Young couple smiling on bed, close-up

Simplemente amigos…

Te acuerdas aquella ocasión después de haber trabajado mucho en la tarea de la universidad, eran las entregas finales, pasé la noche en tu casa trabajando. Ya eran como las 4 de la tarde cuando decidimos descansar y relajarnos y olvidarnos completamente de la tarea, compramos unas cervezas. Te pedí que me permitieras bañarme para descansar mejor y que así podías darme un masaje. ¿Porque te ríes? Veo que si lo recuerdas. Comencé a bañarme después de haber tomado un par de cervezas. No había toalla y te pedí una. Corriste a la puerta del baño y me la diste, me dí cuenta de que me miraste con algo de picardía. Salí del baño y fui a tu cuarto, allí estabas tirada en la cama bocabajo, parecías relajada por la cerveza. Me recosté a tu lado y también trate de dormirme.

Comenzamos a hablar de otras cosas, pero no se como se dio el tema, total que me contaste acerca de una experiencia sexual que habías tenido pero que no te había gustado y te sentías muy arrepentida, recuerdo que lloraste, e intenté calmarte y que te desahogaras. Después de un rato de estar llorando, entre lágrimas y con un gesto muy visible de pena, me dijiste: – ¿Sabes? He tenido tres sueños contigo en donde hacemos de todo, y el tenerlos me hace sentir muy mal, porque fuiste el novio de mi mejor amiga, y ella me pidió que te cuidara cuando se fue, siento que la traiciono.

Yo también te confesé que desde hace tiempo fantaseaba contigo. En ese momento estábamos los dos acostado pero uno en cada extremos de la cama, pero para ese entonces mi miembro ya se encontraba muy duro e incluso con gotas de lubricante en la punta. Y yo solo en toalla.

Yo acerqué mi mano a tu cara y la acaricie e inmediatamente me pediste que no lo hiciera, pero no te quitaste, sino que al contrario, metiste tu mano bajo mi toalla y tímidamente me tocaste, veía en tus ojos el deseo que sentías. Cerré mis ojos. Mi corazón estaba a mil no sabía que hacer. De hecho los dos estábamos deseosos pero no nos atrevíamos a acercarnos más. Me acerqué y te dí un beso en la frente mientras luchaba por contenerme de no venirme, ya que estaba muy, muy excitado. Tu cerraste tus ojos y me dijiste: – ¿Me dejas hacer algo que desde hace tiempo he querido hacerte? – Yo con la respiración entrecortada te dije que hicieras lo que quisieras y te pregunté que era lo que deseabas.  Aún con los ojos cerrados y con el ceño fruncido y los labios temblorosos, me contestaste: – Besarte, solo eso quiero – A lo que respondí que lo hicieras. Te acomodaste un poco y yo esperaba que me dieras un beso en la boca, pero no. Quitaste la toalla de mi cintura y me diste un beso a la altura de mi ombligo, tomaste mi pené con tu mano derecha y comenzaste a besar la base y lentamente a subir por él hasta llegar a la punta. Ya estando tus labios en mi glande, de un sólo golpe succionaste todo mi pene y no pude hacer otra cosa más que arquear mi cuerpo. Con la otra mano apretabas rítmicamente mi escroto y testículos, tu boca subía y bajaba por mi pene y yo sólo veía como estaba húmedo por tu saliva y como tus labios se estiraban cuando lo sacabas y lo metías en tu boca. Te detuviste un poco en la punta y con tu lengua comenzaste a dar vueltas por el glande. Ví como tu mejilla se estiraba al hacer contacto el glande con las paredes de tu boca y eso me excitó mucho más.

Como sentí la sensación de la eyaculación, te sujete por la cabeza y te retiré y te dí un beso en los labios. Luego te besé el cuello y te baje una blusa de tirantes, dejándote sólo en un sostén sin tirantes. Acaricié la copa y sentí tu pezón durito. Bajé lentamente tu brassiere y tus dos senos eran como dos melocotones grandes y jugosos por ser devorados, eran perfectos y excitantes. Tu simplemente seguías con los ojos cerrados y cuando te recosté para quitarte el pantalón, te tapaste con el antebrazo los senos y con las manos tu cara, ¿Que sentías? Tienes un cuerpo hermoso, digno de admirar y observar. Desabroché tu pantalón, te saqué las piernas y ta dejé solo en un bikini color piel, que recuerdo muy bien que no era tan sensual como los que había visto antes en tu closet y a decir verdad me cortó un poco la inspiración y por eso te los arranque y los lance lejos de nosotros. Se que no te lo había dicho, ahora solo nos queda sonreír. Siempre me ha excitado ese momento en que desnudamos a esa persona que tanto nos gusta. Y ¡Wao! Algo que me llamaba la atención y me despierto el morbo es el vello púbico, lo tenías perfectamente delineado por el rastrillo y sólo tenía una delgada línea de pelos, lo cual ahora que lo escribo me provocas una erección y hace que mi “amigo” salga por mi bóxer.

Me recosté a tu lado y quité tus manos de tus senos y los comencé a besar, con mucha dulzura, jugando con mi lengua y a veces mis dientes con esos pezones erizados. Mientras con mi mano derecha acariciaba tu abdomen en busca de tu rajita que al contacto con ella una corriente eléctrica recorrió mi brazo hasta mi cuello. Lentamente, pero con firmeza, metí un dedo en tu vagina, estabas caliente y muy húmeda. Eso me excito aún más y comencé a entrar y salir cada vez mas rápido e intensamente.

No pude aguantar más, me hinque en medio de tus piernas y recuerdo que te pregunté que si quería que lo hiciera, a lo que me contestaste que ¡NO!

Yo no te hice caso… (Sonrío y se que tu también) seguí acariciándote y entre queriendo y no, acerqué mi cadera a tu entrepierna, con mi mano coloqué la punta de mi pene en toda la entrada e introduje poco a poco mientras sentía como me tragaba su humedad y su calor. Cuando la base de mi pene tocó tu pubis me sentí pleno y sentí la necesidad de salir para volver a entrar y tener la misma sensación. Me abrazaste con tus piernas y con tus manos acariciabas mi pecho y me veía a los ojos por fin.

Tus gemidos empezaron a surgir con cada embestida dentro de ti. Tu respiración era cada vez mas profunda, ya no dejabas de verme. Mordías tus labios y te quejabas cada vez que lo empujaba dentro de ti. Cada quejido me calentaba mas y mas. De pronto me empujaste, te pusiste en cuatro patas. El hecho de ver tu trasero a mi disposición me excito mucho más. Volteaste tu cara esperando que te penetrara y en cuanto lo hice, miré como cerraste los ojos y levantaste la cabeza, pero esta vez no hiciste ningún ruido, pero el espejo de tu peinadora me permitía ver tu expresión de entre dolor y no querer gritar. Te contenías, lo aguantabas,  respirabas profundo con cada embestida de mi pene dentro de ti. De pronto fue como si no lo pudiste soportar mas y tus gritos y gemidos explotaron de tus labios, tu almohada era el silenciador de aquella batalla. Tus caderas no dejaban de moverse, a veces volteabas tu mirada para verme a los ojos y sentía como disfrutabas de mi cara. Porque le ponías como mas empeño a la situación, sentí que me ibas hacer llegar en cualquier momento.

