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Sólo quiero verte bailar…

Desde qué supe que estabas practicando esa nueva disciplina aeróbica conocida como «poledance» mi mente no ha dejado de imaginarte. Ver tus curvas dando vueltas por un tubo de forma sexy y mostrarme tu elasticidad y capacidad aerobica, es lo más parecido a verte en la cama. Sumándole a esto la ropita corta y pegada al cuerpo que terminan de dibujar en mi mente cada una de tus líneas. Sobre todo esas grandes piernas que terminan en un trasero «pomposo» y provocativo que te invita a cometer el pecado de ser poseído con ambas manos y disfrutar de grandes caricias y apretones. Aferrarme a tus caderas y pegarte a mi, sentir como tu respiración cambia de ritmo. Como una sonrisa se escapa de tu boca y me dices con voz suave: – ¿Qué haces?
Tu cuerpo siente como mis manos te empiezan a recorrer por la cintura, tu piel se eriza inmediatamente, respiras profundo. Me pides que no siga. Porque sabes bien que me sé cada uno de tus puntos débiles. Y tienes claro que si empiezo no me voy a deter hasta tenerte en mi cama. Pero al mismo tiempo tu cuerpo te pide caer en la tentación, tus labios desean derretirse en los míos. Sabes que solo necesito unos segundos para empezar algo que puede que no termine. Pegarte a la pared tomandote de las manos para tratar de controlar tu cuerpo. Tu solo decías: – No hagas esto, no juguemos con fuego.
Solo te hable al oído y te dije: – Shhhh, Tranquila no va a pasar nada que tu no quieras. –
Tu sonreiste, miraste hacia arriba, y me dijiste con un poco de pasión y picardia: – Tu estás claro que entre tu y yo hay mucha tensión sexual, y que tarde o temprano va a pasar algo. Así que tienes solo 5 minutos para volverme loca, si no lo logras será mejor que te olvides de que esto pasó entre tu y yo. Pero si lo logras me tendrás completamente en todos los sentidos. Y se que harás tu mejor esfuer… – Te interrumpi inmediatamente con un beso, y mi mano en tu mejilla acariciando tu rostro. Nuestros labios se consumen en un beso largo y profundo. No faltaban las mordidas cada vez más fuertes, ninguno se quejó de dolor alguno, pero era obvio que cada vez las mordidas eran más fuertes. Tu respiración se aceleró al punto de parecer que estabas trotando, tus suspiros cada vez más profundos. Tu mano empezó a adueñarse de mi cabello y tus uñas empezaron a incrustarce en mi piel, pero no hice ni el más mínimo reclamo, todo lo contrario, sentí que cada segundo me excitaba más y más. A su vez mis manos ya recorrían tus curvas. Explorando centímetro a centímetro cada parte de ti. Tu cintura, tus caderas y como no adueñarse de las grandes nalgas que ya tantas veces había fantaseado tenerlas entre mis manos. Te tenía entre la pared y mi cuerpo, y te apretaba tanto que parecía que fuera a traspasar el muro que tenias en la espalda. Subí tus brazos, te besaba en el cuello, tu solo te dejabas llevar con los ojos semi abiertos y fue cuando decidiste quitarte la blusa. Había fuego en tus ojos, tu boca estaba roja de tanto mordernos, así que tu lengua hizo un recorrido sexy por tus labios, humedeciendolos mientras te mirabas los senos cubiertos por un brassier animal print tipo manchas de jaguar. Que mejor señal para demostrar la fiera que llevas por dentro. Te lanzaste a mi nuevamente devorandome con tus besos insaciables. Mis manos se aferraron al botón de tu pantalón con la intención de desabrocharlo.
-¿Estas seguro de lo que quieres hacer? – me dijiste con voz casi en secreto susurrante.
Yo te respondí casi rompiendo el cierre de tu pantalón y dejándolo caer un poco, ya que tus grandes caderas no dejaban que se cayeran solos.
-¿Entonces? termina de arrancarme está mierda de encima y empezemos… – Dijiste ya casi desesperada.
Así que te arranque todo lo que te quedaba encima. Y mis manos perdieron el control. Y lo que por un momento pensé que sería yo quien empezaría dominando la situación, resultó que no fue así. Fue como una transformación lo que te invadió. Me empujaste contra la pared, dejando mi espalda contra ella y aferrandote de mi cabello me besaste con suma pasión, casi arrancabas mis labios. Tu boca y tus dientes me hacían saber lo salvaje que puedes ser. Tus manos me sujetaron con fuerza. Casi siento que tienes todo el control de mi cuerpo Hasta que logre cambiar de lugar contigo y eras tu quien quedaba contra la pared. Mis labios se adueñan de tu cuello, y un gemido brota de tu boca. Así que te dije al oido: -¿Qué pretendes? ¿Crees que vas a dominarme? – tu solo sonreiste con cara de maldad. Tomaste aire y cuando menos me lo espere, me sujetaste y me llevaste hasta el mueble más cercano a ti diciendome: -Tu sabes bien que no puedes conmigo…- y montandote encima de mi me sostienes las manos y me dices: – Creo que es hora de que conozcas una faceta de mi que no conocías.»
Los besos no tardaron en ser los primeros protagonistas en esta situación. Nos degustabamos como si nos estuviéramos comiendo una fruta jugosa. Nuestras manos nos acariciaban cada centímetro de nuestros rostros, de nuestros cuerpos. Era un deseo reprimido que no le habíamos dejado la libertad de expresarse. Era tan fascinante poder ser dueño de tus labios por un momento. Sentir tu aliento y tu respiración tan cerca de mi. Beber de tus labios todo el placer que emanas de ellos. Y poder arrancar cada prenda de tu ropa hasta adueñarme de tu cuerpo. Adueñarme de tus curvas. Adueñarme de toda tu piel. Tus pecas. Contarlas una a una con mis labios. Tu cuerpo luchaba con dominarme o ser dominado.

