Young couple smiling on bed, close-up

Simplemente amigos…

Te acuerdas aquella ocasión después de haber trabajado mucho en la tarea de la universidad, eran las entregas finales, pasé la noche en tu casa trabajando. Ya eran como las 4 de la tarde cuando decidimos descansar y relajarnos y olvidarnos completamente de la tarea, compramos unas cervezas. Te pedí que me permitieras bañarme para descansar mejor y que así podías darme un masaje. ¿Porque te ríes? Veo que si lo recuerdas. Comencé a bañarme después de haber tomado un par de cervezas. No había toalla y te pedí una. Corriste a la puerta del baño y me la diste, me dí cuenta de que me miraste con algo de picardía. Salí del baño y fui a tu cuarto, allí estabas tirada en la cama bocabajo, parecías relajada por la cerveza. Me recosté a tu lado y también trate de dormirme.

Comenzamos a hablar de otras cosas, pero no se como se dio el tema, total que me contaste acerca de una experiencia sexual que habías tenido pero que no te había gustado y te sentías muy arrepentida, recuerdo que lloraste, e intenté calmarte y que te desahogaras. Después de un rato de estar llorando, entre lágrimas y con un gesto muy visible de pena, me dijiste: – ¿Sabes? He tenido tres sueños contigo en donde hacemos de todo, y el tenerlos me hace sentir muy mal, porque fuiste el novio de mi mejor amiga, y ella me pidió que te cuidara cuando se fue, siento que la traiciono.

Yo también te confesé que desde hace tiempo fantaseaba contigo. En ese momento estábamos los dos acostado pero uno en cada extremos de la cama, pero para ese entonces mi miembro ya se encontraba muy duro e incluso con gotas de lubricante en la punta. Y yo solo en toalla.

Yo acerqué mi mano a tu cara y la acaricie e inmediatamente me pediste que no lo hiciera, pero no te quitaste, sino que al contrario, metiste tu mano bajo mi toalla y tímidamente me tocaste, veía en tus ojos el deseo que sentías. Cerré mis ojos. Mi corazón estaba a mil no sabía que hacer. De hecho los dos estábamos deseosos pero no nos atrevíamos a acercarnos más. Me acerqué y te dí un beso en la frente mientras luchaba por contenerme de no venirme, ya que estaba muy, muy excitado. Tu cerraste tus ojos y me dijiste: – ¿Me dejas hacer algo que desde hace tiempo he querido hacerte? – Yo con la respiración entrecortada te dije que hicieras lo que quisieras y te pregunté que era lo que deseabas.  Aún con los ojos cerrados y con el ceño fruncido y los labios temblorosos, me contestaste: – Besarte, solo eso quiero – A lo que respondí que lo hicieras. Te acomodaste un poco y yo esperaba que me dieras un beso en la boca, pero no. Quitaste la toalla de mi cintura y me diste un beso a la altura de mi ombligo, tomaste mi pené con tu mano derecha y comenzaste a besar la base y lentamente a subir por él hasta llegar a la punta. Ya estando tus labios en mi glande, de un sólo golpe succionaste todo mi pene y no pude hacer otra cosa más que arquear mi cuerpo. Con la otra mano apretabas rítmicamente mi escroto y testículos, tu boca subía y bajaba por mi pene y yo sólo veía como estaba húmedo por tu saliva y como tus labios se estiraban cuando lo sacabas y lo metías en tu boca. Te detuviste un poco en la punta y con tu lengua comenzaste a dar vueltas por el glande. Ví como tu mejilla se estiraba al hacer contacto el glande con las paredes de tu boca y eso me excitó mucho más.

Como sentí la sensación de la eyaculación, te sujete por la cabeza y te retiré y te dí un beso en los labios. Luego te besé el cuello y te baje una blusa de tirantes, dejándote sólo en un sostén sin tirantes. Acaricié la copa y sentí tu pezón durito. Bajé lentamente tu brassiere y tus dos senos eran como dos melocotones grandes y jugosos por ser devorados, eran perfectos y excitantes. Tu simplemente seguías con los ojos cerrados y cuando te recosté para quitarte el pantalón, te tapaste con el antebrazo los senos y con las manos tu cara, ¿Que sentías? Tienes un cuerpo hermoso, digno de admirar y observar. Desabroché tu pantalón, te saqué las piernas y ta dejé solo en un bikini color piel, que recuerdo muy bien que no era tan sensual como los que había visto antes en tu closet y a decir verdad me cortó un poco la inspiración y por eso te los arranque y los lance lejos de nosotros. Se que no te lo había dicho, ahora solo nos queda sonreír. Siempre me ha excitado ese momento en que desnudamos a esa persona que tanto nos gusta. Y ¡Wao! Algo que me llamaba la atención y me despierto el morbo es el vello púbico, lo tenías perfectamente delineado por el rastrillo y sólo tenía una delgada línea de pelos, lo cual ahora que lo escribo me provocas una erección y hace que mi “amigo” salga por mi bóxer.

Me recosté a tu lado y quité tus manos de tus senos y los comencé a besar, con mucha dulzura, jugando con mi lengua y a veces mis dientes con esos pezones erizados. Mientras con mi mano derecha acariciaba tu abdomen en busca de tu rajita que al contacto con ella una corriente eléctrica recorrió mi brazo hasta mi cuello. Lentamente, pero con firmeza, metí un dedo en tu vagina, estabas caliente y muy húmeda. Eso me excito aún más y comencé a entrar y salir cada vez mas rápido e intensamente.

No pude aguantar más, me hinque en medio de tus piernas y recuerdo que te pregunté que si quería que lo hiciera, a lo que me contestaste que ¡NO!

Yo no te hice caso… (Sonrío y se que tu también) seguí acariciándote y entre queriendo y no, acerqué mi cadera a tu entrepierna, con mi mano coloqué la punta de mi pene en toda la entrada e introduje poco a poco mientras sentía como me tragaba su humedad y su calor. Cuando la base de mi pene tocó tu pubis me sentí pleno y sentí la necesidad de salir para volver a entrar y tener la misma sensación. Me abrazaste con tus piernas y con tus manos acariciabas mi pecho y me veía a los ojos por fin.

Tus gemidos empezaron a surgir con cada embestida dentro de ti. Tu respiración era cada vez mas profunda, ya no dejabas de verme. Mordías tus labios y te quejabas cada vez que lo empujaba dentro de ti. Cada quejido me calentaba mas y mas. De pronto me empujaste, te pusiste en cuatro patas. El hecho de ver tu trasero a mi disposición me excito mucho más. Volteaste tu cara esperando que te penetrara y en cuanto lo hice, miré como cerraste los ojos y levantaste la cabeza, pero esta vez no hiciste ningún ruido, pero el espejo de tu peinadora me permitía ver tu expresión de entre dolor y no querer gritar. Te contenías, lo aguantabas,  respirabas profundo con cada embestida de mi pene dentro de ti. De pronto fue como si no lo pudiste soportar mas y tus gritos y gemidos explotaron de tus labios, tu almohada era el silenciador de aquella batalla. Tus caderas no dejaban de moverse, a veces volteabas tu mirada para verme a los ojos y sentía como disfrutabas de mi cara. Porque le ponías como mas empeño a la situación, sentí que me ibas hacer llegar en cualquier momento.

Me pediste que no me viniera dentro de ti ya que estabas fértil esos días y no nos estábamos cuidando (Que locos eramos). Por lo que te apartaste, te pusiste de frente a mí y comenzaste a masturbarme. Comenzaste a subir y a bajar con tu mano con movimientos largos y lentos, pero fuertes. Llenaste tu mano de tu lubricación vaginal del que estaba lleno mi pene. Y dijiste: – Lo quiero en mi pecho… – . Finalmente me vine con un gemido de placer-dolor y mi semen se esparció por tus hermosos senos y tu mano, que aun seguía manoseando lentamente mi pene y apretabas como para sacar todo lo que tenía que salir. Podía ver como caía todo en tus senos y me decías: – Esta caliente, que rico se siente. – Y empezaste a esparcirlo por todos tus senos hasta dejar una capa brillante por todo tu pecho.

En ese momento, después de recuperar el aliento y disfrutar del orgasmo, me sobrevino la culpa y me tiré en la cama y te pregunté: – ¿Qué hicimos? Tu solo me diste la espalda y yo no sabía que hacer, me cubrí con la toalla y me puse a pensar. Después de unos quince minutos, volteaste hacia mí y me dijiste mientras me acariciaba el pecho y me quitaba algunas gotas de sudor: – ¿Sabes..? me la pasé muy bien, a pesar de que me siento mal por esta chama, ella esta enamorada de ti, ¿sabes? Pero me deje llevar…

-¿Te gustó? – te dije

-Claro que si, fue increíble, pero aun siento pena y vergüenza.

Estuvimos otros diez minutos viendo el techo de la habitación como un par de tontos y luego nos levantamos y nos fuimos a bañar. No dijimos nada, de hecho nos bañamos dándonos la espalda. No quisiste enjabonarme siquiera y no me dejaste hacértelo tampoco. Nos secamos, nos vestimos y salimos a caminar. Fuimos a comer helados ¿Recuerdas? Por un instante nos olvidamos que solo hacia unos minutos estábamos empiernados besándonos y gimiendo el uno por el otro.

