sexo-con-dolor

Ven bailalo…

Hoy revisando mi computadora encontré un vídeo de esa primera noche junto a ti. Me detuve a observar como te encantaba posar frente a la cámara. Tu forma de mirar, tu forma de encarnar otra personalidad, una personalidad algo erótica y sensual. Tu facilidad para el baile te hacia una experta en los movimientos más calientes que yo antes allá visto. Te gustaba mirarte, te sentías segura de tu cuerpo, unos senos firmes y naturales, una cintura estrecha, y unas nalgas y piernas bien ejercitadas, ese color trigueño de tu piel y la marca de tu pequeño traje de baño. Unos labios muy sensuales dispuestos a besar y jugar con cualquier parte de mi cuerpo. Tu cabello negro azabache, si, ese mismo que sacudías al bailar en las tarimas cuando eras bailarina de un grupo de reggaeton.

Ese mismo cabello que me encanto la primera vez que te vi, jugabas con el, con tus movimientos, con tus miradas. ¿Recuerdas nuestra primera escapada? Después de esa gira, prometí darte unos masajes y regalarnos una noche de pasión juntos. Después de una larga sesión de besos en el ascensor, en el pasillo, logre abrir la puerta de mi apartamento. La llama del deseo nos invadía, sólo pensábamos en comernos el uno al otro, arrancándonos la ropa, como si no tuviéramos tiempo suficiente para estar juntos. Te tire en mi cama, tenía el control sobre ti. Por fin serías mía… Sentir tu cuerpo sobre mi, acariciarte sin nada de ropa, era el sueño hecho realidad. Nos invadieron grandes besos llenos de deseo y loca pasión, tus ojos no dejaban de verme, no dejabas de morder tus labios, de pronto empezaste a bajar sobre mi pecho y con esa sonrisa tuya tan llena de lujuria levantaste una ceja y llenaste tu boca con mi sexo, lo saboreabas cual fuera un dulce, lo degustabas con tanto placer que sólo verte me creaba un morbo tremendo. La música de fondo le daba ese toque erótico que necesitaba, un R&B de Sade Lover. Sentía que una a explotar. De pronto viste que en mi habitación tenía una cámara de vídeo, tu cara de picardía surgió de pronto.

Tomaste la cámara y la pusiste frente a la cama, con la pantalla digital hacia el frente para poder verte, empezaste a jugar con la cámara, cambiabas de expresiones en el rostro, jugabas con tu cuerpo, acariciabas tu pecho con ambas manos, recogías tu cabello y no dejabas de sonreír. Me senté detrás de ti para así poder tomarte desde atrás y jugar con tus pechos, besar tu espalda, poder hablarte al oído y decirte lo sexy que te veías frente a la cámara. Este evento nos calentó al punto que sólo me tumbaste sobre la cama y subiste sobre mi, y llevando el control de todo empezaste a moverte cual película porno, era sorprendente como una adolescente menor que yo tenía la experiencia suficiente como para no dejarme dominar. Aunque confieso que para mi fue genial. El movimiento de tus caderas estaba cargado de tanta energía que era imposible liberarse, tu rostro, aún recuerdo como mordías tus labios, y decías con voz dulce y sensual: «-¿Te gusta?¿ Me deseabas mucho?»
De pronto cambiaste de pose, pasaste a hacer un 69 y no fue hasta cuando vi el vídeo que tu expresión frente a la cámara era de película. Siempre mantuviste un contacto visual con esta, como si alguien más estuviera viendo. Disfrutabas de saborear mi sexo con tal intensidad que no deseaba que terminara nunca. Era tan sexy como movías tu cabello, de un lado a otro, y como presionabas tu sexo con mi boca. Aún recuerdo como acariciaba tus nalgas mientras mi lengua te penetraba con tanta dulzura e intensidad. Tu olor, tu sabor, volvía loco mis sentidos.

Era una noche de sexo intenso. Fue cuando sentí que casi me venía, cuando decidí cambiar de posición, era hora de dominarte, ponerte en cuatro y tomarte por las caderas, acariciar tu espalda, y halarte el cabello, como si fueras una fiera salvaje, no dejabas de mirar la cámara, movías tus nalgas y caderas para hacerme llegar y gemías con tanto placer y maldad que no aguanté más y explote dentro de ti… Seguías moviéndote con tanta pasión que sentí que volvía a llegar por segunda vez en esos segundos. Caímos en la cama sin aliento, sin fuerzas, con energías solo para detener la grabación y dormir un rato. Pero eso solo duro unos minutos, ya que cambiaste de lugar la cámara y me pediste te hiciera un oral mientras te grababas en cuatro. Tu cara de placer era única, sobre todo cuando me pedías que te hiciera el conocido «beso negro», tus gemidos me calentaban, y aún al ver el vídeo me calientan, ver como mordías y saboreabas tus labios me encantaba. Introduje mis dedos dentro de ti mientras mi lengua hacia su trabajo y ver como te corrías en mi mano fue una experiencia super rica. Esa noche fue placentera, y lo mas emocionante fue que quedo todo grabado… Recuerdo el instante que te vi por primera vez bailando en la tarima y pensé: «Si así baila, no quiero imaginarme como debe ser en la cama», Fantasía hecha realidad. FIN

 

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