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Sin ponerte un dedo encima…

En la vida nos cruzamos con personas que muchas veces no imaginamos lo influyentes que llegan a ser en nuestras vidas. Personas que a veces sientes que son tu alma gemela o que sientes una conexión tan profunda que son capaces de hacerte sentir emociones sin mirarte de frente. Sin ponerte un dedo encima. A veces con solo mirar una foto o leer un mensaje escrito por está persona es suficiente para «sentir».

A ti te leí la primera vez. Letras llenas de pasión y deseo. Letras invadidas por el erotismo y la seducción. Algunas apoyadas con tus propias fotos. Donde posabas para tu propio lente y mostrabas al mundo quien eras. Miradas profundas y generalmente seductoras. A veces eran perdidas hacia el horizonte. Pero siempre tenían una carga de energía tal que provocaba era estar allí contigo.
Tu mirada me sedujo. Tus labios que solo los he visto me provocan. Tus senos, tu cuello y tus hombros me invitan a devorarmelos. Despiertas en mi ser una sensación de depredador. Te veo cual felino salvaje acechando a su presa. Primero te observó. Te estudio. Detalle a detalle. Tu capacidad y tu debilidad.
Tu me tientas… me retas.
Mirar cada foto tuya me pone creativo. Tu mirada se siente viva en cada foto. Transmites el deseo y la pasión que anhela mi cuerpo. Ver cada una de tus curvas me emociona, haces que mis manos deseen recorrerte y acariciarte. Poder tocarte no será suficiente. Quiero adueñarme de ti por entero. Quiero pagarte a la pared y devorarte a besos. Arrancarte los labios. Dominarte por el pelo y mirarte a los ojos diciéndote: «Hoy vas a ser mía.»

 

Young couple smiling on bed, close-up

Simplemente amigos…

Te acuerdas aquella ocasión después de haber trabajado mucho en la tarea de la universidad, eran las entregas finales, pasé la noche en tu casa trabajando. Ya eran como las 4 de la tarde cuando decidimos descansar y relajarnos y olvidarnos completamente de la tarea, compramos unas cervezas. Te pedí que me permitieras bañarme para descansar mejor y que así podías darme un masaje. ¿Porque te ríes? Veo que si lo recuerdas. Comencé a bañarme después de haber tomado un par de cervezas. No había toalla y te pedí una. Corriste a la puerta del baño y me la diste, me dí cuenta de que me miraste con algo de picardía. Salí del baño y fui a tu cuarto, allí estabas tirada en la cama bocabajo, parecías relajada por la cerveza. Me recosté a tu lado y también trate de dormirme.

Comenzamos a hablar de otras cosas, pero no se como se dio el tema, total que me contaste acerca de una experiencia sexual que habías tenido pero que no te había gustado y te sentías muy arrepentida, recuerdo que lloraste, e intenté calmarte y que te desahogaras. Después de un rato de estar llorando, entre lágrimas y con un gesto muy visible de pena, me dijiste: – ¿Sabes? He tenido tres sueños contigo en donde hacemos de todo, y el tenerlos me hace sentir muy mal, porque fuiste el novio de mi mejor amiga, y ella me pidió que te cuidara cuando se fue, siento que la traiciono.

Yo también te confesé que desde hace tiempo fantaseaba contigo. En ese momento estábamos los dos acostado pero uno en cada extremos de la cama, pero para ese entonces mi miembro ya se encontraba muy duro e incluso con gotas de lubricante en la punta. Y yo solo en toalla.

Yo acerqué mi mano a tu cara y la acaricie e inmediatamente me pediste que no lo hiciera, pero no te quitaste, sino que al contrario, metiste tu mano bajo mi toalla y tímidamente me tocaste, veía en tus ojos el deseo que sentías. Cerré mis ojos. Mi corazón estaba a mil no sabía que hacer. De hecho los dos estábamos deseosos pero no nos atrevíamos a acercarnos más. Me acerqué y te dí un beso en la frente mientras luchaba por contenerme de no venirme, ya que estaba muy, muy excitado. Tu cerraste tus ojos y me dijiste: – ¿Me dejas hacer algo que desde hace tiempo he querido hacerte? – Yo con la respiración entrecortada te dije que hicieras lo que quisieras y te pregunté que era lo que deseabas.  Aún con los ojos cerrados y con el ceño fruncido y los labios temblorosos, me contestaste: – Besarte, solo eso quiero – A lo que respondí que lo hicieras. Te acomodaste un poco y yo esperaba que me dieras un beso en la boca, pero no. Quitaste la toalla de mi cintura y me diste un beso a la altura de mi ombligo, tomaste mi pené con tu mano derecha y comenzaste a besar la base y lentamente a subir por él hasta llegar a la punta. Ya estando tus labios en mi glande, de un sólo golpe succionaste todo mi pene y no pude hacer otra cosa más que arquear mi cuerpo. Con la otra mano apretabas rítmicamente mi escroto y testículos, tu boca subía y bajaba por mi pene y yo sólo veía como estaba húmedo por tu saliva y como tus labios se estiraban cuando lo sacabas y lo metías en tu boca. Te detuviste un poco en la punta y con tu lengua comenzaste a dar vueltas por el glande. Ví como tu mejilla se estiraba al hacer contacto el glande con las paredes de tu boca y eso me excitó mucho más.

Como sentí la sensación de la eyaculación, te sujete por la cabeza y te retiré y te dí un beso en los labios. Luego te besé el cuello y te baje una blusa de tirantes, dejándote sólo en un sostén sin tirantes. Acaricié la copa y sentí tu pezón durito. Bajé lentamente tu brassiere y tus dos senos eran como dos melocotones grandes y jugosos por ser devorados, eran perfectos y excitantes. Tu simplemente seguías con los ojos cerrados y cuando te recosté para quitarte el pantalón, te tapaste con el antebrazo los senos y con las manos tu cara, ¿Que sentías? Tienes un cuerpo hermoso, digno de admirar y observar. Desabroché tu pantalón, te saqué las piernas y ta dejé solo en un bikini color piel, que recuerdo muy bien que no era tan sensual como los que había visto antes en tu closet y a decir verdad me cortó un poco la inspiración y por eso te los arranque y los lance lejos de nosotros. Se que no te lo había dicho, ahora solo nos queda sonreír. Siempre me ha excitado ese momento en que desnudamos a esa persona que tanto nos gusta. Y ¡Wao! Algo que me llamaba la atención y me despierto el morbo es el vello púbico, lo tenías perfectamente delineado por el rastrillo y sólo tenía una delgada línea de pelos, lo cual ahora que lo escribo me provocas una erección y hace que mi “amigo” salga por mi bóxer.

Me recosté a tu lado y quité tus manos de tus senos y los comencé a besar, con mucha dulzura, jugando con mi lengua y a veces mis dientes con esos pezones erizados. Mientras con mi mano derecha acariciaba tu abdomen en busca de tu rajita que al contacto con ella una corriente eléctrica recorrió mi brazo hasta mi cuello. Lentamente, pero con firmeza, metí un dedo en tu vagina, estabas caliente y muy húmeda. Eso me excito aún más y comencé a entrar y salir cada vez mas rápido e intensamente.

No pude aguantar más, me hinque en medio de tus piernas y recuerdo que te pregunté que si quería que lo hiciera, a lo que me contestaste que ¡NO!

Yo no te hice caso… (Sonrío y se que tu también) seguí acariciándote y entre queriendo y no, acerqué mi cadera a tu entrepierna, con mi mano coloqué la punta de mi pene en toda la entrada e introduje poco a poco mientras sentía como me tragaba su humedad y su calor. Cuando la base de mi pene tocó tu pubis me sentí pleno y sentí la necesidad de salir para volver a entrar y tener la misma sensación. Me abrazaste con tus piernas y con tus manos acariciabas mi pecho y me veía a los ojos por fin.

Tus gemidos empezaron a surgir con cada embestida dentro de ti. Tu respiración era cada vez mas profunda, ya no dejabas de verme. Mordías tus labios y te quejabas cada vez que lo empujaba dentro de ti. Cada quejido me calentaba mas y mas. De pronto me empujaste, te pusiste en cuatro patas. El hecho de ver tu trasero a mi disposición me excito mucho más. Volteaste tu cara esperando que te penetrara y en cuanto lo hice, miré como cerraste los ojos y levantaste la cabeza, pero esta vez no hiciste ningún ruido, pero el espejo de tu peinadora me permitía ver tu expresión de entre dolor y no querer gritar. Te contenías, lo aguantabas,  respirabas profundo con cada embestida de mi pene dentro de ti. De pronto fue como si no lo pudiste soportar mas y tus gritos y gemidos explotaron de tus labios, tu almohada era el silenciador de aquella batalla. Tus caderas no dejaban de moverse, a veces volteabas tu mirada para verme a los ojos y sentía como disfrutabas de mi cara. Porque le ponías como mas empeño a la situación, sentí que me ibas hacer llegar en cualquier momento.

Me pediste que no me viniera dentro de ti ya que estabas fértil esos días y no nos estábamos cuidando (Que locos eramos). Por lo que te apartaste, te pusiste de frente a mí y comenzaste a masturbarme. Comenzaste a subir y a bajar con tu mano con movimientos largos y lentos, pero fuertes. Llenaste tu mano de tu lubricación vaginal del que estaba lleno mi pene. Y dijiste: – Lo quiero en mi pecho… – . Finalmente me vine con un gemido de placer-dolor y mi semen se esparció por tus hermosos senos y tu mano, que aun seguía manoseando lentamente mi pene y apretabas como para sacar todo lo que tenía que salir. Podía ver como caía todo en tus senos y me decías: – Esta caliente, que rico se siente. – Y empezaste a esparcirlo por todos tus senos hasta dejar una capa brillante por todo tu pecho.

En ese momento, después de recuperar el aliento y disfrutar del orgasmo, me sobrevino la culpa y me tiré en la cama y te pregunté: – ¿Qué hicimos? Tu solo me diste la espalda y yo no sabía que hacer, me cubrí con la toalla y me puse a pensar. Después de unos quince minutos, volteaste hacia mí y me dijiste mientras me acariciaba el pecho y me quitaba algunas gotas de sudor: – ¿Sabes..? me la pasé muy bien, a pesar de que me siento mal por esta chama, ella esta enamorada de ti, ¿sabes? Pero me deje llevar…

-¿Te gustó? – te dije

-Claro que si, fue increíble, pero aun siento pena y vergüenza.

Estuvimos otros diez minutos viendo el techo de la habitación como un par de tontos y luego nos levantamos y nos fuimos a bañar. No dijimos nada, de hecho nos bañamos dándonos la espalda. No quisiste enjabonarme siquiera y no me dejaste hacértelo tampoco. Nos secamos, nos vestimos y salimos a caminar. Fuimos a comer helados ¿Recuerdas? Por un instante nos olvidamos que solo hacia unos minutos estábamos empiernados besándonos y gimiendo el uno por el otro.