-¿Que somos?  – me preguntaste antes de irte de nuevo a tu casa…

-Somos los mejores amigos. – conteste con una sonrisa.

-Si, ya veo… Muy grandes amigos -dijiste sonriendo tan hermosa como siempre – ¿Pero que pasara cuando quiera volver hacer esto que paso hoy? ¿Estarás para mi? No puedo pedirte que seas mi novio, mi amiga me mataría, estas claro. Pero debo confesarte que nunca antes me habían hecho sentir lo que tu me hiciste hoy en mi propia cama. Y aunque trato de no hablar del tema, no dejo de recordar cada caricia, cada movimiento tuyo. Con solo confesarte esto siento que me estoy mojando de nuevo…

-Shhh Tranquila – te dije susurrando – Para que estamos los amigos, nos confiamos todo, te quiero mucho, dentro de todo te respeto y me interesas como persona. Considero que esto es una amistad con un toque de erotismo y de mucha confianza. Siempre estaré para ti.

-¿Siempre? ¿Seguro?- me dijiste mirándome fijamente a los ojos en el medio de la calle – Pues quiero que ESTÉS dentro de mi en este momento, así que llévame aun sitio donde pueda ser TU MEJOR AMIGA…

 

mesa

No estas sola…

Sólo quería preguntarte si aún recuerdas ese beso que te robe aquella noche en aquel restaurante. Ese beso que hizo estremecer mi ser, degustar tus labios fue muy placentero. Aunque hubiese deseado que no terminará y poder descubrir cada sabor y pasión que llevas impregnados en ellos.

Mi mente voló por ese instante. Te voy a contar las cosas que pasaron por mi mente de allí en adelante. Y espero que tu te confieses conmigo y me digas si sentiste lo mismo.

Tu energía me invadió. El olor de tu piel al tenerte tan cerca alboroto mis sentidos, rozar mi nariz con tu mejilla al darte un beso de amigos fue lo que hizo explotar ese instante. Fue lo que me llevó a tomarte del cuello y darte ese beso que tanto anhelaba mi boca. Pero deseaba más, un beso no sería suficiente para saciar las ganas que sentía de adueñarme de ti. Yo deseaba aferrarme de tu cabello, que mi boca se comiera literalmente esos labios provocativos. Mi otra mano deseaba con locura acariciar tus sensuales senos que dejabas ver con un lindo escote. Sentirlos en mis manos mientras tu muerdes mis labios con placer. Tus manos se apoderan de mi, una sé aferro a mi cabello acariciandolo con sutileza con tus uñas. Mientras la otra me iba desabotonando la camisa y acariciando mi pecho. De pronto te levantaste de la silla y te sentaste encima de mi. Dejando tus senos justamente frente a mis ojos. Una sonrisa te invadió el rostro. Ni una palabra salía de nuestros labios. Solo eran miradas profundas. Mis manos se adueñaron de tus nalgas aferrandome con fuerza. Te recorrí hasta tu cintura y no pude esperar mas… te quite la sexy blusita que llevabas puesta. Dejando al descubierto lo que podría comparar con dos grandes y jugosos melocotones. Mi boca no aguanto ni un instante para saborearlos. Mis labios y mi lengua no pararon de jugar con ese par. Y es que con solo ver tu rostro sabía que lo deseabas desde hacía mucho tiempo. Me encantaba ver como mordidas tus labios. Como gemías cada vez que te mordía o lamía tus pezones. Era inevitable querer quitarte toda la ropa y hacerte el amor de forma salvaje en esa mesa. Así que te mire fijamente y por primera vez cruzamos un par de palabras:

«-Eres mia» dije susurrando…

Y tu cerrando los ojos sólo dijiste: «Hazme tuya»

Te levante y desabroche el botón de tu pantalón, bajé el cierre lentamente, sin dejar de mirarte a los ojos. Tu respiración se aceleraba fuertemente. Mis manos se encargaron de dejarte con un pequeño hilo dental negro que era casi igual que dejarte desnuda por lo diminuto.

Tu hiciste lo mismo conmigo, te deshiciste de mi pantalón y solo me dejaste en bóxer. Pero una sonrisa te volvió a invadir y terminaste arrancandomelo por completo. Ya podías ver mi erección. Y sin mediar palabras empezaste a propinarme un sexo oral increíble. Tus labios jugaban a volverme loco junto a tu lengua. Succiones y la lamidas eran las responsables de cada contorcion de mi cuerpo. Sentir tu boca húmeda y caliente me excitaba cada vez más. Verte jugar con tanto placer con mi miembro que cada segundo estaba más y más duro, erecto y brillante de toda la saliva que arropó tu boca. Tus manos se unieron al juego, me tocabas y masturbabas con tanta experiencia que sentía que en pocos segundos iba a explotar. Tu cara de deseo me hacía sentir el más perverso y ya sentía que debía devolverte el mismo placer.

Así que te subí a la mesa y me senté a comerte la entrepierna. Tu ya estabas tan húmeda que solo provocaba era penetrarte inmediatamente, pero quería que sintieras mi lengua dentro de ti y volverte loca antes de que me tuvieras dentro de ti. Mi boca se daba un banquete con los jugos de tu cuerpo. Mi lengua jugaba con tu clítoris con tanto placer que tus gemidos empezaron a salir de tu boca sin poder contener los más. Tus manos se posaron en mi cabeza y la empujaste con fuerza entre tus piernas. Querías sentirme más profundamente. Levante tus piernas y mi lengua te saboreo de tal forma que solo te quedo gritarme: «-Ya te quiero dentro de mi!!»

Yo no espere ni un segundo más,  abrí tus piernas y empecé a penetrarte dejando tus piernas sobre mi pecho y hombros. Una de mis manos se encargó de acariciar tus senos y la otra sostenía tus piernas ya temblorosas. Tu cara de placer era única,  solo cerrabas por instantes los ojos y mordía tus labios. Jadiabas, gemías,  gritabas… eras mía.
El sudor empezaba adueñarse de nuestras pieles. Mis movimientos de cadera sobre ti cada vez eran más intensos y fuentes al igual que tus jadeos. Entrar y salir de tu cuerpo. Hacerte sentir que eres una mujer deseada. Mirarte mientras disfrutabas de este instante con tantas ganas. Todo esto me hacía desearte más. En ese instante te bajaste de la mesa, me diste la espalda y te acostaste en la mesa boca abajo. Miraste hacia mi y me dijiste: «Quiero que me hagas gritar tu nombre… sera que puedes?» Y una sonrisa malvada te invadió dejando de verme y esperando que yo me adueñara de ti.

Me acerqué a ti y al prepararme para penetrarte me dices: «Quiero que me hagas gritar pero no me lastimes OK…»

«-Tranquila, solo déjate llevar» respondí

Levante una de tus piernas y la guíe hasta dejarla sobre la mesa. Así podía tenerte abierta y lista para penetrarte por donde yo quisiera. Primero lo introduje suavemente en tu húmeda vagina y empecé a moverme con lentitud y sutileza. Mis movimientos cada vez se empezaron a intensificar. Mis manos empezaron a darte azotes a tus nalgas. Como si quisiera domar una potra salvaje. Tu sólo decías: «No pares… dame más fuerte… quiero gritar… hazme gritar.»

Fue cuando en una embestida te lo saque y cambié de sitio… pudiste sentir como mi miembro te atravesó por completo por tu culo.  Y ese grito que tanto deseabas escapó de tu boca de forma inmediata acompañado de un par de malas palabras y un: «¿Me quieres matar?

Así que lo saque inmediatamente. Pero tu reacción fue algo agresiva.

«¿Quien te pidió que me lo sacarás? Solo ten más delicadeza o por lo menos avísame.»

Así que nuevamente volví a colocarlo donde estaba, solo que esta vez fue con más sutileza. Tu acomodaste tus caderas y te preparaste para recibirme. Un leve gemido salía de tu boca con cada centímetro que te iba penetrando. Respirabas profundo, seguido de un repetido «Dios mío».

Todo era cuestión de tiempo, cuando menos lo esperaba ya tus caderas eran quienes tenían el control de los movimientos. Gritos y gemidos no dejaron de salir de tu boca con cada embestida. Golpeabas la mesa con tus manos cada vez que mi miembro te penetraba. Mis manos sobre tus caderas y a veces en tu cabello te hacían sentir más salvaje. Yo solo quería ver tu lado oscuro, esa mujer insaciable que solo pide sentirse complacida en la cama. Esa mujer sexy que sabe hacerse desear. Que logra hacer que fantasees con tenerla y hacerla tuya.

«Por fin eres mía…» te dije al oído mientra te seguía penetrando por detrás y mis manos apretaban tus senos con fuerza. «Quiero que me regales un orgasmo tuyo, quiero ver como llegas para mi».

Así que te tome del cuello y mis caderas empezaron a azotarte con más fuerza. Tus gemidos brotaban de tus labios con cara de placer. Tus ojos se nublaron de lágrimas. Me besaste con locura, tu lengua se adueñó de mi, me mordias los labios con pasion y deseo. Y de pronto con voz exhausta me dijiste: «Dame más no pares por favor, ya casi me haces llegar…»
Así que me aferre a tus cadera apretando tus nalgas y empecé a acelerar mis movimientos. Solo con ver como entraba y salía de ti me calentaba más, sumando que tus gemidos y palabras me hacían sentir insaciable.

