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¿Sabes que me encanta de ti?

Ese poder que tienes de provocarme. Esa forma tan sutil de seducir mi mente y poner a volar mi imaginación. Siempre termino desnudandote y tirandote en mi cama, imaginando que me adueño de tu cuerpo. Siempre imagino que puedo tocarte, besarte, sentirte. Que puedo olerte, probarte y escucharte suspirar. Que me dejas de una vez por todas dominar tus sentidos y que por primera vez puedo hacerte el amor como tantas veces lo he soñado. Siento como tus piernas me dan la bienvenida, siento como me abrazas con ellas sin querer separarte de mi ser. Tu boca me besa, me muerde y me habla, me pide que no pare, tus manos me acarician y al mismo tiempo me lastiman la espalda. Son tus uñas hablándole a mi piel y reclamando porque había tardado tanto en disfrutarte. Tu cabello se enreda entre mis manos cada vez que te tomo por el cuello para dominarte. Mis caderas no dejan de embestirte con cada gemido que suelta tu boca. ¡No pares! Me dices casi sin aliento. ¡No puedo! ¡Ni quiero! Te digo susurrando al oído y apretando tus nalgas contra mi cuerpo. Estas ganas están acumuladas, estas ganas tienen mucho tiempo. Esta ganas no se acabarán hasta cumplir este deseo… Dime que tengo que hacer para adueñarme de tu divino placer…

Ella respondió: -Solo tienes que acercarte a mi. Mirarme profundamente. Dejar que nuestros ojos se besen. Dejar que nuestros labios se toquen y dejar que nuestros cuerpos decidan. Yo también te deseo en secreto desde hace mucho tiempo. Mi cuerpo a sentido tus manos en mi imaginación. Me he dejado desvestir, tocar, sentir. Me he dejado recorrer por todas partes, he suspirado con tu lengua dentro de mí. Con tus dedos dentro de mí. Con tu virilidad dentro de mí. He gritado tu nombre, he maldecido en tu nombre cada vez que tenido un orgasmo que no acaba con tu néctar en mi boca, sino con mis manos empapadas de mis mieles. Me he tocado muchas noches soñandote mío, imaginando como entras y sales de mi hasta hacerme retorcer de placer. ¿Por qué no me buscas? ¡Sabes donde vivo! ¿Por que no me secuestras y me regalas un día cargado de placer y lujuria? ¿Que quieres, que sea yo quien te lo ruegue y te pida que me hagas tuya?

Aquí estoy, frente a ti. Vine a buscarte. Vine a pedirte que me acompañes. Vine a decirte que moría por tener la confianza que me das. Siempre le tememos al rechazo. Le tememos al ser juzgado por decir lo que sentimos, por cómo nos vemos y no ser correspondidos. Pero después que vencemos esas barreras nos sentimos libres, más fuertes, más seguros. Queremos comernos el mundo. Estamos dispuestos a todo. Sobre todo a sonreír, a disfrutar, suspirar, ¡vivir! Nos dejamos llevar por la pasión y el deseo. Nuestra sangre hierve de lujuria y perversión. Nos devoramos sin límites, sin arrepentimientos, sin control. Nuestras almas se funden en una sola, nuestros cuerpos se hacen uno. Nuestras energías se desbordan y terminan explotando en un orgasmo único e irrepetible. Siento como te mueves y sigues buscando más placer dentro de ti, me muerdes los labios, te aferras más a mi. Gimes con fuerza , lo dejas salir, todo ese deseo que llevabas por dentro. ¡Quiero Más! me dijiste suavemente cambiando de posición. Te pusiste en cuatro esperando por mas de mi erección. Te abrías las nalgas mostrándome tu rosadita flor. No pude resistirme a seguir dentro de ti, de tu calor, tu humedad y tus ganas. Nalguearte hasta que quedaran mis manos marcadas en tu blanca piel. Me encanta ver como te mojas, como tus mieles chorreaban por tus piernas. Cómo gritabas en la almohada todo ese placer. ¡Te deseaba desde el día que te conoci! – te dije casi sin aliento. -Siempre te tuve ganas, me gustabas, te fantaseaba ¿lo sabías? – Volteaste y me miraste diciendo: – Lo sé, se te notaba. Quería tenerte así, como ahora. que me hicieras tuya. Pero me sentía muy insegura de mi cuerpo – Te detuviste. Te sentaste y me miraste a los ojos, bajaste la cabeza. Te quedaste callada y pensativa. Suspiraste.

Me costó mucho vencer mis miedos, me costó mucho aceptar que no soy la joven mujer que tuvo un cuerpo perfecto. Pero aprendí a amarme, a quererme, aprendí a darme amor y placer no solo con mis manos. Empecé hacer lo que me gusta, a darme gustos. En fin, a ser feliz. Un día me levante sintiendome sensual, erótica, en simples palabras… ¡Divina vale! Tome la camara y empece a hacerme fotos yo misma. Me veía en el espejo y me gustaba mi piel, mis labios, mi cabello, mis curvas, toda yo. No tenía en mente tomarme fotos para complacer a ningún hombre, esas fotos eran para mi. Me sentía tan sexy, tan sensual, que empecé a quitarme la ropa. Segui tomandome fotos. te confieso, me sentía viva. Era una sensación tan divina, que hasta imaginaba que me miraban, ¡Quería que me miraran! Que me desearan de nuevo, quería escuchar: ¡Que rica estas! ¡Que bella! ¡Te quiero devorar todo tu cuerpo! No sabes la falta que nos hace a las mujeres a veces que nos llenen el ego, que nos hagan sentir bellas, deseadas, hasta que nos digan piropos o halagos. Si te lo dice alguien que te atrae sexualmente te desborda , te calienta, te masturbas imaginando sus manos encima de ti. Te lo coges mentalmente y piensas… Que rico seria hacerlo realidad, pero no te atreves por otro miedo que nos invade siempre: «¿Que pensara de mi si se lo confieso? Pero míranos aquí, terminaste siendo tu quien lo confesara primero. Y yo disfrutándolo más que nunca. Puedo morir tranquila ¡ja ja ja ja! Ya puedo seguir cumpliendo mis otras fantasías sin tanto pesar.

¿Se pueden saber cuales son esas otras fantasías? – te pregunté. Y solo suspiraste y reiste con maldad diciendo entre dientes: Si solo supieras…

Creo que habrá muchos relatos por escribir… ¡Así que pendientes!