Me pediste que no me viniera dentro de ti ya que estabas fértil esos días y no nos estábamos cuidando (Que locos eramos). Por lo que te apartaste, te pusiste de frente a mí y comenzaste a masturbarme. Comenzaste a subir y a bajar con tu mano con movimientos largos y lentos, pero fuertes. Llenaste tu mano de tu lubricación vaginal del que estaba lleno mi pene. Y dijiste: – Lo quiero en mi pecho… – . Finalmente me vine con un gemido de placer-dolor y mi semen se esparció por tus hermosos senos y tu mano, que aun seguía manoseando lentamente mi pene y apretabas como para sacar todo lo que tenía que salir. Podía ver como caía todo en tus senos y me decías: – Esta caliente, que rico se siente. – Y empezaste a esparcirlo por todos tus senos hasta dejar una capa brillante por todo tu pecho.

En ese momento, después de recuperar el aliento y disfrutar del orgasmo, me sobrevino la culpa y me tiré en la cama y te pregunté: – ¿Qué hicimos? Tu solo me diste la espalda y yo no sabía que hacer, me cubrí con la toalla y me puse a pensar. Después de unos quince minutos, volteaste hacia mí y me dijiste mientras me acariciaba el pecho y me quitaba algunas gotas de sudor: – ¿Sabes..? me la pasé muy bien, a pesar de que me siento mal por esta chama, ella esta enamorada de ti, ¿sabes? Pero me deje llevar…

-¿Te gustó? – te dije

-Claro que si, fue increíble, pero aun siento pena y vergüenza.

Estuvimos otros diez minutos viendo el techo de la habitación como un par de tontos y luego nos levantamos y nos fuimos a bañar. No dijimos nada, de hecho nos bañamos dándonos la espalda. No quisiste enjabonarme siquiera y no me dejaste hacértelo tampoco. Nos secamos, nos vestimos y salimos a caminar. Fuimos a comer helados ¿Recuerdas? Por un instante nos olvidamos que solo hacia unos minutos estábamos empiernados besándonos y gimiendo el uno por el otro.

-¿Que somos?  – me preguntaste antes de irte de nuevo a tu casa…

-Somos los mejores amigos. – conteste con una sonrisa.

-Si, ya veo… Muy grandes amigos -dijiste sonriendo tan hermosa como siempre – ¿Pero que pasara cuando quiera volver hacer esto que paso hoy? ¿Estarás para mi? No puedo pedirte que seas mi novio, mi amiga me mataría, estas claro. Pero debo confesarte que nunca antes me habían hecho sentir lo que tu me hiciste hoy en mi propia cama. Y aunque trato de no hablar del tema, no dejo de recordar cada caricia, cada movimiento tuyo. Con solo confesarte esto siento que me estoy mojando de nuevo…

-Shhh Tranquila – te dije susurrando – Para que estamos los amigos, nos confiamos todo, te quiero mucho, dentro de todo te respeto y me interesas como persona. Considero que esto es una amistad con un toque de erotismo y de mucha confianza. Siempre estaré para ti.

-¿Siempre? ¿Seguro?- me dijiste mirándome fijamente a los ojos en el medio de la calle – Pues quiero que ESTÉS dentro de mi en este momento, así que llévame aun sitio donde pueda ser TU MEJOR AMIGA…

 

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Pues toma para que te enamores (parte 3)

Desde qué tus ojos maquillas y tu boca la pintas frente a mi, haces que mi mente pierda el control y mi fantasía siga volando cada vez más. Mirarte, abrazarte, sentirte cerca de mi, oler el perfume de tu piel, se a vuelto una necesidad. Cada vez que mi piel roza la tuya desencadenas un sin número de sensaciones que algún día no podré controlar. Probar tus labios hasta que se disuelvan en mi boca. Sentir tu aliento tan cerca que nos sea imposible ya separar nuestros cuerpos. Dejar que nuestros labios se consuman en un beso largo y profundo. Que nuestras manos se vuelvan tan inquietas y empiecen a explorar cada centímetro de nuestros ansiosos cuerpos. Ansiosos por sentirnos tocados, acariciados, deseados.

¿Lo recuerdas? Aquel día donde con sólo entrelazar mis dedos con los tuyos te hice el amor energético. Apretar los dedos hasta que podíamos sentir la palpitación uno del otro. Acariciar tus dedos era como recorrer tu cuerpo, sentir cada caricia, cada roce, cada apretón hacía que nuestras mentes volarán y nos llevara a sentir sensaciones que nunca habías sentido antes con ningún otra persona. Fue como meterme en tu mente y en tu fantasía y hacerte sentir lo que imaginabas con cada apretón en tu mano. Mientras mas fuerte te apretaba podía sentir que tus latidos se aceleraban y uno que otro suspiro salía de tu boca. Sólo con una mano pude hacerte sentir lo que tanto deseaba mi cuerpo, lo que con palabras no me había atrevido a decirte. Con sólo una mano pude hacerte humedecer tu sexo sin siquiera tocarlo. Ya puedes imaginar de lo que soy capaz de hacer sentir si sólo me dieras la oportunidad de romper la barrera que nos separa. Cada dedo de tu mano era una parte de tu cuerpo, cada vez que tocaba uno de ellos era una parte de ti, mientras te tocaba mi mente iba narrando otra historia, por eso cerraba mis ojos y me desconectaba del mundo. La gente a nuestro alrededor podría pensar que ambos dormíamos como unos niños, ambos con los ojos cerrados y sólo conectados por mi manos derecha y tu izquierda, entrelazados cual novios enamorados cual grandes amigos y confidentes.

No sabes lo mucho que disfrutaba ver como casi mordías tus labios en cada apretón que te daba, como tu expresión corporal te delataba y me hacia saber que lo disfrutabas tanto o más que yo. Creo que me faltó muy poco para hacerte llegar al orgasmo. Pero ese será mi próximo reto…

Continuara

 

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Pensamientos perversos…

Como no caer rendido ante unos ojos claros que poseen un encanto sobrenatural. Tu sonrisa tentadora que va adornada de unos provocativos labios, esos mismos labios que cada vez que los veía hablar hipnotizaban mi atención, haciéndome fantasear tantas veces que podía besarlos y morderlos a mi gusto. Saborearlos con placer, degustarlos cada segundo, cada centímetro.  Tenerte muy cerca siempre fue una tentación, una lucha interminable y absurda entre lo que deseaba mi mente y a veces mi corazón.

Siempre fuiste una mujer que no necesito desnudarse para provocarme, ya que con ropa o con muy poca poseías un poder encantador para robar mis miradas y llamar mi atención. Como no volverse loco con todas tus curvas, la curva de tu sonrisa principalmente tan dulce y seductora. Seguida de las curvas de tus senos, firmes y tentadores. Las curvas de tu cintura, estrecha y llamativa, las de tus caderas, sexys y seductoras. Y finalmente mi favorita las curvas de tu trasero, es que se ve tan firme y provocativo que juro que mis manos tiemblan cada vez que pasan cerca. Es que si mi cuerpo llegase a acercarse demasiado a tus curvas se desencadenarían un sin numero de situaciones.  ¿Sabias que cada vez que te veo tengo pensamientos perversos? Si, es verdad, ¿por que sonríes? Pegar tu boca a la mía sin llegar a tocarnos, acariciándonos con el aliento y respirándonos las ganas de comernos el uno al otro.
Confieso. No quiero sentir tu piel como cualquier otro hombre que haya existido antes de mi. Quiero hacerte disfrutar y descubrir una nueva forma de sentir placer. Más allá de tus sentidos, más allá de tus pensamientos y quizás más allá de tu imaginación. Quiero explorar tu piel con cada sentido que tengo. Y que al mismo tiempo uses todos los tuyos para sentirte diferente.

