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El tiempo pasa, el deseo permanece…

Esta historia entre tu y yo empezó hace muchísimos años atrás. Cuando éramos sólo unos jóvenes que aunque las hormonas estaban explotando fuimos incapaces de acercarnos lo suficiente como para por lo menos darnos una buena sesión de besos, de simples caricias o quizás de hacernos el amor con la ropa. Pero todo quedo en sólo miradas picarás, una que otra conversación. Y alguna coincidencia ya que no vivías por allí, sino que sólo ibas de visita en vacaciones. Eso lo hacía más difícil y emocionante. Verte algunas tardes sentada con tus primas en el frente de la casa, y yo sin tener la fuerza o seguridad para acercarme a ti. ¿Recuerdas? Confiésalo, pensabas que era un cobarde, penoso y lento joven que no se atrevía a hablarte. Como no sentirse intimidado con tus grandes ojos y pestañas, esa piel canela, y una radiante sonrisa. Sin dejar de lado esa figura, ese cuerpecito que siempre miré de lejos. No fue hasta unos años después que hasta bailamos juntos, ya eras toda una mujer en todo el sentido de la palabra. Eras madre. Pero tu seguías igual de radiante, y más voluptuosa que la última vez. Se que sonreíste, y si, como dejar de ver tu escote ese día, si fue imposible quitarte la mirada de encima esa noche. Teníamos mucho tiempo sin vernos, y sonreíamos como la primera vez. Como si nos hubiésemos hablado toda la vida y ya hubiésemos compartido muchas cosas juntos… Pero no, era increíble que ya habían pasado unos años, cada uno había hecho sus vidas y presentíamos que aún había algo pendiente por descubrir… Te veía bailar con otros hombres, te miraba cuando te sentabas, te seguía con mi mirada. Esperando una señal de ti. ¿Que me pasaba por la mente? Debía era secuestrarte y listo, ¿verdad? Pues lamentablemente eso no fue lo que hice. Te deje ir. Se acabo la fiesta y te vi partir. ¿En qué rayos pensaba?

Ahora es que me siento y me imagino las cosas que pudieron pasar. Por qué nunca te lleve a una habitación, donde podíamos estar solos tu y yo, mirarnos frente a frente, sentir como nos desnudamos con la mirada, hasta quedar sin ropas de verdad. Por qué no te acosté en la cama y te bese desde la planta de tus pies con dulzura. Acariciando tus piernas, recorriéndolas con mis labios, mi nariz, sintiendo cada vez más ese aroma, ese olor a sexo que nos vuelve locos. Mi boca se acercó cada vez más rápido a tu entre pierna. Mis labios empezaron a jugar con tu sexo, un oral dedicado sólo ha hacerte sentir complacida, hacerte sentir deseada, hacerte gemir con gusto, con gran placer. Degustar cada milímetro de tu dulce vagina, mi lengua te exploraba, te descubría. Empece a encontrar tu punto débil, notaba como suspirabas profundamente, y como se escapaba uno que otro gemido. Aún no te liberabas, aún sentías algo de pena. Mis dedos empezaron a apoyarme en darte placer, lentamente empece a penetrarte con dos de ellos. Estabas muy húmeda, así que entraron sin dificultad. Mis movimientos eran lentos y muy suaves. Mi boca y mi nariz se encargaban de seducirte por fuera… Mientras mis dedos te hacían el amor. Tus manos se adueñaron de tus pechos apretándolos con mucha pasión, acariciabas tus pezones, y de vez en cuando los apretabas con fuerza. Me levanté un poco y sin abandonar tu vagina con mi mano, acerque mis labios a tus grandes senos naturales. Y empece a disfrutar de un dulce sabor y una suave textura, que alimentaban cada segundo más mi deseo. Tu boca se abría al verme succionar aquellos pezones, no podíamos dejar de vernos a los ojos. Empece a morderte muy sutilmente. Inmediatamente empezaste a morder tus labios y a gemir más fuerte. Mis dedos empezaron a moverse más de prisa. Así que introduje un tercer dedo para apoyarme más. Tus caderas empezaron a moverse con mas intensidad. Me tomaste de la cara con ambas manos y me llevaste hasta tu boca, me besaste con locura. Y con voz suave y dominante me dijiste: «hazme tuya».

