mesa

No estas sola…

Sólo quería preguntarte si aún recuerdas ese beso que te robe aquella noche en aquel restaurante. Ese beso que hizo estremecer mi ser, degustar tus labios fue muy placentero. Aunque hubiese deseado que no terminará y poder descubrir cada sabor y pasión que llevas impregnados en ellos.

Mi mente voló por ese instante. Te voy a contar las cosas que pasaron por mi mente de allí en adelante. Y espero que tu te confieses conmigo y me digas si sentiste lo mismo.

Tu energía me invadió. El olor de tu piel al tenerte tan cerca alboroto mis sentidos, rozar mi nariz con tu mejilla al darte un beso de amigos fue lo que hizo explotar ese instante. Fue lo que me llevó a tomarte del cuello y darte ese beso que tanto anhelaba mi boca. Pero deseaba más, un beso no sería suficiente para saciar las ganas que sentía de adueñarme de ti. Yo deseaba aferrarme de tu cabello, que mi boca se comiera literalmente esos labios provocativos. Mi otra mano deseaba con locura acariciar tus sensuales senos que dejabas ver con un lindo escote. Sentirlos en mis manos mientras tu muerdes mis labios con placer. Tus manos se apoderan de mi, una sé aferro a mi cabello acariciandolo con sutileza con tus uñas. Mientras la otra me iba desabotonando la camisa y acariciando mi pecho. De pronto te levantaste de la silla y te sentaste encima de mi. Dejando tus senos justamente frente a mis ojos. Una sonrisa te invadió el rostro. Ni una palabra salía de nuestros labios. Solo eran miradas profundas. Mis manos se adueñaron de tus nalgas aferrandome con fuerza. Te recorrí hasta tu cintura y no pude esperar mas… te quite la sexy blusita que llevabas puesta. Dejando al descubierto lo que podría comparar con dos grandes y jugosos melocotones. Mi boca no aguanto ni un instante para saborearlos. Mis labios y mi lengua no pararon de jugar con ese par. Y es que con solo ver tu rostro sabía que lo deseabas desde hacía mucho tiempo. Me encantaba ver como mordidas tus labios. Como gemías cada vez que te mordía o lamía tus pezones. Era inevitable querer quitarte toda la ropa y hacerte el amor de forma salvaje en esa mesa. Así que te mire fijamente y por primera vez cruzamos un par de palabras:

«-Eres mia» dije susurrando…

Y tu cerrando los ojos sólo dijiste: «Hazme tuya»

Te levante y desabroche el botón de tu pantalón, bajé el cierre lentamente, sin dejar de mirarte a los ojos. Tu respiración se aceleraba fuertemente. Mis manos se encargaron de dejarte con un pequeño hilo dental negro que era casi igual que dejarte desnuda por lo diminuto.

Tu hiciste lo mismo conmigo, te deshiciste de mi pantalón y solo me dejaste en bóxer. Pero una sonrisa te volvió a invadir y terminaste arrancandomelo por completo. Ya podías ver mi erección. Y sin mediar palabras empezaste a propinarme un sexo oral increíble. Tus labios jugaban a volverme loco junto a tu lengua. Succiones y la lamidas eran las responsables de cada contorcion de mi cuerpo. Sentir tu boca húmeda y caliente me excitaba cada vez más. Verte jugar con tanto placer con mi miembro que cada segundo estaba más y más duro, erecto y brillante de toda la saliva que arropó tu boca. Tus manos se unieron al juego, me tocabas y masturbabas con tanta experiencia que sentía que en pocos segundos iba a explotar. Tu cara de deseo me hacía sentir el más perverso y ya sentía que debía devolverte el mismo placer.

Así que te subí a la mesa y me senté a comerte la entrepierna. Tu ya estabas tan húmeda que solo provocaba era penetrarte inmediatamente, pero quería que sintieras mi lengua dentro de ti y volverte loca antes de que me tuvieras dentro de ti. Mi boca se daba un banquete con los jugos de tu cuerpo. Mi lengua jugaba con tu clítoris con tanto placer que tus gemidos empezaron a salir de tu boca sin poder contener los más. Tus manos se posaron en mi cabeza y la empujaste con fuerza entre tus piernas. Querías sentirme más profundamente. Levante tus piernas y mi lengua te saboreo de tal forma que solo te quedo gritarme: «-Ya te quiero dentro de mi!!»

Yo no espere ni un segundo más,  abrí tus piernas y empecé a penetrarte dejando tus piernas sobre mi pecho y hombros. Una de mis manos se encargó de acariciar tus senos y la otra sostenía tus piernas ya temblorosas. Tu cara de placer era única,  solo cerrabas por instantes los ojos y mordía tus labios. Jadiabas, gemías,  gritabas… eras mía.
El sudor empezaba adueñarse de nuestras pieles. Mis movimientos de cadera sobre ti cada vez eran más intensos y fuentes al igual que tus jadeos. Entrar y salir de tu cuerpo. Hacerte sentir que eres una mujer deseada. Mirarte mientras disfrutabas de este instante con tantas ganas. Todo esto me hacía desearte más. En ese instante te bajaste de la mesa, me diste la espalda y te acostaste en la mesa boca abajo. Miraste hacia mi y me dijiste: «Quiero que me hagas gritar tu nombre… sera que puedes?» Y una sonrisa malvada te invadió dejando de verme y esperando que yo me adueñara de ti.

Me acerqué a ti y al prepararme para penetrarte me dices: «Quiero que me hagas gritar pero no me lastimes OK…»

«-Tranquila, solo déjate llevar» respondí

Levante una de tus piernas y la guíe hasta dejarla sobre la mesa. Así podía tenerte abierta y lista para penetrarte por donde yo quisiera. Primero lo introduje suavemente en tu húmeda vagina y empecé a moverme con lentitud y sutileza. Mis movimientos cada vez se empezaron a intensificar. Mis manos empezaron a darte azotes a tus nalgas. Como si quisiera domar una potra salvaje. Tu sólo decías: «No pares… dame más fuerte… quiero gritar… hazme gritar.»

Fue cuando en una embestida te lo saque y cambié de sitio… pudiste sentir como mi miembro te atravesó por completo por tu culo.  Y ese grito que tanto deseabas escapó de tu boca de forma inmediata acompañado de un par de malas palabras y un: «¿Me quieres matar?

Así que lo saque inmediatamente. Pero tu reacción fue algo agresiva.

«¿Quien te pidió que me lo sacarás? Solo ten más delicadeza o por lo menos avísame.»

Así que nuevamente volví a colocarlo donde estaba, solo que esta vez fue con más sutileza. Tu acomodaste tus caderas y te preparaste para recibirme. Un leve gemido salía de tu boca con cada centímetro que te iba penetrando. Respirabas profundo, seguido de un repetido «Dios mío».

Todo era cuestión de tiempo, cuando menos lo esperaba ya tus caderas eran quienes tenían el control de los movimientos. Gritos y gemidos no dejaron de salir de tu boca con cada embestida. Golpeabas la mesa con tus manos cada vez que mi miembro te penetraba. Mis manos sobre tus caderas y a veces en tu cabello te hacían sentir más salvaje. Yo solo quería ver tu lado oscuro, esa mujer insaciable que solo pide sentirse complacida en la cama. Esa mujer sexy que sabe hacerse desear. Que logra hacer que fantasees con tenerla y hacerla tuya.

«Por fin eres mía…» te dije al oído mientra te seguía penetrando por detrás y mis manos apretaban tus senos con fuerza. «Quiero que me regales un orgasmo tuyo, quiero ver como llegas para mi».

Así que te tome del cuello y mis caderas empezaron a azotarte con más fuerza. Tus gemidos brotaban de tus labios con cara de placer. Tus ojos se nublaron de lágrimas. Me besaste con locura, tu lengua se adueñó de mi, me mordias los labios con pasion y deseo. Y de pronto con voz exhausta me dijiste: «Dame más no pares por favor, ya casi me haces llegar…»
Así que me aferre a tus cadera apretando tus nalgas y empecé a acelerar mis movimientos. Solo con ver como entraba y salía de ti me calentaba más, sumando que tus gemidos y palabras me hacían sentir insaciable.

De pronto un grito me dio la señal que ibas a explotar de placer. Tu mano izquierda tocaba mis testículos mientras yo seguía penetrandote. Y cuando llegaste tus dedos acariciaban tu clítoris con movimientos fuertes. El solo verte así me hizo estallar también. Ambos llegamos al clímax, nuestros cuerpos llenos de sudor se deslizaban entre sí. Después de esto solo nos besamos, no teníamos palabras ni aliento para decir nada. Sólo fueron ricos besos y sonrisas. Tu y yo supimos disfrutarnos a plenitud. Sólo nos quedó vestirnos y salir de este restaurante…

Continuará…

sudor

Sexo, sudor y calor…

¿Te pasa igual que a mi? Hay noches que huelen a sexo, donde nuestros cuerpos solo desean ser poseídos y entrar en una sesión de pasión desenfrenada. Donde sólo deseas arrancarte la ropa y quedar completamente desnudos, es más, creo que ni daría tiempo para esto, y empezaríamos a fornicar con la ropa. Los besos empiezan todo acompañados de pequeños mordiscos y lamidas por cuello y hombros. Nos aferramos de nuestras cabelleras y con la otra mano nos adueñamos de las nalgas del otro. Quiero romper tu blusa y destapar tu pecho y dejarlo a merced de mis labios. Quiero disfrutar de cada uno de ellos, darme el placer de besarlos y lamerlos hasta ver y sentir tu pezón erecto. Quiero con mi otra mano arrancar tu pantalón. Dejar al descubierto tus pantis ya húmedas del néctar del placer. Mi boca no dejaría de besar esos labios tentadores, quiero dejarte sin aliento, sin respiración. Que mis dedos jueguen dentro de ti, tocándote, acariciándote, disfrutándote centímetro a centímetro. Uno, dos, tres dedos en tu sexo, y sigues pidiéndome mas. Tendré que usar un juguete contigo la próxima vez, esos que vibran y te sacan los más intensos orgasmos.