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Sólo quiero verte bailar…

Desde qué supe que estabas practicando esa nueva disciplina aeróbica conocida como «poledance» mi mente no ha dejado de imaginarte. Ver tus curvas dando vueltas por un tubo de forma sexy y mostrarme tu elasticidad y capacidad aerobica, es lo más parecido a verte en la cama. Sumándole a esto la ropita corta y pegada al cuerpo que terminan de dibujar en mi mente cada una de tus líneas. Sobre todo esas grandes piernas que terminan en un trasero «pomposo» y provocativo que te invita a cometer el pecado de ser poseído con ambas manos y disfrutar de grandes caricias y apretones. Aferrarme a tus caderas y pegarte a mi, sentir como tu respiración cambia de ritmo. Como una sonrisa se escapa de tu boca y me dices con voz suave: – ¿Qué haces?
Tu cuerpo siente como mis manos te empiezan a recorrer por la cintura, tu piel se eriza inmediatamente, respiras profundo. Me pides que no siga. Porque sabes bien que me sé cada uno de tus puntos débiles. Y tienes claro que si empiezo no me voy a deter hasta tenerte en mi cama. Pero al mismo tiempo tu cuerpo te pide caer en la tentación, tus labios desean derretirse en los míos. Sabes que solo necesito unos segundos para empezar algo que puede que no termine. Pegarte a la pared tomandote de las manos para tratar de controlar tu cuerpo. Tu solo decías: – No hagas esto, no juguemos con fuego.
Solo te hable al oído y te dije: – Shhhh, Tranquila no va a pasar nada que tu no quieras. –
Tu sonreiste, miraste hacia arriba, y me dijiste con un poco de pasión y picardia: – Tu estás claro que entre tu y yo hay mucha tensión sexual, y que tarde o temprano va a pasar algo. Así que tienes solo 5 minutos para volverme loca, si no lo logras será mejor que te olvides de que esto pasó entre tu y yo. Pero si lo logras me tendrás completamente en todos los sentidos. Y se que harás tu mejor esfuer… – Te interrumpi inmediatamente con un beso, y mi mano en tu mejilla acariciando tu rostro. Nuestros labios se consumen en un beso largo y profundo. No faltaban las mordidas cada vez más fuertes, ninguno se quejó de dolor alguno, pero era obvio que cada vez las mordidas eran más fuertes. Tu respiración se aceleró al punto de parecer que estabas trotando, tus suspiros cada vez más profundos. Tu mano empezó a adueñarse de mi cabello y tus uñas empezaron a incrustarce en mi piel, pero no hice ni el más mínimo reclamo, todo lo contrario, sentí que cada segundo me excitaba más y más. A su vez mis manos ya recorrían tus curvas. Explorando centímetro a centímetro cada parte de ti. Tu cintura, tus caderas y como no adueñarse de las grandes nalgas que ya tantas veces había fantaseado tenerlas entre mis manos. Te tenía entre la pared y mi cuerpo, y te apretaba tanto que parecía que fuera a traspasar el muro que tenias en la espalda. Subí tus brazos, te besaba en el cuello, tu solo te dejabas llevar con los ojos semi abiertos y fue cuando decidiste quitarte la blusa. Había fuego en tus ojos, tu boca estaba roja de tanto mordernos, así que tu lengua hizo un recorrido sexy por tus labios, humedeciendolos mientras te mirabas los senos cubiertos por un brassier animal print tipo manchas de jaguar. Que mejor señal para demostrar la fiera que llevas por dentro. Te lanzaste a mi nuevamente devorandome con tus besos insaciables. Mis manos se aferraron al botón de tu pantalón con la intención de desabrocharlo.
-¿Estas seguro de lo que quieres hacer? – me dijiste con voz casi en secreto susurrante.
Yo te respondí casi rompiendo el cierre de tu pantalón y dejándolo caer un poco, ya que tus grandes caderas no dejaban que se cayeran solos.
-¿Entonces? termina de arrancarme está mierda de encima y empezemos… – Dijiste ya casi desesperada.
Así que te arranque todo lo que te quedaba encima. Y mis manos perdieron el control. Y lo que por un momento pensé que sería yo quien empezaría dominando la situación, resultó que no fue así. Fue como una transformación lo que te invadió. Me empujaste contra la pared, dejando mi espalda contra ella y aferrandote de mi cabello me besaste con suma pasión, casi arrancabas mis labios. Tu boca y tus dientes me hacían saber lo salvaje que puedes ser. Tus manos me sujetaron con fuerza. Casi siento que tienes todo el control de mi cuerpo Hasta que logre cambiar de lugar contigo y eras tu quien quedaba contra la pared. Mis labios se adueñan de tu cuello, y un gemido brota de tu boca. Así que te dije al oido: -¿Qué pretendes? ¿Crees que vas a dominarme? – tu solo sonreiste con cara de maldad. Tomaste aire y cuando menos me lo espere, me sujetaste y me llevaste hasta el mueble más cercano a ti diciendome: -Tu sabes bien que no puedes conmigo…- y montandote encima de mi me sostienes las manos y me dices: – Creo que es hora de que conozcas una faceta de mi que no conocías.»
Los besos no tardaron en ser los primeros protagonistas en esta situación. Nos degustabamos como si nos estuviéramos comiendo una fruta jugosa. Nuestras manos nos acariciaban cada centímetro de nuestros rostros, de nuestros cuerpos. Era un deseo reprimido que no le habíamos dejado la libertad de expresarse. Era tan fascinante poder ser dueño de tus labios por un momento. Sentir tu aliento y tu respiración tan cerca de mi. Beber de tus labios todo el placer que emanas de ellos. Y poder arrancar cada prenda de tu ropa hasta adueñarme de tu cuerpo. Adueñarme de tus curvas. Adueñarme de toda tu piel. Tus pecas. Contarlas una a una con mis labios. Tu cuerpo luchaba con dominarme o ser dominado.

«¿Por qué actúas así? Liberate… se la mujer que en el fondo eres» te dije mirándote a los ojos.
«¿Que mujer ves en mi? ¿Crees que por tener este cuerpo debo ser la más puta en la cama?» Dijiste con voz casi regañandome.
A eso respondí: «Tu eres la unión de ambos mundos, puedes ser desde la niña más inocente e infantil a la mujer mas perversa y atrevida en el sexo. Solo hay que saber que botón tocar…» sonreí y te guiñe el ojo.

Tu reiste a carcajadas. Y respondiste: «Y por lo visto tu ya sabias cual es el botón que debías tocar. Es que tu eres muy detallista e inteligente. Sabes seducir. Pero no tengo que decirte algo que ya sabes. Quiero saber es ¿como me ves a mi?

