Young couple smiling on bed, close-up

Simplemente amigos…

Te acuerdas aquella ocasión después de haber trabajado mucho en la tarea de la universidad, eran las entregas finales, pasé la noche en tu casa trabajando. Ya eran como las 4 de la tarde cuando decidimos descansar y relajarnos y olvidarnos completamente de la tarea, compramos unas cervezas. Te pedí que me permitieras bañarme para descansar mejor y que así podías darme un masaje. ¿Porque te ríes? Veo que si lo recuerdas. Comencé a bañarme después de haber tomado un par de cervezas. No había toalla y te pedí una. Corriste a la puerta del baño y me la diste, me dí cuenta de que me miraste con algo de picardía. Salí del baño y fui a tu cuarto, allí estabas tirada en la cama bocabajo, parecías relajada por la cerveza. Me recosté a tu lado y también trate de dormirme.

Comenzamos a hablar de otras cosas, pero no se como se dio el tema, total que me contaste acerca de una experiencia sexual que habías tenido pero que no te había gustado y te sentías muy arrepentida, recuerdo que lloraste, e intenté calmarte y que te desahogaras. Después de un rato de estar llorando, entre lágrimas y con un gesto muy visible de pena, me dijiste: – ¿Sabes? He tenido tres sueños contigo en donde hacemos de todo, y el tenerlos me hace sentir muy mal, porque fuiste el novio de mi mejor amiga, y ella me pidió que te cuidara cuando se fue, siento que la traiciono.

Yo también te confesé que desde hace tiempo fantaseaba contigo. En ese momento estábamos los dos acostado pero uno en cada extremos de la cama, pero para ese entonces mi miembro ya se encontraba muy duro e incluso con gotas de lubricante en la punta. Y yo solo en toalla.

Yo acerqué mi mano a tu cara y la acaricie e inmediatamente me pediste que no lo hiciera, pero no te quitaste, sino que al contrario, metiste tu mano bajo mi toalla y tímidamente me tocaste, veía en tus ojos el deseo que sentías. Cerré mis ojos. Mi corazón estaba a mil no sabía que hacer. De hecho los dos estábamos deseosos pero no nos atrevíamos a acercarnos más. Me acerqué y te dí un beso en la frente mientras luchaba por contenerme de no venirme, ya que estaba muy, muy excitado. Tu cerraste tus ojos y me dijiste: – ¿Me dejas hacer algo que desde hace tiempo he querido hacerte? – Yo con la respiración entrecortada te dije que hicieras lo que quisieras y te pregunté que era lo que deseabas.  Aún con los ojos cerrados y con el ceño fruncido y los labios temblorosos, me contestaste: – Besarte, solo eso quiero – A lo que respondí que lo hicieras. Te acomodaste un poco y yo esperaba que me dieras un beso en la boca, pero no. Quitaste la toalla de mi cintura y me diste un beso a la altura de mi ombligo, tomaste mi pené con tu mano derecha y comenzaste a besar la base y lentamente a subir por él hasta llegar a la punta. Ya estando tus labios en mi glande, de un sólo golpe succionaste todo mi pene y no pude hacer otra cosa más que arquear mi cuerpo. Con la otra mano apretabas rítmicamente mi escroto y testículos, tu boca subía y bajaba por mi pene y yo sólo veía como estaba húmedo por tu saliva y como tus labios se estiraban cuando lo sacabas y lo metías en tu boca. Te detuviste un poco en la punta y con tu lengua comenzaste a dar vueltas por el glande. Ví como tu mejilla se estiraba al hacer contacto el glande con las paredes de tu boca y eso me excitó mucho más.

Como sentí la sensación de la eyaculación, te sujete por la cabeza y te retiré y te dí un beso en los labios. Luego te besé el cuello y te baje una blusa de tirantes, dejándote sólo en un sostén sin tirantes. Acaricié la copa y sentí tu pezón durito. Bajé lentamente tu brassiere y tus dos senos eran como dos melocotones grandes y jugosos por ser devorados, eran perfectos y excitantes. Tu simplemente seguías con los ojos cerrados y cuando te recosté para quitarte el pantalón, te tapaste con el antebrazo los senos y con las manos tu cara, ¿Que sentías? Tienes un cuerpo hermoso, digno de admirar y observar. Desabroché tu pantalón, te saqué las piernas y ta dejé solo en un bikini color piel, que recuerdo muy bien que no era tan sensual como los que había visto antes en tu closet y a decir verdad me cortó un poco la inspiración y por eso te los arranque y los lance lejos de nosotros. Se que no te lo había dicho, ahora solo nos queda sonreír. Siempre me ha excitado ese momento en que desnudamos a esa persona que tanto nos gusta. Y ¡Wao! Algo que me llamaba la atención y me despierto el morbo es el vello púbico, lo tenías perfectamente delineado por el rastrillo y sólo tenía una delgada línea de pelos, lo cual ahora que lo escribo me provocas una erección y hace que mi “amigo” salga por mi bóxer.

Me recosté a tu lado y quité tus manos de tus senos y los comencé a besar, con mucha dulzura, jugando con mi lengua y a veces mis dientes con esos pezones erizados. Mientras con mi mano derecha acariciaba tu abdomen en busca de tu rajita que al contacto con ella una corriente eléctrica recorrió mi brazo hasta mi cuello. Lentamente, pero con firmeza, metí un dedo en tu vagina, estabas caliente y muy húmeda. Eso me excito aún más y comencé a entrar y salir cada vez mas rápido e intensamente.

No pude aguantar más, me hinque en medio de tus piernas y recuerdo que te pregunté que si quería que lo hiciera, a lo que me contestaste que ¡NO!

Yo no te hice caso… (Sonrío y se que tu también) seguí acariciándote y entre queriendo y no, acerqué mi cadera a tu entrepierna, con mi mano coloqué la punta de mi pene en toda la entrada e introduje poco a poco mientras sentía como me tragaba su humedad y su calor. Cuando la base de mi pene tocó tu pubis me sentí pleno y sentí la necesidad de salir para volver a entrar y tener la misma sensación. Me abrazaste con tus piernas y con tus manos acariciabas mi pecho y me veía a los ojos por fin.