Quiero mirar tu piel blanca, tus vellos casi rubios, algunas pecas y lunares que invaden tu cuerpo. Quiero sentir el aroma de tu cabello, de tu cuello, de tu abdomen hasta llegar a tus piernas. Así probar el sabor de tu sexo, de tus labios y tus besos. Escuchar el gemir de tu voz, tu respiración, tus suspiros, los latidos de tu corazón. Tocar las curvas de tu pecho, acariciarlos uno a uno, seducirlos, provocarlos. Mi boca sería responsable de hacer erizar tu piel, mis labios y mi lengua cómplices de la lujuria y la seducción.

Recuerdo la primera vez que dormiste junto a mi cama. Yo observándote en silencio y fantaseandote a lo lejos pero tan cerca. Sólo un paso nos separaba de una cama a otra. Tu con un pequeño short tipo cachetero y una franelilla caminabas desfilando tu hermoso cuerpo por mi habitación. Mis ojos no dejaban de mirarte, mi mente de desearte. Escucharte hablar era mi mayor afrodisiaco, el tono de tu voz era el indicado para hablar de sexo, de juegos lujuriosos, pasiones secretas y deseos escondidos. Que más deseaba yo que me hablarás susurrándome al oído, era suficiente para erizar mi piel y hacerme encender el éxtasis que llevo por dentro.

¿Recuerdas esa noche que el aire acondicionado estaba en 17 grados y el frío era demasiado fuerte que te obligo a pasarte a mi cama? Buscando el calor de mi cuerpo y mis sábanas. Fue increíble sólo rozar tu piel y sentir tu aroma, escuchar tu respiración. Una de mis manos se apoderó de tu cadera, a los pocos segundos una lucha mental entre si ir a tu cintura o a tus nalgas, pero mi mano término deslizandose a tu abdomen, rozando tu ombligo y tan cerca de tus seductores senos. Una llama ardiente invadía mi cuerpo. El tuyo cada vez se pegaba más a mi buscando ese calor. Cuando menos lo pensaba ya mi mano derecha acariciaba sutilmente cada pecho tuyo, eran firmes y voluptuosos, un pequeño y susurrante gemido salió de tu boca. Tu cabeza se inclinó buscando que mi boca quedara junto a tu oído. Querías escuchar mi respiración como se aceleraba. Mis labios empezaron a besarte suavemente y algunos leves chasquidos surgían de mi boca para provocar tus sentidos. Te moviste un poco para dejar que te abrazara por la espalda con ambas manos. Y sujetando las mías te las llevaste a tus senos apretándolos fuertemente, mi boca se apoderó de tu cuello inmediatamente. Tus caderas presionaban mi sexo queriendo sentir mi erección. Mi corazón se aceleró ya sin control. Mis manos se intercambiaban posiciones por todo tu ser. Centímetro a centímetro fuiste recorrida por ellas. Hasta qué tomaste el control de una de ellas y la llevaste al centro de tu entrepiernas. Allí te detuviste, dejando a mi merced las caricias de mis dedos dentro de ti. El éxtasis afloraba en tu cuerpo, el néctar de tu cuerpo invadía mis dedos, los movimientos de tu pelvis me calentaban cada segundo. A veces una de tus manos se unía al juego para indicarme si deseabas más profundidad o más intensidad. Mientras tanto mi otra mano jugaba con tu boca, besabas mis dedos y yo insitandote a morderlos, necesitaba sentir ese dolor placentero de tus dientes incrustados en mi piel. Cada vez que lo hacías mi otra mano respondía con mayor fuerza entre tus piernas. Ya empezabas a entender mi lenguaje. Clávame las uñas, gime lo que quieres y muérdeme con todas tus ganas pero sobre todo pídeme que no pare.

El calor empezó a hacerse sentir debajo de las sabanas, nuestras respiraciones hacían música junto a los gemidos y nuestros cuerpos bailaban al compás de ellos. Volteaste para quedar frente a frente y con tu voz seductora y llena de deseo, apenas logrando susurrar me dijiste besándome los labios: «Hazme tuya, hazme olvidarme del mundo, de mis problemas, de todo. Hazme sentir que aun despierto deseos y malos pensamientos.» Un beso profundo invadió nuestros labios, nuestras lenguas jugaban al placer, hasta logran sentir como mi cuerpo entraba en ti. Mis labios fueron quienes pagaron las consecuencias, ya que eran mordidos cada vez con mas fuerza por cada centímetro que te penetraba. Sentía que querías comerte mis labios, tus manos se aferraban a mi cara casi queriendo clavar tus uñas, tu frente pegada con la mía como queriendo que tus ojos quedaran lo mas cerca posible de los míos. Mis manos controlaban algunos de tus movimientos de cadera, aunque preferían disfrutar la situación acariciando tus nalgas. Te separaste arqueando tu espalda hacia atrás sin dejar de mover tu pelvis contra mi, logrando la mayor penetración posible. Me miraste con esos ojos seductores, me tentaste,  me prendiste, me sedujiste. En pocas palabras despertaste mis instintos depredadores, quería devorarte. Tus movimientos eran impredecibles, incontrolables, salvajes. Mi mente me decía: Llego el momento, ella quiere que la tire, que la jale, que la agarre y la acorrale, que la apriete y la penetre hasta lograr su sumisión.

Tu de pronto cerraste los ojos, abriste levemente la boca dejándola abierta, un suspiro mezclado de un gemido salio de tu boca, tus uñas se clavaron en mi pecho, tus piernas se entrelazaron con las mías y dejaste explotar el orgasmo mas excitante que haya visto en mujer alguna. Mordiste mi pecho, mis labios. halaste mi cabello, descargabas toda tu energía acumulada de placer arañando mi cuerpo, el dolor que me hacías sentir lo disfrutaba a plenitud. Con la misma fuerza te cambie de posición, dejándote abajo. Oponías resistencia, sonreías con tanta malicia disfrutando del instante, sabias que me moría por ser yo quien se moviera encima de ti ahora.

«¿Quieres penetrarme? dime… ¿Quieres hacerme gritar esta vez?» – dijiste casi entre dientes y tomándome del cuello. Te respondí con un movimiento positivo de cabeza. Así que me tomaste del cabello controlándome y me llevaste hasta tu entre pierna. Mi lengua inmediatamente comenzó a deslizarse   y saborear cada rincón de tu sexo, disfrutando del sabor a gloria de ese néctar que brotaba de ti. Tus gemidos casi silenciosos aceleraban mi corazón, sabia que lo estabas disfrutando, verte morder tus labios acariciarte los senos y a veces tratar de arrancar las sabanas de la cama eran el mejor indicativo de deleite. Quería hacértelo lento hasta que fueras tú la que me pidiera una y otra vez que te lo hiciera más fuerte hasta que los espasmos de placer te impidieran hablar. De pronto otro orgasmo invade tu cuerpo, tu sostienes mi cabeza con fuerza presionándola contra tu sexo: «Dame mas, dame mas… – susurrabas extasiada – Que ricooooo, ¡me encantaaaaaaa! no sabes cuanto necesitaba sentirme así. Creo que ahora es mi turno» terminaste la frase seguida de una sonrisa.