De pronto un grito me dio la señal que ibas a explotar de placer. Tu mano izquierda tocaba mis testículos mientras yo seguía penetrandote. Y cuando llegaste tus dedos acariciaban tu clítoris con movimientos fuertes. El solo verte así me hizo estallar también. Ambos llegamos al clímax, nuestros cuerpos llenos de sudor se deslizaban entre sí. Después de esto solo nos besamos, no teníamos palabras ni aliento para decir nada. Sólo fueron ricos besos y sonrisas. Tu y yo supimos disfrutarnos a plenitud. Sólo nos quedó vestirnos y salir de este restaurante…

Continuará…

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Sólo quiero verte bailar…

Desde qué supe que estabas practicando esa nueva disciplina aeróbica conocida como «poledance» mi mente no ha dejado de imaginarte. Ver tus curvas dando vueltas por un tubo de forma sexy y mostrarme tu elasticidad y capacidad aerobica, es lo más parecido a verte en la cama. Sumándole a esto la ropita corta y pegada al cuerpo que terminan de dibujar en mi mente cada una de tus líneas. Sobre todo esas grandes piernas que terminan en un trasero «pomposo» y provocativo que te invita a cometer el pecado de ser poseído con ambas manos y disfrutar de grandes caricias y apretones. Aferrarme a tus caderas y pegarte a mi, sentir como tu respiración cambia de ritmo. Como una sonrisa se escapa de tu boca y me dices con voz suave: – ¿Qué haces?
Tu cuerpo siente como mis manos te empiezan a recorrer por la cintura, tu piel se eriza inmediatamente, respiras profundo. Me pides que no siga. Porque sabes bien que me sé cada uno de tus puntos débiles. Y tienes claro que si empiezo no me voy a deter hasta tenerte en mi cama. Pero al mismo tiempo tu cuerpo te pide caer en la tentación, tus labios desean derretirse en los míos. Sabes que solo necesito unos segundos para empezar algo que puede que no termine. Pegarte a la pared tomandote de las manos para tratar de controlar tu cuerpo. Tu solo decías: – No hagas esto, no juguemos con fuego.
Solo te hable al oído y te dije: – Shhhh, Tranquila no va a pasar nada que tu no quieras. –
Tu sonreiste, miraste hacia arriba, y me dijiste con un poco de pasión y picardia: – Tu estás claro que entre tu y yo hay mucha tensión sexual, y que tarde o temprano va a pasar algo. Así que tienes solo 5 minutos para volverme loca, si no lo logras será mejor que te olvides de que esto pasó entre tu y yo. Pero si lo logras me tendrás completamente en todos los sentidos. Y se que harás tu mejor esfuer… – Te interrumpi inmediatamente con un beso, y mi mano en tu mejilla acariciando tu rostro. Nuestros labios se consumen en un beso largo y profundo. No faltaban las mordidas cada vez más fuertes, ninguno se quejó de dolor alguno, pero era obvio que cada vez las mordidas eran más fuertes. Tu respiración se aceleró al punto de parecer que estabas trotando, tus suspiros cada vez más profundos. Tu mano empezó a adueñarse de mi cabello y tus uñas empezaron a incrustarce en mi piel, pero no hice ni el más mínimo reclamo, todo lo contrario, sentí que cada segundo me excitaba más y más. A su vez mis manos ya recorrían tus curvas. Explorando centímetro a centímetro cada parte de ti. Tu cintura, tus caderas y como no adueñarse de las grandes nalgas que ya tantas veces había fantaseado tenerlas entre mis manos. Te tenía entre la pared y mi cuerpo, y te apretaba tanto que parecía que fuera a traspasar el muro que tenias en la espalda. Subí tus brazos, te besaba en el cuello, tu solo te dejabas llevar con los ojos semi abiertos y fue cuando decidiste quitarte la blusa. Había fuego en tus ojos, tu boca estaba roja de tanto mordernos, así que tu lengua hizo un recorrido sexy por tus labios, humedeciendolos mientras te mirabas los senos cubiertos por un brassier animal print tipo manchas de jaguar. Que mejor señal para demostrar la fiera que llevas por dentro. Te lanzaste a mi nuevamente devorandome con tus besos insaciables. Mis manos se aferraron al botón de tu pantalón con la intención de desabrocharlo.
-¿Estas seguro de lo que quieres hacer? – me dijiste con voz casi en secreto susurrante.
Yo te respondí casi rompiendo el cierre de tu pantalón y dejándolo caer un poco, ya que tus grandes caderas no dejaban que se cayeran solos.
-¿Entonces? termina de arrancarme está mierda de encima y empezemos… – Dijiste ya casi desesperada.
Así que te arranque todo lo que te quedaba encima. Y mis manos perdieron el control. Y lo que por un momento pensé que sería yo quien empezaría dominando la situación, resultó que no fue así. Fue como una transformación lo que te invadió. Me empujaste contra la pared, dejando mi espalda contra ella y aferrandote de mi cabello me besaste con suma pasión, casi arrancabas mis labios. Tu boca y tus dientes me hacían saber lo salvaje que puedes ser. Tus manos me sujetaron con fuerza. Casi siento que tienes todo el control de mi cuerpo Hasta que logre cambiar de lugar contigo y eras tu quien quedaba contra la pared. Mis labios se adueñan de tu cuello, y un gemido brota de tu boca. Así que te dije al oido: -¿Qué pretendes? ¿Crees que vas a dominarme? – tu solo sonreiste con cara de maldad. Tomaste aire y cuando menos me lo espere, me sujetaste y me llevaste hasta el mueble más cercano a ti diciendome: -Tu sabes bien que no puedes conmigo…- y montandote encima de mi me sostienes las manos y me dices: – Creo que es hora de que conozcas una faceta de mi que no conocías.»
Los besos no tardaron en ser los primeros protagonistas en esta situación. Nos degustabamos como si nos estuviéramos comiendo una fruta jugosa. Nuestras manos nos acariciaban cada centímetro de nuestros rostros, de nuestros cuerpos. Era un deseo reprimido que no le habíamos dejado la libertad de expresarse. Era tan fascinante poder ser dueño de tus labios por un momento. Sentir tu aliento y tu respiración tan cerca de mi. Beber de tus labios todo el placer que emanas de ellos. Y poder arrancar cada prenda de tu ropa hasta adueñarme de tu cuerpo. Adueñarme de tus curvas. Adueñarme de toda tu piel. Tus pecas. Contarlas una a una con mis labios. Tu cuerpo luchaba con dominarme o ser dominado.

«¿Por qué actúas así? Liberate… se la mujer que en el fondo eres» te dije mirándote a los ojos.
«¿Que mujer ves en mi? ¿Crees que por tener este cuerpo debo ser la más puta en la cama?» Dijiste con voz casi regañandome.
A eso respondí: «Tu eres la unión de ambos mundos, puedes ser desde la niña más inocente e infantil a la mujer mas perversa y atrevida en el sexo. Solo hay que saber que botón tocar…» sonreí y te guiñe el ojo.

Tu reiste a carcajadas. Y respondiste: «Y por lo visto tu ya sabias cual es el botón que debías tocar. Es que tu eres muy detallista e inteligente. Sabes seducir. Pero no tengo que decirte algo que ya sabes. Quiero saber es ¿como me ves a mi?

¿Cómo te veo? Lo que yo quiero es mostrarte cómo te deseo…

Y tumbandote en el mueble y aferrandome a tus manos las deje por encima de ti. Nuevamente nuestros labios se unieron en un largo y apasionado beso. Te liberaste de mis manos y te aferraste a mi espalda. Tus manos me recorrían con tus uñas. Tus piernas de pronto me envolvieron. Me apretaste con fuerza. Esto se veía como una demostración de fuerza y dominación. Estar entre tus piernas era un sueño adorado. Pero sentir como ellas tenían el control sobre mi… ya empezaba a cambiar a percepción que tenia con ellas. Me tenias sujetado a ti. Esto prometía ser una batalla campal. Ver tu cara de maldad a sabiendas que tenias el control sobre mi era fascinante. Tu sólo sonreias. Y por instantes ponías tu cara de niña buena e inocente. Era esa mezcla loca de dulce y picante.
«Te reto a que me hagas tuya» me dijiste con voz desafiante. Eso mas que un reto sonaba a un riesgo que debía tomar. Una mujer con tu contextura física estaba claro que no se dejaría dominar con facilidad. Y tu lo sabias y disfrutabas de la situación.

El forcejeo le daba un toque de locura a esto. Y sabes bien que me gusta así. Esa mezcla de dolor y placer, de dominación y sumisión. La idea era agotar tus fuerzas físicas. Lograr que te rindieras ante mi. No la tuve fácil. Ver como tus brazos se tensaban forcejando para librarse de mi. Y al mismo tiempo tus piernas me apretaban a tu cuerpo apretandome como con intensión de cortar mi respiración. Solo quedaban nuestras risas y besos repentinos acompañados de mordiscos y algunas lamidas sexys de tu parte sobre mis labios.
Hasta que hubo un instante donde se acabaron los juegos. Donde nuestros labios se dedicaron a saborearse de manera diferente. Donde las caricias empezaron a ser mas eróticas y provocadoras. Justo el momento donde tu respiración cambio de ritmo. Justamente ese momento donde en tu mente decías: «coño e’ la madre… caí» y sonreías con picardia.
Mis manos te acariciaban cada parte de ti, desde tu cuello hasta tu enorme trasero. Cada caricia iba cargada de descargas eléctricas que ponían tu piel de gallina, erizado cada bello de tu piel. Una de mis manos se adueñó de tu cabello, aferrándose a el como queriendo controlar tus movimientos cual potra salvaje. La otra estaba entre tu cintura y tus nalgas. ¿Como no querer aferrarse allí? Si era el centro de tus movimientos.