¿Cómo te veo? Lo que yo quiero es mostrarte cómo te deseo…

Y tumbandote en el mueble y aferrandome a tus manos las deje por encima de ti. Nuevamente nuestros labios se unieron en un largo y apasionado beso. Te liberaste de mis manos y te aferraste a mi espalda. Tus manos me recorrían con tus uñas. Tus piernas de pronto me envolvieron. Me apretaste con fuerza. Esto se veía como una demostración de fuerza y dominación. Estar entre tus piernas era un sueño adorado. Pero sentir como ellas tenían el control sobre mi… ya empezaba a cambiar a percepción que tenia con ellas. Me tenias sujetado a ti. Esto prometía ser una batalla campal. Ver tu cara de maldad a sabiendas que tenias el control sobre mi era fascinante. Tu sólo sonreias. Y por instantes ponías tu cara de niña buena e inocente. Era esa mezcla loca de dulce y picante.
«Te reto a que me hagas tuya» me dijiste con voz desafiante. Eso mas que un reto sonaba a un riesgo que debía tomar. Una mujer con tu contextura física estaba claro que no se dejaría dominar con facilidad. Y tu lo sabias y disfrutabas de la situación.

El forcejeo le daba un toque de locura a esto. Y sabes bien que me gusta así. Esa mezcla de dolor y placer, de dominación y sumisión. La idea era agotar tus fuerzas físicas. Lograr que te rindieras ante mi. No la tuve fácil. Ver como tus brazos se tensaban forcejando para librarse de mi. Y al mismo tiempo tus piernas me apretaban a tu cuerpo apretandome como con intensión de cortar mi respiración. Solo quedaban nuestras risas y besos repentinos acompañados de mordiscos y algunas lamidas sexys de tu parte sobre mis labios.
Hasta que hubo un instante donde se acabaron los juegos. Donde nuestros labios se dedicaron a saborearse de manera diferente. Donde las caricias empezaron a ser mas eróticas y provocadoras. Justo el momento donde tu respiración cambio de ritmo. Justamente ese momento donde en tu mente decías: «coño e’ la madre… caí» y sonreías con picardia.
Mis manos te acariciaban cada parte de ti, desde tu cuello hasta tu enorme trasero. Cada caricia iba cargada de descargas eléctricas que ponían tu piel de gallina, erizado cada bello de tu piel. Una de mis manos se adueñó de tu cabello, aferrándose a el como queriendo controlar tus movimientos cual potra salvaje. La otra estaba entre tu cintura y tus nalgas. ¿Como no querer aferrarse allí? Si era el centro de tus movimientos.

«Se que me quieres agarrar bien el culo, y te la voy a poner más fácil.» Me dijiste con risa en los labios. E intercambiamos los lugares, ahora era yo quien estaba debajo de ti. Pero… creo que fue muy pronto haberte dado ese control sobre mi.
«¡Ja jaaaaa! Ahora si…» dijiste con voz maligna esta vez tomando mis manos hacia arriba.
«Se que me quieres tocar… pero ¡no! Antes quiero verte sufrir un poquito…» así que empezaste a mover tus caderas sobre mi muy suavemente. Y con voz susurrante me decias: «Te tengo en mi poder… veamos que tanto aguantas».
Tus poderosas piernas me apretaban. Tu pelvis me rozaba cada vez más fuerte. Se que podías sentir mi erección. Sentía que mi pantalón no soportaba más y tenia que ser despojado de el. Tu con tus dedos de las manos entrelazados con los míos no me permitías tocarte. Lo que más disfrutaba de esto era tener tan cerca de mis labios tus senos. Ese par de melocotones provocativos listos para ser devorados por mi. Tu sólo los acercabas lo suficiente como para rozar mis labios y seguir tentandome. Hasta que dejaste que mis labios se adueñaran de uno de ellos, entre lamidas, besos, mordiscos y succiones me permitiste hacerte cerrar los ojos y morder tus labios del placer que te hacia sentir. Tus manos dejaron de apretar las mías, y se fueron hasta mi cuello y se aferraron de mi cabello. El movimiento de tus caderas eran más y más intensas. Te acercaste hasta mis labios y me dijiste mordiendo al mismo tiempo mi labio inferior: «Sabía que no te debía dejar tocarme… ahora no quiero que pares de hacer lo que haces… No pongas esa cara de sobrado!!» Dijiste casi gritando.
Mi sonrisa no cabía en mi cara, el solo haber llegado a este punto y lograr que dijeras eso levantaba más que mi ego.

Mis manos se dirigieron a tus caderas e introduciendo mis pulgares entre tu piel y tu pantalón te despoje de una parte de él solo dejando al descubierto tus nalgas. Y de regreso mis dedos te acariciaron suavemente, pero fue imposible no apretarte con ambas manos con fuerza y darte una nalgada a dos manos.

«¡Ay coño! -gritaste- ¿no te ibas a sentir satisfecho si no me hacías eso verdad? Verga… si te vieras la cara».

«Un deseo reprimido de niño malo» te dije con cara de maldad confirmando tu pregunta.

«¿Niño malo? Veamos que tan malo es este niño» y con una sonrisa maligna te terminaste de quitar el pantalón. Desabrochaste el mio y empezaste a bajar el cierre.

«Sabes que yo tengo una curiosidad por descubrir… y creo que estoy a segundos de saberlo» me dijiste con voz de niña curiosa.

Bajaste un poco mi pantalón, dejando al descubierto mi bóxer blanco y notabas como se marcaba mi erección en el.

Continuará…
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Sexo, sudor y calor…

¿Te pasa igual que a mi? Hay noches que huelen a sexo, donde nuestros cuerpos solo desean ser poseídos y entrar en una sesión de pasión desenfrenada. Donde sólo deseas arrancarte la ropa y quedar completamente desnudos, es más, creo que ni daría tiempo para esto, y empezaríamos a fornicar con la ropa. Los besos empiezan todo acompañados de pequeños mordiscos y lamidas por cuello y hombros. Nos aferramos de nuestras cabelleras y con la otra mano nos adueñamos de las nalgas del otro. Quiero romper tu blusa y destapar tu pecho y dejarlo a merced de mis labios. Quiero disfrutar de cada uno de ellos, darme el placer de besarlos y lamerlos hasta ver y sentir tu pezón erecto. Quiero con mi otra mano arrancar tu pantalón. Dejar al descubierto tus pantis ya húmedas del néctar del placer. Mi boca no dejaría de besar esos labios tentadores, quiero dejarte sin aliento, sin respiración. Que mis dedos jueguen dentro de ti, tocándote, acariciándote, disfrutándote centímetro a centímetro. Uno, dos, tres dedos en tu sexo, y sigues pidiéndome mas. Tendré que usar un juguete contigo la próxima vez, esos que vibran y te sacan los más intensos orgasmos.