Te levantaste a buscar algo de agua, te vi caminar desnuda, y era excitante ver tus curvas balancearse de lado a lado, de regreso venias con un vaso de agua y algo de hielo. Te acercaste a mis labios y me propinaste un beso refrescante, acompañado de un pequeño trozo de hielo que se derritió mientras nos besábamos nuevamente. «Acuéstate cariño» me dijiste con cara de niña a punto de cometer alguna travesura. Yo te complací inmediatamente, me tendí sobre la cama, tu empezaste a besarme en los labios viniendo desde arriba, con intención de hacer un 69. Fuiste besándome dulcemente hasta que llegaste a mi miembro, lo sujetaste firmemente con ambas manos y tu boca aun algo fría por el agua empezó a jugar con tu lengua y tus labios. Lo disfrutabas al punto que parecías una niña saboreando un helado. No te veía, pero por lo que escuchaba y sentía, podía imaginar tu rostro de placer. Al mismo tiempo, nuevamente tenia tu sexo en mi boca, pero esta vez podía acariciar libremente tus nalgas, mi lengua te penetraba, te absorbía, y mis dientes te daban leves mordiscos cada vez que quería que te volvieras mas perversa. Así que en esos momentos intentabas devorarte por completo mi arma de placer, tu boca era mágica, confieso que desde ese instante me hice adicto a tu sexo oral. Cuando estuve a punto de explotar me dijiste: «No quiero que llegues todavía, ven cambiemos de posición». Te rodaste un poco y quedaste en posición de «perrito» y dijiste: «Se que mueres por dominarme así» y soltaste una risa, levantaste las caderas y recostaste tu cabeza de la cama. Yo con solo verte en esa posición estaba que me daba un infarto. Estaba loco por penetrarte, pero de forma perversa y agresiva. Tome tus cadera con ambas manos y posicione mi miembro en la entrada de tu vagina húmeda y sin mediar palabras te penetre con fuerza hasta el fondo. Un grito salio de tu boca: «¡Wao! ¿me quieres matar o que?- Dijiste con expresión de dolor placentero. Mis caderas empezaron a moverse sin clemencia, estaba ansioso por llegar dentro de ti, cada embestida, cada apretón me  llenaba de lujuria. Tus gemidos empezaron a salir, ya sin querer aguantarlos mas, eso me excitaba aun mas. Así que empece a darte nalgadas y a jalarte del cabello cual yegua salvaje tratando de controlar y domesticar. «¡Hey! quiero ir a la playa mañana, y acuérdate que uso hilo dental y me van a ver las marcas de tus manos en mis nalgas.» dijiste casi con una sonrisa. -«Ven siéntate y déjame sentarme encima de ti, quiero que esta vez si llegues conmigo»- la posición es  la conocida «Flor de Loto», es mi favorita, ya que puedo verte a los ojos, besarte con pasión. Sentir el movimiento de tus caderas mientras acaricio tus nalgas, tu espalda o tu cabello. La penetración es profunda, así que ambos disfrutamos con la misma intensidad. Podía besarte los senos, tu sabes que me vuelven loco ese par de melocotones y a ti te encanta que los bese y los saboree. En ese instante me dijiste sosteniendo mi cara con tus manos: «Yo si quiero que las chicas vean las marcas de mis uñas en tu espalda cuando camines en la playa» – Y abrazándome empezaste a mover tus caderas con mayor fuerza y clavando tus cortas uñas en mi espalda y mordiendo mis labios gemiste casi sin poder hablar: «Llega conmigo».

«Me vengo» te dije al oído, y sentí como tus uñas atravesaban mi espalda de lado a lado mientras  pegabas tu frente de la mía y gemías con tu respiración acelerada, tu cuerpo temblaba, tus labios me besaban con locura. Y yo sentí que mi cuerpo desde ese instante debía ser tuyo. Habías logrado hacerme llegar al máximo nivel de clímax jamas vivido. Quedamos abrazados el uno al otro, rozando nuestros labios y sudados completamente.

«Que locura todo esto, no te parece? » -me dijiste ya tendidos en la cama.

«Por que razón me hiciste el amor? –  te pregunte

-«Mi cuerpo no entiende de razones, sólo de las sensaciones que tú me provocaste.

-«En la calle o en la cama, tu sólo quiere que sentirte especial, única, deseada. Eres una mujer hermosa, de bellos sentimientos y muy inteligente, aunque no haz tenido la suerte que mereces para elegir al hombre que te ame de verdad.»

-«Es verdad, pero yo ya no busco ese hombre que me ame, ya lo tengo. Y es mi hijo. Es el único que en realidad me hace feliz. Cada sonrisa, cada palabra, cada gesto. Son en las únicas lagrimas en las que creo, ya no creí mas en lagrimas de amigas ni de hombres falsos que solo deseaban tenerme en sus camas. Para que engañarte si solo desean placer. Para que tener amigas que no estaban en tus momentos mas difíciles o de necesidad. Solo aparecían cuando leían en mi Facebook que había una rumba o una salida pa´la playa. Pero cuando me sentía triste, cuando necesitaba de un abrazo o de palabras de aliento, solo recibía un «Me Gusta» en una foto mía en bikini. Mi vida tiene que cambiar para mejor. Mis errores son lecciones de vida. Cada vez que me caigo, me levanto, ya no solo por mi, sino porque tengo un hijo hermoso por el cual luchar y seguir mi vida. Y por supuesto, personas como tu que me han brindado «mas que una amistad»- dijiste riendo pero con lagrimas en los ojos.

«¿Sabes que? mejor abrázame y déjame dormirme entre tus brazos. Y en la mañana cuando amanezca, solo quiero pedirte un solo favor… ¿puedes? – me dijiste con voz de niña consentida.

«Lo que tu pidas mi muñeca Barbie» – te dije

«Despiertame con café, con un beso… y con mucho sexo!

