mejor…. Justo en ese momento sin poder controlarlo tuvo un squirt que mojó toda la tapicería y hasta la puerta y ventana, acompañada de gemidos y espasmos por todo su cuerpo. Podía verla temblar mientras sus dedos seguían tocándose ya dentro de ella mientras abría sus piernas entre su falda larga. Se quedó allí sentada respirando fuerte mientras la lluvia era nuestro único testigo de aquel instante…

Ella se acercó a mí y sin mediar palabra alguna solo metió sus dedos mojados en mi boca. Quería que saboreara su néctar. No voy a negar que me encendió, lamí sus dedos con placer y casi que me provocaba morderlo. Me dijo susurrándome muy cerca: Perdóname mi amor bello, mira lo que me hiciste hacerle a tu carro. Te lo mojé todo. Que pena. – Pero su mirada me decía que no le importaba y que lo había hecho a propósito. Se acercó a mí y me tomó por el cuello acercándome a sus labios y pidiendo disculpas mientras me besaba y me obligaba a dejar mi asiento tomándome por el cuello y me alaba hacia atrás. Era difícil ver hacia fuera por la cantidad de lluvia que caía. Así que nos despreocupamos porque nos vieran. Deje caer el asiento hacia atrás para facilitar su acercamiento y no alejarme de sus labios. Besaba divino no lo voy a negar. Y la adrenalina subía con cada segundo pero la lluvia no dejaba ver nada. Y sentíamos la libertad de disfrutarnos a solas. Sólo fueron besos apasionados y algunas caricias, cuando toqué su humedad me dijo que aún no estaba lista, que era muy pronto. Y aunque pensé que no tenía sentido, respeté su decisión. Siempre es la mujer quien tiene la última palabra en la toma de decisión. Fue un rato agradable y emocionante. Ella me pidió que solo la besara hasta que se fuera la lluvia y así fue. Fue casi una hora de lluvia y besos con lengua que te hacían sentir casi un adolescente. Caricias y miradas profundas, suspiros y susurros al oído. Nos dijimos ‘me gustas’ y ‘me siento a gusto contigo’ y el clásico ‘vamos con calma’. La lluvia bajó un poco la intensidad y seguí el camino. Ella decidió pasarse al puesto de adelante. Y en un semáforo sentí su mano acariciándome y preguntándome: ¿Cómo te sientes? – Mi cuerpo reaccionó de inmediato y ella lo notó. A lo que me trató de quitar la correa del pantalón y tuve que ayudarla porque era tipo militar y no logró soltarla en el primer intento. Sentí su mano adueñarse de mi, su calor, la suavidad de sus manos me abrazaron dominando mi firmeza. Me miraba con fuego en la mirada. ¿Quieres verdad? Me preguntó sonriendo con maldad. Yo solo asentí con la cabeza casi sin mirarla…

Mi pulso se elevó, la adrenalina corría por mi cuerpo. Sentir la mano de esa mujer adueñarse de me calentaba lentamente. Empezó a besarme en el oído, lamía mi oreja y chupaba con leves mordidas que generaba escalofríos por toda mi espalda, se me ponía la piel de gallina y los suspiros empezaron a salir de mi boca. Manejaba lento, no solo por la lluvia que se había vuelto intensa nuevamente sino también por lo que estaba sintiendo. Ya caía la tarde y estaba oscureciendo, el trafico se puso pesado a medida que me acercaba a zonas más pobladas. Sus caricias cambiaron de sutiles a más intensas, con movimientos más fuertes y repetitivos, cuando menos lo esperaba ya su boca se había encargado de humedecer un poco más aquella firmeza, usaba su lengua para recorrer de lado a lado, de arriba a abajo. A pesar de la lluvia y los vidrios oscuros, sentía que me podían ver la cara de placer que me hacía poner esta mujer. Por momentos sentía que se metería en su boca hasta mis gemelas. Se atragantaba hasta toser y ahogarse, sus ojos se llenaban de lágrimas y empezaba a chorrear su maquillaje de los ojos, pero eso como que la motivaba cada vez más, porque no se detenía y cada intento era más profundo, fuerte y prolongado. La veía aguantando la respiración mientras su nariz tocaba mi pelvis. Ya mis piernas no respondían igual, a veces aceleraba el auto sin querer. Así que busqué donde estacionar antes de tener un accidente.
Busqué una zona un poco solitaria para terminar de disfrutar este maravilloso momento con tranquilidad. Allí fue cuando me pidió nuevamente que usara el control de su juguete Lush mientras ella seguía disfrutando de mi. Incliné el asiento completamente hacia atrás y así podía ver mejor la escena y ver como se adueñaban los espasmos de su cuerpo cuando le subían la intensidad de vibración al juguete que tenía entre las piernas ella. Llegó ese momento en que no aguanté más y le dije que ya estaba a punto. Puse el juguete al máximo y ella grito sin sacárselo de la boca, sentí que lo apretó con su mano y me lo mordió levemente, puse mi mano en su cabello y sin forzarla solo apretaba su pelo fuertemente. Ella misma movía su cabeza de arriba a abajo.

Disfrutar de un oral en el auto es tan emocionante y fascinante ¿Verdad? Ella continuaba con su boca allí, haciendo ruidos mientras chupaba. Se atragantaba hasta el fondo ella sólita, no necesitaba forzarla, solo la agarraba del cabello para apretarlo y sostenerlo haciendo una cola para evitar que se metiera en la boca. Me tenía al borde de la locura, ya sentía que faltaba poco para explotar, su boca llegaba hasta la base de mi firmeza, pegaba la nariz de mi pelvis, una garganta profunda modo experta. Le dije con lo poco que me quedaba de aliento… Ahí viene. Sentí como succionaba cada mililitro y me lo apretaba fuerte y logré darle la máxima vibración al Lush puedo decir que fue un orgasmo mutuo, ella gimió al terminar de tragarse mi néctar hasta gritarme que lo apagara, lo agarré y se lo fui a sacar de su entrepierna, mojó todo el asiento. Temblaba, se quedó en silencio por un instante solo respirando con los ojos cerrados. Cuando reaccionó y volvió en sí, me pidió disculpas por «el desastre». Le dije que ambos lo habíamos hecho y la fui a besar. Me detuvo con su mano. Me dijo: Los besos enamoran, los besos en la boca involucran el corazón. Y usted caballero es una tentación. Gracias por este instante, pero creo que fuimos muy lejos. Perdí el control, solo quería jugar un rato para calentarme y llegar a casa a masturbarme con mis juguetes. Tu no estabas incluido en mis planes, pero todo fluyó rico y me dejé llevar. Pero creo que no debemos vernos más. ¿Me puedes llevar a mi casa? Gracias…

Imaginen todo lo que pasaba por mi mente en esos minutos de vuelta a su casa ¿Qué hago? ¿La dejo ir? ¿Le robo el beso? ¿Qué querrá ella en realidad? Ustedes que piensan…

