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Vienes en frasco chiquito…

Recuerdo que te conocí cuando sólo eras una niña de secundaria. Tu simpatía y buena vibra era lo que invadía mi oficina al verte llegar algunas veces junto a tu mamá. Puedo recordar que en varias ocasiones me llevaste hasta comida hecha por ti para mi. Hablábamos de tu clases en el liceo y que pronto irías a la universidad. A veces te sentabas en mi oficina y pasábamos el rato hablando de muchas cosas nuestras, de nuestros gustos o aficiones. En esos instantes te veía como una niña colegiala, pero te confieso que siempre fuiste muy linda. Pero tu madre me mataría en aquel momento con sólo imaginarse que yo sedujera a su pequeña. Así que me mantuve alejado de ti, y pasaron unos cuantos años hasta que te vi con el que hoy día es tu esposo. En aquel momento estaban de novios, y tu estabas deslumbrando de belleza, ya eras toda una señorita, en realidad en la primera impresión no te reconocí siquiera. Cuando me lo presentaste a él fue cuando caí en cuenta de quien me estaba saludando. Quien iba a creer… Estaba al frente de una chica que hace unos años no despertaba ningún mal pensamiento, pero en ese instante pasaron infinidades de cosas por mi mente.
¿Qué cosas? te preguntarás… Alguna vez haz deseado arrancarle el helado a alguien de las manos simplemente porque te invade un deseo incontrolable por comértelo. Porque simplemente ese día amaneciste antojado de algo y descubriste en ese instante que era ese helado… Sin importarte quien sea el dueño. Sólo quieres saborearlo, tu boca se muere por probarlo, tu lengua se deleita recorriendo cada centímetro, sientes como se derrite en tu boca. Pero no olvidemos algo. Debes comértelo rápido. Te lo acabas de robar. Es un placer que dura poco, y que tal vez no vuelvas a sentir más. Esa emoción de comerte algo que no es tuyo le da un toque más excitante. Si se lo arrancas de las manos debe ser rápido… Muy rápido. Pero ¿si sólo “lo tomas prestado” por un instante? Si sólo te puedes dar el gusto de robarte un pedacito y degustarlo y disfrutarlo por un instante. ¿Te lo imaginas? ¿Te gustaría ser ese helado? Poder quitarte el empaque que cubre tu cuerpo de caramelo, hasta que quedes completamente lista para ser probada por mi boca, mis labios, mi lengua y hasta mis propios dedos, todos llenos de tus dulces jugos, sentirte cada vez más y más húmeda. Y de vez en cuando darte un mordisco y comerte, sentirte, saborearte, que te derritas en mi boca. Ese placer único de sentir lo FRÍO-CALIENTE al punto de no saber cuando es uno u otro, mezclado del DOLOR-PLACER ese que te hace gritar y después no sabes por que…? Es como cuando te comes algo frío muy rápido y de pronto sientes un dolor en la cabeza, pero lo vuelves hacer para tratar de entender por que a pesar de que te da dolor… TE SIGUE GUSTANDO! Así mismo…
Debes estar pensando que estoy loco, y seguro sonríes al leer estas líneas, pero que hay de malo en desear lo prohibido. Si la mejor manera de huir de la tentación es cayendo en ella. No es simplemente desear a una mujer, es la forma en que le haces sentir que es deseada por ti. Es la forma en que la miras, la forma en que le hablas, la forma de como la tocas. Y en estos casos la forma que le escribes. Quiero llevarte a un mundo imaginario donde yo pueda ser dueño de tus partes, donde tendré el control de tu cuerpo, donde no hay reglas, ni hay límites, sólo seremos tu y yo, entregándonos en cuerpo y alma, explorandonos, descubriéndonos, saciando la sed de pasión y deseo. Quiero adueñarme de tu figura, tenerte en mi cama, desnuda, sólo te cubre una prenda los ojos, quiero que en este encuentro solo uses 4 