-¿Que somos?  – me preguntaste antes de irte de nuevo a tu casa…

-Somos los mejores amigos. – conteste con una sonrisa.

-Si, ya veo… Muy grandes amigos -dijiste sonriendo tan hermosa como siempre – ¿Pero que pasara cuando quiera volver hacer esto que paso hoy? ¿Estarás para mi? No puedo pedirte que seas mi novio, mi amiga me mataría, estas claro. Pero debo confesarte que nunca antes me habían hecho sentir lo que tu me hiciste hoy en mi propia cama. Y aunque trato de no hablar del tema, no dejo de recordar cada caricia, cada movimiento tuyo. Con solo confesarte esto siento que me estoy mojando de nuevo…

-Shhh Tranquila – te dije susurrando – Para que estamos los amigos, nos confiamos todo, te quiero mucho, dentro de todo te respeto y me interesas como persona. Considero que esto es una amistad con un toque de erotismo y de mucha confianza. Siempre estaré para ti.

-¿Siempre? ¿Seguro?- me dijiste mirándome fijamente a los ojos en el medio de la calle – Pues quiero que ESTÉS dentro de mi en este momento, así que llévame aun sitio donde pueda ser TU MEJOR AMIGA…

 

georgiapratt

Esta «Gordita» me vuelve loco…

Recuerdo que te conocí por una famosa red social, con solo ver tus fotos quede encantado con esos ojos café, esos labios finos y siempre tan rosaditos que solo provocaban mordelos, tu cabello, tus cejas, siempre bien arregladas. Tu voz… amo tu voz. Ese toque seductor y de niña mala que tanto me encanta. Tu picardía, esa malicia que a veces aflora y que tu sabes esconder muy bien entre la multitud.
Tu cuerpo… ¿Que puedo decir de el? hombre que no haya disfrutado del placer de tener una gordita como tu en su vida, no ha probado lo mejor de todo. Es que tienes razón al decir que vivimos en una cultura obsesionada con la delgadez femenina. ¿Cual es la verdadera belleza? ¿Que hace bella a una mujer? No se necesita ser delgado para disfrutar del sexo, solo hace falta ser creativo y muy inteligente, y a ti esas son las cualidades que te sobran.

Todo lo que vividamente imaginemos, ardientemente deseemos, sinceramente creamos y con entusiasmo emprendamos, inevitablemente sucederá. ¿Recuerdas estas palabras? Será que si imagino y deseo tenerte en mi cama, sobre mi cuerpo, entregada completamente a algo mas que una simple fantasía, algo mas que besar tu labios, oler tu piel, sentir tu cabello entre mis manos, susurrarte palabras al oído mientras mis manos te recorren centímetro a centímetro cada curva de tu cuerpo. Cada suspiro que sale de tu boca, cada sonrisa, ese quejido tras un mordisco en tu cuello. Ese gemido tras el roce de mis manos en tus senos. Ese escalofrío que viene después de lograr desabrochar tu blusa. Ese deseo incontrolable de sumergirme en tu pecho y devorar uno a uno cada pezón erecto por tu excitación. Es lograr esa paz interior, es disfrutar al máximo el momento, te desconectas del mundo real y pasas a vivir tu mayor fantasía.

Tu ojos tratan de no dejar de verme mientras disfrutas como recorro tu cuerpo con mis labios y mi lengua, pero hay instantes donde es mas fuerte la sensación de cerrar los ojos, morder tus labios, apretar las sabanas y hasta de arreglar tu cabello hacia atrás con cada lamida cálida que sientas en tu piel. Y cuando ves mis intenciones de seguir bajando hasta el medio de tus piernas solo metes tus delicadas manos entre mi cabello y te aferras a el, como queriendo controlarme antes de llegar allí, o tal vez es para sujetarte, no se. Si, se que sonríes, y por esa razón mi lengua de forma lenta y delicada se adentra a este postre, saboreando, percibiendo cada textura, cada sabor y temperatura. Pude notar como disfrutabas rozar mi corta barba contra tu clítoris de forma suave pero firme y cuando sentiste mi lengua recorrer cada labio vaginal empezaste a respirar mas rápido y profundo. Fue allí cuando mis manos se aferraron a tus grandes piernas para poder rozar con mas ímpetu mi cara completa en esa húmeda y fascinante parte de tu cuerpo. Tus gemidos empezaron  brotar, seguidos de un «Dios mio» tras otro y un «No pares por favor» que solo aumentaban mis ganas de hacerte maldades.

¿Maldades? te preguntaras…

Si, es querer llevarte a otro nivel de placeres. Así que me tome el atrevimiento  de atar tus manos a tu espalda. No quería que ellas me detuvieran mientras hacia lo que quería hacer. Fue increíble como me dejas hacer lo que yo quiera, eso significa que confías en mi. Así que empece a besarte por el cuello, mientras te susurraba al oído:

-Me encantas señorita, ya te habrás dado cuenta…

-Si, ya veo… – susurraste sonriendo. – Tu también me gustas, me tienes mojada, con solo escuchar tu voz ya sentía que me venia. Es tan excitante sentirte así. No pensé que te interesarías en mi.-

-¿Por que lo dices? ¿acaso tengo cara de preferir a la chica con porte de modelo de revista?- dije sonriendo

-Tal vez, la mayoría de los hombres son así… aunque se que tengo mi encanto – dijiste sonriendo mientras me veías recorrer tu cuerpo.

Te pedí que te arrodillaras en la cama, me puse tras de ti y mientras mis manos acariciaban tu pecho desnudo y jugaban con tu cabello, tus manos atadas a tu espalda quedaba justo a la altura para que sintieras mi erección. Sabias que era solo cuestión de tiempo para hacerte mía por completo.

-No me tortures mas… ya quiero tenerlo dentro de mi. – dijiste apretándome fuerte.

Así que te tire en la cama, ya con un poco mas de intensidad, abrí tus piernas y primero pase mis dedos para ver como estabas. Jugué con mis dedos dentro de ti, sintiendo el calor fogoso de tu entrepierna. De pronto… ZAZ! una nalgada se adueñó de tu nalga derecha… ZAZ! ahora una en la izquierda. Tu no pronunciaste ninguna queja… solo un suspiro profundo. Así que me dispuse a penetrarte, centímetro a centímetro mi miembro fue entrando en esa vagina caliente y húmeda hasta estar casi completamente dentro de ti, tu te acomodabas, buscando sentirme por completo, pero al estar atada te dificultaba un poco poder moverte. Así que me dispuse a colocarte una almohada debajo de tu pelvis, así quedarías a la altura perfecta para que sintieras todo mi ser dentro de ti. Mis movimientos empezaron suaves y lentos, besos en tu espalda, caricias, pero cuando empece a escuchar tus gemidos cada vez mas profundos y fuertes, hicieron que me convirtiera en otro. Mi lado oscuro surgió, el lado salvaje…

Me aferre te tu largo cabello castaño y mis embestidas empezaron a ser cada vez mas fuertes e intensas. Tu no parabas de gemir, al punto que ya gritabas en la almohada para no sentirte tan escandalosa, aunque yo también te pedía que no dejaras de hacerlo, que eso me calentaba demasiado. Te desate, te pedí ponerte en cuatro. Inmediatamente obedeciste. Ver aquel culo tan inmenso en esa posición me volvió loco, así que mis manos empezaron a darte pequeñas nalgadas, y tu sin quedarte atrás chocabas tus grandes nalgas contra mi cuerpo como queriendo que te atravesara por completo. «Dame mas fuerte» gritabas, eso me motivaba aun mas. Mis manos me pedían que te azotara, necesitaba sentir esa chispa, así que con ambas manos empece a darte azotes al mismo ritmo que que tu movías tus caderas hacia a mi. Aquello parecía una batalla épica, empece a ver sonrojarse aquella zona al igual que a mis manos. Pero era tan excitante que era imposible detenerse. De pronto sentí como una de tus manos empezó a acariciar mis testículos y al mismo tiempo acariciabas tu clítoris, sentía que iba a explotar, estaba muy próximo al orgasmo. Pero para mi sorpresa fuiste tu la que llego primero, tus contracciones eran tan intensas, tus gemidos eran como gritos silenciosos y la humedad llegaba a su máxima expresión. Te dije: «Estoy que llego».

Esta vez tomaste el control, me tomaste del brazo pidiendo que me acostara, y te dispusiste hacerme una paja seguida de un oral que bastaron un par de minutos para hacerme explotar de placer, solo te miraba, tu cara de placer, parecías una niña devorando su helado. Cuando te di la señal que estaba próximo a llegar al orgasmo, me apretaste fuerte mi miembro y tu boca junto a tu lengua devoraron con empeño mis testículos y tus ojos no dejaron de mirarme fijamente a los míos.

– DIIIOOOOOOS!! – Exclame… Explotando a chorros mi semen en tu mano y algo en tu cabello y rostro, pero no dejabas de pajearme y lamerme al mismo tiempo, sentí que tendría un doble orgasmo… hasta que una sonrisa de satisfacción invadió tu rostro.

¿Que piensas de esta gordita ahora?-  dijiste con tu mejor sonrisa…

Creo que vamos a tener que repetir esta historia…

 

Amigos-sexo-SF

Bienvenida a mi mundo…

¿Recuerdas aquella vez que me metí en tu cuarto y tus nervios casi no podías controlar? Si, aquella vez que casi te robe un beso. Ese día que tu respiración se entrecortaba y tu corazón latía tan fuerte que pude sentirlo cuando pegue mi pecho al tuyo.   Sentí que al rozar mi cara con la tuya tu cuerpo se inmovilizaba, quedaste congelada, era tan fascinante verte así.
Aunque mas emocionante fue verte cuando por segunda oportunidad te robe el primer beso, este fue apasionado, te tome de las manos y las subí pegandolas de la pared. Ese beso sabía a gloria. Por fin tus labios eran completamente míos. Esta vez mis manos empezaron a jugar con tu cuerpo, a rozarte, explorarte, sentirte, tocarte. Tu respiración se aceleró muy de prisa. Te tome por el cabello por detrás de tu cuello y te apreté con fuerza. Mi otra mano empezaba a acariciar tu pecho, podía sentir los latidos de tu corazón.
De pronto te abracé por tu cintura y te alce hasta llevarte a mi cama. Allí me lance contigo y empecé a besarte sin control por todas partes. Me aferré a tu pelo como si no quisiera soltarte y empezamos a hacernos el amor con la ropa puesta. Las caricias eran cada vez más fuertes y salvajes.
Cuanto deseo se desbordaba en esos besos. Cuanta pasión había acumulada en nuestros cuerpos. Arranque tu franela dejando sólo tú brassier puesto, así mismo arrancaste la mía y me hiciste sentir tus uñas por mi espalda. Fue excitante.
No aguante mucho tiempo hasta que te despoje de la prenda que ocultaba tus hermosos y excitantes senos. Eran míos… Mis labios no tardaron mucho en disfrutar de ellos, acompañados de mis dientes y mi lengua. Haciéndote liberar el primer gemido de tu cuerpo. Siempre fueron esa fruta prohibida que quise probar.
Mis manos jugaban a recorrerte y explorar cada centímetro de ti. Se que tu cuerpo te lo pedía a gritos desde hacía tiempo atrás.  Esta fantasía se hacía realidad.
Tome una de tus manos y la guíe hasta mi miembro erecto y listo para ser devorado por ti. Lo tomaste con tu mano y lo apretaste. Lo acariciabas sin dejar de mirarme a los ojos. Y casi obligandote lleve mi sexo hasta tu boca. Y tu entre la duda si hacerlo o no titubeaste por un instante. Pero fue imposible resistirte ante tal situación, tu boca empezó a degustar y disfrutar de cada centímetro de mi. Tu cara de insaciable me excitaba cada vez más. Ver como intentabas ahogarte con él queriendo hacer una garganta profunda pero sin dejar de mirarme con perversión. Me hacias suspirar cada vez que lograbas  pegar tus labios a la base  de mi miembro.
Tu boca es fascinante. Te diste cuenta lo mucho que disfruto de un buen oral. Tus labios y tu lengua caliente me hacían sentir las más excitantes sensaciones. Tal vez no debimos llegar tan lejos en este primer encuentro pero como detener el impulso y la lujuria que invaden nuestros cuerpos.

