sudor

Sexo, sudor y calor…

¿Te pasa igual que a mi? Hay noches que huelen a sexo, donde nuestros cuerpos solo desean ser poseídos y entrar en una sesión de pasión desenfrenada. Donde sólo deseas arrancarte la ropa y quedar completamente desnudos, es más, creo que ni daría tiempo para esto, y empezaríamos a fornicar con la ropa. Los besos empiezan todo acompañados de pequeños mordiscos y lamidas por cuello y hombros. Nos aferramos de nuestras cabelleras y con la otra mano nos adueñamos de las nalgas del otro. Quiero romper tu blusa y destapar tu pecho y dejarlo a merced de mis labios. Quiero disfrutar de cada uno de ellos, darme el placer de besarlos y lamerlos hasta ver y sentir tu pezón erecto. Quiero con mi otra mano arrancar tu pantalón. Dejar al descubierto tus pantis ya húmedas del néctar del placer. Mi boca no dejaría de besar esos labios tentadores, quiero dejarte sin aliento, sin respiración. Que mis dedos jueguen dentro de ti, tocándote, acariciándote, disfrutándote centímetro a centímetro. Uno, dos, tres dedos en tu sexo, y sigues pidiéndome mas. Tendré que usar un juguete contigo la próxima vez, esos que vibran y te sacan los más intensos orgasmos.

Veo que estas deseosa de mas. Quiero llevarte al punto más alto antes de penetrarte. Así que mi boca empieza a bajar por tu cuerpo. Lamiendo tus senos, mordiendo tu piel. Hasta llegar a tu sexo húmedo y deseoso de placer. Allí empieza una batalla de lujuria y deseo, una lucha de poder, entre tus labios y los míos. Mi boca te consume, te disfruta a plenitud. Tus gemidos y quejidos son referencia de que lo estas disfrutando cada vez más. Tus manos se aferran a mi cabeza controlando ciertos movimientos, siento como me clavas las uñas por el cuero cabelludo. Alzo mi mirada para ver tu cara. Tu boca entre abierta con respiración acelerada, unos ojos llenos de fuego, me daban a entender que no debía detenerme ni por un instante. Mis dientes se clavaban en tu vulva mientras mi lengua te penetra y juega con tu clítoris. Sentir como te vienes en mi cara me hace sentir el mejor amo sobre una dulce sumisa complacida. Saborearte era mi mejor premio. Ver tu piel erizada mi mejor regalo.

Escucharte con voz acelerada por la intensidad del momento, me despertaba los más bajos instintos. Eres mía, así de simple, yo poseo el control de tu cuerpo, de subirte, de bajarte, de hacerte gritar, de hacerte gemir.

Te puse en cuatro, pero no para penetrarte, esta vez quise darte un sexo oral de esos que te dejan sin respiración. Mis labios y mi lengua se darán el placer de saborearte, oler esa fragancia de éxtasis y lujuria. Sentir como mis labios se empapan de tus jugos, ver como las gotas recorren tus piernas sólo hace que mi erección se incrementé cada vez más. Un beso negro se apodera de ti. Mientras mis dedos te penetran como una máquina de placer. Quien diría que una mujer como tu despertaría esta llama ardiente en mi. Esto va más allá de los años de vida que tienes. Yo lo veo como años de experiencia, locura y deseo acumulado que quieren explotar en el cuerpo de un hombre más joven que tu. Son sólo trece años más que yo, así que no puedes ser mi madre. No hay ningún remordimiento. Así que después de esta sesión de sexo oral te clavare mi miembro dentro de ti, empezando primero dulce suavemente con sólo la punta, mi glande y tus labios jugando a provocar. Hasta llegar al punto donde ya no aguanté más y sin avisarte lo sientas dentro de ti y te haga gritar malas palabras. Quiero darte tan duro y tantas veces que quiero verte llorar, quiero escucharte pidiéndome clemencia, quiero que desees haberme conocido hace 10 años atrás.

Quiero verte arrancar las sábanas de tu cama con cada embestida que te de. Quiero verte golpear el colchón cada vez que sientas mi miembro dentro de ti y no lo soportes dentro de tu culo. Quiero que gimas, que grites mi nombre una y otra vez, hasta que te grabes quien es tu nuevo dueño. El dueño de cada orgasmo que expulsa tu cuerpo. El dueño de tus gemidos y de tu piel.
Quiero sentir la fragancia de tu piel mientras te beso. El olor de tu pelo al despeinarte con cada sacudida. Unir tu cuerpo y el mío en uno sólo, mezclando tu lujuria con la mía. Es fascinante hacerle el amor a una dama, a toda una señora, pero que se transforma en una sumisa del sexo cuando toca mi cama. No importa cuantos años tienes, lo que importa es cuantos de estos los disfrutaste a plenitud y los que aún te faltan por vivir. Como siempre te dije, VIVE.

Vive las aventuras que nunca viviste antes, haz las locuras que nunca antes te atreviste a hacer. Cumple cada una de tus más perversas fantasías.