«¿Por qué actúas así? Liberate… se la mujer que en el fondo eres» te dije mirándote a los ojos.
«¿Que mujer ves en mi? ¿Crees que por tener este cuerpo debo ser la más puta en la cama?» Dijiste con voz casi regañandome.
A eso respondí: «Tu eres la unión de ambos mundos, puedes ser desde la niña más inocente e infantil a la mujer mas perversa y atrevida en el sexo. Solo hay que saber que botón tocar…» sonreí y te guiñe el ojo.

Tu reiste a carcajadas. Y respondiste: «Y por lo visto tu ya sabias cual es el botón que debías tocar. Es que tu eres muy detallista e inteligente. Sabes seducir. Pero no tengo que decirte algo que ya sabes. Quiero saber es ¿como me ves a mi?

¿Cómo te veo? Lo que yo quiero es mostrarte cómo te deseo…

Y tumbandote en el mueble y aferrandome a tus manos las deje por encima de ti. Nuevamente nuestros labios se unieron en un largo y apasionado beso. Te liberaste de mis manos y te aferraste a mi espalda. Tus manos me recorrían con tus uñas. Tus piernas de pronto me envolvieron. Me apretaste con fuerza. Esto se veía como una demostración de fuerza y dominación. Estar entre tus piernas era un sueño adorado. Pero sentir como ellas tenían el control sobre mi… ya empezaba a cambiar a percepción que tenia con ellas. Me tenias sujetado a ti. Esto prometía ser una batalla campal. Ver tu cara de maldad a sabiendas que tenias el control sobre mi era fascinante. Tu sólo sonreias. Y por instantes ponías tu cara de niña buena e inocente. Era esa mezcla loca de dulce y picante.
«Te reto a que me hagas tuya» me dijiste con voz desafiante. Eso mas que un reto sonaba a un riesgo que debía tomar. Una mujer con tu contextura física estaba claro que no se dejaría dominar con facilidad. Y tu lo sabias y disfrutabas de la situación.

