mesa

No estas sola…

Sólo quería preguntarte si aún recuerdas ese beso que te robe aquella noche en aquel restaurante. Ese beso que hizo estremecer mi ser, degustar tus labios fue muy placentero. Aunque hubiese deseado que no terminará y poder descubrir cada sabor y pasión que llevas impregnados en ellos.

Mi mente voló por ese instante. Te voy a contar las cosas que pasaron por mi mente de allí en adelante. Y espero que tu te confieses conmigo y me digas si sentiste lo mismo.

Tu energía me invadió. El olor de tu piel al tenerte tan cerca alboroto mis sentidos, rozar mi nariz con tu mejilla al darte un beso de amigos fue lo que hizo explotar ese instante. Fue lo que me llevó a tomarte del cuello y darte ese beso que tanto anhelaba mi boca. Pero deseaba más, un beso no sería suficiente para saciar las ganas que sentía de adueñarme de ti. Yo deseaba aferrarme de tu cabello, que mi boca se comiera literalmente esos labios provocativos. Mi otra mano deseaba con locura acariciar tus sensuales senos que dejabas ver con un lindo escote. Sentirlos en mis manos mientras tu muerdes mis labios con placer. Tus manos se apoderan de mi, una sé aferro a mi cabello acariciandolo con sutileza con tus uñas. Mientras la otra me iba desabotonando la camisa y acariciando mi pecho. De pronto te levantaste de la silla y te sentaste encima de mi. Dejando tus senos justamente frente a mis ojos. Una sonrisa te invadió el rostro. Ni una palabra salía de nuestros labios. Solo eran miradas profundas. Mis manos se adueñaron de tus nalgas aferrandome con fuerza. Te recorrí hasta tu cintura y no pude esperar mas… te quite la sexy blusita que llevabas puesta. Dejando al descubierto lo que podría comparar con dos grandes y jugosos melocotones. Mi boca no aguanto ni un instante para saborearlos. Mis labios y mi lengua no pararon de jugar con ese par. Y es que con solo ver tu rostro sabía que lo deseabas desde hacía mucho tiempo. Me encantaba ver como mordidas tus labios. Como gemías cada vez que te mordía o lamía tus pezones. Era inevitable querer quitarte toda la ropa y hacerte el amor de forma salvaje en esa mesa. Así que te mire fijamente y por primera vez cruzamos un par de palabras:

«-Eres mia» dije susurrando…

Y tu cerrando los ojos sólo dijiste: «Hazme tuya»

Te levante y desabroche el botón de tu pantalón, bajé el cierre lentamente, sin dejar de mirarte a los ojos. Tu respiración se aceleraba fuertemente. Mis manos se encargaron de dejarte con un pequeño hilo dental negro que era casi igual que dejarte desnuda por lo diminuto.

Tu hiciste lo mismo conmigo, te deshiciste de mi pantalón y solo me dejaste en bóxer. Pero una sonrisa te volvió a invadir y terminaste arrancandomelo por completo. Ya podías ver mi erección. Y sin mediar palabras empezaste a propinarme un sexo oral increíble. Tus labios jugaban a volverme loco junto a tu lengua. Succiones y la lamidas eran las responsables de cada contorcion de mi cuerpo. Sentir tu boca húmeda y caliente me excitaba cada vez más. Verte jugar con tanto placer con mi miembro que cada segundo estaba más y más duro, erecto y brillante de toda la saliva que arropó tu boca. Tus manos se unieron al juego, me tocabas y masturbabas con tanta experiencia que sentía que en pocos segundos iba a explotar. Tu cara de deseo me hacía sentir el más perverso y ya sentía que debía devolverte el mismo placer.

Así que te subí a la mesa y me senté a comerte la entrepierna. Tu ya estabas tan húmeda que solo provocaba era penetrarte inmediatamente, pero quería que sintieras mi lengua dentro de ti y volverte loca antes de que me tuvieras dentro de ti. Mi boca se daba un banquete con los jugos de tu cuerpo. Mi lengua jugaba con tu clítoris con tanto placer que tus gemidos empezaron a salir de tu boca sin poder contener los más. Tus manos se posaron en mi cabeza y la empujaste con fuerza entre tus piernas. Querías sentirme más profundamente. Levante tus piernas y mi lengua te saboreo de tal forma que solo te quedo gritarme: «-Ya te quiero dentro de mi!!»

Yo no espere ni un segundo más,  abrí tus piernas y empecé a penetrarte dejando tus piernas sobre mi pecho y hombros. Una de mis manos se encargó de acariciar tus senos y la otra sostenía tus piernas ya temblorosas. Tu cara de placer era única,  solo cerrabas por instantes los ojos y mordía tus labios. Jadiabas, gemías,  gritabas… eras mía.
El sudor empezaba adueñarse de nuestras pieles. Mis movimientos de cadera sobre ti cada vez eran más intensos y fuentes al igual que tus jadeos. Entrar y salir de tu cuerpo. Hacerte sentir que eres una mujer deseada. Mirarte mientras disfrutabas de este instante con tantas ganas. Todo esto me hacía desearte más. En ese instante te bajaste de la mesa, me diste la espalda y te acostaste en la mesa boca abajo. Miraste hacia mi y me dijiste: «Quiero que me hagas gritar tu nombre… sera que puedes?» Y una sonrisa malvada te invadió dejando de verme y esperando que yo me adueñara de ti.

Me acerqué a ti y al prepararme para penetrarte me dices: «Quiero que me hagas gritar pero no me lastimes OK…»

«-Tranquila, solo déjate llevar» respondí

Levante una de tus piernas y la guíe hasta dejarla sobre la mesa. Así podía tenerte abierta y lista para penetrarte por donde yo quisiera. Primero lo introduje suavemente en tu húmeda vagina y empecé a moverme con lentitud y sutileza. Mis movimientos cada vez se empezaron a intensificar. Mis manos empezaron a darte azotes a tus nalgas. Como si quisiera domar una potra salvaje. Tu sólo decías: «No pares… dame más fuerte… quiero gritar… hazme gritar.»

Fue cuando en una embestida te lo saque y cambié de sitio… pudiste sentir como mi miembro te atravesó por completo por tu culo.  Y ese grito que tanto deseabas escapó de tu boca de forma inmediata acompañado de un par de malas palabras y un: «¿Me quieres matar?

Así que lo saque inmediatamente. Pero tu reacción fue algo agresiva.

«¿Quien te pidió que me lo sacarás? Solo ten más delicadeza o por lo menos avísame.»

Así que nuevamente volví a colocarlo donde estaba, solo que esta vez fue con más sutileza. Tu acomodaste tus caderas y te preparaste para recibirme. Un leve gemido salía de tu boca con cada centímetro que te iba penetrando. Respirabas profundo, seguido de un repetido «Dios mío».

Todo era cuestión de tiempo, cuando menos lo esperaba ya tus caderas eran quienes tenían el control de los movimientos. Gritos y gemidos no dejaron de salir de tu boca con cada embestida. Golpeabas la mesa con tus manos cada vez que mi miembro te penetraba. Mis manos sobre tus caderas y a veces en tu cabello te hacían sentir más salvaje. Yo solo quería ver tu lado oscuro, esa mujer insaciable que solo pide sentirse complacida en la cama. Esa mujer sexy que sabe hacerse desear. Que logra hacer que fantasees con tenerla y hacerla tuya.

«Por fin eres mía…» te dije al oído mientra te seguía penetrando por detrás y mis manos apretaban tus senos con fuerza. «Quiero que me regales un orgasmo tuyo, quiero ver como llegas para mi».

Así que te tome del cuello y mis caderas empezaron a azotarte con más fuerza. Tus gemidos brotaban de tus labios con cara de placer. Tus ojos se nublaron de lágrimas. Me besaste con locura, tu lengua se adueñó de mi, me mordias los labios con pasion y deseo. Y de pronto con voz exhausta me dijiste: «Dame más no pares por favor, ya casi me haces llegar…»
Así que me aferre a tus cadera apretando tus nalgas y empecé a acelerar mis movimientos. Solo con ver como entraba y salía de ti me calentaba más, sumando que tus gemidos y palabras me hacían sentir insaciable.