Me acerqué a tu oído y te dije: «Bienvenida a mi mundo. A partir de este momento eres mía. Serás mi esclava. Mi sumisa. Hoy no te haré el amor. Nunca lo hago en la primera. Pero pronto serás mía por completo.»

Tu no hablabas, estabas allí sólo con una sonrisa grande de lado a lado. Así que te pedí que me mordieras la mano hasta darte una señal de detenerte. Quería ver que tan obediente eras. Demostraste ser muy buena sumisa. Así que seguí poniéndote a prueba.

Esta vez te pedí que me mordieras la espalda y luego que clavaras tus uñas en mi piel. Tu picardia floreció y me mostraste todas esas ganas reprimidas que tienes dentro de ti. Nunca te había hecho sentir estas nuevas emociones, esa energía que invade nuestras pieles. Ese día te di la bienvenida a mi mundo… Aunque hoy día sigo pensando que ya habías sido mía en otra vida.

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Deseos Compartidos…

Aún puedo recordar aquella noche que fuimos a la fiesta de aquel periodista amigo tuyo. Pura gente bella y de la farándula caraqueña. Mujeres hermosas invadían el sitio, aunque tu elegancia y simpatía robaba las miradas de todo aquel hombre que pasara por tu lado. Es que tu vestido rojo te quedaba espectacular, tu piel blanca, tus ojos café oscuro y tu melena negra te hacían ver cual estrella en el firmamento.

El escote en tu espalda dejando ver algunas pecas y lunares y lo ajustados que se veían tus hermosos y provocativos senos realzando tu bella figura.
Es fascinante ver como algunos hombres a pesar de tener a sus parejas al lado eran capaces de mirarte con deseo. Y algunas mujeres te veían con celos, envidia y tal vez rabia, aunque hubo un instante donde una rubia con tremendo cuerpo se quedo hipnotizada al verte pasar por su lado. Fue demasiado excitante esa escena. Te desnudo con la mirada como si de un hombre se tratase. De pronto note como se acercó al oído de un caballero que estaba a su lado y susurro algunas palabras. Imagino que se trataba de ti, ya que aquel apuesto caballero te busco con su mirada por todo el sitio.
Empezó la fiesta, la música invadía el sitio, una bachata empezó a sonar y tu inmediatamente me llevaste a la pista. Empezamos a bailar, es tan fascinante ver como se mueve tu cuerpo al son de este ritmo tan erótico y cautivador. De pronto sentí que eramos observados, una mirada de deseo ardiente me invadió. Era la rubia. No dejaba de verme, mordía sus labios con picardia y levantaba la ceja cada vez que sentía mi mirada. Cuando llevábamos algo más que la mitad del primer set la rubia y su pareja se sumaron a la pista de baile. Eran increíbles, por un momento sentí que estábamos en una competencia de baile. La sensualidad y el erotismo brotaba de sus cuerpos. Todos los observaban. Nosotros quedamos opacado ante tal show. La rubia solo sonreía al vernos. De pronto en un cambio de tema musical el caballero se acerca con tal estilo y nos propone intercambiar parejas en pleno baile. ¿Recuerdas como la chica te sonrió casi suplicando que la dejarás bailar conmigo? Y tu caíste con sus encantos. Me entregaste. Se que deseabas bailar con aquel hombre, todas en la fiesta morían por hacerlo.
En los primeros minutos no te apartaba la mirada de encima, ver como hasta cerrabas los ojos me enfurecia. Me hacías sentir que lo disfrutabas demasiado. Y  yo por el contrario trataba de bailar lo más normal posible para que no notarás que me atraía aquella rubia despampanante.

Aquel hombre tenía un poder increíble de seducción, podía ver como bailando lograba hacer suspirar a casi todas las que seguían sentadas. De pronto te perdí. Deje de verte. Mi corazón se aceleró con un susto en el estómago. ¿Donde estabas?
La rubia al notar mi preocupación me dijo con voz sensual y con una sonrisa en sus labios rojos:
-Tranquilo, mi esposo no se va a secuestrar a tu novia, te noto algo nervioso y no estas disfrutando de nuestro baile. Relájate, baila conmigo como si fuera ella, y veras que será ella la que te va a buscar corriendo…
Así mismo fue, empecé a bailar con más ánimo, aunque no dejaba de buscarte. Pero de pronto los movimientos de aquella mujer empezaron a transmitir una energía increíble sobre mi cuerpo. Aquello no parecía un baile, sentí como las miradas empezaron a fijarse en nosotros, la rubia logro que una ereccion se apoderará de mi. Es que su perfume, su piel y hasta su sudor eran excitantes.
Sus roces con mi entre pierna eran fascinantes, calientes, tentadores. Ya mi cuerpo no podía resistir tanta provocación. Me deje llevar, el ritmo de su cuerpo se apoderó de mi, era como tener sexo mientras bailábamos. Movía las caderas como Diosa, su mirada era cautivadora, aquella sonrisa… Esos labios. No podía creer que me estuviera seduciendo en plena pista de baile.
-Tienes una novia hermosa, ¿sabias? – me dijo en el oído mientras bailaba cada vez de forma más erótica y provocativa.
-Lo sé… – respondí de forma egocéntrica y aun buscándote con la mirada a ver si aun seguías bailando con aquel hombre.
Ella noto mi desespero y esa búsqueda interminable que tenía contigo. Fue cuando tomándome de la mano me saco de la pista y me llevo a un lugar apartado.

-¿Sabes bien que tu mujer es una ninfomana verdad? – me dijo aquella mujer aire apenas estaba conociendo.
Yo sonreí con sorpresa y le dije: – Le encanta como le hago el amor.
¡No, a ella le encanta el sexo que tu o cualquier hombre le da! – respondió la rubia.
En este momento mi marido esta por cogerla como tu nunca lo haz hecho.
Un susto invadió mi cuerpo. No podía permitir que otro hombre te tocará. Y justo cuando iba a dejarla hablando sola a aquella mujer por lo que me había dicho, llegaron ambos riendo y conversando de lo más natural.
Mis celos me invadieron de manera tan intensa que te hable en mal tono.

-Amor, ¿por que mejor no nos vamos de aquí?
Ya estoy algo cansado y esta fiesta no resultó ser tan buena como imagine. – Te dije besándote en los labios.

-Hola que tal, soy Frank ya conociste a mi esposa Marbely. Nos estábamos destacando en la pista ¿no te parece? Ambas son tremendas bailarinas, tu esposa baila espectacular. Deberíamos volver a vernos en las fiestas privadas que organizó cada mes, los voy a invitar. Es algo más exclusivo que esta fiestecita de aburridos.

-Amor, creo que mejor los invitamos a nuestra casa a bebernos algo y conocernos mejor, ¿no te parece? Es cerca de aquí chicos, se que sera mas divertida que esta rumbita. – dijo la rubia abrazando a su marido y mirándonos con perversion.
Recuerdo que tu no pusiste resistencia a la invitación e inmediatamente me tomaste de la mano y nos dirigimos al estacionamiento acompañados por esta pareja de desconocidos pero que en el fondo eran bastante agradables.
Al montarnos en el carro solo te vi y te pregunté : ¿Estas segura de querer ir a la casa de estas personas? No se, son cheveres, pero me dan mala espina. Claro, yo sentía que el tipo te tenia tantas ganas que no sabia que pensar. No podía confesar lo que sentía en ese momento, el machismo me invadía. Pero al mismo tiempo pensaba… Si la rubia se me insinúa no lo pienso dos veces. No podía sacarme de la mente la forma en que me bailó y me puso a sudar.
En realidad la casa de estos nuevos amigos era bastante cerca. En menos de 10 minutos estábamos llegando. Una casa con un jardín grande en la entrada y de una fachada arquitectonica bien moderna. Estacionamos justo al lado de ellos. Al bajarme la rubia me miró como con ganas de desvestirme mordió sus labios y siguio caminando alcanzándote como queriendo hacerse tu mejor amiga.
Frank me pregunto a que me dedicaba mientras se dirigía a el bar de su enorme casa. Me ofreció un whisky…

-Imagino que bebés whisky seco o ¿prefieres un tequila o un vodka? – dijo Frank ya con una botella de whisky 18 años en la mano. Simplemente asentí con la cabeza que si, mientras admiraba la decoración de su sala. Y el sin numero de fotos con su esposa en varios lugares del mundo muy conocidos como Francia, Italia, Egipto y Argentina. Inmediatamente pregunte cuanto tiempo tenían juntos y me respondió que 10 felices años. En eso fue cuando entraste tu con la rubia con unos pasapalos en las manos y una sonrisa maligna como que habían planeado algo entre ambas.
Entre tragos, risas y anécdotas se nos paso gran parte de la noche. Y como en toda conversación empezamos a hablar de sexo. Lugares atrevidos donde lo habíamos hecho antes. Después de 10 minutos me di cuenta que era un bebe en aventuras vividas contigo. Ya que ellos habían hecho cada locura que hasta envidia provocó en varias ocasiones.
Cuando ya estábamos desinhibidos por los tragos la rubia se acercó a mi y metiendo su mano dentro de mi camisa y acariciando mi pecho me pregunto si alguna vez habíamos hecho un Swinger. Yo solo te mire con susto porque pensé que matarías a esa chica por ponerme una mano encima. Pero no fue así. Me miraste como si te excitara lo que hacía. Te acercaste a mi y entre ambas empezaron a lamer mis oídos cada una. Frank solo miraba. Yo empecé a sentir que aquella locura ya había sido planeada por ambas. Y solo me deje llevar. Ya cuando menos los esperaba los besos de ambas mujeres hermosas me invadieron. Hasta que tu, mi novia, me desabrochaste el pantalón y empezaste a darme una mamada estupenda, mientras la rubia solo me besaba y acariciaba mi pecho con sus suaves manos.
Frank solo disfrutaba de su whisky mientras nos veía con tranquilidad. De repente la rubia también se une a ti a la felacion que me brindabas. Era el sueño hecho realidad pero que nunca me atreví a pedirte. Ambas disfrutaban de mi miembro y se peleaban por tenerlo dentro de sus bocas, la saliva sobraba en el acto. Ver como mi ereccion cada vez era más fuerte y verlas a ambas desesperadas por tragarselo hasta la garganta como si se tratase de una competencia, me ponía cada vez más caliente.
Marbely, la rubia, empezó a desnudarse, aquellos senos eran increíbles, su color de piel, su mirada, aquel cabello ya un poco desordenado por aquella escena. Todo se volvía más perverso cada vez. Fue cuando ella pidiéndote permiso tomo mi miembro y se lo introdujo en aquella vagina ya húmeda y extremadamente caliente. Y un gemido profundo salio de su boca acompañado de un «Dios mio» susurrado. Sus movimientos eran de divinos. Ella se había sentado de espalda sobre mi dejándome ver sus nalgas con aquella marca de bikini, frente a donde se encontraba Frank aun sentado y sin moverse siquiera, sin emitir una palabra. La rubia solo lo miraba a el y se movía con fuerza sobre mi. Tu solo me besabas y me dijiste al oído:

-Espero te este gustando esta locura amor…

Yo no podía hablar siquiera. La rubia se volteo y se volvió a subir encima mio. Aquello era increíble. Sus embestidas sobre mi cuerpo eran celestiales. Sus besos y aruños sobre mi espalda me hicieron disfrutar locamente aquella escena. Su vagina cada vez se sentía más caliente y húmeda, no paraba de mojarse y de gemir cual puta de película Porno.
Por un momento me olvide que tu estabas allí, sólo disfrute de esa mujer como nunca antes lo había hecho. La besaba con tanto placer que ya ni los ojos los abrí más. Besar aquellos senos era un manjar de dioses y escuchar aquellos gemidos y pujos cada vez que te movias sobre mi era excitante. Ella me mordía el hombro como queriendo desahogar tensión en su cuerpo. Me decía: «Dame mas duro por favor, quiero sentir tus manos en mis nalgas con furia» así que empecé a darle nalgadas y apretones eso la volvía loca, me pedía más y más fuerte que la azotara. Yo estaba a punto de explotar y fue cuando te escuche gemir como nunca lo habías hecho conmigo antes…

Alzó mi mirada y allí estabas, en cuatro entregada a aquel hombre que te embestía como si fueras una perra en celo. Tus gemidos y gritos eran tan fuertes que sentí que te escucharían los vecinos de al lado.
La rubia al darse cuenta de mi actitud me dijo: «Creo que nos están desafiando amiguito, ponme así y veras que puedo ser más puta de lo que ya has vivido hasta ahorita…»

Ella se puso en cuatro frente a su marido ofreciéndome que la follara más fuerte. Aquel hombre te estaba violando y tu lo disfrutabas. Me llegaste a mirar por un instante y moviendo los labios dijiste : DISFRUTALO.

Lo estaba haciendo, disfrutaba de tus gemidos y de los de ella. Era increíble como habíamos intercambiado de parejas sin ninguna dificultad y ambos nos sentíamos cómodos. De pronto el te sujeto por el pelo y empezó a darte mas fuerte, tu solo me mirabas, yo trataba de imitar cada embestida que el te daba. Pero al ver aquella situación me llamaste: «Ven amor, acércate. Quiero chupartelo»
Así fue, me acerque a ti para complacer tu fantasía, te aferraste a mi sexo con tu boca mientras aquel hombre no se detenía de follarte y darte nalgadas. La rubia no se iba a quedar sin hacer nada, así que me puso su húmeda vagina en mi cara deseando recibir un buen sexo oral. Eso hice, mi lengua degustaba con tanto placer aquel manjar y mis manos acariciaban sus senos. Y tu te atragantabas con mi miembro hasta que aquel hombre te hizo llegar al orgasmo, tu respiración y gemidos fueron increíbles, de pronto gritaste: «Siiiiiiii, parteme el culo, siiii que rico lo haces…»
¿Por el culo? Pero si siempre creí que no te gustaba por allí… ¿Cómo es eso? Pensé sintiéndome defraudado. Pero verte disfrutar tanto aquel orgasmo y sentir como tu te aferrabas con ambas manos a mi miembro y lo saboreabas con placer me hizo sentir más excitado. Me levante y sujete a la rubia, la tire al mueble y empecé a follarla con las piernas arriba sobre mis hombros, ella sabia muy bien como me sentía, y me gritaba: «Dame mas duro, por favor, más, no pares, no pares, hazme llegar, quiero tu leche caliente en mi piel papi, es mía, esta noche tu leche será mía.»
Y así fue, sentí que mi orgasmo se venía y le dije «Me vengo… Donde la quieres?» y ella respondió levantándose: «Ven aquí en mi boca la quiero aquí todita» y cuando ya estaba a punto de llegar en su boca llegaste tu a compartir aquel néctar de placer y lujuria, ambas se peleaban por saborearlo por devorar cada gota derramada. Verlas a ambas disfrutando con tanto ahínco era estupendo. Por primera vez pude sentir el placer de tener dos bocas haciéndome el más increíble sexo oral de mi vida, ¿por que había esperado tanto para vivir esta experiencia?

Sus bocas llenas de mi semen quedaron abiertas esperando a que Frank se acercará a ellas y también explotará en sus caras. Fue cuando logre entender el por qué te hizo gemir como puta aquel hombre, tenía una buena dotación, fácilmente su miembro alcanzaba para que ambas al mismo tiempo pudieran disfrutar del sexo oral que le propinaban. Mientras la rubia se lo tragaba dejándola con la boca completamente llena tu lo masturbabas con tus manos y lamias sus bolas con desespero. Y fue allí cuando por primera vez te vi lamiendo y disfrutando otro miembro que no fuera el mio con tanto gusto. Y derrepente Frank las tomo a ambas por el cabello y las puso a lamer aquella verga venosa, una a cada lado y su semen empezó a salir y caía en sus caras y se chirreaba por sus mejillas y ambas usaban sus lenguas para saborear y obtener la mayor cantidad en sus bocas sedientas de placer. Al final para cerrar con broche de oro… Ambas se besaron y lamieron los restos de su néctar, y yo solo podía contemplar lo rico que estuvo esta sesión de sexo salvaje e improvisado. Nunca imaginé que tenias esos deseos y siempre me los había tragado. Creo que desde ahora nos dimos cuenta que pertenecemos a un nuevo mundo, a una nueva forma de vida, ya no veremos el sexo como lo veíamos y lo sentíamos antes… Bienvenidos al mundo Swinger.

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Sólo quiero verte bailar (Parte 2)

«Creo que mis dudas se están por aclarar» dijiste riendo y mordiéndote el labio inferior de tu boca.
«¡Ay Dios!» Fue lo que dijiste cuando destapaste  por completo lo que ocultaba mi bóxer.
Lo tomaste con tu mano lo miraste un par de veces con detalle y mirándome a los ojos me dijiste: «Se que quieres que mi boca se lo devoré, pero sabes que no lo haré. ¡Será para que me ahogues!»
Así que te tome por el cabello de forma un poco agresiva. Me quede mirándote fijamente y te dije con voz de seductor: «Simplemente cierra los ojos y déjate llevar, disfrútalo… yo con solo verte ya lo estoy disfrutando.»
Tu sólo te reías y lo mirabas. Y después de unos segundos cerraste los ojos y lo llevaste a tus labios. Empezaste con besos jugosos y sonoros. Después aparecieron algunas lamidas. Hasta que entre sonrisas me decías: «Te vas a quedar con las ganas de que me lo meta completo en la boca».
«¿Y si te obligó? – dije entre dientes y con maldad.
«Te lo muerdo…»- respondiste.
«Estoy dispuesto a correr el riego, solo por verte haciendo algo que según tu no hacías»
«Si lo hago, pero estas claro que no se le hace a cualquiera…» y justo en ese momento sentí como lo llevaste en segundos de la punta de tus labios a casi tu garganta sin quitar tu mirada de mis ojos. Me hiciste estremecer. Un suspiro invadió mi cuerpo acompañado de un «Dios mio… me quieres matar» que salio de mi boca casi sin pensarlo. Y tu sólo sonreías con satisfacción diciéndome: «Así te quería ver… ya no te vez tan dominante y malote como hace un ratico».
Verte saborear mi miembro con tanto erotismo hacia volar mi mente y aceleraba mi corazón. Sentir como lo apretabas con fuerza con tus manos mientras tu boca y tu lengua jugaban con gran placer. Mirarte era muy excitante. Tu cara lo decía todo. Pero quería más. Así que tomándote por el cabello te despegue de mi. Y te dije que era mi turno. Ya no soportaba más, necesitaba beber de ti. Te arranque literalmente el pequeño hilo que llevabas puesto. Mi boca no espero ni un segundo en adueñarse de tus jugos. Ver como mordiste tus labios justo en el momento en el que mi lengua se introdujo en tu húmeda vagina fue muy placentero. Tu olor y sabor eran adictivos. Sentir tus uñas clavarse en mi cabeza fue espectacular. Te aferraste de mi cabello controlando cada movimiento, me apretabas cada vez más fuerte entre tus piernas y tus gemidos empezaron a salir. De pronto me tomaste con ambas manos con furia y con algunas malas palabras en tu boca gritaste y gemiste con lujuria. Y jalandome por el pelo me sacaste de allí abajo y me trajiste hacia ti. Mordiéndome los labios dijiste con voz placentera: «Ya quiero sentirte dentro de mi…»
En ese mismo instante complací tu deseo, tu me abriste tus piernas y te acomodaste para darle la bienvenida a mi miembro dentro de ti. Centímetro a centímetro fui penetrándote, muy lentamente, para ti fue una eternidad. Por eso me agarraste de las nalgas y me empujaste hacia ti con fuerza diciéndome: «Coño ya termina de metermelo, que me tienes mal… y quiero sentirte…- dijiste con desespero –
«Coño de madre… que vaina más buena…» dijiste justo cuando te lo introduje casi por completo. Cerraste los ojos y respiraste profundo. Solo disfrutabas del momento. Dejándote llevar por mis movimientos. De pronto clavaste tus uñas en mi piel, recorriendo mi espalda entera y mis brazos. «Se que te encanta, así que no me mires así. Sabes que puedo ser mas mala aún contigo. Se que eso te gusta.» Me dijiste susurrándome al oído. Un escalofrío invadió mi cuerpo y no pude ocultar lo que sentía. Una sonrisa maligna apareció en tu rostro y mordiéndote los labios nuevamente clavaste tus uñas en mi pero esta vez con más fuerza. Yo por mi parte, respondiendo a esto te embestí con intensidad y te tome del cabello y acercando mi boca a tu oído te dije: «No despiertes los demonios que hay en mi si no estas dispuesta a soportar el castigo.»
«Huuuuy si… que miedo» dijiste con una gran sonrisa en los labios y con mirada desafiante. Yo sabía que más que un reto esto significaba la guerra. Tenías que salir de esa cama derrotada por completo. Una batalla nos esperaba esa noche. ¿Cual de los dos saldría victorioso? Esto se convertiría en una demostración de poder, dos almas y dos cuerpos luchando por un mismo fin, demostrarse el uno al otro quien es el amo.