«Se que me quieres agarrar bien el culo, y te la voy a poner más fácil.» Me dijiste con risa en los labios. E intercambiamos los lugares, ahora era yo quien estaba debajo de ti. Pero… creo que fue muy pronto haberte dado ese control sobre mi.
«¡Ja jaaaaa! Ahora si…» dijiste con voz maligna esta vez tomando mis manos hacia arriba.
«Se que me quieres tocar… pero ¡no! Antes quiero verte sufrir un poquito…» así que empezaste a mover tus caderas sobre mi muy suavemente. Y con voz susurrante me decias: «Te tengo en mi poder… veamos que tanto aguantas».
Tus poderosas piernas me apretaban. Tu pelvis me rozaba cada vez más fuerte. Se que podías sentir mi erección. Sentía que mi pantalón no soportaba más y tenia que ser despojado de el. Tu con tus dedos de las manos entrelazados con los míos no me permitías tocarte. Lo que más disfrutaba de esto era tener tan cerca de mis labios tus senos. Ese par de melocotones provocativos listos para ser devorados por mi. Tu sólo los acercabas lo suficiente como para rozar mis labios y seguir tentandome. Hasta que dejaste que mis labios se adueñaran de uno de ellos, entre lamidas, besos, mordiscos y succiones me permitiste hacerte cerrar los ojos y morder tus labios del placer que te hacia sentir. Tus manos dejaron de apretar las mías, y se fueron hasta mi cuello y se aferraron de mi cabello. El movimiento de tus caderas eran más y más intensas. Te acercaste hasta mis labios y me dijiste mordiendo al mismo tiempo mi labio inferior: «Sabía que no te debía dejar tocarme… ahora no quiero que pares de hacer lo que haces… No pongas esa cara de sobrado!!» Dijiste casi gritando.
Mi sonrisa no cabía en mi cara, el solo haber llegado a este punto y lograr que dijeras eso levantaba más que mi ego.

Mis manos se dirigieron a tus caderas e introduciendo mis pulgares entre tu piel y tu pantalón te despoje de una parte de él solo dejando al descubierto tus nalgas. Y de regreso mis dedos te acariciaron suavemente, pero fue imposible no apretarte con ambas manos con fuerza y darte una nalgada a dos manos.

«¡Ay coño! -gritaste- ¿no te ibas a sentir satisfecho si no me hacías eso verdad? Verga… si te vieras la cara».

«Un deseo reprimido de niño malo» te dije con cara de maldad confirmando tu pregunta.

«¿Niño malo? Veamos que tan malo es este niño» y con una sonrisa maligna te terminaste de quitar el pantalón. Desabrochaste el mio y empezaste a bajar el cierre.

«Sabes que yo tengo una curiosidad por descubrir… y creo que estoy a segundos de saberlo» me dijiste con voz de niña curiosa.

Bajaste un poco mi pantalón, dejando al descubierto mi bóxer blanco y notabas como se marcaba mi erección en el.

Continuará…
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sudor

Sexo, sudor y calor…

¿Te pasa igual que a mi? Hay noches que huelen a sexo, donde nuestros cuerpos solo desean ser poseídos y entrar en una sesión de pasión desenfrenada. Donde sólo deseas arrancarte la ropa y quedar completamente desnudos, es más, creo que ni daría tiempo para esto, y empezaríamos a fornicar con la ropa. Los besos empiezan todo acompañados de pequeños mordiscos y lamidas por cuello y hombros. Nos aferramos de nuestras cabelleras y con la otra mano nos adueñamos de las nalgas del otro. Quiero romper tu blusa y destapar tu pecho y dejarlo a merced de mis labios. Quiero disfrutar de cada uno de ellos, darme el placer de besarlos y lamerlos hasta ver y sentir tu pezón erecto. Quiero con mi otra mano arrancar tu pantalón. Dejar al descubierto tus pantis ya húmedas del néctar del placer. Mi boca no dejaría de besar esos labios tentadores, quiero dejarte sin aliento, sin respiración. Que mis dedos jueguen dentro de ti, tocándote, acariciándote, disfrutándote centímetro a centímetro. Uno, dos, tres dedos en tu sexo, y sigues pidiéndome mas. Tendré que usar un juguete contigo la próxima vez, esos que vibran y te sacan los más intensos orgasmos.

Veo que estas deseosa de mas. Quiero llevarte al punto más alto antes de penetrarte. Así que mi boca empieza a bajar por tu cuerpo. Lamiendo tus senos, mordiendo tu piel. Hasta llegar a tu sexo húmedo y deseoso de placer. Allí empieza una batalla de lujuria y deseo, una lucha de poder, entre tus labios y los míos. Mi boca te consume, te disfruta a plenitud. Tus gemidos y quejidos son referencia de que lo estas disfrutando cada vez más. Tus manos se aferran a mi cabeza controlando ciertos movimientos, siento como me clavas las uñas por el cuero cabelludo. Alzo mi mirada para ver tu cara. Tu boca entre abierta con respiración acelerada, unos ojos llenos de fuego, me daban a entender que no debía detenerme ni por un instante. Mis dientes se clavaban en tu vulva mientras mi lengua te penetra y juega con tu clítoris. Sentir como te vienes en mi cara me hace sentir el mejor amo sobre una dulce sumisa complacida. Saborearte era mi mejor premio. Ver tu piel erizada mi mejor regalo.

Escucharte con voz acelerada por la intensidad del momento, me despertaba los más bajos instintos. Eres mía, así de simple, yo poseo el control de tu cuerpo, de subirte, de bajarte, de hacerte gritar, de hacerte gemir.

Te puse en cuatro, pero no para penetrarte, esta vez quise darte un sexo oral de esos que te dejan sin respiración. Mis labios y mi lengua se darán el placer de saborearte, oler esa fragancia de éxtasis y lujuria. Sentir como mis labios se empapan de tus jugos, ver como las gotas recorren tus piernas sólo hace que mi erección se incrementé cada vez más. Un beso negro se apodera de ti. Mientras mis dedos te penetran como una máquina de placer. Quien diría que una mujer como tu despertaría esta llama ardiente en mi. Esto va más allá de los años de vida que tienes. Yo lo veo como años de experiencia, locura y deseo acumulado que quieren explotar en el cuerpo de un hombre más joven que tu. Son sólo trece años más que yo, así que no puedes ser mi madre. No hay ningún remordimiento. Así que después de esta sesión de sexo oral te clavare mi miembro dentro de ti, empezando primero dulce suavemente con sólo la punta, mi glande y tus labios jugando a provocar. Hasta llegar al punto donde ya no aguanté más y sin avisarte lo sientas dentro de ti y te haga gritar malas palabras. Quiero darte tan duro y tantas veces que quiero verte llorar, quiero escucharte pidiéndome clemencia, quiero que desees haberme conocido hace 10 años atrás.

Quiero verte arrancar las sábanas de tu cama con cada embestida que te de. Quiero verte golpear el colchón cada vez que sientas mi miembro dentro de ti y no lo soportes dentro de tu culo. Quiero que gimas, que grites mi nombre una y otra vez, hasta que te grabes quien es tu nuevo dueño. El dueño de cada orgasmo que expulsa tu cuerpo. El dueño de tus gemidos y de tu piel.
Quiero sentir la fragancia de tu piel mientras te beso. El olor de tu pelo al despeinarte con cada sacudida. Unir tu cuerpo y el mío en uno sólo, mezclando tu lujuria con la mía. Es fascinante hacerle el amor a una dama, a toda una señora, pero que se transforma en una sumisa del sexo cuando toca mi cama. No importa cuantos años tienes, lo que importa es cuantos de estos los disfrutaste a plenitud y los que aún te faltan por vivir. Como siempre te dije, VIVE.

Vive las aventuras que nunca viviste antes, haz las locuras que nunca antes te atreviste a hacer. Cumple cada una de tus más perversas fantasías.

Déjate llevar a un mundo sin límites y sin control, donde yo soy el dueño de todas tus fantasías y tu eres mi esclava…

Continuará…

Mi Esclava

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Pues toma para que te enamores (parte 3)

Desde qué tus ojos maquillas y tu boca la pintas frente a mi, haces que mi mente pierda el control y mi fantasía siga volando cada vez más. Mirarte, abrazarte, sentirte cerca de mi, oler el perfume de tu piel, se a vuelto una necesidad. Cada vez que mi piel roza la tuya desencadenas un sin número de sensaciones que algún día no podré controlar. Probar tus labios hasta que se disuelvan en mi boca. Sentir tu aliento tan cerca que nos sea imposible ya separar nuestros cuerpos. Dejar que nuestros labios se consuman en un beso largo y profundo. Que nuestras manos se vuelvan tan inquietas y empiecen a explorar cada centímetro de nuestros ansiosos cuerpos. Ansiosos por sentirnos tocados, acariciados, deseados.

