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Tienes un no se que…

Si, tu tienes ese algo que me atrae y no se cómo definir. ¿No has sentido como muchas veces me quedo mirándote fijamente hasta que tus ojos pueden mirarme más intensamente y escapo de tu mirada?

Tu solo sonríes, quien sabe cuantas cosas locas pasan por tu cabeza en ese instante. Digo locas porque por la mía pasan tantas cosas. Mi imaginación empieza a volar. Mi tensión sexual se eleva y ya empiezo a fantasearte. Ya me imagino cerca de ti, pero tan cerca que ya puedo sentir el aroma de tu perfume. Ese que me invade cada vez que te saludo y te abrazo. Ese que me acelera el corazón y mi respiración. Y provoca recorrer cada centímetro de tu cuerpo que haya sido tocado por este perfume.
Ese aroma que me convierte por unos segundos en un vampiro y me provocaría morderte por el cuello. Beber de ti, adueñarme de ti. Poseerte. Sentirte tan mía como para poder controlar tu cuerpo a mi gusto. Arrinconarte, pegarte entre la pared y mi cuerpo, dejarte sin salida. Poder tomarte de la cintura con ambas manos y sientas el calor que llevo por dentro. Empezaría a besar esos labios tentadores, esa boca que cuando me hablas solo pienso y me pregunto que sabor tendrá.
No se, pero yo los imagino, dulces, suaves y muy tiernos, aunque también presiento que pueden llegar a morderme con una gran pasión, y pueden pronunciar palabras que activen mi mente y me vuelvan loco, ¿por ejemplo? Que me digas:
“No pares de besarme, siempre desee que me hicieras tuya. Por favor no te detengas, adueñate de mi por completo.”

Tus manos empiezan a recorrerme, una acaricia mi cara sutilmente y luego hala mi cabello. La otra mano desabrocha tu blusa. Y mirándome fijamente a los ojos y con una sonrisa algo picara y maligna me dices:

“-Se que mueres por sentir mis pechos con tus labios… O me equivoco?-”

Mi mirada me delata, mi rostro debe ser un poema. Así que sólo dejas caer tu blusa de tus hombros, cierras tus ojos levemente, y dejas al descubierto esos sexys y atractivos senos. Yo sin pensarlo paso mi mano por tu espalda para terminar de hacer el trabajo… Desabrochar tu brasier. Tu boca y mi boca se unen en un juego incontrolable de jugosos besos, mis labios abandonan tu boca y empiezan a deslizarse desde tu cuello hacia abajo. Mi nariz se une a esta exploración percibiendo cada feromona de tu piel, excitándome cada vez más. Sentir como cada vez respiras más profundo. Veo como muerdes tus labios, como tu lengua los humedece con tanta sensualidad. Y tus ojos entre abiertos, mirándome con tanto deseo que descubro que tu también lo querías con muchas ganas. Mis manos empiezan a recorrerte, acariciando esa piel canela, tu estrecha cintura, tu piel es tan suave que mis dedos sienten ese calor, sienten como se eriza al tocar ciertas partes de ti.

Se que esto es sólo mi imaginación, pero desde que bailé contigo, desde que pude sentir tan cerca tu figura, desde que pude moverme al mismo ritmo de tu cuerpo, y ver como sonreías, ver como disfrutabas moverte al son de la música. No dejaba de recordar la frase: “El baile es la expresión vertical del deseo horizontal”. Si te conozco bien acabas de subir tus cejas al leer esto, y ahora acabas de sonreír. Me parece emocionante verte y fantasear contigo. Pero después que hayas leído estas líneas se que muchas cosas cambiarán. Después que sepas que sueño con hacerte mía aunque sea sólo un instante. Que deseo adueñarme de ti por un momento y me dejes dominarte, me dejes seducirte, me permitas ser el hombre que te haga perder la noción del tiempo y el espacio. Ese hombre que te haga sentir nuevas sensaciones, ese hombre que sólo quiere degustarte como si fueras un rico helado, ya que mi boca, mis labios y mi lengua serán quienes te van disfrutar. Mis manos solo te controlaran, decidirán donde y cómo moverte. Quisiera tenerte en mi cama… Quitarte la ropa, sería un placer sólo poder desvestirte y poder verte, me encantaría recorrer cada centímetro de tu cuerpo, acariciarte, llevarte al punto de que me pidas a gritos que te haga mía. Mi boca te recorre empezando desde tus labios y voy bajando suavemente, probando tu cuello, besando tus pechos, mi lengua baja hasta tu ombligo, con ganas de morderte, mis manos se apodarán de tu cintura, tus caderas, tus piernas… y finalmente de tu sexo.
Sólo imagina mi boca allí abajo, y tu dejándome hacer lo que más me gusta, relajate… Disfrútalo… Cierra los ojos y déjate llevar. Déjame apoderarme de tus deseos, de tus fantasías, haz realidad la mía…
Une tu cuerpo al mío y déjame mostrarte lo que soy capaz de hacerte sentir. Permíteme adueñarme de todas tus partes, yo se que mueres por ser una niña mala, aunque finjas ser una mujer tranquilita e inocente. Dame esa oportunidad de descubrir cual es ese no se que que tu tienes…