Me puse al frente de ti, abrí tus piernas, y las alce a la altura de mis hombros, mire tu vagina, mordí mis labios, sonreí… Y empece a penetrarte suave y profundamente. Te aferraste a las sábanas de la cama y gemiste. Mis manos se apoderaron de tus tobillos, abrí tus piernas, y mis caderas empezaron a moverse con mas intensidad. Tu sólo cerrabas los ojos, y abrías la boca para respirar, y por algunos instantes me mirabas con deseo, y me susurrabas un «no pares» y un «estas demasiado rico», palabras mágicas que me llenaban de mas fuerza y pasión. Ahora mis manos bajaron hasta detrás de tus rodillas, una zona muy sensible al tacto suave. Doblaste las piernas, así que las junte y empece a penetrarte con mayor fuerza y profundidad. «Auch!» Gritaste… «¿Me quieres matar verdad?» Y yo con una sonrisa maligna te respondí: «Si, vas a pagar por todo el tiempo que no hicimos nada, por todas las ganas acumuladas, por cada fantasía que tuve contigo» así que me tumbe encima de ti y abrí tus piernas, tu las cruzaste por mi espalda inmediatamente. Y empece a follarte con gran pasión, movimientos lentos y profundos, algunos más rápidos y superficiales. Besos apasionados, haladas de cabellos, mordiscos, gemidos, palabras sucias, estábamos perdiendo el control de nuestras mentes. Nuestros cuerpos mandaban sobré por todas las cosas. De pronto sentí tus uñas clavarse en mi espalda, y un grito casi mudo salía de tu boca, y unos movimientos temblorosos se adueñaron de tus caderas. «Que rico….» Suspiraste sin soltarme por un instante. «necesitaba sentir esto desde hace mucho tiempo».

Y empezaste a besarme con mucha dulzura y pasión. «No quiero que esto termine…» Dijiste después de otro suspiro profundo. Me volteaste, dejándome boca arriba, y te subiste encima de mi, introduciendo mi miembro dentro de ti. Tus caderas se movían de arriba a abajo con mucha suavidad, tus manos acariciaban tus pechos, las mías tus caderas y nalgas. De pronto empezaste a moverte con mucha rapidez, y gemidos salían de ti cada vez más profundos. Una de mis manos se acercó a tu boca, y uno de mis dedos jugó con tus labios. Me mordiste inmediatamente, y succionandolo cual sexo oral te viniste de nuevo, esta vez con mayor expresión en tu cara. Y mordiendo mi mano, como queriendo desahogar tensiones. Eso me encantaba. Terminaste encima de mi, sentía toda tu humedad recorriendome por mi miembro. Te levantaste, y bajaste a ver como estaba. Lo apretaste con tus manos, y mirándome me dijiste: «¿y el no piensa acabar? Necesito ver que acabes para mi…» Y abriendo tu boca, lo metiste como una Chupeta y empezaste a saborearlo, tu lengua jugaba con sus movimientos, tus labios con sus sonidos. De pronto una garganta profunda se adueño casi por completo de el, quedándote inmóvil por un instante algo prolongado. El calor de tu boca me tenía a punto de explotar. «Ven la quiero aquí, sobre mi pecho» dijiste mientras te colocabas de lado y me masturbabas con tus senos. «¿O acaso la quieres en mi boca?» Preguntaste con mas picardía y dejando tu boca abierta mientras me mirabas y me masturbabas. No aguante más, tuve algo de tiempo para decirte: «Me vengo» y mi semen cayo en tu rostro y parte de tu pecho, y fue cuando sin advertirlo tu boca se atragantó por completo, chupando y degustando cada mililitro de mi. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, sólo pude aferrarme de tu cabello y dejar salir un pequeño gemido profundo como lo que estabas haciéndome. Quede sin aliento, sin fuerzas. Tu solo sonreías con gran emoción. Estabas complacida y yo aún más. Nuestros cuerpos quedaron exhaustos después de este encuentro. Ahora sólo nos queda abrazarnos y despertar… Ya que todo esto sólo ha sido solo un sueño.
¿Tu no te haces la misma pregunta? ¿Por qué hemos dejado pasar tanto tiempo?

