sudor

Sexo, sudor y calor…

¿Te pasa igual que a mi? Hay noches que huelen a sexo, donde nuestros cuerpos solo desean ser poseídos y entrar en una sesión de pasión desenfrenada. Donde sólo deseas arrancarte la ropa y quedar completamente desnudos, es más, creo que ni daría tiempo para esto, y empezaríamos a fornicar con la ropa. Los besos empiezan todo acompañados de pequeños mordiscos y lamidas por cuello y hombros. Nos aferramos de nuestras cabelleras y con la otra mano nos adueñamos de las nalgas del otro. Quiero romper tu blusa y destapar tu pecho y dejarlo a merced de mis labios. Quiero disfrutar de cada uno de ellos, darme el placer de besarlos y lamerlos hasta ver y sentir tu pezón erecto. Quiero con mi otra mano arrancar tu pantalón. Dejar al descubierto tus pantis ya húmedas del néctar del placer. Mi boca no dejaría de besar esos labios tentadores, quiero dejarte sin aliento, sin respiración. Que mis dedos jueguen dentro de ti, tocándote, acariciándote, disfrutándote centímetro a centímetro. Uno, dos, tres dedos en tu sexo, y sigues pidiéndome mas. Tendré que usar un juguete contigo la próxima vez, esos que vibran y te sacan los más intensos orgasmos.

Veo que estas deseosa de mas. Quiero llevarte al punto más alto antes de penetrarte. Así que mi boca empieza a bajar por tu cuerpo. Lamiendo tus senos, mordiendo tu piel. Hasta llegar a tu sexo húmedo y deseoso de placer. Allí empieza una batalla de lujuria y deseo, una lucha de poder, entre tus labios y los míos. Mi boca te consume, te disfruta a plenitud. Tus gemidos y quejidos son referencia de que lo estas disfrutando cada vez más. Tus manos se aferran a mi cabeza controlando ciertos movimientos, siento como me clavas las uñas por el cuero cabelludo. Alzo mi mirada para ver tu cara. Tu boca entre abierta con respiración acelerada, unos ojos llenos de fuego, me daban a entender que no debía detenerme ni por un instante. Mis dientes se clavaban en tu vulva mientras mi lengua te penetra y juega con tu clítoris. Sentir como te vienes en mi cara me hace sentir el mejor amo sobre una dulce sumisa complacida. Saborearte era mi mejor premio. Ver tu piel erizada mi mejor regalo.

Escucharte con voz acelerada por la intensidad del momento, me despertaba los más bajos instintos. Eres mía, así de simple, yo poseo el control de tu cuerpo, de subirte, de bajarte, de hacerte gritar, de hacerte gemir.

Te puse en cuatro, pero no para penetrarte, esta vez quise darte un sexo oral de esos que te dejan sin respiración. Mis labios y mi lengua se darán el placer de saborearte, oler esa fragancia de éxtasis y lujuria. Sentir como mis labios se empapan de tus jugos, ver como las gotas recorren tus piernas sólo hace que mi erección se incrementé cada vez más. Un beso negro se apodera de ti. Mientras mis dedos te penetran como una máquina de placer. Quien diría que una mujer como tu despertaría esta llama ardiente en mi. Esto va más allá de los años de vida que tienes. Yo lo veo como años de experiencia, locura y deseo acumulado que quieren explotar en el cuerpo de un hombre más joven que tu. Son sólo trece años más que yo, así que no puedes ser mi madre. No hay ningún remordimiento. Así que después de esta sesión de sexo oral te clavare mi miembro dentro de ti, empezando primero dulce suavemente con sólo la punta, mi glande y tus labios jugando a provocar. Hasta llegar al punto donde ya no aguanté más y sin avisarte lo sientas dentro de ti y te haga gritar malas palabras. Quiero darte tan duro y tantas veces que quiero verte llorar, quiero escucharte pidiéndome clemencia, quiero que desees haberme conocido hace 10 años atrás.

Quiero verte arrancar las sábanas de tu cama con cada embestida que te de. Quiero verte golpear el colchón cada vez que sientas mi miembro dentro de ti y no lo soportes dentro de tu culo. Quiero que gimas, que grites mi nombre una y otra vez, hasta que te grabes quien es tu nuevo dueño. El dueño de cada orgasmo que expulsa tu cuerpo. El dueño de tus gemidos y de tu piel.
Quiero sentir la fragancia de tu piel mientras te beso. El olor de tu pelo al despeinarte con cada sacudida. Unir tu cuerpo y el mío en uno sólo, mezclando tu lujuria con la mía. Es fascinante hacerle el amor a una dama, a toda una señora, pero que se transforma en una sumisa del sexo cuando toca mi cama. No importa cuantos años tienes, lo que importa es cuantos de estos los disfrutaste a plenitud y los que aún te faltan por vivir. Como siempre te dije, VIVE.

Vive las aventuras que nunca viviste antes, haz las locuras que nunca antes te atreviste a hacer. Cumple cada una de tus más perversas fantasías.

Déjate llevar a un mundo sin límites y sin control, donde yo soy el dueño de todas tus fantasías y tu eres mi esclava…

Continuará…

Mi Esclava

Karina5-UB

Mi fantasía dorada…

Esa cara de niña buena con cabellos dorados, pero con mirada de mujer picara e insaciable en la cama, me ha hecho imaginar tantas historias donde nuestros cuerpos se vuelven protagonistas y se entregan en una batalla de pasión y placer. Muchas veces pienso en solo pedirte que me cumplas un deseo, regalarme una noche, una nada más. No te pido mas, que me des tu mano y te dejes llevar, entra en mi mundo. Haré que repitas tanto mi nombre que te aseguro que no lo olvidarás. Quiero verte desnuda y exhibiendo tu cuerpo por todo mi cuarto. Deseo ver como cada una de tus prendas caen al piso dejando al descubierto tus grandes y hermosos senos, ver las curvas de tu provocativa piel blanca con pequeñas marcas de bronceado de tu traje de baño.

Debo confesar que me tienes loco. Y que tengo ganas de probar tu cuerpo, quiero que mi boca se apodere de ti, que mis manos te recorran por entero hasta verte erizar la piel y endurezcan tus pezones. Quiero disfrutar del momento. Entrégate a mi sin pensarlo y juega conmigo. Te reto. Así como tu me haz retado a mi en varias ocasiones. ¿A que le temes?
¿A que me vuelva el dueño de tu piel? Quiero que te vuelvas a sentir viva, quiero que expreses tus ganas, tus deseos, tus fantasías. Quiero hacerte sentir lo que ningún otro hombre te ha hecho vivir. Placeres que van más allá de lo que ya estas acostumbrada, sensaciones que a partir de ese momento querrás sentir siempre.
Cada vez que te miro a lo lejos, lo hago para analizar cada parte de ti. Cada curva de tu piel, cada expresión de tu cuerpo. Como hablas, como caminas, como te expresas, hasta cómo disfrutas de un buen perfume rociado en tu cuerpo. Como degustas y saboreas al comer algo rico. Detalló cada parte de ti. Conozco cada parte de ti. Y por esa razón se bien que te gusta y que no.
Te imagino disfrutando de un buen baño de espuma, en un jacuzzi blanco con grifos dorados. Con música de ambiente suave y preferiblemente alguna canción que te sepas y puedas cantarla a viva voz. Si este baño va acompañado de una botella de champaña mejor aún. Y adicionalmente algo para picar y degustar en el paladar. Te veo acariciando tu piel con tus manos y una esponja haciendo mucha espuma mientras tu dulce voz canta y tu boca sonríe. Sonríes porque estoy presente, sentado mirándote, disfrutando con solo verte. Me seduces. Enjabonas tus brazos, tus piernas, lo único que me dejas ver, ya que te encuentras debajo de mucha espuma. Y sin quitarme la mirada de encima sigues cantando y acariciando tu piel. Tu voz cada vez suena más sensual, casi orgásmica. Es cuando te pones más erótica, empiezas a jugar con tu pecho escondido bajo esa espuma pero dejas ver el movimiento de tus manos acariciándolos. Tus ojos se cierran un poco, humedeces tus labios, y de pronto me haces ver que una de tus manos baja a tu entrepierna y comienzas a darte placer. Tu cabeza se inclina hacia atrás. Dejas de cantar… Ya no puedes controlar tu respiración acelerada. Tus labios empiezan a ser mordidos en algunos instantes, en otros sólo tú boca queda entre abierta. Dejando salir uno que otro suspiro, uno que otro jadeo, y una que otra sonrisa pícara al mirarme y saber que me tienes estupefacto. Te veo acelerar los movimientos y los gemidos que salen de tu boca. Ya los acompañas de palabras y murmullos. La espuma se está desapareciendo ya empiezo a ver tu cuerpo desnudo, primero ese par de senos sexys y provocativos como un par de jugosos melocotones. Tu los acaricias al ritmo de la música con tu otra mano. De pronto ambas manos estaban jugando erótica y provocativamente con ambos senos, acariciado tus pezones y recorriendolos con gran placer.
Ambas manos se van a tu entrepierna y después de unos segundos un gemido se apodera de ti…
Seguido, una carcajada y tu cara de maldad mordiendo tu labio inferior. Te pones de pie dejándome ver tu cuerpo húmedo y aun con algunos rastros de espuma. Abres la ducha, y empiezas a enjuagar tu cabello rubio dejándome admirar cada una de tus curvas mientras tus manos te recorren con picardia durante este baño placentero.

Me pides que te acerque la toalla. Mi mano temblorosa la toma y casi se me cae. Te das cuenta que descontrolas mis sentidos. Así que tomas una crema corporal, la untas en tus manos y empiezas a recorrer tus brazos y piernas, haciéndolo de forma lenta y como si quisieras provocar que mi mente y cuerpo explote del calor que me provocas. Luego tus manos pasaron la crema por tu abdomen y tus manos llegaron a tus enormes senos, y volviste a sonreír maleficamente con gran picardia.

«-¿Quieres ayudarme?» – me dijiste pasándome el envase de la crema y sonriendo nuevamente.
«-Solo podrás ponerme crema en los lugares donde mis manos no puedan llegar ok.» – dijiste con voz sexy.
«-¿Que creías? Que me ibas a tocar «las niñas», se que mueres por hacerlo, se que quisieras tenerlas en tus manos, en tu boca. ¿Crees que no siento tus miradas de deseo? Se que te gusta jugar, así que prepárate para jugar conmigo. Quiero ver que tanto podrás soportar tenerme cerca de ti sin desear lanzarte encima de mi. Ya te lo he dicho antes, se que quieres hacerme tuya. No te hagas el duro. Me deseas.» –

Yo solo tome la crema, te di la vuelta, y empecé a darte un masaje en la espalda y hombros. Pero tu empezaste a suspirar con cada caricia. Hacías que mi mente volará. El deseo me invadía. Pero con tan solo el olor de tu piel despertabas mis instintos. Te sujete de pronto por el cabello. Y con voz sexy y susurrante dijiste: -¡Dominame!