Un largo silencio invadió mi camioneta por unos minutos. Ella se arreglaba el cabello, se maquillaba de nuevo, guardaba sus juguetes en sus empaques y con toallitas húmedas limpiaba los asientos de mi vehículo. La estaba dejando en su casa cuando sonó su teléfono. Atendió la llamada y con voz de molestia empezó a discutir. Al principio creía que era su marido o su novio, luego note que era una mujer porque le dijo «Bueno chica haz lo que te de la gana» y le colgó la llamada. Suspiro fuerte y se recostó en el asiento, se quedó pensativa. Totalmente en silencio. Mirando a través de la ventana hacia el infinito. No quise hacer deducciones ni adivinar. Preferí callar y esperar. Llegué a su casa, me estacioné y esperé a que ella decidiera bajarse. Me abrazó con una mano desde atrás de mi asiento besándome en la oreja y susurrándome: «La pasé genial, eres un caballero, no me equivoqué en elegirte. Creo que tendrás muchos otros viajes, pero déjame salir de unas preocupaciones que tengo primero cariño.» Aún tenía mis dudas de que se trataba realmente todo esto. Pero todo se iría aclarando al día siguiente de toda esta emocionante historia. Al día siguiente me llamaron para hacer otro viaje, esta vez era ella acompañada de una sensual amiga, otra dama muy atractiva, simpática y también madura, rondando los 40 años quizás. Pero esta vez solo me quedó disfrutar del viaje como espectador. Ambas mujeres se estaban devorando casi literalmente a besos mientras yo conducía por las calles de la ciudad de Caracas. No sé, pero sentía que se disfrutaban ese momento que muy bien podía ser en una habitación, pero no. Ellas preferían hacerlo desde un vehículo en movimiento y por las zonas más transitadas de la ciudad. Claro, con vidrios polarizados y con un espectador masculino que se le hacia agua la boca con solo imaginar estar en el medio 🤣 ellas a veces me miraban. Pero no daban la más mínima seña. Estaban solo para ellas y vaya que había química y picardía porque me miraban incitándome, provocándome, como queriendo que dijera algo. Pero me mantuve solo como espectador y chófer. Y mira que tengo que describirles todo lo que vi esa tarde noche con lujo de detalles ¿Quieren saber?

Se que no a muchas les gusta la idea de ver o imaginarse besando a otra mujer. Pero cuando existe una química, curiosidad y atracción sexual es algo de otro mundo. Más aún cuando sientes que ambas mujeres no les deja de atraer un hombre y casualmente la escena de esos besos son para alborotarle la mente a uno. Porque yo las veía por el retrovisor, las escuchaba hablando y diciéndose cosas provocadoras y a veces solo me llamaban la atención para decirme «Atento al volante». Pero se desconectaban del mundo y solo se acariciaban y besaban con ternura y pasión. Daba gusto escucharlas gemir, suspirar, sonreír y forcejear. En un momento cuando rondaba por las calles de Las Mercedes una de ellas se abrió la blusa dejando al descubierto aquel espectáculo, no usaba nada debajo. La otra empezó a acariciarla lentamente con sus dedos hasta que sus labios se adueñaron y empezó a disfrutar de aquel manjar cubierto de pecas. Y ustedes saben que amo las pecas. Provocaba era detenerse a admirar la escena pero ellas deseaban era que pasara por zonas con gente, eso les aumentaba la adrenalina. Hubo un momento en que una le empezó a dar un oral a la otra y ella decidió bajar el vidrio junto en un semáforo. Una camioneta más alta se detuvo a un lado nuestro y vi como un caballero casi se le salen los ojos mirando hacia nosotros, se quedó mirándola, le sonrió y ella solo le dijo a la otra: «Nos están viendo». Y fue como un botón de activación, porque la hizo gemir metiendo sus dedos en ella y usando su boca al punto que a mi me dio pena y sabía que no me miraban. Pero sus gemidos se podían escuchar a través de la ventana. Cambió la luz a verde y empezamos a movernos y el auto trataba de mantenerse a nuestro lado para seguir viendo aquella escena. Ella hizo que se subiera para basarla nuevamente y ambas se reían y hablaban sobre la expresión de aquel caballero. Me pidieron que me desviara. Cambié el rumbo y vi la cara del tipo salir por la ventana con algo de tristeza. Se acabó la diversión para él. Aunque ellas seguían tocándose y riendo sobre lo sucedido. Hasta que mi querida cliente me preguntó: ¿Te gusta tu trabajo? – a lo que respondí: Nunca me imaginé que sería tan emocionante.

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No temas a mis deseos…

Me encantas, lo sabes. Pero al mismo tiempo sabemos que no podremos estar juntos. Tú eres tan dulce y tierna, quizás sin un toque de maldad. Yo, tan dominante y pervertido que siento que huiras de mi en la primera. No sé, quién sabe, caras vemos, perversiones no sabemos. Pero si te imagino frente a mí, mirándote a los ojos y a esa boca tan provocativa que tienes. Se que me sonreirás, se que nos besaríamos en la primera cita y dejaríamos el alma en casa beso. No te conozco y ya imagino como hueles. Ya imagino mis manos enredadas en tu cabello, apretándolo, controlándote, sintiéndote. Aunque me da miedo lastimarte. Te veo tan frágil y delicada. Pero pienso… Si ya te rompieron el corazón 💔 alguna vez y aún sonríes. Yo no te romperé el corazón, yo quiero amarlo. Quiero que sonrías. Pero también quiero que gimas, que grites, que suspires. Quiero darte el placer que ningún otro hombre te ha dado jamás. Quiero erizar tu piel con mis besos, mis manos, mi cuerpo. Quiero que te redescubras y disfrutes de esos orgasmos que nunca tuviste. Esos que te quedaron debiendo muchas veces. Esos que solo tu misma podías provocarte en la soledad de tu habitación. Quiero que sientas mi boca dándote placer sin miedo. Que te mojes sin control, que tiemblen tus piernas hasta que grites y me supliques qué pare. Quiero que me tomes por el cabello y me obligues a besarte. Estar encima de ti, dentro de ti, extasiado por ti. Sintiendo tus manos en mi espalda y en mis nalgas pidiéndome más y más. Mirándome a los ojos y preguntándote mentalmente: ¿Dónde rayos te habías escondido? Te había necesitado toda mi vida…