Déjate llevar a un mundo sin límites y sin control, donde yo soy el dueño de todas tus fantasías y tu eres mi esclava…

Continuará…

Mi Esclava

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Tu tan imponente

Cada hombre a lo largo de su vida se encontrará con mujeres como tu, ese tipo de mujer imponente e intimidante. Vamos a estar claros que una mujer de tu tamaño y proporciones es la fantasía de muchos de nosotros. Aunado a esto posees ese encanto seductor de unas pecas que invaden tu cuerpo, es como chispas de chocolate que hacen más provocativo la dulce tentación de tus curvas. Posees unos labios carnosos que más haya de fantasearlos besandome me los imagino recorriendo cada centímetro de mi cuerpo. Una mirada que te pone a volar la imaginación, ver esos ojos café mirándome siempre como si desearas desvestirme. Tu voz, ese tono de seducción que llevas siempre, como si al hablar me hicieras el amor. No se sí haz notado que cuando hablamos hay momentos que dejo de verte a los ojos, es el instante donde huyo de llegar al clímax de mis fantasías contigo. Sobre todo cuando llevas esos escotes que dejan ver el encanto que llevas bajo la blusa, ese par por el que muchos hombres pierden la cordura. Es que poseen el tamaño perfecto, la forma ideal, ese tambaleo tan sexy que tienen al caminar sin dejar de ser firmes. ¿Cuantas veces habré imaginado mi cara allí entre las dos? Creo que perdí la cuenta. ¿Por que sonríes? Si sabes bien que esos son los pensamientos que nos haces tener a todos los hombres. No hay nada más excitante que verte caminar con rumbo hacia mi, preferiblemente con uno de esos vestidos escotados, donde puedo ver tus piernas en todo su esplendor. ¿Sabias que te imagino a lo Sharon Stone en «Bajos Instintos» abriendo tus piernas para mi? Es que posees ese mismo poder de seducción de mujer fatal que me inculco esa película desde pequeño. Te impones donde llegas, tu presencia es capaz de intimidar a muchas mujeres y alborotar a muchos hombres. Aunque puedes causar el efecto inverso, puedes intimidar a hombres como me paso la primera vez contigo. ¿Recuerdas? Esa vez que me invitaste a tu apartamento para hablar de negocios, no puedo negar que eres muy buena anfitriona, recuerdo perfectamente que me serviste un trago de whisky Royal Satule 21 años, mientras tu preferiste un vinito tinto. Conversamos por un rato largo, planes y propuestas para hacer dinero con lo mejor que manejamos, la publicidad. Al darnos cuenta ya era bastante tarde para irme a mi casa. Así que amablemente me pediste que me quedara en tu apartamento. Yo en ese instante ya me hacia durmiendo en el sofá, ya que más temprano me habías mostrado que sólo poseía una sola habitación. ¿Pero cual fue mi sorpresa? Cuando me pediste que te acompañara a tu cuarto diciéndome: «Bueno, esta noche te va a tocar dormir conmigo, de todas formas sabes que yo te veo como si fueras mi hijo, chico, ¡además mi cama es muy grande!» Dijiste sonriendo y con mucha tranquilidad en tu rostro.
Vamos a confesarnos, eso no se hace, en ese instante pasaron mis más alocadas fantasías perversas por la mente. Compartir la cama de lo que hoy día conocemos como MILF, tu sabes, esas mujeres maduras que no dejamos de verlas con deseo por lo sensuales y atractivas que son. Mi cabeza sin haberme metido a la cama ya había mandado la señal a todo mi cuerpo. Me prestaste un pantalón deportivo para dormir. Eso era lo que menos me preocupaba, yo duermo en bóxer donde sea. Mi pregunta era ¿como va a dormir ella? Aunque mi fantasía es verte en babydoll esa noche tenías una pijama de seda blanca. Me dijiste con voz seductora (bueno, yo siempre te escucho así)

«¿Que lado de la cama quieres? ¡Métete chico! Deja la pena, estas en tu casa.»

¿Qué lado quiero? -me respondí mentalmente- Encima de ti. Yo sabía que no iba a dormir ya fuese porque tu te lanzaras encima de mi o porque mi cerebro no dejaría de mandarme instrucciones y fantasías contigo. Como iba a dormir tranquilo con tremenda mujer al lado mío, en pijama, luz apagada, una cama tamaño King y las próximas 7 horas para que amaneciera.