Me aferré a tu cabello cual si fueras una potra salvaje. Te acerque a mi cuerpo para sentirte muy cerca, poder sentir tu calor. Poder escuchar tu respiración. Mi boca se adueñó de tu oído y mis dientes deseaban comerse tu oreja y tu cuello. Una de mis manos por fin se aferro a tus hermosos y atractivos senos. Suspiraste fuertemente, tus manos sujetaron las mías y me ayudaste a recorrer tu figura, guiándome por donde querías sentirme. Mi erección fue evidente. Ya tus nalgas rozaban con malicia mi miembro. Te acerque al lavamanos. Y mientras nuestros ojos no dejaban de verse reflejados en el espejo te tome de la cintura y te penetre con suavidad, estabas muy húmeda, tu boca se entre abrió y tus ojos se cerraron. Te inclinaste un poco hacia abajo para sentirlo más profundo. Y con voz susurrante dijiste: «-No pares. Ya me tienes donde querías».
Una ola de perversión me invadió en ese momento. Mi cuerpo estaba en el lugar correcto en el momento correcto. Mis embestidas contra tu cuerpo generaban más placer y lujuria en nosotros. Tus gemidos alborotaban mi mente. Y cada segundo era mas fuerte, más placentero, más incontrolable. Verte gritar palabras sucias me calentaba cada vez más. Se que tu disfrutaba más por mi expresión en la cara que por todo lo demás. Cuando levantaba la mirada y me veías por el espejo tu sonrisa de maldad y perversión lo explicaba todo. Tus caderas se movían con más rapidez, tus gemidos eran más profundos, querías acabar conmigo en pocos minutos, dejarme sin aliento. Pensabas que había caído en tu red… y no era así.
Cuando estuve a punto de explotar que me llevaste al borde del éxtasis… me detuve.
«-¿Qué pasó?»- Dijiste de inmediato.
Te tome del cabello fuertemente. Y mirándote a los ojos te dije: «-¿Estas lista para entrar en mi mundo?» – Tu solo sonreíste y dijiste con voz de ramera: «-Haz lo que quieras conmigo papi…»
Te lleve a la cama y de forma salvaje te lance en ella. Y empecé besándote desde los pies. Disfrutando cada dedo. Pero descubrí que las cosquillas invadían tu cuerpo. Así que tuve que amarrar cada mano y cada pierna. Tu solo me mirabas con asombro como queriendo detenerme pero al mismo tiempo deseabas experimentar aquella escena.

Allí estabas atada y a mi merced. Podía besarte y tocarte con suavidad y tu no podías hacer nada… mas que disfrutarlo. Empecé a subir por tus piernas con mi boca usando mi lengua para saborearte y ver como empezabas a temblar, sabias bien que mi boca tenía un primer destino fijo… tu sexo.

Cuando casi estoy por llegar, un escalofrío te invadió, un suspiro largo y profundo seguido de una mala palabra que no voy a escribir explotaron de tus labios. Fue cuando mi boca entró en contacto con la humedad de tu sexo. Sentir esa fragancia de perfume erótico y afrodisíaco que emana tu cuerpo me llevo a sentir el más emocionante orgasmo mental que hacía que mi cuerpo te deseara aún más. Disfrutar del sabor a miel de tus jugos, escuchar cada una de tus respiraciones profundas y algunos gemidos iban haciendo el ambiente cada vez más caliente.
Mi boca se encargó de hacerte sentir un pequeño orgasmo que te llenó de pasión y te hizo hablar: «Qué vaina más buena… no pares por favor… Dios mio… ¿por que esperamos tanto para vivir esto? Conoces mi cuerpo como si antes hubieras estado conmigo… Desatame por favor, sueltame las manos… DIOOOOOOS!!» Está última palabra la dijiste gritando y tratando de soltarte.
«-¿Qué sucede mi catira, no me digas que no aguantas estas mínimas caricias? Si apenas estoy empezando a descubrir tus debilidades y aun no te tengo donde quiero…» y pasando mi lengua lentamente por tu clítoris logre hacerte gemir y que empezaras a tener de nuevo varias contracciones. Mi barba te rozaba levemente los labios después que mi lengua los humedecía. Mi nariz podía percibir ese aroma sexual que brotaba de tu vagina. Mi corazón se aceleraba segundo a segundo. Mi cuerpo sólo pedía devorarte sin piedad. Hacerte perder la cabeza, hacerte sentir lo que ningún otro hombre te ha hecho sentir antes. Llevarte a los límites del deseo y la pasión, del placer y la lujuria, llevarte a mi mundo. Cumplir cada fantasía que tuve contigo deseándote en silencio.
Te solté las ataduras que no permitían utilizar tus manos y tus piernas. Fue como liberar una fiera salvaje, me atacaste inmediatamente cual felina sobre su presa. Te posaste sobre mi cuerpo y tomaste el control de mi sexo. Tus movimientos eran de una mujer insaciable y vengativa.
«-Eres mío ahora» – me dijiste nuevamente con sonrisa de niña haciendo una travesura. Y eso es lo que más me encanta de ti, ese rostro de niña buena e inocente, y ese cuerpo y actitud de mujer fatal que te hacen pensar en cada aventura atrevida.
Mis manos se adueñaron de tus caderas, aferrándome con fuerza y controlando tus movimientos de pelvis. Mis ojos no se despegaban de tus sensuales pechos, ni de tu boca y cada palabra sucia pero erótica que salía de ella. De pronto llevaste tus pechos a mi cara y empezaste a jugar con ellos sobre mi boca. Disfrutabas con solo verme, lo se. Sabes que me vuelven loco con solo verlos ya puedes imaginarte como me tenían al tenerlos sólo para mí.
Te empuje y cambiando de posición me subí sobre ti. Trataste de soltarte. Muy en el fondo sólo deseabas sentirte dominada y controlada, pero querías luchar, no te ibas a entregar y ya. Forcejabas conmigo. Eso me emocionaba cada vez más. Y tu lo Disfrutabas más que yo. Hasta que logre penetrarte de nuevo y empecé a moverme e inmediatamente te quedaste inmóvil. Levante primero una pierna tuya y la lleve a la altura se mi hombro. Una de mis manos apretaba tus pechos la otra sostenía tu pierna a lo alto. Y mi boca te mordía levemente el pie, pequeños mordiscos que se intensifican al mismo ritmo de mis embestidas dentro de ti. Tome ambas piernas y las lleve a lo alto, te coloque una almohada debajo de tus nalgas y te dije: «-Quiero que me regales un orgasmo» y mis embestidas empezaron a ser mas fuertes y profundas. Lleve ambas piernas a mi hombro derecho y te daba cada vez más fuerte. Cuando empecé a escuchar tus gemidos me acelere más, así que te abrí de piernas y me pose sobre ti besándote con pasión. Diciéndote lo mucho que te deseaba, lo mucho que me encanta verte y tocarte. Decirte: «-Eres mía… dímelo. Quiero escucharlo de tus labios… sabes que eres mía carajita. Se que soñabas con tenerme en tu cama y hacerme tuyo. Regálame tus gemidos, quiero ver que tan puta puedes ser conmigo ¿O lo tuyo eran sólo palabras y provocaciones?» – Así que me pegue a tu oído y empecé a hablarte sucio…
«-Anda perrita, hazme explotar de placer. Clavame tus uñas en la espalda y marcame. Muerdeme! Hazme tuyo! Gime como zorra para mi…»
Tus gemidos se incrementaron. Tu cara de perversidad era única. La humedad de tu entrepiernas, fabulosa.
Fue cuando de pronto sentí que tu frente se pegaba con la mía como queriendo frotar y sacar chispas. Tu boca empezó a devorarme y a morderme con fuerza. Y empezaste a hablarme sucio como tanto lo deseaba… no deseaba que acabara el momento. Como no deseo que acabe este relato… pero esta vez, esta historia llega hasta aquí. Pero de seguro continuará…

 

Foto: Modelo Karina Ortega

20140114-084724-a.m..jpg

Pues toma para que te enamores (parte 3)

Desde qué tus ojos maquillas y tu boca la pintas frente a mi, haces que mi mente pierda el control y mi fantasía siga volando cada vez más. Mirarte, abrazarte, sentirte cerca de mi, oler el perfume de tu piel, se a vuelto una necesidad. Cada vez que mi piel roza la tuya desencadenas un sin número de sensaciones que algún día no podré controlar. Probar tus labios hasta que se disuelvan en mi boca. Sentir tu aliento tan cerca que nos sea imposible ya separar nuestros cuerpos. Dejar que nuestros labios se consuman en un beso largo y profundo. Que nuestras manos se vuelvan tan inquietas y empiecen a explorar cada centímetro de nuestros ansiosos cuerpos. Ansiosos por sentirnos tocados, acariciados, deseados.

¿Lo recuerdas? Aquel día donde con sólo entrelazar mis dedos con los tuyos te hice el amor energético. Apretar los dedos hasta que podíamos sentir la palpitación uno del otro. Acariciar tus dedos era como recorrer tu cuerpo, sentir cada caricia, cada roce, cada apretón hacía que nuestras mentes volarán y nos llevara a sentir sensaciones que nunca habías sentido antes con ningún otra persona. Fue como meterme en tu mente y en tu fantasía y hacerte sentir lo que imaginabas con cada apretón en tu mano. Mientras mas fuerte te apretaba podía sentir que tus latidos se aceleraban y uno que otro suspiro salía de tu boca. Sólo con una mano pude hacerte sentir lo que tanto deseaba mi cuerpo, lo que con palabras no me había atrevido a decirte. Con sólo una mano pude hacerte humedecer tu sexo sin siquiera tocarlo. Ya puedes imaginar de lo que soy capaz de hacer sentir si sólo me dieras la oportunidad de romper la barrera que nos separa. Cada dedo de tu mano era una parte de tu cuerpo, cada vez que tocaba uno de ellos era una parte de ti, mientras te tocaba mi mente iba narrando otra historia, por eso cerraba mis ojos y me desconectaba del mundo. La gente a nuestro alrededor podría pensar que ambos dormíamos como unos niños, ambos con los ojos cerrados y sólo conectados por mi manos derecha y tu izquierda, entrelazados cual novios enamorados cual grandes amigos y confidentes.