De pronto un grito me dio la señal que ibas a explotar de placer. Tu mano izquierda tocaba mis testículos mientras yo seguía penetrandote. Y cuando llegaste tus dedos acariciaban tu clítoris con movimientos fuertes. El solo verte así me hizo estallar también. Ambos llegamos al clímax, nuestros cuerpos llenos de sudor se deslizaban entre sí. Después de esto solo nos besamos, no teníamos palabras ni aliento para decir nada. Sólo fueron ricos besos y sonrisas. Tu y yo supimos disfrutarnos a plenitud. Sólo nos quedó vestirnos y salir de este restaurante…

Continuará…

sudor

Sexo, sudor y calor…

¿Te pasa igual que a mi? Hay noches que huelen a sexo, donde nuestros cuerpos solo desean ser poseídos y entrar en una sesión de pasión desenfrenada. Donde sólo deseas arrancarte la ropa y quedar completamente desnudos, es más, creo que ni daría tiempo para esto, y empezaríamos a fornicar con la ropa. Los besos empiezan todo acompañados de pequeños mordiscos y lamidas por cuello y hombros. Nos aferramos de nuestras cabelleras y con la otra mano nos adueñamos de las nalgas del otro. Quiero romper tu blusa y destapar tu pecho y dejarlo a merced de mis labios. Quiero disfrutar de cada uno de ellos, darme el placer de besarlos y lamerlos hasta ver y sentir tu pezón erecto. Quiero con mi otra mano arrancar tu pantalón. Dejar al descubierto tus pantis ya húmedas del néctar del placer. Mi boca no dejaría de besar esos labios tentadores, quiero dejarte sin aliento, sin respiración. Que mis dedos jueguen dentro de ti, tocándote, acariciándote, disfrutándote centímetro a centímetro. Uno, dos, tres dedos en tu sexo, y sigues pidiéndome mas. Tendré que usar un juguete contigo la próxima vez, esos que vibran y te sacan los más intensos orgasmos.

Veo que estas deseosa de mas. Quiero llevarte al punto más alto antes de penetrarte. Así que mi boca empieza a bajar por tu cuerpo. Lamiendo tus senos, mordiendo tu piel. Hasta llegar a tu sexo húmedo y deseoso de placer. Allí empieza una batalla de lujuria y deseo, una lucha de poder, entre tus labios y los míos. Mi boca te consume, te disfruta a plenitud. Tus gemidos y quejidos son referencia de que lo estas disfrutando cada vez más. Tus manos se aferran a mi cabeza controlando ciertos movimientos, siento como me clavas las uñas por el cuero cabelludo. Alzo mi mirada para ver tu cara. Tu boca entre abierta con respiración acelerada, unos ojos llenos de fuego, me daban a entender que no debía detenerme ni por un instante. Mis dientes se clavaban en tu vulva mientras mi lengua te penetra y juega con tu clítoris. Sentir como te vienes en mi cara me hace sentir el mejor amo sobre una dulce sumisa complacida. Saborearte era mi mejor premio. Ver tu piel erizada mi mejor regalo.

Escucharte con voz acelerada por la intensidad del momento, me despertaba los más bajos instintos. Eres mía, así de simple, yo poseo el control de tu cuerpo, de subirte, de bajarte, de hacerte gritar, de hacerte gemir.

Te puse en cuatro, pero no para penetrarte, esta vez quise darte un sexo oral de esos que te dejan sin respiración. Mis labios y mi lengua se darán el placer de saborearte, oler esa fragancia de éxtasis y lujuria. Sentir como mis labios se empapan de tus jugos, ver como las gotas recorren tus piernas sólo hace que mi erección se incrementé cada vez más. Un beso negro se apodera de ti. Mientras mis dedos te penetran como una máquina de placer. Quien diría que una mujer como tu despertaría esta llama ardiente en mi. Esto va más allá de los años de vida que tienes. Yo lo veo como años de experiencia, locura y deseo acumulado que quieren explotar en el cuerpo de un hombre más joven que tu. Son sólo trece años más que yo, así que no puedes ser mi madre. No hay ningún remordimiento. Así que después de esta sesión de sexo oral te clavare mi miembro dentro de ti, empezando primero dulce suavemente con sólo la punta, mi glande y tus labios jugando a provocar. Hasta llegar al punto donde ya no aguanté más y sin avisarte lo sientas dentro de ti y te haga gritar malas palabras. Quiero darte tan duro y tantas veces que quiero verte llorar, quiero escucharte pidiéndome clemencia, quiero que desees haberme conocido hace 10 años atrás.

Quiero verte arrancar las sábanas de tu cama con cada embestida que te de. Quiero verte golpear el colchón cada vez que sientas mi miembro dentro de ti y no lo soportes dentro de tu culo. Quiero que gimas, que grites mi nombre una y otra vez, hasta que te grabes quien es tu nuevo dueño. El dueño de cada orgasmo que expulsa tu cuerpo. El dueño de tus gemidos y de tu piel.
Quiero sentir la fragancia de tu piel mientras te beso. El olor de tu pelo al despeinarte con cada sacudida. Unir tu cuerpo y el mío en uno sólo, mezclando tu lujuria con la mía. Es fascinante hacerle el amor a una dama, a toda una señora, pero que se transforma en una sumisa del sexo cuando toca mi cama. No importa cuantos años tienes, lo que importa es cuantos de estos los disfrutaste a plenitud y los que aún te faltan por vivir. Como siempre te dije, VIVE.

Vive las aventuras que nunca viviste antes, haz las locuras que nunca antes te atreviste a hacer. Cumple cada una de tus más perversas fantasías.

Déjate llevar a un mundo sin límites y sin control, donde yo soy el dueño de todas tus fantasías y tu eres mi esclava…

Continuará…

Mi Esclava

Karina5-UB

Mi fantasía dorada…

Esa cara de niña buena con cabellos dorados, pero con mirada de mujer picara e insaciable en la cama, me ha hecho imaginar tantas historias donde nuestros cuerpos se vuelven protagonistas y se entregan en una batalla de pasión y placer. Muchas veces pienso en solo pedirte que me cumplas un deseo, regalarme una noche, una nada más. No te pido mas, que me des tu mano y te dejes llevar, entra en mi mundo. Haré que repitas tanto mi nombre que te aseguro que no lo olvidarás. Quiero verte desnuda y exhibiendo tu cuerpo por todo mi cuarto. Deseo ver como cada una de tus prendas caen al piso dejando al descubierto tus grandes y hermosos senos, ver las curvas de tu provocativa piel blanca con pequeñas marcas de bronceado de tu traje de baño.