Veo que estas deseosa de mas. Quiero llevarte al punto más alto antes de penetrarte. Así que mi boca empieza a bajar por tu cuerpo. Lamiendo tus senos, mordiendo tu piel. Hasta llegar a tu sexo húmedo y deseoso de placer. Allí empieza una batalla de lujuria y deseo, una lucha de poder, entre tus labios y los míos. Mi boca te consume, te disfruta a plenitud. Tus gemidos y quejidos son referencia de que lo estas disfrutando cada vez más. Tus manos se aferran a mi cabeza controlando ciertos movimientos, siento como me clavas las uñas por el cuero cabelludo. Alzo mi mirada para ver tu cara. Tu boca entre abierta con respiración acelerada, unos ojos llenos de fuego, me daban a entender que no debía detenerme ni por un instante. Mis dientes se clavaban en tu vulva mientras mi lengua te penetra y juega con tu clítoris. Sentir como te vienes en mi cara me hace sentir el mejor amo sobre una dulce sumisa complacida. Saborearte era mi mejor premio. Ver tu piel erizada mi mejor regalo.

Escucharte con voz acelerada por la intensidad del momento, me despertaba los más bajos instintos. Eres mía, así de simple, yo poseo el control de tu cuerpo, de subirte, de bajarte, de hacerte gritar, de hacerte gemir.

Te puse en cuatro, pero no para penetrarte, esta vez quise darte un sexo oral de esos que te dejan sin respiración. Mis labios y mi lengua se darán el placer de saborearte, oler esa fragancia de éxtasis y lujuria. Sentir como mis labios se empapan de tus jugos, ver como las gotas recorren tus piernas sólo hace que mi erección se incrementé cada vez más. Un beso negro se apodera de ti. Mientras mis dedos te penetran como una máquina de placer. Quien diría que una mujer como tu despertaría esta llama ardiente en mi. Esto va más allá de los años de vida que tienes. Yo lo veo como años de experiencia, locura y deseo acumulado que quieren explotar en el cuerpo de un hombre más joven que tu. Son sólo trece años más que yo, así que no puedes ser mi madre. No hay ningún remordimiento. Así que después de esta sesión de sexo oral te clavare mi miembro dentro de ti, empezando primero dulce suavemente con sólo la punta, mi glande y tus labios jugando a provocar. Hasta llegar al punto donde ya no aguanté más y sin avisarte lo sientas dentro de ti y te haga gritar malas palabras. Quiero darte tan duro y tantas veces que quiero verte llorar, quiero escucharte pidiéndome clemencia, quiero que desees haberme conocido hace 10 años atrás.

Quiero verte arrancar las sábanas de tu cama con cada embestida que te de. Quiero verte golpear el colchón cada vez que sientas mi miembro dentro de ti y no lo soportes dentro de tu culo. Quiero que gimas, que grites mi nombre una y otra vez, hasta que te grabes quien es tu nuevo dueño. El dueño de cada orgasmo que expulsa tu cuerpo. El dueño de tus gemidos y de tu piel.
Quiero sentir la fragancia de tu piel mientras te beso. El olor de tu pelo al despeinarte con cada sacudida. Unir tu cuerpo y el mío en uno sólo, mezclando tu lujuria con la mía. Es fascinante hacerle el amor a una dama, a toda una señora, pero que se transforma en una sumisa del sexo cuando toca mi cama. No importa cuantos años tienes, lo que importa es cuantos de estos los disfrutaste a plenitud y los que aún te faltan por vivir. Como siempre te dije, VIVE.

Vive las aventuras que nunca viviste antes, haz las locuras que nunca antes te atreviste a hacer. Cumple cada una de tus más perversas fantasías.

Déjate llevar a un mundo sin límites y sin control, donde yo soy el dueño de todas tus fantasías y tu eres mi esclava…

Continuará…

Mi Esclava

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¿Cómo olvidar tus ojos?

Fueron esos grandes ojos azules como el cielo los que una vez me conquistaron. Esa mirada que al principio era tímida y dudosa, que luego se convirtió en sensual y posesiva. Unos labios tentadores y provocativos, esos mismos labios que siempre los vi hablando y pronunciando cada palabra con perfecta dicción. Ese tono de voz que atraía mi interés cada día más. Esa seguridad al hablar, una firmeza que me hacia fantasear con recibir órdenes de tu parte. Aunque tus intenciones iniciales fueron que saliera con tu hermana soltera, pronto nos dimos cuenta que entre nosotros había algo más allá de una simple tensión o atracción sexual. Así que pasamos de amigos confidentes y consejeros a compañeros de pasión y deseo.
Aún llevo en mi memoria esa primera noche, llevabas un pequeño vestido negro, cabello recogido y un rico perfume que recorría toda tu piel. Después de tantas largas conversaciones y provocaciones, llegaría la hora de tenernos el uno al otro. Una copa de vino dio la bienvenida a esta tan esperada velada. Unos besos largos y profundos dieron inicio a esta excitante historia. Tu boca se adueñaba de la mía, tus labios me devoraban a besos, tus dientes deseaban devorarme a mordiscos y tu lengua… Ella sólo deseaba saborearme.