No sabes lo mucho que disfrutaba ver como casi mordías tus labios en cada apretón que te daba, como tu expresión corporal te delataba y me hacia saber que lo disfrutabas tanto o más que yo. Creo que me faltó muy poco para hacerte llegar al orgasmo. Pero ese será mi próximo reto…

Continuara

 

seduccion

Pensamientos perversos…

Como no caer rendido ante unos ojos claros que poseen un encanto sobrenatural. Tu sonrisa tentadora que va adornada de unos provocativos labios, esos mismos labios que cada vez que los veía hablar hipnotizaban mi atención, haciéndome fantasear tantas veces que podía besarlos y morderlos a mi gusto. Saborearlos con placer, degustarlos cada segundo, cada centímetro.  Tenerte muy cerca siempre fue una tentación, una lucha interminable y absurda entre lo que deseaba mi mente y a veces mi corazón.

Siempre fuiste una mujer que no necesito desnudarse para provocarme, ya que con ropa o con muy poca poseías un poder encantador para robar mis miradas y llamar mi atención. Como no volverse loco con todas tus curvas, la curva de tu sonrisa principalmente tan dulce y seductora. Seguida de las curvas de tus senos, firmes y tentadores. Las curvas de tu cintura, estrecha y llamativa, las de tus caderas, sexys y seductoras. Y finalmente mi favorita las curvas de tu trasero, es que se ve tan firme y provocativo que juro que mis manos tiemblan cada vez que pasan cerca. Es que si mi cuerpo llegase a acercarse demasiado a tus curvas se desencadenarían un sin numero de situaciones.  ¿Sabias que cada vez que te veo tengo pensamientos perversos? Si, es verdad, ¿por que sonríes? Pegar tu boca a la mía sin llegar a tocarnos, acariciándonos con el aliento y respirándonos las ganas de comernos el uno al otro.
Confieso. No quiero sentir tu piel como cualquier otro hombre que haya existido antes de mi. Quiero hacerte disfrutar y descubrir una nueva forma de sentir placer. Más allá de tus sentidos, más allá de tus pensamientos y quizás más allá de tu imaginación. Quiero explorar tu piel con cada sentido que tengo. Y que al mismo tiempo uses todos los tuyos para sentirte diferente.

Quiero mirar tu piel blanca, tus vellos casi rubios, algunas pecas y lunares que invaden tu cuerpo. Quiero sentir el aroma de tu cabello, de tu cuello, de tu abdomen hasta llegar a tus piernas. Así probar el sabor de tu sexo, de tus labios y tus besos. Escuchar el gemir de tu voz, tu respiración, tus suspiros, los latidos de tu corazón. Tocar las curvas de tu pecho, acariciarlos uno a uno, seducirlos, provocarlos. Mi boca sería responsable de hacer erizar tu piel, mis labios y mi lengua cómplices de la lujuria y la seducción.

Recuerdo la primera vez que dormiste junto a mi cama. Yo observándote en silencio y fantaseandote a lo lejos pero tan cerca. Sólo un paso nos separaba de una cama a otra. Tu con un pequeño short tipo cachetero y una franelilla caminabas desfilando tu hermoso cuerpo por mi habitación. Mis ojos no dejaban de mirarte, mi mente de desearte. Escucharte hablar era mi mayor afrodisiaco, el tono de tu voz era el indicado para hablar de sexo, de juegos lujuriosos, pasiones secretas y deseos escondidos. Que más deseaba yo que me hablarás susurrándome al oído, era suficiente para erizar mi piel y hacerme encender el éxtasis que llevo por dentro.

¿Recuerdas esa noche que el aire acondicionado estaba en 17 grados y el frío era demasiado fuerte que te obligo a pasarte a mi cama? Buscando el calor de mi cuerpo y mis sábanas. Fue increíble sólo rozar tu piel y sentir tu aroma, escuchar tu respiración. Una de mis manos se apoderó de tu cadera, a los pocos segundos una lucha mental entre si ir a tu cintura o a tus nalgas, pero mi mano término deslizandose a tu abdomen, rozando tu ombligo y tan cerca de tus seductores senos. Una llama ardiente invadía mi cuerpo. El tuyo cada vez se pegaba más a mi buscando ese calor. Cuando menos lo pensaba ya mi mano derecha acariciaba sutilmente cada pecho tuyo, eran firmes y voluptuosos, un pequeño y susurrante gemido salió de tu boca. Tu cabeza se inclinó buscando que mi boca quedara junto a tu oído. Querías escuchar mi respiración como se aceleraba. Mis labios empezaron a besarte suavemente y algunos leves chasquidos surgían de mi boca para provocar tus sentidos. Te moviste un poco para dejar que te abrazara por la espalda con ambas manos. Y sujetando las mías te las llevaste a tus senos apretándolos fuertemente, mi boca se apoderó de tu cuello inmediatamente. Tus caderas presionaban mi sexo queriendo sentir mi erección. Mi corazón se aceleró ya sin control. Mis manos se intercambiaban posiciones por todo tu ser. Centímetro a centímetro fuiste recorrida por ellas. Hasta qué tomaste el control de una de ellas y la llevaste al centro de tu entrepiernas. Allí te detuviste, dejando a mi merced las caricias de mis dedos dentro de ti. El éxtasis afloraba en tu cuerpo, el néctar de tu cuerpo invadía mis dedos, los movimientos de tu pelvis me calentaban cada segundo. A veces una de tus manos se unía al juego para indicarme si deseabas más profundidad o más intensidad. Mientras tanto mi otra mano jugaba con tu boca, besabas mis dedos y yo insitandote a morderlos, necesitaba sentir ese dolor placentero de tus dientes incrustados en mi piel. Cada vez que lo hacías mi otra mano respondía con mayor fuerza entre tus piernas. Ya empezabas a entender mi lenguaje. Clávame las uñas, gime lo que quieres y muérdeme con todas tus ganas pero sobre todo pídeme que no pare.

El calor empezó a hacerse sentir debajo de las sabanas, nuestras respiraciones hacían música junto a los gemidos y nuestros cuerpos bailaban al compás de ellos. Volteaste para quedar frente a frente y con tu voz seductora y llena de deseo, apenas logrando susurrar me dijiste besándome los labios: «Hazme tuya, hazme olvidarme del mundo, de mis problemas, de todo. Hazme sentir que aun despierto deseos y malos pensamientos.» Un beso profundo invadió nuestros labios, nuestras lenguas jugaban al placer, hasta logran sentir como mi cuerpo entraba en ti. Mis labios fueron quienes pagaron las consecuencias, ya que eran mordidos cada vez con mas fuerza por cada centímetro que te penetraba. Sentía que querías comerte mis labios, tus manos se aferraban a mi cara casi queriendo clavar tus uñas, tu frente pegada con la mía como queriendo que tus ojos quedaran lo mas cerca posible de los míos. Mis manos controlaban algunos de tus movimientos de cadera, aunque preferían disfrutar la situación acariciando tus nalgas. Te separaste arqueando tu espalda hacia atrás sin dejar de mover tu pelvis contra mi, logrando la mayor penetración posible. Me miraste con esos ojos seductores, me tentaste,  me prendiste, me sedujiste. En pocas palabras despertaste mis instintos depredadores, quería devorarte. Tus movimientos eran impredecibles, incontrolables, salvajes. Mi mente me decía: Llego el momento, ella quiere que la tire, que la jale, que la agarre y la acorrale, que la apriete y la penetre hasta lograr su sumisión.

Tu de pronto cerraste los ojos, abriste levemente la boca dejándola abierta, un suspiro mezclado de un gemido salio de tu boca, tus uñas se clavaron en mi pecho, tus piernas se entrelazaron con las mías y dejaste explotar el orgasmo mas excitante que haya visto en mujer alguna. Mordiste mi pecho, mis labios. halaste mi cabello, descargabas toda tu energía acumulada de placer arañando mi cuerpo, el dolor que me hacías sentir lo disfrutaba a plenitud. Con la misma fuerza te cambie de posición, dejándote abajo. Oponías resistencia, sonreías con tanta malicia disfrutando del instante, sabias que me moría por ser yo quien se moviera encima de ti ahora.

«¿Quieres penetrarme? dime… ¿Quieres hacerme gritar esta vez?» – dijiste casi entre dientes y tomándome del cuello. Te respondí con un movimiento positivo de cabeza. Así que me tomaste del cabello controlándome y me llevaste hasta tu entre pierna. Mi lengua inmediatamente comenzó a deslizarse   y saborear cada rincón de tu sexo, disfrutando del sabor a gloria de ese néctar que brotaba de ti. Tus gemidos casi silenciosos aceleraban mi corazón, sabia que lo estabas disfrutando, verte morder tus labios acariciarte los senos y a veces tratar de arrancar las sabanas de la cama eran el mejor indicativo de deleite. Quería hacértelo lento hasta que fueras tú la que me pidiera una y otra vez que te lo hiciera más fuerte hasta que los espasmos de placer te impidieran hablar. De pronto otro orgasmo invade tu cuerpo, tu sostienes mi cabeza con fuerza presionándola contra tu sexo: «Dame mas, dame mas… – susurrabas extasiada – Que ricooooo, ¡me encantaaaaaaa! no sabes cuanto necesitaba sentirme así. Creo que ahora es mi turno» terminaste la frase seguida de una sonrisa.