Continuara…

 

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Hasta qué fuiste mía…

¿Recuerdas como empezó todo esto? Yo creo que ni recordamos como fue que nos conocimos. Ya que importa eso. Si no te das el gusto de conocerme, no vas a poder darte el lujo de olvidarme.
¿Recuerdas aquella última vez? Si, esa misma que acabas de recordar en tu cabeza, ya te debo imaginar con la sonrisa en tu boca, esa misma boca que tantas locuras hizo ese día que tanto anhelábamos vivir.
Solo quiero recordar desde el momento en que te pegue a la pared, levante tus brazos y empece a besarte. No en los labios aún… Primero bese cada rincón de tu rostro, de tu cuello, te respiraba cerca, sentía tu aroma, esa fragancia de deseo y lujuria. Tus ojos me gritaban que te comiera a besos. Así qué con leves toques empece a degustar cada uno de tus labios. Sentía como tu respiración se iba acelerando, tus suspiros eran más profundos y prolongados. Así qué te voltee y quedaste de espaldas a mi, tu cara frente a la pared, te tome de las caderas, y te tome del cabello, y hablándote al oído te dije: -Vas a ser mía… –

Tu solo sonreías, esa cara de picardía, esa expresión de “Haz lo que quieras conmigo” me ponía cada vez más caliente. Así qué te tome y te guíe hasta mi cama… Y te deje caer en ella. Tus ojos brillaban como diciendo: Por fin vas a ser mío. Fue en ese momento donde me dije mentalmente: ¿Quien se va a comer a quien?

Y tal cual como lo escribiste una vez en mi teléfono, decidida y segura de lo que estaba haciendo me desabrochaste el pantalón. Adueñandote de mi sexo inmediatamente. Mi espalda se arqueó instantáneamente, esa boquita tuya era tan cálida y suave, los movimientos de tu lengua tan dulces y dóciles que era demasiado romántico para la primera cita. Nuestra primera vez quería que fuera intensa. Por eso te pedí que cambiaras el ritmo. Y con el tono de voz que tanto te gusta que te hable te dije: -Quiero sentirte más atrevida, más salvaje, quiero que te lo comas completamente. Quiero que tu boca me disfrute, que me domine, quiero ver que tan intensa puedes llegar a ser.
Nuevamente tu sonrisa con toque de dulzura malvada volvió aparecer. Tu lengua empezó a jugar conmigo, tus labios húmedos y brillantes se adueñaron de mi sexo. Tus ojos se cerraban y se abrían, manteniendo el contacto con mis ojos. Eso me encantaba. Así qué me empece a retarte. Quiero que te lo comas todo, quiero ver como disfrutas del sexo oral. Tu boca se abría más y más, tomabas aliento y no te detenías. -Eres Tremendo – me decías a penas cuando dejabas de tenerlo en tu apetitosa boca. Y sonreías con tanta malicia y picardía que me ponías cada vez más creativo. Ya te habías dado cuenta lo mucho que me encanta el sexo oral, así que elevaste la intensidad y yo me puse más malicioso. Te tome del cabello, controlando tus movimientos. Sólo por algunos instantes, no puedes quitarle el control a una mujer cuando te hace una felación.