Son cada una de esas curvas las que me hacen delirar los pensamientos, ver tu cuerpo completamente desnudo era mi mayor deseo. Disfrutar con mis ojos cada peca que cubre tu cuerpo, sería capaz de contarlas una a una con mi lengua hasta haberte recorrido toda entera. Tu eres así como un postre de brownie con helado y chispas de chocolate, hay que disfrutarte con calma, degustandote con suavidad, el brownie representa tu lado CALIENTE, ese lado tentador, provocativo, que despierta pasiones y deseos. El helado tu lado FRÍO, calculador, agudo, dulce pero mortal. Todo se mezcla en un excitante sabor con variedad de texturas y temperaturas.
Tus labios, esa boca inspiradora, de besos seductores y adictivos. Esa boca que te besa y te degusta labio a labio, beso a beso hasta dejarte sin aliento. ¿Que otras cosas pueden hacer tus labios? ¿Comerme a besos? ¿Que otra cosa puede hacer tu boca? ¿Devorarme? Devorar quiero yo hacerlo con tu cuerpo, disfrutar cada centímetro de tus grandes y firmes senos, mi lengua jugaría sin control lamiendo cada uno con pasión, mordiéndoles suave y sutilmente hasta escuchar tus primeros quejidos. Mis manos disfrutarían de tocarlos y apretarlos sin control. Los besare y lameré tanto que parecerá que quisiera borrar las pecas que los invaden. Una de mis manos, la derecha para ser más preciso, se desvía del camino y se dirige a tu sexo para explorar como tu cuerpo se derrite por mis caricias. Dicho y hecho, la humedad de tu entre piernas era perceptible. Mis dedos se deslizaban con tanto gusto por tu sexo que en poco tiempo se encontraron empapados de tu sirope de placer, mis dedos no paraban de moverse, alterando tus sentidos, mi boca en tu boca robándote los besos que tanto deseaba, mordiendo esos carnosos labios sin parar. No hubo palabra alguna hasta que susurraste en un instante: -«Quiero sentir estos labios tuyos aquí abajo volviéndome loca»

Así mismo fue, sin pensarlo mucho mi boca se deslizó hasta el medio de tus piernas y empece a complacerte, obedeciendo la primera orden que me diste sin darme cuenta. Mi boca te disfruto al máximo, cada gemido tuyo me mostraba que debía hacer, cada alón de mi cabello me indicaba si debía acelerar o detenerme. Tenías el control de mi cuerpo. Y te dabas placer con el a tu gusto. Yo sólo obedecía cada capricho tuyo.
Si, eras mi dominatriz y deseaba cumplir cada deseo tuyo. Mi cara entre tus piernas pegada a tu sexo había sido mi mayor deseo. Tus gritos, mi mayor afrodisiaco. Cuando medio abría mis ojos para verte, allí estabas, mirándome lascivamente complacida. Manoseabas tus senos mientras me mirabas con morbo. A veces mordías tus dedos de la mano, y en algunas ocasiones llevabas tus senos cerca de tu boca para tratar de morderlos o besarlos, apenas lograbas lamerlos. Eso me calentaba mucho mas, así que mi lengua trataba de penetrarte más allá de sólo lamerte y disfrutar de tu clítoris y tus labios. Un grito seguido de un suspiro quejumbroso invadieron tu cuerpo, estabas llegando al clímax y podía sentir como lo disfrutabas con sumo placer, tu pelvis se movia con mayor intensidad, me aferre de tus caderas y clavando mis dedos en tus nalgas trate de meter mi cara dentro de ti. Mi lengua, mis dientes y mis labios fueron los culpables de aquel orgasmico momento. Ver como te retorcías de placer en la cama era el mayor de mis deseos, pero aún deseaba más. Así que mi intención era penetrarte justo después de esto. No lo permitiste. Diciéndome: «En mi cama mando yo».