Tus gemidos empezaron a surgir con cada embestida dentro de ti. Tu respiración era cada vez mas profunda, ya no dejabas de verme. Mordías tus labios y te quejabas cada vez que lo empujaba dentro de ti. Cada quejido me calentaba mas y mas. De pronto me empujaste, te pusiste en cuatro patas. El hecho de ver tu trasero a mi disposición me excito mucho más. Volteaste tu cara esperando que te penetrara y en cuanto lo hice, miré como cerraste los ojos y levantaste la cabeza, pero esta vez no hiciste ningún ruido, pero el espejo de tu peinadora me permitía ver tu expresión de entre dolor y no querer gritar. Te contenías, lo aguantabas,  respirabas profundo con cada embestida de mi pene dentro de ti. De pronto fue como si no lo pudiste soportar mas y tus gritos y gemidos explotaron de tus labios, tu almohada era el silenciador de aquella batalla. Tus caderas no dejaban de moverse, a veces volteabas tu mirada para verme a los ojos y sentía como disfrutabas de mi cara. Porque le ponías como mas empeño a la situación, sentí que me ibas hacer llegar en cualquier momento.

Me pediste que no me viniera dentro de ti ya que estabas fértil esos días y no nos estábamos cuidando (Que locos eramos). Por lo que te apartaste, te pusiste de frente a mí y comenzaste a masturbarme. Comenzaste a subir y a bajar con tu mano con movimientos largos y lentos, pero fuertes. Llenaste tu mano de tu lubricación vaginal del que estaba lleno mi pene. Y dijiste: – Lo quiero en mi pecho… – . Finalmente me vine con un gemido de placer-dolor y mi semen se esparció por tus hermosos senos y tu mano, que aun seguía manoseando lentamente mi pene y apretabas como para sacar todo lo que tenía que salir. Podía ver como caía todo en tus senos y me decías: – Esta caliente, que rico se siente. – Y empezaste a esparcirlo por todos tus senos hasta dejar una capa brillante por todo tu pecho.

En ese momento, después de recuperar el aliento y disfrutar del orgasmo, me sobrevino la culpa y me tiré en la cama y te pregunté: – ¿Qué hicimos? Tu solo me diste la espalda y yo no sabía que hacer, me cubrí con la toalla y me puse a pensar. Después de unos quince minutos, volteaste hacia mí y me dijiste mientras me acariciaba el pecho y me quitaba algunas gotas de sudor: – ¿Sabes..? me la pasé muy bien, a pesar de que me siento mal por esta chama, ella esta enamorada de ti, ¿sabes? Pero me deje llevar…

-¿Te gustó? – te dije

-Claro que si, fue increíble, pero aun siento pena y vergüenza.

Estuvimos otros diez minutos viendo el techo de la habitación como un par de tontos y luego nos levantamos y nos fuimos a bañar. No dijimos nada, de hecho nos bañamos dándonos la espalda. No quisiste enjabonarme siquiera y no me dejaste hacértelo tampoco. Nos secamos, nos vestimos y salimos a caminar. Fuimos a comer helados ¿Recuerdas? Por un instante nos olvidamos que solo hacia unos minutos estábamos empiernados besándonos y gimiendo el uno por el otro.

-¿Que somos?  – me preguntaste antes de irte de nuevo a tu casa…

-Somos los mejores amigos. – conteste con una sonrisa.

-Si, ya veo… Muy grandes amigos -dijiste sonriendo tan hermosa como siempre – ¿Pero que pasara cuando quiera volver hacer esto que paso hoy? ¿Estarás para mi? No puedo pedirte que seas mi novio, mi amiga me mataría, estas claro. Pero debo confesarte que nunca antes me habían hecho sentir lo que tu me hiciste hoy en mi propia cama. Y aunque trato de no hablar del tema, no dejo de recordar cada caricia, cada movimiento tuyo. Con solo confesarte esto siento que me estoy mojando de nuevo…

-Shhh Tranquila – te dije susurrando – Para que estamos los amigos, nos confiamos todo, te quiero mucho, dentro de todo te respeto y me interesas como persona. Considero que esto es una amistad con un toque de erotismo y de mucha confianza. Siempre estaré para ti.

-¿Siempre? ¿Seguro?- me dijiste mirándome fijamente a los ojos en el medio de la calle – Pues quiero que ESTÉS dentro de mi en este momento, así que llévame aun sitio donde pueda ser TU MEJOR AMIGA…

 

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No estas sola…

Sólo quería preguntarte si aún recuerdas ese beso que te robe aquella noche en aquel restaurante. Ese beso que hizo estremecer mi ser, degustar tus labios fue muy placentero. Aunque hubiese deseado que no terminará y poder descubrir cada sabor y pasión que llevas impregnados en ellos.

Mi mente voló por ese instante. Te voy a contar las cosas que pasaron por mi mente de allí en adelante. Y espero que tu te confieses conmigo y me digas si sentiste lo mismo.