Debo confesar que me tienes loco. Y que tengo ganas de probar tu cuerpo, quiero que mi boca se apodere de ti, que mis manos te recorran por entero hasta verte erizar la piel y endurezcan tus pezones. Quiero disfrutar del momento. Entrégate a mi sin pensarlo y juega conmigo. Te reto. Así como tu me haz retado a mi en varias ocasiones. ¿A que le temes?
¿A que me vuelva el dueño de tu piel? Quiero que te vuelvas a sentir viva, quiero que expreses tus ganas, tus deseos, tus fantasías. Quiero hacerte sentir lo que ningún otro hombre te ha hecho vivir. Placeres que van más allá de lo que ya estas acostumbrada, sensaciones que a partir de ese momento querrás sentir siempre.
Cada vez que te miro a lo lejos, lo hago para analizar cada parte de ti. Cada curva de tu piel, cada expresión de tu cuerpo. Como hablas, como caminas, como te expresas, hasta cómo disfrutas de un buen perfume rociado en tu cuerpo. Como degustas y saboreas al comer algo rico. Detalló cada parte de ti. Conozco cada parte de ti. Y por esa razón se bien que te gusta y que no.
Te imagino disfrutando de un buen baño de espuma, en un jacuzzi blanco con grifos dorados. Con música de ambiente suave y preferiblemente alguna canción que te sepas y puedas cantarla a viva voz. Si este baño va acompañado de una botella de champaña mejor aún. Y adicionalmente algo para picar y degustar en el paladar. Te veo acariciando tu piel con tus manos y una esponja haciendo mucha espuma mientras tu dulce voz canta y tu boca sonríe. Sonríes porque estoy presente, sentado mirándote, disfrutando con solo verte. Me seduces. Enjabonas tus brazos, tus piernas, lo único que me dejas ver, ya que te encuentras debajo de mucha espuma. Y sin quitarme la mirada de encima sigues cantando y acariciando tu piel. Tu voz cada vez suena más sensual, casi orgásmica. Es cuando te pones más erótica, empiezas a jugar con tu pecho escondido bajo esa espuma pero dejas ver el movimiento de tus manos acariciándolos. Tus ojos se cierran un poco, humedeces tus labios, y de pronto me haces ver que una de tus manos baja a tu entrepierna y comienzas a darte placer. Tu cabeza se inclina hacia atrás. Dejas de cantar… Ya no puedes controlar tu respiración acelerada. Tus labios empiezan a ser mordidos en algunos instantes, en otros sólo tú boca queda entre abierta. Dejando salir uno que otro suspiro, uno que otro jadeo, y una que otra sonrisa pícara al mirarme y saber que me tienes estupefacto. Te veo acelerar los movimientos y los gemidos que salen de tu boca. Ya los acompañas de palabras y murmullos. La espuma se está desapareciendo ya empiezo a ver tu cuerpo desnudo, primero ese par de senos sexys y provocativos como un par de jugosos melocotones. Tu los acaricias al ritmo de la música con tu otra mano. De pronto ambas manos estaban jugando erótica y provocativamente con ambos senos, acariciado tus pezones y recorriendolos con gran placer.
Ambas manos se van a tu entrepierna y después de unos segundos un gemido se apodera de ti…
Seguido, una carcajada y tu cara de maldad mordiendo tu labio inferior. Te pones de pie dejándome ver tu cuerpo húmedo y aun con algunos rastros de espuma. Abres la ducha, y empiezas a enjuagar tu cabello rubio dejándome admirar cada una de tus curvas mientras tus manos te recorren con picardia durante este baño placentero.

Me pides que te acerque la toalla. Mi mano temblorosa la toma y casi se me cae. Te das cuenta que descontrolas mis sentidos. Así que tomas una crema corporal, la untas en tus manos y empiezas a recorrer tus brazos y piernas, haciéndolo de forma lenta y como si quisieras provocar que mi mente y cuerpo explote del calor que me provocas. Luego tus manos pasaron la crema por tu abdomen y tus manos llegaron a tus enormes senos, y volviste a sonreír maleficamente con gran picardia.

«-¿Quieres ayudarme?» – me dijiste pasándome el envase de la crema y sonriendo nuevamente.
«-Solo podrás ponerme crema en los lugares donde mis manos no puedan llegar ok.» – dijiste con voz sexy.
«-¿Que creías? Que me ibas a tocar «las niñas», se que mueres por hacerlo, se que quisieras tenerlas en tus manos, en tu boca. ¿Crees que no siento tus miradas de deseo? Se que te gusta jugar, así que prepárate para jugar conmigo. Quiero ver que tanto podrás soportar tenerme cerca de ti sin desear lanzarte encima de mi. Ya te lo he dicho antes, se que quieres hacerme tuya. No te hagas el duro. Me deseas.» –

Yo solo tome la crema, te di la vuelta, y empecé a darte un masaje en la espalda y hombros. Pero tu empezaste a suspirar con cada caricia. Hacías que mi mente volará. El deseo me invadía. Pero con tan solo el olor de tu piel despertabas mis instintos. Te sujete de pronto por el cabello. Y con voz sexy y susurrante dijiste: -¡Dominame!

Me aferré a tu cabello cual si fueras una potra salvaje. Te acerque a mi cuerpo para sentirte muy cerca, poder sentir tu calor. Poder escuchar tu respiración. Mi boca se adueñó de tu oído y mis dientes deseaban comerse tu oreja y tu cuello. Una de mis manos por fin se aferro a tus hermosos y atractivos senos. Suspiraste fuertemente, tus manos sujetaron las mías y me ayudaste a recorrer tu figura, guiándome por donde querías sentirme. Mi erección fue evidente. Ya tus nalgas rozaban con malicia mi miembro. Te acerque al lavamanos. Y mientras nuestros ojos no dejaban de verse reflejados en el espejo te tome de la cintura y te penetre con suavidad, estabas muy húmeda, tu boca se entre abrió y tus ojos se cerraron. Te inclinaste un poco hacia abajo para sentirlo más profundo. Y con voz susurrante dijiste: «-No pares. Ya me tienes donde querías».
Una ola de perversión me invadió en ese momento. Mi cuerpo estaba en el lugar correcto en el momento correcto. Mis embestidas contra tu cuerpo generaban más placer y lujuria en nosotros. Tus gemidos alborotaban mi mente. Y cada segundo era mas fuerte, más placentero, más incontrolable. Verte gritar palabras sucias me calentaba cada vez más. Se que tu disfrutaba más por mi expresión en la cara que por todo lo demás. Cuando levantaba la mirada y me veías por el espejo tu sonrisa de maldad y perversión lo explicaba todo. Tus caderas se movían con más rapidez, tus gemidos eran más profundos, querías acabar conmigo en pocos minutos, dejarme sin aliento. Pensabas que había caído en tu red… y no era así.
Cuando estuve a punto de explotar que me llevaste al borde del éxtasis… me detuve.
«-¿Qué pasó?»- Dijiste de inmediato.
Te tome del cabello fuertemente. Y mirándote a los ojos te dije: «-¿Estas lista para entrar en mi mundo?» – Tu solo sonreíste y dijiste con voz de ramera: «-Haz lo que quieras conmigo papi…»
Te lleve a la cama y de forma salvaje te lance en ella. Y empecé besándote desde los pies. Disfrutando cada dedo. Pero descubrí que las cosquillas invadían tu cuerpo. Así que tuve que amarrar cada mano y cada pierna. Tu solo me mirabas con asombro como queriendo detenerme pero al mismo tiempo deseabas experimentar aquella escena.

Allí estabas atada y a mi merced. Podía besarte y tocarte con suavidad y tu no podías hacer nada… mas que disfrutarlo. Empecé a subir por tus piernas con mi boca usando mi lengua para saborearte y ver como empezabas a temblar, sabias bien que mi boca tenía un primer destino fijo… tu sexo.