Fue en ese instante cuando decidí quitarte la ropa. O lo que quedaba puesto, uno siempre trata de arrancar parte de la ropa mientras disfruta de los besos. Así qué aproveche este instante para cambiar de posición. Me toca a mi disfrutar del sabor de tu sexo. Aún ni te había tocado y sólo mi aliento acariciaba cada centímetro de ti y ya tus primeros gemidos empezaron a aparecer. Mi lengua hizo aparición, y con sólo la punta empece a rozarte suavemente. No hacía falta humedecerte. Introduje mis dedos dentro de ti, me llenaste de tu dulce néctar del placer. Los movimientos empezaron a acelerase, y tu perdiste el control. Llego el momento de que me sientas dentro de ti. Tome el control de tus piernas desde tus tobillos, y te acomode a mi gusto, me pose sobre ti, y fue penetrandote con suavidad y ternura. Pero como ya lo sabes eso no iba a durar mucho tiempo, ya que tu me inspirabas era un sexo salvaje e incontrolable, la ternura desapareció inmediatamente. Tus pies pasaron a estar en mis hombros, y mis movimientos empezaron a ser cada vez más y más intensos, al ritmo de tus gemidos y suspiros.
-Eres mía… – te susurre
Inmediatamente tus manos empezaron a apoderarse de mi cuerpo, caricias y manoseos se adueñaron de mi. El choque de mis caderas con las tuyas eran cada vez más explosivas. Te cambie de pose, el control era mío. Te puse en cuatro, controlándote por tu cintura con una de mis manos y la otra por tu cabello. Me di cuenta que te encanto que te halara el cabello. “Por fin eres mía” volví a gritar y ambas manos te agarraban las nalgas, y en algunos instantes era imposible no darte una que otra nalgada. Te tumbe y quedándome encima de ti empece a morderte la espalda. Cada centímetro, cada rincón de ti, con mordiscos cada vez más intensos. Al principio gritabas de dolor… Después empezaste a disfrutarlo y me pedías que no parará.
-No me muerdas tan duro- me pediste
-Shhhhh, usted hoy es mía, y el control es mío, y hago lo que quiera con su cuerpo. Ok? Te quedo claro? –
Y tomándote por el cabello nuevamente te lo volví a decir al oído: “Como quieres que te lo diga, ERES MÍA”
Recorrí tu cuerpo, besando, mordiendo, saboreando cada parte de ti. Así qué decidí hacer un 69, lo recuerdas? Cómo me subí encima de ti, y sentías como mi sexo penetraba tu boca y tu no parabas de saborear cada centímetro. Mientras yo jugaba con mi lengua y dedos allá abajo, me tomaste de mis nalgas como controlando el movimiento de mis caderas para no ahogarte. Por eso nos volteamos y deje que tu fueras quien tuviera ese control. El control de moverte a tu gusto. El control que tanto anhelabas. Ese poder de sentirte dueña de mi cuerpo, de ser tu sumiso, que me mordieras, me aruñaras, me tomaras por el cabello. Recuerdas esa sensación? Cuando te pedí que me mordieras en la espalda, cada vez mas fuerte, que me dejaras marcas en el cuerpo con tus uñas, fue cuando te diste cuenta que me gustan las pasiones intensas, donde se encuentran frente a frente el placer y el dolor. Esas sensaciones que te llevan al limite de perder el control. Dominarte al punto de hacerte sentir nuevas emociones, nuevas sensaciones que seguramente nadie lo había hecho contigo antes de esa manera.

Cómo dice el libro de Las 50 Sombras: “¿Así que quieres que te folle otra vez?”

Continuará…

 

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Con las dos…

Muchas noches deseó ser tocado por ambas, que recorran mi piel centímetro a centímetro. Paso a paso como sí caminarán por mi cuerpo. Que se deslicen por algunos instantes transmitiendo el calor y la energía de las dos. Una toca mi rostro, acaricia mi cabello, se siente algo fría, fresca en realidad. Juega con mis labios, mi nariz, me hace sonreír. La otra me hace suspirar, ya que recorre mi espalda, mi abdomen, mi pecho. Se siente más caliente. Sus caricias son más intensas, más dominantes, controladoras.

Ambas me hacen sentir el mayor de los placeres. Grandes emociones. Juntas me liberan de mi ropa, juntas me arrinconan contra la pared. Cada una toma el control de mis manos, como diciendo “no te muevas”. Yo me quedo inmóvil, aunque provoca luchar por liberarse. Una de ellas me toma por el cuello, la amenaza por el control es inminente. La otra se desliza por mi pecho, bajando por mi abdomen, y toma el control de mi sexo.

Estoy a merced de ambas, mi respiración se acelera cada vez más. De pronto ambas se adueñan de mi sexo y unos labios húmedos y calientes se empiezan a degustar con gran placer. Una lengua bien juguetona empieza a recorrerme, unos labios carnosos le dan apoyo. Sientes el sonido de una boca degustando con gran placer un sexo oral largo y profundo. Siento tantas sensaciones que no deseo que se detenga ni por un instante, una de ellas se apodera de la mitad de mi sexo, apretándome fuerte. La otra acaricia mis nalgas, mi espalda. Y cuando menos lo esperas ambas se adueñan de mi sexo y con movimientos intensos me masturban, quieren hacerme explorar… Se turnan, y cuando le hago saber que ya se aproxima mi orgasmo ambas trabajan juntas con movimientos giratorios invertidos llevando mi sexo hasta tu boca me dices:

-¿Quieres que siga con las dos manos? o ¿Quieres llegar aquí? (Tocando sus labios muy sutilmente)

Tu mirada de picardía fue la que me hizo llegar antes de que terminaras la frase… Tu boca se apoderó por esos segundos de mi, y tus ojos no se apartaron de mi, disfrutaste cada segundo mirándome, viendo como un escolofrio se apoderaba de mi cuerpo, te mire fijamente a los ojos casi sin parpadear. Tu terminaste de saborear y finalizaste con una sonrisa de satisfacción y placer consumado.