¿Lo recuerdas? Aquel día donde con sólo entrelazar mis dedos con los tuyos te hice el amor energético. Apretar los dedos hasta que podíamos sentir la palpitación uno del otro. Acariciar tus dedos era como recorrer tu cuerpo, sentir cada caricia, cada roce, cada apretón hacía que nuestras mentes volarán y nos llevara a sentir sensaciones que nunca habías sentido antes con ningún otra persona. Fue como meterme en tu mente y en tu fantasía y hacerte sentir lo que imaginabas con cada apretón en tu mano. Mientras mas fuerte te apretaba podía sentir que tus latidos se aceleraban y uno que otro suspiro salía de tu boca. Sólo con una mano pude hacerte sentir lo que tanto deseaba mi cuerpo, lo que con palabras no me había atrevido a decirte. Con sólo una mano pude hacerte humedecer tu sexo sin siquiera tocarlo. Ya puedes imaginar de lo que soy capaz de hacer sentir si sólo me dieras la oportunidad de romper la barrera que nos separa. Cada dedo de tu mano era una parte de tu cuerpo, cada vez que tocaba uno de ellos era una parte de ti, mientras te tocaba mi mente iba narrando otra historia, por eso cerraba mis ojos y me desconectaba del mundo. La gente a nuestro alrededor podría pensar que ambos dormíamos como unos niños, ambos con los ojos cerrados y sólo conectados por mi manos derecha y tu izquierda, entrelazados cual novios enamorados cual grandes amigos y confidentes.

No sabes lo mucho que disfrutaba ver como casi mordías tus labios en cada apretón que te daba, como tu expresión corporal te delataba y me hacia saber que lo disfrutabas tanto o más que yo. Creo que me faltó muy poco para hacerte llegar al orgasmo. Pero ese será mi próximo reto…

Continuara

 

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Pensamientos perversos…

Como no caer rendido ante unos ojos claros que poseen un encanto sobrenatural. Tu sonrisa tentadora que va adornada de unos provocativos labios, esos mismos labios que cada vez que los veía hablar hipnotizaban mi atención, haciéndome fantasear tantas veces que podía besarlos y morderlos a mi gusto. Saborearlos con placer, degustarlos cada segundo, cada centímetro.  Tenerte muy cerca siempre fue una tentación, una lucha interminable y absurda entre lo que deseaba mi mente y a veces mi corazón.

Siempre fuiste una mujer que no necesito desnudarse para provocarme, ya que con ropa o con muy poca poseías un poder encantador para robar mis miradas y llamar mi atención. Como no volverse loco con todas tus curvas, la curva de tu sonrisa principalmente tan dulce y seductora. Seguida de las curvas de tus senos, firmes y tentadores. Las curvas de tu cintura, estrecha y llamativa, las de tus caderas, sexys y seductoras. Y finalmente mi favorita las curvas de tu trasero, es que se ve tan firme y provocativo que juro que mis manos tiemblan cada vez que pasan cerca. Es que si mi cuerpo llegase a acercarse demasiado a tus curvas se desencadenarían un sin numero de situaciones.  ¿Sabias que cada vez que te veo tengo pensamientos perversos? Si, es verdad, ¿por que sonríes? Pegar tu boca a la mía sin llegar a tocarnos, acariciándonos con el aliento y respirándonos las ganas de comernos el uno al otro.
Confieso. No quiero sentir tu piel como cualquier otro hombre que haya existido antes de mi. Quiero hacerte disfrutar y descubrir una nueva forma de sentir placer. Más allá de tus sentidos, más allá de tus pensamientos y quizás más allá de tu imaginación. Quiero explorar tu piel con cada sentido que tengo. Y que al mismo tiempo uses todos los tuyos para sentirte diferente.

Quiero mirar tu piel blanca, tus vellos casi rubios, algunas pecas y lunares que invaden tu cuerpo. Quiero sentir el aroma de tu cabello, de tu cuello, de tu abdomen hasta llegar a tus piernas. Así probar el sabor de tu sexo, de tus labios y tus besos. Escuchar el gemir de tu voz, tu respiración, tus suspiros, los latidos de tu corazón. Tocar las curvas de tu pecho, acariciarlos uno a uno, seducirlos, provocarlos. Mi boca sería responsable de hacer erizar tu piel, mis labios y mi lengua cómplices de la lujuria y la seducción.

Recuerdo la primera vez que dormiste junto a mi cama. Yo observándote en silencio y fantaseandote a lo lejos pero tan cerca. Sólo un paso nos separaba de una cama a otra. Tu con un pequeño short tipo cachetero y una franelilla caminabas desfilando tu hermoso cuerpo por mi habitación. Mis ojos no dejaban de mirarte, mi mente de desearte. Escucharte hablar era mi mayor afrodisiaco, el tono de tu voz era el indicado para hablar de sexo, de juegos lujuriosos, pasiones secretas y deseos escondidos. Que más deseaba yo que me hablarás susurrándome al oído, era suficiente para erizar mi piel y hacerme encender el éxtasis que llevo por dentro.

¿Recuerdas esa noche que el aire acondicionado estaba en 17 grados y el frío era demasiado fuerte que te obligo a pasarte a mi cama? Buscando el calor de mi cuerpo y mis sábanas. Fue increíble sólo rozar tu piel y sentir tu aroma, escuchar tu respiración. Una de mis manos se apoderó de tu cadera, a los pocos segundos una lucha mental entre si ir a tu cintura o a tus nalgas, pero mi mano término deslizandose a tu abdomen, rozando tu ombligo y tan cerca de tus seductores senos. Una llama ardiente invadía mi cuerpo. El tuyo cada vez se pegaba más a mi buscando ese calor. Cuando menos lo pensaba ya mi mano derecha acariciaba sutilmente cada pecho tuyo, eran firmes y voluptuosos, un pequeño y susurrante gemido salió de tu boca. Tu cabeza se inclinó buscando que mi boca quedara junto a tu oído. Querías escuchar mi respiración como se aceleraba. Mis labios empezaron a besarte suavemente y algunos leves chasquidos surgían de mi boca para provocar tus sentidos. Te moviste un poco para dejar que te abrazara por la espalda con ambas manos. Y sujetando las mías te las llevaste a tus senos apretándolos fuertemente, mi boca se apoderó de tu cuello inmediatamente. Tus caderas presionaban mi sexo queriendo sentir mi erección. Mi corazón se aceleró ya sin control. Mis manos se intercambiaban posiciones por todo tu ser. Centímetro a centímetro fuiste recorrida por ellas. Hasta qué tomaste el control de una de ellas y la llevaste al centro de tu entrepiernas. Allí te detuviste, dejando a mi merced las caricias de mis dedos dentro de ti. El éxtasis afloraba en tu cuerpo, el néctar de tu cuerpo invadía mis dedos, los movimientos de tu pelvis me calentaban cada segundo. A veces una de tus manos se unía al juego para indicarme si deseabas más profundidad o más intensidad. Mientras tanto mi otra mano jugaba con tu boca, besabas mis dedos y yo insitandote a morderlos, necesitaba sentir ese dolor placentero de tus dientes incrustados en mi piel. Cada vez que lo hacías mi otra mano respondía con mayor fuerza entre tus piernas. Ya empezabas a entender mi lenguaje. Clávame las uñas, gime lo que quieres y muérdeme con todas tus ganas pero sobre todo pídeme que no pare.

El calor empezó a hacerse sentir debajo de las sabanas, nuestras respiraciones hacían música junto a los gemidos y nuestros cuerpos bailaban al compás de ellos. Volteaste para quedar frente a frente y con tu voz seductora y llena de deseo, apenas logrando susurrar me dijiste besándome los labios: «Hazme tuya, hazme olvidarme del mundo, de mis problemas, de todo. Hazme sentir que aun despierto deseos y malos pensamientos.» Un beso profundo invadió nuestros labios, nuestras lenguas jugaban al placer, hasta logran sentir como mi cuerpo entraba en ti. Mis labios fueron quienes pagaron las consecuencias, ya que eran mordidos cada vez con mas fuerza por cada centímetro que te penetraba. Sentía que querías comerte mis labios, tus manos se aferraban a mi cara casi queriendo clavar tus uñas, tu frente pegada con la mía como queriendo que tus ojos quedaran lo mas cerca posible de los míos. Mis manos controlaban algunos de tus movimientos de cadera, aunque preferían disfrutar la situación acariciando tus nalgas. Te separaste arqueando tu espalda hacia atrás sin dejar de mover tu pelvis contra mi, logrando la mayor penetración posible. Me miraste con esos ojos seductores, me tentaste,  me prendiste, me sedujiste. En pocas palabras despertaste mis instintos depredadores, quería devorarte. Tus movimientos eran impredecibles, incontrolables, salvajes. Mi mente me decía: Llego el momento, ella quiere que la tire, que la jale, que la agarre y la acorrale, que la apriete y la penetre hasta lograr su sumisión.

Tu de pronto cerraste los ojos, abriste levemente la boca dejándola abierta, un suspiro mezclado de un gemido salio de tu boca, tus uñas se clavaron en mi pecho, tus piernas se entrelazaron con las mías y dejaste explotar el orgasmo mas excitante que haya visto en mujer alguna. Mordiste mi pecho, mis labios. halaste mi cabello, descargabas toda tu energía acumulada de placer arañando mi cuerpo, el dolor que me hacías sentir lo disfrutaba a plenitud. Con la misma fuerza te cambie de posición, dejándote abajo. Oponías resistencia, sonreías con tanta malicia disfrutando del instante, sabias que me moría por ser yo quien se moviera encima de ti ahora.