sentidos. Sólo quiero empezar que escuches cada suspiro, cada palabra que te diga al oído, cada instrucción que te ordene hacer… Si, eres mía y harás lo que yo diga. Te pediré que te toques y acaricies para mi, deseo ver como recorres tu cuerpo con tus manos, como te acaricias suavemente cada rincón de tu cuerpo, no te rías, eso es lo que quiero. Quiero ver como me seduces sin verme a los ojos. Quiero ver tu mano rozando tus pechos, tu abdomen, tu sexo. Ver como tus dedos se introducen dentro de ti lentamente, mientras muerdes tus labios, y suspiras lentamente. Yo solo te hablare…
Quiero que te vayas calentando para mi, quiero que pueda sentir el olor de tu sexo, quiero verte mojada. Cuando estés así sentirás sin avisarte mi aliento caliente allí abajo, mi boca te hablará, te dirá cuanto te desea. Mi lengua te hará saber que estoy listo para hacerte sentir una sesión de sexo que jamás haz vivido. Sentirás como mi boca se adueña de ti. Como degusto con tanto placer hacerte sexo oral. Tu respiración se acelera intensamente. Tus manos se adueñan de mi cabello tratando de tomar el control. Pero no… No lo permitiré. Esta vez serás mía, no te dejare ni moverte. Me adueño de tus nalgas con mis manos y te aprieto mas fuerte hacia mi boca, como tratando de que mi lengua te follé. Las aprieto fuertemente. Y siento tus contracciones, no te queda otra que tomar las sábanas con tus manos y apretarlas con fuerza. Y cuando mi lengua llega a tu clítoris siento como te empiezas a torcer y a mover tus caderas. Vas por el camino que quiero, deseo llevarte a un punto que no tengas sentido del tiempo, que no puedas controlar tu cuerpo, que estés a merced de mi. Una de mis manos acaricia tu abdomen, la otra, empieza a entrar suavemente por tu sexo, y veo como te muerdes los labios, como muerdes tu propio brazo, necesitas liberar tensión, así que me acerco y te dejo morder mi mano, y veo como tu boca empieza a chuparla. ¿Qué deseas? ¿Quieres tenerlo en tu boca verdad…?
Me cambio de posición y me dispongo a hacer un 69 contigo. Ni me diste oportunidad de acomodarme bien, cuando ya tu boca se apoderó de mi sexo, y tus manos controlaban la situación. Sentir esa boca húmeda y caliente me hizo estremecer el cuerpo, así que me afinque más a ti apretando tus nalgas con fuerza. Entre chasquidos y gemidos y alguna nalgada hacía de este momento una pelea de dos fieras salvajes deseosas de sexo intenso. Fue cuando de pronto un repentino gemido se adueñó de ti, apretaste con tu mano fuertemente mi miembro mientras lo tenías cerca tu boca. Un escalofrío te hizo vibrar todo el cuerpo, tus piernas me apretaron la cara mientras no parabas de mover tu sexo en mi boca. Un rico y placentero orgasmo. En ese momento cuando creí que te relajarías por lo exhausta que estabas, todo lo contrario, empezaste a jugar conmigo, acariciándome y besándome por todo el cuerpo. Cambiaste de posición, te quitaste la venda y mirándome a los ojos y con cara de niña mala me dijiste: “Ahora prepárate tu…”
Yo solo me acomode y te deje “jugar” con el, con sólo verte me calentabas más, sobre todo cuando me pedías que llegara, que querías verme llegar sobre ti. Tu lengua y tus labios me tenían a punto de explotar, tus manos agitando mi miembro, y tu mirada intensa y llena de deseo no se separa de mi. No pude más… Me deje llevar, cerré mis ojos solo un poco, y te dije… “Me vengo…”
Apretaste más fuerte con tu mano y dejaste que mi cuerpo se desahogará sobre tu pecho. Tu sonrisa de satisfacción es increíble. Te acercaste a mi oído y me dijiste con tu vos en secreto: “¿Y ahora que piensas de mi, me sigues viendo como una niña?”

Continuará…

 

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