CONTINUARA…

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Tu tan imponente

Cada hombre a lo largo de su vida se encontrará con mujeres como tu, ese tipo de mujer imponente e intimidante. Vamos a estar claros que una mujer de tu tamaño y proporciones es la fantasía de muchos de nosotros. Aunado a esto posees ese encanto seductor de unas pecas que invaden tu cuerpo, es como chispas de chocolate que hacen más provocativo la dulce tentación de tus curvas. Posees unos labios carnosos que más haya de fantasearlos besandome me los imagino recorriendo cada centímetro de mi cuerpo. Una mirada que te pone a volar la imaginación, ver esos ojos café mirándome siempre como si desearas desvestirme. Tu voz, ese tono de seducción que llevas siempre, como si al hablar me hicieras el amor. No se sí haz notado que cuando hablamos hay momentos que dejo de verte a los ojos, es el instante donde huyo de llegar al clímax de mis fantasías contigo. Sobre todo cuando llevas esos escotes que dejan ver el encanto que llevas bajo la blusa, ese par por el que muchos hombres pierden la cordura. Es que poseen el tamaño perfecto, la forma ideal, ese tambaleo tan sexy que tienen al caminar sin dejar de ser firmes. ¿Cuantas veces habré imaginado mi cara allí entre las dos? Creo que perdí la cuenta. ¿Por que sonríes? Si sabes bien que esos son los pensamientos que nos haces tener a todos los hombres. No hay nada más excitante que verte caminar con rumbo hacia mi, preferiblemente con uno de esos vestidos escotados, donde puedo ver tus piernas en todo su esplendor. ¿Sabias que te imagino a lo Sharon Stone en «Bajos Instintos» abriendo tus piernas para mi? Es que posees ese mismo poder de seducción de mujer fatal que me inculco esa película desde pequeño. Te impones donde llegas, tu presencia es capaz de intimidar a muchas mujeres y alborotar a muchos hombres. Aunque puedes causar el efecto inverso, puedes intimidar a hombres como me paso la primera vez contigo. ¿Recuerdas? Esa vez que me invitaste a tu apartamento para hablar de negocios, no puedo negar que eres muy buena anfitriona, recuerdo perfectamente que me serviste un trago de whisky Royal Satule 21 años, mientras tu preferiste un vinito tinto. Conversamos por un rato largo, planes y propuestas para hacer dinero con lo mejor que manejamos, la publicidad. Al darnos cuenta ya era bastante tarde para irme a mi casa. Así que amablemente me pediste que me quedara en tu apartamento. Yo en ese instante ya me hacia durmiendo en el sofá, ya que más temprano me habías mostrado que sólo poseía una sola habitación. ¿Pero cual fue mi sorpresa? Cuando me pediste que te acompañara a tu cuarto diciéndome: «Bueno, esta noche te va a tocar dormir conmigo, de todas formas sabes que yo te veo como si fueras mi hijo, chico, ¡además mi cama es muy grande!» Dijiste sonriendo y con mucha tranquilidad en tu rostro.
Vamos a confesarnos, eso no se hace, en ese instante pasaron mis más alocadas fantasías perversas por la mente. Compartir la cama de lo que hoy día conocemos como MILF, tu sabes, esas mujeres maduras que no dejamos de verlas con deseo por lo sensuales y atractivas que son. Mi cabeza sin haberme metido a la cama ya había mandado la señal a todo mi cuerpo. Me prestaste un pantalón deportivo para dormir. Eso era lo que menos me preocupaba, yo duermo en bóxer donde sea. Mi pregunta era ¿como va a dormir ella? Aunque mi fantasía es verte en babydoll esa noche tenías una pijama de seda blanca. Me dijiste con voz seductora (bueno, yo siempre te escucho así)

«¿Que lado de la cama quieres? ¡Métete chico! Deja la pena, estas en tu casa.»

¿Qué lado quiero? -me respondí mentalmente- Encima de ti. Yo sabía que no iba a dormir ya fuese porque tu te lanzaras encima de mi o porque mi cerebro no dejaría de mandarme instrucciones y fantasías contigo. Como iba a dormir tranquilo con tremenda mujer al lado mío, en pijama, luz apagada, una cama tamaño King y las próximas 7 horas para que amaneciera.

Son cada una de esas curvas las que me hacen delirar los pensamientos, ver tu cuerpo completamente desnudo era mi mayor deseo. Disfrutar con mis ojos cada peca que cubre tu cuerpo, sería capaz de contarlas una a una con mi lengua hasta haberte recorrido toda entera. Tu eres así como un postre de brownie con helado y chispas de chocolate, hay que disfrutarte con calma, degustandote con suavidad, el brownie representa tu lado CALIENTE, ese lado tentador, provocativo, que despierta pasiones y deseos. El helado tu lado FRÍO, calculador, agudo, dulce pero mortal. Todo se mezcla en un excitante sabor con variedad de texturas y temperaturas.
Tus labios, esa boca inspiradora, de besos seductores y adictivos. Esa boca que te besa y te degusta labio a labio, beso a beso hasta dejarte sin aliento. ¿Que otras cosas pueden hacer tus labios? ¿Comerme a besos? ¿Que otra cosa puede hacer tu boca? ¿Devorarme? Devorar quiero yo hacerlo con tu cuerpo, disfrutar cada centímetro de tus grandes y firmes senos, mi lengua jugaría sin control lamiendo cada uno con pasión, mordiéndoles suave y sutilmente hasta escuchar tus primeros quejidos. Mis manos disfrutarían de tocarlos y apretarlos sin control. Los besare y lameré tanto que parecerá que quisiera borrar las pecas que los invaden. Una de mis manos, la derecha para ser más preciso, se desvía del camino y se dirige a tu sexo para explorar como tu cuerpo se derrite por mis caricias. Dicho y hecho, la humedad de tu entre piernas era perceptible. Mis dedos se deslizaban con tanto gusto por tu sexo que en poco tiempo se encontraron empapados de tu sirope de placer, mis dedos no paraban de moverse, alterando tus sentidos, mi boca en tu boca robándote los besos que tanto deseaba, mordiendo esos carnosos labios sin parar. No hubo palabra alguna hasta que susurraste en un instante: -«Quiero sentir estos labios tuyos aquí abajo volviéndome loca»

Así mismo fue, sin pensarlo mucho mi boca se deslizó hasta el medio de tus piernas y empece a complacerte, obedeciendo la primera orden que me diste sin darme cuenta. Mi boca te disfruto al máximo, cada gemido tuyo me mostraba que debía hacer, cada alón de mi cabello me indicaba si debía acelerar o detenerme. Tenías el control de mi cuerpo. Y te dabas placer con el a tu gusto. Yo sólo obedecía cada capricho tuyo.
Si, eras mi dominatriz y deseaba cumplir cada deseo tuyo. Mi cara entre tus piernas pegada a tu sexo había sido mi mayor deseo. Tus gritos, mi mayor afrodisiaco. Cuando medio abría mis ojos para verte, allí estabas, mirándome lascivamente complacida. Manoseabas tus senos mientras me mirabas con morbo. A veces mordías tus dedos de la mano, y en algunas ocasiones llevabas tus senos cerca de tu boca para tratar de morderlos o besarlos, apenas lograbas lamerlos. Eso me calentaba mucho mas, así que mi lengua trataba de penetrarte más allá de sólo lamerte y disfrutar de tu clítoris y tus labios. Un grito seguido de un suspiro quejumbroso invadieron tu cuerpo, estabas llegando al clímax y podía sentir como lo disfrutabas con sumo placer, tu pelvis se movia con mayor intensidad, me aferre de tus caderas y clavando mis dedos en tus nalgas trate de meter mi cara dentro de ti. Mi lengua, mis dientes y mis labios fueron los culpables de aquel orgasmico momento. Ver como te retorcías de placer en la cama era el mayor de mis deseos, pero aún deseaba más. Así que mi intención era penetrarte justo después de esto. No lo permitiste. Diciéndome: «En mi cama mando yo».