No me temas. No le temas a mis deseos. No tengas miedo a sentir nuevas sensaciones. Nuevas emociones. Deja que tu piel sienta otra forma de acariciar, de sentir, de disfrutar. Prometo no romperte el corazón, ni crearte una ilusión. Prometo ser sincero y sin secretos. No vengo a ofrecerte villas y castillos, solo suspiros y gemidos. Placer y deseo, lujuria y perversión. Enseñarte a sentir desde lo más profundo de tu ser, entender cómo tu cuerpo se humedece sin tocarte, como tu corazón se acelera sin verte a los ojos. Como tus dedos quieren imitarme sin aún haberme conocido. Porque sé que algunas noches estando sola no te aguantas y terminas soñando despierta, deseando que esté yo allí dándote el placer que tanto le hace falta a tu cuerpo. Te imagino besándome, con esos labios provocativos, primero tiernamente, luego con mordidas y pasión. Te quitas la ropa sin mediar palabras y me dejas al descubierto tus lindos senos al desnudo para ser devorados por completo por mi boca. Sentir el perfume de tu piel mientras mi cara está allí en el medio de tus senos, rozándolos con mi corta barba y mordiéndolos suavemente entre suspiros. Mis manos juegan con tus curvas, arrancando lo que te queda de ropa. Ya puedes sentir mi firmeza entre tus piernas, y sin penetrarte, te mueves lentamente rozando tu clítoris lentamente hasta hacerte mojar sin control. La locura y el deseo nos domina. Me muerdes los labios con furia. Como molesta porque aún no estoy dentro de ti. Y son tus propias manos quienes toman mi erección y la llevan justo en el lugar indicado. Sentándote encima de mi, controlando todo… Te mueves. Sonríes. Gimes, tapándote la boca como quien no quiere que la escuchen. Pero tus ganas son tan grandes que te dejas llevar, te sueltas y sientes como mis manos se aferran de tus caderas y empiezo a moverte mas fuerte. ¡Duro! ¡Rico! ¡Profundo! ¡Intenso! Un leve dolor adictivo que te hace gritar. Quejidos se escapan de tu boca, de tu ser. Un orgasmos se aproxima y sin pensarlo te lanzas encima de mi con tu movimiento de cadera sin cesar. Tiemblas. Tus piernas sienten espasmos y la humedad se adueñó de tu entrepierna. Mojaste la cama. Te sientes sorprendida..

Tu forma de moverte encima de mi me dejaba todo claro. Tenías mucho sin sentir tanto placer. Tus caderas me dominaban, tus manos me indicaban que no debía hacer nada, solo dejarte ser tú. Tu rostro, esa expresión en tu cara lo decía todo, verte morder los labios, lamerte, apretarte los senos mientras disfrutaba de un entrar y salir. El sonido de la humedad que brotaba en ti me volvía loco. Verte estimular tu clítoris mientras seguías moviendote de arriba a abajo y sentir como un squirt se escapaba de tu cuerpo sin poder evitarlo. Me gritaste: «¡Siento que me orino! Y allí fue cuando te dije: ¡No pares! Dame ese squirt… – Y tomandote por las caderas empecé a darte embestidas más fuertes que te hicieron golpearme la cara, el pecho, me clavaste las uñas, varios espasmos se apoderaron de ti, mientras sentía como a chorros explotabas encima de mi dejándome todo mojado. Cayendo rendida en mi pecho, suspirando, susurrando, temblando, pero sobre todo sonriente. Ambos complacidos, encantados por semejante encuentro. No hay nada más divino que sentir un orgasmo de una mujer y sentir que la complaces.

Te sientes el hombre más afortunado de mundo. Y es justo allí cuando te dice: ¿Y tú? ¿No vas a acabar para mí? La quiero… Aquí, en mi boca… O en mis senos… O donde a ti te provoque… – dijiste mientras me mirabas con fuego en los ojos. ¿Cómo negarme verdad? No hay nada más importante que complacer a una mujer…

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¿Cómo tratar una mujer?

No se trata solo de abrirle las piernas, cogértela y venirte, ¿Qué caso tiene hacer eso? Tienes que hacerla sentir especial, hacer que te piense todo el día, que tenga fantasías sexuales contigo, que te desee tanto, que se moje con tan solo pensar en ti. Que seas esa persona que ella quiere sentir en su espalda abrazándola cada mañana (o de vez en cuando por si hay otras razones) Porque no todos los seres humanos nacimos para amar, algunos nacimos para ser amantes… 😈

Feliz día… Pervertidas 🔥

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Te hace suspirar…

Un hombre capaz de hacerte suspirar sin estar presente. Un hombre que con solo su voz te mojes y te muerdas los labios. Un hombre que además de generarte morbo y deseo pueda hacerte aguar los ojos y querer abrazarlo por horas. Ese efecto inexplicable que te hace amarlo y odiarlo al mismo tiempo. Ese hombre capaz de robarse tu calma, ese que usas en tus noches o tardes solitarias para imaginarlo entre tus piernas solo usando tu imaginación. Ese que quisieras tener encima tuyo justo en este momento mientras lees estas líneas, mientras tus pies están a la altura de sus hombros y tus rodillas frente a tu cara, gritando entre dientes que no pare, mientras no dejas de ver su cara de pervertido, su sudor cayendo por su frente y su respiración acelerada. Queriendo clavar tus uñas por su espalda o apretar sus nalgas contra tu cuerpo queriendo sentir más profundo todo su ser. ¿Si sabes de lo que hablo?

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Tu mirada…

¿Que tienes tu en esa mirada? ¿Qué esconden esos grandes ojos? Cada vez que los miro me hundo como si fueran un mar profundo. A veces trato de leer tus miradas, trato de entender tus sonrisas. Decodificando cada señal que emana tu cuerpo. ¿Coqueteo? Aún no estoy seguro. Pero lo que si estoy seguro es que tienes la facilidad es de robar mi atención. Cada movimiento tuyo a veces viene cargado de emociones, de seducción, picardía y una que otra atracción fatal que lo que provoca es caer en tus redes. Cada movimiento involuntario de tu cabello me atrae. Ese cabello rubio dorado y largo que cuando lo mueves genera y activa tus feromonas, esas mismas que me atraen hacia ti.
Esa sonrisa, esos labios tentadores, que cada vez que me hablan quisiera brincar como fiera salvaje y comerlos a besos y mordiscos. Sentir el sabor de esos labios tentadores, sentir ese aliento que despierta las más bajas pasiones cada vez que me aproximo a ti. Degustar cada labio como si fuera un plato exquisito, como si sólo tuviera una sola oportunidad de hacerlos míos. Desearía sentir tu voz susurrándome mientras te beso, mientras mis manos te acarician lentamente por todo tu cuerpo. Ese cuerpo que me encanta ver caminar de un lado a otro y que cuando se me acerca me hace tener los más eróticos y sensuales pensamientos.
Sobre todo cuando tan inocentemente dejas medio ver el escote de tu blusa, ese par de pechos grandes y atractivos que exhibes con tanto orgullo muchas veces. Provoca es arrancar los botones y dejarte al descubierto. Agarrarte por la cintura y que te sientes en mis piernas, rodeando mi cuerpo con las tuyas. Y así poder ver y sentir toda tu figura frente a mi. Dejando caer tu cabello y ocultando tu cara frente a mi, tus manos me toman por mi rostro controlandome mientras me besas con infinita pasión, cada beso lo das con un toque de ternura, lujuria y locura.
Mis manos, te recorren la espalda, explorando con el sentido del tacto cada centímetro de ti, tus grandes caderas, tus apetecibles nalgas, apretando cada una, mis manos se quedan pequeñas al adueñarse de ellas…