– ¿Te gusto? dijiste con voz suave
-Creo que tu cara lo dice todo… – dijiste con una sonrisa malvada entre tus labios
-¿Viste las maravillas que pueden hacer juntas mis manos y mis labios? ahora espero lo mismo de ti…

Continuara…

 

Sol-Perez

Sueño húmedo…

Es tan emocionante amanecer con la imagen de tu cuerpo en mi mente. Aunque más emocionante sería que amanecieras en mi cama, poder verte completamente dormida, completamente desnuda, completamente mía. Poder acariciar cada centímetro de tu cuerpo como sí dibujara nuevamente cada una de tus curvas. Como sí pintará cada una de tus pecas o lunares. Sería como modelar un jarrón de barro entre mis manos, definiendo con la dulzura y la fuerza de mis dedos, apretando, a veces solo rozando. Sintiendo la textura, la temperatura.

Tu te despiertas, y tu cuerpo empieza a moverse al ritmo de mis caricias. Los escalofríos se apoderan de tu cuerpo, la piel se te eriza. Tu respiración es cada vez más profunda y acelerada. Ni siquiera quieres abrir los ojos, sólo susurras: -No te detengas- así que abres tus piernas, y tu mano se introduce entre tu piel y un sexy cachetero que usas para dormir. Tocando tu sexo. Me miras fijamente y me dices con voz muy picara y sensual: ¿Quieres sentir como me pusiste? – tomaste una de mis manos y te la llevaste hasta allí…

Podía sentir el calor y la humedad necesaria para empezar a jugar contigo al placer y al amor. Mis dedos se dejaron llevar. En un instante la mitad de mi mano estaba dentro de ti. Y mi pulgar acariciaba tus labios y clítoris con mucha suavidad. Tu mientras tanto acariciabas tus pechos, eso me encanta, tu boca se abría, respirabas profundo, mordías tus labios por instantes, en otros me gritabas: – Bésame!
Mi mano no dejaba de moverse, tu tampoco dejabas de hacerlo. Tus jugos recorrían mis dedos. Tu no dejabas de gemir. No deseabas que me detuviera ni por un instante. Apretabas las sabanas, casi que arrancándolas de la cama. Así que acerque mi boca a tu sexo para terminar de hacerte sentir el orgasmo que tanto deseabas en la mañana. Tus manos agarraron mi cabello controlando los movimientos. Mis labios, mi lengua, mis dedos, todos trabajando juntos para logran un solo objetivo, una explosión de placer y lujuria, acompañada de un largo pero leve grito. Cerrando tus ojos. Halando mi cabello. Que manera tan placentera de despertar en las mañanas…

 

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Tus labios…

Cada vez que miro tus ojos a lo lejos, y logro llamar tu atención, tu mirada tiene un poder sobre mi que me envuelve, como si tus pestañas me incitarán a correr a tus brazos. Seguidamente tus labios se humedecen con tanta inocencia, y yo me vuelvo loco por saber a que saben. Cual será el sabor de esa boca chiquita pero de labios atractivos, que al verlos cuando me hablas me hacen volar la imaginación. Siempre imagino besándolos con dulzura, suavemente, con ternura. Acariciando tu bello rostro mientras me degusto con tu boca. Recorrer con la punta de mi lengua tus labios, morderte poquito a poquito, acelerando la intensidad de cada beso… Hasta poseer toda tu boca con un gran beso a la francesa. Tu boca se me empieza a ser pequeña, mi boca empieza a recorrer tu rostro, tu cuello, tu oreja… Allí me detengo y te susurro: -Me encantan tu besos, nunca dejes de besarme… Quiero que tus labios sean solo míos, quiero que tu seas mía-
Tu sonríes y me dices: -Soy tuya desde que me besaste la primera vez… Con tu mirada. Yo también espere con ansias este momento, y resulto ser más apasionado de como me lo imaginaba. – en ese instante suspiraste profundamente y te dije: – ¿Sabías que tosemos para aclarar la garganta y suspiramos para aclarar el corazón?- seguido de una sonrisa y un beso en tu frente, tu solo me miras a los ojos, como buscando más allá de mis pupilas un motivo, una razón para no seguir besándonos. Pero es tu boca la que no se puede detener, son tus labios los que piden ser besados, es tu corazón el que quiere sentirse emocionado. Y aunque no creas ya en el amor por otras desilusiones, aún crees en lo emocionante que es sentirse deseada, seducida, conquistada. Tu cuerpo aún es débil a las tentaciones, al deseo, lo carnal. Sentir que te desnudo con solo mirarte. Sentir que te acaricio con mi mirada. Sentir que puedo hacerte mía con solo la imaginación. Y que no puedes evitarlo…