Empece a recorrer y acariciar tu piel, esa piel blanca y cubierta de pecas que tanto me fascinaba cada vez que te veía. Empece devorandote por el cuello, mientras te susurraba al oído las ganas inmensas que tenía por hacerte mía. A pesar que tu eras mayor que yo, sentía que tenías pena y te invadían algunos temores. Mi meta era quitarte todo los miedos de encima, y la ropa también. Así que nos tiramos en la cama, empece a desvestirte con sutileza, lo cual era muy fácil ya que sólo traías tres prendas sobre tu piel. Primero el vestido negro, que empece a quitártelo de abajo hacia arriba, mientras iba acariciando desde tus nalgas hasta tu espalda. Todo esto sin dejar de besarnos por un instante. Podía sentir los latidos de tu corazón. Tu respiración parecía que hubieses corrido un par de kilómetros antes de entrar en mi cama. Con una mano desprendí el brasier que llevabas puesto, mientras la otra se encargó de lanzarlo lejos de allí. Allí estaba esos senos llenos de algunas pecas sólo para mi. Mi boca no aguanto que mis ojos sólo se deleitarán al verlos por fin completamente desnudos, así que se apoderó de cada uno de ellos besándolos con estrena pasión y deseo. Fue el momento que escuche tu primer gemido de placer. Descubrí lo sensible que eran ese par de melocotones frescos, así que empece a jugar con ellos con mi boca, mi lengua, mis dientes y mis manos. Decidiste despojarme de mi camisa, querías sentir tu pecho con el mío, se que en el fondo de ti lo que querías era romper o rasgar mi ropa. Podía verlo en tus ojos. Abriste mi pantalón y me desprendiste de el lo más rápido que pusiste. Querías adueñarte de mi sexo, tu boca se mostraba impaciente por devorarme. Y así mismo fue, una descarga eléctrica invadió todo mi ser al sentir como tu boca se iba apoderando cada centímetro de mi miembro. Sentir como me saboreabas, como jugabas con tu lengua dentro de tu boca con mi sexo, hiciste que mi respiración se acelerar. Tus manos recorrían mi abdomen, y tus uñas dejaban un leve rastro de por donde pasaban. Te pedí que quería participar y devolverte el mismo placer, que compartiéramos en un 69 y disfrutar de un excitante sexo oral. Tu estabas tan húmeda, que ya tu pequeño hilo estaba empapado, eso me calentó aún más. También paso por mi mente arrancarte y romper ese pequeño trozo de tela. Mi boca se adueño de tu dulce vagina y mi lengua se dio el placer de saborear cada centímetro de ti. Me habías confesado que llevabas algún tiempo sin tener intimidad. Y ese instante confirme lo fogosa y apasionada que puede ser una mujer sin sexo frecuente. Llego el momento de tenerme dentro de ti, tu encima de mi, teniendo el control de cada movimiento, tus caderas en un subir y bajar frecuente, algunos movimientos circulares, acompañados de mordiscos y aruños, gemidos y palabras incompletas no dejaban de salir de tus ricos labios.
-Que rico me haces el amor- me dijiste con voz ajetreada – No sabes lo mucho que te deseaba dentro de mi, no quiero que se acabe este instante. Me tienes loca.
-Y apenas estoy empezando- te dije sonriendo. Así que decidí cambiar de posición, te acosté boca arriba, abrí tus piernas y me pose sobre tu cuerpo desnudo. Te penetre con suavidad y te pregunte al oído si estabas lista para sentirme, respondiste moviendo la cabeza de arriba a abajo. Me aleje un poco y mis caderas empezaron a darte embestidas mientras no dejaba de verte a los ojos, tu boca quedo semi abierta buscando agarrar más oxígeno, a veces te mordías los labios, y aguantabas como la respiración. Agarrabas de nuevo aire y lo soltabas en forma de gemido. Cuando mis caderas se detenían me gritabas casi en silencio: «No pares por favor, ya casi llego».
Al escuchar esas palabras la maldad me invade el cuerpo. Tu sabes bien que a ustedes las mujeres les encanta que las hagan «maldades» en la cama.
Así que te pedí que cambiarás de posición a en cuatro. Así tendríamos ambos el control de movernos a placer. Podía halarte del cabello mientras te penetraba, y además podía acariciar tus grandes nalgas y morder tu espalda.
En ocasiones me quedaba inmóvil sólo para ver como tus caderas se golpeaban con mi cuerpo buscando el placer. Era muy excitante. Fue en ese preciso instante cuando mis manos apretaron tus nalgas fuertemente aferrandome casi con mis uñas clavadas a ti, y tu empujabas con extrema fuerza como deseando ser penetrada con todo mi ser. Expulsando de tu boca un gran gemido acompañado de mi nombre. Arrancaste las sábanas de mi cama buscando liberar energía y gritaste a la almohada con mucha fuerza.
«¿Acabaste dentro de mi?» -me preguntaste con voz extasiada. Te respondí que no…
¿Por qué no llegaste conmigo?- preguntaste casi como sintiéndote poco atractiva.
-«Me haz hecho llegar varias veces, ¿y tu que? Necesito que llegues para mi, quiero verte llegar sobre mi.
Tu boca se adueño de mi sexo, sentir el calor de tus labios junto a la humedad de tu lengua en movimiento hizo que mi miembro estuviera a punto de explotar. Tus manos seguían acariciandome, y tu mirada no se apartaba de mi, aún en la leve oscuridad podía ver tus hermosos ojos claros, tu boca, jugosa y juguetona se atragantaba disfrutando cada embestida de mis caderas. Saboreabas cada centímetro sin querer soltarlo por un instante. Tus manos me empezaron a frotar, tu cara cambio y te convertiste en una fiera indomable. Pedías a gritos que llegara, querías saborear el néctar que llevo por dentro. Así mismo fue, tus delicadas y suaves manos lograron su cometido, un orgasmo invadió mi cuerpo entero y el éxtasis invadió hasta mi alma. Tu boca de encargo de no desperdiciar absolutamente nada. Una sonrisa algo maligna salió de tu rostro, tenías cara de complacida. Habías logrado tu cometido. Y yo exhausto y sin fuerzas, quede tirado en la cama con ganas de sólo disfrutar de esos segundos que te dejan sin respiración y te hacen tocar el cielo en un instante. De allí en adelante sólo provocaba quedar tendidos en la cama disfrutando de esos segundos. Pero tu tiempo estaba contado. Debías irte temprano, te subiste encima de mi nuevamente y me besaste diciéndome: «Me tengo que ir gordo, aunque lo que más desearía es amanecer en tus brazos. Nos vemos mañana, y si mi hermana me vuelve a apoyar te vuelvo hacer la visita. Creo que me vas a tener muy seguido aquí de ahora en adelante.»
Sólo me quedo besarte en los labios y no dejar de ver esos ojos tan hermosos. Yo podía ver tu alegría, tu emoción, esa felicidad que tanto deseaba tu cuerpo y tu alma. Esa despedida fue larga, cada metro hacia la puerta iba acompañado de besos robados, apenas la llama y la pasión estaban empezando. Al subirte a tu auto nos despedimos… Con un beso dulce y apasionado. Esos besos que saben más a amor que a deseo, tu boca y tus ojos me dijeron en ese instante que deseabas más que sólo sexo salvaje.

Continuara…

 

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Dame un trago…

Recuerdo que te conocí en la barra de un bar en un prestigioso hotel de la ciudad. Allí estabas tu, una mujer joven y hermosa, de piel blanca y hermosa cabellera negra, una sonrisa encantadora y una voz dulce y tentadora, con un acento de la zona andina de mi país. La primera vez que te vi, fueron muy breves las miradas, una amiga me llevo a conocer el lugar, y nos presento, ¿recuerdas? No fue sino hasta la segunda vez que visite ese lugar que rompimos el hielo. Ese día jugaban los eternos rivales del béisbol venezolano, yo iba con mi flamante franela de los Leones del Caracas, y tu mirada no fue nada amistosa. Claro, eres de Navegantes del Magallanes. Te pedí una cerveza y me la dejaste a 40 cm de mi y dijiste con una sonrisa en los labios: «Al enemigo ni agua, pero no creas que te voy a atender VIP, levántate y agarra tu cerveza».