Mis caderas no dejaban de moverse, entrando y saliendo de ti, sintiendo tu calor, tu humedad. Darte más duro era cada segundo más placentero para ti. Me pedías más, que no parará. Querías sentirlo profundo y prolongado. Me dejabas ser el dueño de tu cuerpo. Levante tus piernas a la altura de mis hombros, quería verte, ver tu cara de placer. Tus manos se sostenían de la pared porque yo te embestía tan fuerte que quería pasar a la habitación de al lado. Tu mordías tus hombros y tus brazos en busca de liberar esa tensión. Tu respiración estaba tan acelerada que parecías salida de un gimnasio. Ver como se movían tus senos al ritmo de mis embestidas era muy excitante. Tu abdomen de atleta y esas fuertes piernas me intimidaban. Eso sin nombrar la fuerza que contenían tus brazos. Pero en la cama eras débil. Eras mía. Caíste rendida ante los movimientos dentro de ti, simplemente te dejas llevar. Solo disfrutas, simplemente cerrabas los ojos por instantes y suspirabas. En otros me mirabas fijamente y sonreías o mordías tus labios. El placer invadía mi cuerpo. Las ganas se incrementaban cada segundo. Era como si cada minuto que pasaba te deseaba más y más. Tocar tu cuerpo era mi mayor placer, cada curva de tu piel, cada peca, cada tatuaje.

Mis manos tenían que recorrerte por completo para saciar esas ansias, rozarte con suavidad para erizar tu piel y en otros instantes aferrarme con fuerza para descargar energía. Apretar tus nalgas es la fantasía de todo hombre que te mira, que se deslumbra al verte caminar e imaginar el movimiento de esa porción de tu cuerpo en otra posición. Mis manos se quedan cortas para poder controlar los movimientos de tus posaderas. Por más que intentaba tus caderas tenían el poder suficiente para simular una potra salvaje sin deseos de ser domada. Tu disfrutabas con solo ver mi rostro de impotencia y desesperación. Siempre te ha gustado dejar esa sensación en mi mente. Tus movimientos aunque por instantes eran lentos y profundos, yo sentía que no aguantaría mucho tiempo antes que me hicieras explotar, y cuando acelerabas esos movimiento y tus gemidos y suspiros empezaban a escucharse toda mis energías se concentraban en mi abdomen y en mis manos, aferrándome a ti, a tu pelo y a tus caderas. Deseaba escucharte llegar, pero también debía aguantar la pela que me dabas. Fue justo el instante en que un improperio salio de tu boca casi en secreto. Casi susurrado, cerraste los ojos con fuerza y tu respiración se entrecorto, tu boca se abrió lentamente y por instantes gemías suavemente hasta que te sujete con mi brazo de la cintura y con lo que me quedaba de fuerza me moví con fuerza hacia dentro de ti y con la otra mano te alaba del pelo y mordía tus labios.

Tus piernas temblaban y fue cuando dirigiéndote a mi cuello gritaste un rico: «Coñooooo» largo y tendido acompañado de: «¿Me quieres matar verdad? ¿Qué vaina más buena?» – De allí en adelante solo nos quedamos inmóviles disfrutando el momento. Hasta que en un instante dijiste: «¡Ya va! ¿Y tu no piensas acabar? Porque no sentí que hayas llegado…» Me miraste e inmediatamente fue un reto para ti. Nada difícil, porque recuerdo que llevaste mis manos a mi cabeza para no tocarte y con solo ver tu cara hizo falta solo un par de movimientos de cadera encima de mi para hacer que explotará en un orgasmo profundo e intenso. Tu voz entre dientes diciéndome: «¿Dime si no lo hago rico? ¿Así siempre lo imaginabas en tus fantasías? ¿Te gusta como me muevo? – Solo pude mirarte, sonreír y cerrar mis ojos cuando sentí que me venía dentro de ti, y disfrutar cada una de tus embestidas. Fue lo máximo. Agotaste todas mis energías y quede en la cama sin poder hacer más nada… Quedamos empiernados por el resto de la noche. ¡Vaya que noche!

 

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Mi fantasía dorada (Parte 2)

Cabellera rubia. Piel dorada por el sol. Grandes curvas define tu cuerpo como una mujer que despierta bajas pasiones y grandes deseos. Unos labios provocativos y sensuales al hablar. Una voz encantadora y tierna. Una mirada que incita al sexo cuando se mezcla con tu perfume, tu aroma, tu piel. Ya no puedo seguir huyendo de ti. Ya no puedo dejar de respirar tu fragancia cuando me abrazas o te acercas a mi. Me haces sentir cual vampiro queriendo clavar mis colmillos en tu cuello o devorarte como si fuera una criatura salvaje. No puedo seguir mirándote como algo prohibido. No puedo seguir alejándome de ti cada vez que te tengo tan cerca. Aveces solo desearía dejarme llevar por mis instintos y simplemente adueñarme de ti. Olvidarme de las fantasías y hacer realidad nuestros deseos. Liberar todas las emociones, que te sueltes el cabello y te entregues a mi. Quiero llevarte a un lugar donde podamos ser nosotros dos y desatar nuestras perversiones, donde le des rienda suelta a tus deseos. Donde me dejes darte la bienvenida a mi mundo…

Esta historia empieza con una foto. Te pedí una foto donde transmitas sensualidad y erotismo sin necesidad de mostrarte desnuda. Así empezaba nuestro juego de deseo y seducción. Te gustó la idea y me advertiste que me volverías loco. De inmediato empecé a sentir curiosidad y ansiedad por verte. Tu le agregaste algo al juego, me pediste que por cada foto yo debía enviarte una nota de voz describiendo una situación erótica contigo. Sabemos bien que si los hombres somos muy visuales ustedes las mujeres son muy auditivas. Me pareció un buen trato. Tu primera foto llego a mi teléfono vía whatsapp y la curiosidad me mataba, ver que llegaba la foto y aun no cargaba por completo ya que la señal estaba pésima, y solo podía ver una silueta. Ya mi imaginación empezaba a trabajar. ¿Qué podrá ser? Como no saber que empezarías mostrándome lo que mas me vuelve loco de ti. La curva más provocativa que posee una mujer. Creo que fue lo primero que vi en ti cuando te conocí. Tu sonrisa. Ya con ella tenias ganada la mitad del juego. Mi nota de voz decia:

«Como no desear ser dueño de esos labios, como no imaginarme tu boca devorandome, mordiéndome, saboreando cada centímetro de mi piel. Escucharla chasquear al jugar con mi sexo miéntras me miras fijamente y te aferras fuertemente con tus manos con cara de niña pícara y malvada.» – concluí con voz de puto como sueles decirme aveces.

La siguiente foto me dejaba ver un pronunciado escote. Es que esta de mas decirte lo loco que me vuelves cuando llevas puesta una blusa que resalta tus grandes y sexys senos. Dejando ver un poco el bronceado que dejó el último traje de baño que usaste. Tu piel blanca pero dorada hace de ti un plato del deseo que debo comerme antes de morir. Mi nota de voz decia: «Que más desea mi boca que devorarse sin ropa ese par de melocotones que llevas en tu pecho. Y aunque aún no lo he hecho, y si tu no te opones, adueñarme de ellos quisiera, es mi propuesta sincera, pero eres tu la que dispone.» – dije en verso de copla llanera y logrando hacerte sonreír y pensar que soy «un loquito».
Me enviaste otra enviándome un beso y ocultando con tu brazo izquierdo ese par de melocotones al desnudo que llevas en el pecho. Un «Waoooo» salio de mi ser. Es que la mezcla de tu mirada con tus labios provativos y dejándome ver un abre boca de tu cuerpo es muy fascinante y seductor. Tus cabellos rubios cubrían parte de tu cuerpo que lo hacía ver más exótico y deseable. «Los hombres las prefieren rubias» dice el magnate de Playboy Hugh Hefner, imposible llevarle la contraria. Por eso mi nota de voz decía: «Tu mirada logra hipnotizar mi ser, tus labios lograrán adueñarse de mi mente, pero si tu cuerpo se une con el mio, será la mezcla perfecta de placer y deseo que jamás hayamos vivido. Es que ya solo imagino tu voz seduciendome mientras tus labios no paran de besarme y tu respiración acelerada casi no te deja hablar, tu corazón palpitando fuertemente y tu humedad latente entre tus piernas de delatan inmediatamente. Te excita. Te encanta. Y si sonríes ahora es porque tu y yo sabemos que es así…
La siguiente foto te la tomaste acostada boca abajo dejando ver parte de tu espalda, un pequeño cachetero que solo dejaba ver parte de tus pompis y unos tacones dorados. Tu siempre tan fascinante y elegante. Tienes esa fórmula especial para verte siempre imponente. Tu mirada de niña tierna y al mismo tiempo seductora. Pones a volar mi imaginación. Esta vez ¿que podía dejarte grabado con mi voz? Observe por varios segundos tu foto, me deje llevar por mi mente, así que cerré los ojos y dije: «Yo solo quiero confesarte que desde el primer momento que te vi… Ya te imaginaba así. Tendida en una cama. Seduciendome con tu mirada. Con tu cuerpo. Tu misma acariciandote y solo dejándome ver como tus manos te recorren lentamente. Como tus gemidos y suspiros alborotan mis sentidos y esa sonrisa macabra que sale de tu rostro mientras me miras y te tocas sabiendo que mi cuerpo te pide a gritos. Es sentir ese perfume tuyo que cada vez que lo siento cerca mi cerebro lo traduce como QUIERO SEXO SALVAJE CON ELLA. Es incontrolable, es adictivo ese aroma. Sumado a las curvas de tu cuerpo, está de mas decirte que mi mayor anhelo es respirar de tu perfume en el medio de tus senos y sentir tus uñas clavarse en mi cabeza miéntras mis manos recorren tu espalda y tus nalgas. Y tu voz dulce y casi susurrandome me dice: ‘Papi que rico es sentirte así… ¡Disfrutame…! sienteme, son tuyas, se que te morias por sentirlas así.’ – Si… Confieso que muero por eso.
Este juego calienta nuestras mentes, nuestros cuerpos. Logra sacar suspiros y algunos escalofríos. Imagina ahora hacerlo realidad. Hay que estar preparado en cuerpo y alma para no perder el control y poder disfrutar no sólo de un instante… Sino de muchos momentos intensos.