 

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Señora de las 4 décadas (Parte 3)

Ver tu cuerpo desnudo en mi cama, después de una primera sesión de sexo y pasión contigo elevo mi ego. Sentí que todo hombre en su vida debería empezar experimentando en el mundo sexual con una mujer con más experiencia que el. Desde qué estuve contigo esa noche empezó otra etapa de mi vida. No era solo vivir la aventura, era saber disfrutarla. Era complacer los deseos, las fantasías, saciar las ganas. En ese instante después de descansar un poquito recuerdo que me dijiste: -Quiero que me hagas gritar…- Para mi fue “una orden” e inmediatamente empece a besarte por el cuello susurrándote al oído: – Ahora me toca a mi, estas lista? – y empece a morderte suavemente cada rincón de tu cuerpo, te recorrí con mi lengua y mis labios. Mis manos recorrían tu piel, acariciando cada parte de ti. Me encanto besar tu cintura, morderla con picardía… Rozar tu ombligo y haciendo círculos con mi lengua jugaba con tu sexy huequito.

Hasta qué de pronto decidí bajar a tu sexo y mis labios hicieron un chasquido como un beso largó y profundo en tu clítoris y un suspiro profundo te invadió. Así qué me dedique a saborear el dulce sabor de tus jugos… Tu solo me tomaste del cabello y controlabas con tus manos la intensidad y la presión, yo controlaba la velocidad y la profundidad de mi lengua dentro de ti. Me excitaba cada vez que gemías más y más alto, tu respiración cada vez más acelerada y profunda. Sentir como temblaba tu pelvis cuando mi quijada se pegaba a ti. Sentir como me alabas el cabello cada vez más fuerte. Y me presionabas a tu sexo tan fuerte como sí desearás meter mi rostro entero dentro de ti. Subí tus piernas y empece ayudarme con mis dedos, recuerdo que enloqueciste, estabas toda mojada, tus jugos y mi saliva mezclados entre tus piernas recorrían tu piel hasta mis sábanas.

De pronto un escalofrío invadió tu cuerpo por entero y me agarraste con ambas manos y presionaste mi boca contra tu sexo de manera desenfrenada y casi sin aliento me dijiste: Muérdeme… Y un gran orgasmo invadió tu cuerpo seguido de un grito placentero largo y tendido, hasta que dijiste “Ven aquí…” y nos besamos. -“Me hiciste acabar rico mi niño, no quiero que se acabe esta noche… aun tengo muchas cosas por hacernos sentir.”-

Fue una gran noche, la botella de whisky empezó a verse vacía, y las posiciones del Kama Sutra nos quedaron cortas. Hiciste conmigo lo que te dio la gana, aun no puedo olvidar el ultimo orgasmo de esa noche, donde quisiste demostrarme tu experiencia con una felación  a garganta profunda que me dejo sin fuerzas y energía, dejándome casi dormido en mi cama hasta el amanecer. Gran noche la que vivimos juntos, mi señora de las cuatro décadas.

Continua…

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Señora de las 4 décadas (Parte 2)

-Quien diría que terminaría metido en la cama con una mujer que puede ser mi madre por su edad- comente.
-Pero no lo soy- me respondiste. -Sólo relájate y déjame disfrutar de este instante, tal vez mañana te arrepientas y no quieras verme de nuevo.-