«¿Quieres penetrarme? dime… ¿Quieres hacerme gritar esta vez?» – dijiste casi entre dientes y tomándome del cuello. Te respondí con un movimiento positivo de cabeza. Así que me tomaste del cabello controlándome y me llevaste hasta tu entre pierna. Mi lengua inmediatamente comenzó a deslizarse   y saborear cada rincón de tu sexo, disfrutando del sabor a gloria de ese néctar que brotaba de ti. Tus gemidos casi silenciosos aceleraban mi corazón, sabia que lo estabas disfrutando, verte morder tus labios acariciarte los senos y a veces tratar de arrancar las sabanas de la cama eran el mejor indicativo de deleite. Quería hacértelo lento hasta que fueras tú la que me pidiera una y otra vez que te lo hiciera más fuerte hasta que los espasmos de placer te impidieran hablar. De pronto otro orgasmo invade tu cuerpo, tu sostienes mi cabeza con fuerza presionándola contra tu sexo: «Dame mas, dame mas… – susurrabas extasiada – Que ricooooo, ¡me encantaaaaaaa! no sabes cuanto necesitaba sentirme así. Creo que ahora es mi turno» terminaste la frase seguida de una sonrisa.

Te levantaste a buscar algo de agua, te vi caminar desnuda, y era excitante ver tus curvas balancearse de lado a lado, de regreso venias con un vaso de agua y algo de hielo. Te acercaste a mis labios y me propinaste un beso refrescante, acompañado de un pequeño trozo de hielo que se derritió mientras nos besábamos nuevamente. «Acuéstate cariño» me dijiste con cara de niña a punto de cometer alguna travesura. Yo te complací inmediatamente, me tendí sobre la cama, tu empezaste a besarme en los labios viniendo desde arriba, con intención de hacer un 69. Fuiste besándome dulcemente hasta que llegaste a mi miembro, lo sujetaste firmemente con ambas manos y tu boca aun algo fría por el agua empezó a jugar con tu lengua y tus labios. Lo disfrutabas al punto que parecías una niña saboreando un helado. No te veía, pero por lo que escuchaba y sentía, podía imaginar tu rostro de placer. Al mismo tiempo, nuevamente tenia tu sexo en mi boca, pero esta vez podía acariciar libremente tus nalgas, mi lengua te penetraba, te absorbía, y mis dientes te daban leves mordiscos cada vez que quería que te volvieras mas perversa. Así que en esos momentos intentabas devorarte por completo mi arma de placer, tu boca era mágica, confieso que desde ese instante me hice adicto a tu sexo oral. Cuando estuve a punto de explotar me dijiste: «No quiero que llegues todavía, ven cambiemos de posición». Te rodaste un poco y quedaste en posición de «perrito» y dijiste: «Se que mueres por dominarme así» y soltaste una risa, levantaste las caderas y recostaste tu cabeza de la cama. Yo con solo verte en esa posición estaba que me daba un infarto. Estaba loco por penetrarte, pero de forma perversa y agresiva. Tome tus cadera con ambas manos y posicione mi miembro en la entrada de tu vagina húmeda y sin mediar palabras te penetre con fuerza hasta el fondo. Un grito salio de tu boca: «¡Wao! ¿me quieres matar o que?- Dijiste con expresión de dolor placentero. Mis caderas empezaron a moverse sin clemencia, estaba ansioso por llegar dentro de ti, cada embestida, cada apretón me  llenaba de lujuria. Tus gemidos empezaron a salir, ya sin querer aguantarlos mas, eso me excitaba aun mas. Así que empece a darte nalgadas y a jalarte del cabello cual yegua salvaje tratando de controlar y domesticar. «¡Hey! quiero ir a la playa mañana, y acuérdate que uso hilo dental y me van a ver las marcas de tus manos en mis nalgas.» dijiste casi con una sonrisa. -«Ven siéntate y déjame sentarme encima de ti, quiero que esta vez si llegues conmigo»- la posición es  la conocida «Flor de Loto», es mi favorita, ya que puedo verte a los ojos, besarte con pasión. Sentir el movimiento de tus caderas mientras acaricio tus nalgas, tu espalda o tu cabello. La penetración es profunda, así que ambos disfrutamos con la misma intensidad. Podía besarte los senos, tu sabes que me vuelven loco ese par de melocotones y a ti te encanta que los bese y los saboree. En ese instante me dijiste sosteniendo mi cara con tus manos: «Yo si quiero que las chicas vean las marcas de mis uñas en tu espalda cuando camines en la playa» – Y abrazándome empezaste a mover tus caderas con mayor fuerza y clavando tus cortas uñas en mi espalda y mordiendo mis labios gemiste casi sin poder hablar: «Llega conmigo».

«Me vengo» te dije al oído, y sentí como tus uñas atravesaban mi espalda de lado a lado mientras  pegabas tu frente de la mía y gemías con tu respiración acelerada, tu cuerpo temblaba, tus labios me besaban con locura. Y yo sentí que mi cuerpo desde ese instante debía ser tuyo. Habías logrado hacerme llegar al máximo nivel de clímax jamas vivido. Quedamos abrazados el uno al otro, rozando nuestros labios y sudados completamente.

«Que locura todo esto, no te parece? » -me dijiste ya tendidos en la cama.

«Por que razón me hiciste el amor? –  te pregunte

-«Mi cuerpo no entiende de razones, sólo de las sensaciones que tú me provocaste.

-«En la calle o en la cama, tu sólo quiere que sentirte especial, única, deseada. Eres una mujer hermosa, de bellos sentimientos y muy inteligente, aunque no haz tenido la suerte que mereces para elegir al hombre que te ame de verdad.»

-«Es verdad, pero yo ya no busco ese hombre que me ame, ya lo tengo. Y es mi hijo. Es el único que en realidad me hace feliz. Cada sonrisa, cada palabra, cada gesto. Son en las únicas lagrimas en las que creo, ya no creí mas en lagrimas de amigas ni de hombres falsos que solo deseaban tenerme en sus camas. Para que engañarte si solo desean placer. Para que tener amigas que no estaban en tus momentos mas difíciles o de necesidad. Solo aparecían cuando leían en mi Facebook que había una rumba o una salida pa´la playa. Pero cuando me sentía triste, cuando necesitaba de un abrazo o de palabras de aliento, solo recibía un «Me Gusta» en una foto mía en bikini. Mi vida tiene que cambiar para mejor. Mis errores son lecciones de vida. Cada vez que me caigo, me levanto, ya no solo por mi, sino porque tengo un hijo hermoso por el cual luchar y seguir mi vida. Y por supuesto, personas como tu que me han brindado «mas que una amistad»- dijiste riendo pero con lagrimas en los ojos.

«¿Sabes que? mejor abrázame y déjame dormirme entre tus brazos. Y en la mañana cuando amanezca, solo quiero pedirte un solo favor… ¿puedes? – me dijiste con voz de niña consentida.

«Lo que tu pidas mi muñeca Barbie» – te dije

«Despiertame con café, con un beso… y con mucho sexo!

CONTINUARA…

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El tiempo pasa, el deseo permanece…

Esta historia entre tu y yo empezó hace muchísimos años atrás. Cuando éramos sólo unos jóvenes que aunque las hormonas estaban explotando fuimos incapaces de acercarnos lo suficiente como para por lo menos darnos una buena sesión de besos, de simples caricias o quizás de hacernos el amor con la ropa. Pero todo quedo en sólo miradas picarás, una que otra conversación. Y alguna coincidencia ya que no vivías por allí, sino que sólo ibas de visita en vacaciones. Eso lo hacía más difícil y emocionante. Verte algunas tardes sentada con tus primas en el frente de la casa, y yo sin tener la fuerza o seguridad para acercarme a ti. ¿Recuerdas? Confiésalo, pensabas que era un cobarde, penoso y lento joven que no se atrevía a hablarte. Como no sentirse intimidado con tus grandes ojos y pestañas, esa piel canela, y una radiante sonrisa. Sin dejar de lado esa figura, ese cuerpecito que siempre miré de lejos. No fue hasta unos años después que hasta bailamos juntos, ya eras toda una mujer en todo el sentido de la palabra. Eras madre. Pero tu seguías igual de radiante, y más voluptuosa que la última vez. Se que sonreíste, y si, como dejar de ver tu escote ese día, si fue imposible quitarte la mirada de encima esa noche. Teníamos mucho tiempo sin vernos, y sonreíamos como la primera vez. Como si nos hubiésemos hablado toda la vida y ya hubiésemos compartido muchas cosas juntos… Pero no, era increíble que ya habían pasado unos años, cada uno había hecho sus vidas y presentíamos que aún había algo pendiente por descubrir… Te veía bailar con otros hombres, te miraba cuando te sentabas, te seguía con mi mirada. Esperando una señal de ti. ¿Que me pasaba por la mente? Debía era secuestrarte y listo, ¿verdad? Pues lamentablemente eso no fue lo que hice. Te deje ir. Se acabo la fiesta y te vi partir. ¿En qué rayos pensaba?