Cuando casi estoy por llegar, un escalofrío te invadió, un suspiro largo y profundo seguido de una mala palabra que no voy a escribir explotaron de tus labios. Fue cuando mi boca entró en contacto con la humedad de tu sexo. Sentir esa fragancia de perfume erótico y afrodisíaco que emana tu cuerpo me llevo a sentir el más emocionante orgasmo mental que hacía que mi cuerpo te deseara aún más. Disfrutar del sabor a miel de tus jugos, escuchar cada una de tus respiraciones profundas y algunos gemidos iban haciendo el ambiente cada vez más caliente.
Mi boca se encargó de hacerte sentir un pequeño orgasmo que te llenó de pasión y te hizo hablar: «Qué vaina más buena… no pares por favor… Dios mio… ¿por que esperamos tanto para vivir esto? Conoces mi cuerpo como si antes hubieras estado conmigo… Desatame por favor, sueltame las manos… DIOOOOOOS!!» Está última palabra la dijiste gritando y tratando de soltarte.
«-¿Qué sucede mi catira, no me digas que no aguantas estas mínimas caricias? Si apenas estoy empezando a descubrir tus debilidades y aun no te tengo donde quiero…» y pasando mi lengua lentamente por tu clítoris logre hacerte gemir y que empezaras a tener de nuevo varias contracciones. Mi barba te rozaba levemente los labios después que mi lengua los humedecía. Mi nariz podía percibir ese aroma sexual que brotaba de tu vagina. Mi corazón se aceleraba segundo a segundo. Mi cuerpo sólo pedía devorarte sin piedad. Hacerte perder la cabeza, hacerte sentir lo que ningún otro hombre te ha hecho sentir antes. Llevarte a los límites del deseo y la pasión, del placer y la lujuria, llevarte a mi mundo. Cumplir cada fantasía que tuve contigo deseándote en silencio.
Te solté las ataduras que no permitían utilizar tus manos y tus piernas. Fue como liberar una fiera salvaje, me atacaste inmediatamente cual felina sobre su presa. Te posaste sobre mi cuerpo y tomaste el control de mi sexo. Tus movimientos eran de una mujer insaciable y vengativa.
«-Eres mío ahora» – me dijiste nuevamente con sonrisa de niña haciendo una travesura. Y eso es lo que más me encanta de ti, ese rostro de niña buena e inocente, y ese cuerpo y actitud de mujer fatal que te hacen pensar en cada aventura atrevida.
Mis manos se adueñaron de tus caderas, aferrándome con fuerza y controlando tus movimientos de pelvis. Mis ojos no se despegaban de tus sensuales pechos, ni de tu boca y cada palabra sucia pero erótica que salía de ella. De pronto llevaste tus pechos a mi cara y empezaste a jugar con ellos sobre mi boca. Disfrutabas con solo verme, lo se. Sabes que me vuelven loco con solo verlos ya puedes imaginarte como me tenían al tenerlos sólo para mí.
Te empuje y cambiando de posición me subí sobre ti. Trataste de soltarte. Muy en el fondo sólo deseabas sentirte dominada y controlada, pero querías luchar, no te ibas a entregar y ya. Forcejabas conmigo. Eso me emocionaba cada vez más. Y tu lo Disfrutabas más que yo. Hasta que logre penetrarte de nuevo y empecé a moverme e inmediatamente te quedaste inmóvil. Levante primero una pierna tuya y la lleve a la altura se mi hombro. Una de mis manos apretaba tus pechos la otra sostenía tu pierna a lo alto. Y mi boca te mordía levemente el pie, pequeños mordiscos que se intensifican al mismo ritmo de mis embestidas dentro de ti. Tome ambas piernas y las lleve a lo alto, te coloque una almohada debajo de tus nalgas y te dije: «-Quiero que me regales un orgasmo» y mis embestidas empezaron a ser mas fuertes y profundas. Lleve ambas piernas a mi hombro derecho y te daba cada vez más fuerte. Cuando empecé a escuchar tus gemidos me acelere más, así que te abrí de piernas y me pose sobre ti besándote con pasión. Diciéndote lo mucho que te deseaba, lo mucho que me encanta verte y tocarte. Decirte: «-Eres mía… dímelo. Quiero escucharlo de tus labios… sabes que eres mía carajita. Se que soñabas con tenerme en tu cama y hacerme tuyo. Regálame tus gemidos, quiero ver que tan puta puedes ser conmigo ¿O lo tuyo eran sólo palabras y provocaciones?» – Así que me pegue a tu oído y empecé a hablarte sucio…
«-Anda perrita, hazme explotar de placer. Clavame tus uñas en la espalda y marcame. Muerdeme! Hazme tuyo! Gime como zorra para mi…»
Tus gemidos se incrementaron. Tu cara de perversidad era única. La humedad de tu entrepiernas, fabulosa.
Fue cuando de pronto sentí que tu frente se pegaba con la mía como queriendo frotar y sacar chispas. Tu boca empezó a devorarme y a morderme con fuerza. Y empezaste a hablarme sucio como tanto lo deseaba… no deseaba que acabara el momento. Como no deseo que acabe este relato… pero esta vez, esta historia llega hasta aquí. Pero de seguro continuará…

 

Foto: Modelo Karina Ortega

encima

Pues toma para que te enamores (Parte 2)

Se que la vez anterior nos quedaron muchas cosas por vivir. Y esta vez vine dispuesto a liberar todos tus sentidos. Quiero que mi voz sea cómplice de tus fantasías. Que te traslades junto a mi a un mundo lleno de emociones extremas, a la frontera de la realidad y la fantasía. A un lugar de la mente donde al igual que en los sueños, sentirás cada una de mis caricias, cada uno de mis besos, cada susurro hará estremecer cada rincón de tu cuerpo. Sólo debes escucharme. Dejarte llevar.

Trasladate conmigo a un cuarto amplio, de paredes y sábanas blancas, que al igual que hojas de papel escribiremos con nuestros cuerpos nuestra propia historia de pasión y deseo.
Tu, con tu piel trigueña, cabello negro azabache, unos labios seductores y provocativos, esos que con sólo verlos hablar te hacen fantasear con tantas cosas, verlos siendo humedecidos por tu lengua juguetona y a veces hasta mordidos de manera sexy por tus dientes, imagino que lo haces cuando pasa por tu cabeza alguna idea loca y atrevida. Tu mirada, esos ojos negros que cuando te miran sientes como si no pudieras separarte de ellos, pero sólo logras librarte temporalmente cuando miras a otro par… Si (pausa) el par que llevas debajo de la blusa, ese par que es capaz de controlar y robar mis miradas. ¿Que fascinación existe entre mis ojos y tu pecho? ¿Por qué muchas veces no puedo casi ni dominar mis propios ojos? Que poder mágico poseen ellos que con sólo mirarlos son capaces de acelerar mis pulsaciones y hasta producirme erecciones. Sobre todo en esos instantes cuando caminas y las vez moverse al ritmo de tu andar. Son como unos melocotones listos para ser saboreados con placer, degustados con pasión y devorados con locura. Y mientras lo hago, tu boca susurraría mi nombre y unos leves gemidos se te escaparían sin control.

Mi boca quiere seguir explorando tu cuerpo, seguir descubriendo los sabores, olores y texturas de tu piel. Quiero recorrer tu abdomen y encontrarme con tu ombligo, el centro de tu cuerpo, quiero lamer con sumó detalle y placer de allí y hacia abajo hasta cruzarme con tu sonrisa vertical.
Una explosión de mis sentidos emerge en ese instante. Mi olfato puede sentir cada feromona que emerge de tu piel. Ese olor a placer y lujuria incontrolable que te convierte en fiera salvaje. Tus jugos de placer y mi saliva se mezclan en un cóctel de lujuria en mi boca. Tu movimientos de pelvis ayudan a mezclarlo con ayuda de mi lengua. Tus gemidos me indican que le falta un poco más. Así que mi cálida lengua se aproxima inquieta y juguetona, cerca muy cerca de ese botón de encendido. Y con sólo unos leves movimientos empiezo a ver como tu cuerpo comienza a cambiar de posturas. Ya tus manos quieren dominarme aferrándose a mi cabello. Tus piernas se abren y se cierran, tu espalda se encorva hacia atrás y hacia adelante, tu cuerpo empieza a vibrar y tu respiración se entrecorta. Los suspiros se adueñan de ti. Explotas, un orgasmo se adueña de tu cuerpo entero y la pasión se apodera de ti. «Que rico» me dijiste apenas susurrando, y con tus ojos llenos de fuego. Y lanzándote encima de mi decidiste cambiar de posición. «Ahora me toca a mi» me dijiste aferrándote a mi miembro con tu mano derecha mientras la izquierda arreglaba tu cabello. Humedeciste tus labios y mirándome fijamente acercaste tu boca suavemente a mi sexo. Yo podía sentir esa boca húmeda y caliente devorándome. Tu lengua y tus labios empezaron a jugar de forma increíble, haciéndome sentir sensaciones que jamás me habían hecho vivir. Mi miembro cada vez lo sentía más duro y mis latidos se aceleraron fuertemente. En ese instante una garganta profunda se adueño de mi, y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, lo repetiste en varias ocasiones, sabías que eso era mi debilidad, sentía tu mirada disfrutando de como hacías retorcerme en la cama. De pronto te detienes y usando tu pecho, envuelves mi miembro todo húmedo y jugoso gracias a tu boca y empiezas a moverte masturbándome con tus grandes senos. No dejas de mirarme. Sólo sonríes con gran picardía y muerdes tu labio inferior. Y me dices con voz seductora: «ya quiero sentirte dentro de mi, ven, siente como me tienes…» Y llevando mi mano entre tus piernas pude sentir como estabas de húmeda y caliente. Vi como cerraste los ojos y dejaste que mi mano te acariciara, mis dedos jugaban al placer contigo. Tu boca se abrió levemente, acompañada de un susurrante gemido. No deseabas abrir los ojos.