Así que me hiciste recostar mi espalda a la cama y te subiste encima de mi, tus enormes senos estaban frente mis ojos y no podía dejar de mirarlos. «¿Te gustan verdad? -dijiste sonriendo con mucha picardía- Siempre lo supe, mi niño a veces se te iban los ojos derechito a mis escotes, pero no se te puede negar que eres un caballero. ¿Pero sabes que? Esta noche no quiero que lo seas, ¡no me respetes tanto chico! – inmediatamente retrocedisteis me llevaste a la orilla de la cama y bajaste al piso hasta tener mi miembro al frente y acercaste tu boca y tus senos, sólo rozándolo, jugando a provocarme. Deslizabas tu lengua de abajo hacia arriba con suma lentitud, eso me estaba torturando. De pronto tus labios se posaron en la punta y empezaste a devorartelo centímetro a centímetro hasta llegar a la base, una garganta profunda. Tu saliva cubría todo mi sexo, lo hiciste varias veces hasta que acercaste tus senos para cubrirlo y hacerme una «rusa», ambos senos arropaban mi miembro gracias a tus manos que apretaban y movían con gran agilidad. Aunque más morbo me daba tu cara, esos labios mordidos por tus dientes y esa boca entre abierta a veces como esperando que explotara en un orgasmo sobre ti. Al cabo de unos minutos así, desististe y cambiaste de posición, dejándome en la misma posición te levantaste y dándome la espalda y dejando ver esas grandes caderas y tan tentadoras nalgas, acompañado de una marca de un pequeñito traje de baño, te sentaste encima de mi, tomaste mi miembro con tu mano y lo llevaste a tu sexo húmedo y excitado.
Ver tu enorme culo moverse encima de mi solo me llevo a poner mis manos en tus caderas. Cada embestida me acercaba más al clímax. Pero era hora de tener algo de control. Así que te tumbe en la cama y te obligue a ponerte en cuatro, pusiste algo de resistencia al principio, pero eso me emocionaba. Te di un par de nalgadas como castigo, eso te calentó aún más. Eras una fiera salvaje deseando ser domada. Tome el control por tu cabello aferrandome a el mientras tu movías tu caderas con frenesí y mi mano derecha te azotaba en cada embestida. Tus gritos y gemidos eran el mayor afrodisíaco, ver como estabas arrancando las sábanas de tu cama y tus manos rebeldes tiraban todo al piso. Otro orgasmo invadió tu cuerpo, empezaste a morder y a ahogar tus gritos en una almohada que tenías debajo de ti. Te alejaste de mi y te retorciste sola en la cama, acariciandote tu misma. Me encantaba verte así. Esta vez fui yo quien hablo: «Aún no he terminado contigo»- Así que te voltee y subí tus pies juntos a mi hombro izquierdo. Ver como te aferraste a la cama mientras te penetraba sin cesar, tus gemidos eran cada vez más fuertes y mis ganas cada vez mayores, el sudor corría por mi frente, goteando al punto de caer en tu abdomen. Mientras tanto tu acariciabas tu cuerpo y me hablabas sucio: «No pares, no pares, quiero que me des mas duro. Me haces sentir tan puta. Dime, ¿desde cuando deseabas cojerme así? –
-Desde el primer día- respondí
-Siempre quise tenerte en mi cama y follarte como nadie. Hacerte gritar. Verte toda puta pidiéndome mas.- te dije mientras no paraba de embestirte.
«Me encanta ver como se mueven tus tetas al ritmo de mis caderas» -te dije casi sin aliento.
«¿Y te gusta ver como me las acarició para ti mientras me cojes tan rico? -Me respondiste manoseandolas y apretándolas con fuerza.
«Quiero verte acabar encima de ellas, te gustaría? – me dijiste con voz muy erótica.
Sería algo así como una escena porno hecha realidad. Una madurita sexy te complace en todas tus fantasías. Así que se me ocurrió otra idea y deseaba ver si me complacerías. De dije: «Quiero que lo hagamos en el balcón, así desnudos los dos con las luces apagadas pero con la intriga de que nos puedan ver de los edificios del frente.»
«Eres un picarón muchachito» me dijiste tomándome de la mano y llevándome al sitio. Me pusiste de pie mientras tu te agachaste de rodillas, y usando tus manos mágicas, tu boca y tu lengua, me diste un oral que jamás había imaginado o vivido antes. Acariciabas cada parte de mi sexo con tu lengua, tus manos me apretaban y masturbaban cada vez más fuerte. No dejabas de verme y decirme: «¡Vente! Lo quiero aquí en mi boca, llename de ti, quiero saborearlo, anda. Fue tan fuerte la escena que no pude más y sólo me dio tiempo de decirte: «Siiii» y un largo chorro de semen empezó a brotar y tu boca jugueteo con mi sexo lamiéndolo y regando mi semen en tu pecho. Tus manos se encargaron de extenderlo por ambos senos manoseandote con erotismo.
«Ni siquiera te voy a preguntar si te gusto… Con esa cara me lo dices todo» me dijiste sonriendo con cara de satisfacción. Yo quede rendido en la cama. Al despertar en la mañana, estabas allí acostada a mi lado, con la pijama puesta y el cabello arreglado. Ya va, ¿todo esto fue sólo un sueño? Justo abriste los ojos y dijiste: «¿Como dormiste gordo? ¡Anoche como que tuviste una pesadilla! Decías ‘No, no, no, no…’ Con voz agitada, estuve a punto de despertarte.»
Menos mal no lo hiciste pensé. Este ha sido el sueño más maravilloso que he tenido. Al final sólo nos levantamos me hiciste desayuno, y yo no podía dejar de desvestirte con mi imaginación. Y revivir en mi mente entre sonrisas esa noche juntos que nunca sucedió.

 

encima

Pues toma para que te enamores (Parte 2)

Se que la vez anterior nos quedaron muchas cosas por vivir. Y esta vez vine dispuesto a liberar todos tus sentidos. Quiero que mi voz sea cómplice de tus fantasías. Que te traslades junto a mi a un mundo lleno de emociones extremas, a la frontera de la realidad y la fantasía. A un lugar de la mente donde al igual que en los sueños, sentirás cada una de mis caricias, cada uno de mis besos, cada susurro hará estremecer cada rincón de tu cuerpo. Sólo debes escucharme. Dejarte llevar.

Trasladate conmigo a un cuarto amplio, de paredes y sábanas blancas, que al igual que hojas de papel escribiremos con nuestros cuerpos nuestra propia historia de pasión y deseo.
Tu, con tu piel trigueña, cabello negro azabache, unos labios seductores y provocativos, esos que con sólo verlos hablar te hacen fantasear con tantas cosas, verlos siendo humedecidos por tu lengua juguetona y a veces hasta mordidos de manera sexy por tus dientes, imagino que lo haces cuando pasa por tu cabeza alguna idea loca y atrevida. Tu mirada, esos ojos negros que cuando te miran sientes como si no pudieras separarte de ellos, pero sólo logras librarte temporalmente cuando miras a otro par… Si (pausa) el par que llevas debajo de la blusa, ese par que es capaz de controlar y robar mis miradas. ¿Que fascinación existe entre mis ojos y tu pecho? ¿Por qué muchas veces no puedo casi ni dominar mis propios ojos? Que poder mágico poseen ellos que con sólo mirarlos son capaces de acelerar mis pulsaciones y hasta producirme erecciones. Sobre todo en esos instantes cuando caminas y las vez moverse al ritmo de tu andar. Son como unos melocotones listos para ser saboreados con placer, degustados con pasión y devorados con locura. Y mientras lo hago, tu boca susurraría mi nombre y unos leves gemidos se te escaparían sin control.