Veo que estas deseosa de mas. Quiero llevarte al punto más alto antes de penetrarte. Así que mi boca empieza a bajar por tu cuerpo. Lamiendo tus senos, mordiendo tu piel. Hasta llegar a tu sexo húmedo y deseoso de placer. Allí empieza una batalla de lujuria y deseo, una lucha de poder, entre tus labios y los míos. Mi boca te consume, te disfruta a plenitud. Tus gemidos y quejidos son referencia de que lo estas disfrutando cada vez más. Tus manos se aferran a mi cabeza controlando ciertos movimientos, siento como me clavas las uñas por el cuero cabelludo. Alzo mi mirada para ver tu cara. Tu boca entre abierta con respiración acelerada, unos ojos llenos de fuego, me daban a entender que no debía detenerme ni por un instante. Mis dientes se clavaban en tu vulva mientras mi lengua te penetra y juega con tu clítoris. Sentir como te vienes en mi cara me hace sentir el mejor amo sobre una dulce sumisa complacida. Saborearte era mi mejor premio. Ver tu piel erizada mi mejor regalo.

Escucharte con voz acelerada por la intensidad del momento, me despertaba los más bajos instintos. Eres mía, así de simple, yo poseo el control de tu cuerpo, de subirte, de bajarte, de hacerte gritar, de hacerte gemir.

Te puse en cuatro, pero no para penetrarte, esta vez quise darte un sexo oral de esos que te dejan sin respiración. Mis labios y mi lengua se darán el placer de saborearte, oler esa fragancia de éxtasis y lujuria. Sentir como mis labios se empapan de tus jugos, ver como las gotas recorren tus piernas sólo hace que mi erección se incrementé cada vez más. Un beso negro se apodera de ti. Mientras mis dedos te penetran como una máquina de placer. Quien diría que una mujer como tu despertaría esta llama ardiente en mi. Esto va más allá de los años de vida que tienes. Yo lo veo como años de experiencia, locura y deseo acumulado que quieren explotar en el cuerpo de un hombre más joven que tu. Son sólo trece años más que yo, así que no puedes ser mi madre. No hay ningún remordimiento. Así que después de esta sesión de sexo oral te clavare mi miembro dentro de ti, empezando primero dulce suavemente con sólo la punta, mi glande y tus labios jugando a provocar. Hasta llegar al punto donde ya no aguanté más y sin avisarte lo sientas dentro de ti y te haga gritar malas palabras. Quiero darte tan duro y tantas veces que quiero verte llorar, quiero escucharte pidiéndome clemencia, quiero que desees haberme conocido hace 10 años atrás.

Quiero verte arrancar las sábanas de tu cama con cada embestida que te de. Quiero verte golpear el colchón cada vez que sientas mi miembro dentro de ti y no lo soportes dentro de tu culo. Quiero que gimas, que grites mi nombre una y otra vez, hasta que te grabes quien es tu nuevo dueño. El dueño de cada orgasmo que expulsa tu cuerpo. El dueño de tus gemidos y de tu piel.
Quiero sentir la fragancia de tu piel mientras te beso. El olor de tu pelo al despeinarte con cada sacudida. Unir tu cuerpo y el mío en uno sólo, mezclando tu lujuria con la mía. Es fascinante hacerle el amor a una dama, a toda una señora, pero que se transforma en una sumisa del sexo cuando toca mi cama. No importa cuantos años tienes, lo que importa es cuantos de estos los disfrutaste a plenitud y los que aún te faltan por vivir. Como siempre te dije, VIVE.

Vive las aventuras que nunca viviste antes, haz las locuras que nunca antes te atreviste a hacer. Cumple cada una de tus más perversas fantasías.

Déjate llevar a un mundo sin límites y sin control, donde yo soy el dueño de todas tus fantasías y tu eres mi esclava…

Continuará…

Mi Esclava

Karina5-UB

Mi fantasía dorada…

Esa cara de niña buena con cabellos dorados, pero con mirada de mujer picara e insaciable en la cama, me ha hecho imaginar tantas historias donde nuestros cuerpos se vuelven protagonistas y se entregan en una batalla de pasión y placer. Muchas veces pienso en solo pedirte que me cumplas un deseo, regalarme una noche, una nada más. No te pido mas, que me des tu mano y te dejes llevar, entra en mi mundo. Haré que repitas tanto mi nombre que te aseguro que no lo olvidarás. Quiero verte desnuda y exhibiendo tu cuerpo por todo mi cuarto. Deseo ver como cada una de tus prendas caen al piso dejando al descubierto tus grandes y hermosos senos, ver las curvas de tu provocativa piel blanca con pequeñas marcas de bronceado de tu traje de baño.

Debo confesar que me tienes loco. Y que tengo ganas de probar tu cuerpo, quiero que mi boca se apodere de ti, que mis manos te recorran por entero hasta verte erizar la piel y endurezcan tus pezones. Quiero disfrutar del momento. Entrégate a mi sin pensarlo y juega conmigo. Te reto. Así como tu me haz retado a mi en varias ocasiones. ¿A que le temes?
¿A que me vuelva el dueño de tu piel? Quiero que te vuelvas a sentir viva, quiero que expreses tus ganas, tus deseos, tus fantasías. Quiero hacerte sentir lo que ningún otro hombre te ha hecho vivir. Placeres que van más allá de lo que ya estas acostumbrada, sensaciones que a partir de ese momento querrás sentir siempre.
Cada vez que te miro a lo lejos, lo hago para analizar cada parte de ti. Cada curva de tu piel, cada expresión de tu cuerpo. Como hablas, como caminas, como te expresas, hasta cómo disfrutas de un buen perfume rociado en tu cuerpo. Como degustas y saboreas al comer algo rico. Detalló cada parte de ti. Conozco cada parte de ti. Y por esa razón se bien que te gusta y que no.
Te imagino disfrutando de un buen baño de espuma, en un jacuzzi blanco con grifos dorados. Con música de ambiente suave y preferiblemente alguna canción que te sepas y puedas cantarla a viva voz. Si este baño va acompañado de una botella de champaña mejor aún. Y adicionalmente algo para picar y degustar en el paladar. Te veo acariciando tu piel con tus manos y una esponja haciendo mucha espuma mientras tu dulce voz canta y tu boca sonríe. Sonríes porque estoy presente, sentado mirándote, disfrutando con solo verte. Me seduces. Enjabonas tus brazos, tus piernas, lo único que me dejas ver, ya que te encuentras debajo de mucha espuma. Y sin quitarme la mirada de encima sigues cantando y acariciando tu piel. Tu voz cada vez suena más sensual, casi orgásmica. Es cuando te pones más erótica, empiezas a jugar con tu pecho escondido bajo esa espuma pero dejas ver el movimiento de tus manos acariciándolos. Tus ojos se cierran un poco, humedeces tus labios, y de pronto me haces ver que una de tus manos baja a tu entrepierna y comienzas a darte placer. Tu cabeza se inclina hacia atrás. Dejas de cantar… Ya no puedes controlar tu respiración acelerada. Tus labios empiezan a ser mordidos en algunos instantes, en otros sólo tú boca queda entre abierta. Dejando salir uno que otro suspiro, uno que otro jadeo, y una que otra sonrisa pícara al mirarme y saber que me tienes estupefacto. Te veo acelerar los movimientos y los gemidos que salen de tu boca. Ya los acompañas de palabras y murmullos. La espuma se está desapareciendo ya empiezo a ver tu cuerpo desnudo, primero ese par de senos sexys y provocativos como un par de jugosos melocotones. Tu los acaricias al ritmo de la música con tu otra mano. De pronto ambas manos estaban jugando erótica y provocativamente con ambos senos, acariciado tus pezones y recorriendolos con gran placer.
Ambas manos se van a tu entrepierna y después de unos segundos un gemido se apodera de ti…
Seguido, una carcajada y tu cara de maldad mordiendo tu labio inferior. Te pones de pie dejándome ver tu cuerpo húmedo y aun con algunos rastros de espuma. Abres la ducha, y empiezas a enjuagar tu cabello rubio dejándome admirar cada una de tus curvas mientras tus manos te recorren con picardia durante este baño placentero.

Me pides que te acerque la toalla. Mi mano temblorosa la toma y casi se me cae. Te das cuenta que descontrolas mis sentidos. Así que tomas una crema corporal, la untas en tus manos y empiezas a recorrer tus brazos y piernas, haciéndolo de forma lenta y como si quisieras provocar que mi mente y cuerpo explote del calor que me provocas. Luego tus manos pasaron la crema por tu abdomen y tus manos llegaron a tus enormes senos, y volviste a sonreír maleficamente con gran picardia.