Así que me hiciste recostar mi espalda a la cama y te subiste encima de mi, tus enormes senos estaban frente mis ojos y no podía dejar de mirarlos. «¿Te gustan verdad? -dijiste sonriendo con mucha picardía- Siempre lo supe, mi niño a veces se te iban los ojos derechito a mis escotes, pero no se te puede negar que eres un caballero. ¿Pero sabes que? Esta noche no quiero que lo seas, ¡no me respetes tanto chico! – inmediatamente retrocedisteis me llevaste a la orilla de la cama y bajaste al piso hasta tener mi miembro al frente y acercaste tu boca y tus senos, sólo rozándolo, jugando a provocarme. Deslizabas tu lengua de abajo hacia arriba con suma lentitud, eso me estaba torturando. De pronto tus labios se posaron en la punta y empezaste a devorartelo centímetro a centímetro hasta llegar a la base, una garganta profunda. Tu saliva cubría todo mi sexo, lo hiciste varias veces hasta que acercaste tus senos para cubrirlo y hacerme una «rusa», ambos senos arropaban mi miembro gracias a tus manos que apretaban y movían con gran agilidad. Aunque más morbo me daba tu cara, esos labios mordidos por tus dientes y esa boca entre abierta a veces como esperando que explotara en un orgasmo sobre ti. Al cabo de unos minutos así, desististe y cambiaste de posición, dejándome en la misma posición te levantaste y dándome la espalda y dejando ver esas grandes caderas y tan tentadoras nalgas, acompañado de una marca de un pequeñito traje de baño, te sentaste encima de mi, tomaste mi miembro con tu mano y lo llevaste a tu sexo húmedo y excitado.
Ver tu enorme culo moverse encima de mi solo me llevo a poner mis manos en tus caderas. Cada embestida me acercaba más al clímax. Pero era hora de tener algo de control. Así que te tumbe en la cama y te obligue a ponerte en cuatro, pusiste algo de resistencia al principio, pero eso me emocionaba. Te di un par de nalgadas como castigo, eso te calentó aún más. Eras una fiera salvaje deseando ser domada. Tome el control por tu cabello aferrandome a el mientras tu movías tu caderas con frenesí y mi mano derecha te azotaba en cada embestida. Tus gritos y gemidos eran el mayor afrodisíaco, ver como estabas arrancando las sábanas de tu cama y tus manos rebeldes tiraban todo al piso. Otro orgasmo invadió tu cuerpo, empezaste a morder y a ahogar tus gritos en una almohada que tenías debajo de ti. Te alejaste de mi y te retorciste sola en la cama, acariciandote tu misma. Me encantaba verte así. Esta vez fui yo quien hablo: «Aún no he terminado contigo»- Así que te voltee y subí tus pies juntos a mi hombro izquierdo. Ver como te aferraste a la cama mientras te penetraba sin cesar, tus gemidos eran cada vez más fuertes y mis ganas cada vez mayores, el sudor corría por mi frente, goteando al punto de caer en tu abdomen. Mientras tanto tu acariciabas tu cuerpo y me hablabas sucio: «No pares, no pares, quiero que me des mas duro. Me haces sentir tan puta. Dime, ¿desde cuando deseabas cojerme así? –
-Desde el primer día- respondí
-Siempre quise tenerte en mi cama y follarte como nadie. Hacerte gritar. Verte toda puta pidiéndome mas.- te dije mientras no paraba de embestirte.
«Me encanta ver como se mueven tus tetas al ritmo de mis caderas» -te dije casi sin aliento.
«¿Y te gusta ver como me las acarició para ti mientras me cojes tan rico? -Me respondiste manoseandolas y apretándolas con fuerza.
«Quiero verte acabar encima de ellas, te gustaría? – me dijiste con voz muy erótica.
Sería algo así como una escena porno hecha realidad. Una madurita sexy te complace en todas tus fantasías. Así que se me ocurrió otra idea y deseaba ver si me complacerías. De dije: «Quiero que lo hagamos en el balcón, así desnudos los dos con las luces apagadas pero con la intriga de que nos puedan ver de los edificios del frente.»
«Eres un picarón muchachito» me dijiste tomándome de la mano y llevándome al sitio. Me pusiste de pie mientras tu te agachaste de rodillas, y usando tus manos mágicas, tu boca y tu lengua, me diste un oral que jamás había imaginado o vivido antes. Acariciabas cada parte de mi sexo con tu lengua, tus manos me apretaban y masturbaban cada vez más fuerte. No dejabas de verme y decirme: «¡Vente! Lo quiero aquí en mi boca, llename de ti, quiero saborearlo, anda. Fue tan fuerte la escena que no pude más y sólo me dio tiempo de decirte: «Siiii» y un largo chorro de semen empezó a brotar y tu boca jugueteo con mi sexo lamiéndolo y regando mi semen en tu pecho. Tus manos se encargaron de extenderlo por ambos senos manoseandote con erotismo.
«Ni siquiera te voy a preguntar si te gusto… Con esa cara me lo dices todo» me dijiste sonriendo con cara de satisfacción. Yo quede rendido en la cama. Al despertar en la mañana, estabas allí acostada a mi lado, con la pijama puesta y el cabello arreglado. Ya va, ¿todo esto fue sólo un sueño? Justo abriste los ojos y dijiste: «¿Como dormiste gordo? ¡Anoche como que tuviste una pesadilla! Decías ‘No, no, no, no…’ Con voz agitada, estuve a punto de despertarte.»
Menos mal no lo hiciste pensé. Este ha sido el sueño más maravilloso que he tenido. Al final sólo nos levantamos me hiciste desayuno, y yo no podía dejar de desvestirte con mi imaginación. Y revivir en mi mente entre sonrisas esa noche juntos que nunca sucedió.

 

ojos

¿Cómo olvidar tus ojos?

Fueron esos grandes ojos azules como el cielo los que una vez me conquistaron. Esa mirada que al principio era tímida y dudosa, que luego se convirtió en sensual y posesiva. Unos labios tentadores y provocativos, esos mismos labios que siempre los vi hablando y pronunciando cada palabra con perfecta dicción. Ese tono de voz que atraía mi interés cada día más. Esa seguridad al hablar, una firmeza que me hacia fantasear con recibir órdenes de tu parte. Aunque tus intenciones iniciales fueron que saliera con tu hermana soltera, pronto nos dimos cuenta que entre nosotros había algo más allá de una simple tensión o atracción sexual. Así que pasamos de amigos confidentes y consejeros a compañeros de pasión y deseo.
Aún llevo en mi memoria esa primera noche, llevabas un pequeño vestido negro, cabello recogido y un rico perfume que recorría toda tu piel. Después de tantas largas conversaciones y provocaciones, llegaría la hora de tenernos el uno al otro. Una copa de vino dio la bienvenida a esta tan esperada velada. Unos besos largos y profundos dieron inicio a esta excitante historia. Tu boca se adueñaba de la mía, tus labios me devoraban a besos, tus dientes deseaban devorarme a mordiscos y tu lengua… Ella sólo deseaba saborearme.