Mi boca quiere seguir explorando tu cuerpo, seguir descubriendo los sabores, olores y texturas de tu piel. Quiero recorrer tu abdomen y encontrarme con tu ombligo, el centro de tu cuerpo, quiero lamer con sumó detalle y placer de allí y hacia abajo hasta cruzarme con tu sonrisa vertical.
Una explosión de mis sentidos emerge en ese instante. Mi olfato puede sentir cada feromona que emerge de tu piel. Ese olor a placer y lujuria incontrolable que te convierte en fiera salvaje. Tus jugos de placer y mi saliva se mezclan en un cóctel de lujuria en mi boca. Tu movimientos de pelvis ayudan a mezclarlo con ayuda de mi lengua. Tus gemidos me indican que le falta un poco más. Así que mi cálida lengua se aproxima inquieta y juguetona, cerca muy cerca de ese botón de encendido. Y con sólo unos leves movimientos empiezo a ver como tu cuerpo comienza a cambiar de posturas. Ya tus manos quieren dominarme aferrándose a mi cabello. Tus piernas se abren y se cierran, tu espalda se encorva hacia atrás y hacia adelante, tu cuerpo empieza a vibrar y tu respiración se entrecorta. Los suspiros se adueñan de ti. Explotas, un orgasmo se adueña de tu cuerpo entero y la pasión se apodera de ti. «Que rico» me dijiste apenas susurrando, y con tus ojos llenos de fuego. Y lanzándote encima de mi decidiste cambiar de posición. «Ahora me toca a mi» me dijiste aferrándote a mi miembro con tu mano derecha mientras la izquierda arreglaba tu cabello. Humedeciste tus labios y mirándome fijamente acercaste tu boca suavemente a mi sexo. Yo podía sentir esa boca húmeda y caliente devorándome. Tu lengua y tus labios empezaron a jugar de forma increíble, haciéndome sentir sensaciones que jamás me habían hecho vivir. Mi miembro cada vez lo sentía más duro y mis latidos se aceleraron fuertemente. En ese instante una garganta profunda se adueño de mi, y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, lo repetiste en varias ocasiones, sabías que eso era mi debilidad, sentía tu mirada disfrutando de como hacías retorcerme en la cama. De pronto te detienes y usando tu pecho, envuelves mi miembro todo húmedo y jugoso gracias a tu boca y empiezas a moverte masturbándome con tus grandes senos. No dejas de mirarme. Sólo sonríes con gran picardía y muerdes tu labio inferior. Y me dices con voz seductora: «ya quiero sentirte dentro de mi, ven, siente como me tienes…» Y llevando mi mano entre tus piernas pude sentir como estabas de húmeda y caliente. Vi como cerraste los ojos y dejaste que mi mano te acariciara, mis dedos jugaban al placer contigo. Tu boca se abrió levemente, acompañada de un susurrante gemido. No deseabas abrir los ojos.

«Ven, bésame…» Dijiste en esta face de éxtasis que se apoderaba de tu cuerpo. Y tus labios y los míos se fusionaron en un beso profundo y apasionado. Degustando y saboreando cada labio, acariciando nuestros rostros, rozando nuestras narices con ternura, uno que otro mordisco se escapaba para seguir encendiendo la pasión que llevamos dentro. Ese deseo escondido que nos enciende. «No pares de besarme» te dije mientras mi mano aún seguía dentro de ti. Mi pulgar acariciaba sutilmente tu clítoris, el índice rozaba tus labios y el medio y anular estaban en busca de tu punto G dentro de ti. Estabas muy húmeda, y eso me encanta, me excita cada vez más.
De pronto con el poco aliento que te queda me dices: «Ya no puedo más, necesito que me penetres ¡ya!».

Tuve que complacerte, como genio debía cumplir los deseos de mi ama. Así qué abriendo tus piernas me acerque a ti, y empece primero rozando tus labios con mi miembro, envolviéndolo con tus jugos para lubricarlo. Verte morder los labios me ponía muy caliente. Tus manos empezaron acariciar tus senos. Es increíble, es sexy verte tocar, las apretabas, las pellizcabas un poco, ver como tus uñas largas dejaban huella en tu piel se volvía en un fetiche para mi. Así qué empece a penetrarte suave y dulcemente, cada centímetro que entraba te hacia estremecer cada vez más. Respiraste profundo cerrando tus ojos y dejando caer tu cabeza hacia atrás soltaste un siseo de disfrute y placer. Seguido de un «waoooooooo» largo y profundo. Así que a partir de ese momento mis embestidas a tu cuerpo empezaron a acelerar. Subí tus piernas a mis hombros, así podía besar tus pies mientras te seguía penetrando. El vaivén de tus grandes senos al compás de los movimientos de mi cuerpo lo hacían parecer un baile erótico con coreografía.

«¿Sabías que algunas mujeres tienen un segundo punto G en los dedos de los pies? Vamos a averiguarlo» te dije sonriendo.
Y mi lengua empezó a averiguar uno a uno cual de todos era el dedo más placentero. Una descarga eléctrica se desprendió de tu cuerpo cuando metí en mi boca algunos de ellos. Ya tu cuerpo no sabía a cual de los dos placeres atender. Así que te pedí que acariciarás tus senos mientras hacia todo esto. Activamos todos los sentidos. Por eso te pedí que no dejaras de gemir o de hablarme. Podía verte, tocarte, olerte, degustarte y oírte. Quería disfrutarte al máximo. El placer debía ser completo, con los cinco sentidos activados. «Quiero que llegues dentro de mi» me dijiste mirándome con tus ojos encendidos en llamas. Cambiamos de posición, me senté en la cama y te subiste encima de mi y tus piernas abrazaban mi cintura. Podía dominarte, sentir tu espalda y nalgas entre mis manos. Ver el brincar de tus senos con cada movimiento de tu cuerpo. Y podíamos besarnos sin control. En ese instante ya eran más mordiscos que besos, más nalgadas, aruños y apretones que caricias, una euforia nos domina. Ese punto donde siente que no tienes el control ni de tu cuerpo ni de tu mente. Tus movimientos de cadera me llevaban al límite, y te dije que estaba a punto de explotar. «Yo también, pero quiero llegar contigo» dijiste mordiéndome la oreja y sin dejar de moverte lujuriosamente. «Que rico me lo haces… No quiero dejar de sentirte dentro de mi.» De pronto un explosivo orgasmo empezaba a adueñase de mi cuerpo y te dije: «No pares que me vengo morena» y me aferre a tus nalgas con fuerza para apoyar tus movimientos. Tu boca se abrió levemente y tus ojos se cerraron, un profundo gemido se aproximaba, tus uñas se adueñaron de mi espalda. Una de mis manos se quedo sobre tu espalda y la otra se apodero de tu pecho mientras arqueabas tu espalda hacia atrás y dejabas que el orgasmo se adueñara de ti. Yo podía sentir como tus piernas me apretaban con fuerza y temblaban mientras aún tu pelvis no dejaba de moverse disfrutando cada segundo de esa explosión de placer y deseo. El sudor corría por nuestras pieles. Caímos exhaustos ambos satisfechos por esta sesión de pasión y sexo sin control. Yo no deseaba rendirme, esto no se acaba hasta no poder moverte de la cama. Así qué aprovechando el instante empece a morderte suavemente por la espalda intentando cruzar la línea entre el dolor y el placer. Continúe haciéndolo por todo tu cuerpo hasta llegar a tus caderas, como no volverte loco con las curvas de tu cuerpo. Te pusiste en cuatro, y dijiste con gran picardía: «Quiero que sigas»

Continuara…

 

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Tienes un no se qué… (Parte 2)

Definitivamente es que cada vez que miro ese lunar en tus labios solo me provocas más. Que tiene esa boca tuya que al verte hablar me vuelve loco. Que tiene esa mirada profunda que al verla siento que me ahogó en tu ser. No sabes cuanto me provocas cada vez que nos vemos de frente, me saludas con un beso y un abrazo, dejándome tu perfume tentador en mi piel. Algunas veces tu picardía te domina, y haz sido capaz de tocarme, de rozar algunas partes de mi cuerpo. Ya hasta creo que sabes que me vuelves loco con sólo hablarme al oído. A veces siento ganas de olvidarme de donde estamos y simplemente dominarte, tomarte de la cintura y pegarte a mi cuerpo. Que sientas como me pones muchas veces cuando te acercas demasiado a mi. Que notes con tu propio cuerpo como cambia el mío al tenerte tan cerquita mío. Es sentir tus nalgas entre mis manos, apretandote, clavandote mis uñas como queriendo rasgar tu pantalón. Desear besar tu cuello y sentir como tu respiración se acelera, es escuchar tu voz pidiéndome que te haga mía. Es adueñarme de tu cuerpo completamente desnudo y hacerlo hasta quedar sin aliento. Es volver a darme cuenta que esto es sólo una fantasía. Es volver a decirte: «Dame esa oportunidad de descubrir cual es ese no se qué que tu tienes…»

 

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¿Mala cama yo?