Te levantaste a buscar algo de agua, te vi caminar desnuda, y era excitante ver tus curvas balancearse de lado a lado, de regreso venias con un vaso de agua y algo de hielo. Te acercaste a mis labios y me propinaste un beso refrescante, acompañado de un pequeño trozo de hielo que se derritió mientras nos besábamos nuevamente. «Acuéstate cariño» me dijiste con cara de niña a punto de cometer alguna travesura. Yo te complací inmediatamente, me tendí sobre la cama, tu empezaste a besarme en los labios viniendo desde arriba, con intención de hacer un 69. Fuiste besándome dulcemente hasta que llegaste a mi miembro, lo sujetaste firmemente con ambas manos y tu boca aun algo fría por el agua empezó a jugar con tu lengua y tus labios. Lo disfrutabas al punto que parecías una niña saboreando un helado. No te veía, pero por lo que escuchaba y sentía, podía imaginar tu rostro de placer. Al mismo tiempo, nuevamente tenia tu sexo en mi boca, pero esta vez podía acariciar libremente tus nalgas, mi lengua te penetraba, te absorbía, y mis dientes te daban leves mordiscos cada vez que quería que te volvieras mas perversa. Así que en esos momentos intentabas devorarte por completo mi arma de placer, tu boca era mágica, confieso que desde ese instante me hice adicto a tu sexo oral. Cuando estuve a punto de explotar me dijiste: «No quiero que llegues todavía, ven cambiemos de posición». Te rodaste un poco y quedaste en posición de «perrito» y dijiste: «Se que mueres por dominarme así» y soltaste una risa, levantaste las caderas y recostaste tu cabeza de la cama. Yo con solo verte en esa posición estaba que me daba un infarto. Estaba loco por penetrarte, pero de forma perversa y agresiva. Tome tus cadera con ambas manos y posicione mi miembro en la entrada de tu vagina húmeda y sin mediar palabras te penetre con fuerza hasta el fondo. Un grito salio de tu boca: «¡Wao! ¿me quieres matar o que?- Dijiste con expresión de dolor placentero. Mis caderas empezaron a moverse sin clemencia, estaba ansioso por llegar dentro de ti, cada embestida, cada apretón me  llenaba de lujuria. Tus gemidos empezaron a salir, ya sin querer aguantarlos mas, eso me excitaba aun mas. Así que empece a darte nalgadas y a jalarte del cabello cual yegua salvaje tratando de controlar y domesticar. «¡Hey! quiero ir a la playa mañana, y acuérdate que uso hilo dental y me van a ver las marcas de tus manos en mis nalgas.» dijiste casi con una sonrisa. -«Ven siéntate y déjame sentarme encima de ti, quiero que esta vez si llegues conmigo»- la posición es  la conocida «Flor de Loto», es mi favorita, ya que puedo verte a los ojos, besarte con pasión. Sentir el movimiento de tus caderas mientras acaricio tus nalgas, tu espalda o tu cabello. La penetración es profunda, así que ambos disfrutamos con la misma intensidad. Podía besarte los senos, tu sabes que me vuelven loco ese par de melocotones y a ti te encanta que los bese y los saboree. En ese instante me dijiste sosteniendo mi cara con tus manos: «Yo si quiero que las chicas vean las marcas de mis uñas en tu espalda cuando camines en la playa» – Y abrazándome empezaste a mover tus caderas con mayor fuerza y clavando tus cortas uñas en mi espalda y mordiendo mis labios gemiste casi sin poder hablar: «Llega conmigo».

«Me vengo» te dije al oído, y sentí como tus uñas atravesaban mi espalda de lado a lado mientras  pegabas tu frente de la mía y gemías con tu respiración acelerada, tu cuerpo temblaba, tus labios me besaban con locura. Y yo sentí que mi cuerpo desde ese instante debía ser tuyo. Habías logrado hacerme llegar al máximo nivel de clímax jamas vivido. Quedamos abrazados el uno al otro, rozando nuestros labios y sudados completamente.

«Que locura todo esto, no te parece? » -me dijiste ya tendidos en la cama.

«Por que razón me hiciste el amor? –  te pregunte

-«Mi cuerpo no entiende de razones, sólo de las sensaciones que tú me provocaste.

-«En la calle o en la cama, tu sólo quiere que sentirte especial, única, deseada. Eres una mujer hermosa, de bellos sentimientos y muy inteligente, aunque no haz tenido la suerte que mereces para elegir al hombre que te ame de verdad.»

-«Es verdad, pero yo ya no busco ese hombre que me ame, ya lo tengo. Y es mi hijo. Es el único que en realidad me hace feliz. Cada sonrisa, cada palabra, cada gesto. Son en las únicas lagrimas en las que creo, ya no creí mas en lagrimas de amigas ni de hombres falsos que solo deseaban tenerme en sus camas. Para que engañarte si solo desean placer. Para que tener amigas que no estaban en tus momentos mas difíciles o de necesidad. Solo aparecían cuando leían en mi Facebook que había una rumba o una salida pa´la playa. Pero cuando me sentía triste, cuando necesitaba de un abrazo o de palabras de aliento, solo recibía un «Me Gusta» en una foto mía en bikini. Mi vida tiene que cambiar para mejor. Mis errores son lecciones de vida. Cada vez que me caigo, me levanto, ya no solo por mi, sino porque tengo un hijo hermoso por el cual luchar y seguir mi vida. Y por supuesto, personas como tu que me han brindado «mas que una amistad»- dijiste riendo pero con lagrimas en los ojos.

«¿Sabes que? mejor abrázame y déjame dormirme entre tus brazos. Y en la mañana cuando amanezca, solo quiero pedirte un solo favor… ¿puedes? – me dijiste con voz de niña consentida.

«Lo que tu pidas mi muñeca Barbie» – te dije

«Despiertame con café, con un beso… y con mucho sexo!

CONTINUARA…

764093905193140225_CpqbWRvUEAEwWwJ

Tu Venganza…

Una mañana fría llegando casi a mi trabajo me encontré contigo, era uno de esos días en que las cosas no empezaron como uno deseaba. Tenías en tu rostro cara como de haber discutido con tu esposo. Algo te pasaba, se supone que toda mujer debe despertar cada mañana y si no tiene una sonrisa en sus labios nosotros debemos tratar de plasmarla en su rostro. ¿Cómo? Toda mujer desearía sentir un orgasmo cada mañana como parte del desayuno. Ese día a mi parecer no te habían dado ese placer. Una mujer atractiva como tú no se ve bien portando una cara de amargura en el rostro. Tu cabello castaño medio arreglado, el maquillaje como sin mucho ánimo y esos labios deseando ser pintados. Aunque tu ropa contrastaba con tal situación, estabas muy bien vestida, usando una linda blusa que resaltaba tus grandes senos, y un leggins que mostraba tu figura dejándome jugar con la imaginación. Me acerque a ti a saludarte, un fuerte abrazo sabía que no sería rechazado en ese instante. Te aferraste a mi por un instante, permitiéndome sentir tu perfume mientras te acariciaba lentamente la espalda, y te saludaba al oído con voz baja y firme. Al escucharte supe inmediatamente por tu tono que las cosas no iban muy bien.
«-Hola lindo» respondiste ya casi sin ánimo de hablar. Así que te levanté sobre el piso con mis brazos tratando de sacar una sonrisa de ti, un pequeño grito de sorpresa fue lo que obtuve en ese instante, aunque la risa vino inmediatamente después de bajarte. «-Estas loco chico» me dijiste entre risas. «-Sólo quería hacerte reír y veo que lo logre» respondí.
Un suspiro profundo vino inmediatamente después de esto. Tu mirada se fue hacia el piso. ¿Qué estaba pasando por tu cabeza en ese instante? Llevaste tu mano a mi cara y me dijiste con voz de preocupación: «Si tan sólo pudiera decirte todo lo que siento, Explotar! Desahogarme! Creo que no iríamos a trabajar ninguno de los dos, son tantas cosas mezcladas que tengo en mi cabeza, pero por otra parte no quiero llenarte de mis problemas.» Tus ojos grandes y marrones me miraron fijamente como gritando que te llevara a un lugar apartado de allí. Así que te dije: «Si deseas podemos hablar en mi oficina un rato, veo que tus ojos están que estallan en llanto.» Lo pensaste por unos segundos sin dar respuesta, pero dijiste: «-No! Qué pena, tienes razón, estoy que estallo en llanto, no quiero que nadie me vea llorar, es que siento tanta impotencia, rabia, decepción, tristeza, en verdad son muchas cosas juntas. No tengo ganas de trabajar hoy, quisiera ir a la playa y ver las olas del mar a ver si así me relajó un poco.»
«¿Quieres que te acompañe? Fue lo que te dije con una sonrisa y con la misma intención de no ir a trabajar.
«¿En serio?» Me dijiste sonriendo. «No sabes lo mucho que me ayudaría no estar sola en este momento tan crítico, creo que así por el camino te puedo ir contando lo que me está sucediendo y me ayudes a tomar una decisión.»

«-No se hable más» respondí inmediatamente”.

«-Vamos a tomarnos el día libre»

Así que nos dispusimos a buscar transporte para ir a la playa. Tu mirada estaba perdida, tus ojos se llenaban de lágrimas leves y desaparecían casi por evaporación. Sentías una molestia, pero ¿cuál? Fue cuando mirándome fijamente y sin titubear un segundo me dijiste: «¿Sabes qué? Ya no quiero que me lleves a la playa.» Por un instante sentí algo de temor, tu ojos tenían fuego encendido, y el tono de tu voz era desafiante. «¿Por qué? ¿Qué paso?» Respondí sorprendido.
Volteaste hacia la ventana del autobús, mirando el horizonte, segundos después volteaste repentinamente y sin cruzar palabras, me besaste. Un beso con sabor a venganza, un beso apasionado en busca de una respuesta. Yo no sabía que pensar. Sólo me deje llevar por aquellos labios tentadores, esa boca que por un momento se convirtió en fruta prohibida. Mis latidos se aceleraron inmediatamente. Tú con voz suave y acariciando mi rostro me confesaste: «El estúpido de mi marido me engaña, y lo peor de todo es que lo hace con una amiga nuestra, una supuesta amiga mía, que yo le presenté. Que yo misma invitaba a mi casa para compartir con su novio. Ella engaña a su novio con mi marido. Me engaña a mi como su amiga. ¡Qué decepción! Y lo peor fue que los vi, no me lo contaron. Los vi salir juntos de un hotel, fue horrible. Por eso quiero saber que se siente, por eso quiero que tú me hagas sentir lo mismo. Sé que debes pensar que estoy loca o desquiciada, ¡pero no! Sólo quiero que me hagas vivir una aventura, quiero saber que se siente engañar a tu pareja. ¿Por qué si él lo tiene todo conmigo se busca a otra? ¡Qué ni siquiera está mejor que yo!!»

Increíble, en verdad no sabía qué hacer, así que sólo te propuse irnos a una posada o un hotel con vista al mar. Te encanto la idea, recuerdo que tu mirada se encendió en llamas. Me dijiste: «Yo sé que tú siempre habías querido algo así conmigo, yo me daba cuenta de tu forma de mirarme, y sé que aunque quisieras no me lo dirías nunca, así que aproveche esta circunstancia para complacer nuestros deseos.» Sonreíste y volteaste tu mirada a la ventana, esquivando mi mirada.
«-Tienes toda la razón – dije en voz baja- mis ojos siempre te vieron como más que sólo una amiga, pero tenía que conformarme con sólo mirarte y fantasearte algunas veces.»
«¿Me fantaseabas?» Dijiste sorprendida.

«¿Y puedo saber qué cosas fantaseabas conmigo?»

«Cada una de las cosas que te haga sentir hoy, cada beso, cada caricia, cada movimiento de cadera, si me lo permites te haré vivir cada una de mis fantasías.» Dije con voz susurrante.

«Suena muy interesante» respondiste con una sonrisa pícara en los labios. «¿Pero imagino que yo también podré hacer realidad mis fantasías contigo también? Mira que siento una curiosidad imperiosa por saber cómo lo haces, ya sé que besas rico, ahora quiero seguir averiguando más cosas de ti.»