Empece a recorrer y acariciar tu piel, esa piel blanca y cubierta de pecas que tanto me fascinaba cada vez que te veía. Empece devorandote por el cuello, mientras te susurraba al oído las ganas inmensas que tenía por hacerte mía. A pesar que tu eras mayor que yo, sentía que tenías pena y te invadían algunos temores. Mi meta era quitarte todo los miedos de encima, y la ropa también. Así que nos tiramos en la cama, empece a desvestirte con sutileza, lo cual era muy fácil ya que sólo traías tres prendas sobre tu piel. Primero el vestido negro, que empece a quitártelo de abajo hacia arriba, mientras iba acariciando desde tus nalgas hasta tu espalda. Todo esto sin dejar de besarnos por un instante. Podía sentir los latidos de tu corazón. Tu respiración parecía que hubieses corrido un par de kilómetros antes de entrar en mi cama. Con una mano desprendí el brasier que llevabas puesto, mientras la otra se encargó de lanzarlo lejos de allí. Allí estaba esos senos llenos de algunas pecas sólo para mi. Mi boca no aguanto que mis ojos sólo se deleitarán al verlos por fin completamente desnudos, así que se apoderó de cada uno de ellos besándolos con estrena pasión y deseo. Fue el momento que escuche tu primer gemido de placer. Descubrí lo sensible que eran ese par de melocotones frescos, así que empece a jugar con ellos con mi boca, mi lengua, mis dientes y mis manos. Decidiste despojarme de mi camisa, querías sentir tu pecho con el mío, se que en el fondo de ti lo que querías era romper o rasgar mi ropa. Podía verlo en tus ojos. Abriste mi pantalón y me desprendiste de el lo más rápido que pusiste. Querías adueñarte de mi sexo, tu boca se mostraba impaciente por devorarme. Y así mismo fue, una descarga eléctrica invadió todo mi ser al sentir como tu boca se iba apoderando cada centímetro de mi miembro. Sentir como me saboreabas, como jugabas con tu lengua dentro de tu boca con mi sexo, hiciste que mi respiración se acelerar. Tus manos recorrían mi abdomen, y tus uñas dejaban un leve rastro de por donde pasaban. Te pedí que quería participar y devolverte el mismo placer, que compartiéramos en un 69 y disfrutar de un excitante sexo oral. Tu estabas tan húmeda, que ya tu pequeño hilo estaba empapado, eso me calentó aún más. También paso por mi mente arrancarte y romper ese pequeño trozo de tela. Mi boca se adueño de tu dulce vagina y mi lengua se dio el placer de saborear cada centímetro de ti. Me habías confesado que llevabas algún tiempo sin tener intimidad. Y ese instante confirme lo fogosa y apasionada que puede ser una mujer sin sexo frecuente. Llego el momento de tenerme dentro de ti, tu encima de mi, teniendo el control de cada movimiento, tus caderas en un subir y bajar frecuente, algunos movimientos circulares, acompañados de mordiscos y aruños, gemidos y palabras incompletas no dejaban de salir de tus ricos labios.
-Que rico me haces el amor- me dijiste con voz ajetreada – No sabes lo mucho que te deseaba dentro de mi, no quiero que se acabe este instante. Me tienes loca.
-Y apenas estoy empezando- te dije sonriendo. Así que decidí cambiar de posición, te acosté boca arriba, abrí tus piernas y me pose sobre tu cuerpo desnudo. Te penetre con suavidad y te pregunte al oído si estabas lista para sentirme, respondiste moviendo la cabeza de arriba a abajo. Me aleje un poco y mis caderas empezaron a darte embestidas mientras no dejaba de verte a los ojos, tu boca quedo semi abierta buscando agarrar más oxígeno, a veces te mordías los labios, y aguantabas como la respiración. Agarrabas de nuevo aire y lo soltabas en forma de gemido. Cuando mis caderas se detenían me gritabas casi en silencio: «No pares por favor, ya casi llego».
Al escuchar esas palabras la maldad me invade el cuerpo. Tu sabes bien que a ustedes las mujeres les encanta que las hagan «maldades» en la cama.
Así que te pedí que cambiarás de posición a en cuatro. Así tendríamos ambos el control de movernos a placer. Podía halarte del cabello mientras te penetraba, y además podía acariciar tus grandes nalgas y morder tu espalda.
En ocasiones me quedaba inmóvil sólo para ver como tus caderas se golpeaban con mi cuerpo buscando el placer. Era muy excitante. Fue en ese preciso instante cuando mis manos apretaron tus nalgas fuertemente aferrandome casi con mis uñas clavadas a ti, y tu empujabas con extrema fuerza como deseando ser penetrada con todo mi ser. Expulsando de tu boca un gran gemido acompañado de mi nombre. Arrancaste las sábanas de mi cama buscando liberar energía y gritaste a la almohada con mucha fuerza.
«¿Acabaste dentro de mi?» -me preguntaste con voz extasiada. Te respondí que no…
¿Por qué no llegaste conmigo?- preguntaste casi como sintiéndote poco atractiva.
-«Me haz hecho llegar varias veces, ¿y tu que? Necesito que llegues para mi, quiero verte llegar sobre mi.
Tu boca se adueño de mi sexo, sentir el calor de tus labios junto a la humedad de tu lengua en movimiento hizo que mi miembro estuviera a punto de explotar. Tus manos seguían acariciandome, y tu mirada no se apartaba de mi, aún en la leve oscuridad podía ver tus hermosos ojos claros, tu boca, jugosa y juguetona se atragantaba disfrutando cada embestida de mis caderas. Saboreabas cada centímetro sin querer soltarlo por un instante. Tus manos me empezaron a frotar, tu cara cambio y te convertiste en una fiera indomable. Pedías a gritos que llegara, querías saborear el néctar que llevo por dentro. Así mismo fue, tus delicadas y suaves manos lograron su cometido, un orgasmo invadió mi cuerpo entero y el éxtasis invadió hasta mi alma. Tu boca de encargo de no desperdiciar absolutamente nada. Una sonrisa algo maligna salió de tu rostro, tenías cara de complacida. Habías logrado tu cometido. Y yo exhausto y sin fuerzas, quede tirado en la cama con ganas de sólo disfrutar de esos segundos que te dejan sin respiración y te hacen tocar el cielo en un instante. De allí en adelante sólo provocaba quedar tendidos en la cama disfrutando de esos segundos. Pero tu tiempo estaba contado. Debías irte temprano, te subiste encima de mi nuevamente y me besaste diciéndome: «Me tengo que ir gordo, aunque lo que más desearía es amanecer en tus brazos. Nos vemos mañana, y si mi hermana me vuelve a apoyar te vuelvo hacer la visita. Creo que me vas a tener muy seguido aquí de ahora en adelante.»
Sólo me quedo besarte en los labios y no dejar de ver esos ojos tan hermosos. Yo podía ver tu alegría, tu emoción, esa felicidad que tanto deseaba tu cuerpo y tu alma. Esa despedida fue larga, cada metro hacia la puerta iba acompañado de besos robados, apenas la llama y la pasión estaban empezando. Al subirte a tu auto nos despedimos… Con un beso dulce y apasionado. Esos besos que saben más a amor que a deseo, tu boca y tus ojos me dijeron en ese instante que deseabas más que sólo sexo salvaje.