Tu energía me invadió. El olor de tu piel al tenerte tan cerca alboroto mis sentidos, rozar mi nariz con tu mejilla al darte un beso de amigos fue lo que hizo explotar ese instante. Fue lo que me llevó a tomarte del cuello y darte ese beso que tanto anhelaba mi boca. Pero deseaba más, un beso no sería suficiente para saciar las ganas que sentía de adueñarme de ti. Yo deseaba aferrarme de tu cabello, que mi boca se comiera literalmente esos labios provocativos. Mi otra mano deseaba con locura acariciar tus sensuales senos que dejabas ver con un lindo escote. Sentirlos en mis manos mientras tu muerdes mis labios con placer. Tus manos se apoderan de mi, una sé aferro a mi cabello acariciandolo con sutileza con tus uñas. Mientras la otra me iba desabotonando la camisa y acariciando mi pecho. De pronto te levantaste de la silla y te sentaste encima de mi. Dejando tus senos justamente frente a mis ojos. Una sonrisa te invadió el rostro. Ni una palabra salía de nuestros labios. Solo eran miradas profundas. Mis manos se adueñaron de tus nalgas aferrandome con fuerza. Te recorrí hasta tu cintura y no pude esperar mas… te quite la sexy blusita que llevabas puesta. Dejando al descubierto lo que podría comparar con dos grandes y jugosos melocotones. Mi boca no aguanto ni un instante para saborearlos. Mis labios y mi lengua no pararon de jugar con ese par. Y es que con solo ver tu rostro sabía que lo deseabas desde hacía mucho tiempo. Me encantaba ver como mordidas tus labios. Como gemías cada vez que te mordía o lamía tus pezones. Era inevitable querer quitarte toda la ropa y hacerte el amor de forma salvaje en esa mesa. Así que te mire fijamente y por primera vez cruzamos un par de palabras:

«-Eres mia» dije susurrando…

Y tu cerrando los ojos sólo dijiste: «Hazme tuya»

Te levante y desabroche el botón de tu pantalón, bajé el cierre lentamente, sin dejar de mirarte a los ojos. Tu respiración se aceleraba fuertemente. Mis manos se encargaron de dejarte con un pequeño hilo dental negro que era casi igual que dejarte desnuda por lo diminuto.

Tu hiciste lo mismo conmigo, te deshiciste de mi pantalón y solo me dejaste en bóxer. Pero una sonrisa te volvió a invadir y terminaste arrancandomelo por completo. Ya podías ver mi erección. Y sin mediar palabras empezaste a propinarme un sexo oral increíble. Tus labios jugaban a volverme loco junto a tu lengua. Succiones y la lamidas eran las responsables de cada contorcion de mi cuerpo. Sentir tu boca húmeda y caliente me excitaba cada vez más. Verte jugar con tanto placer con mi miembro que cada segundo estaba más y más duro, erecto y brillante de toda la saliva que arropó tu boca. Tus manos se unieron al juego, me tocabas y masturbabas con tanta experiencia que sentía que en pocos segundos iba a explotar. Tu cara de deseo me hacía sentir el más perverso y ya sentía que debía devolverte el mismo placer.

Así que te subí a la mesa y me senté a comerte la entrepierna. Tu ya estabas tan húmeda que solo provocaba era penetrarte inmediatamente, pero quería que sintieras mi lengua dentro de ti y volverte loca antes de que me tuvieras dentro de ti. Mi boca se daba un banquete con los jugos de tu cuerpo. Mi lengua jugaba con tu clítoris con tanto placer que tus gemidos empezaron a salir de tu boca sin poder contener los más. Tus manos se posaron en mi cabeza y la empujaste con fuerza entre tus piernas. Querías sentirme más profundamente. Levante tus piernas y mi lengua te saboreo de tal forma que solo te quedo gritarme: «-Ya te quiero dentro de mi!!»

Yo no espere ni un segundo más,  abrí tus piernas y empecé a penetrarte dejando tus piernas sobre mi pecho y hombros. Una de mis manos se encargó de acariciar tus senos y la otra sostenía tus piernas ya temblorosas. Tu cara de placer era única,  solo cerrabas por instantes los ojos y mordía tus labios. Jadiabas, gemías,  gritabas… eras mía.
El sudor empezaba adueñarse de nuestras pieles. Mis movimientos de cadera sobre ti cada vez eran más intensos y fuentes al igual que tus jadeos. Entrar y salir de tu cuerpo. Hacerte sentir que eres una mujer deseada. Mirarte mientras disfrutabas de este instante con tantas ganas. Todo esto me hacía desearte más. En ese instante te bajaste de la mesa, me diste la espalda y te acostaste en la mesa boca abajo. Miraste hacia mi y me dijiste: «Quiero que me hagas gritar tu nombre… sera que puedes?» Y una sonrisa malvada te invadió dejando de verme y esperando que yo me adueñara de ti.

Me acerqué a ti y al prepararme para penetrarte me dices: «Quiero que me hagas gritar pero no me lastimes OK…»

«-Tranquila, solo déjate llevar» respondí

Levante una de tus piernas y la guíe hasta dejarla sobre la mesa. Así podía tenerte abierta y lista para penetrarte por donde yo quisiera. Primero lo introduje suavemente en tu húmeda vagina y empecé a moverme con lentitud y sutileza. Mis movimientos cada vez se empezaron a intensificar. Mis manos empezaron a darte azotes a tus nalgas. Como si quisiera domar una potra salvaje. Tu sólo decías: «No pares… dame más fuerte… quiero gritar… hazme gritar.»

Fue cuando en una embestida te lo saque y cambié de sitio… pudiste sentir como mi miembro te atravesó por completo por tu culo.  Y ese grito que tanto deseabas escapó de tu boca de forma inmediata acompañado de un par de malas palabras y un: «¿Me quieres matar?

Así que lo saque inmediatamente. Pero tu reacción fue algo agresiva.

«¿Quien te pidió que me lo sacarás? Solo ten más delicadeza o por lo menos avísame.»

Así que nuevamente volví a colocarlo donde estaba, solo que esta vez fue con más sutileza. Tu acomodaste tus caderas y te preparaste para recibirme. Un leve gemido salía de tu boca con cada centímetro que te iba penetrando. Respirabas profundo, seguido de un repetido «Dios mío».

Todo era cuestión de tiempo, cuando menos lo esperaba ya tus caderas eran quienes tenían el control de los movimientos. Gritos y gemidos no dejaron de salir de tu boca con cada embestida. Golpeabas la mesa con tus manos cada vez que mi miembro te penetraba. Mis manos sobre tus caderas y a veces en tu cabello te hacían sentir más salvaje. Yo solo quería ver tu lado oscuro, esa mujer insaciable que solo pide sentirse complacida en la cama. Esa mujer sexy que sabe hacerse desear. Que logra hacer que fantasees con tenerla y hacerla tuya.