«-¿Quieres ayudarme?» – me dijiste pasándome el envase de la crema y sonriendo nuevamente.
«-Solo podrás ponerme crema en los lugares donde mis manos no puedan llegar ok.» – dijiste con voz sexy.
«-¿Que creías? Que me ibas a tocar «las niñas», se que mueres por hacerlo, se que quisieras tenerlas en tus manos, en tu boca. ¿Crees que no siento tus miradas de deseo? Se que te gusta jugar, así que prepárate para jugar conmigo. Quiero ver que tanto podrás soportar tenerme cerca de ti sin desear lanzarte encima de mi. Ya te lo he dicho antes, se que quieres hacerme tuya. No te hagas el duro. Me deseas.» –

Yo solo tome la crema, te di la vuelta, y empecé a darte un masaje en la espalda y hombros. Pero tu empezaste a suspirar con cada caricia. Hacías que mi mente volará. El deseo me invadía. Pero con tan solo el olor de tu piel despertabas mis instintos. Te sujete de pronto por el cabello. Y con voz sexy y susurrante dijiste: -¡Dominame!

Me aferré a tu cabello cual si fueras una potra salvaje. Te acerque a mi cuerpo para sentirte muy cerca, poder sentir tu calor. Poder escuchar tu respiración. Mi boca se adueñó de tu oído y mis dientes deseaban comerse tu oreja y tu cuello. Una de mis manos por fin se aferro a tus hermosos y atractivos senos. Suspiraste fuertemente, tus manos sujetaron las mías y me ayudaste a recorrer tu figura, guiándome por donde querías sentirme. Mi erección fue evidente. Ya tus nalgas rozaban con malicia mi miembro. Te acerque al lavamanos. Y mientras nuestros ojos no dejaban de verse reflejados en el espejo te tome de la cintura y te penetre con suavidad, estabas muy húmeda, tu boca se entre abrió y tus ojos se cerraron. Te inclinaste un poco hacia abajo para sentirlo más profundo. Y con voz susurrante dijiste: «-No pares. Ya me tienes donde querías».
Una ola de perversión me invadió en ese momento. Mi cuerpo estaba en el lugar correcto en el momento correcto. Mis embestidas contra tu cuerpo generaban más placer y lujuria en nosotros. Tus gemidos alborotaban mi mente. Y cada segundo era mas fuerte, más placentero, más incontrolable. Verte gritar palabras sucias me calentaba cada vez más. Se que tu disfrutaba más por mi expresión en la cara que por todo lo demás. Cuando levantaba la mirada y me veías por el espejo tu sonrisa de maldad y perversión lo explicaba todo. Tus caderas se movían con más rapidez, tus gemidos eran más profundos, querías acabar conmigo en pocos minutos, dejarme sin aliento. Pensabas que había caído en tu red… y no era así.
Cuando estuve a punto de explotar que me llevaste al borde del éxtasis… me detuve.
«-¿Qué pasó?»- Dijiste de inmediato.
Te tome del cabello fuertemente. Y mirándote a los ojos te dije: «-¿Estas lista para entrar en mi mundo?» – Tu solo sonreíste y dijiste con voz de ramera: «-Haz lo que quieras conmigo papi…»
Te lleve a la cama y de forma salvaje te lance en ella. Y empecé besándote desde los pies. Disfrutando cada dedo. Pero descubrí que las cosquillas invadían tu cuerpo. Así que tuve que amarrar cada mano y cada pierna. Tu solo me mirabas con asombro como queriendo detenerme pero al mismo tiempo deseabas experimentar aquella escena.

Allí estabas atada y a mi merced. Podía besarte y tocarte con suavidad y tu no podías hacer nada… mas que disfrutarlo. Empecé a subir por tus piernas con mi boca usando mi lengua para saborearte y ver como empezabas a temblar, sabias bien que mi boca tenía un primer destino fijo… tu sexo.

Cuando casi estoy por llegar, un escalofrío te invadió, un suspiro largo y profundo seguido de una mala palabra que no voy a escribir explotaron de tus labios. Fue cuando mi boca entró en contacto con la humedad de tu sexo. Sentir esa fragancia de perfume erótico y afrodisíaco que emana tu cuerpo me llevo a sentir el más emocionante orgasmo mental que hacía que mi cuerpo te deseara aún más. Disfrutar del sabor a miel de tus jugos, escuchar cada una de tus respiraciones profundas y algunos gemidos iban haciendo el ambiente cada vez más caliente.
Mi boca se encargó de hacerte sentir un pequeño orgasmo que te llenó de pasión y te hizo hablar: «Qué vaina más buena… no pares por favor… Dios mio… ¿por que esperamos tanto para vivir esto? Conoces mi cuerpo como si antes hubieras estado conmigo… Desatame por favor, sueltame las manos… DIOOOOOOS!!» Está última palabra la dijiste gritando y tratando de soltarte.
«-¿Qué sucede mi catira, no me digas que no aguantas estas mínimas caricias? Si apenas estoy empezando a descubrir tus debilidades y aun no te tengo donde quiero…» y pasando mi lengua lentamente por tu clítoris logre hacerte gemir y que empezaras a tener de nuevo varias contracciones. Mi barba te rozaba levemente los labios después que mi lengua los humedecía. Mi nariz podía percibir ese aroma sexual que brotaba de tu vagina. Mi corazón se aceleraba segundo a segundo. Mi cuerpo sólo pedía devorarte sin piedad. Hacerte perder la cabeza, hacerte sentir lo que ningún otro hombre te ha hecho sentir antes. Llevarte a los límites del deseo y la pasión, del placer y la lujuria, llevarte a mi mundo. Cumplir cada fantasía que tuve contigo deseándote en silencio.
Te solté las ataduras que no permitían utilizar tus manos y tus piernas. Fue como liberar una fiera salvaje, me atacaste inmediatamente cual felina sobre su presa. Te posaste sobre mi cuerpo y tomaste el control de mi sexo. Tus movimientos eran de una mujer insaciable y vengativa.
«-Eres mío ahora» – me dijiste nuevamente con sonrisa de niña haciendo una travesura. Y eso es lo que más me encanta de ti, ese rostro de niña buena e inocente, y ese cuerpo y actitud de mujer fatal que te hacen pensar en cada aventura atrevida.
Mis manos se adueñaron de tus caderas, aferrándome con fuerza y controlando tus movimientos de pelvis. Mis ojos no se despegaban de tus sensuales pechos, ni de tu boca y cada palabra sucia pero erótica que salía de ella. De pronto llevaste tus pechos a mi cara y empezaste a jugar con ellos sobre mi boca. Disfrutabas con solo verme, lo se. Sabes que me vuelven loco con solo verlos ya puedes imaginarte como me tenían al tenerlos sólo para mí.
Te empuje y cambiando de posición me subí sobre ti. Trataste de soltarte. Muy en el fondo sólo deseabas sentirte dominada y controlada, pero querías luchar, no te ibas a entregar y ya. Forcejabas conmigo. Eso me emocionaba cada vez más. Y tu lo Disfrutabas más que yo. Hasta que logre penetrarte de nuevo y empecé a moverme e inmediatamente te quedaste inmóvil. Levante primero una pierna tuya y la lleve a la altura se mi hombro. Una de mis manos apretaba tus pechos la otra sostenía tu pierna a lo alto. Y mi boca te mordía levemente el pie, pequeños mordiscos que se intensifican al mismo ritmo de mis embestidas dentro de ti. Tome ambas piernas y las lleve a lo alto, te coloque una almohada debajo de tus nalgas y te dije: «-Quiero que me regales un orgasmo» y mis embestidas empezaron a ser mas fuertes y profundas. Lleve ambas piernas a mi hombro derecho y te daba cada vez más fuerte. Cuando empecé a escuchar tus gemidos me acelere más, así que te abrí de piernas y me pose sobre ti besándote con pasión. Diciéndote lo mucho que te deseaba, lo mucho que me encanta verte y tocarte. Decirte: «-Eres mía… dímelo. Quiero escucharlo de tus labios… sabes que eres mía carajita. Se que soñabas con tenerme en tu cama y hacerme tuyo. Regálame tus gemidos, quiero ver que tan puta puedes ser conmigo ¿O lo tuyo eran sólo palabras y provocaciones?» – Así que me pegue a tu oído y empecé a hablarte sucio…
«-Anda perrita, hazme explotar de placer. Clavame tus uñas en la espalda y marcame. Muerdeme! Hazme tuyo! Gime como zorra para mi…»
Tus gemidos se incrementaron. Tu cara de perversidad era única. La humedad de tu entrepiernas, fabulosa.
Fue cuando de pronto sentí que tu frente se pegaba con la mía como queriendo frotar y sacar chispas. Tu boca empezó a devorarme y a morderme con fuerza. Y empezaste a hablarme sucio como tanto lo deseaba… no deseaba que acabara el momento. Como no deseo que acabe este relato… pero esta vez, esta historia llega hasta aquí. Pero de seguro continuará…

 

Foto: Modelo Karina Ortega

seduccion

Pensamientos perversos…

Como no caer rendido ante unos ojos claros que poseen un encanto sobrenatural. Tu sonrisa tentadora que va adornada de unos provocativos labios, esos mismos labios que cada vez que los veía hablar hipnotizaban mi atención, haciéndome fantasear tantas veces que podía besarlos y morderlos a mi gusto. Saborearlos con placer, degustarlos cada segundo, cada centímetro.  Tenerte muy cerca siempre fue una tentación, una lucha interminable y absurda entre lo que deseaba mi mente y a veces mi corazón.