 

 

Foto: Modelo Karina Ortega

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No estas sola…

Sólo quería preguntarte si aún recuerdas ese beso que te robe aquella noche en aquel restaurante. Ese beso que hizo estremecer mi ser, degustar tus labios fue muy placentero. Aunque hubiese deseado que no terminará y poder descubrir cada sabor y pasión que llevas impregnados en ellos.

Mi mente voló por ese instante. Te voy a contar las cosas que pasaron por mi mente de allí en adelante. Y espero que tu te confieses conmigo y me digas si sentiste lo mismo.

Tu energía me invadió. El olor de tu piel al tenerte tan cerca alboroto mis sentidos, rozar mi nariz con tu mejilla al darte un beso de amigos fue lo que hizo explotar ese instante. Fue lo que me llevó a tomarte del cuello y darte ese beso que tanto anhelaba mi boca. Pero deseaba más, un beso no sería suficiente para saciar las ganas que sentía de adueñarme de ti. Yo deseaba aferrarme de tu cabello, que mi boca se comiera literalmente esos labios provocativos. Mi otra mano deseaba con locura acariciar tus sensuales senos que dejabas ver con un lindo escote. Sentirlos en mis manos mientras tu muerdes mis labios con placer. Tus manos se apoderan de mi, una sé aferro a mi cabello acariciandolo con sutileza con tus uñas. Mientras la otra me iba desabotonando la camisa y acariciando mi pecho. De pronto te levantaste de la silla y te sentaste encima de mi. Dejando tus senos justamente frente a mis ojos. Una sonrisa te invadió el rostro. Ni una palabra salía de nuestros labios. Solo eran miradas profundas. Mis manos se adueñaron de tus nalgas aferrandome con fuerza. Te recorrí hasta tu cintura y no pude esperar mas… te quite la sexy blusita que llevabas puesta. Dejando al descubierto lo que podría comparar con dos grandes y jugosos melocotones. Mi boca no aguanto ni un instante para saborearlos. Mis labios y mi lengua no pararon de jugar con ese par. Y es que con solo ver tu rostro sabía que lo deseabas desde hacía mucho tiempo. Me encantaba ver como mordidas tus labios. Como gemías cada vez que te mordía o lamía tus pezones. Era inevitable querer quitarte toda la ropa y hacerte el amor de forma salvaje en esa mesa. Así que te mire fijamente y por primera vez cruzamos un par de palabras:

«-Eres mia» dije susurrando…

Y tu cerrando los ojos sólo dijiste: «Hazme tuya»

Te levante y desabroche el botón de tu pantalón, bajé el cierre lentamente, sin dejar de mirarte a los ojos. Tu respiración se aceleraba fuertemente. Mis manos se encargaron de dejarte con un pequeño hilo dental negro que era casi igual que dejarte desnuda por lo diminuto.

Tu hiciste lo mismo conmigo, te deshiciste de mi pantalón y solo me dejaste en bóxer. Pero una sonrisa te volvió a invadir y terminaste arrancandomelo por completo. Ya podías ver mi erección. Y sin mediar palabras empezaste a propinarme un sexo oral increíble. Tus labios jugaban a volverme loco junto a tu lengua. Succiones y la lamidas eran las responsables de cada contorcion de mi cuerpo. Sentir tu boca húmeda y caliente me excitaba cada vez más. Verte jugar con tanto placer con mi miembro que cada segundo estaba más y más duro, erecto y brillante de toda la saliva que arropó tu boca. Tus manos se unieron al juego, me tocabas y masturbabas con tanta experiencia que sentía que en pocos segundos iba a explotar. Tu cara de deseo me hacía sentir el más perverso y ya sentía que debía devolverte el mismo placer.

Así que te subí a la mesa y me senté a comerte la entrepierna. Tu ya estabas tan húmeda que solo provocaba era penetrarte inmediatamente, pero quería que sintieras mi lengua dentro de ti y volverte loca antes de que me tuvieras dentro de ti. Mi boca se daba un banquete con los jugos de tu cuerpo. Mi lengua jugaba con tu clítoris con tanto placer que tus gemidos empezaron a salir de tu boca sin poder contener los más. Tus manos se posaron en mi cabeza y la empujaste con fuerza entre tus piernas. Querías sentirme más profundamente. Levante tus piernas y mi lengua te saboreo de tal forma que solo te quedo gritarme: «-Ya te quiero dentro de mi!!»

Yo no espere ni un segundo más,  abrí tus piernas y empecé a penetrarte dejando tus piernas sobre mi pecho y hombros. Una de mis manos se encargó de acariciar tus senos y la otra sostenía tus piernas ya temblorosas. Tu cara de placer era única,  solo cerrabas por instantes los ojos y mordía tus labios. Jadiabas, gemías,  gritabas… eras mía.
El sudor empezaba adueñarse de nuestras pieles. Mis movimientos de cadera sobre ti cada vez eran más intensos y fuentes al igual que tus jadeos. Entrar y salir de tu cuerpo. Hacerte sentir que eres una mujer deseada. Mirarte mientras disfrutabas de este instante con tantas ganas. Todo esto me hacía desearte más. En ese instante te bajaste de la mesa, me diste la espalda y te acostaste en la mesa boca abajo. Miraste hacia mi y me dijiste: «Quiero que me hagas gritar tu nombre… sera que puedes?» Y una sonrisa malvada te invadió dejando de verme y esperando que yo me adueñara de ti.

Me acerqué a ti y al prepararme para penetrarte me dices: «Quiero que me hagas gritar pero no me lastimes OK…»

«-Tranquila, solo déjate llevar» respondí

Levante una de tus piernas y la guíe hasta dejarla sobre la mesa. Así podía tenerte abierta y lista para penetrarte por donde yo quisiera. Primero lo introduje suavemente en tu húmeda vagina y empecé a moverme con lentitud y sutileza. Mis movimientos cada vez se empezaron a intensificar. Mis manos empezaron a darte azotes a tus nalgas. Como si quisiera domar una potra salvaje. Tu sólo decías: «No pares… dame más fuerte… quiero gritar… hazme gritar.»

Fue cuando en una embestida te lo saque y cambié de sitio… pudiste sentir como mi miembro te atravesó por completo por tu culo.  Y ese grito que tanto deseabas escapó de tu boca de forma inmediata acompañado de un par de malas palabras y un: «¿Me quieres matar?

Así que lo saque inmediatamente. Pero tu reacción fue algo agresiva.

«¿Quien te pidió que me lo sacarás? Solo ten más delicadeza o por lo menos avísame.»

Así que nuevamente volví a colocarlo donde estaba, solo que esta vez fue con más sutileza. Tu acomodaste tus caderas y te preparaste para recibirme. Un leve gemido salía de tu boca con cada centímetro que te iba penetrando. Respirabas profundo, seguido de un repetido «Dios mío».

Todo era cuestión de tiempo, cuando menos lo esperaba ya tus caderas eran quienes tenían el control de los movimientos. Gritos y gemidos no dejaron de salir de tu boca con cada embestida. Golpeabas la mesa con tus manos cada vez que mi miembro te penetraba. Mis manos sobre tus caderas y a veces en tu cabello te hacían sentir más salvaje. Yo solo quería ver tu lado oscuro, esa mujer insaciable que solo pide sentirse complacida en la cama. Esa mujer sexy que sabe hacerse desear. Que logra hacer que fantasees con tenerla y hacerla tuya.

«Por fin eres mía…» te dije al oído mientra te seguía penetrando por detrás y mis manos apretaban tus senos con fuerza. «Quiero que me regales un orgasmo tuyo, quiero ver como llegas para mi».

Así que te tome del cuello y mis caderas empezaron a azotarte con más fuerza. Tus gemidos brotaban de tus labios con cara de placer. Tus ojos se nublaron de lágrimas. Me besaste con locura, tu lengua se adueñó de mi, me mordias los labios con pasion y deseo. Y de pronto con voz exhausta me dijiste: «Dame más no pares por favor, ya casi me haces llegar…»
Así que me aferre a tus cadera apretando tus nalgas y empecé a acelerar mis movimientos. Solo con ver como entraba y salía de ti me calentaba más, sumando que tus gemidos y palabras me hacían sentir insaciable.

De pronto un grito me dio la señal que ibas a explotar de placer. Tu mano izquierda tocaba mis testículos mientras yo seguía penetrandote. Y cuando llegaste tus dedos acariciaban tu clítoris con movimientos fuertes. El solo verte así me hizo estallar también. Ambos llegamos al clímax, nuestros cuerpos llenos de sudor se deslizaban entre sí. Después de esto solo nos besamos, no teníamos palabras ni aliento para decir nada. Sólo fueron ricos besos y sonrisas. Tu y yo supimos disfrutarnos a plenitud. Sólo nos quedó vestirnos y salir de este restaurante…

Continuará…

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Mis manos marcadas en tu piel…

Tus besos saben a gloria, la pasión que hay en ellos es única. Logras emocionar tanto mi cuerpo que es imposible ocultar mi erección cuando sólo te me acercas. Tu olor, ese aroma afrodisíaco que me vuelve loco. Es imposible no querer arrancarte la ropa cuando sólo te pegas a mi. Mis manos inquietas se adueñan de tus curvas, primero de tus nalga,  luego de tu espalda, seguido de tu cintura y tus lindos senos. Ese par con el tamaño justo para estar entre mis manos, firmes y provocativos. Tus labios son mordidos por tus dientes en un instante cuando sientes que te invade el deseo.
Mis manos se aferran a tus senos y mi boca sin que nada la detenga se dirigió a ti, saborearte fue mi deseo. Morderte dulcemente y con lujuria fue inevitable.

Te tome por el cuello sujetándome de tu cabello, y te lleve a mi cama. Empezamos hacernos el amor con la ropa,  la pasión y el deseo nos invadía con fuerza. Mis ganas de penetrarte iban hacer que mi sexo traspasará mis prendas para estar dentro de ti. Tome tus manos por encima de tu cabeza y mi labios te basaban por todos lados. En ese instante te arranque la pequeña franela que cubría tu pecho, pero que no ocultaba tus pezones erizados por dicho momento. Fue allí cuando me los devoré por completo. Entre mordidas,  lamidas y chupadas.
Nuevamente eras mía. Nuevamente estaba encima de ti. No se que Qué tiene tu boca, tu cuerpo, tu aliento que me enloquece. Con sólo tocarte me calientas al punto de no querer acabar nunca con ese instante. Tu cuerpo me encanta. Tu piel suave y siempre olorosa a tu perfume característico. Tu voz en mi oído diciéndome cada palabra que quiero escuchar.
Dejarte desnuda es mi mayor placer. Recorrerte con mis labios mi fascinación. Ver tu rostro lleno de deseo… mi adicción.

Con sólo verte haciéndome sexo oral se que la velada va a ser espectacular. Tu boca posee una magia única para volverme loco de placer. Tu forma de chupar, lamer, morder y jugar con mi miembro es única. Tu mirada de loba mientras lo haces me lleva a pensar lo peligrosa que eres cuando sabes que tienes el control. Sobre todo cuando te sumerges mi falo en tu garganta de manera profunda. Y ver como la saliva lo hace ver brillante y lubricado, listo para penetrarte y hacerte gemir como tanto te gusta.