Yo no lo niego, lo que en un pasado siempre dije “Con una vieja, nunca” me estaba tragando mis propias palabras. Tu solo me pediste que me relajara nuevamente. Empezaste a besarme desde el cuello con total sutileza, acompañados de caricias con unas manos muy bien arregladas recuerdo, uñas impecables, y una frescura única en tus dedos. Besaste mi pecho, mordiste un poco mi hombro izquierdo… Como tanteando la zona. Seguiste bajando hasta llegar a mi abdomen y sonreíste, me mirabas fijamente, y sosteniéndolo en tu mano derecha me dijiste: – Se que mueres por que lo haga-
Sólo coloque mi brazo sobre mis ojos y dije en voz susurrante: – Diooooos!! – y deje que tu boca hiciese su mejor trabajo. Fue fascinante cuando sentí el calor de tu boca y el movimiento de tu lengua. Todo empezó tan dulcemente, sutil, explorando cada centímetro de mi miembro. Yo solo podía respirar profundo… Y disfrutar. Aunque por un instante sonreí… Es que vino a mi mente un recuerdo de adolescente. Un amigo del liceo me dijo una vez: -“Hermanito, cójase una vieja, es lo más bueno que hay, yo se por que se lo digo”.
Apenas estaba empezando la noche y yo ya le daba crédito a mi amigo por tan grandioso consejo. De pronto decidiste ofrecer algo que a muchos hombres nos encanta: un 69. Te posicionaste encima de mi… Mis manos sujetaban tus grandes caderas mientras mi lengua jugaba contigo. Tu seguías ofreciéndome un sexo oral descomunal, sabías con detenimiento mis puntos débiles, la experiencia se ponía de manifiesto. Recuerdo como me gritabas en algunos momentos: ¡No pares! ¡No te detengas por favor! Hasta un punto donde casi ni te salió la voz… Sólo un largo y placentero gemido, acompañado de unos suspiros, apretabas tu pelvis a mi cara, casi me dejabas sin respiración. Decidiste cambiar de posición inmediatamente, y te colocaste tipo “perrito”. Sólo ver tu cintura y esas grandes caderas era suficiente razón para volverse loco del deseo. Aunque todo se me torno más explosivo cuando escuche algo que hasta ese momento ninguna mujer me había dicho: “-Soy tu puta papi… cojeme rico”.
Primero sonreí, por un momento creí haber escuchado mal, pero cuando lo volviste a repetir… Una ola de lujuria me invadió… Siempre creí que a las mujeres les gustaba palabras dulces solamente. Que gran equivocación. ¿Recuerdas que me pedías que te lo dijera? -Eres mía- te dije primero. Y me dijiste que asi no tenia la misma fuerza o intensidad, que era:”¡Eres mi puta!

Mientras más lo decía más energía se apoderaba de mi. Como si se recargara mediante esas tres palabras. Tu solo gemías y suspirabas, mientras arrancabas las sábanas de la cama y mordías la almohada.
-¡No pares por favor! Seguías diciendo, mientras las gotas de sudor empezaron a brotar de mi frente, hasta el punto de caer encima de ti…
De pronto me pediste que no me moviera, decidiste tomar el control de los movimientos tu misma, un ir y venir dulce y suave, en otros instantes acelerabas la velocidad e intensidad. Yo sentía que iba a explotar. Con sólo mirarme sabias que estaba a punto de llegar. Así que decidiste empezar a gemir más fuerte y gritarme: -COJEME DURO PAPI… Quiero llegar contigo!!-
Fue increíble como los hombres nos activamos con palabras que nos hagan sentir que tenemos el control. Mis manos apretaron tus nalgas con fuerza y después de varios movimientos agresivos simplemente no aguanté más… Te dije: -Me vengo- y sentí como tu sexo me apretó y me hiciste explotar de placer… Caí sobre tu espalda, mi cuerpo estaba tan sudado que resbalaba por tu cuerpo. Quede sin aliento. Sonreíste y dijiste: Descansa un poquito mi niño, que la noche apenas empieza…

Continuara…

 

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Señora de las 4 décadas…

Te conocí en un bus rumbo a La Guaira, en aquella época cuando se cayó el viaducto. Cuando las colas eran interminables, yo iba sentado a tu lado ya desde hace una hora y no habíamos cruzado una palabra. Hasta qué recibiste una llamada que si no mal recuerdo te hizo hasta llorar. Y como para pensar en otra cosa me dijiste: -Wao! Esta cola esta interminable… Ya no siento las nalgas – seguido de una sonrisa. Fue suficiente para mi, ver una mujer de cuarenta y tantos años como pasaba de tristeza a alegría en sólo segundos. La curiosidad me mataba. ¿Que le estará pasando a esta señora tan simpática? Empece a hablar contigo y en cada mirada sentía una atracción casa vez mayor. Nunca me había sentido tan atraído a una mujer mayor a mi. Tu forma de hablarme, la forma en que tus labios se movían, esa mirada que a veces se perdía como tratando de no dejarte invadir por tus problemas. De pronto una ola de calor invadió tu cuerpo y sacudiste tu blusa y soplaste tus senos… Recogiste tu cabello y no pude evitar mirar el escote de tu blusa. Se que te diste cuenta. Se que notabas que mi mirada te recorría rápidamente. Y faltando pocas cuadras para quedarme en mi parada me dije mentalmente: -necesito volver a ver a esta señora.- Así que saque mi tarjeta de presentación y te dije que estaba a la orden. Me dijiste: -Que bueno mi niño, anota mi número, yo soy la Jefa de Servicios Generales de la Clínica ****** también estoy a tu orden.- Ya me toca quedarme en la siguiente parada, fue un placer conocerte.- Te dije lamentándome por dentro. Pero tu con sonrisa en los labios me dijiste: -Tienes Messenger? – Y te dije que si, que el correo estaba en mi tarjeta. Así que me dijiste: -Tal vez me conecte ahorita- y me guiñaste un ojo… Creo que me baje del bus y corrí a abrir el Messenger y esperar que me agregara…