Siempre fuiste una mujer que no necesito desnudarse para provocarme, ya que con ropa o con muy poca poseías un poder encantador para robar mis miradas y llamar mi atención. Como no volverse loco con todas tus curvas, la curva de tu sonrisa principalmente tan dulce y seductora. Seguida de las curvas de tus senos, firmes y tentadores. Las curvas de tu cintura, estrecha y llamativa, las de tus caderas, sexys y seductoras. Y finalmente mi favorita las curvas de tu trasero, es que se ve tan firme y provocativo que juro que mis manos tiemblan cada vez que pasan cerca. Es que si mi cuerpo llegase a acercarse demasiado a tus curvas se desencadenarían un sin numero de situaciones.  ¿Sabias que cada vez que te veo tengo pensamientos perversos? Si, es verdad, ¿por que sonríes? Pegar tu boca a la mía sin llegar a tocarnos, acariciándonos con el aliento y respirándonos las ganas de comernos el uno al otro.
Confieso. No quiero sentir tu piel como cualquier otro hombre que haya existido antes de mi. Quiero hacerte disfrutar y descubrir una nueva forma de sentir placer. Más allá de tus sentidos, más allá de tus pensamientos y quizás más allá de tu imaginación. Quiero explorar tu piel con cada sentido que tengo. Y que al mismo tiempo uses todos los tuyos para sentirte diferente.

Quiero mirar tu piel blanca, tus vellos casi rubios, algunas pecas y lunares que invaden tu cuerpo. Quiero sentir el aroma de tu cabello, de tu cuello, de tu abdomen hasta llegar a tus piernas. Así probar el sabor de tu sexo, de tus labios y tus besos. Escuchar el gemir de tu voz, tu respiración, tus suspiros, los latidos de tu corazón. Tocar las curvas de tu pecho, acariciarlos uno a uno, seducirlos, provocarlos. Mi boca sería responsable de hacer erizar tu piel, mis labios y mi lengua cómplices de la lujuria y la seducción.

Recuerdo la primera vez que dormiste junto a mi cama. Yo observándote en silencio y fantaseandote a lo lejos pero tan cerca. Sólo un paso nos separaba de una cama a otra. Tu con un pequeño short tipo cachetero y una franelilla caminabas desfilando tu hermoso cuerpo por mi habitación. Mis ojos no dejaban de mirarte, mi mente de desearte. Escucharte hablar era mi mayor afrodisiaco, el tono de tu voz era el indicado para hablar de sexo, de juegos lujuriosos, pasiones secretas y deseos escondidos. Que más deseaba yo que me hablarás susurrándome al oído, era suficiente para erizar mi piel y hacerme encender el éxtasis que llevo por dentro.

¿Recuerdas esa noche que el aire acondicionado estaba en 17 grados y el frío era demasiado fuerte que te obligo a pasarte a mi cama? Buscando el calor de mi cuerpo y mis sábanas. Fue increíble sólo rozar tu piel y sentir tu aroma, escuchar tu respiración. Una de mis manos se apoderó de tu cadera, a los pocos segundos una lucha mental entre si ir a tu cintura o a tus nalgas, pero mi mano término deslizandose a tu abdomen, rozando tu ombligo y tan cerca de tus seductores senos. Una llama ardiente invadía mi cuerpo. El tuyo cada vez se pegaba más a mi buscando ese calor. Cuando menos lo pensaba ya mi mano derecha acariciaba sutilmente cada pecho tuyo, eran firmes y voluptuosos, un pequeño y susurrante gemido salió de tu boca. Tu cabeza se inclinó buscando que mi boca quedara junto a tu oído. Querías escuchar mi respiración como se aceleraba. Mis labios empezaron a besarte suavemente y algunos leves chasquidos surgían de mi boca para provocar tus sentidos. Te moviste un poco para dejar que te abrazara por la espalda con ambas manos. Y sujetando las mías te las llevaste a tus senos apretándolos fuertemente, mi boca se apoderó de tu cuello inmediatamente. Tus caderas presionaban mi sexo queriendo sentir mi erección. Mi corazón se aceleró ya sin control. Mis manos se intercambiaban posiciones por todo tu ser. Centímetro a centímetro fuiste recorrida por ellas. Hasta qué tomaste el control de una de ellas y la llevaste al centro de tu entrepiernas. Allí te detuviste, dejando a mi merced las caricias de mis dedos dentro de ti. El éxtasis afloraba en tu cuerpo, el néctar de tu cuerpo invadía mis dedos, los movimientos de tu pelvis me calentaban cada segundo. A veces una de tus manos se unía al juego para indicarme si deseabas más profundidad o más intensidad. Mientras tanto mi otra mano jugaba con tu boca, besabas mis dedos y yo insitandote a morderlos, necesitaba sentir ese dolor placentero de tus dientes incrustados en mi piel. Cada vez que lo hacías mi otra mano respondía con mayor fuerza entre tus piernas. Ya empezabas a entender mi lenguaje. Clávame las uñas, gime lo que quieres y muérdeme con todas tus ganas pero sobre todo pídeme que no pare.

El calor empezó a hacerse sentir debajo de las sabanas, nuestras respiraciones hacían música junto a los gemidos y nuestros cuerpos bailaban al compás de ellos. Volteaste para quedar frente a frente y con tu voz seductora y llena de deseo, apenas logrando susurrar me dijiste besándome los labios: «Hazme tuya, hazme olvidarme del mundo, de mis problemas, de todo. Hazme sentir que aun despierto deseos y malos pensamientos.» Un beso profundo invadió nuestros labios, nuestras lenguas jugaban al placer, hasta logran sentir como mi cuerpo entraba en ti. Mis labios fueron quienes pagaron las consecuencias, ya que eran mordidos cada vez con mas fuerza por cada centímetro que te penetraba. Sentía que querías comerte mis labios, tus manos se aferraban a mi cara casi queriendo clavar tus uñas, tu frente pegada con la mía como queriendo que tus ojos quedaran lo mas cerca posible de los míos. Mis manos controlaban algunos de tus movimientos de cadera, aunque preferían disfrutar la situación acariciando tus nalgas. Te separaste arqueando tu espalda hacia atrás sin dejar de mover tu pelvis contra mi, logrando la mayor penetración posible. Me miraste con esos ojos seductores, me tentaste,  me prendiste, me sedujiste. En pocas palabras despertaste mis instintos depredadores, quería devorarte. Tus movimientos eran impredecibles, incontrolables, salvajes. Mi mente me decía: Llego el momento, ella quiere que la tire, que la jale, que la agarre y la acorrale, que la apriete y la penetre hasta lograr su sumisión.

Tu de pronto cerraste los ojos, abriste levemente la boca dejándola abierta, un suspiro mezclado de un gemido salio de tu boca, tus uñas se clavaron en mi pecho, tus piernas se entrelazaron con las mías y dejaste explotar el orgasmo mas excitante que haya visto en mujer alguna. Mordiste mi pecho, mis labios. halaste mi cabello, descargabas toda tu energía acumulada de placer arañando mi cuerpo, el dolor que me hacías sentir lo disfrutaba a plenitud. Con la misma fuerza te cambie de posición, dejándote abajo. Oponías resistencia, sonreías con tanta malicia disfrutando del instante, sabias que me moría por ser yo quien se moviera encima de ti ahora.

«¿Quieres penetrarme? dime… ¿Quieres hacerme gritar esta vez?» – dijiste casi entre dientes y tomándome del cuello. Te respondí con un movimiento positivo de cabeza. Así que me tomaste del cabello controlándome y me llevaste hasta tu entre pierna. Mi lengua inmediatamente comenzó a deslizarse   y saborear cada rincón de tu sexo, disfrutando del sabor a gloria de ese néctar que brotaba de ti. Tus gemidos casi silenciosos aceleraban mi corazón, sabia que lo estabas disfrutando, verte morder tus labios acariciarte los senos y a veces tratar de arrancar las sabanas de la cama eran el mejor indicativo de deleite. Quería hacértelo lento hasta que fueras tú la que me pidiera una y otra vez que te lo hiciera más fuerte hasta que los espasmos de placer te impidieran hablar. De pronto otro orgasmo invade tu cuerpo, tu sostienes mi cabeza con fuerza presionándola contra tu sexo: «Dame mas, dame mas… – susurrabas extasiada – Que ricooooo, ¡me encantaaaaaaa! no sabes cuanto necesitaba sentirme así. Creo que ahora es mi turno» terminaste la frase seguida de una sonrisa.