Continuara…

 

 

tragos

Después de unos tragos…

¿Recuerdas como fue esa noche? Después de compartir unos tragos entre amigos, una noche larga en un restaurante de Caracas, ya que esa noche llovió por mas de 6 horas y no nos dejo ir a nuestras respectivas casas y tuvimos que quedarnos alojados donde una de nuestras amigas, ya que ambos vivíamos muy lejos y la lluvia había causado estragos. Nos toco dormir juntos en una colchoneta en la sala de la casa, aún recuerdo que le dijiste a la señora: «-Tranquila mi doña, no se preocupe por nosotros, el es como mi hermanito, podemos dormir en la misma colchoneta»
Ya por mi cabeza llena de alcohol empezaron a pasar las más locas imágenes, hablaba conmigo mismo y me decía: «-¿Será que esta vez si podré probar los labios te esta mujer? Ambos tenemos los grados de alcohol necesarios para coger ánimo y si te rebotan poder culpar al «maldito alcohol». En verdad desde que te conocí siempre sentí esa tensión sexual que tu emanas, tu forma de hablar, de caminar y claro… Tu forma de sentarte y provocarnos a todos con tus picardías malintencionadas. Este era el instante. Apenas te abrace como «hermanitos» como decías tu, sentí como acomodabas tu cuerpo al mío, presionando tus nalgas a mi, y dejando tu cuello y oreja lo más cerca posible de mi boca. Tomaste mi mano y la abrazaste presionandola con tu pecho, ya no había duda, ella lo deseaba. Empece a besarla desde su oreja, y a decirle con voz baja: «¿a que estamos jugando hermanita?» Tu solo sonreíste y me dijiste que ya esto lo deseabas desde hace mucho tiempo y que más bien era yo quien no había dado el primer paso.

Pues inmediatamente mi mano derecha a la que ella tenía abrazada empece a deslizarla por su abdomen y empece a desabrochar su pantalón. Con la intensión de llegar a tu sexo y jugar contigo. Los besos empezaron a ser cada vez más intensos, mordiscos leves, nuestras lenguas jugando con nuestras bocas. Hasta qué logre llegar y sentir tu sexo húmedo y depilado. Un suspiro invadió tu cuerpo, seguido de un largo escalofrío y un «Dame mas» con voz erótica y provocativa. Mis dedos dentro de ti cada vez más mojados de tus jugos, te acariciaba con tantas ganas de hacerte mía. Y de pronto tu desabrochaste mi jean y bajaste a darme un sexo oral que hasta el sol de hoy aún recuerdo. Tu boca es increíble, no parabas de jugar con tu lengua, tus labios húmedos, algunos leves mordiscos. Ambas manos controlaban mi sexo, sólo te detenías para levantar tu mirada para verme y mirar a tu alrededor por si nos llegaban a descubrir, eso era lo mas emocionante. De pronto una puerta se abre, ambos nos hicimos los dormidos. Y nuestra amiga anfitriona paso por un lado nuestro camino al baño en ropa interior. Encendió la luz y allí estábamos nosotros bajo las sábanas haciéndonos los dormidos. No había terminado de irse a la cama de nuevo cuando tu volviste a tocarme, pero esta vez estabas decidida a pasar a otro nivel. Inmediatamente te quitaste el pantalón, y sin mediar palabras, te subiste encima de mi y dominando la situación dejaste que te penetrara, tus movimientos de cadera empezaron a adueñarse de mi, movimientos circulares, y otros de arriba a abajo, sólo podía sentir tus nalgas con ambas manos y empujarte hacia mi como pidiendo más.