Me provocas, me seduces, mi respiración se acelera al punto de sentir que me falta el oxígeno, termino de despojarte de la blusa que llevas puesta, y con una sola mano desprendo tu brasier rojo de encajes. Allí están sólo para mi, ese par de senos redondos y voluptuoso con algunas pecas, que sólo provocan ser besados y acariciados con pasión y ternura. Tu te levantas, pero no dejas de besarme, desabrochas tu pantalón, broche a broche, te desprendes de tus zapatos, y dejas caer los jeans. Mi corazón bombea más fuerte, la sangre fluye por todo mi cuerpo con gran rapidez. Verte completamente desnuda, sentir tu piel, tu calor, sentir tu aroma… Tus besos fueron cambiando de rumbo, te adueñaste de mi cuello, mientras me decías pequeñas palabras para provocarme cada vez más. Te arrodillas, te pones frente a mi. Desabotonaste mi camisa, unas manos suaves y bien arregladas empezaron a acariciar mi pecho, recorrías con tus uñas cada parte de mi como queriendo clavarlas o dejar la marca en mi piel. Llegaste a la hebilla de mi pantalón, increíblemente, la desarmaste. Desabrochas con rapidez y notas que mi miembro quiere salir de esa cárcel, ya no aguantaba estar allí, me pides que me levante un poco y así me despojas del pantalón dejándome sólo el bóxer. Sonríes con suma picardía. Te levantas, me das la espalda, y recogiendo tu cabello empiezas a moverte, a seducirme con algunos movimientos sensuales, te sientas sobre mi y empiezas a menear tu gran trasero. Me querías hacer explotar. Tomaste mis manos, y las llevaste a tus pechos pidiéndome que sintiera y te acariciara con fuerza. “Siéntelas” gritaste entre dientes. “Se que morías por tocarlas, por hacerlas tuyas, aquí me tienes. Dime si te gustan, dime lo que sientes…” Tu voz era tan dulce, tan seductora. Tus senos tan grandes y firmes. Tus gemidos tan mágicos y encantadores. Que mi reacción fue empezar a morderte levemente por el cuello como si fueras una presa fácil de un vampiro adicto a tu sangre. Suspirabas con gran placer. Pero aún no me tenías donde deseabas. Tu no eras mi presa, lo era yo…

Tomaste un par de prendas para amarrarme a la silla, querías inmovilizarme. Yo solo sonreía. Volviste arrodillarte, esta vez tu boca empezó a besarme por todo mi pecho, mi abdomen, de pronto una de tus manos se adueño de mi miembro por encima de mi bóxer, lo apretaste fuertemente. Me miraste fijamente a los ojos y casi en silencio, moviendo sólo los labios me dijiste: “¿Que quieres? ” Estaba loco por sentir tu boca adueñarse de mi sexo, quería que me llevarás a otro nivel. Empezaste a bajar mi bóxer, jugando con tu boca. Dejando al descubierto sólo una parte, empezaste a usar tu lengua, mientras tus manos iban arañandome y rozándome por el pecho y abdomen. Eso me excitaba, ver las líneas rojas que dejabas marcadas en mi piel. Quería que cada vez fueran más fuertes, más profundas, quería sentir tu boca caliente y húmeda poseerme. Quería romper la línea del placer y el dolor. De pronto, en un solo impulso, llevaste mi miembro hasta tu garganta. Y muy suavemente y sin dejar de verme te ibas alejando, mientras tu lengua jugaba dentro de tu boca con variados movimientos. Esto lo repetiste varias veces, disfrutabas de la expresión de mi rostro. Mis manos atadas no me dejaban hacer nada, sólo me quedaba entregarme al placer que me brindabas. Tu boca estaba tan húmeda y caliente, que predije que acabarías conmigo si seguías haciendo eso. Al darte cuenta de esto, decidiste tapar mis ojos. ¡No! Te dije inmediatamente al ver tus intensiones, sólo colocaste tu dedo índice en mi boca y me mandaste a hacer silencio. Adiós a la visión me dije muy suavemente. Te acercaste a mi y me dijiste susurrando: “No puedes tocarme… No puedes verme, pero aún puedes oírme, olerme y probarme”. Pasaste tu lengua por mi oreja, logrando un escalofrío que me recorrió el cuerpo entero…

Me encanta cada vez que logró hacerte sentir así, estas muy sensible.” Me dijiste. “Veamos como estas con el sentido del oído, quiero que me escuches muy atentamente. Esto lo había fantaseado mucho antes así que déjame disfrutarlo. Quería verte así, dominado por mi completamente. Eres tan vulnerable, no puedes soltarte de mi, voy a morder cada parte de tu cuerpo, voy a lamer cada centímetro de ti, quiero que sientas de pies a cabeza el deseo inmenso que te tengo, las ganas locas que había aguantado todo este tiempo por hacerte mío” Un escalofrío me invadió, tu tenías la actitud que tanto anhelaba, y te sobraba la aptitud también. Se me puso la piel de gallina, los vellos de mis brazos se erizaron con sólo escucharte. Te acercaste a mi oído y me respiraste suavemente, tu lengua hacia pequeños chasquidos en tu boca, preparándose para salir, tus labios se apoderaron de mi oreja, y un leve mordisco desato una descarga eléctrica por todo mi cuerpo. Lo único que pude hacer fue suspirar profundamente y sonreír. “Veo que te gusta…” Dijiste “Estoy tan excitada con sólo ver como te pones, que ya te imagino cuando te tenga dentro de mi, todo lo que me vas hacer sentir. ¿Quieres hacerme tuya? Dime…” “Ya Eres mía” respondí… “¿A si?” dijiste con voz de duda “¿como puedes poseer a alguien a quien no puedes ver ni tocar? “La atracción mental es mucho más fuerte que la física, de una mente no te liberas ni cerrando los ojos” respondí… Fue cuando de pronto sentí mi rostro entre un par de grandes pechos y sentí ese aroma de Victoria Secret con mezcla de mora y vainilla. Quien no va a desear comérselos si huelen tan divinamente. Pero jugabas conmigo, no me dejabas saborearlos, no me dejabas morderlos, sólo rozabas mi piel, y podía escuchar tus leves risas, sabía que lo disfrutabas. Mis manos sólo deseaban liberarse y poder poseer tus sensuales senos. Me tenías donde querías. Siempre supiste como descontrolar mi cuerpo, aunque las primeras veces fueron involuntarias. Fuiste descubriendo cada vez donde era más sensible, más débil, más susceptible…

Disfrutabas ver como se me erizaba la piel al hablarme al oído, y sin hablarme de sexo siquiera. Imagínate ahora, que me tienes a tu merced, en tu poder. Mi cuerpo sólo desea liberarse de las ataduras y poder vengarse, haciéndote lo mismo. Pero no me ha sido fácil, y muy en el fondo no deseo soltarme aún. Quiero ver hasta donde eres capaz de llevarme. “¿Sientes mi perfume? ¿Puedes sentir el aroma de mi piel? Quiero que respires profundamente, quiero que cada vez que percibas este aroma recuerdes este momento, porque no creo que lo volvamos a vivir juntos. Sabes bien que es sólo una aventura, una fantasía que quisimos hacer realidad.”