Así fue, media hora después vi como me aparecía el mensaje si deseaba aceptar tu solicitud. Fue un clic inmediato. Mi corazón se aceleraba. Empezamos a hablar, de cosas muy diversas, pero fue hasta que dijiste: -Lástima que eres tan joven, si tuvieras unos 15 años más las cosas fueran diferentes- Yo inmediatamente pensé: – ¿Para que quieres tener un hombre con más edad? Olvidemos el Tabú, yo me arriesgo. Y te dije: -A mi no me importa la edad, a veces uno se siente atraído por gente mayor y deja de probar porque tienes miedo a que te juzguen… Por ejemplo, tu me atraes y me gustaría conocerte profundamente. –

¿Qué tan profundo?- respondiste colocando un emoticon de “diablito”
-Lo que tu me permitas- te respondí acompañándolo con el de “angelito”
-¿Vives solo? Porque podríamos vernos en tu apartamento y bebernos unos tragos y así conocernos más en persona. Yo vivo con mi hija pero le puedo decir que me voy a quedar trabajando en Caracas. ¿Que te parece este viernes?
Mi cara, un poema, menos mal no era una videoconferencia, simplemente respondí con un ME ENCANTARÍA. Te escribí mi dirección y te espere ansioso hasta el viernes. Sólo debía esperar que pasara el jueves rápido. Así me daría chance de acomodar el apartamento, seleccionar buena música, la ambientación es importante.

Llego el día tan esperado por los dos. Quedamos en vernos en la parada para irnos juntos. Recuerdo que usabas uniforme de pantalón azul marino y una blusa blanca. Esta vez si pude verte bien, a la luz del día, me encanto ver tus piernas y esas grandes caderas. Te veías muy elegante y atractiva. Cuando me acerque a ti recuerdo que me dijiste: -Mi amor! Te estaba esperando- nos abrazamos y un beso de esos que tocan la frontera entre la mejilla y la boca. Inmediatamente se me aceleró el corazón. Creo que esa hora en autobús sería la más larga de la historia. Cuando al fin llegamos a mi apartamento recuerdo que sacaste una botella de whisky Etiqueta Negra, yo busque par de vasos con hielo y empezamos brindando por nuestra nueva amistad. Una amistad que ambos sabíamos que terminaríamos en la cama. Así que no tardamos nada en darnos los primeros besos, y olvidarnos de precalentar, yo ya venía muy caliente. Así que sólo te desabotone la blusa y deje al descubierto tu pecho lleno de atractivas pecas. Me acuerdo que me dijiste: -No tengo mucho busto, pero ¿sabes que lo complementa? – te pusiste de pie, te diste vuelta dándome la espalda y bajaste tu pantalón suavemente dejando ver un pequeño hilo que contrastaba con unas grandes y atractivas nalgas y esa marca de bronceado que me dejaron boquiabierto al ver que usabas bikini pequeñito para ir a la playa…

Continuara…

 

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Eres mía…

Hoy recuerdo como fue esa primera vez contigo. Te esperaba ansioso, deseando volver a probar esos ricos labios que bese ese día en la discoteca. Quería que al pasar la puerta de mi habitación te sintieras la mujer más deseada de la tierra. ¿Recuerdas como el piso estaba cubierto de pétalos de rosas hasta mi cama? Las velas por doquier y el olor a vainilla que endulzaba el ambiente. Tu rostro era un poema. Recuerdo que te prepare algo para comer… Creo que ni lo probamos jajaja. Te serví una copa de champaña para entrar en ambiente. Y después de media copa, los besos estaban invadiéndonos, las caricias y el deseo se volvieron protagonistas de esta nueva historia.