Me besabas desenfrenadamente, y me susurrabas al oído: «Hasta que fuiste mío, no sabes las ganas que te tenía… Me invadía la curiosidad por probarte. ¿Por qué esperaste tanto para hacerme tuya? Si sabías que ya te tenía ganitas… Quiero ponerme en cuatro, ¿te atreves?» Mi cabeza voló y se imagino siendo descubierto haciendo el amor en una casa ajena en plena sala a las 3 de la mañana. ¿Que podía tener más adrenalina? Cambiamos de posición, te pusiste boca abajo y me pediste que subiera encima de ti. Y me dijiste: «me voy a poner en cuatro, y quiero que me des lo mas duro que puedas, pero sin hacer ruido…» Era todo un desafío, como no hacer ruido si lo que provocaba era darte de nalgadas, tomarte de las caderas y hacerte sentir todo mi sexo dentro de ti, estabas muy caliente, húmeda, tus movimientos casi me hacen llegar dentro de ti, logre controlarme. Pero volteaste y dijiste: «quiero que te vengas… Sentí como apretabas mi sexo con tu vagina y empezaste a moverte sin parar, fue increíble, explote dentro de ti con un orgasmo que me hizo caer sobre tu cuerpo. No te basto esto, volviste a adueñarte de mi sexo con tu boca, y me dijiste: «quiero que vuelvas a llegar, pero esta vez quiero que sea en mis labios, en toda mi boca, déjame jugar con el, no tengo sueño y quede con mucha hambre…»

Quedo demostrado, desde la primera vez que te vi supe que eras una «Loba» y quien soy yo para no complacerte. Me tocabas, me acariciabas, ese sexo oral fue mucho más intenso, estaba demasiado sensible ya, «garganta profunda» todo hombre muere por la chica que logre hacerle eso… Y más aún cuando logras que se ahogue, el machismo aflora, y más cuando dices: «Me vengo» y ustedes las mujeres sienten que tienen los mejores 30 segundos de sus vidas para con nosotros, recuerdo que me masturbabas con tu mano mientras tus labios calientes succionaban todo de mi, y tu otra mano aruñaba mi abdomen. Me hiciste suspirar profundamente y de igual manera quede tendido en la colchoneta. Al amanecer ya sin efectos de alcohol solo nos mirábamos y sonreíamos en secreto mientras desayunábamos junto a nuestras dos amigas y su familia. ¿Se repetiría? Pensaba yo…
Si, se repitió esa misma mañana. ¿Dónde? En mi propia oficina, y para hacerlo más exótico y con mas morbo, en el mismísimo escritorio de mi jefe. ¿Lo recuerdas? Cómo te tome de la cintura te lleve hasta el escritorio, desabroche tu pantalón, y te follé con locura… Esta vez si te daba nalgadas con intensidad, dejándote las marcas rosadas en tu gran trasero. Halandote el cabello mientas te penetraba simulando que te cabalgaba. Tu sólo gemías con fuerza, esta vez estábamos completamente solos. Provocaba tirar todo al piso, no lo hicimos, sólo lo empujamos un poco para tener espacio en el escritorio. Que locura. Fue increíble. Ya lo había hecho en mi antigua oficina. Pero hacerlo en la de tu jefe, es otro nivel. De pronto escuchamos que abren la puerta de la oficina y rápidamente nos acomodamos la ropa, y al asomarnos era otro compañero que fue hacer horas extras el fin de semana. Bueno, no quedo otra que saludar y tratar de disimular aunque las gotas de sudor aún corrían por mi frente. Lástima que te fuiste para otra ciudad, siempre creí que volveríamos a tener una nueva aventura como esta, aunque si quieres me invitas a tu nueva oficina y lo volvemos a intentar.

FIN o Continuara… Aún no lo se.