«Por fin eres mía…» te dije al oído mientra te seguía penetrando por detrás y mis manos apretaban tus senos con fuerza. «Quiero que me regales un orgasmo tuyo, quiero ver como llegas para mi».

Así que te tome del cuello y mis caderas empezaron a azotarte con más fuerza. Tus gemidos brotaban de tus labios con cara de placer. Tus ojos se nublaron de lágrimas. Me besaste con locura, tu lengua se adueñó de mi, me mordias los labios con pasion y deseo. Y de pronto con voz exhausta me dijiste: «Dame más no pares por favor, ya casi me haces llegar…»
Así que me aferre a tus cadera apretando tus nalgas y empecé a acelerar mis movimientos. Solo con ver como entraba y salía de ti me calentaba más, sumando que tus gemidos y palabras me hacían sentir insaciable.

De pronto un grito me dio la señal que ibas a explotar de placer. Tu mano izquierda tocaba mis testículos mientras yo seguía penetrandote. Y cuando llegaste tus dedos acariciaban tu clítoris con movimientos fuertes. El solo verte así me hizo estallar también. Ambos llegamos al clímax, nuestros cuerpos llenos de sudor se deslizaban entre sí. Después de esto solo nos besamos, no teníamos palabras ni aliento para decir nada. Sólo fueron ricos besos y sonrisas. Tu y yo supimos disfrutarnos a plenitud. Sólo nos quedó vestirnos y salir de este restaurante…

Continuará…

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El tiempo pasa, el deseo permanece…

Esta historia entre tu y yo empezó hace muchísimos años atrás. Cuando éramos sólo unos jóvenes que aunque las hormonas estaban explotando fuimos incapaces de acercarnos lo suficiente como para por lo menos darnos una buena sesión de besos, de simples caricias o quizás de hacernos el amor con la ropa. Pero todo quedo en sólo miradas picarás, una que otra conversación. Y alguna coincidencia ya que no vivías por allí, sino que sólo ibas de visita en vacaciones. Eso lo hacía más difícil y emocionante. Verte algunas tardes sentada con tus primas en el frente de la casa, y yo sin tener la fuerza o seguridad para acercarme a ti. ¿Recuerdas? Confiésalo, pensabas que era un cobarde, penoso y lento joven que no se atrevía a hablarte. Como no sentirse intimidado con tus grandes ojos y pestañas, esa piel canela, y una radiante sonrisa. Sin dejar de lado esa figura, ese cuerpecito que siempre miré de lejos. No fue hasta unos años después que hasta bailamos juntos, ya eras toda una mujer en todo el sentido de la palabra. Eras madre. Pero tu seguías igual de radiante, y más voluptuosa que la última vez. Se que sonreíste, y si, como dejar de ver tu escote ese día, si fue imposible quitarte la mirada de encima esa noche. Teníamos mucho tiempo sin vernos, y sonreíamos como la primera vez. Como si nos hubiésemos hablado toda la vida y ya hubiésemos compartido muchas cosas juntos… Pero no, era increíble que ya habían pasado unos años, cada uno había hecho sus vidas y presentíamos que aún había algo pendiente por descubrir… Te veía bailar con otros hombres, te miraba cuando te sentabas, te seguía con mi mirada. Esperando una señal de ti. ¿Que me pasaba por la mente? Debía era secuestrarte y listo, ¿verdad? Pues lamentablemente eso no fue lo que hice. Te deje ir. Se acabo la fiesta y te vi partir. ¿En qué rayos pensaba?

Ahora es que me siento y me imagino las cosas que pudieron pasar. Por qué nunca te lleve a una habitación, donde podíamos estar solos tu y yo, mirarnos frente a frente, sentir como nos desnudamos con la mirada, hasta quedar sin ropas de verdad. Por qué no te acosté en la cama y te bese desde la planta de tus pies con dulzura. Acariciando tus piernas, recorriéndolas con mis labios, mi nariz, sintiendo cada vez más ese aroma, ese olor a sexo que nos vuelve locos. Mi boca se acercó cada vez más rápido a tu entre pierna. Mis labios empezaron a jugar con tu sexo, un oral dedicado sólo ha hacerte sentir complacida, hacerte sentir deseada, hacerte gemir con gusto, con gran placer. Degustar cada milímetro de tu dulce vagina, mi lengua te exploraba, te descubría. Empece a encontrar tu punto débil, notaba como suspirabas profundamente, y como se escapaba uno que otro gemido. Aún no te liberabas, aún sentías algo de pena. Mis dedos empezaron a apoyarme en darte placer, lentamente empece a penetrarte con dos de ellos. Estabas muy húmeda, así que entraron sin dificultad. Mis movimientos eran lentos y muy suaves. Mi boca y mi nariz se encargaban de seducirte por fuera… Mientras mis dedos te hacían el amor. Tus manos se adueñaron de tus pechos apretándolos con mucha pasión, acariciabas tus pezones, y de vez en cuando los apretabas con fuerza. Me levanté un poco y sin abandonar tu vagina con mi mano, acerque mis labios a tus grandes senos naturales. Y empece a disfrutar de un dulce sabor y una suave textura, que alimentaban cada segundo más mi deseo. Tu boca se abría al verme succionar aquellos pezones, no podíamos dejar de vernos a los ojos. Empece a morderte muy sutilmente. Inmediatamente empezaste a morder tus labios y a gemir más fuerte. Mis dedos empezaron a moverse más de prisa. Así que introduje un tercer dedo para apoyarme más. Tus caderas empezaron a moverse con mas intensidad. Me tomaste de la cara con ambas manos y me llevaste hasta tu boca, me besaste con locura. Y con voz suave y dominante me dijiste: «hazme tuya».