Tus manos se unen a este juego, masturbarme mientras tu boca me saborea y juega con mi sexo, es fascinante.
Verte golpear tu rostro con el… provoca mas morbo en mi, sabes que eso me encanta. Verte escupir con la intensión de lubricarlo más me llena de perversión la mente. Ya mí cuerpo sólo quería atravesarte y hacerte gritar de placer. Termine de quitarte el diminuto hilo que llevabas puesto y simplemente tu te pasaste sobre mi.
El calor de tu sexo es increíble. Ya me hacías sentir complacido con solo unos segundos dentro de ti. Mis manos inmediatamente se posaron en tus nalgas. Tus besos se adueñaron de mis labios.
«¿Por qué lo haces tan rico?» Te dije con el placer brotándome en el cuerpo…
«¿Te gusta?» Respondiste con voz de zorra, sabes bien que me encanta tenerte encima de mi. Tus movimientos de cadera son espectaculares. Ver como brincan tus senos mientras te mueves con locura me hipnotiza. Somos adictos el uno al otro. Me encanta ver cómo partes esas caderas para sacar mis gemidos y suspiros. Ver como acaricias tus senos mientras disfrutas de mi miembro bien erecto dentro de ti. Mi manos empezaron a darte nalgadas con cada embestida. Quería dejar las huellas de mis manos en tu piel. Darte de azotes en esas nalgas hasta que sintieras dolor. Quería pasar a otro nivel contigo. Ya no es suficiente sólo hacerte el amor. Necesito más de ti. Necesito hacerte adicta a mi ser. Quiero que sientas los límites del placer y el dolor conmigo. Tranquila, no te voy a lastimar. Ya lo haz vivido. Una que otra marca en tu piel a causa de mis «caricias». Pero dime si no te llena de morbo y placer al verlas que quisieras repetir la escena una y otra vez.
Tenerte en cuatro es la posición que más morbo me da al estar contigo. Poder aferrarme a tus caderas, ver tu culo como se enrojece mientras te voy dando nalgadas, poder ver como te penetro y la humedad de tu sexo se ve reflejada en mi miembro. Poder sostenerte del cabello tal potra salvaje queriendo ser domada. Solo faltaba el espejo al frente para poder ver tu expresión de puta complacida. ¿Sonríes con asombro? El recuerdo te invade. Aun recuerdas las gotas de sudor que brotaban de mi piel y se convertía en el mejor lubricante para deslizar nuestras pieles. Tu cuerpo tumbado de frente a mi, tus piernas en mis hombros.

Mis manos en tus caderas y mis ganas dentro de ti. Teníamos tantas ganas que recuerdo que probamos muchas posiciones. Pero mi favorita sabes que fue esa con la que lograste sentir que tenias el control sobre mi. Te subiste encima de mi y me «cabalgabas» cual jinete. Tus caderas se movían con tanto gusto que el placer que provocabas en mi era tan intenso que en varias ocasiones tuve que bajarte y esperar que el orgasmo no explotará. Tu sólo sonreías y era como un reto lograr acabar conmigo. Pero es que con solo ver tu rostro de satisfacción era un afrodisíaco para mi. Ver tus senos brincar y poderlos acariciar con mi boca y mis manos. Y sentir la llama ardiente de tu ser con el movimiento de tu pelvis sobre mi, mi sexo estaba tan ardiente por sentir tu pasión que sentía que estaba a punto de explotar sin poder controlarlo. Mi boca sólo gritaba tu nombre… acompañado de palabras sucias e intensas. Pero que le daba una atmósfera de sexo salvaje y prohibido. Mis manos se aferraban a tu cabello y te jalaba hacia mi para decirte: «Que rico lo haces… Que rico te mueves… coñoooooo!

Tus caderas se movían sin parar, yo solo sentía que tarde o temprano me harías explotar dentro de ti. Y así mismo fue. No tuve tiempo de pensar siquiera. Un órgano eléctrico invadió mi cuerpo y te grite que me venía. Tu aumentaste la intensidad de cada movimiento. Mis manos te daban de azotes en las nalgas. El éxtasis me dominó por completo y mi espalda se arqueo como deseando estar mas dentro de ti. Cada gota de mi semen lo recibiste entre tus piernas con sumo placer. Los besos y caricias fueron salvajes al igual de las palabras que salieron de nuestros labios. No quería ni siquiera separarme de ti por un instante. Aun podía sentir los latidos de mi corazón palpitar en mi miembro dentro de ti. ¿Cuanto tiempo habíamos dedicado a esta faena? Cuando la pasas bien el tiempo pasa volando. Y para ser sincero ni cansado me sentía. Creo que solo descansamos unos minutos antes de empezar de nuevo con otra jornada de seco intenso y salvaje. Nuestros cuerpos deseosos de lujuria y placer volvieron a unirse. Esta vez tu estabas en cuatro. Y me encanta disfrutar de tus caderas mientras te penetró con dulce intensidad. Mis manos te apretaban, te nalgueaban con cada embestida. Tu sólo gemías y gritabas. Y a veces volteabas a verme con cara de complacida diciendo: «No pares amor… No pares. »

Las gotas de sudor bajaban a chorros por mi piel cayendo sobre ti. Mi aliento aunque exhausto no dejaba de mantener el mismo ritmo. Las ganas y el deseo mantenían mi cuerpo aferrado al tuyo transmitiendo cada energía y poder que sentía. Y tu lo podías demostrar con cada grito o gemido de dolor cuando te hacia brincar.
«Me estas matando…» dijiste con voz placentera. Acompañada de una sonrisa pícara de disfrute que me calentó más aún.

Así que me dispuse a darte un beso negro. Un oral acompañado de caricias y mucha maldad. Lamerte en ese preciso momento fue increíble. Era ver como tu cuerpo se contorsionaba con cada movimiento de mi lengua. Saborear tus jugos lujuriosos y recorrer tus orificios de placer con mi lengua era casi diabólico. La maldad me invadió y quise introducir mi dedo en tu culo. Pero solo aguantaste unos segundos. Se que aún no lo haces por allí. Y mi meta era que me lo entregaras. Así que seguí jugando con tu orificio pero solo con mi lengua que con ella si me dejabas entrar con tranquilidad. Es fascinante verte y escucharte, sentir como tiemblas y como gritas de placer cuando sientes mi lengua penetrarte. Por instantes te mordía los labios y lamía tu clítoris y casi que me sentía una bestia salvaje con ganas de comerse a su presa. Así que cambie de posición y te invite a hacer un 69.

Solo sentir cuando te introduces casi por completo mi miembro en tu boca es suficiente para decir que eres dueña de mis placeres. Sentir como casi te atragantas y haces que tus ojos se nublen de lagrimas me llena de morbo. Yo solo podía seguir disfrutando del olor de tu sexo que me parece fascinante mientras seguía lamiéndote. Tu boca y tu lengua tienen el poder de hacerme estremecer y retorcer en la cama. Así que el favor es mutuo, no puedo quedarme atrás. Mi boca también juega con tu sexo y busco la forma de hacerte gemir de placer con solo los movimientos de mi lengua. Mis manos se encargan de acariciar tu espalda y tus nalgas. Es tan fascinante tenernos el uno al otro, parece que ambos podemos tener el control al mismo tiempo y buscamos volver loco al otro.
Me pasaría horas en esa posición, pero sabemos que en la variedad esta el gusto. Así que cambiamos de pose. Me levanto de la cama y te llevo hacia una peinadora, allí de pongo de espalda y dejo que tus manos se sostengan de ella. De pie puedo sentirte más indefensa siento que pierde el control. Levantó una de tus piernas y trato de que bajes al nivel de la peinadora. La pene tracción es profunda y fuerte. Tus gemidos son cada vez más altos y con un toque de dolor. Por eso decidiste darte vuelta y mirarme a la cara. Abriste tus piernas y me dejaste entrar de nuevo. Tu sólo te sostenías de mi cuello y mis manos te sujetaban las piernas. La penetración era tan profunda que solo aguantaste un par de minutos.

Nuevamente te lleve a la cama, esta vez volviste a apoderarte de mi sexo con tus manos y tu boca. Tu cara de placer me decía que debía tenerte miedo. Lo más parecido era verte comer un helado a punto de derretirse. Tu lengua se desplazaba de arriba a abajo, de un lado a otro. Chupabas, lamias, apretabas y acariciabas como diosa. Solo me mirabas a los ojos y decías: «Quiero tu lechita aquí en mi boca» y cerrabas los ojos y abrías tu boca poniendo la cara más porno que podías. Eso me encantaba. Siento que es mi debilidad. Al punto que verte masturbarme con esa cara me hizo explotar para ti. Un grito acompañado de palabras sucias salieron de mi boca, mientras transcurría el orgasmo. Tus labios y lengua jugaban con mis jugos y tus manos no paraban de acariciarme y hacerme retorcer en la cama hasta dejarme sin aliento.

Eres increíble. Tu sonrisa de placer y satisfacción era única. Era más excitante para ti verme así que hacerte sentir orgasmos múltiples. Quede noqueado. Aunque mi erección de forma sorprendente no desaparecía. Es que tu tienes algo que alborota mis sentidos y me vuelve insaciable. Creo que no descansamos mucho cuando ya estábamos nuevamente entrelazados el uno con el otro buscando el más alto nivel de placer y deseo que hubiéramos podido vivir antes. Mis manos esta vez sólo querían azotarte, darte nalgadas y apretarte muy fuerte. Sentí la necesidad de castigarte. Tus caderas me estaban volviendo loco. Perdí el control. Me desesperé. Lo salvaje que llevo muy dentro de mi se escapó. Azotarte era mi meta. Hacerte gritar. Dejar mis huellas en tu cuerpo. Demostrar quien es el verdadero dueño de tu piel.