Yo simplemente sonreí y mire a mis amigas que me acompañaban, ellas sólo rieron y una de ellas hasta subió una ceja y se carcajeó, como era de otro equipo contrario al mío también (Tiburones de La Guaira), te apoyo. Esa noche entre tragos y conversaciones, no deje de verte. Mis amigas notaron mi evidente atracción hacia ti, la forma en que te miraba, la manera de hablarte. Llegue al punto de quitarte tu PIN para estar «conectados» y seguir conociéndonos.
Recuerdas que fueron muchas noches las que nos quedábamos escribiéndonos mensajes y enviándonos notas de voz hasta largas horas de la noche. Pero fue aquella noche que hice una pequeña fiesta en mi apartamento junto a unos amigos y tu casualmente me dijiste que ibas rumbo a La Guaira (sector donde vivía) e inmediatamente te pedí que nos acompañarás. Ibas con una amiga y un pana quien era el que manejaba rumbo a las costas de Macuto. En mi apartamento ya se encontraban dos de mis mejores amigas de la oficina desde el día anterior, era casi una costumbre de que todos los viernes iban a mi apartamento a beber toda la noche y luego ir el sábado a la playa. Esta vez nos acompañaban dos panas más, y ustedes tres que venían en camino.

Una noche de rumba, tragos y buena música. Una vista hacia el mar espectacular y una luna llena reflejada en las aguas tranquilas de las playas de Macuto. ¿Recuerdas cuando hablamos de los futuros viajes que querías hacer? Ya llevas varios cumplidos, te faltan sólo unos pocos. Aunque lo que más recuerdo fue aquel momento cuando en plena conversación quise robarte un beso… Me dejaste con las ganas, supiste esquivar la situación, quede como dicen «ponchado» y tu solo sonreías y seguías hablando. Tenemos una linda y hermosa amistad, me dijiste con voz dulce y resaltando lo que se conoce hoy día como «Friend Zone». Pero, en realidad sabías lo que hacías, un rato más tarde me pediste que te sirviera un trago de vodka, así que me acompañaste a la cocina, encendí la luz e inmediatamente tu la apagaste diciendo: «¿Acaso no lo puedes hacer a oscuras?» Mi cabeza empezó a volar, pero creo que no me diste tiempo, cuando apenas te entregaba el vaso con el trago, una de tus manos me tomo del cuello y acercaron mis labios hacia ti, un beso profundo y apasionado se adueño de mi ser en ese momento. En ese instante te tome de la cintura y te levanté, sentándote en mesón del gabinete, era tan intensa y apasionada la situación que recuerdas que volteamos el vaso de vodka y no me dejaste ni secar el asunto. Tu boca se fusionaba con la mía, tus manos acariciaban mi rostro y mi cabello, tus labios me besaban con tantas ganas que sentía como si desearas morder mis labios para comértelos. Tu respiración se aceleró, hubo de pronto un suspiro, y con ambas manos en mi rostro me dijiste: Si eres tonto, ¿creías que no moría por besar tus labios? Sólo quería probar que tanto los deseabas, y saber si te rendirías. En ese mismo instante supe lo apasionada y dominante que eres. Ese instante se acabo al llegar tu amiga diciendo: «Me quiero ir… Vámonos!»
¿Por qué? Se pueden quedar si lo desean, es algo tarde para agarrar carretera.» Y después de una larga discusión logre convencer a tu amiga. Las lleve a mi habitación y les dije que podían dormir en mi cama, yo seguiría atendiendo a mis amigos. Me tomaste de la mano y dijiste: «¿Ya es tarde por que mejor no te acuestas? Aquí cabes» mirándome con tus grandes y bellos ojos.
En ese instante me olvide de mis amigos. Cerré la puerta de la habitación y me dispuse a ponerme cómodo. Me coste a tu lado, tu me diste un beso de buenas noches. Un breve beso en los labios. Dejándome con mas ganas de ti increíbles. Te abrace, y trate de traer tu cuerpo más al mío. Sentía tu aroma, tus feromonas, quería comerte entera. Pero tu amiga nos detenía. Mi mano se deslizó a tu cintura, empece a recorrerte acariciando tu abdomen. Pero me detuviste sosteniéndola y llevándola nuevamente a tu cintura. Y volteando hacia mi diciéndome casi en silencio: «shhhh ¡no!».

¿Como voy a dormir así? Me preguntaba a mi mismo. Esa fue la hora más larga de mi día. Hasta qué tu amiga se levantó y me dijo: «necesito darme una ducha, ¿me prestas el baño?» Me levanté de prisa y le busque una toalla limpia y le dije: «hay agua caliente, tardate lo que quieras» ella sólo sonrió y se fue. Yo me volví a meter en la cama contigo y tu «haciéndote la dormida». Así que sólo me acerque a ti, y empece a besarte suavemente por el cuello, te hablaba dulcemente al oído. Volví a meter mi mano por tu cintura y empece a acariciar tu abdomen, pero esta vez tu mano tomó la mía y la llevo hasta tu pecho dejándome acariciar cada uno de tus senos firmes, tu respiración empezó a acelerarse. Mi sexo a endurecerse. Así que tome una de tus manos y la lleve hasta allí para que notarás mi emoción, tu expresión fue intimidante, me tomaste fuertemente de mi sexo y hablándome entre dientes dijiste: «esto va a ser mío esta noche». Inmediatamente nos despojamos de la ropa, y nos unimos en un solo cuerpo, acariciándonos, besándonos con pasión, con ternura, pero cada segundo aumentaba el placer, la lujuria.
Cuando ya nuestros cuerpos estaban listos para fusionarse, me subí a ti, abriendo tus piernas, y tomando tus manos por encima de tu cabeza. Mordiéndonos los labios empezamos hacer el amor. Por fin nuestros cuerpos podrán explorarse con libertad, tocarnos, sentirnos, complacernos. Entregarnos por completo al placer y al deseo. De pronto tus gemidos empezaron a aparecer, pero te cohibías de soltarlos por pena a ser escuchada fuera de la habitación. Así que una almohada fue quien sirvió de silenciador. Mis movimientos sobre ti cada vez eran más fuertes, mis caricias cada vez más intensas. Y tus manos cada vez me apretaban más hacia ti. Como deseando no separarte de mi ni por un instante. El sudor empezó a adueñarse de nuestros rostros, la respiración más acelerada, pero las ganas se incrementaban cada segundo.