«Ven, bésame…» Dijiste en esta face de éxtasis que se apoderaba de tu cuerpo. Y tus labios y los míos se fusionaron en un beso profundo y apasionado. Degustando y saboreando cada labio, acariciando nuestros rostros, rozando nuestras narices con ternura, uno que otro mordisco se escapaba para seguir encendiendo la pasión que llevamos dentro. Ese deseo escondido que nos enciende. «No pares de besarme» te dije mientras mi mano aún seguía dentro de ti. Mi pulgar acariciaba sutilmente tu clítoris, el índice rozaba tus labios y el medio y anular estaban en busca de tu punto G dentro de ti. Estabas muy húmeda, y eso me encanta, me excita cada vez más.
De pronto con el poco aliento que te queda me dices: «Ya no puedo más, necesito que me penetres ¡ya!».

Tuve que complacerte, como genio debía cumplir los deseos de mi ama. Así qué abriendo tus piernas me acerque a ti, y empece primero rozando tus labios con mi miembro, envolviéndolo con tus jugos para lubricarlo. Verte morder los labios me ponía muy caliente. Tus manos empezaron acariciar tus senos. Es increíble, es sexy verte tocar, las apretabas, las pellizcabas un poco, ver como tus uñas largas dejaban huella en tu piel se volvía en un fetiche para mi. Así qué empece a penetrarte suave y dulcemente, cada centímetro que entraba te hacia estremecer cada vez más. Respiraste profundo cerrando tus ojos y dejando caer tu cabeza hacia atrás soltaste un siseo de disfrute y placer. Seguido de un «waoooooooo» largo y profundo. Así que a partir de ese momento mis embestidas a tu cuerpo empezaron a acelerar. Subí tus piernas a mis hombros, así podía besar tus pies mientras te seguía penetrando. El vaivén de tus grandes senos al compás de los movimientos de mi cuerpo lo hacían parecer un baile erótico con coreografía.

«¿Sabías que algunas mujeres tienen un segundo punto G en los dedos de los pies? Vamos a averiguarlo» te dije sonriendo.
Y mi lengua empezó a averiguar uno a uno cual de todos era el dedo más placentero. Una descarga eléctrica se desprendió de tu cuerpo cuando metí en mi boca algunos de ellos. Ya tu cuerpo no sabía a cual de los dos placeres atender. Así que te pedí que acariciarás tus senos mientras hacia todo esto. Activamos todos los sentidos. Por eso te pedí que no dejaras de gemir o de hablarme. Podía verte, tocarte, olerte, degustarte y oírte. Quería disfrutarte al máximo. El placer debía ser completo, con los cinco sentidos activados. «Quiero que llegues dentro de mi» me dijiste mirándome con tus ojos encendidos en llamas. Cambiamos de posición, me senté en la cama y te subiste encima de mi y tus piernas abrazaban mi cintura. Podía dominarte, sentir tu espalda y nalgas entre mis manos. Ver el brincar de tus senos con cada movimiento de tu cuerpo. Y podíamos besarnos sin control. En ese instante ya eran más mordiscos que besos, más nalgadas, aruños y apretones que caricias, una euforia nos domina. Ese punto donde siente que no tienes el control ni de tu cuerpo ni de tu mente. Tus movimientos de cadera me llevaban al límite, y te dije que estaba a punto de explotar. «Yo también, pero quiero llegar contigo» dijiste mordiéndome la oreja y sin dejar de moverte lujuriosamente. «Que rico me lo haces… No quiero dejar de sentirte dentro de mi.» De pronto un explosivo orgasmo empezaba a adueñase de mi cuerpo y te dije: «No pares que me vengo morena» y me aferre a tus nalgas con fuerza para apoyar tus movimientos. Tu boca se abrió levemente y tus ojos se cerraron, un profundo gemido se aproximaba, tus uñas se adueñaron de mi espalda. Una de mis manos se quedo sobre tu espalda y la otra se apodero de tu pecho mientras arqueabas tu espalda hacia atrás y dejabas que el orgasmo se adueñara de ti. Yo podía sentir como tus piernas me apretaban con fuerza y temblaban mientras aún tu pelvis no dejaba de moverse disfrutando cada segundo de esa explosión de placer y deseo. El sudor corría por nuestras pieles. Caímos exhaustos ambos satisfechos por esta sesión de pasión y sexo sin control. Yo no deseaba rendirme, esto no se acaba hasta no poder moverte de la cama. Así qué aprovechando el instante empece a morderte suavemente por la espalda intentando cruzar la línea entre el dolor y el placer. Continúe haciéndolo por todo tu cuerpo hasta llegar a tus caderas, como no volverte loco con las curvas de tu cuerpo. Te pusiste en cuatro, y dijiste con gran picardía: «Quiero que sigas»

Continuara…

 

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Tienes un no se qué… (Parte 2)

Definitivamente es que cada vez que miro ese lunar en tus labios solo me provocas más. Que tiene esa boca tuya que al verte hablar me vuelve loco. Que tiene esa mirada profunda que al verla siento que me ahogó en tu ser. No sabes cuanto me provocas cada vez que nos vemos de frente, me saludas con un beso y un abrazo, dejándome tu perfume tentador en mi piel. Algunas veces tu picardía te domina, y haz sido capaz de tocarme, de rozar algunas partes de mi cuerpo. Ya hasta creo que sabes que me vuelves loco con sólo hablarme al oído. A veces siento ganas de olvidarme de donde estamos y simplemente dominarte, tomarte de la cintura y pegarte a mi cuerpo. Que sientas como me pones muchas veces cuando te acercas demasiado a mi. Que notes con tu propio cuerpo como cambia el mío al tenerte tan cerquita mío. Es sentir tus nalgas entre mis manos, apretandote, clavandote mis uñas como queriendo rasgar tu pantalón. Desear besar tu cuello y sentir como tu respiración se acelera, es escuchar tu voz pidiéndome que te haga mía. Es adueñarme de tu cuerpo completamente desnudo y hacerlo hasta quedar sin aliento. Es volver a darme cuenta que esto es sólo una fantasía. Es volver a decirte: «Dame esa oportunidad de descubrir cual es ese no se qué que tu tienes…»

 

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El tiempo pasa, el deseo permanece…

Esta historia entre tu y yo empezó hace muchísimos años atrás. Cuando éramos sólo unos jóvenes que aunque las hormonas estaban explotando fuimos incapaces de acercarnos lo suficiente como para por lo menos darnos una buena sesión de besos, de simples caricias o quizás de hacernos el amor con la ropa. Pero todo quedo en sólo miradas picarás, una que otra conversación. Y alguna coincidencia ya que no vivías por allí, sino que sólo ibas de visita en vacaciones. Eso lo hacía más difícil y emocionante. Verte algunas tardes sentada con tus primas en el frente de la casa, y yo sin tener la fuerza o seguridad para acercarme a ti. ¿Recuerdas? Confiésalo, pensabas que era un cobarde, penoso y lento joven que no se atrevía a hablarte. Como no sentirse intimidado con tus grandes ojos y pestañas, esa piel canela, y una radiante sonrisa. Sin dejar de lado esa figura, ese cuerpecito que siempre miré de lejos. No fue hasta unos años después que hasta bailamos juntos, ya eras toda una mujer en todo el sentido de la palabra. Eras madre. Pero tu seguías igual de radiante, y más voluptuosa que la última vez. Se que sonreíste, y si, como dejar de ver tu escote ese día, si fue imposible quitarte la mirada de encima esa noche. Teníamos mucho tiempo sin vernos, y sonreíamos como la primera vez. Como si nos hubiésemos hablado toda la vida y ya hubiésemos compartido muchas cosas juntos… Pero no, era increíble que ya habían pasado unos años, cada uno había hecho sus vidas y presentíamos que aún había algo pendiente por descubrir… Te veía bailar con otros hombres, te miraba cuando te sentabas, te seguía con mi mirada. Esperando una señal de ti. ¿Que me pasaba por la mente? Debía era secuestrarte y listo, ¿verdad? Pues lamentablemente eso no fue lo que hice. Te deje ir. Se acabo la fiesta y te vi partir. ¿En qué rayos pensaba?