Me puse al frente de ti, abrí tus piernas, y las alce a la altura de mis hombros, mire tu vagina, mordí mis labios, sonreí… Y empece a penetrarte suave y profundamente. Te aferraste a las sábanas de la cama y gemiste. Mis manos se apoderaron de tus tobillos, abrí tus piernas, y mis caderas empezaron a moverse con mas intensidad. Tu sólo cerrabas los ojos, y abrías la boca para respirar, y por algunos instantes me mirabas con deseo, y me susurrabas un «no pares» y un «estas demasiado rico», palabras mágicas que me llenaban de mas fuerza y pasión. Ahora mis manos bajaron hasta detrás de tus rodillas, una zona muy sensible al tacto suave. Doblaste las piernas, así que las junte y empece a penetrarte con mayor fuerza y profundidad. «Auch!» Gritaste… «¿Me quieres matar verdad?» Y yo con una sonrisa maligna te respondí: «Si, vas a pagar por todo el tiempo que no hicimos nada, por todas las ganas acumuladas, por cada fantasía que tuve contigo» así que me tumbe encima de ti y abrí tus piernas, tu las cruzaste por mi espalda inmediatamente. Y empece a follarte con gran pasión, movimientos lentos y profundos, algunos más rápidos y superficiales. Besos apasionados, haladas de cabellos, mordiscos, gemidos, palabras sucias, estábamos perdiendo el control de nuestras mentes. Nuestros cuerpos mandaban sobré por todas las cosas. De pronto sentí tus uñas clavarse en mi espalda, y un grito casi mudo salía de tu boca, y unos movimientos temblorosos se adueñaron de tus caderas. «Que rico….» Suspiraste sin soltarme por un instante. «necesitaba sentir esto desde hace mucho tiempo».

Y empezaste a besarme con mucha dulzura y pasión. «No quiero que esto termine…» Dijiste después de otro suspiro profundo. Me volteaste, dejándome boca arriba, y te subiste encima de mi, introduciendo mi miembro dentro de ti. Tus caderas se movían de arriba a abajo con mucha suavidad, tus manos acariciaban tus pechos, las mías tus caderas y nalgas. De pronto empezaste a moverte con mucha rapidez, y gemidos salían de ti cada vez más profundos. Una de mis manos se acercó a tu boca, y uno de mis dedos jugó con tus labios. Me mordiste inmediatamente, y succionandolo cual sexo oral te viniste de nuevo, esta vez con mayor expresión en tu cara. Y mordiendo mi mano, como queriendo desahogar tensiones. Eso me encantaba. Terminaste encima de mi, sentía toda tu humedad recorriendome por mi miembro. Te levantaste, y bajaste a ver como estaba. Lo apretaste con tus manos, y mirándome me dijiste: «¿y el no piensa acabar? Necesito ver que acabes para mi…» Y abriendo tu boca, lo metiste como una Chupeta y empezaste a saborearlo, tu lengua jugaba con sus movimientos, tus labios con sus sonidos. De pronto una garganta profunda se adueño casi por completo de el, quedándote inmóvil por un instante algo prolongado. El calor de tu boca me tenía a punto de explotar. «Ven la quiero aquí, sobre mi pecho» dijiste mientras te colocabas de lado y me masturbabas con tus senos. «¿O acaso la quieres en mi boca?» Preguntaste con mas picardía y dejando tu boca abierta mientras me mirabas y me masturbabas. No aguante más, tuve algo de tiempo para decirte: «Me vengo» y mi semen cayo en tu rostro y parte de tu pecho, y fue cuando sin advertirlo tu boca se atragantó por completo, chupando y degustando cada mililitro de mi. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, sólo pude aferrarme de tu cabello y dejar salir un pequeño gemido profundo como lo que estabas haciéndome. Quede sin aliento, sin fuerzas. Tu solo sonreías con gran emoción. Estabas complacida y yo aún más. Nuestros cuerpos quedaron exhaustos después de este encuentro. Ahora sólo nos queda abrazarnos y despertar… Ya que todo esto sólo ha sido solo un sueño.
¿Tu no te haces la misma pregunta? ¿Por qué hemos dejado pasar tanto tiempo?

Continuara…

 

 

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¿Mala cama yo?

Te preguntarás porque le puse este título al relato, y sencillamente haciendo memoria sabes que en un principio te hacia molestar diciendo que tu novio te había dejado por esa razón. Recuerdo que siempre nos sentábamos en grupo a conversar y siempre terminábamos discutiendo, y para hacerte irritar más siempre terminaba diciéndote: «Habla claro, si tu novio te dejo por otra, seguro fue por mala cama» eso te hacia enfurecer más. Yo disfrutaba de tu cara y tu respuestas.
¿Recuerdas aquel día que fui a visitarte junto a otro amigo nuestro? Estabas sola en tu casa, y me llegue con este pana a que nos hicieras almuerzo, ya que bien sabemos que cocinas rico. Fue un día de habladera y jugando en la computadora. Llego la noche, nos pediste que no te dejáramos sola. Así que te complacimos, nos quedamos, nos hiciste cena y todo. Cuando nos disponíamos a dormir terminamos los tres en la misma cama. Vamos a estar claros que éramos como familia, y así que te dejamos en el centro de la cama, si para colmo los tres en la misma cama.

