tragos

Después de unos tragos…

¿Recuerdas como fue esa noche? Después de compartir unos tragos entre amigos, una noche larga en un restaurante de Caracas, ya que esa noche llovió por mas de 6 horas y no nos dejo ir a nuestras respectivas casas y tuvimos que quedarnos alojados donde una de nuestras amigas, ya que ambos vivíamos muy lejos y la lluvia había causado estragos. Nos toco dormir juntos en una colchoneta en la sala de la casa, aún recuerdo que le dijiste a la señora: «-Tranquila mi doña, no se preocupe por nosotros, el es como mi hermanito, podemos dormir en la misma colchoneta»
Ya por mi cabeza llena de alcohol empezaron a pasar las más locas imágenes, hablaba conmigo mismo y me decía: «-¿Será que esta vez si podré probar los labios te esta mujer? Ambos tenemos los grados de alcohol necesarios para coger ánimo y si te rebotan poder culpar al «maldito alcohol». En verdad desde que te conocí siempre sentí esa tensión sexual que tu emanas, tu forma de hablar, de caminar y claro… Tu forma de sentarte y provocarnos a todos con tus picardías malintencionadas. Este era el instante. Apenas te abrace como «hermanitos» como decías tu, sentí como acomodabas tu cuerpo al mío, presionando tus nalgas a mi, y dejando tu cuello y oreja lo más cerca posible de mi boca. Tomaste mi mano y la abrazaste presionandola con tu pecho, ya no había duda, ella lo deseaba. Empece a besarla desde su oreja, y a decirle con voz baja: «¿a que estamos jugando hermanita?» Tu solo sonreíste y me dijiste que ya esto lo deseabas desde hace mucho tiempo y que más bien era yo quien no había dado el primer paso.

Pues inmediatamente mi mano derecha a la que ella tenía abrazada empece a deslizarla por su abdomen y empece a desabrochar su pantalón. Con la intensión de llegar a tu sexo y jugar contigo. Los besos empezaron a ser cada vez más intensos, mordiscos leves, nuestras lenguas jugando con nuestras bocas. Hasta qué logre llegar y sentir tu sexo húmedo y depilado. Un suspiro invadió tu cuerpo, seguido de un largo escalofrío y un «Dame mas» con voz erótica y provocativa. Mis dedos dentro de ti cada vez más mojados de tus jugos, te acariciaba con tantas ganas de hacerte mía. Y de pronto tu desabrochaste mi jean y bajaste a darme un sexo oral que hasta el sol de hoy aún recuerdo. Tu boca es increíble, no parabas de jugar con tu lengua, tus labios húmedos, algunos leves mordiscos. Ambas manos controlaban mi sexo, sólo te detenías para levantar tu mirada para verme y mirar a tu alrededor por si nos llegaban a descubrir, eso era lo mas emocionante. De pronto una puerta se abre, ambos nos hicimos los dormidos. Y nuestra amiga anfitriona paso por un lado nuestro camino al baño en ropa interior. Encendió la luz y allí estábamos nosotros bajo las sábanas haciéndonos los dormidos. No había terminado de irse a la cama de nuevo cuando tu volviste a tocarme, pero esta vez estabas decidida a pasar a otro nivel. Inmediatamente te quitaste el pantalón, y sin mediar palabras, te subiste encima de mi y dominando la situación dejaste que te penetrara, tus movimientos de cadera empezaron a adueñarse de mi, movimientos circulares, y otros de arriba a abajo, sólo podía sentir tus nalgas con ambas manos y empujarte hacia mi como pidiendo más.

Me besabas desenfrenadamente, y me susurrabas al oído: «Hasta que fuiste mío, no sabes las ganas que te tenía… Me invadía la curiosidad por probarte. ¿Por qué esperaste tanto para hacerme tuya? Si sabías que ya te tenía ganitas… Quiero ponerme en cuatro, ¿te atreves?» Mi cabeza voló y se imagino siendo descubierto haciendo el amor en una casa ajena en plena sala a las 3 de la mañana. ¿Que podía tener más adrenalina? Cambiamos de posición, te pusiste boca abajo y me pediste que subiera encima de ti. Y me dijiste: «me voy a poner en cuatro, y quiero que me des lo mas duro que puedas, pero sin hacer ruido…» Era todo un desafío, como no hacer ruido si lo que provocaba era darte de nalgadas, tomarte de las caderas y hacerte sentir todo mi sexo dentro de ti, estabas muy caliente, húmeda, tus movimientos casi me hacen llegar dentro de ti, logre controlarme. Pero volteaste y dijiste: «quiero que te vengas… Sentí como apretabas mi sexo con tu vagina y empezaste a moverte sin parar, fue increíble, explote dentro de ti con un orgasmo que me hizo caer sobre tu cuerpo. No te basto esto, volviste a adueñarte de mi sexo con tu boca, y me dijiste: «quiero que vuelvas a llegar, pero esta vez quiero que sea en mis labios, en toda mi boca, déjame jugar con el, no tengo sueño y quede con mucha hambre…»

Quedo demostrado, desde la primera vez que te vi supe que eras una «Loba» y quien soy yo para no complacerte. Me tocabas, me acariciabas, ese sexo oral fue mucho más intenso, estaba demasiado sensible ya, «garganta profunda» todo hombre muere por la chica que logre hacerle eso… Y más aún cuando logras que se ahogue, el machismo aflora, y más cuando dices: «Me vengo» y ustedes las mujeres sienten que tienen los mejores 30 segundos de sus vidas para con nosotros, recuerdo que me masturbabas con tu mano mientras tus labios calientes succionaban todo de mi, y tu otra mano aruñaba mi abdomen. Me hiciste suspirar profundamente y de igual manera quede tendido en la colchoneta. Al amanecer ya sin efectos de alcohol solo nos mirábamos y sonreíamos en secreto mientras desayunábamos junto a nuestras dos amigas y su familia. ¿Se repetiría? Pensaba yo…
Si, se repitió esa misma mañana. ¿Dónde? En mi propia oficina, y para hacerlo más exótico y con mas morbo, en el mismísimo escritorio de mi jefe. ¿Lo recuerdas? Cómo te tome de la cintura te lleve hasta el escritorio, desabroche tu pantalón, y te follé con locura… Esta vez si te daba nalgadas con intensidad, dejándote las marcas rosadas en tu gran trasero. Halandote el cabello mientas te penetraba simulando que te cabalgaba. Tu sólo gemías con fuerza, esta vez estábamos completamente solos. Provocaba tirar todo al piso, no lo hicimos, sólo lo empujamos un poco para tener espacio en el escritorio. Que locura. Fue increíble. Ya lo había hecho en mi antigua oficina. Pero hacerlo en la de tu jefe, es otro nivel. De pronto escuchamos que abren la puerta de la oficina y rápidamente nos acomodamos la ropa, y al asomarnos era otro compañero que fue hacer horas extras el fin de semana. Bueno, no quedo otra que saludar y tratar de disimular aunque las gotas de sudor aún corrían por mi frente. Lástima que te fuiste para otra ciudad, siempre creí que volveríamos a tener una nueva aventura como esta, aunque si quieres me invitas a tu nueva oficina y lo volvemos a intentar.

FIN o Continuara… Aún no lo se.

 

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