Llegamos a la costa, tomamos un taxi que nos llevara a un hotel con vista preferiblemente al mar, aunque lo que importaba en realidad era conseguir disponibilidad de habitaciones. Así fue, llegando pedimos una matrimonial, tus ojos estaban llenos fuego, un fuego que a veces me hacía dudar si era de pasión o por odio. Algo si era seguro, ese día serias de otro hombre.

Entramos a la habitación con un tensa calma, observamos con detalle lo amplia y cómoda que era, entré al baño y note que hasta poseía jacuzzi. Me asome por la ventana, poseía una gran vista al mar. Cuando me voltee estabas en ropa interior, mirándome con ojos de fuego, mordiéndote los labios y recogiendo tu cabello caminaste hacia mí. Empezamos a besarnos intensamente, acariciándonos por cada rincón de nuestro cuerpo, tu respiración se aceleró y tomabas aliento de vez en cuando para seguir comiéndote mis labios con besos y mordiscos. Lleve tu cuerpo hasta una peinadora y te recosté de allí, sentándote encima. Rozando tu rostro con mis manos empecé a bajar por tu cuello hasta llegar a los tirantes de tu brasier, los deslice hasta quitarlos de tus hombros y empezar a desnudarte. Por fin pude verlos, aquel par de grandes senos que tanto imagine desnudos estaban frente de mí, podía notar como tu pezón empezaba a endurecerse con sólo rozarlo con mis dedos. Tú sólo cerraste los ojos y humedeciste tus labios mientras suspirabas profundamente. Mis manos invadieron ese par de frutas prohibidas. Me acerque a tu cuello y empecé a besarte dulcemente. Mientras bajaba muy sutilmente hasta tener mi cara entre tus grandes pechos. Mis labios empezaron a degustar uno por uno jugando con mi lengua. Tus gemidos no se hicieron esperar. Una de mis manos bajo a tu entrepierna, estabas increíblemente mojada. Diste un pequeño brinco al sentir mis dedos allá abajo.

«¿Viste cómo me tienes?”- Dijiste casi susurrando.

En ese momento mi cara empezó a bajar mientras no dejaba de besar tu piel, al llegar hasta tu sexo arranqué tu ropa interior con mi boca.

«Dios mío» – gritaste mientras arqueabas tu espalda hacia atrás. Inmediatamente mi boca de adueño de tu sexo. Estabas húmeda y caliente, el sabor de tu néctar era adictivo, no quería despegarme. Sólo cerré los ojos y me centre en darte el mayor gozo que te hayan hecho sentir, mi lengua, mis labios y mis dientes se turnaban para hacerte sentir distintos niveles de placer. Me encantaba verte temblar, retorcerte, suspirar, gemir sin control. Me halabas por el cabello como controlando mis movimientos. Levantas mi cabeza y mirándome a los ojos me dices entre dientes y con voz muy erótica: «¡Necesito que me lo hagas pero ya!»

Te levantaste y me llevaste a la cama, me empezaste a desvestir casi que arrancándome la ropa, dejándome sin nada y tendido me dijiste: «Me encanto el sexo oral que me diste, así que prepárate a ser atendido igual.»

Sentir el calor de tu boca rodeando mi sexo fue espectacular, fue una garganta profunda que me hizo suspirar profundamente. Te aferraste a el con ambas manos mientras jugabas con tu boca, haciendo movimientos y chasquidos que segundo a segundo me calentaba más y más. Tu saliva le daba un toque pornográfico a la escena, tus manos se empezaron a empapar, tanta humedad entre tus labios y mi miembro me tenía hipnotizado, no podía dejar de ver como lo disfrutabas cual niña comiendo helado. De pronto decidiste hacer un 69, fue estupendo. Sentir que te atragantabas mientras yo sentía tus piernas abrazándome y mi boca te devoraba con intensidad y pasión. Sentí como llegabas en un orgasmo sobre mi rostro. Mientras movías tus caderas sobre mi barba y tratabas de tragarte casi por completo mi sexo.
«-Ven, quiero que me hagas gritar, azótame!» Dijiste con voz agitada, haciendo la posición del perrito y tocándote sensualmente. Me acerque lentamente a ti y tomándote por las caderas te penetre suavemente, un gemido salió de tu boca con mucho placer, y aferrándote de las sabanas me pedías que te diera más fuerte: «No pares, no pares… dame más duro. Quiero gritar… hazme gritar!»

Mis embestidas empezaron a ser más fuertes cada vez, cada vez que te penetraba golpeabas la cama, y gritabas sobre la almohada. Mis manos se aferraban de tus nalgas apretándolas fuertemente, y en algunos instantes te daba nalgadas y te halaba del cabello, eso te hacía sentir como más salvaje, tus movimientos de caderas hacia mi eran más intensos. Era como si desearas ser domada. Fue tan fuerte la sesión que caímos uno encima del otro exhaustos.

Pero seguías pidiendo más, me dijiste: “Quiero que muerdas mi espalda, quiero sentir tus dientes clavados en mi piel». Así que sin pensarlo mucho empecé a darte pequeños mordiscos, eso te encantaba. Así que te tome de ambos brazos cruzándolos por tu espalda para dominarte con fuerza. «¡Penétrame!» gritabas ya con voz desafiante; levantaste tu pelvis para facilitar la penetración, y mi sexo entro en tu vagina, caliente y húmeda. Te sentí como si en ese instante la rabia te invadía. Volteaste a mirarme mientras yo te poseía. «Cógeme, ya deja de hacerme el amor, quiero sentirme muy puta. Quiero gritar, necesito desahogar esto que siento por dentro. No pares por favor…»
Mis movimientos empezaron a ser más violentos, tus gemidos más fuertes, tus palabras y las mías cada vez más sucias, pero eso nos excitaba. La escena paso a convertirse en una película porno, nuestros cuerpos empapados en sudor, miradas llenas de deseo. De pronto sentí que me venía, te lo advertí e inmediatamente cambiaste de posición y dijiste: «Quiero ver como llegas encima de mis pechos… Déjame ese placer en mis manos».
Así fue, tus mágicas manos empezaron a acariciarme apoyada con tus labios y tus senos, pero fue hasta cuando me dijiste con voz muy erótica: «Quiero sentir tu semen caliente en mis senos… Acaba para mí». Un enorme escalofrío invadió mi cuerpo y un gran orgasmo me hizo explotar encima de ti. Tus manos acariciaban tus pechos diluyendo mi semen por todas partes. Fue estupendo. Te lanzaste encima de mi besándome con extrema locura, y diciéndome: «¿Acaso no soy lo suficientemente ‘puta’ para que mi marido sólo deseara estar conmigo? ¿Qué quieren ustedes los hombres de nosotras? ¡Les damos todo y aun así nos cambian por cualquier otra, y lo peor es que como a mí por una más fea! ¡Dime! Ahora me siento liberada, desahogue la rabia, pero aún siento decepción, de él y de mí. Y tú eres cómplice de todo esto. ¿Qué pasará ahora, después de salir de esta habitación? ¿Con qué ojos te voy a ver? ¿Por qué lo prohibido es tan seductor? ¿Por qué me invaden tantas preguntas ahora?»
¿Por qué mejor no nos metemos en el jacuzzi y nos relajamos?» Te dije colocando un dedo en tus labios para que hicieras silencio. Y tomándote de la mano te levanté y te lleve al cuarto de baño. Te llene el jacuzzi de agua caliente y te dije: «Relájate, Métete solita y desconéctate del mundo. Yo pediré algo para beber».

Debo confesarte algo, no hay nada más sexy que ver una mujer desnuda sumergida en un poco de espuma. Verte allí, disfrutando del agua, como acariciabas tu cuerpo mientras yo te observaba; también me preguntaba las mismas preguntas, ¿Por qué si tienes una mujer sexy y hermosa y con gran corazón, terminas buscando otra…? Y por qué ellas terminan vengándose buscando otro hombre que las haga sentir sólo placer pero siguen ambos amando y son capaces muchas veces de perdonar. El placer y el amor deben volver a aprender a estar juntos…

 

fotografo-desnudo-bdsm-swinger-malaga_7312-erotico-glamour-granada-book-modelo-poses

Cógetela, como quieras…

Cógetela, como quieras, donde quieras, cuándo quieras, dile zorra, putã, perra, déjense marcas, rasguños en la espalda, nalgas rojas, chupones en el cuello, sexos lastimados, muñecas marcadas, cuellos asfixiados, labios sangrados, cuerpos adoloridos. Sexo anal, vaginal, oral, en cuatro, 69, misionero, esposas, consoladores, cadenas, sogas, ¡Como quieras!, tu ya la conoces, sabes lo que si y lo que no, sus límites, fantasías y deseos, sean tan sucios como les gusta. Cógetela… Cógetela, después hazle el amor, quédate un momento o toda la noche, dentro de ella, no la saques, siéntela, mira como se recupera, inhala su respiración, observa cómo tu mujer resucita, poco a poco, lentamente.  Sus mejillas están coloradas. Descúbrele los cabellos, que pegados tiene al cuello y la cara, y luego sóplale, refréscala con tu aliento, tibio, por el rostro, por los hombros, por sus pechos.

Acaricia su pecho agitado, lámele en donde dejaste marcas, dejándole en ellas besos ligeros. Ahora salte de ella, poco a poco, suavemente, está recién cogida por el hombre que ama. Siente como su carne se va cerrando, tras al paso de tu sexo ya poco erecto, siente la mezcla de sus eyaculaciones. Hazlo con tacto, tranquilizala, salte de ella como la persona que saca la daga de alguien que ha matado sin intención, con ese miedo, con esa intriga, aunque hayas sido muy rudo en este momento debe ser muy delicado, muy tímido, con sutileza. Tal vez esté un poco lastimada, tal vez tiemble o tenga otro pequeño orgasmo, una leve contracción, un último suspiro de vida,  con ese cuidado irónico de sacar esa navaja para no lastimar a alguien que ya murió, y es que ella murió, el orgasmo es lo más cercano a la muerte, la mataste.

Y a penas tu diosa recién cogida está resucitando, le saldrán flujos en abundancia, déjala así, con todo tu semen adentro, con toda tu alma adentro. Arrópala, con una sábana fresca en su débil cuerpo, cuídala, protégela, ámala. Una vez fuera, acaricia suave su vagina, pálpala con delicadeza y si quieres hasta besos le dejas. Huélela, siéntela y nunca, nunca, dejes de tocarla, ya sea con las manos o con la mirada… CONECTATE CON ELLA 😍😈

estrias

¿Que es un hombre maduro?