Te levantaste a buscar algo de agua, te vi caminar desnuda, y era excitante ver tus curvas balancearse de lado a lado, de regreso venias con un vaso de agua y algo de hielo. Te acercaste a mis labios y me propinaste un beso refrescante, acompañado de un pequeño trozo de hielo que se derritió mientras nos besábamos nuevamente. «Acuéstate cariño» me dijiste con cara de niña a punto de cometer alguna travesura. Yo te complací inmediatamente, me tendí sobre la cama, tu empezaste a besarme en los labios viniendo desde arriba, con intención de hacer un 69. Fuiste besándome dulcemente hasta que llegaste a mi miembro, lo sujetaste firmemente con ambas manos y tu boca aun algo fría por el agua empezó a jugar con tu lengua y tus labios. Lo disfrutabas al punto que parecías una niña saboreando un helado. No te veía, pero por lo que escuchaba y sentía, podía imaginar tu rostro de placer. Al mismo tiempo, nuevamente tenia tu sexo en mi boca, pero esta vez podía acariciar libremente tus nalgas, mi lengua te penetraba, te absorbía, y mis dientes te daban leves mordiscos cada vez que quería que te volvieras mas perversa. Así que en esos momentos intentabas devorarte por completo mi arma de placer, tu boca era mágica, confieso que desde ese instante me hice adicto a tu sexo oral. Cuando estuve a punto de explotar me dijiste: «No quiero que llegues todavía, ven cambiemos de posición». Te rodaste un poco y quedaste en posición de «perrito» y dijiste: «Se que mueres por dominarme así» y soltaste una risa, levantaste las caderas y recostaste tu cabeza de la cama. Yo con solo verte en esa posición estaba que me daba un infarto. Estaba loco por penetrarte, pero de forma perversa y agresiva. Tome tus cadera con ambas manos y posicione mi miembro en la entrada de tu vagina húmeda y sin mediar palabras te penetre con fuerza hasta el fondo. Un grito salio de tu boca: «¡Wao! ¿me quieres matar o que?- Dijiste con expresión de dolor placentero. Mis caderas empezaron a moverse sin clemencia, estaba ansioso por llegar dentro de ti, cada embestida, cada apretón me  llenaba de lujuria. Tus gemidos empezaron a salir, ya sin querer aguantarlos mas, eso me excitaba aun mas. Así que empece a darte nalgadas y a jalarte del cabello cual yegua salvaje tratando de controlar y domesticar. «¡Hey! quiero ir a la playa mañana, y acuérdate que uso hilo dental y me van a ver las marcas de tus manos en mis nalgas.» dijiste casi con una sonrisa. -«Ven siéntate y déjame sentarme encima de ti, quiero que esta vez si llegues conmigo»- la posición es  la conocida «Flor de Loto», es mi favorita, ya que puedo verte a los ojos, besarte con pasión. Sentir el movimiento de tus caderas mientras acaricio tus nalgas, tu espalda o tu cabello. La penetración es profunda, así que ambos disfrutamos con la misma intensidad. Podía besarte los senos, tu sabes que me vuelven loco ese par de melocotones y a ti te encanta que los bese y los saboree. En ese instante me dijiste sosteniendo mi cara con tus manos: «Yo si quiero que las chicas vean las marcas de mis uñas en tu espalda cuando camines en la playa» – Y abrazándome empezaste a mover tus caderas con mayor fuerza y clavando tus cortas uñas en mi espalda y mordiendo mis labios gemiste casi sin poder hablar: «Llega conmigo».

«Me vengo» te dije al oído, y sentí como tus uñas atravesaban mi espalda de lado a lado mientras  pegabas tu frente de la mía y gemías con tu respiración acelerada, tu cuerpo temblaba, tus labios me besaban con locura. Y yo sentí que mi cuerpo desde ese instante debía ser tuyo. Habías logrado hacerme llegar al máximo nivel de clímax jamas vivido. Quedamos abrazados el uno al otro, rozando nuestros labios y sudados completamente.

«Que locura todo esto, no te parece? » -me dijiste ya tendidos en la cama.

«Por que razón me hiciste el amor? –  te pregunte

-«Mi cuerpo no entiende de razones, sólo de las sensaciones que tú me provocaste.

-«En la calle o en la cama, tu sólo quiere que sentirte especial, única, deseada. Eres una mujer hermosa, de bellos sentimientos y muy inteligente, aunque no haz tenido la suerte que mereces para elegir al hombre que te ame de verdad.»

-«Es verdad, pero yo ya no busco ese hombre que me ame, ya lo tengo. Y es mi hijo. Es el único que en realidad me hace feliz. Cada sonrisa, cada palabra, cada gesto. Son en las únicas lagrimas en las que creo, ya no creí mas en lagrimas de amigas ni de hombres falsos que solo deseaban tenerme en sus camas. Para que engañarte si solo desean placer. Para que tener amigas que no estaban en tus momentos mas difíciles o de necesidad. Solo aparecían cuando leían en mi Facebook que había una rumba o una salida pa´la playa. Pero cuando me sentía triste, cuando necesitaba de un abrazo o de palabras de aliento, solo recibía un «Me Gusta» en una foto mía en bikini. Mi vida tiene que cambiar para mejor. Mis errores son lecciones de vida. Cada vez que me caigo, me levanto, ya no solo por mi, sino porque tengo un hijo hermoso por el cual luchar y seguir mi vida. Y por supuesto, personas como tu que me han brindado «mas que una amistad»- dijiste riendo pero con lagrimas en los ojos.

«¿Sabes que? mejor abrázame y déjame dormirme entre tus brazos. Y en la mañana cuando amanezca, solo quiero pedirte un solo favor… ¿puedes? – me dijiste con voz de niña consentida.

«Lo que tu pidas mi muñeca Barbie» – te dije

«Despiertame con café, con un beso… y con mucho sexo!

CONTINUARA…

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¿Cómo olvidar tus ojos?

Fueron esos grandes ojos azules como el cielo los que una vez me conquistaron. Esa mirada que al principio era tímida y dudosa, que luego se convirtió en sensual y posesiva. Unos labios tentadores y provocativos, esos mismos labios que siempre los vi hablando y pronunciando cada palabra con perfecta dicción. Ese tono de voz que atraía mi interés cada día más. Esa seguridad al hablar, una firmeza que me hacia fantasear con recibir órdenes de tu parte. Aunque tus intenciones iniciales fueron que saliera con tu hermana soltera, pronto nos dimos cuenta que entre nosotros había algo más allá de una simple tensión o atracción sexual. Así que pasamos de amigos confidentes y consejeros a compañeros de pasión y deseo.
Aún llevo en mi memoria esa primera noche, llevabas un pequeño vestido negro, cabello recogido y un rico perfume que recorría toda tu piel. Después de tantas largas conversaciones y provocaciones, llegaría la hora de tenernos el uno al otro. Una copa de vino dio la bienvenida a esta tan esperada velada. Unos besos largos y profundos dieron inicio a esta excitante historia. Tu boca se adueñaba de la mía, tus labios me devoraban a besos, tus dientes deseaban devorarme a mordiscos y tu lengua… Ella sólo deseaba saborearme.

Empece a recorrer y acariciar tu piel, esa piel blanca y cubierta de pecas que tanto me fascinaba cada vez que te veía. Empece devorandote por el cuello, mientras te susurraba al oído las ganas inmensas que tenía por hacerte mía. A pesar que tu eras mayor que yo, sentía que tenías pena y te invadían algunos temores. Mi meta era quitarte todo los miedos de encima, y la ropa también. Así que nos tiramos en la cama, empece a desvestirte con sutileza, lo cual era muy fácil ya que sólo traías tres prendas sobre tu piel. Primero el vestido negro, que empece a quitártelo de abajo hacia arriba, mientras iba acariciando desde tus nalgas hasta tu espalda. Todo esto sin dejar de besarnos por un instante. Podía sentir los latidos de tu corazón. Tu respiración parecía que hubieses corrido un par de kilómetros antes de entrar en mi cama. Con una mano desprendí el brasier que llevabas puesto, mientras la otra se encargó de lanzarlo lejos de allí. Allí estaba esos senos llenos de algunas pecas sólo para mi. Mi boca no aguanto que mis ojos sólo se deleitarán al verlos por fin completamente desnudos, así que se apoderó de cada uno de ellos besándolos con estrena pasión y deseo. Fue el momento que escuche tu primer gemido de placer. Descubrí lo sensible que eran ese par de melocotones frescos, así que empece a jugar con ellos con mi boca, mi lengua, mis dientes y mis manos. Decidiste despojarme de mi camisa, querías sentir tu pecho con el mío, se que en el fondo de ti lo que querías era romper o rasgar mi ropa. Podía verlo en tus ojos. Abriste mi pantalón y me desprendiste de el lo más rápido que pusiste. Querías adueñarte de mi sexo, tu boca se mostraba impaciente por devorarme. Y así mismo fue, una descarga eléctrica invadió todo mi ser al sentir como tu boca se iba apoderando cada centímetro de mi miembro. Sentir como me saboreabas, como jugabas con tu lengua dentro de tu boca con mi sexo, hiciste que mi respiración se acelerar. Tus manos recorrían mi abdomen, y tus uñas dejaban un leve rastro de por donde pasaban. Te pedí que quería participar y devolverte el mismo placer, que compartiéramos en un 69 y disfrutar de un excitante sexo oral. Tu estabas tan húmeda, que ya tu pequeño hilo estaba empapado, eso me calentó aún más. También paso por mi mente arrancarte y romper ese pequeño trozo de tela. Mi boca se adueño de tu dulce vagina y mi lengua se dio el placer de saborear cada centímetro de ti. Me habías confesado que llevabas algún tiempo sin tener intimidad. Y ese instante confirme lo fogosa y apasionada que puede ser una mujer sin sexo frecuente. Llego el momento de tenerme dentro de ti, tu encima de mi, teniendo el control de cada movimiento, tus caderas en un subir y bajar frecuente, algunos movimientos circulares, acompañados de mordiscos y aruños, gemidos y palabras incompletas no dejaban de salir de tus ricos labios.
-Que rico me haces el amor- me dijiste con voz ajetreada – No sabes lo mucho que te deseaba dentro de mi, no quiero que se acabe este instante. Me tienes loca.
-Y apenas estoy empezando- te dije sonriendo. Así que decidí cambiar de posición, te acosté boca arriba, abrí tus piernas y me pose sobre tu cuerpo desnudo. Te penetre con suavidad y te pregunte al oído si estabas lista para sentirme, respondiste moviendo la cabeza de arriba a abajo. Me aleje un poco y mis caderas empezaron a darte embestidas mientras no dejaba de verte a los ojos, tu boca quedo semi abierta buscando agarrar más oxígeno, a veces te mordías los labios, y aguantabas como la respiración. Agarrabas de nuevo aire y lo soltabas en forma de gemido. Cuando mis caderas se detenían me gritabas casi en silencio: «No pares por favor, ya casi llego».
Al escuchar esas palabras la maldad me invade el cuerpo. Tu sabes bien que a ustedes las mujeres les encanta que las hagan «maldades» en la cama.
Así que te pedí que cambiarás de posición a en cuatro. Así tendríamos ambos el control de movernos a placer. Podía halarte del cabello mientras te penetraba, y además podía acariciar tus grandes nalgas y morder tu espalda.
En ocasiones me quedaba inmóvil sólo para ver como tus caderas se golpeaban con mi cuerpo buscando el placer. Era muy excitante. Fue en ese preciso instante cuando mis manos apretaron tus nalgas fuertemente aferrandome casi con mis uñas clavadas a ti, y tu empujabas con extrema fuerza como deseando ser penetrada con todo mi ser. Expulsando de tu boca un gran gemido acompañado de mi nombre. Arrancaste las sábanas de mi cama buscando liberar energía y gritaste a la almohada con mucha fuerza.
«¿Acabaste dentro de mi?» -me preguntaste con voz extasiada. Te respondí que no…
¿Por qué no llegaste conmigo?- preguntaste casi como sintiéndote poco atractiva.
-«Me haz hecho llegar varias veces, ¿y tu que? Necesito que llegues para mi, quiero verte llegar sobre mi.
Tu boca se adueño de mi sexo, sentir el calor de tus labios junto a la humedad de tu lengua en movimiento hizo que mi miembro estuviera a punto de explotar. Tus manos seguían acariciandome, y tu mirada no se apartaba de mi, aún en la leve oscuridad podía ver tus hermosos ojos claros, tu boca, jugosa y juguetona se atragantaba disfrutando cada embestida de mis caderas. Saboreabas cada centímetro sin querer soltarlo por un instante. Tus manos me empezaron a frotar, tu cara cambio y te convertiste en una fiera indomable. Pedías a gritos que llegara, querías saborear el néctar que llevo por dentro. Así mismo fue, tus delicadas y suaves manos lograron su cometido, un orgasmo invadió mi cuerpo entero y el éxtasis invadió hasta mi alma. Tu boca de encargo de no desperdiciar absolutamente nada. Una sonrisa algo maligna salió de tu rostro, tenías cara de complacida. Habías logrado tu cometido. Y yo exhausto y sin fuerzas, quede tirado en la cama con ganas de sólo disfrutar de esos segundos que te dejan sin respiración y te hacen tocar el cielo en un instante. De allí en adelante sólo provocaba quedar tendidos en la cama disfrutando de esos segundos. Pero tu tiempo estaba contado. Debías irte temprano, te subiste encima de mi nuevamente y me besaste diciéndome: «Me tengo que ir gordo, aunque lo que más desearía es amanecer en tus brazos. Nos vemos mañana, y si mi hermana me vuelve a apoyar te vuelvo hacer la visita. Creo que me vas a tener muy seguido aquí de ahora en adelante.»
Sólo me quedo besarte en los labios y no dejar de ver esos ojos tan hermosos. Yo podía ver tu alegría, tu emoción, esa felicidad que tanto deseaba tu cuerpo y tu alma. Esa despedida fue larga, cada metro hacia la puerta iba acompañado de besos robados, apenas la llama y la pasión estaban empezando. Al subirte a tu auto nos despedimos… Con un beso dulce y apasionado. Esos besos que saben más a amor que a deseo, tu boca y tus ojos me dijeron en ese instante que deseabas más que sólo sexo salvaje.