Pero después de hablar tanto morfeo se adueña de nosotros, el sueño nos vence y empezamos a quedarnos dormidos. Mi amigo por lo visto fue el primero. Yo sentí que tu ya lo estabas, de pronto te mueves y tu cara queda frente a la mía. En ese instante pude sentir tu química, mi olfato se activa, tu respiración me atraía. Sentía unas ganas inmensas de besarte así estuvieras dormida. Dejarme llevar como si fuese un sueño. Tu, te acercaste más a mi, como buscando mi calor corporal. Yo no sabía que hacer, mi corazón empezó a latir demasiado deprisa. El aroma de tu piel me descontrolaba, tu aliento me gritaba que te comiera a besos. No aguante más. Como si fuera un accidente quede nariz con nariz contigo, fue cuando sentí que tu respiración cambió de velocidad. Supe que no estabas dormida. Así que sólo me tome el atrevimiento de besarte. Inmediatamente tus labios empezaron a degustar los míos, con tantas ganas, con tanto placer que hasta nos olvidamos que al lado teníamos a nuestro amigo. Una de mis manos no se pudo controlar, e inmediatamente acaricie tus senos que se encontraban desnudos debajo de esa blusa de dormir. Tus pezones se pusieron duros inmediatamente. De pronto sentí que una de tus manos me agarra y dirige la mía hacia tu sexo, por debajo de tu short de dormir, deseando ser tocada. Mi sorpresa fue sentir tu vagina tan húmeda, tus jugos recorrían tus piernas. Sentí que deseabas ser penetrada, pero ¿cómo? Nuestro amigo podría despertar y encontrarnos en pleno acto. Creo que eso nos excitaba más. Querías moverte mientras mi mano era la que te follaba. Mis dedos te penetraban con tanto gusto que cada vez me pedías que introdujera uno mas, llegando al punto que mis cuatro dedos estaban dentro de ti y el que quedo fuera acariciaba tu clítoris al puntos de hacerte llegar. Era tanta humedad que el olor de tu sexo se podía sentir. «Me estas volviendo locaaaaaa» me susurraste al oído. Y metiendo tu mano debajo de mi pantalón tomaste con fuerza mi sexo y lo apretabas como queriendo vengarte de lo que te acababa de suceder. Pero no podías moverte mucho porque la cama empezaría a mecerse y despertarías a nuestro amigo.

La mañana apareció, los primeros rayos de sol aparecieron, te levantaste a darte una ducha. Te seguí, tenía ganas de hacerte mía en el baño. Pero me detuviste. Era ese miedo a ser descubierta el que no te dejo. Me dejaste afuera del baño. Así que me dispuse a sentarme en el comedor. Allí fue cuando mi amigo se despierta, y me dice: «Será mejor que nos vayamos, mi papá debe estar preocupado porque no llegue con el carro a la casa anoche». Así que le dije que yo iba a esperar que me prepararás desayuno y no pensaba irme todavía. Que me iría caminando. Así que se fue, yo me quede en la sala esperando que salieras de la ducha.

Saliste con la toalla alrededor de tu cuerpo, me miraste y sentí tus nervios. Sabías que habíamos quedado completamente solos. Sabías que en ese momento si iba a pasar lo que queríamos que pasara. Me metí en tu cuarto antes que lograras vestirte. Me decías que esto no debía estar pasando, hemos sido amigos toda la vida y además yo era amigo de tu ex. Pero los besos se volvieron a dar, empezamos a comernos los labios, desnudaste mi cuerpo y nos lanzamos en la cama. Esta vez nada nos detendría de hacer realidad este deseo guardado por tanto tiempo. Ambos confesamos haber deseado vivir ese instante años atrás. Allí estábamos, sintiéndonos, explorandonos, entregándonos en cuerpo y mente. Disfrutando de las caricias, de los movimientos y los aromas de nuestros cuerpos. Te movías encima de mi de tal manera que era yo quien se sostenía de las sábanas… Era increíble… Como movías tus caderas, mis manos solo se sostenían de tus nalgas, porque sólo tu llevabas el control. Tus labios se fusionaban con los míos, los dedos de tus manos se entrelazaban con las mías. Tus gemidos aceleraban mi respiración y mis latidos. Tu vagina estaba muy caliente y húmeda. Sentía que me ibas hacer explotar. Así que me separe de ti y quise hacerte sexo oral. Y me dijiste que tu lo harías primero, sostuviste mi sexo con tu mano, y acercaste tu boca y con sólo introducir un pequeña parte de mi pene jugaste con tu lengua y tus labios. Tu lengua empezó a moverse de tal manera que mi respiración se aceleró, por primera vez en la vida estaba sintiendo sensaciones increíbles y ni siquiera te movías o usabas tus manos, era sólo tu lengua y tus labios. Fue cuando me invadió el cuerpo un orgasmo y sólo tuve tiempo de decirte: «Me vengo» pero tu simplemente continuaste, me dejaste llegar en tu boca, creo que este orgasmo fue el más largo y placentero que jamas haya tenido en la vida. Caí rendido, inmediatamente subiste sobre mi, preguntándome que tanto lo había disfrutado y si me había gustado sentir como me hacías el sexo oral. Te confesé que había sido la mejor felación que me habían hecho…
Así que con cara de ironía y con una gran sonrisa de satisfacción en la boca te acercas a mi oído y me preguntaste… «¿Aún piensas que soy mala cama?

Continuara…

 

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Ven bailalo…

Hoy revisando mi computadora encontré un vídeo de esa primera noche junto a ti. Me detuve a observar como te encantaba posar frente a la cámara. Tu forma de mirar, tu forma de encarnar otra personalidad, una personalidad algo erótica y sensual. Tu facilidad para el baile te hacia una experta en los movimientos más calientes que yo antes allá visto. Te gustaba mirarte, te sentías segura de tu cuerpo, unos senos firmes y naturales, una cintura estrecha, y unas nalgas y piernas bien ejercitadas, ese color trigueño de tu piel y la marca de tu pequeño traje de baño. Unos labios muy sensuales dispuestos a besar y jugar con cualquier parte de mi cuerpo. Tu cabello negro azabache, si, ese mismo que sacudías al bailar en las tarimas cuando eras bailarina de un grupo de reggaeton.