¿Es tu fantasía o la mía? ¿Quién debía tener el control de la situación? Como ves hasta ahora soy yo quien se metió en tu mente, soy yo quien piensa como tu. ¿Eres así? Dime, ahora que lees estas líneas que piensas de mi… Aunque la verdadera pregunta es: ¿Ahora, que piensas de ti misma? Tu sabes bien que muy en el fondo eres esa mujer salvaje y controladora, esa mujer sensual y seductora. No reprimas tus deseos. No ocultes tus pasiones… Hazlas realidad. Nunca es demasiado tarde. FIN

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La Enfermera…

Ella es enfermera, y aunque cuando esta en sus labores diarias parece una mujer dulce y tranquila, de vez en cuando busca salir de su rutina y se convierte en una insaciable mujer adicta al placer y a la perversión. Recuerdo que teníamos ya varios meses conversando, conociéndonos, conversaciones que alborotan esas neuronas y llaman la atención. Su trabajo le genera un stress que se acumula en su cuerpo y lq mejor forma de librarse de el es teniendo sexo ¿No les pasa igual? Pero no un sexo cualquiera. Un sexo cargado de energía y pasión desenfrenada. Ese que te acelera y te lleva a desahogarte un poco en tu habitación a solas o en la ducha antes de ir a trabajar. Pero que anhelas lo más pronto posible encontrar ese alguien ideal para explotar en una escena de lujuria así sea por unos minutos. Muchas mujeres dicen: «No es que no tenga con quien matar las ganas, es que mientras maduras más te vuelves más exigente. Deseas un hombre que no se complazca él solo. Necesitamos un hombre que sepa complacer nuestros deseos sin complicaciones. Es que hasta eso se ha vuelto difícil, algunos hombres de hoy día parece que aún no comprenden lo importante de seducirnos la mente antes. Creen que pueden llegar a tocarnos los senos y ya le abrimos las piernas ¡NO! Tampoco quiero uno que me hable rico por mensajes y en persona no sepa ni donde queda el clítoris ni como estimularlo. No quiero que me mande sticker sexuales por Whatsapp y no sepa cómo hacerme desear estar con él. Necesito un Sapiosexual».
Un día esta enfermera y yo decidimos dar rienda suelta a esos deseos de lujuria y placer. Hablando sin tabúes, sin prejuicios y sin pena…

Mi amiga enfermera es fascinante, ese tipo de mujer que te emociona con una conversación. Nos conocemos desde hace años, pero últimamente habíamos conversado en oportunidades sobre las ganas de liberar stress después del trabajo. Y más en estos tiempos de pandemia donde todo se limita a trabajar y estar aislados. Pero las ganas continúan allí, acumulándose cada día más. Deseando poder encerrarse en una habitación con ese alguien que sepa satisfacer las ganas y la lujuria que tienes en tu cuerpo. Alguien que te toque y acaricie, te bese y te lleve a otro nivel. Ese alguien que te haga gritar de placer, ese alguien que te domine y te castigue como tanto te gusta. Un hombre que te haga temblar con su voz y te deje sus manos marcadas en tus nalgas. Un hombre que te deje ser libre y al mismo tiempo también te controle. Recuerdo que fui a buscar a su casa a mi amiga enfermera, estaba ansioso por verla, sentir su aroma, mirarla a los ojos. Y allí estaba, de pie esperándome, un pantalón que me mostraba sus curvas y una blusa que ya quería arrancar antes de tenerla más cerca. Cuando subió al auto su perfume terminó de alborotarme las feromonas. Un beso te dirá como será el encuentro, si besa rico tiene mucha oportunidad de hacerlo rico. ¿Que les puedo decir? Nos fuimos directo a la habitación. Besaba divino, tan rico que creo que me comí sus labios casi literalmente, porque le mordí en un momento el labio inferior y se lo inflamé. Nos besamos mucho y luego caímos en la cama, allí nos fuimos desvistiendo hasta quedar solo en ropa interior. Pero ella se deshizo de todo. Me tomo de una vez por mi erección y empezó a darme placer. ¡Dios mío! Era una golosa, lo disfrutaba de arriba a abajo y sin cesar. Sus ojos estaban llenos de fuego. Me miraba como pervertida. Su boca chorreaba de su saliva por todo mi miembro. Su respiración acelerada y sus demonios estaban libres… Le hice un rico sexo oral, no puede faltar. Y de pronto metí mis dedos dentro de ella y estimulé su punto G al punto que no me imaginé que la haría llegar al squirt tan rápido. Fueron chorros acompañados de gemidos mojando la cama. Sus piernas temblaban, sus ojos se viraron y se quedó mirándome con sorpresa…

Allí estaba ella, sintiendo como ya estaba dentro y aunque al inicio sentía algo de presión, se relajó y empezó ella misma a moverse lentamente. Respiraba profundamente y se empujaba hacia atrás, yo solo me quedaba inmóvil viendo desde arriba como entraba y salía de su cuerpo. Cuando menos de lo esperó, la tomé de sus caderas y empecé a moverme yo con un ritmo más acelerado. Ella solo apretaba las sábanas y continuaba estimulando su clítoris con su mano derecha. Fue cuando empezó a tener otro squirt, y allí unas nalgadas a dos manos encendieron el momento. La penetre hasta el fondo una y otra vez. Sus quejidos eran muy excitantes. Ya me decía: -«No pares por favor, no te detengas, sigue, dame más fuerte»- no podía parar, no quería parar, sus nalgas se convirtieron en mi catarsis, la nalguee una y otra, y otra vez. Logré ponerlas rojitas, y ella me pedía más. -«Me duele pero me gusta» -me decía casi entre dientes y sin aliento. Sabía elevar mi ego, me miraba con cara de insaciable, pidiendo más y más. Mordía la almohada y gritaba en ella. Se levantaba solo para mirar como la tenía dominada y que volvía a cerrar los ojos. Gritaba nuevamente contra la almohada y me pedía que no dejara de azotarla. -«Amo tus manos en mi culo, azótame fuerte, quiero más»- me decía, allí note lo mucho que disfrutaba del castigo. Yo estaba a punto de explotar y se lo dije… «Me vengo». Fue como si no hubiera un mañana, se afincó más de mi, sentía que lo tenía todo dentro de ella y me lo apretaba mientras se movía sin cesar. Le acabé dentro, mis gemidos y malas palabras salieron de mis labios. Unos cuantos gritos de placer salían mientras aún estaba dentro de ella descargando mi néctar por completo. Fue muy rico, caí rendido en la cama a un lado de ella sin poder moverme. Ella estaba fascinada, con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Te liberé el stress? Le pregunté también sonriendo. Ella suspiró y me dijo: «No se como iras hacer, pero necesito esto una vez a la semana como mínimo.» nos besamos por un largo rato, mientras descansamos de esta rica jornada. El descanso duró unos minutos, cuando volví del baño después de una leve ducha me hizo un sexo oral de esos que sientes que se llevan tu alma. ¿Será que se repite como me lo pidió?