Continuara…

 

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El tiempo pasa, el deseo permanece…

Esta historia entre tu y yo empezó hace muchísimos años atrás. Cuando éramos sólo unos jóvenes que aunque las hormonas estaban explotando fuimos incapaces de acercarnos lo suficiente como para por lo menos darnos una buena sesión de besos, de simples caricias o quizás de hacernos el amor con la ropa. Pero todo quedo en sólo miradas picarás, una que otra conversación. Y alguna coincidencia ya que no vivías por allí, sino que sólo ibas de visita en vacaciones. Eso lo hacía más difícil y emocionante. Verte algunas tardes sentada con tus primas en el frente de la casa, y yo sin tener la fuerza o seguridad para acercarme a ti. ¿Recuerdas? Confiésalo, pensabas que era un cobarde, penoso y lento joven que no se atrevía a hablarte. Como no sentirse intimidado con tus grandes ojos y pestañas, esa piel canela, y una radiante sonrisa. Sin dejar de lado esa figura, ese cuerpecito que siempre miré de lejos. No fue hasta unos años después que hasta bailamos juntos, ya eras toda una mujer en todo el sentido de la palabra. Eras madre. Pero tu seguías igual de radiante, y más voluptuosa que la última vez. Se que sonreíste, y si, como dejar de ver tu escote ese día, si fue imposible quitarte la mirada de encima esa noche. Teníamos mucho tiempo sin vernos, y sonreíamos como la primera vez. Como si nos hubiésemos hablado toda la vida y ya hubiésemos compartido muchas cosas juntos… Pero no, era increíble que ya habían pasado unos años, cada uno había hecho sus vidas y presentíamos que aún había algo pendiente por descubrir… Te veía bailar con otros hombres, te miraba cuando te sentabas, te seguía con mi mirada. Esperando una señal de ti. ¿Que me pasaba por la mente? Debía era secuestrarte y listo, ¿verdad? Pues lamentablemente eso no fue lo que hice. Te deje ir. Se acabo la fiesta y te vi partir. ¿En qué rayos pensaba?

Ahora es que me siento y me imagino las cosas que pudieron pasar. Por qué nunca te lleve a una habitación, donde podíamos estar solos tu y yo, mirarnos frente a frente, sentir como nos desnudamos con la mirada, hasta quedar sin ropas de verdad. Por qué no te acosté en la cama y te bese desde la planta de tus pies con dulzura. Acariciando tus piernas, recorriéndolas con mis labios, mi nariz, sintiendo cada vez más ese aroma, ese olor a sexo que nos vuelve locos. Mi boca se acercó cada vez más rápido a tu entre pierna. Mis labios empezaron a jugar con tu sexo, un oral dedicado sólo ha hacerte sentir complacida, hacerte sentir deseada, hacerte gemir con gusto, con gran placer. Degustar cada milímetro de tu dulce vagina, mi lengua te exploraba, te descubría. Empece a encontrar tu punto débil, notaba como suspirabas profundamente, y como se escapaba uno que otro gemido. Aún no te liberabas, aún sentías algo de pena. Mis dedos empezaron a apoyarme en darte placer, lentamente empece a penetrarte con dos de ellos. Estabas muy húmeda, así que entraron sin dificultad. Mis movimientos eran lentos y muy suaves. Mi boca y mi nariz se encargaban de seducirte por fuera… Mientras mis dedos te hacían el amor. Tus manos se adueñaron de tus pechos apretándolos con mucha pasión, acariciabas tus pezones, y de vez en cuando los apretabas con fuerza. Me levanté un poco y sin abandonar tu vagina con mi mano, acerque mis labios a tus grandes senos naturales. Y empece a disfrutar de un dulce sabor y una suave textura, que alimentaban cada segundo más mi deseo. Tu boca se abría al verme succionar aquellos pezones, no podíamos dejar de vernos a los ojos. Empece a morderte muy sutilmente. Inmediatamente empezaste a morder tus labios y a gemir más fuerte. Mis dedos empezaron a moverse más de prisa. Así que introduje un tercer dedo para apoyarme más. Tus caderas empezaron a moverse con mas intensidad. Me tomaste de la cara con ambas manos y me llevaste hasta tu boca, me besaste con locura. Y con voz suave y dominante me dijiste: «hazme tuya».

Me puse al frente de ti, abrí tus piernas, y las alce a la altura de mis hombros, mire tu vagina, mordí mis labios, sonreí… Y empece a penetrarte suave y profundamente. Te aferraste a las sábanas de la cama y gemiste. Mis manos se apoderaron de tus tobillos, abrí tus piernas, y mis caderas empezaron a moverse con mas intensidad. Tu sólo cerrabas los ojos, y abrías la boca para respirar, y por algunos instantes me mirabas con deseo, y me susurrabas un «no pares» y un «estas demasiado rico», palabras mágicas que me llenaban de mas fuerza y pasión. Ahora mis manos bajaron hasta detrás de tus rodillas, una zona muy sensible al tacto suave. Doblaste las piernas, así que las junte y empece a penetrarte con mayor fuerza y profundidad. «Auch!» Gritaste… «¿Me quieres matar verdad?» Y yo con una sonrisa maligna te respondí: «Si, vas a pagar por todo el tiempo que no hicimos nada, por todas las ganas acumuladas, por cada fantasía que tuve contigo» así que me tumbe encima de ti y abrí tus piernas, tu las cruzaste por mi espalda inmediatamente. Y empece a follarte con gran pasión, movimientos lentos y profundos, algunos más rápidos y superficiales. Besos apasionados, haladas de cabellos, mordiscos, gemidos, palabras sucias, estábamos perdiendo el control de nuestras mentes. Nuestros cuerpos mandaban sobré por todas las cosas. De pronto sentí tus uñas clavarse en mi espalda, y un grito casi mudo salía de tu boca, y unos movimientos temblorosos se adueñaron de tus caderas. «Que rico….» Suspiraste sin soltarme por un instante. «necesitaba sentir esto desde hace mucho tiempo».