Ese mismo cabello que me encanto la primera vez que te vi, jugabas con el, con tus movimientos, con tus miradas. ¿Recuerdas nuestra primera escapada? Después de esa gira, prometí darte unos masajes y regalarnos una noche de pasión juntos. Después de una larga sesión de besos en el ascensor, en el pasillo, logre abrir la puerta de mi apartamento. La llama del deseo nos invadía, sólo pensábamos en comernos el uno al otro, arrancándonos la ropa, como si no tuviéramos tiempo suficiente para estar juntos. Te tire en mi cama, tenía el control sobre ti. Por fin serías mía… Sentir tu cuerpo sobre mi, acariciarte sin nada de ropa, era el sueño hecho realidad. Nos invadieron grandes besos llenos de deseo y loca pasión, tus ojos no dejaban de verme, no dejabas de morder tus labios, de pronto empezaste a bajar sobre mi pecho y con esa sonrisa tuya tan llena de lujuria levantaste una ceja y llenaste tu boca con mi sexo, lo saboreabas cual fuera un dulce, lo degustabas con tanto placer que sólo verte me creaba un morbo tremendo. La música de fondo le daba ese toque erótico que necesitaba, un R&B de Sade Lover. Sentía que una a explotar. De pronto viste que en mi habitación tenía una cámara de vídeo, tu cara de picardía surgió de pronto.

Tomaste la cámara y la pusiste frente a la cama, con la pantalla digital hacia el frente para poder verte, empezaste a jugar con la cámara, cambiabas de expresiones en el rostro, jugabas con tu cuerpo, acariciabas tu pecho con ambas manos, recogías tu cabello y no dejabas de sonreír. Me senté detrás de ti para así poder tomarte desde atrás y jugar con tus pechos, besar tu espalda, poder hablarte al oído y decirte lo sexy que te veías frente a la cámara. Este evento nos calentó al punto que sólo me tumbaste sobre la cama y subiste sobre mi, y llevando el control de todo empezaste a moverte cual película porno, era sorprendente como una adolescente menor que yo tenía la experiencia suficiente como para no dejarme dominar. Aunque confieso que para mi fue genial. El movimiento de tus caderas estaba cargado de tanta energía que era imposible liberarse, tu rostro, aún recuerdo como mordías tus labios, y decías con voz dulce y sensual: «-¿Te gusta?¿ Me deseabas mucho?»
De pronto cambiaste de pose, pasaste a hacer un 69 y no fue hasta cuando vi el vídeo que tu expresión frente a la cámara era de película. Siempre mantuviste un contacto visual con esta, como si alguien más estuviera viendo. Disfrutabas de saborear mi sexo con tal intensidad que no deseaba que terminara nunca. Era tan sexy como movías tu cabello, de un lado a otro, y como presionabas tu sexo con mi boca. Aún recuerdo como acariciaba tus nalgas mientras mi lengua te penetraba con tanta dulzura e intensidad. Tu olor, tu sabor, volvía loco mis sentidos.

Era una noche de sexo intenso. Fue cuando sentí que casi me venía, cuando decidí cambiar de posición, era hora de dominarte, ponerte en cuatro y tomarte por las caderas, acariciar tu espalda, y halarte el cabello, como si fueras una fiera salvaje, no dejabas de mirar la cámara, movías tus nalgas y caderas para hacerme llegar y gemías con tanto placer y maldad que no aguanté más y explote dentro de ti… Seguías moviéndote con tanta pasión que sentí que volvía a llegar por segunda vez en esos segundos. Caímos en la cama sin aliento, sin fuerzas, con energías solo para detener la grabación y dormir un rato. Pero eso solo duro unos minutos, ya que cambiaste de lugar la cámara y me pediste te hiciera un oral mientras te grababas en cuatro. Tu cara de placer era única, sobre todo cuando me pedías que te hiciera el conocido «beso negro», tus gemidos me calentaban, y aún al ver el vídeo me calientan, ver como mordías y saboreabas tus labios me encantaba. Introduje mis dedos dentro de ti mientras mi lengua hacia su trabajo y ver como te corrías en mi mano fue una experiencia super rica. Esa noche fue placentera, y lo mas emocionante fue que quedo todo grabado… Recuerdo el instante que te vi por primera vez bailando en la tarima y pensé: «Si así baila, no quiero imaginarme como debe ser en la cama», Fantasía hecha realidad. FIN

 

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Hasta qué fuiste mía…

¿Recuerdas como empezó todo esto? Yo creo que ni recordamos como fue que nos conocimos. Ya que importa eso. Si no te das el gusto de conocerme, no vas a poder darte el lujo de olvidarme.
¿Recuerdas aquella última vez? Si, esa misma que acabas de recordar en tu cabeza, ya te debo imaginar con la sonrisa en tu boca, esa misma boca que tantas locuras hizo ese día que tanto anhelábamos vivir.
Solo quiero recordar desde el momento en que te pegue a la pared, levante tus brazos y empece a besarte. No en los labios aún… Primero bese cada rincón de tu rostro, de tu cuello, te respiraba cerca, sentía tu aroma, esa fragancia de deseo y lujuria. Tus ojos me gritaban que te comiera a besos. Así qué con leves toques empece a degustar cada uno de tus labios. Sentía como tu respiración se iba acelerando, tus suspiros eran más profundos y prolongados. Así qué te voltee y quedaste de espaldas a mi, tu cara frente a la pared, te tome de las caderas, y te tome del cabello, y hablándote al oído te dije: -Vas a ser mía… –

Tu solo sonreías, esa cara de picardía, esa expresión de «Haz lo que quieras conmigo» me ponía cada vez más caliente. Así qué te tome y te guíe hasta mi cama… Y te deje caer en ella. Tus ojos brillaban como diciendo: Por fin vas a ser mío. Fue en ese momento donde me dije mentalmente: ¿Quien se va a comer a quien?