Continuara…

 

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Señora de las 4 décadas (Parte 3)

Ver tu cuerpo desnudo en mi cama, después de una primera sesión de sexo y pasión contigo elevo mi ego. Sentí que todo hombre en su vida debería empezar experimentando en el mundo sexual con una mujer con más experiencia que el. Desde qué estuve contigo esa noche empezó otra etapa de mi vida. No era solo vivir la aventura, era saber disfrutarla. Era complacer los deseos, las fantasías, saciar las ganas. En ese instante después de descansar un poquito recuerdo que me dijiste: -Quiero que me hagas gritar…- Para mi fue «una orden» e inmediatamente empece a besarte por el cuello susurrándote al oído: – Ahora me toca a mi, estas lista? – y empece a morderte suavemente cada rincón de tu cuerpo, te recorrí con mi lengua y mis labios. Mis manos recorrían tu piel, acariciando cada parte de ti. Me encanto besar tu cintura, morderla con picardía… Rozar tu ombligo y haciendo círculos con mi lengua jugaba con tu sexy huequito.

Hasta qué de pronto decidí bajar a tu sexo y mis labios hicieron un chasquido como un beso largó y profundo en tu clítoris y un suspiro profundo te invadió. Así qué me dedique a saborear el dulce sabor de tus jugos… Tu solo me tomaste del cabello y controlabas con tus manos la intensidad y la presión, yo controlaba la velocidad y la profundidad de mi lengua dentro de ti. Me excitaba cada vez que gemías más y más alto, tu respiración cada vez más acelerada y profunda. Sentir como temblaba tu pelvis cuando mi quijada se pegaba a ti. Sentir como me alabas el cabello cada vez más fuerte. Y me presionabas a tu sexo tan fuerte como sí desearás meter mi rostro entero dentro de ti. Subí tus piernas y empece ayudarme con mis dedos, recuerdo que enloqueciste, estabas toda mojada, tus jugos y mi saliva mezclados entre tus piernas recorrían tu piel hasta mis sábanas.