Y empezaste a besarme con mucha dulzura y pasión. «No quiero que esto termine…» Dijiste después de otro suspiro profundo. Me volteaste, dejándome boca arriba, y te subiste encima de mi, introduciendo mi miembro dentro de ti. Tus caderas se movían de arriba a abajo con mucha suavidad, tus manos acariciaban tus pechos, las mías tus caderas y nalgas. De pronto empezaste a moverte con mucha rapidez, y gemidos salían de ti cada vez más profundos. Una de mis manos se acercó a tu boca, y uno de mis dedos jugó con tus labios. Me mordiste inmediatamente, y succionandolo cual sexo oral te viniste de nuevo, esta vez con mayor expresión en tu cara. Y mordiendo mi mano, como queriendo desahogar tensiones. Eso me encantaba. Terminaste encima de mi, sentía toda tu humedad recorriendome por mi miembro. Te levantaste, y bajaste a ver como estaba. Lo apretaste con tus manos, y mirándome me dijiste: «¿y el no piensa acabar? Necesito ver que acabes para mi…» Y abriendo tu boca, lo metiste como una Chupeta y empezaste a saborearlo, tu lengua jugaba con sus movimientos, tus labios con sus sonidos. De pronto una garganta profunda se adueño casi por completo de el, quedándote inmóvil por un instante algo prolongado. El calor de tu boca me tenía a punto de explotar. «Ven la quiero aquí, sobre mi pecho» dijiste mientras te colocabas de lado y me masturbabas con tus senos. «¿O acaso la quieres en mi boca?» Preguntaste con mas picardía y dejando tu boca abierta mientras me mirabas y me masturbabas. No aguante más, tuve algo de tiempo para decirte: «Me vengo» y mi semen cayo en tu rostro y parte de tu pecho, y fue cuando sin advertirlo tu boca se atragantó por completo, chupando y degustando cada mililitro de mi. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, sólo pude aferrarme de tu cabello y dejar salir un pequeño gemido profundo como lo que estabas haciéndome. Quede sin aliento, sin fuerzas. Tu solo sonreías con gran emoción. Estabas complacida y yo aún más. Nuestros cuerpos quedaron exhaustos después de este encuentro. Ahora sólo nos queda abrazarnos y despertar… Ya que todo esto sólo ha sido solo un sueño.
¿Tu no te haces la misma pregunta? ¿Por qué hemos dejado pasar tanto tiempo?

Continuara…

 

 

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¿Mala cama yo?

Te preguntarás porque le puse este título al relato, y sencillamente haciendo memoria sabes que en un principio te hacia molestar diciendo que tu novio te había dejado por esa razón. Recuerdo que siempre nos sentábamos en grupo a conversar y siempre terminábamos discutiendo, y para hacerte irritar más siempre terminaba diciéndote: «Habla claro, si tu novio te dejo por otra, seguro fue por mala cama» eso te hacia enfurecer más. Yo disfrutaba de tu cara y tu respuestas.
¿Recuerdas aquel día que fui a visitarte junto a otro amigo nuestro? Estabas sola en tu casa, y me llegue con este pana a que nos hicieras almuerzo, ya que bien sabemos que cocinas rico. Fue un día de habladera y jugando en la computadora. Llego la noche, nos pediste que no te dejáramos sola. Así que te complacimos, nos quedamos, nos hiciste cena y todo. Cuando nos disponíamos a dormir terminamos los tres en la misma cama. Vamos a estar claros que éramos como familia, y así que te dejamos en el centro de la cama, si para colmo los tres en la misma cama.

Pero después de hablar tanto morfeo se adueña de nosotros, el sueño nos vence y empezamos a quedarnos dormidos. Mi amigo por lo visto fue el primero. Yo sentí que tu ya lo estabas, de pronto te mueves y tu cara queda frente a la mía. En ese instante pude sentir tu química, mi olfato se activa, tu respiración me atraía. Sentía unas ganas inmensas de besarte así estuvieras dormida. Dejarme llevar como si fuese un sueño. Tu, te acercaste más a mi, como buscando mi calor corporal. Yo no sabía que hacer, mi corazón empezó a latir demasiado deprisa. El aroma de tu piel me descontrolaba, tu aliento me gritaba que te comiera a besos. No aguante más. Como si fuera un accidente quede nariz con nariz contigo, fue cuando sentí que tu respiración cambió de velocidad. Supe que no estabas dormida. Así que sólo me tome el atrevimiento de besarte. Inmediatamente tus labios empezaron a degustar los míos, con tantas ganas, con tanto placer que hasta nos olvidamos que al lado teníamos a nuestro amigo. Una de mis manos no se pudo controlar, e inmediatamente acaricie tus senos que se encontraban desnudos debajo de esa blusa de dormir. Tus pezones se pusieron duros inmediatamente. De pronto sentí que una de tus manos me agarra y dirige la mía hacia tu sexo, por debajo de tu short de dormir, deseando ser tocada. Mi sorpresa fue sentir tu vagina tan húmeda, tus jugos recorrían tus piernas. Sentí que deseabas ser penetrada, pero ¿cómo? Nuestro amigo podría despertar y encontrarnos en pleno acto. Creo que eso nos excitaba más. Querías moverte mientras mi mano era la que te follaba. Mis dedos te penetraban con tanto gusto que cada vez me pedías que introdujera uno mas, llegando al punto que mis cuatro dedos estaban dentro de ti y el que quedo fuera acariciaba tu clítoris al puntos de hacerte llegar. Era tanta humedad que el olor de tu sexo se podía sentir. «Me estas volviendo locaaaaaa» me susurraste al oído. Y metiendo tu mano debajo de mi pantalón tomaste con fuerza mi sexo y lo apretabas como queriendo vengarte de lo que te acababa de suceder. Pero no podías moverte mucho porque la cama empezaría a mecerse y despertarías a nuestro amigo.

La mañana apareció, los primeros rayos de sol aparecieron, te levantaste a darte una ducha. Te seguí, tenía ganas de hacerte mía en el baño. Pero me detuviste. Era ese miedo a ser descubierta el que no te dejo. Me dejaste afuera del baño. Así que me dispuse a sentarme en el comedor. Allí fue cuando mi amigo se despierta, y me dice: «Será mejor que nos vayamos, mi papá debe estar preocupado porque no llegue con el carro a la casa anoche». Así que le dije que yo iba a esperar que me prepararás desayuno y no pensaba irme todavía. Que me iría caminando. Así que se fue, yo me quede en la sala esperando que salieras de la ducha.

Saliste con la toalla alrededor de tu cuerpo, me miraste y sentí tus nervios. Sabías que habíamos quedado completamente solos. Sabías que en ese momento si iba a pasar lo que queríamos que pasara. Me metí en tu cuarto antes que lograras vestirte. Me decías que esto no debía estar pasando, hemos sido amigos toda la vida y además yo era amigo de tu ex. Pero los besos se volvieron a dar, empezamos a comernos los labios, desnudaste mi cuerpo y nos lanzamos en la cama. Esta vez nada nos detendría de hacer realidad este deseo guardado por tanto tiempo. Ambos confesamos haber deseado vivir ese instante años atrás. Allí estábamos, sintiéndonos, explorandonos, entregándonos en cuerpo y mente. Disfrutando de las caricias, de los movimientos y los aromas de nuestros cuerpos. Te movías encima de mi de tal manera que era yo quien se sostenía de las sábanas… Era increíble… Como movías tus caderas, mis manos solo se sostenían de tus nalgas, porque sólo tu llevabas el control. Tus labios se fusionaban con los míos, los dedos de tus manos se entrelazaban con las mías. Tus gemidos aceleraban mi respiración y mis latidos. Tu vagina estaba muy caliente y húmeda. Sentía que me ibas hacer explotar. Así que me separe de ti y quise hacerte sexo oral. Y me dijiste que tu lo harías primero, sostuviste mi sexo con tu mano, y acercaste tu boca y con sólo introducir un pequeña parte de mi pene jugaste con tu lengua y tus labios. Tu lengua empezó a moverse de tal manera que mi respiración se aceleró, por primera vez en la vida estaba sintiendo sensaciones increíbles y ni siquiera te movías o usabas tus manos, era sólo tu lengua y tus labios. Fue cuando me invadió el cuerpo un orgasmo y sólo tuve tiempo de decirte: «Me vengo» pero tu simplemente continuaste, me dejaste llegar en tu boca, creo que este orgasmo fue el más largo y placentero que jamas haya tenido en la vida. Caí rendido, inmediatamente subiste sobre mi, preguntándome que tanto lo había disfrutado y si me había gustado sentir como me hacías el sexo oral. Te confesé que había sido la mejor felación que me habían hecho…
Así que con cara de ironía y con una gran sonrisa de satisfacción en la boca te acercas a mi oído y me preguntaste… «¿Aún piensas que soy mala cama?

Continuara…

 

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Dame un trago…

Recuerdo que te conocí en la barra de un bar en un prestigioso hotel de la ciudad. Allí estabas tu, una mujer joven y hermosa, de piel blanca y hermosa cabellera negra, una sonrisa encantadora y una voz dulce y tentadora, con un acento de la zona andina de mi país. La primera vez que te vi, fueron muy breves las miradas, una amiga me llevo a conocer el lugar, y nos presento, ¿recuerdas? No fue sino hasta la segunda vez que visite ese lugar que rompimos el hielo. Ese día jugaban los eternos rivales del béisbol venezolano, yo iba con mi flamante franela de los Leones del Caracas, y tu mirada no fue nada amistosa. Claro, eres de Navegantes del Magallanes. Te pedí una cerveza y me la dejaste a 40 cm de mi y dijiste con una sonrisa en los labios: «Al enemigo ni agua, pero no creas que te voy a atender VIP, levántate y agarra tu cerveza».