De pronto te soltaste de mi y me volteas quedando tu encima de mi, era tu turno de dominar la situación. Ambas manos sostuvieron las mías, y dejabas caer sutilmente tus senos en mi cara, incitándome a besarlos, a morderlos… pero lograbas alejarlos a tiempo y no logrará mi meta. Eso me desesperaba, deseaba tenerlos cerca de mi, y tu muy bien lograbas cargarme de desesperación, sumando a todo esto tu mirada, tus labios, y tu voz dulce, suave y seductora diciéndome:

«¿Quieres besarlas? ¿Quieres sentirlas? ¿Desde cuándo deseabas tenerlas en tu boca? ¿Desde cuándo deseabas tenerme en tu cama?»

Y al mismo tiempo movías tus caderas con movimientos circulares y algunas embestidas que elevaban mi libido a niveles jamás vividos. Acercaste tus senos nuevamente a mi rostro.
Esta vez si dejando que mi boca jugara con ellos. Mis labios húmedos lograron besar cada uno, apoyado por mi lengua que muy sutilmente recorría tu pezón con movimientos lúdicos que te encantaban. Y muy brevemente lograba morderlos, eso te calentaba aún más. Ya no te alejabas de mi, contrariamente, ya no te separabas de mi. Tu boca por instantes se adueñaba de mis labios y me hablabas al mismo tiempo, haciéndome saber que ese instante lo estabas disfrutando al máximo. Te dejaste caer a un lado de la cama y decidiste darme la espalda, tomaste control de mi sexo y te lo introdujiste en tu vagina húmeda y caliente. Y empezaste a moverte con gran placer, pidiéndome con voz dominante que te halara el cabello. Así mismo fue, tus deseos órdenes para mi. Mi mano se adueñó de tu larga cabellera, mientras la otra acariciaba tu abdomen, tus caderas y tus senos. No pares! Te decía repetidamente, y tu acelerabas y forcejeabas conmigo como queriendo tener tu sola el control. Así que te puse en cuatro para adueñarme sólo yo te tu placer, sentir tus firmes nalgas pegadas a mi, pero tu seguías dirigiendo los movimientos, así que entendí que debía entregarme a ti. Fue allí cuando sentí que estabas próxima a llegar el éxtasis y mis penetraciones fueron de lentas y profundas a ir cada vez más rápidas. Ver como apretabas y tratabas de arrancar las sabanas de la cama, morder la almohada, gemir y tratar de voltear a verme me puso muy caliente.

Así que segundos después de tu explosivo orgasmo no pude aguantar más y me vine dentro de ti, al darte cuenta de esto tus movimiento fueron sensacionales, yo sólo me aferre a tus caderas dejándome lleva por ti, fue increíble. Caí sobre ti ya sin un poco de fuerza. Las gotas de sudor eran interminables, y mi corazón iba a estallar. Tu cara, un poema, disfrutaste más verme así, sin aliento, complacido, exhausto. Me besaste y me dijiste: «estuviste fenomenal» era la cereza que necesitaba esta torta como punto final. Te abrace y nos quedamos un instante más en la cama antes de levantarnos. Muy en el fondo sentía que hubo una gran conexión entre ambos, era nuestra primera vez juntos y parecía que toda la vida lo hubiésemos estado haciendo. O por lo menos así fue que yo lo pensé…

¿Se repetiría? Me preguntaba yo mismo después que te fuiste esa mañana. ¿Tu que recuerdas? ¿Cuantos encuentros fueron después de aquí… Y como fueron? Pues esta historia continuará…

 

sexo-con-dolor

Ven bailalo…

Hoy revisando mi computadora encontré un vídeo de esa primera noche junto a ti. Me detuve a observar como te encantaba posar frente a la cámara. Tu forma de mirar, tu forma de encarnar otra personalidad, una personalidad algo erótica y sensual. Tu facilidad para el baile te hacia una experta en los movimientos más calientes que yo antes allá visto. Te gustaba mirarte, te sentías segura de tu cuerpo, unos senos firmes y naturales, una cintura estrecha, y unas nalgas y piernas bien ejercitadas, ese color trigueño de tu piel y la marca de tu pequeño traje de baño. Unos labios muy sensuales dispuestos a besar y jugar con cualquier parte de mi cuerpo. Tu cabello negro azabache, si, ese mismo que sacudías al bailar en las tarimas cuando eras bailarina de un grupo de reggaeton.

Ese mismo cabello que me encanto la primera vez que te vi, jugabas con el, con tus movimientos, con tus miradas. ¿Recuerdas nuestra primera escapada? Después de esa gira, prometí darte unos masajes y regalarnos una noche de pasión juntos. Después de una larga sesión de besos en el ascensor, en el pasillo, logre abrir la puerta de mi apartamento. La llama del deseo nos invadía, sólo pensábamos en comernos el uno al otro, arrancándonos la ropa, como si no tuviéramos tiempo suficiente para estar juntos. Te tire en mi cama, tenía el control sobre ti. Por fin serías mía… Sentir tu cuerpo sobre mi, acariciarte sin nada de ropa, era el sueño hecho realidad. Nos invadieron grandes besos llenos de deseo y loca pasión, tus ojos no dejaban de verme, no dejabas de morder tus labios, de pronto empezaste a bajar sobre mi pecho y con esa sonrisa tuya tan llena de lujuria levantaste una ceja y llenaste tu boca con mi sexo, lo saboreabas cual fuera un dulce, lo degustabas con tanto placer que sólo verte me creaba un morbo tremendo. La música de fondo le daba ese toque erótico que necesitaba, un R&B de Sade Lover. Sentía que una a explotar. De pronto viste que en mi habitación tenía una cámara de vídeo, tu cara de picardía surgió de pronto.

Tomaste la cámara y la pusiste frente a la cama, con la pantalla digital hacia el frente para poder verte, empezaste a jugar con la cámara, cambiabas de expresiones en el rostro, jugabas con tu cuerpo, acariciabas tu pecho con ambas manos, recogías tu cabello y no dejabas de sonreír. Me senté detrás de ti para así poder tomarte desde atrás y jugar con tus pechos, besar tu espalda, poder hablarte al oído y decirte lo sexy que te veías frente a la cámara. Este evento nos calentó al punto que sólo me tumbaste sobre la cama y subiste sobre mi, y llevando el control de todo empezaste a moverte cual película porno, era sorprendente como una adolescente menor que yo tenía la experiencia suficiente como para no dejarme dominar. Aunque confieso que para mi fue genial. El movimiento de tus caderas estaba cargado de tanta energía que era imposible liberarse, tu rostro, aún recuerdo como mordías tus labios, y decías con voz dulce y sensual: «-¿Te gusta?¿ Me deseabas mucho?»
De pronto cambiaste de pose, pasaste a hacer un 69 y no fue hasta cuando vi el vídeo que tu expresión frente a la cámara era de película. Siempre mantuviste un contacto visual con esta, como si alguien más estuviera viendo. Disfrutabas de saborear mi sexo con tal intensidad que no deseaba que terminara nunca. Era tan sexy como movías tu cabello, de un lado a otro, y como presionabas tu sexo con mi boca. Aún recuerdo como acariciaba tus nalgas mientras mi lengua te penetraba con tanta dulzura e intensidad. Tu olor, tu sabor, volvía loco mis sentidos.