De pronto un escalofrío invadió tu cuerpo por entero y me agarraste con ambas manos y presionaste mi boca contra tu sexo de manera desenfrenada y casi sin aliento me dijiste: Muérdeme… Y un gran orgasmo invadió tu cuerpo seguido de un grito placentero largo y tendido, hasta que dijiste «Ven aquí…» y nos besamos. -«Me hiciste acabar rico mi niño, no quiero que se acabe esta noche… aun tengo muchas cosas por hacernos sentir.»-

Fue una gran noche, la botella de whisky empezó a verse vacía, y las posiciones del Kama Sutra nos quedaron cortas. Hiciste conmigo lo que te dio la gana, aun no puedo olvidar el ultimo orgasmo de esa noche, donde quisiste demostrarme tu experiencia con una felación  a garganta profunda que me dejo sin fuerzas y energía, dejándome casi dormido en mi cama hasta el amanecer. Gran noche la que vivimos juntos, mi señora de las cuatro décadas.

Continua…

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Señora de las 4 décadas (Parte 2)

-Quien diría que terminaría metido en la cama con una mujer que puede ser mi madre por su edad- comente.
-Pero no lo soy- me respondiste. -Sólo relájate y déjame disfrutar de este instante, tal vez mañana te arrepientas y no quieras verme de nuevo.-

Yo no lo niego, lo que en un pasado siempre dije «Con una vieja, nunca» me estaba tragando mis propias palabras. Tu solo me pediste que me relajara nuevamente. Empezaste a besarme desde el cuello con total sutileza, acompañados de caricias con unas manos muy bien arregladas recuerdo, uñas impecables, y una frescura única en tus dedos. Besaste mi pecho, mordiste un poco mi hombro izquierdo… Como tanteando la zona. Seguiste bajando hasta llegar a mi abdomen y sonreíste, me mirabas fijamente, y sosteniéndolo en tu mano derecha me dijiste: – Se que mueres por que lo haga-
Sólo coloque mi brazo sobre mis ojos y dije en voz susurrante: – Diooooos!! – y deje que tu boca hiciese su mejor trabajo. Fue fascinante cuando sentí el calor de tu boca y el movimiento de tu lengua. Todo empezó tan dulcemente, sutil, explorando cada centímetro de mi miembro. Yo solo podía respirar profundo… Y disfrutar. Aunque por un instante sonreí… Es que vino a mi mente un recuerdo de adolescente. Un amigo del liceo me dijo una vez: -«Hermanito, cójase una vieja, es lo más bueno que hay, yo se por que se lo digo».
Apenas estaba empezando la noche y yo ya le daba crédito a mi amigo por tan grandioso consejo. De pronto decidiste ofrecer algo que a muchos hombres nos encanta: un 69. Te posicionaste encima de mi… Mis manos sujetaban tus grandes caderas mientras mi lengua jugaba contigo. Tu seguías ofreciéndome un sexo oral descomunal, sabías con detenimiento mis puntos débiles, la experiencia se ponía de manifiesto. Recuerdo como me gritabas en algunos momentos: ¡No pares! ¡No te detengas por favor! Hasta un punto donde casi ni te salió la voz… Sólo un largo y placentero gemido, acompañado de unos suspiros, apretabas tu pelvis a mi cara, casi me dejabas sin respiración. Decidiste cambiar de posición inmediatamente, y te colocaste tipo «perrito». Sólo ver tu cintura y esas grandes caderas era suficiente razón para volverse loco del deseo. Aunque todo se me torno más explosivo cuando escuche algo que hasta ese momento ninguna mujer me había dicho: «-Soy tu puta papi… cojeme rico».
Primero sonreí, por un momento creí haber escuchado mal, pero cuando lo volviste a repetir… Una ola de lujuria me invadió… Siempre creí que a las mujeres les gustaba palabras dulces solamente. Que gran equivocación. ¿Recuerdas que me pedías que te lo dijera? -Eres mía- te dije primero. Y me dijiste que asi no tenia la misma fuerza o intensidad, que era:»¡Eres mi puta!

Mientras más lo decía más energía se apoderaba de mi. Como si se recargara mediante esas tres palabras. Tu solo gemías y suspirabas, mientras arrancabas las sábanas de la cama y mordías la almohada.
-¡No pares por favor! Seguías diciendo, mientras las gotas de sudor empezaron a brotar de mi frente, hasta el punto de caer encima de ti…
De pronto me pediste que no me moviera, decidiste tomar el control de los movimientos tu misma, un ir y venir dulce y suave, en otros instantes acelerabas la velocidad e intensidad. Yo sentía que iba a explotar. Con sólo mirarme sabias que estaba a punto de llegar. Así que decidiste empezar a gemir más fuerte y gritarme: -COJEME DURO PAPI… Quiero llegar contigo!!-
Fue increíble como los hombres nos activamos con palabras que nos hagan sentir que tenemos el control. Mis manos apretaron tus nalgas con fuerza y después de varios movimientos agresivos simplemente no aguanté más… Te dije: -Me vengo- y sentí como tu sexo me apretó y me hiciste explotar de placer… Caí sobre tu espalda, mi cuerpo estaba tan sudado que resbalaba por tu cuerpo. Quede sin aliento. Sonreíste y dijiste: Descansa un poquito mi niño, que la noche apenas empieza…