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Nuestra fantasía…

No sé cuantas veces te he desnudado mentalmente. Para imaginarme como será cada curva de tu cuerpo. Cada peca quizás o algún lunar. Tatuajes, marcas o cicatrices. Esa firma que te hace única e irrepetible. He visto tu foto de perfil no sé cuantas veces para perderme en esa mirada, fantaseando con tus ojos, tus cejas, tus pestañas. Fantaseando con tus labios, con esa boca que causa tanta intriga. Saber como besa, como muerde, lame o suspira. Saber como se vuelve agua cuando sienta la firmeza de mi ser. Es sentir tus delicadas manos acariciando mi piel mientras te devoras hasta el fondo de tu garganta mi dureza. Es ver como se escapan las lágrimas de tus ojos por culpa de las arcadas que te das. Pero al ver tu sonrisa de placer mientras te saboreas los labios, lo escupes con morbo mientras lo aprietas con fuerza. Me hace sentir muy afortunado de haberme cruzado contigo. Unos creen en el amor a primera vista, yo creo en la fantasía que se vuelve realidad después de escribirla. Esa que es capaz de despertar el libido más dormido o apagado.

¿Sabes como te imagino? Vestida de forma elegante y atractiva, quizás con un pantalón que destaque las curvas de tu cuerpo y una blusa que deje a la imaginación sin exhibir de más. O mejor si es de esos que vienen todo en uno, para que cuando empiece a desvestirte no tengas excusa de dejarte algo puesto y tenga que quitártelo todo. Eso sí, te dejaría en ropa interior. Sé bien lo sexy que se siente una mujer cuando se compra un conjunto diminuto y de encajes, sobre todo si es de color rojo pasión, rojo fuego, ese color que te hace sentir divina y peligrosa, erótica y sensual. Me encanta acariciar con la vista, que sientas que me quiero devorar cada milímetro de tu cuerpo, que deseo tocarte, morderte, besarte. Pero le doy tiempo al encuentro. Quizás un vino nos ayude a entrar en calor. Un par de copas chocan y decimos ¡Salud! Seguido de un beso apasionado, esos besos húmedos y con lengua que te advierten de antemano que tendrás un gran encuentro. Esos besos que te hacen efecto y te hacen mojar, si es que se puede mojar más. Porque a veces puede que ya vengas mojada por el camino de solo pensar todo lo que podría pasar. Pero si no, es con ese beso donde sabes que te vas a entregar en cuerpo y alma.

Es allí cuando te dejas llevar a donde él quiera. Contra la pared, en el mueble, en el marco de la puerta, hasta que te lleva tan cerca de la cama que buscas ya sentir si está listo para adueñarse de tí. Es cuando tu mano me toca allá abajo, quizás con algo de temor y pena al principio, pero es allí cuando te das cuenta que lo que te vas a comer llena tus expectativas. Lo aprietas con tu mano, lo sientes palpándolo todo, ya me dices susurrando «Esto será todo mío» y sin mediar más palabras, llevas tu boca hasta él para disfrutarlo. Lo lames lentamente, succionándolo suavemente, tu saliva empieza a aparecer en mayor cantidad. Acomodas tu cabello para que pueda verte mientras lo acaricias y me miras con picardía. Lo escupes y lo llevas hasta el fondo de tu garganta. Lo sacas, tomas aire y nuevamente lo empujas hasta el fondo, cada vez más y más rápido y profundo.

Tus ojos se nublan de lágrimas y la nariz se humedece. Pero tu sonrisa y emoción es de una niña con un helado. Tu lengua me recorre de arriba a abajo, casi queriendo llegar a mi zona más erógena. Me pides que levante las piernas y sin soltarme empezaste a lamer mi culo. Tu mano me hacia una rica paja mientras tu saboreabas y jugabas con tu lengua. Me tenías en tu poder. Yo solo podía gemir y suspirar, disfrutar de tus manos y tu boca. Volviste a tomarlo con ambas manos y llevarlo a tu boca nuevamente, esta vez sin dejarme de ver a los ojos. Podía ver tus lágrimas correr tu maquillaje, pero te hacia ver igual de sexy, morbosa y pervertida. Hasta me pediste que te lo diera en la boca con un «Quiero tu lechita aquí» abriendo la boca mientras me masturbabas con tus manos rápidamente. Te dije que aún no.

Así que me levanté te tomé de las piernas abriéndolas y me dediqué a darte un rico sexo oral, sólo aparté tu panty a un lado para seguir disfrutando de tu conjunto rojo que te hacía ver tan sexy. Estabas caliente y muy húmeda. Mi boca se empalagó de tus fluidos que cubrieron mis labios y mi corta barba de un par de días sin afeitar. Pero tu sabor era mágico, no quería despegarme de allí. Escucharte gemir en cada lamida en tu clítoris me calentaba más. Te veía tocándote los senos, apretándote los pezones, allí me dí cuenta que te excita algo de dolor. Así que una de mis manos empezó a apretar tus pezones mientras la otra se abría espacio con los dedos para penetrarte. Uno, dos, tres dedos se disfrutaban de aquella humedad que surgía a chorros cuando empecé a moverme dentro de ti. Tocaba tu punto G para estimularte aún más. Quería hacerte perder el control del tiempo, el control de tu cuerpo, de tus pensamientos, de todo! Así que te besé.

Te besaba como si no hubiera un mañana, te mordía suave pero apasionado. Mi mano seguía dentro de ti, tocándote y estimulándote. Te hablaba sucio. Si, lo sé, sé que la voz tiene un poder sobrehumano. Pero pedirte que acabaras para mí fue un «pedir de boca». ¡Vamos perra! Acaba para mí, quiero escucharte gritar, quiero que grites que te lo hago rico, quiero escucharte gemir, quiero que me mojes, que te vengas, que me regales un squirt  ¡Vamos! Hoy eres mía, eres mi hembra, mi puta, mi dama… Hoy te voy a coger como ningún otro hombre lo ha hecho. Y justo allí, saqué mi mano y me subí sobre ti. Lo sentiste entrar todo, lentamente. Tú solo tomaste aire y te quedaste inmóvil. Cuando empecé a moverme y darte mis embestidas, me abrazaste fuerte besándome y mirándome a los ojos, soltando un rico quejido de placer, ahí ya venía, era ese orgasmo que había estado guardado desde hace mucho tiempo. Empezaste a temblar y a gemir sin control. Podía sentir como te mojabas mientras entraba y salía de ti una y otra vez. Me tomaste por el cabello, me mordiste. Me apretaste con tus piernas sin querer soltarte. Me volteé, quedando tú encima de mí. Dejándote el poder de moverte a tu gusto y placer.