Es simple, un hombre maduro amara las estrías, las arrugas, la edad, la estatura, los defectos, los antojos, las celulitis, los días del mes, la libertad, sus ocurrencias, sus metas, ambiciones, y cada detalle que hace “perfecta” a una mujer. Nunca querrá cambiar nada de ella, simplemente le ayudará a crecer, ayudará a que tenga sed de ser mejor que ayer. Porque un hombre maduro no cambia un hombre maduro ayuda a crecer y evolucionar. Un hombre maduro te da alas, no te las corta. Te da la mano cuando estás en el suelo, el hombro para que llores cuando ya no aguantes más, sus brazos cuando no te sientes segura, y su calor cuando sientas frío.

milf

Tu tan imponente

Cada hombre a lo largo de su vida se encontrará con mujeres como tu, ese tipo de mujer imponente e intimidante. Vamos a estar claros que una mujer de tu tamaño y proporciones es la fantasía de muchos de nosotros. Aunado a esto posees ese encanto seductor de unas pecas que invaden tu cuerpo, es como chispas de chocolate que hacen más provocativo la dulce tentación de tus curvas. Posees unos labios carnosos que más haya de fantasearlos besandome me los imagino recorriendo cada centímetro de mi cuerpo. Una mirada que te pone a volar la imaginación, ver esos ojos café mirándome siempre como si desearas desvestirme. Tu voz, ese tono de seducción que llevas siempre, como si al hablar me hicieras el amor. No se sí haz notado que cuando hablamos hay momentos que dejo de verte a los ojos, es el instante donde huyo de llegar al clímax de mis fantasías contigo. Sobre todo cuando llevas esos escotes que dejan ver el encanto que llevas bajo la blusa, ese par por el que muchos hombres pierden la cordura. Es que poseen el tamaño perfecto, la forma ideal, ese tambaleo tan sexy que tienen al caminar sin dejar de ser firmes. ¿Cuantas veces habré imaginado mi cara allí entre las dos? Creo que perdí la cuenta. ¿Por que sonríes? Si sabes bien que esos son los pensamientos que nos haces tener a todos los hombres. No hay nada más excitante que verte caminar con rumbo hacia mi, preferiblemente con uno de esos vestidos escotados, donde puedo ver tus piernas en todo su esplendor. ¿Sabias que te imagino a lo Sharon Stone en «Bajos Instintos» abriendo tus piernas para mi? Es que posees ese mismo poder de seducción de mujer fatal que me inculco esa película desde pequeño. Te impones donde llegas, tu presencia es capaz de intimidar a muchas mujeres y alborotar a muchos hombres. Aunque puedes causar el efecto inverso, puedes intimidar a hombres como me paso la primera vez contigo. ¿Recuerdas? Esa vez que me invitaste a tu apartamento para hablar de negocios, no puedo negar que eres muy buena anfitriona, recuerdo perfectamente que me serviste un trago de whisky Royal Satule 21 años, mientras tu preferiste un vinito tinto. Conversamos por un rato largo, planes y propuestas para hacer dinero con lo mejor que manejamos, la publicidad. Al darnos cuenta ya era bastante tarde para irme a mi casa. Así que amablemente me pediste que me quedara en tu apartamento. Yo en ese instante ya me hacia durmiendo en el sofá, ya que más temprano me habías mostrado que sólo poseía una sola habitación. ¿Pero cual fue mi sorpresa? Cuando me pediste que te acompañara a tu cuarto diciéndome: «Bueno, esta noche te va a tocar dormir conmigo, de todas formas sabes que yo te veo como si fueras mi hijo, chico, ¡además mi cama es muy grande!» Dijiste sonriendo y con mucha tranquilidad en tu rostro.
Vamos a confesarnos, eso no se hace, en ese instante pasaron mis más alocadas fantasías perversas por la mente. Compartir la cama de lo que hoy día conocemos como MILF, tu sabes, esas mujeres maduras que no dejamos de verlas con deseo por lo sensuales y atractivas que son. Mi cabeza sin haberme metido a la cama ya había mandado la señal a todo mi cuerpo. Me prestaste un pantalón deportivo para dormir. Eso era lo que menos me preocupaba, yo duermo en bóxer donde sea. Mi pregunta era ¿como va a dormir ella? Aunque mi fantasía es verte en babydoll esa noche tenías una pijama de seda blanca. Me dijiste con voz seductora (bueno, yo siempre te escucho así)

«¿Que lado de la cama quieres? ¡Métete chico! Deja la pena, estas en tu casa.»

¿Qué lado quiero? -me respondí mentalmente- Encima de ti. Yo sabía que no iba a dormir ya fuese porque tu te lanzaras encima de mi o porque mi cerebro no dejaría de mandarme instrucciones y fantasías contigo. Como iba a dormir tranquilo con tremenda mujer al lado mío, en pijama, luz apagada, una cama tamaño King y las próximas 7 horas para que amaneciera.

Son cada una de esas curvas las que me hacen delirar los pensamientos, ver tu cuerpo completamente desnudo era mi mayor deseo. Disfrutar con mis ojos cada peca que cubre tu cuerpo, sería capaz de contarlas una a una con mi lengua hasta haberte recorrido toda entera. Tu eres así como un postre de brownie con helado y chispas de chocolate, hay que disfrutarte con calma, degustandote con suavidad, el brownie representa tu lado CALIENTE, ese lado tentador, provocativo, que despierta pasiones y deseos. El helado tu lado FRÍO, calculador, agudo, dulce pero mortal. Todo se mezcla en un excitante sabor con variedad de texturas y temperaturas.
Tus labios, esa boca inspiradora, de besos seductores y adictivos. Esa boca que te besa y te degusta labio a labio, beso a beso hasta dejarte sin aliento. ¿Que otras cosas pueden hacer tus labios? ¿Comerme a besos? ¿Que otra cosa puede hacer tu boca? ¿Devorarme? Devorar quiero yo hacerlo con tu cuerpo, disfrutar cada centímetro de tus grandes y firmes senos, mi lengua jugaría sin control lamiendo cada uno con pasión, mordiéndoles suave y sutilmente hasta escuchar tus primeros quejidos. Mis manos disfrutarían de tocarlos y apretarlos sin control. Los besare y lameré tanto que parecerá que quisiera borrar las pecas que los invaden. Una de mis manos, la derecha para ser más preciso, se desvía del camino y se dirige a tu sexo para explorar como tu cuerpo se derrite por mis caricias. Dicho y hecho, la humedad de tu entre piernas era perceptible. Mis dedos se deslizaban con tanto gusto por tu sexo que en poco tiempo se encontraron empapados de tu sirope de placer, mis dedos no paraban de moverse, alterando tus sentidos, mi boca en tu boca robándote los besos que tanto deseaba, mordiendo esos carnosos labios sin parar. No hubo palabra alguna hasta que susurraste en un instante: -«Quiero sentir estos labios tuyos aquí abajo volviéndome loca»

Así mismo fue, sin pensarlo mucho mi boca se deslizó hasta el medio de tus piernas y empece a complacerte, obedeciendo la primera orden que me diste sin darme cuenta. Mi boca te disfruto al máximo, cada gemido tuyo me mostraba que debía hacer, cada alón de mi cabello me indicaba si debía acelerar o detenerme. Tenías el control de mi cuerpo. Y te dabas placer con el a tu gusto. Yo sólo obedecía cada capricho tuyo.
Si, eras mi dominatriz y deseaba cumplir cada deseo tuyo. Mi cara entre tus piernas pegada a tu sexo había sido mi mayor deseo. Tus gritos, mi mayor afrodisiaco. Cuando medio abría mis ojos para verte, allí estabas, mirándome lascivamente complacida. Manoseabas tus senos mientras me mirabas con morbo. A veces mordías tus dedos de la mano, y en algunas ocasiones llevabas tus senos cerca de tu boca para tratar de morderlos o besarlos, apenas lograbas lamerlos. Eso me calentaba mucho mas, así que mi lengua trataba de penetrarte más allá de sólo lamerte y disfrutar de tu clítoris y tus labios. Un grito seguido de un suspiro quejumbroso invadieron tu cuerpo, estabas llegando al clímax y podía sentir como lo disfrutabas con sumo placer, tu pelvis se movia con mayor intensidad, me aferre de tus caderas y clavando mis dedos en tus nalgas trate de meter mi cara dentro de ti. Mi lengua, mis dientes y mis labios fueron los culpables de aquel orgasmico momento. Ver como te retorcías de placer en la cama era el mayor de mis deseos, pero aún deseaba más. Así que mi intención era penetrarte justo después de esto. No lo permitiste. Diciéndome: «En mi cama mando yo».