Ahora es que me siento y me imagino las cosas que pudieron pasar. Por qué nunca te lleve a una habitación, donde podíamos estar solos tu y yo, mirarnos frente a frente, sentir como nos desnudamos con la mirada, hasta quedar sin ropas de verdad. Por qué no te acosté en la cama y te bese desde la planta de tus pies con dulzura. Acariciando tus piernas, recorriéndolas con mis labios, mi nariz, sintiendo cada vez más ese aroma, ese olor a sexo que nos vuelve locos. Mi boca se acercó cada vez más rápido a tu entre pierna. Mis labios empezaron a jugar con tu sexo, un oral dedicado sólo ha hacerte sentir complacida, hacerte sentir deseada, hacerte gemir con gusto, con gran placer. Degustar cada milímetro de tu dulce vagina, mi lengua te exploraba, te descubría. Empece a encontrar tu punto débil, notaba como suspirabas profundamente, y como se escapaba uno que otro gemido. Aún no te liberabas, aún sentías algo de pena. Mis dedos empezaron a apoyarme en darte placer, lentamente empece a penetrarte con dos de ellos. Estabas muy húmeda, así que entraron sin dificultad. Mis movimientos eran lentos y muy suaves. Mi boca y mi nariz se encargaban de seducirte por fuera… Mientras mis dedos te hacían el amor. Tus manos se adueñaron de tus pechos apretándolos con mucha pasión, acariciabas tus pezones, y de vez en cuando los apretabas con fuerza. Me levanté un poco y sin abandonar tu vagina con mi mano, acerque mis labios a tus grandes senos naturales. Y empece a disfrutar de un dulce sabor y una suave textura, que alimentaban cada segundo más mi deseo. Tu boca se abría al verme succionar aquellos pezones, no podíamos dejar de vernos a los ojos. Empece a morderte muy sutilmente. Inmediatamente empezaste a morder tus labios y a gemir más fuerte. Mis dedos empezaron a moverse más de prisa. Así que introduje un tercer dedo para apoyarme más. Tus caderas empezaron a moverse con mas intensidad. Me tomaste de la cara con ambas manos y me llevaste hasta tu boca, me besaste con locura. Y con voz suave y dominante me dijiste: «hazme tuya».

Me puse al frente de ti, abrí tus piernas, y las alce a la altura de mis hombros, mire tu vagina, mordí mis labios, sonreí… Y empece a penetrarte suave y profundamente. Te aferraste a las sábanas de la cama y gemiste. Mis manos se apoderaron de tus tobillos, abrí tus piernas, y mis caderas empezaron a moverse con mas intensidad. Tu sólo cerrabas los ojos, y abrías la boca para respirar, y por algunos instantes me mirabas con deseo, y me susurrabas un «no pares» y un «estas demasiado rico», palabras mágicas que me llenaban de mas fuerza y pasión. Ahora mis manos bajaron hasta detrás de tus rodillas, una zona muy sensible al tacto suave. Doblaste las piernas, así que las junte y empece a penetrarte con mayor fuerza y profundidad. «Auch!» Gritaste… «¿Me quieres matar verdad?» Y yo con una sonrisa maligna te respondí: «Si, vas a pagar por todo el tiempo que no hicimos nada, por todas las ganas acumuladas, por cada fantasía que tuve contigo» así que me tumbe encima de ti y abrí tus piernas, tu las cruzaste por mi espalda inmediatamente. Y empece a follarte con gran pasión, movimientos lentos y profundos, algunos más rápidos y superficiales. Besos apasionados, haladas de cabellos, mordiscos, gemidos, palabras sucias, estábamos perdiendo el control de nuestras mentes. Nuestros cuerpos mandaban sobré por todas las cosas. De pronto sentí tus uñas clavarse en mi espalda, y un grito casi mudo salía de tu boca, y unos movimientos temblorosos se adueñaron de tus caderas. «Que rico….» Suspiraste sin soltarme por un instante. «necesitaba sentir esto desde hace mucho tiempo».

Y empezaste a besarme con mucha dulzura y pasión. «No quiero que esto termine…» Dijiste después de otro suspiro profundo. Me volteaste, dejándome boca arriba, y te subiste encima de mi, introduciendo mi miembro dentro de ti. Tus caderas se movían de arriba a abajo con mucha suavidad, tus manos acariciaban tus pechos, las mías tus caderas y nalgas. De pronto empezaste a moverte con mucha rapidez, y gemidos salían de ti cada vez más profundos. Una de mis manos se acercó a tu boca, y uno de mis dedos jugó con tus labios. Me mordiste inmediatamente, y succionandolo cual sexo oral te viniste de nuevo, esta vez con mayor expresión en tu cara. Y mordiendo mi mano, como queriendo desahogar tensiones. Eso me encantaba. Terminaste encima de mi, sentía toda tu humedad recorriendome por mi miembro. Te levantaste, y bajaste a ver como estaba. Lo apretaste con tus manos, y mirándome me dijiste: «¿y el no piensa acabar? Necesito ver que acabes para mi…» Y abriendo tu boca, lo metiste como una Chupeta y empezaste a saborearlo, tu lengua jugaba con sus movimientos, tus labios con sus sonidos. De pronto una garganta profunda se adueño casi por completo de el, quedándote inmóvil por un instante algo prolongado. El calor de tu boca me tenía a punto de explotar. «Ven la quiero aquí, sobre mi pecho» dijiste mientras te colocabas de lado y me masturbabas con tus senos. «¿O acaso la quieres en mi boca?» Preguntaste con mas picardía y dejando tu boca abierta mientras me mirabas y me masturbabas. No aguante más, tuve algo de tiempo para decirte: «Me vengo» y mi semen cayo en tu rostro y parte de tu pecho, y fue cuando sin advertirlo tu boca se atragantó por completo, chupando y degustando cada mililitro de mi. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, sólo pude aferrarme de tu cabello y dejar salir un pequeño gemido profundo como lo que estabas haciéndome. Quede sin aliento, sin fuerzas. Tu solo sonreías con gran emoción. Estabas complacida y yo aún más. Nuestros cuerpos quedaron exhaustos después de este encuentro. Ahora sólo nos queda abrazarnos y despertar… Ya que todo esto sólo ha sido solo un sueño.
¿Tu no te haces la misma pregunta? ¿Por qué hemos dejado pasar tanto tiempo?

Continuara…

 

 

tragos

Después de unos tragos…

¿Recuerdas como fue esa noche? Después de compartir unos tragos entre amigos, una noche larga en un restaurante de Caracas, ya que esa noche llovió por mas de 6 horas y no nos dejo ir a nuestras respectivas casas y tuvimos que quedarnos alojados donde una de nuestras amigas, ya que ambos vivíamos muy lejos y la lluvia había causado estragos. Nos toco dormir juntos en una colchoneta en la sala de la casa, aún recuerdo que le dijiste a la señora: «-Tranquila mi doña, no se preocupe por nosotros, el es como mi hermanito, podemos dormir en la misma colchoneta»
Ya por mi cabeza llena de alcohol empezaron a pasar las más locas imágenes, hablaba conmigo mismo y me decía: «-¿Será que esta vez si podré probar los labios te esta mujer? Ambos tenemos los grados de alcohol necesarios para coger ánimo y si te rebotan poder culpar al «maldito alcohol». En verdad desde que te conocí siempre sentí esa tensión sexual que tu emanas, tu forma de hablar, de caminar y claro… Tu forma de sentarte y provocarnos a todos con tus picardías malintencionadas. Este era el instante. Apenas te abrace como «hermanitos» como decías tu, sentí como acomodabas tu cuerpo al mío, presionando tus nalgas a mi, y dejando tu cuello y oreja lo más cerca posible de mi boca. Tomaste mi mano y la abrazaste presionandola con tu pecho, ya no había duda, ella lo deseaba. Empece a besarla desde su oreja, y a decirle con voz baja: «¿a que estamos jugando hermanita?» Tu solo sonreíste y me dijiste que ya esto lo deseabas desde hace mucho tiempo y que más bien era yo quien no había dado el primer paso.

Pues inmediatamente mi mano derecha a la que ella tenía abrazada empece a deslizarla por su abdomen y empece a desabrochar su pantalón. Con la intensión de llegar a tu sexo y jugar contigo. Los besos empezaron a ser cada vez más intensos, mordiscos leves, nuestras lenguas jugando con nuestras bocas. Hasta qué logre llegar y sentir tu sexo húmedo y depilado. Un suspiro invadió tu cuerpo, seguido de un largo escalofrío y un «Dame mas» con voz erótica y provocativa. Mis dedos dentro de ti cada vez más mojados de tus jugos, te acariciaba con tantas ganas de hacerte mía. Y de pronto tu desabrochaste mi jean y bajaste a darme un sexo oral que hasta el sol de hoy aún recuerdo. Tu boca es increíble, no parabas de jugar con tu lengua, tus labios húmedos, algunos leves mordiscos. Ambas manos controlaban mi sexo, sólo te detenías para levantar tu mirada para verme y mirar a tu alrededor por si nos llegaban a descubrir, eso era lo mas emocionante. De pronto una puerta se abre, ambos nos hicimos los dormidos. Y nuestra amiga anfitriona paso por un lado nuestro camino al baño en ropa interior. Encendió la luz y allí estábamos nosotros bajo las sábanas haciéndonos los dormidos. No había terminado de irse a la cama de nuevo cuando tu volviste a tocarme, pero esta vez estabas decidida a pasar a otro nivel. Inmediatamente te quitaste el pantalón, y sin mediar palabras, te subiste encima de mi y dominando la situación dejaste que te penetrara, tus movimientos de cadera empezaron a adueñarse de mi, movimientos circulares, y otros de arriba a abajo, sólo podía sentir tus nalgas con ambas manos y empujarte hacia mi como pidiendo más.