Yo simplemente sonreí y mire a mis amigas que me acompañaban, ellas sólo rieron y una de ellas hasta subió una ceja y se carcajeó, como era de otro equipo contrario al mío también (Tiburones de La Guaira), te apoyo. Esa noche entre tragos y conversaciones, no deje de verte. Mis amigas notaron mi evidente atracción hacia ti, la forma en que te miraba, la manera de hablarte. Llegue al punto de quitarte tu PIN para estar «conectados» y seguir conociéndonos.
Recuerdas que fueron muchas noches las que nos quedábamos escribiéndonos mensajes y enviándonos notas de voz hasta largas horas de la noche. Pero fue aquella noche que hice una pequeña fiesta en mi apartamento junto a unos amigos y tu casualmente me dijiste que ibas rumbo a La Guaira (sector donde vivía) e inmediatamente te pedí que nos acompañarás. Ibas con una amiga y un pana quien era el que manejaba rumbo a las costas de Macuto. En mi apartamento ya se encontraban dos de mis mejores amigas de la oficina desde el día anterior, era casi una costumbre de que todos los viernes iban a mi apartamento a beber toda la noche y luego ir el sábado a la playa. Esta vez nos acompañaban dos panas más, y ustedes tres que venían en camino.

Una noche de rumba, tragos y buena música. Una vista hacia el mar espectacular y una luna llena reflejada en las aguas tranquilas de las playas de Macuto. ¿Recuerdas cuando hablamos de los futuros viajes que querías hacer? Ya llevas varios cumplidos, te faltan sólo unos pocos. Aunque lo que más recuerdo fue aquel momento cuando en plena conversación quise robarte un beso… Me dejaste con las ganas, supiste esquivar la situación, quede como dicen «ponchado» y tu solo sonreías y seguías hablando. Tenemos una linda y hermosa amistad, me dijiste con voz dulce y resaltando lo que se conoce hoy día como «Friend Zone». Pero, en realidad sabías lo que hacías, un rato más tarde me pediste que te sirviera un trago de vodka, así que me acompañaste a la cocina, encendí la luz e inmediatamente tu la apagaste diciendo: «¿Acaso no lo puedes hacer a oscuras?» Mi cabeza empezó a volar, pero creo que no me diste tiempo, cuando apenas te entregaba el vaso con el trago, una de tus manos me tomo del cuello y acercaron mis labios hacia ti, un beso profundo y apasionado se adueño de mi ser en ese momento. En ese instante te tome de la cintura y te levanté, sentándote en mesón del gabinete, era tan intensa y apasionada la situación que recuerdas que volteamos el vaso de vodka y no me dejaste ni secar el asunto. Tu boca se fusionaba con la mía, tus manos acariciaban mi rostro y mi cabello, tus labios me besaban con tantas ganas que sentía como si desearas morder mis labios para comértelos. Tu respiración se aceleró, hubo de pronto un suspiro, y con ambas manos en mi rostro me dijiste: Si eres tonto, ¿creías que no moría por besar tus labios? Sólo quería probar que tanto los deseabas, y saber si te rendirías. En ese mismo instante supe lo apasionada y dominante que eres. Ese instante se acabo al llegar tu amiga diciendo: «Me quiero ir… Vámonos!»
¿Por qué? Se pueden quedar si lo desean, es algo tarde para agarrar carretera.» Y después de una larga discusión logre convencer a tu amiga. Las lleve a mi habitación y les dije que podían dormir en mi cama, yo seguiría atendiendo a mis amigos. Me tomaste de la mano y dijiste: «¿Ya es tarde por que mejor no te acuestas? Aquí cabes» mirándome con tus grandes y bellos ojos.
En ese instante me olvide de mis amigos. Cerré la puerta de la habitación y me dispuse a ponerme cómodo. Me coste a tu lado, tu me diste un beso de buenas noches. Un breve beso en los labios. Dejándome con mas ganas de ti increíbles. Te abrace, y trate de traer tu cuerpo más al mío. Sentía tu aroma, tus feromonas, quería comerte entera. Pero tu amiga nos detenía. Mi mano se deslizó a tu cintura, empece a recorrerte acariciando tu abdomen. Pero me detuviste sosteniéndola y llevándola nuevamente a tu cintura. Y volteando hacia mi diciéndome casi en silencio: «shhhh ¡no!».

¿Como voy a dormir así? Me preguntaba a mi mismo. Esa fue la hora más larga de mi día. Hasta qué tu amiga se levantó y me dijo: «necesito darme una ducha, ¿me prestas el baño?» Me levanté de prisa y le busque una toalla limpia y le dije: «hay agua caliente, tardate lo que quieras» ella sólo sonrió y se fue. Yo me volví a meter en la cama contigo y tu «haciéndote la dormida». Así que sólo me acerque a ti, y empece a besarte suavemente por el cuello, te hablaba dulcemente al oído. Volví a meter mi mano por tu cintura y empece a acariciar tu abdomen, pero esta vez tu mano tomó la mía y la llevo hasta tu pecho dejándome acariciar cada uno de tus senos firmes, tu respiración empezó a acelerarse. Mi sexo a endurecerse. Así que tome una de tus manos y la lleve hasta allí para que notarás mi emoción, tu expresión fue intimidante, me tomaste fuertemente de mi sexo y hablándome entre dientes dijiste: «esto va a ser mío esta noche». Inmediatamente nos despojamos de la ropa, y nos unimos en un solo cuerpo, acariciándonos, besándonos con pasión, con ternura, pero cada segundo aumentaba el placer, la lujuria.
Cuando ya nuestros cuerpos estaban listos para fusionarse, me subí a ti, abriendo tus piernas, y tomando tus manos por encima de tu cabeza. Mordiéndonos los labios empezamos hacer el amor. Por fin nuestros cuerpos podrán explorarse con libertad, tocarnos, sentirnos, complacernos. Entregarnos por completo al placer y al deseo. De pronto tus gemidos empezaron a aparecer, pero te cohibías de soltarlos por pena a ser escuchada fuera de la habitación. Así que una almohada fue quien sirvió de silenciador. Mis movimientos sobre ti cada vez eran más fuertes, mis caricias cada vez más intensas. Y tus manos cada vez me apretaban más hacia ti. Como deseando no separarte de mi ni por un instante. El sudor empezó a adueñarse de nuestros rostros, la respiración más acelerada, pero las ganas se incrementaban cada segundo.

De pronto te soltaste de mi y me volteas quedando tu encima de mi, era tu turno de dominar la situación. Ambas manos sostuvieron las mías, y dejabas caer sutilmente tus senos en mi cara, incitándome a besarlos, a morderlos… pero lograbas alejarlos a tiempo y no logrará mi meta. Eso me desesperaba, deseaba tenerlos cerca de mi, y tu muy bien lograbas cargarme de desesperación, sumando a todo esto tu mirada, tus labios, y tu voz dulce, suave y seductora diciéndome:

«¿Quieres besarlas? ¿Quieres sentirlas? ¿Desde cuándo deseabas tenerlas en tu boca? ¿Desde cuándo deseabas tenerme en tu cama?»

Y al mismo tiempo movías tus caderas con movimientos circulares y algunas embestidas que elevaban mi libido a niveles jamás vividos. Acercaste tus senos nuevamente a mi rostro.
Esta vez si dejando que mi boca jugara con ellos. Mis labios húmedos lograron besar cada uno, apoyado por mi lengua que muy sutilmente recorría tu pezón con movimientos lúdicos que te encantaban. Y muy brevemente lograba morderlos, eso te calentaba aún más. Ya no te alejabas de mi, contrariamente, ya no te separabas de mi. Tu boca por instantes se adueñaba de mis labios y me hablabas al mismo tiempo, haciéndome saber que ese instante lo estabas disfrutando al máximo. Te dejaste caer a un lado de la cama y decidiste darme la espalda, tomaste control de mi sexo y te lo introdujiste en tu vagina húmeda y caliente. Y empezaste a moverte con gran placer, pidiéndome con voz dominante que te halara el cabello. Así mismo fue, tus deseos órdenes para mi. Mi mano se adueñó de tu larga cabellera, mientras la otra acariciaba tu abdomen, tus caderas y tus senos. No pares! Te decía repetidamente, y tu acelerabas y forcejeabas conmigo como queriendo tener tu sola el control. Así que te puse en cuatro para adueñarme sólo yo te tu placer, sentir tus firmes nalgas pegadas a mi, pero tu seguías dirigiendo los movimientos, así que entendí que debía entregarme a ti. Fue allí cuando sentí que estabas próxima a llegar el éxtasis y mis penetraciones fueron de lentas y profundas a ir cada vez más rápidas. Ver como apretabas y tratabas de arrancar las sabanas de la cama, morder la almohada, gemir y tratar de voltear a verme me puso muy caliente.

Así que segundos después de tu explosivo orgasmo no pude aguantar más y me vine dentro de ti, al darte cuenta de esto tus movimiento fueron sensacionales, yo sólo me aferre a tus caderas dejándome lleva por ti, fue increíble. Caí sobre ti ya sin un poco de fuerza. Las gotas de sudor eran interminables, y mi corazón iba a estallar. Tu cara, un poema, disfrutaste más verme así, sin aliento, complacido, exhausto. Me besaste y me dijiste: «estuviste fenomenal» era la cereza que necesitaba esta torta como punto final. Te abrace y nos quedamos un instante más en la cama antes de levantarnos. Muy en el fondo sentía que hubo una gran conexión entre ambos, era nuestra primera vez juntos y parecía que toda la vida lo hubiésemos estado haciendo. O por lo menos así fue que yo lo pensé…

¿Se repetiría? Me preguntaba yo mismo después que te fuiste esa mañana. ¿Tu que recuerdas? ¿Cuantos encuentros fueron después de aquí… Y como fueron? Pues esta historia continuará…