Era una noche de sexo intenso. Fue cuando sentí que casi me venía, cuando decidí cambiar de posición, era hora de dominarte, ponerte en cuatro y tomarte por las caderas, acariciar tu espalda, y halarte el cabello, como si fueras una fiera salvaje, no dejabas de mirar la cámara, movías tus nalgas y caderas para hacerme llegar y gemías con tanto placer y maldad que no aguanté más y explote dentro de ti… Seguías moviéndote con tanta pasión que sentí que volvía a llegar por segunda vez en esos segundos. Caímos en la cama sin aliento, sin fuerzas, con energías solo para detener la grabación y dormir un rato. Pero eso solo duro unos minutos, ya que cambiaste de lugar la cámara y me pediste te hiciera un oral mientras te grababas en cuatro. Tu cara de placer era única, sobre todo cuando me pedías que te hiciera el conocido «beso negro», tus gemidos me calentaban, y aún al ver el vídeo me calientan, ver como mordías y saboreabas tus labios me encantaba. Introduje mis dedos dentro de ti mientras mi lengua hacia su trabajo y ver como te corrías en mi mano fue una experiencia super rica. Esa noche fue placentera, y lo mas emocionante fue que quedo todo grabado… Recuerdo el instante que te vi por primera vez bailando en la tarima y pensé: «Si así baila, no quiero imaginarme como debe ser en la cama», Fantasía hecha realidad. FIN

 

seduccion

Señora de las 4 décadas…

Te conocí en un bus rumbo a La Guaira, en aquella época cuando se cayó el viaducto. Cuando las colas eran interminables, yo iba sentado a tu lado ya desde hace una hora y no habíamos cruzado una palabra. Hasta qué recibiste una llamada que si no mal recuerdo te hizo hasta llorar. Y como para pensar en otra cosa me dijiste: -Wao! Esta cola esta interminable… Ya no siento las nalgas – seguido de una sonrisa. Fue suficiente para mi, ver una mujer de cuarenta y tantos años como pasaba de tristeza a alegría en sólo segundos. La curiosidad me mataba. ¿Que le estará pasando a esta señora tan simpática? Empece a hablar contigo y en cada mirada sentía una atracción casa vez mayor. Nunca me había sentido tan atraído a una mujer mayor a mi. Tu forma de hablarme, la forma en que tus labios se movían, esa mirada que a veces se perdía como tratando de no dejarte invadir por tus problemas. De pronto una ola de calor invadió tu cuerpo y sacudiste tu blusa y soplaste tus senos… Recogiste tu cabello y no pude evitar mirar el escote de tu blusa. Se que te diste cuenta. Se que notabas que mi mirada te recorría rápidamente. Y faltando pocas cuadras para quedarme en mi parada me dije mentalmente: -necesito volver a ver a esta señora.- Así que saque mi tarjeta de presentación y te dije que estaba a la orden. Me dijiste: -Que bueno mi niño, anota mi número, yo soy la Jefa de Servicios Generales de la Clínica ****** también estoy a tu orden.- Ya me toca quedarme en la siguiente parada, fue un placer conocerte.- Te dije lamentándome por dentro. Pero tu con sonrisa en los labios me dijiste: -Tienes Messenger? – Y te dije que si, que el correo estaba en mi tarjeta. Así que me dijiste: -Tal vez me conecte ahorita- y me guiñaste un ojo… Creo que me baje del bus y corrí a abrir el Messenger y esperar que me agregara…

Así fue, media hora después vi como me aparecía el mensaje si deseaba aceptar tu solicitud. Fue un clic inmediato. Mi corazón se aceleraba. Empezamos a hablar, de cosas muy diversas, pero fue hasta que dijiste: -Lástima que eres tan joven, si tuvieras unos 15 años más las cosas fueran diferentes- Yo inmediatamente pensé: – ¿Para que quieres tener un hombre con más edad? Olvidemos el Tabú, yo me arriesgo. Y te dije: -A mi no me importa la edad, a veces uno se siente atraído por gente mayor y deja de probar porque tienes miedo a que te juzguen… Por ejemplo, tu me atraes y me gustaría conocerte profundamente. –

¿Qué tan profundo?- respondiste colocando un emoticon de «diablito»
-Lo que tu me permitas- te respondí acompañándolo con el de «angelito»
-¿Vives solo? Porque podríamos vernos en tu apartamento y bebernos unos tragos y así conocernos más en persona. Yo vivo con mi hija pero le puedo decir que me voy a quedar trabajando en Caracas. ¿Que te parece este viernes?
Mi cara, un poema, menos mal no era una videoconferencia, simplemente respondí con un ME ENCANTARÍA. Te escribí mi dirección y te espere ansioso hasta el viernes. Sólo debía esperar que pasara el jueves rápido. Así me daría chance de acomodar el apartamento, seleccionar buena música, la ambientación es importante.

Llego el día tan esperado por los dos. Quedamos en vernos en la parada para irnos juntos. Recuerdo que usabas uniforme de pantalón azul marino y una blusa blanca. Esta vez si pude verte bien, a la luz del día, me encanto ver tus piernas y esas grandes caderas. Te veías muy elegante y atractiva. Cuando me acerque a ti recuerdo que me dijiste: -Mi amor! Te estaba esperando- nos abrazamos y un beso de esos que tocan la frontera entre la mejilla y la boca. Inmediatamente se me aceleró el corazón. Creo que esa hora en autobús sería la más larga de la historia. Cuando al fin llegamos a mi apartamento recuerdo que sacaste una botella de whisky Etiqueta Negra, yo busque par de vasos con hielo y empezamos brindando por nuestra nueva amistad. Una amistad que ambos sabíamos que terminaríamos en la cama. Así que no tardamos nada en darnos los primeros besos, y olvidarnos de precalentar, yo ya venía muy caliente. Así que sólo te desabotone la blusa y deje al descubierto tu pecho lleno de atractivas pecas. Me acuerdo que me dijiste: -No tengo mucho busto, pero ¿sabes que lo complementa? – te pusiste de pie, te diste vuelta dándome la espalda y bajaste tu pantalón suavemente dejando ver un pequeño hilo que contrastaba con unas grandes y atractivas nalgas y esa marca de bronceado que me dejaron boquiabierto al ver que usabas bikini pequeñito para ir a la playa…

Continuara…