Me besabas desenfrenadamente, y me susurrabas al oído: «Hasta que fuiste mío, no sabes las ganas que te tenía… Me invadía la curiosidad por probarte. ¿Por qué esperaste tanto para hacerme tuya? Si sabías que ya te tenía ganitas… Quiero ponerme en cuatro, ¿te atreves?» Mi cabeza voló y se imagino siendo descubierto haciendo el amor en una casa ajena en plena sala a las 3 de la mañana. ¿Que podía tener más adrenalina? Cambiamos de posición, te pusiste boca abajo y me pediste que subiera encima de ti. Y me dijiste: «me voy a poner en cuatro, y quiero que me des lo mas duro que puedas, pero sin hacer ruido…» Era todo un desafío, como no hacer ruido si lo que provocaba era darte de nalgadas, tomarte de las caderas y hacerte sentir todo mi sexo dentro de ti, estabas muy caliente, húmeda, tus movimientos casi me hacen llegar dentro de ti, logre controlarme. Pero volteaste y dijiste: «quiero que te vengas… Sentí como apretabas mi sexo con tu vagina y empezaste a moverte sin parar, fue increíble, explote dentro de ti con un orgasmo que me hizo caer sobre tu cuerpo. No te basto esto, volviste a adueñarte de mi sexo con tu boca, y me dijiste: «quiero que vuelvas a llegar, pero esta vez quiero que sea en mis labios, en toda mi boca, déjame jugar con el, no tengo sueño y quede con mucha hambre…»

Quedo demostrado, desde la primera vez que te vi supe que eras una «Loba» y quien soy yo para no complacerte. Me tocabas, me acariciabas, ese sexo oral fue mucho más intenso, estaba demasiado sensible ya, «garganta profunda» todo hombre muere por la chica que logre hacerle eso… Y más aún cuando logras que se ahogue, el machismo aflora, y más cuando dices: «Me vengo» y ustedes las mujeres sienten que tienen los mejores 30 segundos de sus vidas para con nosotros, recuerdo que me masturbabas con tu mano mientras tus labios calientes succionaban todo de mi, y tu otra mano aruñaba mi abdomen. Me hiciste suspirar profundamente y de igual manera quede tendido en la colchoneta. Al amanecer ya sin efectos de alcohol solo nos mirábamos y sonreíamos en secreto mientras desayunábamos junto a nuestras dos amigas y su familia. ¿Se repetiría? Pensaba yo…
Si, se repitió esa misma mañana. ¿Dónde? En mi propia oficina, y para hacerlo más exótico y con mas morbo, en el mismísimo escritorio de mi jefe. ¿Lo recuerdas? Cómo te tome de la cintura te lleve hasta el escritorio, desabroche tu pantalón, y te follé con locura… Esta vez si te daba nalgadas con intensidad, dejándote las marcas rosadas en tu gran trasero. Halandote el cabello mientas te penetraba simulando que te cabalgaba. Tu sólo gemías con fuerza, esta vez estábamos completamente solos. Provocaba tirar todo al piso, no lo hicimos, sólo lo empujamos un poco para tener espacio en el escritorio. Que locura. Fue increíble. Ya lo había hecho en mi antigua oficina. Pero hacerlo en la de tu jefe, es otro nivel. De pronto escuchamos que abren la puerta de la oficina y rápidamente nos acomodamos la ropa, y al asomarnos era otro compañero que fue hacer horas extras el fin de semana. Bueno, no quedo otra que saludar y tratar de disimular aunque las gotas de sudor aún corrían por mi frente. Lástima que te fuiste para otra ciudad, siempre creí que volveríamos a tener una nueva aventura como esta, aunque si quieres me invitas a tu nueva oficina y lo volvemos a intentar.

FIN o Continuara… Aún no lo se.

 

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Tienes un no se que…

Si, tu tienes ese algo que me atrae y no se cómo definir. ¿No has sentido como muchas veces me quedo mirándote fijamente hasta que tus ojos pueden mirarme más intensamente y escapo de tu mirada?

Tu solo sonríes, quien sabe cuantas cosas locas pasan por tu cabeza en ese instante. Digo locas porque por la mía pasan tantas cosas. Mi imaginación empieza a volar. Mi tensión sexual se eleva y ya empiezo a fantasearte. Ya me imagino cerca de ti, pero tan cerca que ya puedo sentir el aroma de tu perfume. Ese que me invade cada vez que te saludo y te abrazo. Ese que me acelera el corazón y mi respiración. Y provoca recorrer cada centímetro de tu cuerpo que haya sido tocado por este perfume.
Ese aroma que me convierte por unos segundos en un vampiro y me provocaría morderte por el cuello. Beber de ti, adueñarme de ti. Poseerte. Sentirte tan mía como para poder controlar tu cuerpo a mi gusto. Arrinconarte, pegarte entre la pared y mi cuerpo, dejarte sin salida. Poder tomarte de la cintura con ambas manos y sientas el calor que llevo por dentro. Empezaría a besar esos labios tentadores, esa boca que cuando me hablas solo pienso y me pregunto que sabor tendrá.
No se, pero yo los imagino, dulces, suaves y muy tiernos, aunque también presiento que pueden llegar a morderme con una gran pasión, y pueden pronunciar palabras que activen mi mente y me vuelvan loco, ¿por ejemplo? Que me digas:
«No pares de besarme, siempre desee que me hicieras tuya. Por favor no te detengas, adueñate de mi por completo.»

Tus manos empiezan a recorrerme, una acaricia mi cara sutilmente y luego hala mi cabello. La otra mano desabrocha tu blusa. Y mirándome fijamente a los ojos y con una sonrisa algo picara y maligna me dices:

«-Se que mueres por sentir mis pechos con tus labios… O me equivoco?-»

Mi mirada me delata, mi rostro debe ser un poema. Así que sólo dejas caer tu blusa de tus hombros, cierras tus ojos levemente, y dejas al descubierto esos sexys y atractivos senos. Yo sin pensarlo paso mi mano por tu espalda para terminar de hacer el trabajo… Desabrochar tu brasier. Tu boca y mi boca se unen en un juego incontrolable de jugosos besos, mis labios abandonan tu boca y empiezan a deslizarse desde tu cuello hacia abajo. Mi nariz se une a esta exploración percibiendo cada feromona de tu piel, excitándome cada vez más. Sentir como cada vez respiras más profundo. Veo como muerdes tus labios, como tu lengua los humedece con tanta sensualidad. Y tus ojos entre abiertos, mirándome con tanto deseo que descubro que tu también lo querías con muchas ganas. Mis manos empiezan a recorrerte, acariciando esa piel canela, tu estrecha cintura, tu piel es tan suave que mis dedos sienten ese calor, sienten como se eriza al tocar ciertas partes de ti.

Se que esto es sólo mi imaginación, pero desde que bailé contigo, desde que pude sentir tan cerca tu figura, desde que pude moverme al mismo ritmo de tu cuerpo, y ver como sonreías, ver como disfrutabas moverte al son de la música. No dejaba de recordar la frase: «El baile es la expresión vertical del deseo horizontal». Si te conozco bien acabas de subir tus cejas al leer esto, y ahora acabas de sonreír. Me parece emocionante verte y fantasear contigo. Pero después que hayas leído estas líneas se que muchas cosas cambiarán. Después que sepas que sueño con hacerte mía aunque sea sólo un instante. Que deseo adueñarme de ti por un momento y me dejes dominarte, me dejes seducirte, me permitas ser el hombre que te haga perder la noción del tiempo y el espacio. Ese hombre que te haga sentir nuevas sensaciones, ese hombre que sólo quiere degustarte como si fueras un rico helado, ya que mi boca, mis labios y mi lengua serán quienes te van disfrutar. Mis manos solo te controlaran, decidirán donde y cómo moverte. Quisiera tenerte en mi cama… Quitarte la ropa, sería un placer sólo poder desvestirte y poder verte, me encantaría recorrer cada centímetro de tu cuerpo, acariciarte, llevarte al punto de que me pidas a gritos que te haga mía. Mi boca te recorre empezando desde tus labios y voy bajando suavemente, probando tu cuello, besando tus pechos, mi lengua baja hasta tu ombligo, con ganas de morderte, mis manos se apodarán de tu cintura, tus caderas, tus piernas… y finalmente de tu sexo.
Sólo imagina mi boca allí abajo, y tu dejándome hacer lo que más me gusta, relajate… Disfrútalo… Cierra los ojos y déjate llevar. Déjame apoderarme de tus deseos, de tus fantasías, haz realidad la mía…
Une tu cuerpo al mío y déjame mostrarte lo que soy capaz de hacerte sentir. Permíteme adueñarme de todas tus partes, yo se que mueres por ser una niña mala, aunque finjas ser una mujer tranquilita e inocente. Dame esa oportunidad de descubrir cual es ese no se que que tu tienes…

Continuara…