Continuara…

 

seduccion

Señora de las 4 décadas…

Te conocí en un bus rumbo a La Guaira, en aquella época cuando se cayó el viaducto. Cuando las colas eran interminables, yo iba sentado a tu lado ya desde hace una hora y no habíamos cruzado una palabra. Hasta qué recibiste una llamada que si no mal recuerdo te hizo hasta llorar. Y como para pensar en otra cosa me dijiste: -Wao! Esta cola esta interminable… Ya no siento las nalgas – seguido de una sonrisa. Fue suficiente para mi, ver una mujer de cuarenta y tantos años como pasaba de tristeza a alegría en sólo segundos. La curiosidad me mataba. ¿Que le estará pasando a esta señora tan simpática? Empece a hablar contigo y en cada mirada sentía una atracción casa vez mayor. Nunca me había sentido tan atraído a una mujer mayor a mi. Tu forma de hablarme, la forma en que tus labios se movían, esa mirada que a veces se perdía como tratando de no dejarte invadir por tus problemas. De pronto una ola de calor invadió tu cuerpo y sacudiste tu blusa y soplaste tus senos… Recogiste tu cabello y no pude evitar mirar el escote de tu blusa. Se que te diste cuenta. Se que notabas que mi mirada te recorría rápidamente. Y faltando pocas cuadras para quedarme en mi parada me dije mentalmente: -necesito volver a ver a esta señora.- Así que saque mi tarjeta de presentación y te dije que estaba a la orden. Me dijiste: -Que bueno mi niño, anota mi número, yo soy la Jefa de Servicios Generales de la Clínica ****** también estoy a tu orden.- Ya me toca quedarme en la siguiente parada, fue un placer conocerte.- Te dije lamentándome por dentro. Pero tu con sonrisa en los labios me dijiste: -Tienes Messenger? – Y te dije que si, que el correo estaba en mi tarjeta. Así que me dijiste: -Tal vez me conecte ahorita- y me guiñaste un ojo… Creo que me baje del bus y corrí a abrir el Messenger y esperar que me agregara…

Así fue, media hora después vi como me aparecía el mensaje si deseaba aceptar tu solicitud. Fue un clic inmediato. Mi corazón se aceleraba. Empezamos a hablar, de cosas muy diversas, pero fue hasta que dijiste: -Lástima que eres tan joven, si tuvieras unos 15 años más las cosas fueran diferentes- Yo inmediatamente pensé: – ¿Para que quieres tener un hombre con más edad? Olvidemos el Tabú, yo me arriesgo. Y te dije: -A mi no me importa la edad, a veces uno se siente atraído por gente mayor y deja de probar porque tienes miedo a que te juzguen… Por ejemplo, tu me atraes y me gustaría conocerte profundamente. –

¿Qué tan profundo?- respondiste colocando un emoticon de «diablito»
-Lo que tu me permitas- te respondí acompañándolo con el de «angelito»
-¿Vives solo? Porque podríamos vernos en tu apartamento y bebernos unos tragos y así conocernos más en persona. Yo vivo con mi hija pero le puedo decir que me voy a quedar trabajando en Caracas. ¿Que te parece este viernes?
Mi cara, un poema, menos mal no era una videoconferencia, simplemente respondí con un ME ENCANTARÍA. Te escribí mi dirección y te espere ansioso hasta el viernes. Sólo debía esperar que pasara el jueves rápido. Así me daría chance de acomodar el apartamento, seleccionar buena música, la ambientación es importante.

Llego el día tan esperado por los dos. Quedamos en vernos en la parada para irnos juntos. Recuerdo que usabas uniforme de pantalón azul marino y una blusa blanca. Esta vez si pude verte bien, a la luz del día, me encanto ver tus piernas y esas grandes caderas. Te veías muy elegante y atractiva. Cuando me acerque a ti recuerdo que me dijiste: -Mi amor! Te estaba esperando- nos abrazamos y un beso de esos que tocan la frontera entre la mejilla y la boca. Inmediatamente se me aceleró el corazón. Creo que esa hora en autobús sería la más larga de la historia. Cuando al fin llegamos a mi apartamento recuerdo que sacaste una botella de whisky Etiqueta Negra, yo busque par de vasos con hielo y empezamos brindando por nuestra nueva amistad. Una amistad que ambos sabíamos que terminaríamos en la cama. Así que no tardamos nada en darnos los primeros besos, y olvidarnos de precalentar, yo ya venía muy caliente. Así que sólo te desabotone la blusa y deje al descubierto tu pecho lleno de atractivas pecas. Me acuerdo que me dijiste: -No tengo mucho busto, pero ¿sabes que lo complementa? – te pusiste de pie, te diste vuelta dándome la espalda y bajaste tu pantalón suavemente dejando ver un pequeño hilo que contrastaba con unas grandes y atractivas nalgas y esa marca de bronceado que me dejaron boquiabierto al ver que usabas bikini pequeñito para ir a la playa…

Continuara…