Ahora es que me siento y me imagino las cosas que pudieron pasar. Por qué nunca te lleve a una habitación, donde podíamos estar solos tu y yo, mirarnos frente a frente, sentir como nos desnudamos con la mirada, hasta quedar sin ropas de verdad. Por qué no te acosté en la cama y te bese desde la planta de tus pies con dulzura. Acariciando tus piernas, recorriéndolas con mis labios, mi nariz, sintiendo cada vez más ese aroma, ese olor a sexo que nos vuelve locos. Mi boca se acercó cada vez más rápido a tu entre pierna. Mis labios empezaron a jugar con tu sexo, un oral dedicado sólo ha hacerte sentir complacida, hacerte sentir deseada, hacerte gemir con gusto, con gran placer. Degustar cada milímetro de tu dulce vagina, mi lengua te exploraba, te descubría. Empece a encontrar tu punto débil, notaba como suspirabas profundamente, y como se escapaba uno que otro gemido. Aún no te liberabas, aún sentías algo de pena. Mis dedos empezaron a apoyarme en darte placer, lentamente empece a penetrarte con dos de ellos. Estabas muy húmeda, así que entraron sin dificultad. Mis movimientos eran lentos y muy suaves. Mi boca y mi nariz se encargaban de seducirte por fuera… Mientras mis dedos te hacían el amor. Tus manos se adueñaron de tus pechos apretándolos con mucha pasión, acariciabas tus pezones, y de vez en cuando los apretabas con fuerza. Me levanté un poco y sin abandonar tu vagina con mi mano, acerque mis labios a tus grandes senos naturales. Y empece a disfrutar de un dulce sabor y una suave textura, que alimentaban cada segundo más mi deseo. Tu boca se abría al verme succionar aquellos pezones, no podíamos dejar de vernos a los ojos. Empece a morderte muy sutilmente. Inmediatamente empezaste a morder tus labios y a gemir más fuerte. Mis dedos empezaron a moverse más de prisa. Así que introduje un tercer dedo para apoyarme más. Tus caderas empezaron a moverse con mas intensidad. Me tomaste de la cara con ambas manos y me llevaste hasta tu boca, me besaste con locura. Y con voz suave y dominante me dijiste: «hazme tuya».

Me puse al frente de ti, abrí tus piernas, y las alce a la altura de mis hombros, mire tu vagina, mordí mis labios, sonreí… Y empece a penetrarte suave y profundamente. Te aferraste a las sábanas de la cama y gemiste. Mis manos se apoderaron de tus tobillos, abrí tus piernas, y mis caderas empezaron a moverse con mas intensidad. Tu sólo cerrabas los ojos, y abrías la boca para respirar, y por algunos instantes me mirabas con deseo, y me susurrabas un «no pares» y un «estas demasiado rico», palabras mágicas que me llenaban de mas fuerza y pasión. Ahora mis manos bajaron hasta detrás de tus rodillas, una zona muy sensible al tacto suave. Doblaste las piernas, así que las junte y empece a penetrarte con mayor fuerza y profundidad. «Auch!» Gritaste… «¿Me quieres matar verdad?» Y yo con una sonrisa maligna te respondí: «Si, vas a pagar por todo el tiempo que no hicimos nada, por todas las ganas acumuladas, por cada fantasía que tuve contigo» así que me tumbe encima de ti y abrí tus piernas, tu las cruzaste por mi espalda inmediatamente. Y empece a follarte con gran pasión, movimientos lentos y profundos, algunos más rápidos y superficiales. Besos apasionados, haladas de cabellos, mordiscos, gemidos, palabras sucias, estábamos perdiendo el control de nuestras mentes. Nuestros cuerpos mandaban sobré por todas las cosas. De pronto sentí tus uñas clavarse en mi espalda, y un grito casi mudo salía de tu boca, y unos movimientos temblorosos se adueñaron de tus caderas. «Que rico….» Suspiraste sin soltarme por un instante. «necesitaba sentir esto desde hace mucho tiempo».

Y empezaste a besarme con mucha dulzura y pasión. «No quiero que esto termine…» Dijiste después de otro suspiro profundo. Me volteaste, dejándome boca arriba, y te subiste encima de mi, introduciendo mi miembro dentro de ti. Tus caderas se movían de arriba a abajo con mucha suavidad, tus manos acariciaban tus pechos, las mías tus caderas y nalgas. De pronto empezaste a moverte con mucha rapidez, y gemidos salían de ti cada vez más profundos. Una de mis manos se acercó a tu boca, y uno de mis dedos jugó con tus labios. Me mordiste inmediatamente, y succionandolo cual sexo oral te viniste de nuevo, esta vez con mayor expresión en tu cara. Y mordiendo mi mano, como queriendo desahogar tensiones. Eso me encantaba. Terminaste encima de mi, sentía toda tu humedad recorriendome por mi miembro. Te levantaste, y bajaste a ver como estaba. Lo apretaste con tus manos, y mirándome me dijiste: «¿y el no piensa acabar? Necesito ver que acabes para mi…» Y abriendo tu boca, lo metiste como una Chupeta y empezaste a saborearlo, tu lengua jugaba con sus movimientos, tus labios con sus sonidos. De pronto una garganta profunda se adueño casi por completo de el, quedándote inmóvil por un instante algo prolongado. El calor de tu boca me tenía a punto de explotar. «Ven la quiero aquí, sobre mi pecho» dijiste mientras te colocabas de lado y me masturbabas con tus senos. «¿O acaso la quieres en mi boca?» Preguntaste con mas picardía y dejando tu boca abierta mientras me mirabas y me masturbabas. No aguante más, tuve algo de tiempo para decirte: «Me vengo» y mi semen cayo en tu rostro y parte de tu pecho, y fue cuando sin advertirlo tu boca se atragantó por completo, chupando y degustando cada mililitro de mi. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, sólo pude aferrarme de tu cabello y dejar salir un pequeño gemido profundo como lo que estabas haciéndome. Quede sin aliento, sin fuerzas. Tu solo sonreías con gran emoción. Estabas complacida y yo aún más. Nuestros cuerpos quedaron exhaustos después de este encuentro. Ahora sólo nos queda abrazarnos y despertar… Ya que todo esto sólo ha sido solo un sueño.
¿Tu no te haces la misma pregunta? ¿Por qué hemos dejado pasar tanto tiempo?

Continuara…

 

 

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Dame un trago…

Recuerdo que te conocí en la barra de un bar en un prestigioso hotel de la ciudad. Allí estabas tu, una mujer joven y hermosa, de piel blanca y hermosa cabellera negra, una sonrisa encantadora y una voz dulce y tentadora, con un acento de la zona andina de mi país. La primera vez que te vi, fueron muy breves las miradas, una amiga me llevo a conocer el lugar, y nos presento, ¿recuerdas? No fue sino hasta la segunda vez que visite ese lugar que rompimos el hielo. Ese día jugaban los eternos rivales del béisbol venezolano, yo iba con mi flamante franela de los Leones del Caracas, y tu mirada no fue nada amistosa. Claro, eres de Navegantes del Magallanes. Te pedí una cerveza y me la dejaste a 40 cm de mi y dijiste con una sonrisa en los labios: «Al enemigo ni agua, pero no creas que te voy a atender VIP, levántate y agarra tu cerveza».