Así que me hiciste recostar mi espalda a la cama y te subiste encima de mi, tus enormes senos estaban frente mis ojos y no podía dejar de mirarlos. «¿Te gustan verdad? -dijiste sonriendo con mucha picardía- Siempre lo supe, mi niño a veces se te iban los ojos derechito a mis escotes, pero no se te puede negar que eres un caballero. ¿Pero sabes que? Esta noche no quiero que lo seas, ¡no me respetes tanto chico! – inmediatamente retrocedisteis me llevaste a la orilla de la cama y bajaste al piso hasta tener mi miembro al frente y acercaste tu boca y tus senos, sólo rozándolo, jugando a provocarme. Deslizabas tu lengua de abajo hacia arriba con suma lentitud, eso me estaba torturando. De pronto tus labios se posaron en la punta y empezaste a devorartelo centímetro a centímetro hasta llegar a la base, una garganta profunda. Tu saliva cubría todo mi sexo, lo hiciste varias veces hasta que acercaste tus senos para cubrirlo y hacerme una «rusa», ambos senos arropaban mi miembro gracias a tus manos que apretaban y movían con gran agilidad. Aunque más morbo me daba tu cara, esos labios mordidos por tus dientes y esa boca entre abierta a veces como esperando que explotara en un orgasmo sobre ti. Al cabo de unos minutos así, desististe y cambiaste de posición, dejándome en la misma posición te levantaste y dándome la espalda y dejando ver esas grandes caderas y tan tentadoras nalgas, acompañado de una marca de un pequeñito traje de baño, te sentaste encima de mi, tomaste mi miembro con tu mano y lo llevaste a tu sexo húmedo y excitado.
Ver tu enorme culo moverse encima de mi solo me llevo a poner mis manos en tus caderas. Cada embestida me acercaba más al clímax. Pero era hora de tener algo de control. Así que te tumbe en la cama y te obligue a ponerte en cuatro, pusiste algo de resistencia al principio, pero eso me emocionaba. Te di un par de nalgadas como castigo, eso te calentó aún más. Eras una fiera salvaje deseando ser domada. Tome el control por tu cabello aferrandome a el mientras tu movías tu caderas con frenesí y mi mano derecha te azotaba en cada embestida. Tus gritos y gemidos eran el mayor afrodisíaco, ver como estabas arrancando las sábanas de tu cama y tus manos rebeldes tiraban todo al piso. Otro orgasmo invadió tu cuerpo, empezaste a morder y a ahogar tus gritos en una almohada que tenías debajo de ti. Te alejaste de mi y te retorciste sola en la cama, acariciandote tu misma. Me encantaba verte así. Esta vez fui yo quien hablo: «Aún no he terminado contigo»- Así que te voltee y subí tus pies juntos a mi hombro izquierdo. Ver como te aferraste a la cama mientras te penetraba sin cesar, tus gemidos eran cada vez más fuertes y mis ganas cada vez mayores, el sudor corría por mi frente, goteando al punto de caer en tu abdomen. Mientras tanto tu acariciabas tu cuerpo y me hablabas sucio: «No pares, no pares, quiero que me des mas duro. Me haces sentir tan puta. Dime, ¿desde cuando deseabas cojerme así? –
-Desde el primer día- respondí
-Siempre quise tenerte en mi cama y follarte como nadie. Hacerte gritar. Verte toda puta pidiéndome mas.- te dije mientras no paraba de embestirte.
«Me encanta ver como se mueven tus tetas al ritmo de mis caderas» -te dije casi sin aliento.
«¿Y te gusta ver como me las acarició para ti mientras me cojes tan rico? -Me respondiste manoseandolas y apretándolas con fuerza.
«Quiero verte acabar encima de ellas, te gustaría? – me dijiste con voz muy erótica.
Sería algo así como una escena porno hecha realidad. Una madurita sexy te complace en todas tus fantasías. Así que se me ocurrió otra idea y deseaba ver si me complacerías. De dije: «Quiero que lo hagamos en el balcón, así desnudos los dos con las luces apagadas pero con la intriga de que nos puedan ver de los edificios del frente.»
«Eres un picarón muchachito» me dijiste tomándome de la mano y llevándome al sitio. Me pusiste de pie mientras tu te agachaste de rodillas, y usando tus manos mágicas, tu boca y tu lengua, me diste un oral que jamás había imaginado o vivido antes. Acariciabas cada parte de mi sexo con tu lengua, tus manos me apretaban y masturbaban cada vez más fuerte. No dejabas de verme y decirme: «¡Vente! Lo quiero aquí en mi boca, llename de ti, quiero saborearlo, anda. Fue tan fuerte la escena que no pude más y sólo me dio tiempo de decirte: «Siiii» y un largo chorro de semen empezó a brotar y tu boca jugueteo con mi sexo lamiéndolo y regando mi semen en tu pecho. Tus manos se encargaron de extenderlo por ambos senos manoseandote con erotismo.
«Ni siquiera te voy a preguntar si te gusto… Con esa cara me lo dices todo» me dijiste sonriendo con cara de satisfacción. Yo quede rendido en la cama. Al despertar en la mañana, estabas allí acostada a mi lado, con la pijama puesta y el cabello arreglado. Ya va, ¿todo esto fue sólo un sueño? Justo abriste los ojos y dijiste: «¿Como dormiste gordo? ¡Anoche como que tuviste una pesadilla! Decías ‘No, no, no, no…’ Con voz agitada, estuve a punto de despertarte.»
Menos mal no lo hiciste pensé. Este ha sido el sueño más maravilloso que he tenido. Al final sólo nos levantamos me hiciste desayuno, y yo no podía dejar de desvestirte con mi imaginación. Y revivir en mi mente entre sonrisas esa noche juntos que nunca sucedió.

 

encima

Pues toma para que te enamores (Parte 2)

Se que la vez anterior nos quedaron muchas cosas por vivir. Y esta vez vine dispuesto a liberar todos tus sentidos. Quiero que mi voz sea cómplice de tus fantasías. Que te traslades junto a mi a un mundo lleno de emociones extremas, a la frontera de la realidad y la fantasía. A un lugar de la mente donde al igual que en los sueños, sentirás cada una de mis caricias, cada uno de mis besos, cada susurro hará estremecer cada rincón de tu cuerpo. Sólo debes escucharme. Dejarte llevar.

Trasladate conmigo a un cuarto amplio, de paredes y sábanas blancas, que al igual que hojas de papel escribiremos con nuestros cuerpos nuestra propia historia de pasión y deseo.
Tu, con tu piel trigueña, cabello negro azabache, unos labios seductores y provocativos, esos que con sólo verlos hablar te hacen fantasear con tantas cosas, verlos siendo humedecidos por tu lengua juguetona y a veces hasta mordidos de manera sexy por tus dientes, imagino que lo haces cuando pasa por tu cabeza alguna idea loca y atrevida. Tu mirada, esos ojos negros que cuando te miran sientes como si no pudieras separarte de ellos, pero sólo logras librarte temporalmente cuando miras a otro par… Si (pausa) el par que llevas debajo de la blusa, ese par que es capaz de controlar y robar mis miradas. ¿Que fascinación existe entre mis ojos y tu pecho? ¿Por qué muchas veces no puedo casi ni dominar mis propios ojos? Que poder mágico poseen ellos que con sólo mirarlos son capaces de acelerar mis pulsaciones y hasta producirme erecciones. Sobre todo en esos instantes cuando caminas y las vez moverse al ritmo de tu andar. Son como unos melocotones listos para ser saboreados con placer, degustados con pasión y devorados con locura. Y mientras lo hago, tu boca susurraría mi nombre y unos leves gemidos se te escaparían sin control.

Mi boca quiere seguir explorando tu cuerpo, seguir descubriendo los sabores, olores y texturas de tu piel. Quiero recorrer tu abdomen y encontrarme con tu ombligo, el centro de tu cuerpo, quiero lamer con sumó detalle y placer de allí y hacia abajo hasta cruzarme con tu sonrisa vertical.
Una explosión de mis sentidos emerge en ese instante. Mi olfato puede sentir cada feromona que emerge de tu piel. Ese olor a placer y lujuria incontrolable que te convierte en fiera salvaje. Tus jugos de placer y mi saliva se mezclan en un cóctel de lujuria en mi boca. Tu movimientos de pelvis ayudan a mezclarlo con ayuda de mi lengua. Tus gemidos me indican que le falta un poco más. Así que mi cálida lengua se aproxima inquieta y juguetona, cerca muy cerca de ese botón de encendido. Y con sólo unos leves movimientos empiezo a ver como tu cuerpo comienza a cambiar de posturas. Ya tus manos quieren dominarme aferrándose a mi cabello. Tus piernas se abren y se cierran, tu espalda se encorva hacia atrás y hacia adelante, tu cuerpo empieza a vibrar y tu respiración se entrecorta. Los suspiros se adueñan de ti. Explotas, un orgasmo se adueña de tu cuerpo entero y la pasión se apodera de ti. «Que rico» me dijiste apenas susurrando, y con tus ojos llenos de fuego. Y lanzándote encima de mi decidiste cambiar de posición. «Ahora me toca a mi» me dijiste aferrándote a mi miembro con tu mano derecha mientras la izquierda arreglaba tu cabello. Humedeciste tus labios y mirándome fijamente acercaste tu boca suavemente a mi sexo. Yo podía sentir esa boca húmeda y caliente devorándome. Tu lengua y tus labios empezaron a jugar de forma increíble, haciéndome sentir sensaciones que jamás me habían hecho vivir. Mi miembro cada vez lo sentía más duro y mis latidos se aceleraron fuertemente. En ese instante una garganta profunda se adueño de mi, y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, lo repetiste en varias ocasiones, sabías que eso era mi debilidad, sentía tu mirada disfrutando de como hacías retorcerme en la cama. De pronto te detienes y usando tu pecho, envuelves mi miembro todo húmedo y jugoso gracias a tu boca y empiezas a moverte masturbándome con tus grandes senos. No dejas de mirarme. Sólo sonríes con gran picardía y muerdes tu labio inferior. Y me dices con voz seductora: «ya quiero sentirte dentro de mi, ven, siente como me tienes…» Y llevando mi mano entre tus piernas pude sentir como estabas de húmeda y caliente. Vi como cerraste los ojos y dejaste que mi mano te acariciara, mis dedos jugaban al placer contigo. Tu boca se abrió levemente, acompañada de un susurrante gemido. No deseabas abrir los ojos.

«Ven, bésame…» Dijiste en esta face de éxtasis que se apoderaba de tu cuerpo. Y tus labios y los míos se fusionaron en un beso profundo y apasionado. Degustando y saboreando cada labio, acariciando nuestros rostros, rozando nuestras narices con ternura, uno que otro mordisco se escapaba para seguir encendiendo la pasión que llevamos dentro. Ese deseo escondido que nos enciende. «No pares de besarme» te dije mientras mi mano aún seguía dentro de ti. Mi pulgar acariciaba sutilmente tu clítoris, el índice rozaba tus labios y el medio y anular estaban en busca de tu punto G dentro de ti. Estabas muy húmeda, y eso me encanta, me excita cada vez más.
De pronto con el poco aliento que te queda me dices: «Ya no puedo más, necesito que me penetres ¡ya!».

Tuve que complacerte, como genio debía cumplir los deseos de mi ama. Así qué abriendo tus piernas me acerque a ti, y empece primero rozando tus labios con mi miembro, envolviéndolo con tus jugos para lubricarlo. Verte morder los labios me ponía muy caliente. Tus manos empezaron acariciar tus senos. Es increíble, es sexy verte tocar, las apretabas, las pellizcabas un poco, ver como tus uñas largas dejaban huella en tu piel se volvía en un fetiche para mi. Así qué empece a penetrarte suave y dulcemente, cada centímetro que entraba te hacia estremecer cada vez más. Respiraste profundo cerrando tus ojos y dejando caer tu cabeza hacia atrás soltaste un siseo de disfrute y placer. Seguido de un «waoooooooo» largo y profundo. Así que a partir de ese momento mis embestidas a tu cuerpo empezaron a acelerar. Subí tus piernas a mis hombros, así podía besar tus pies mientras te seguía penetrando. El vaivén de tus grandes senos al compás de los movimientos de mi cuerpo lo hacían parecer un baile erótico con coreografía.