Te preguntarás porque le puse este título al relato, y sencillamente haciendo memoria sabes que en un principio te hacia molestar diciendo que tu novio te había dejado por esa razón. Recuerdo que siempre nos sentábamos en grupo a conversar y siempre terminábamos discutiendo, y para hacerte irritar más siempre terminaba diciéndote: «Habla claro, si tu novio te dejo por otra, seguro fue por mala cama» eso te hacia enfurecer más. Yo disfrutaba de tu cara y tu respuestas.
¿Recuerdas aquel día que fui a visitarte junto a otro amigo nuestro? Estabas sola en tu casa, y me llegue con este pana a que nos hicieras almuerzo, ya que bien sabemos que cocinas rico. Fue un día de habladera y jugando en la computadora. Llego la noche, nos pediste que no te dejáramos sola. Así que te complacimos, nos quedamos, nos hiciste cena y todo. Cuando nos disponíamos a dormir terminamos los tres en la misma cama. Vamos a estar claros que éramos como familia, y así que te dejamos en el centro de la cama, si para colmo los tres en la misma cama.

Pero después de hablar tanto morfeo se adueña de nosotros, el sueño nos vence y empezamos a quedarnos dormidos. Mi amigo por lo visto fue el primero. Yo sentí que tu ya lo estabas, de pronto te mueves y tu cara queda frente a la mía. En ese instante pude sentir tu química, mi olfato se activa, tu respiración me atraía. Sentía unas ganas inmensas de besarte así estuvieras dormida. Dejarme llevar como si fuese un sueño. Tu, te acercaste más a mi, como buscando mi calor corporal. Yo no sabía que hacer, mi corazón empezó a latir demasiado deprisa. El aroma de tu piel me descontrolaba, tu aliento me gritaba que te comiera a besos. No aguante más. Como si fuera un accidente quede nariz con nariz contigo, fue cuando sentí que tu respiración cambió de velocidad. Supe que no estabas dormida. Así que sólo me tome el atrevimiento de besarte. Inmediatamente tus labios empezaron a degustar los míos, con tantas ganas, con tanto placer que hasta nos olvidamos que al lado teníamos a nuestro amigo. Una de mis manos no se pudo controlar, e inmediatamente acaricie tus senos que se encontraban desnudos debajo de esa blusa de dormir. Tus pezones se pusieron duros inmediatamente. De pronto sentí que una de tus manos me agarra y dirige la mía hacia tu sexo, por debajo de tu short de dormir, deseando ser tocada. Mi sorpresa fue sentir tu vagina tan húmeda, tus jugos recorrían tus piernas. Sentí que deseabas ser penetrada, pero ¿cómo? Nuestro amigo podría despertar y encontrarnos en pleno acto. Creo que eso nos excitaba más. Querías moverte mientras mi mano era la que te follaba. Mis dedos te penetraban con tanto gusto que cada vez me pedías que introdujera uno mas, llegando al punto que mis cuatro dedos estaban dentro de ti y el que quedo fuera acariciaba tu clítoris al puntos de hacerte llegar. Era tanta humedad que el olor de tu sexo se podía sentir. «Me estas volviendo locaaaaaa» me susurraste al oído. Y metiendo tu mano debajo de mi pantalón tomaste con fuerza mi sexo y lo apretabas como queriendo vengarte de lo que te acababa de suceder. Pero no podías moverte mucho porque la cama empezaría a mecerse y despertarías a nuestro amigo.

La mañana apareció, los primeros rayos de sol aparecieron, te levantaste a darte una ducha. Te seguí, tenía ganas de hacerte mía en el baño. Pero me detuviste. Era ese miedo a ser descubierta el que no te dejo. Me dejaste afuera del baño. Así que me dispuse a sentarme en el comedor. Allí fue cuando mi amigo se despierta, y me dice: «Será mejor que nos vayamos, mi papá debe estar preocupado porque no llegue con el carro a la casa anoche». Así que le dije que yo iba a esperar que me prepararás desayuno y no pensaba irme todavía. Que me iría caminando. Así que se fue, yo me quede en la sala esperando que salieras de la ducha.

Saliste con la toalla alrededor de tu cuerpo, me miraste y sentí tus nervios. Sabías que habíamos quedado completamente solos. Sabías que en ese momento si iba a pasar lo que queríamos que pasara. Me metí en tu cuarto antes que lograras vestirte. Me decías que esto no debía estar pasando, hemos sido amigos toda la vida y además yo era amigo de tu ex. Pero los besos se volvieron a dar, empezamos a comernos los labios, desnudaste mi cuerpo y nos lanzamos en la cama. Esta vez nada nos detendría de hacer realidad este deseo guardado por tanto tiempo. Ambos confesamos haber deseado vivir ese instante años atrás. Allí estábamos, sintiéndonos, explorandonos, entregándonos en cuerpo y mente. Disfrutando de las caricias, de los movimientos y los aromas de nuestros cuerpos. Te movías encima de mi de tal manera que era yo quien se sostenía de las sábanas… Era increíble… Como movías tus caderas, mis manos solo se sostenían de tus nalgas, porque sólo tu llevabas el control. Tus labios se fusionaban con los míos, los dedos de tus manos se entrelazaban con las mías. Tus gemidos aceleraban mi respiración y mis latidos. Tu vagina estaba muy caliente y húmeda. Sentía que me ibas hacer explotar. Así que me separe de ti y quise hacerte sexo oral. Y me dijiste que tu lo harías primero, sostuviste mi sexo con tu mano, y acercaste tu boca y con sólo introducir un pequeña parte de mi pene jugaste con tu lengua y tus labios. Tu lengua empezó a moverse de tal manera que mi respiración se aceleró, por primera vez en la vida estaba sintiendo sensaciones increíbles y ni siquiera te movías o usabas tus manos, era sólo tu lengua y tus labios. Fue cuando me invadió el cuerpo un orgasmo y sólo tuve tiempo de decirte: «Me vengo» pero tu simplemente continuaste, me dejaste llegar en tu boca, creo que este orgasmo fue el más largo y placentero que jamas haya tenido en la vida. Caí rendido, inmediatamente subiste sobre mi, preguntándome que tanto lo había disfrutado y si me había gustado sentir como me hacías el sexo oral. Te confesé que había sido la mejor felación que me habían hecho…
Así que con cara de ironía y con una gran sonrisa de satisfacción en la boca te acercas a mi oído y me preguntaste… «¿Aún piensas que soy mala cama?

Continuara…