Yo simplemente sonreí y mire a mis amigas que me acompañaban, ellas sólo rieron y una de ellas hasta subió una ceja y se carcajeó, como era de otro equipo contrario al mío también (Tiburones de La Guaira), te apoyo. Esa noche entre tragos y conversaciones, no deje de verte. Mis amigas notaron mi evidente atracción hacia ti, la forma en que te miraba, la manera de hablarte. Llegue al punto de quitarte tu PIN para estar «conectados» y seguir conociéndonos.
Recuerdas que fueron muchas noches las que nos quedábamos escribiéndonos mensajes y enviándonos notas de voz hasta largas horas de la noche. Pero fue aquella noche que hice una pequeña fiesta en mi apartamento junto a unos amigos y tu casualmente me dijiste que ibas rumbo a La Guaira (sector donde vivía) e inmediatamente te pedí que nos acompañarás. Ibas con una amiga y un pana quien era el que manejaba rumbo a las costas de Macuto. En mi apartamento ya se encontraban dos de mis mejores amigas de la oficina desde el día anterior, era casi una costumbre de que todos los viernes iban a mi apartamento a beber toda la noche y luego ir el sábado a la playa. Esta vez nos acompañaban dos panas más, y ustedes tres que venían en camino.

Una noche de rumba, tragos y buena música. Una vista hacia el mar espectacular y una luna llena reflejada en las aguas tranquilas de las playas de Macuto. ¿Recuerdas cuando hablamos de los futuros viajes que querías hacer? Ya llevas varios cumplidos, te faltan sólo unos pocos. Aunque lo que más recuerdo fue aquel momento cuando en plena conversación quise robarte un beso… Me dejaste con las ganas, supiste esquivar la situación, quede como dicen «ponchado» y tu solo sonreías y seguías hablando. Tenemos una linda y hermosa amistad, me dijiste con voz dulce y resaltando lo que se conoce hoy día como «Friend Zone». Pero, en realidad sabías lo que hacías, un rato más tarde me pediste que te sirviera un trago de vodka, así que me acompañaste a la cocina, encendí la luz e inmediatamente tu la apagaste diciendo: «¿Acaso no lo puedes hacer a oscuras?» Mi cabeza empezó a volar, pero creo que no me diste tiempo, cuando apenas te entregaba el vaso con el trago, una de tus manos me tomo del cuello y acercaron mis labios hacia ti, un beso profundo y apasionado se adueño de mi ser en ese momento. En ese instante te tome de la cintura y te levanté, sentándote en mesón del gabinete, era tan intensa y apasionada la situación que recuerdas que volteamos el vaso de vodka y no me dejaste ni secar el asunto. Tu boca se fusionaba con la mía, tus manos acariciaban mi rostro y mi cabello, tus labios me besaban con tantas ganas que sentía como si desearas morder mis labios para comértelos. Tu respiración se aceleró, hubo de pronto un suspiro, y con ambas manos en mi rostro me dijiste: Si eres tonto, ¿creías que no moría por besar tus labios? Sólo quería probar que tanto los deseabas, y saber si te rendirías. En ese mismo instante supe lo apasionada y dominante que eres. Ese instante se acabo al llegar tu amiga diciendo: «Me quiero ir… Vámonos!»
¿Por qué? Se pueden quedar si lo desean, es algo tarde para agarrar carretera.» Y después de una larga discusión logre convencer a tu amiga. Las lleve a mi habitación y les dije que podían dormir en mi cama, yo seguiría atendiendo a mis amigos. Me tomaste de la mano y dijiste: «¿Ya es tarde por que mejor no te acuestas? Aquí cabes» mirándome con tus grandes y bellos ojos.
En ese instante me olvide de mis amigos. Cerré la puerta de la habitación y me dispuse a ponerme cómodo. Me coste a tu lado, tu me diste un beso de buenas noches. Un breve beso en los labios. Dejándome con mas ganas de ti increíbles. Te abrace, y trate de traer tu cuerpo más al mío. Sentía tu aroma, tus feromonas, quería comerte entera. Pero tu amiga nos detenía. Mi mano se deslizó a tu cintura, empece a recorrerte acariciando tu abdomen. Pero me detuviste sosteniéndola y llevándola nuevamente a tu cintura. Y volteando hacia mi diciéndome casi en silencio: «shhhh ¡no!».

¿Como voy a dormir así? Me preguntaba a mi mismo. Esa fue la hora más larga de mi día. Hasta qué tu amiga se levantó y me dijo: «necesito darme una ducha, ¿me prestas el baño?» Me levanté de prisa y le busque una toalla limpia y le dije: «hay agua caliente, tardate lo que quieras» ella sólo sonrió y se fue. Yo me volví a meter en la cama contigo y tu «haciéndote la dormida». Así que sólo me acerque a ti, y empece a besarte suavemente por el cuello, te hablaba dulcemente al oído. Volví a meter mi mano por tu cintura y empece a acariciar tu abdomen, pero esta vez tu mano tomó la mía y la llevo hasta tu pecho dejándome acariciar cada uno de tus senos firmes, tu respiración empezó a acelerarse. Mi sexo a endurecerse. Así que tome una de tus manos y la lleve hasta allí para que notarás mi emoción, tu expresión fue intimidante, me tomaste fuertemente de mi sexo y hablándome entre dientes dijiste: «esto va a ser mío esta noche». Inmediatamente nos despojamos de la ropa, y nos unimos en un solo cuerpo, acariciándonos, besándonos con pasión, con ternura, pero cada segundo aumentaba el placer, la lujuria.
Cuando ya nuestros cuerpos estaban listos para fusionarse, me subí a ti, abriendo tus piernas, y tomando tus manos por encima de tu cabeza. Mordiéndonos los labios empezamos hacer el amor. Por fin nuestros cuerpos podrán explorarse con libertad, tocarnos, sentirnos, complacernos. Entregarnos por completo al placer y al deseo. De pronto tus gemidos empezaron a aparecer, pero te cohibías de soltarlos por pena a ser escuchada fuera de la habitación. Así que una almohada fue quien sirvió de silenciador. Mis movimientos sobre ti cada vez eran más fuertes, mis caricias cada vez más intensas. Y tus manos cada vez me apretaban más hacia ti. Como deseando no separarte de mi ni por un instante. El sudor empezó a adueñarse de nuestros rostros, la respiración más acelerada, pero las ganas se incrementaban cada segundo.

De pronto te soltaste de mi y me volteas quedando tu encima de mi, era tu turno de dominar la situación. Ambas manos sostuvieron las mías, y dejabas caer sutilmente tus senos en mi cara, incitándome a besarlos, a morderlos… pero lograbas alejarlos a tiempo y no logrará mi meta. Eso me desesperaba, deseaba tenerlos cerca de mi, y tu muy bien lograbas cargarme de desesperación, sumando a todo esto tu mirada, tus labios, y tu voz dulce, suave y seductora diciéndome:

«¿Quieres besarlas? ¿Quieres sentirlas? ¿Desde cuándo deseabas tenerlas en tu boca? ¿Desde cuándo deseabas tenerme en tu cama?»

Y al mismo tiempo movías tus caderas con movimientos circulares y algunas embestidas que elevaban mi libido a niveles jamás vividos. Acercaste tus senos nuevamente a mi rostro.
Esta vez si dejando que mi boca jugara con ellos. Mis labios húmedos lograron besar cada uno, apoyado por mi lengua que muy sutilmente recorría tu pezón con movimientos lúdicos que te encantaban. Y muy brevemente lograba morderlos, eso te calentaba aún más. Ya no te alejabas de mi, contrariamente, ya no te separabas de mi. Tu boca por instantes se adueñaba de mis labios y me hablabas al mismo tiempo, haciéndome saber que ese instante lo estabas disfrutando al máximo. Te dejaste caer a un lado de la cama y decidiste darme la espalda, tomaste control de mi sexo y te lo introdujiste en tu vagina húmeda y caliente. Y empezaste a moverte con gran placer, pidiéndome con voz dominante que te halara el cabello. Así mismo fue, tus deseos órdenes para mi. Mi mano se adueñó de tu larga cabellera, mientras la otra acariciaba tu abdomen, tus caderas y tus senos. No pares! Te decía repetidamente, y tu acelerabas y forcejeabas conmigo como queriendo tener tu sola el control. Así que te puse en cuatro para adueñarme sólo yo te tu placer, sentir tus firmes nalgas pegadas a mi, pero tu seguías dirigiendo los movimientos, así que entendí que debía entregarme a ti. Fue allí cuando sentí que estabas próxima a llegar el éxtasis y mis penetraciones fueron de lentas y profundas a ir cada vez más rápidas. Ver como apretabas y tratabas de arrancar las sabanas de la cama, morder la almohada, gemir y tratar de voltear a verme me puso muy caliente.