«¿Sabías que algunas mujeres tienen un segundo punto G en los dedos de los pies? Vamos a averiguarlo» te dije sonriendo.
Y mi lengua empezó a averiguar uno a uno cual de todos era el dedo más placentero. Una descarga eléctrica se desprendió de tu cuerpo cuando metí en mi boca algunos de ellos. Ya tu cuerpo no sabía a cual de los dos placeres atender. Así que te pedí que acariciarás tus senos mientras hacia todo esto. Activamos todos los sentidos. Por eso te pedí que no dejaras de gemir o de hablarme. Podía verte, tocarte, olerte, degustarte y oírte. Quería disfrutarte al máximo. El placer debía ser completo, con los cinco sentidos activados. «Quiero que llegues dentro de mi» me dijiste mirándome con tus ojos encendidos en llamas. Cambiamos de posición, me senté en la cama y te subiste encima de mi y tus piernas abrazaban mi cintura. Podía dominarte, sentir tu espalda y nalgas entre mis manos. Ver el brincar de tus senos con cada movimiento de tu cuerpo. Y podíamos besarnos sin control. En ese instante ya eran más mordiscos que besos, más nalgadas, aruños y apretones que caricias, una euforia nos domina. Ese punto donde siente que no tienes el control ni de tu cuerpo ni de tu mente. Tus movimientos de cadera me llevaban al límite, y te dije que estaba a punto de explotar. «Yo también, pero quiero llegar contigo» dijiste mordiéndome la oreja y sin dejar de moverte lujuriosamente. «Que rico me lo haces… No quiero dejar de sentirte dentro de mi.» De pronto un explosivo orgasmo empezaba a adueñase de mi cuerpo y te dije: «No pares que me vengo morena» y me aferre a tus nalgas con fuerza para apoyar tus movimientos. Tu boca se abrió levemente y tus ojos se cerraron, un profundo gemido se aproximaba, tus uñas se adueñaron de mi espalda. Una de mis manos se quedo sobre tu espalda y la otra se apodero de tu pecho mientras arqueabas tu espalda hacia atrás y dejabas que el orgasmo se adueñara de ti. Yo podía sentir como tus piernas me apretaban con fuerza y temblaban mientras aún tu pelvis no dejaba de moverse disfrutando cada segundo de esa explosión de placer y deseo. El sudor corría por nuestras pieles. Caímos exhaustos ambos satisfechos por esta sesión de pasión y sexo sin control. Yo no deseaba rendirme, esto no se acaba hasta no poder moverte de la cama. Así qué aprovechando el instante empece a morderte suavemente por la espalda intentando cruzar la línea entre el dolor y el placer. Continúe haciéndolo por todo tu cuerpo hasta llegar a tus caderas, como no volverte loco con las curvas de tu cuerpo. Te pusiste en cuatro, y dijiste con gran picardía: «Quiero que sigas»

Continuara…

 

ojos

¿Cómo olvidar tus ojos?

Fueron esos grandes ojos azules como el cielo los que una vez me conquistaron. Esa mirada que al principio era tímida y dudosa, que luego se convirtió en sensual y posesiva. Unos labios tentadores y provocativos, esos mismos labios que siempre los vi hablando y pronunciando cada palabra con perfecta dicción. Ese tono de voz que atraía mi interés cada día más. Esa seguridad al hablar, una firmeza que me hacia fantasear con recibir órdenes de tu parte. Aunque tus intenciones iniciales fueron que saliera con tu hermana soltera, pronto nos dimos cuenta que entre nosotros había algo más allá de una simple tensión o atracción sexual. Así que pasamos de amigos confidentes y consejeros a compañeros de pasión y deseo.
Aún llevo en mi memoria esa primera noche, llevabas un pequeño vestido negro, cabello recogido y un rico perfume que recorría toda tu piel. Después de tantas largas conversaciones y provocaciones, llegaría la hora de tenernos el uno al otro. Una copa de vino dio la bienvenida a esta tan esperada velada. Unos besos largos y profundos dieron inicio a esta excitante historia. Tu boca se adueñaba de la mía, tus labios me devoraban a besos, tus dientes deseaban devorarme a mordiscos y tu lengua… Ella sólo deseaba saborearme.

Empece a recorrer y acariciar tu piel, esa piel blanca y cubierta de pecas que tanto me fascinaba cada vez que te veía. Empece devorandote por el cuello, mientras te susurraba al oído las ganas inmensas que tenía por hacerte mía. A pesar que tu eras mayor que yo, sentía que tenías pena y te invadían algunos temores. Mi meta era quitarte todo los miedos de encima, y la ropa también. Así que nos tiramos en la cama, empece a desvestirte con sutileza, lo cual era muy fácil ya que sólo traías tres prendas sobre tu piel. Primero el vestido negro, que empece a quitártelo de abajo hacia arriba, mientras iba acariciando desde tus nalgas hasta tu espalda. Todo esto sin dejar de besarnos por un instante. Podía sentir los latidos de tu corazón. Tu respiración parecía que hubieses corrido un par de kilómetros antes de entrar en mi cama. Con una mano desprendí el brasier que llevabas puesto, mientras la otra se encargó de lanzarlo lejos de allí. Allí estaba esos senos llenos de algunas pecas sólo para mi. Mi boca no aguanto que mis ojos sólo se deleitarán al verlos por fin completamente desnudos, así que se apoderó de cada uno de ellos besándolos con estrena pasión y deseo. Fue el momento que escuche tu primer gemido de placer. Descubrí lo sensible que eran ese par de melocotones frescos, así que empece a jugar con ellos con mi boca, mi lengua, mis dientes y mis manos. Decidiste despojarme de mi camisa, querías sentir tu pecho con el mío, se que en el fondo de ti lo que querías era romper o rasgar mi ropa. Podía verlo en tus ojos. Abriste mi pantalón y me desprendiste de el lo más rápido que pusiste. Querías adueñarte de mi sexo, tu boca se mostraba impaciente por devorarme. Y así mismo fue, una descarga eléctrica invadió todo mi ser al sentir como tu boca se iba apoderando cada centímetro de mi miembro. Sentir como me saboreabas, como jugabas con tu lengua dentro de tu boca con mi sexo, hiciste que mi respiración se acelerar. Tus manos recorrían mi abdomen, y tus uñas dejaban un leve rastro de por donde pasaban. Te pedí que quería participar y devolverte el mismo placer, que compartiéramos en un 69 y disfrutar de un excitante sexo oral. Tu estabas tan húmeda, que ya tu pequeño hilo estaba empapado, eso me calentó aún más. También paso por mi mente arrancarte y romper ese pequeño trozo de tela. Mi boca se adueño de tu dulce vagina y mi lengua se dio el placer de saborear cada centímetro de ti. Me habías confesado que llevabas algún tiempo sin tener intimidad. Y ese instante confirme lo fogosa y apasionada que puede ser una mujer sin sexo frecuente. Llego el momento de tenerme dentro de ti, tu encima de mi, teniendo el control de cada movimiento, tus caderas en un subir y bajar frecuente, algunos movimientos circulares, acompañados de mordiscos y aruños, gemidos y palabras incompletas no dejaban de salir de tus ricos labios.
-Que rico me haces el amor- me dijiste con voz ajetreada – No sabes lo mucho que te deseaba dentro de mi, no quiero que se acabe este instante. Me tienes loca.
-Y apenas estoy empezando- te dije sonriendo. Así que decidí cambiar de posición, te acosté boca arriba, abrí tus piernas y me pose sobre tu cuerpo desnudo. Te penetre con suavidad y te pregunte al oído si estabas lista para sentirme, respondiste moviendo la cabeza de arriba a abajo. Me aleje un poco y mis caderas empezaron a darte embestidas mientras no dejaba de verte a los ojos, tu boca quedo semi abierta buscando agarrar más oxígeno, a veces te mordías los labios, y aguantabas como la respiración. Agarrabas de nuevo aire y lo soltabas en forma de gemido. Cuando mis caderas se detenían me gritabas casi en silencio: «No pares por favor, ya casi llego».
Al escuchar esas palabras la maldad me invade el cuerpo. Tu sabes bien que a ustedes las mujeres les encanta que las hagan «maldades» en la cama.
Así que te pedí que cambiarás de posición a en cuatro. Así tendríamos ambos el control de movernos a placer. Podía halarte del cabello mientras te penetraba, y además podía acariciar tus grandes nalgas y morder tu espalda.
En ocasiones me quedaba inmóvil sólo para ver como tus caderas se golpeaban con mi cuerpo buscando el placer. Era muy excitante. Fue en ese preciso instante cuando mis manos apretaron tus nalgas fuertemente aferrandome casi con mis uñas clavadas a ti, y tu empujabas con extrema fuerza como deseando ser penetrada con todo mi ser. Expulsando de tu boca un gran gemido acompañado de mi nombre. Arrancaste las sábanas de mi cama buscando liberar energía y gritaste a la almohada con mucha fuerza.
«¿Acabaste dentro de mi?» -me preguntaste con voz extasiada. Te respondí que no…
¿Por qué no llegaste conmigo?- preguntaste casi como sintiéndote poco atractiva.
-«Me haz hecho llegar varias veces, ¿y tu que? Necesito que llegues para mi, quiero verte llegar sobre mi.
Tu boca se adueño de mi sexo, sentir el calor de tus labios junto a la humedad de tu lengua en movimiento hizo que mi miembro estuviera a punto de explotar. Tus manos seguían acariciandome, y tu mirada no se apartaba de mi, aún en la leve oscuridad podía ver tus hermosos ojos claros, tu boca, jugosa y juguetona se atragantaba disfrutando cada embestida de mis caderas. Saboreabas cada centímetro sin querer soltarlo por un instante. Tus manos me empezaron a frotar, tu cara cambio y te convertiste en una fiera indomable. Pedías a gritos que llegara, querías saborear el néctar que llevo por dentro. Así mismo fue, tus delicadas y suaves manos lograron su cometido, un orgasmo invadió mi cuerpo entero y el éxtasis invadió hasta mi alma. Tu boca de encargo de no desperdiciar absolutamente nada. Una sonrisa algo maligna salió de tu rostro, tenías cara de complacida. Habías logrado tu cometido. Y yo exhausto y sin fuerzas, quede tirado en la cama con ganas de sólo disfrutar de esos segundos que te dejan sin respiración y te hacen tocar el cielo en un instante. De allí en adelante sólo provocaba quedar tendidos en la cama disfrutando de esos segundos. Pero tu tiempo estaba contado. Debías irte temprano, te subiste encima de mi nuevamente y me besaste diciéndome: «Me tengo que ir gordo, aunque lo que más desearía es amanecer en tus brazos. Nos vemos mañana, y si mi hermana me vuelve a apoyar te vuelvo hacer la visita. Creo que me vas a tener muy seguido aquí de ahora en adelante.»
Sólo me quedo besarte en los labios y no dejar de ver esos ojos tan hermosos. Yo podía ver tu alegría, tu emoción, esa felicidad que tanto deseaba tu cuerpo y tu alma. Esa despedida fue larga, cada metro hacia la puerta iba acompañado de besos robados, apenas la llama y la pasión estaban empezando. Al subirte a tu auto nos despedimos… Con un beso dulce y apasionado. Esos besos que saben más a amor que a deseo, tu boca y tus ojos me dijeron en ese instante que deseabas más que sólo sexo salvaje.

Continuara…