¿Cuántos orgasmos fueron? Imposible contarlos. Sólo sé que no querías bajarte de allí. Podía ver tus senos brincar, ver como te mordías los labios mientras te sostenía por tus caderas y no dejabas de brincar encima de mí. Hasta que te dije: «Me vas a hacer explotar esta vez» y poniéndote en cuatro me pediste que te partiera el culo. Si, así mismo, sin más ni menos palabras. Verte en esa posición, levantando tus caderas y mostrándome todo el esplendor de tus nalgas me acomodé para darte lo que me pedías. Ya eres una mujer que se conoce muy bien y sabe buscar placer con su cuerpo. Cuando sólo había logrado meterlo un poco te moviste hacia atrás haciendo que se perdiera dentro de ti. Y allí empezaste a moverte con movimientos circulares y un vaivén que me harían explotar en pocos minutos. Allí fue cuando tu voz hizo lo suyo… Volteaste a verme y me pediste: ¡Dame con todo! Yo sentía que me iba a explotar el corazón, mi cuerpo daba todo lo que le quedaba de fuerzas. Tus gemidos y gritos me hicieron perder el control y cuando nuevamente volteaste y me pediste que lo querías dentro de tu culo… No podía dejar de complacerte. Mi orgasmo llegó y mis embestidas fueron con tanta fuerza que al final se salió y chorreo tus nalgas y espalda, dejándome sin aliento ni fuerzas. Cayendo encima de ti. Abrazándote y soltando las últimas palabras sucias que me quedaban en la mente. Terminamos esa escena besándonos y quedándonos abrazados en los brazos de Morfeo. Quien sabe si con fuerza para una segunda ronda más… ¿Tú que crees?

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Mi mejor amiga…

¿Te acuerdas de aquel día que fui a tu apartamento? Tenía tantas ganas de verte y conversar contigo. Y tu también me habías pedido que te aclarara algunas dudas. Como si se tratara de una master class sobre seducción. No dejo de pensar como me atreví a besarte y como en esos primeros segundos dudaste con la frase… «Es que no quiero perder tu amistad» ¿Quien te dijo a ti que la amistad se pierde por tener sexo? Además era solo un beso. Un beso que se volvió cada vez más profundo y apasionado. Un beso que empezó a explorar tu boca, tu sabor, tus ganas. Un beso que activó mis manos y empezaron a recorrer tu cuerpo, tu piel. A acariciar tu bello rostro de niña buena, a sentir tus nalgas de niña mala. Te dejaste llevar por el deseo, porque tu misma me lo confesarte luego… Ya habías fantaseado conmigo antes, solo que ahora se hacía realidad. Nos devoramos de pie por varios minutos. Te pegué a la pared, te tomé por el cabello fuertemente y metí mi lengua en tu boca jugosa y caliente y la mordiste suavemente mientras tus manos empezaban a acariciar mi erección por encima de mi pantalón. Te llevé al mueble, te senté en mis piernas, te recosté sobre mi para así poder sentir tus senos y meter mi mano debajo de tu ropa. ¡Que delicia! Sentir tu humedad entre mis dedos mientras te estimulaba y seguía besándote. Tu abrias tus piernas para sentir mi mano acariciandote. Yo introducía uno, dos, tres dedos, tu gemias en mi oído y me besabas y lamías mi oreja. Susurrabas lo rico que sentías. Ya se te había olvidado aquello de «perder la amistad». En un momento nos levantamos del mueble, sentías que tus vecinos te verían y disfrutarian de un show sexual gratis y no se lo merecían. Te pegué de nuevo a la pared, aunque está vez tu te arrodillaste bajando mi pantalón y sacando de su escondite a mi amigo, estaba firme y listo para ser devorado por tu boca, que no titubeó en ningún momento. Pude sentir como lo hacías desaparecer dentro de tu garganta. Tu saliva ya se hacía ver chorreando por tus labios. Uffff tus labio, esa boca divina que me hacía ver estrellas cada vez que se comía mi ereccion. Tus ojos empezaron a llenarse de lágrimas ¿lo recuerdas?

Tus ojos llorosos me gustan, sobre todo cuando esas lágrimas van acompañadas de un poco de rimer… Lo hace ver tan dark y malvado, tu cara de niña buena ahora era de una carajita pervertida. Puedo confesar que tu sexo oral me encanta y en mi top ten estas casi de primera. Estuve a punto de acabar en tu boca, pero decidí levantarte de esa posición de sumisa y llevarte a la cama. Las ganas eran cada vez mayores. Nos desnudamos en ese trecho, por fin pude verte sin nada encima. Te acostaste y no podía iniciar en la cama sin un sexo oral para ti. Estabas mojada y lista para ser penetrada, pero quería degustarme tu sabor y rico olor a sexo. Verte disfrutar de los placeres de mi lengua dentro de ti, escucharte gemir, verte apretar y las sábanas… No gritabas porque sentías pena y vergüenza de tus vecinos. Prometo llevarte a un hotel a que desahogues tus gritos sexuales la próxima vez. Allí pudiste notar lo que disfruto hacer un oral que complazca. Tu clitoris se la llevó bien con mi lengua. Y tus manos en mi cabellos pidiendo que no me detenga. Me mirabas con tu rostro angélical poseído por la lujuria y la maldad. Me levanté, te besé y te pregunté con una sonrisa malvada en mi rostro: ¿te gustó? Tu solo reíste y me pediste que me acostara boca arriba. Te subiste encima de mi y tu misma controlaste la escena. ¡Que divino sentirte toda mojada! ¡Qué rico sentir tus movimientos de cadera sobre mi! Ver tus hermosos senos sobre mi cara y tu toda sensual, sudada, gimiendo mientras lo sentías muy profundo dentro de ti. Que rico es cuando hay química, ganas, deseo, ese placer incontrolable. Verte temblar y soltar esos pequeños suspiros. Eres una mujer muy hermosa y atractiva y más aún cuando estás disfrutando, te ves tan sexy, provocativa, que no provoca detenerse ni un solo instante…