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Sólo quiero verte bailar…

Desde qué supe que estabas practicando esa nueva disciplina aeróbica conocida como «poledance» mi mente no ha dejado de imaginarte. Ver tus curvas dando vueltas por un tubo de forma sexy y mostrarme tu elasticidad y capacidad aerobica, es lo más parecido a verte en la cama. Sumándole a esto la ropita corta y pegada al cuerpo que terminan de dibujar en mi mente cada una de tus líneas. Sobre todo esas grandes piernas que terminan en un trasero «pomposo» y provocativo que te invita a cometer el pecado de ser poseído con ambas manos y disfrutar de grandes caricias y apretones. Aferrarme a tus caderas y pegarte a mi, sentir como tu respiración cambia de ritmo. Como una sonrisa se escapa de tu boca y me dices con voz suave: – ¿Qué haces?
Tu cuerpo siente como mis manos te empiezan a recorrer por la cintura, tu piel se eriza inmediatamente, respiras profundo. Me pides que no siga. Porque sabes bien que me sé cada uno de tus puntos débiles. Y tienes claro que si empiezo no me voy a deter hasta tenerte en mi cama. Pero al mismo tiempo tu cuerpo te pide caer en la tentación, tus labios desean derretirse en los míos. Sabes que solo necesito unos segundos para empezar algo que puede que no termine. Pegarte a la pared tomandote de las manos para tratar de controlar tu cuerpo. Tu solo decías: – No hagas esto, no juguemos con fuego.
Solo te hable al oído y te dije: – Shhhh, Tranquila no va a pasar nada que tu no quieras. –
Tu sonreiste, miraste hacia arriba, y me dijiste con un poco de pasión y picardia: – Tu estás claro que entre tu y yo hay mucha tensión sexual, y que tarde o temprano va a pasar algo. Así que tienes solo 5 minutos para volverme loca, si no lo logras será mejor que te olvides de que esto pasó entre tu y yo. Pero si lo logras me tendrás completamente en todos los sentidos. Y se que harás tu mejor esfuer… – Te interrumpi inmediatamente con un beso, y mi mano en tu mejilla acariciando tu rostro. Nuestros labios se consumen en un beso largo y profundo. No faltaban las mordidas cada vez más fuertes, ninguno se quejó de dolor alguno, pero era obvio que cada vez las mordidas eran más fuertes. Tu respiración se aceleró al punto de parecer que estabas trotando, tus suspiros cada vez más profundos. Tu mano empezó a adueñarse de mi cabello y tus uñas empezaron a incrustarce en mi piel, pero no hice ni el más mínimo reclamo, todo lo contrario, sentí que cada segundo me excitaba más y más. A su vez mis manos ya recorrían tus curvas. Explorando centímetro a centímetro cada parte de ti. Tu cintura, tus caderas y como no adueñarse de las grandes nalgas que ya tantas veces había fantaseado tenerlas entre mis manos. Te tenía entre la pared y mi cuerpo, y te apretaba tanto que parecía que fuera a traspasar el muro que tenias en la espalda. Subí tus brazos, te besaba en el cuello, tu solo te dejabas llevar con los ojos semi abiertos y fue cuando decidiste quitarte la blusa. Había fuego en tus ojos, tu boca estaba roja de tanto mordernos, así que tu lengua hizo un recorrido sexy por tus labios, humedeciendolos mientras te mirabas los senos cubiertos por un brassier animal print tipo manchas de jaguar. Que mejor señal para demostrar la fiera que llevas por dentro. Te lanzaste a mi nuevamente devorandome con tus besos insaciables. Mis manos se aferraron al botón de tu pantalón con la intención de desabrocharlo.
-¿Estas seguro de lo que quieres hacer? – me dijiste con voz casi en secreto susurrante.
Yo te respondí casi rompiendo el cierre de tu pantalón y dejándolo caer un poco, ya que tus grandes caderas no dejaban que se cayeran solos.
-¿Entonces? termina de arrancarme está mierda de encima y empezemos… – Dijiste ya casi desesperada.
Así que te arranque todo lo que te quedaba encima. Y mis manos perdieron el control. Y lo que por un momento pensé que sería yo quien empezaría dominando la situación, resultó que no fue así. Fue como una transformación lo que te invadió. Me empujaste contra la pared, dejando mi espalda contra ella y aferrandote de mi cabello me besaste con suma pasión, casi arrancabas mis labios. Tu boca y tus dientes me hacían saber lo salvaje que puedes ser. Tus manos me sujetaron con fuerza. Casi siento que tienes todo el control de mi cuerpo Hasta que logre cambiar de lugar contigo y eras tu quien quedaba contra la pared. Mis labios se adueñan de tu cuello, y un gemido brota de tu boca. Así que te dije al oido: -¿Qué pretendes? ¿Crees que vas a dominarme? – tu solo sonreiste con cara de maldad. Tomaste aire y cuando menos me lo espere, me sujetaste y me llevaste hasta el mueble más cercano a ti diciendome: -Tu sabes bien que no puedes conmigo…- y montandote encima de mi me sostienes las manos y me dices: – Creo que es hora de que conozcas una faceta de mi que no conocías.»
Los besos no tardaron en ser los primeros protagonistas en esta situación. Nos degustabamos como si nos estuviéramos comiendo una fruta jugosa. Nuestras manos nos acariciaban cada centímetro de nuestros rostros, de nuestros cuerpos. Era un deseo reprimido que no le habíamos dejado la libertad de expresarse. Era tan fascinante poder ser dueño de tus labios por un momento. Sentir tu aliento y tu respiración tan cerca de mi. Beber de tus labios todo el placer que emanas de ellos. Y poder arrancar cada prenda de tu ropa hasta adueñarme de tu cuerpo. Adueñarme de tus curvas. Adueñarme de toda tu piel. Tus pecas. Contarlas una a una con mis labios. Tu cuerpo luchaba con dominarme o ser dominado.

«¿Por qué actúas así? Liberate… se la mujer que en el fondo eres» te dije mirándote a los ojos.
«¿Que mujer ves en mi? ¿Crees que por tener este cuerpo debo ser la más puta en la cama?» Dijiste con voz casi regañandome.
A eso respondí: «Tu eres la unión de ambos mundos, puedes ser desde la niña más inocente e infantil a la mujer mas perversa y atrevida en el sexo. Solo hay que saber que botón tocar…» sonreí y te guiñe el ojo.

Tu reiste a carcajadas. Y respondiste: «Y por lo visto tu ya sabias cual es el botón que debías tocar. Es que tu eres muy detallista e inteligente. Sabes seducir. Pero no tengo que decirte algo que ya sabes. Quiero saber es ¿como me ves a mi?

¿Cómo te veo? Lo que yo quiero es mostrarte cómo te deseo…

Y tumbandote en el mueble y aferrandome a tus manos las deje por encima de ti. Nuevamente nuestros labios se unieron en un largo y apasionado beso. Te liberaste de mis manos y te aferraste a mi espalda. Tus manos me recorrían con tus uñas. Tus piernas de pronto me envolvieron. Me apretaste con fuerza. Esto se veía como una demostración de fuerza y dominación. Estar entre tus piernas era un sueño adorado. Pero sentir como ellas tenían el control sobre mi… ya empezaba a cambiar a percepción que tenia con ellas. Me tenias sujetado a ti. Esto prometía ser una batalla campal. Ver tu cara de maldad a sabiendas que tenias el control sobre mi era fascinante. Tu sólo sonreias. Y por instantes ponías tu cara de niña buena e inocente. Era esa mezcla loca de dulce y picante.
«Te reto a que me hagas tuya» me dijiste con voz desafiante. Eso mas que un reto sonaba a un riesgo que debía tomar. Una mujer con tu contextura física estaba claro que no se dejaría dominar con facilidad. Y tu lo sabias y disfrutabas de la situación.

El forcejeo le daba un toque de locura a esto. Y sabes bien que me gusta así. Esa mezcla de dolor y placer, de dominación y sumisión. La idea era agotar tus fuerzas físicas. Lograr que te rindieras ante mi. No la tuve fácil. Ver como tus brazos se tensaban forcejando para librarse de mi. Y al mismo tiempo tus piernas me apretaban a tu cuerpo apretandome como con intensión de cortar mi respiración. Solo quedaban nuestras risas y besos repentinos acompañados de mordiscos y algunas lamidas sexys de tu parte sobre mis labios.
Hasta que hubo un instante donde se acabaron los juegos. Donde nuestros labios se dedicaron a saborearse de manera diferente. Donde las caricias empezaron a ser mas eróticas y provocadoras. Justo el momento donde tu respiración cambio de ritmo. Justamente ese momento donde en tu mente decías: «coño e’ la madre… caí» y sonreías con picardia.
Mis manos te acariciaban cada parte de ti, desde tu cuello hasta tu enorme trasero. Cada caricia iba cargada de descargas eléctricas que ponían tu piel de gallina, erizado cada bello de tu piel. Una de mis manos se adueñó de tu cabello, aferrándose a el como queriendo controlar tus movimientos cual potra salvaje. La otra estaba entre tu cintura y tus nalgas. ¿Como no querer aferrarse allí? Si era el centro de tus movimientos.

«Se que me quieres agarrar bien el culo, y te la voy a poner más fácil.» Me dijiste con risa en los labios. E intercambiamos los lugares, ahora era yo quien estaba debajo de ti. Pero… creo que fue muy pronto haberte dado ese control sobre mi.
«¡Ja jaaaaa! Ahora si…» dijiste con voz maligna esta vez tomando mis manos hacia arriba.
«Se que me quieres tocar… pero ¡no! Antes quiero verte sufrir un poquito…» así que empezaste a mover tus caderas sobre mi muy suavemente. Y con voz susurrante me decias: «Te tengo en mi poder… veamos que tanto aguantas».
Tus poderosas piernas me apretaban. Tu pelvis me rozaba cada vez más fuerte. Se que podías sentir mi erección. Sentía que mi pantalón no soportaba más y tenia que ser despojado de el. Tu con tus dedos de las manos entrelazados con los míos no me permitías tocarte. Lo que más disfrutaba de esto era tener tan cerca de mis labios tus senos. Ese par de melocotones provocativos listos para ser devorados por mi. Tu sólo los acercabas lo suficiente como para rozar mis labios y seguir tentandome. Hasta que dejaste que mis labios se adueñaran de uno de ellos, entre lamidas, besos, mordiscos y succiones me permitiste hacerte cerrar los ojos y morder tus labios del placer que te hacia sentir. Tus manos dejaron de apretar las mías, y se fueron hasta mi cuello y se aferraron de mi cabello. El movimiento de tus caderas eran más y más intensas. Te acercaste hasta mis labios y me dijiste mordiendo al mismo tiempo mi labio inferior: «Sabía que no te debía dejar tocarme… ahora no quiero que pares de hacer lo que haces… No pongas esa cara de sobrado!!» Dijiste casi gritando.
Mi sonrisa no cabía en mi cara, el solo haber llegado a este punto y lograr que dijeras eso levantaba más que mi ego.

Mis manos se dirigieron a tus caderas e introduciendo mis pulgares entre tu piel y tu pantalón te despoje de una parte de él solo dejando al descubierto tus nalgas. Y de regreso mis dedos te acariciaron suavemente, pero fue imposible no apretarte con ambas manos con fuerza y darte una nalgada a dos manos.

«¡Ay coño! -gritaste- ¿no te ibas a sentir satisfecho si no me hacías eso verdad? Verga… si te vieras la cara».

«Un deseo reprimido de niño malo» te dije con cara de maldad confirmando tu pregunta.

«¿Niño malo? Veamos que tan malo es este niño» y con una sonrisa maligna te terminaste de quitar el pantalón. Desabrochaste el mio y empezaste a bajar el cierre.

«Sabes que yo tengo una curiosidad por descubrir… y creo que estoy a segundos de saberlo» me dijiste con voz de niña curiosa.

Bajaste un poco mi pantalón, dejando al descubierto mi bóxer blanco y notabas como se marcaba mi erección en el.

Continuará…
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