Volver a sentir esos labios carnosos, sentir tu aliento deseoso de pasión y lujuria. Nos recostamos en la cama, tu cuerpo sobre el mío, aún recuerdo como acomodabas tu cabello cada vez que invadía nuestros rostros, decías con voz suave: -Que tanto deseabas besar mis labios nuevamente- Y yo sin dejar de besarte y entre pequeños mordiscos te decía: -Los deseaba… Demasiado… No dejes de besarme…- fue cuando decidiste quitarte la blusa y mirarme fijamente a los ojos. Mi corazón latía cada vez más rápido, lo que una vez solo fue una fantasía ahora la tenía encima de mi cuerpo. Nos bebimos la champaña y me pediste algo más fuerte, así que busque una botella de tequila. Y entre shoots y besos fuimos entrando más en calor. ¿Te acuerdas de cuando tomaste la Nutella y cubriste gran parte de tu cuerpo de chocolate? Ver tu cuerpo desnudo cubierto de chocolate… Ya mis labios y mi lengua no me alcanzaban para comerte entera. Que rico es unir alcohol, chocolate y pasión.

No puedo borrar de mi mente el instante donde me tomaste de la mano y me llevaste a la ducha para quitarnos tanto dulce de nuestras pieles pero te llevaste la botella de tequila… Me arrodillaste, y me dijiste: -Quiero que bebas de mi cuerpo… – y dejaste caer la tequila a tus senos y recorrió todo tu abdomen y allí abajo estaba yo esperando por beber mi primer shoots-cunnilingus. Tus movimientos de pelvis y caderas me tenían loco. Abrí la ducha, moje tu cuerpo, deje que el agua caliente recorriera tu piel. Tome el jabón líquido entre mis manos y empece a deslizarme por tus curvas. Pegue tu espalda a mi pecho, mis manos podían sentir tus senos firmes, tus nalgas recostadas a mi buscando como sentirse penetradas. Besos, gemidos, la pasión no se contenía… Recuerdo que salimos aún goteando agua de la ducha y así mismo nos lanzamos en la cama… -¿Desde cuándo me deseabas?- preguntaste. -Desde la primera vez que me hablaste- respondí. -Mis palabras te calentaban. -¿Deseabas hacerme tuya? ¿Querías tener mi cuerpo encima de ti? – me decías mientras empezaba a penetrarte suavemente. -Ya soy tuya, sólo tuya, yo también te deseaba demasiado. ¿Qué me hiciste? ¿Como me convenciste? – me decías. Yo solo te besaba y acariciaba disfrutando cada centímetro de tu piel. Esa boca tuya que me dejaba sin respiración. De pronto cambiamos de posición, me tocaba a mi dominarte, tener el control, quería sólo cogerte, pero tu mirada, tu voz y tus caricias me llevaron a hacerte el amor. Ya mi deseo se había hecho realidad. Ya eras mía… Totalmente mía. Valió la pena esperar que decidieras dejarlo a él y te entregarás a mi. De aquí en adelante empezó nuestra historia….

 

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Te soñé despierto…

Esta vez no te contare un sueño de esos que se tienen cuando duermes. Esta vez, te contare uno que tuve despierto. Y este empieza despertando… Despertando a tu lado, mirándote como duermes con una sonrisa en los labios de felicidad. Así me acerco a ti y susurrante al oído te digo: Despierta bella durmiente! Es hora de levantarse…
Me sonríes y respondes: No quiero despertar de este sueño!
Así que me acerco y empiezo a besar tu hombro… Con rumbo hacia tu espalda… Abro camino entre tu cabello para llegar a tu cuello. Y sólo te respiro cerca y siento tu aroma de mujer. Sigo recorriendo con mis labios tu espalda…Y siento como se te eriza la piel. Tu solo suspiras… Te tomo de la cintura y volteo tu cuerpo. Quedándome tu ombligo frente a mi boca… Lo beso levemente… Y tu sólo aprietas las sábanas y vuelves a suspirar… Levanto un poco mi cara… Y mirándote te digo con una sonrisa en los labios: quieres que suba o que baje? Y sólo te tapas los ojos, suspiras, sonríes, y me miras… Sólo me miras… Tratando de decirme lo que querías que hiciera sólo con una mirada… Así que yo solo cerré mis ojos y empece a besarte por todo tu cuerpo… Besos suaves… Que subían y bajaban por tu abdomen… De pronto, mi boca se detuvo en tus senos… Mis manos empezaron a acariciarlos, empece con sólo roces con mis dedos… Jugando y degustando el sabor de tu piel, cada tanto abría mis ojos para ver tu cara de placer… Y tu sólo susurrabas entre labios: No te detengas.
Me encanta como tu respiración se acelera, como muerdes tus labios, y me miras, y disfrutas como yo me saboreo con tanto gusto esos lindos y redondos pechos… IC