¿Recuerdas el momento cuando me pediste que te lo hiciera en cuatro? Te acomodaste levantando tu redondito trasero y te aferraste a las sábanas de tu cama. ¡Dios que divina estas! Sentirte tan caliente mientras entraba y salía de tu cuerpo. Mirar tu cara de carajita pervertida sonriendo con maldad mientras movías tus caderas con fuerza al ritmo de mis embestidas. Ambos hacíamos realidad nuestra fantasía, sabes que nos teníamos ganas de hacía mucho tiempo, pero quizás no habíamos encontrado el momento correcto. Quizás no nos habíamos provocado como ahora, que ya nos teníamos más confianza y nos empezábamos a provocar la mente de una manera más explícita. Tenerte en ese momento agarrada por las caderas, apretando tus nalgas y soltando una que otra nalgada mientras te embestía fuerte y profundo. No aguanté más, te dije que iba a explotar, me pediste que acabara dentro de ti. Y sin pensarlo si quiera tuve el orgasmo más placentero en mucho tiempo. Te seguiste moviendo de arriba a abajo mientras apretaba tus nalgas casi clavando mis uñas en ti. Caí rendido a tu lado, me besaste con ternura y diciéndome: «¡Estás loco! No pensé que lo harías dentro de mí, pero me encantó, se sintió divino. Me lo haces demasiado rico». Recuerdo que nos besamos como un par de adolescentes apasionados y todos sudados. Aún recuerdo tus ojos, esa mirada brillante y tierna que se enciende en fuego cuando me domina en la cama. De verdad no quería irme de tu cama… Y aun hoy deseo volver a estar en ella contigo. Y cumplir ese otro deseo que dejamos pendiente y que me pediste… Sexo anal 🍑 Pronto lo haremos realidad.

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Mi rubia…

Hoy estoy recordando aquel día que nos disfrutamos cuerpo a cuerpo, piel a piel. Tu rubia cabellera caía sobre tus hombros y tus labios carnosos me besaban con pasión. Mientras mis manos no dejaban de apretar tus grandes senos que se tambaleaban al ritmo de mis embestidas dentro de ti. Por fin eras mía, ansioso de poseerte desde aquel día de la fiesta de mi cumpleaños que no pudimos escaparnos juntos. Pero valió la pena la espera. Este encuentro fue puro fuego y pasión. Disfrutar de tu dulce humedad mientras mis labios y mi lengua te hacían gemir profundamente y tus manos apretaban tus senos llenos de pecas y tus uñas las clavabas lenta y suavemente cerca de tus pezones. Me encantaba verte retorcer en la cama sintiendo aquellos espasmos y contracciones causados por mi boca. La misma boca que te mordía y te hablaba sucio mientras te poseía luego con tu cuerpo boca abajo. Ese orgasmo logrado por mi lengua motivando tu clítoris y ayudándome con tres dedos penetrandote y haciéndote jadear y morder la almohada. Mis manos amaban dejarte sus huellas en esas grandes nalgas blancas con un leve bronceado de playa que mostraba el diminuto traje de baño que acostumbrabas usar. Escucharte gemir era tan divino, y más aún tomarte por el cabello mientras te hacia arquear la espalda y mi pelvis chocaba una y otra vez contra tu rico trasero. Era como domar una potra salvaje. Hasta que tomaste el control y te subiste encima de mi y empezaste a moverte a gusto y placer. Y yo embelesado con tu rostro de maldad y picardía, mordiendote los labios, suspirando, gimiendo y el vaivén de aquellos senos que siempre había querido poseer y tener en mis labios cuando te veía con aquellos escotes en el trabajo. Hasta que iba a explotar 🤯 te bajaste y con tus manos y tus senos lograste hacerme llegar al más profundo y rico orgasmo. Dejándote llenar de mi néctar por todo tu pecho y un poco en tus labios. Mirándome fijamente con cara de lujuria y satisfacción de haber logrado su cometido. Un deseo que me encantaría repetir… Pero ahora estas a miles de kilómetros de mi… 😈

Aunque estés lejos de mi en piel y fragancia. Estas cerca mi, a corta distancia. Mi mente te acaricia, te seduce, te domina. Tu mente me recuerda, me suspira y me extraña. Y aunque tu boca la besen otros labios, jamás podrás borrar los míos acompañados de esos leves mordiscos y mi lengua juguetona. Esa misma que saboreo tus jugosos melocotones y te hacia gritar de placer. Esa misma boca que llevabas al centro de tus piernas agarrándome por el cabello y dominabas la intensidad con la que te saboreaba mi lengua. Esa misma boca que besaba ese tatuaje arribita del bronceado del bikini y seguía subiendo por tu ombligo y más arriba hasta hacerte retorcer. Te recuerdo bonito, a lo lejos te recuerdo. Te deseo bonito, a lo lejos aún te deseo… 😈

Tener una profunda conversación con alguien que tiene una mente brillante y un alma hermosa es otra preciosa manera de hacer el amor… No todo el placer lo causa la carne, sino esas acciones que hacen que se erice. La frase correcta, una nota de voz sublime… Y un #SendNudes 😈

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Hay que ver que si somos complicadas…

Aunque otros te hayan visto sin ropa, soy el único que te ha visto desnuda… Libre de prejuicios y normas que impone una sociedad que le encanta prohibir, limitar, criticar… Pero es que en el fondo nos damos cuenta que lo prohibido suele ser más sabroso y adictivo. Te enseñan a temer… Pero es lógico, solo los valientes y atrevidos merecen la gloria y el placer. La VICTORIA se celebra frente a muchos, a menos que la sociedad te diga que es PECADO, pero igual te regocija y te alegra en silencio. Y una sonrisa maligna brota de tus labios acompañada de un suspiro y un: ¿Será que lo vuelvo hacer? ¿Me atrevo? ¿Me quemaré en el infierno? Ya va… ¿Yo creo en el infierno? ¿Es malo sentirse atractiva y cogerse al hombre que a uno le gusta solo por placer? ¿Y si me gusta demasiado? ¿Y si me enamoro sin querer? ¿Y si a el no le gusta tanto como a mi? ¿Y si solo me utiliza? ¿Y si su mujer se entera? ¿Y si nos ve alguien conocido? ¿Dígame si en el hotel me consigo a mi mamá? Ella era más putica que yo echa la loca ¿Y si mejor llamo a mi ex? El solo me cogia bien pero era un fracasado en la vida ¿Será que me veo gorda con esto puesto? ¿Y si no le gusto con estos dos kilitos de más? ¿Y si no se le para? Hay que ver que si somos complicadas… Pero el que me quiera que se la cale como soy. Yo creo que me quedaré sola tejiendo escarpines. O me hago las tetas para ver a más de uno detrás de mi. Aunque a mi me gustan mis teticas así. Pero la chama de ayer se veía demasiado rica con esas lolas montadas y los tipos vueltos locos. Pero puro baboso, pensándolo bien, no estoy para calarme tipos así. Aunque había uno bello con cara de que es más perro ¿Por qué seremos así? 🤔