El forcejeo le daba un toque de locura a esto. Y sabes bien que me gusta así. Esa mezcla de dolor y placer, de dominación y sumisión. La idea era agotar tus fuerzas físicas. Lograr que te rindieras ante mi. No la tuve fácil. Ver como tus brazos se tensaban forcejando para librarse de mi. Y al mismo tiempo tus piernas me apretaban a tu cuerpo apretandome como con intensión de cortar mi respiración. Solo quedaban nuestras risas y besos repentinos acompañados de mordiscos y algunas lamidas sexys de tu parte sobre mis labios.
Hasta que hubo un instante donde se acabaron los juegos. Donde nuestros labios se dedicaron a saborearse de manera diferente. Donde las caricias empezaron a ser mas eróticas y provocadoras. Justo el momento donde tu respiración cambio de ritmo. Justamente ese momento donde en tu mente decías: «coño e’ la madre… caí» y sonreías con picardia.
Mis manos te acariciaban cada parte de ti, desde tu cuello hasta tu enorme trasero. Cada caricia iba cargada de descargas eléctricas que ponían tu piel de gallina, erizado cada bello de tu piel. Una de mis manos se adueñó de tu cabello, aferrándose a el como queriendo controlar tus movimientos cual potra salvaje. La otra estaba entre tu cintura y tus nalgas. ¿Como no querer aferrarse allí? Si era el centro de tus movimientos.

«Se que me quieres agarrar bien el culo, y te la voy a poner más fácil.» Me dijiste con risa en los labios. E intercambiamos los lugares, ahora era yo quien estaba debajo de ti. Pero… creo que fue muy pronto haberte dado ese control sobre mi.
«¡Ja jaaaaa! Ahora si…» dijiste con voz maligna esta vez tomando mis manos hacia arriba.
«Se que me quieres tocar… pero ¡no! Antes quiero verte sufrir un poquito…» así que empezaste a mover tus caderas sobre mi muy suavemente. Y con voz susurrante me decias: «Te tengo en mi poder… veamos que tanto aguantas».
Tus poderosas piernas me apretaban. Tu pelvis me rozaba cada vez más fuerte. Se que podías sentir mi erección. Sentía que mi pantalón no soportaba más y tenia que ser despojado de el. Tu con tus dedos de las manos entrelazados con los míos no me permitías tocarte. Lo que más disfrutaba de esto era tener tan cerca de mis labios tus senos. Ese par de melocotones provocativos listos para ser devorados por mi. Tu sólo los acercabas lo suficiente como para rozar mis labios y seguir tentandome. Hasta que dejaste que mis labios se adueñaran de uno de ellos, entre lamidas, besos, mordiscos y succiones me permitiste hacerte cerrar los ojos y morder tus labios del placer que te hacia sentir. Tus manos dejaron de apretar las mías, y se fueron hasta mi cuello y se aferraron de mi cabello. El movimiento de tus caderas eran más y más intensas. Te acercaste hasta mis labios y me dijiste mordiendo al mismo tiempo mi labio inferior: «Sabía que no te debía dejar tocarme… ahora no quiero que pares de hacer lo que haces… No pongas esa cara de sobrado!!» Dijiste casi gritando.
Mi sonrisa no cabía en mi cara, el solo haber llegado a este punto y lograr que dijeras eso levantaba más que mi ego.

Mis manos se dirigieron a tus caderas e introduciendo mis pulgares entre tu piel y tu pantalón te despoje de una parte de él solo dejando al descubierto tus nalgas. Y de regreso mis dedos te acariciaron suavemente, pero fue imposible no apretarte con ambas manos con fuerza y darte una nalgada a dos manos.

«¡Ay coño! -gritaste- ¿no te ibas a sentir satisfecho si no me hacías eso verdad? Verga… si te vieras la cara».

«Un deseo reprimido de niño malo» te dije con cara de maldad confirmando tu pregunta.

«¿Niño malo? Veamos que tan malo es este niño» y con una sonrisa maligna te terminaste de quitar el pantalón. Desabrochaste el mio y empezaste a bajar el cierre.

«Sabes que yo tengo una curiosidad por descubrir… y creo que estoy a segundos de saberlo» me dijiste con voz de niña curiosa.

Bajaste un poco mi pantalón, dejando al descubierto mi bóxer blanco y notabas como se marcaba mi erección en el.

Continuará…
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