Así que segundos después de tu explosivo orgasmo no pude aguantar más y me vine dentro de ti, al darte cuenta de esto tus movimiento fueron sensacionales, yo sólo me aferre a tus caderas dejándome lleva por ti, fue increíble. Caí sobre ti ya sin un poco de fuerza. Las gotas de sudor eran interminables, y mi corazón iba a estallar. Tu cara, un poema, disfrutaste más verme así, sin aliento, complacido, exhausto. Me besaste y me dijiste: «estuviste fenomenal» era la cereza que necesitaba esta torta como punto final. Te abrace y nos quedamos un instante más en la cama antes de levantarnos. Muy en el fondo sentía que hubo una gran conexión entre ambos, era nuestra primera vez juntos y parecía que toda la vida lo hubiésemos estado haciendo. O por lo menos así fue que yo lo pensé…

¿Se repetiría? Me preguntaba yo mismo después que te fuiste esa mañana. ¿Tu que recuerdas? ¿Cuantos encuentros fueron después de aquí… Y como fueron? Pues esta historia continuará…

 

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Hasta qué fuiste mía…

¿Recuerdas como empezó todo esto? Yo creo que ni recordamos como fue que nos conocimos. Ya que importa eso. Si no te das el gusto de conocerme, no vas a poder darte el lujo de olvidarme.
¿Recuerdas aquella última vez? Si, esa misma que acabas de recordar en tu cabeza, ya te debo imaginar con la sonrisa en tu boca, esa misma boca que tantas locuras hizo ese día que tanto anhelábamos vivir.
Solo quiero recordar desde el momento en que te pegue a la pared, levante tus brazos y empece a besarte. No en los labios aún… Primero bese cada rincón de tu rostro, de tu cuello, te respiraba cerca, sentía tu aroma, esa fragancia de deseo y lujuria. Tus ojos me gritaban que te comiera a besos. Así qué con leves toques empece a degustar cada uno de tus labios. Sentía como tu respiración se iba acelerando, tus suspiros eran más profundos y prolongados. Así qué te voltee y quedaste de espaldas a mi, tu cara frente a la pared, te tome de las caderas, y te tome del cabello, y hablándote al oído te dije: -Vas a ser mía… –

Tu solo sonreías, esa cara de picardía, esa expresión de «Haz lo que quieras conmigo» me ponía cada vez más caliente. Así qué te tome y te guíe hasta mi cama… Y te deje caer en ella. Tus ojos brillaban como diciendo: Por fin vas a ser mío. Fue en ese momento donde me dije mentalmente: ¿Quien se va a comer a quien?

Y tal cual como lo escribiste una vez en mi teléfono, decidida y segura de lo que estaba haciendo me desabrochaste el pantalón. Adueñandote de mi sexo inmediatamente. Mi espalda se arqueó instantáneamente, esa boquita tuya era tan cálida y suave, los movimientos de tu lengua tan dulces y dóciles que era demasiado romántico para la primera cita. Nuestra primera vez quería que fuera intensa. Por eso te pedí que cambiaras el ritmo. Y con el tono de voz que tanto te gusta que te hable te dije: -Quiero sentirte más atrevida, más salvaje, quiero que te lo comas completamente. Quiero que tu boca me disfrute, que me domine, quiero ver que tan intensa puedes llegar a ser.
Nuevamente tu sonrisa con toque de dulzura malvada volvió aparecer. Tu lengua empezó a jugar conmigo, tus labios húmedos y brillantes se adueñaron de mi sexo. Tus ojos se cerraban y se abrían, manteniendo el contacto con mis ojos. Eso me encantaba. Así qué me empece a retarte. Quiero que te lo comas todo, quiero ver como disfrutas del sexo oral. Tu boca se abría más y más, tomabas aliento y no te detenías. -Eres Tremendo – me decías a penas cuando dejabas de tenerlo en tu apetitosa boca. Y sonreías con tanta malicia y picardía que me ponías cada vez más creativo. Ya te habías dado cuenta lo mucho que me encanta el sexo oral, así que elevaste la intensidad y yo me puse más malicioso. Te tome del cabello, controlando tus movimientos. Sólo por algunos instantes, no puedes quitarle el control a una mujer cuando te hace una felación.

Fue en ese instante cuando decidí quitarte la ropa. O lo que quedaba puesto, uno siempre trata de arrancar parte de la ropa mientras disfruta de los besos. Así qué aproveche este instante para cambiar de posición. Me toca a mi disfrutar del sabor de tu sexo. Aún ni te había tocado y sólo mi aliento acariciaba cada centímetro de ti y ya tus primeros gemidos empezaron a aparecer. Mi lengua hizo aparición, y con sólo la punta empece a rozarte suavemente. No hacía falta humedecerte. Introduje mis dedos dentro de ti, me llenaste de tu dulce néctar del placer. Los movimientos empezaron a acelerase, y tu perdiste el control. Llego el momento de que me sientas dentro de ti. Tome el control de tus piernas desde tus tobillos, y te acomode a mi gusto, me pose sobre ti, y fue penetrandote con suavidad y ternura. Pero como ya lo sabes eso no iba a durar mucho tiempo, ya que tu me inspirabas era un sexo salvaje e incontrolable, la ternura desapareció inmediatamente. Tus pies pasaron a estar en mis hombros, y mis movimientos empezaron a ser cada vez más y más intensos, al ritmo de tus gemidos y suspiros.
-Eres mía… – te susurre
Inmediatamente tus manos empezaron a apoderarse de mi cuerpo, caricias y manoseos se adueñaron de mi. El choque de mis caderas con las tuyas eran cada vez más explosivas. Te cambie de pose, el control era mío. Te puse en cuatro, controlándote por tu cintura con una de mis manos y la otra por tu cabello. Me di cuenta que te encanto que te halara el cabello. «Por fin eres mía» volví a gritar y ambas manos te agarraban las nalgas, y en algunos instantes era imposible no darte una que otra nalgada. Te tumbe y quedándome encima de ti empece a morderte la espalda. Cada centímetro, cada rincón de ti, con mordiscos cada vez más intensos. Al principio gritabas de dolor… Después empezaste a disfrutarlo y me pedías que no parará.
-No me muerdas tan duro- me pediste
-Shhhhh, usted hoy es mía, y el control es mío, y hago lo que quiera con su cuerpo. Ok? Te quedo claro? –
Y tomándote por el cabello nuevamente te lo volví a decir al oído: «Como quieres que te lo diga, ERES MÍA»
Recorrí tu cuerpo, besando, mordiendo, saboreando cada parte de ti. Así qué decidí hacer un 69, lo recuerdas? Cómo me subí encima de ti, y sentías como mi sexo penetraba tu boca y tu no parabas de saborear cada centímetro. Mientras yo jugaba con mi lengua y dedos allá abajo, me tomaste de mis nalgas como controlando el movimiento de mis caderas para no ahogarte. Por eso nos volteamos y deje que tu fueras quien tuviera ese control. El control de moverte a tu gusto. El control que tanto anhelabas. Ese poder de sentirte dueña de mi cuerpo, de ser tu sumiso, que me mordieras, me aruñaras, me tomaras por el cabello. Recuerdas esa sensación? Cuando te pedí que me mordieras en la espalda, cada vez mas fuerte, que me dejaras marcas en el cuerpo con tus uñas, fue cuando te diste cuenta que me gustan las pasiones intensas, donde se encuentran frente a frente el placer y el dolor. Esas sensaciones que te llevan al limite de perder el control. Dominarte al punto de hacerte sentir nuevas emociones, nuevas sensaciones que seguramente nadie lo había hecho contigo antes de esa manera.

Cómo dice el libro de Las 50 Sombras: «¿Así que quieres que te folle otra vez?»

Continuará…