Y tal cual como lo escribiste una vez en mi teléfono, decidida y segura de lo que estaba haciendo me desabrochaste el pantalón. Adueñandote de mi sexo inmediatamente. Mi espalda se arqueó instantáneamente, esa boquita tuya era tan cálida y suave, los movimientos de tu lengua tan dulces y dóciles que era demasiado romántico para la primera cita. Nuestra primera vez quería que fuera intensa. Por eso te pedí que cambiaras el ritmo. Y con el tono de voz que tanto te gusta que te hable te dije: -Quiero sentirte más atrevida, más salvaje, quiero que te lo comas completamente. Quiero que tu boca me disfrute, que me domine, quiero ver que tan intensa puedes llegar a ser.
Nuevamente tu sonrisa con toque de dulzura malvada volvió aparecer. Tu lengua empezó a jugar conmigo, tus labios húmedos y brillantes se adueñaron de mi sexo. Tus ojos se cerraban y se abrían, manteniendo el contacto con mis ojos. Eso me encantaba. Así qué me empece a retarte. Quiero que te lo comas todo, quiero ver como disfrutas del sexo oral. Tu boca se abría más y más, tomabas aliento y no te detenías. -Eres Tremendo – me decías a penas cuando dejabas de tenerlo en tu apetitosa boca. Y sonreías con tanta malicia y picardía que me ponías cada vez más creativo. Ya te habías dado cuenta lo mucho que me encanta el sexo oral, así que elevaste la intensidad y yo me puse más malicioso. Te tome del cabello, controlando tus movimientos. Sólo por algunos instantes, no puedes quitarle el control a una mujer cuando te hace una felación.

Fue en ese instante cuando decidí quitarte la ropa. O lo que quedaba puesto, uno siempre trata de arrancar parte de la ropa mientras disfruta de los besos. Así qué aproveche este instante para cambiar de posición. Me toca a mi disfrutar del sabor de tu sexo. Aún ni te había tocado y sólo mi aliento acariciaba cada centímetro de ti y ya tus primeros gemidos empezaron a aparecer. Mi lengua hizo aparición, y con sólo la punta empece a rozarte suavemente. No hacía falta humedecerte. Introduje mis dedos dentro de ti, me llenaste de tu dulce néctar del placer. Los movimientos empezaron a acelerase, y tu perdiste el control. Llego el momento de que me sientas dentro de ti. Tome el control de tus piernas desde tus tobillos, y te acomode a mi gusto, me pose sobre ti, y fue penetrandote con suavidad y ternura. Pero como ya lo sabes eso no iba a durar mucho tiempo, ya que tu me inspirabas era un sexo salvaje e incontrolable, la ternura desapareció inmediatamente. Tus pies pasaron a estar en mis hombros, y mis movimientos empezaron a ser cada vez más y más intensos, al ritmo de tus gemidos y suspiros.
-Eres mía… – te susurre
Inmediatamente tus manos empezaron a apoderarse de mi cuerpo, caricias y manoseos se adueñaron de mi. El choque de mis caderas con las tuyas eran cada vez más explosivas. Te cambie de pose, el control era mío. Te puse en cuatro, controlándote por tu cintura con una de mis manos y la otra por tu cabello. Me di cuenta que te encanto que te halara el cabello. «Por fin eres mía» volví a gritar y ambas manos te agarraban las nalgas, y en algunos instantes era imposible no darte una que otra nalgada. Te tumbe y quedándome encima de ti empece a morderte la espalda. Cada centímetro, cada rincón de ti, con mordiscos cada vez más intensos. Al principio gritabas de dolor… Después empezaste a disfrutarlo y me pedías que no parará.
-No me muerdas tan duro- me pediste
-Shhhhh, usted hoy es mía, y el control es mío, y hago lo que quiera con su cuerpo. Ok? Te quedo claro? –
Y tomándote por el cabello nuevamente te lo volví a decir al oído: «Como quieres que te lo diga, ERES MÍA»
Recorrí tu cuerpo, besando, mordiendo, saboreando cada parte de ti. Así qué decidí hacer un 69, lo recuerdas? Cómo me subí encima de ti, y sentías como mi sexo penetraba tu boca y tu no parabas de saborear cada centímetro. Mientras yo jugaba con mi lengua y dedos allá abajo, me tomaste de mis nalgas como controlando el movimiento de mis caderas para no ahogarte. Por eso nos volteamos y deje que tu fueras quien tuviera ese control. El control de moverte a tu gusto. El control que tanto anhelabas. Ese poder de sentirte dueña de mi cuerpo, de ser tu sumiso, que me mordieras, me aruñaras, me tomaras por el cabello. Recuerdas esa sensación? Cuando te pedí que me mordieras en la espalda, cada vez mas fuerte, que me dejaras marcas en el cuerpo con tus uñas, fue cuando te diste cuenta que me gustan las pasiones intensas, donde se encuentran frente a frente el placer y el dolor. Esas sensaciones que te llevan al limite de perder el control. Dominarte al punto de hacerte sentir nuevas emociones, nuevas sensaciones que seguramente nadie lo había hecho contigo antes de esa manera.

Cómo dice el libro de Las 50 Sombras: «¿Así que quieres que te folle otra vez?»

Continuará…

 

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Con las dos…

Muchas noches deseó ser tocado por ambas, que recorran mi piel centímetro a centímetro. Paso a paso como sí caminarán por mi cuerpo. Que se deslicen por algunos instantes transmitiendo el calor y la energía de las dos. Una toca mi rostro, acaricia mi cabello, se siente algo fría, fresca en realidad. Juega con mis labios, mi nariz, me hace sonreír. La otra me hace suspirar, ya que recorre mi espalda, mi abdomen, mi pecho. Se siente más caliente. Sus caricias son más intensas, más dominantes, controladoras.

Ambas me hacen sentir el mayor de los placeres. Grandes emociones. Juntas me liberan de mi ropa, juntas me arrinconan contra la pared. Cada una toma el control de mis manos, como diciendo «no te muevas». Yo me quedo inmóvil, aunque provoca luchar por liberarse. Una de ellas me toma por el cuello, la amenaza por el control es inminente. La otra se desliza por mi pecho, bajando por mi abdomen, y toma el control de mi sexo.

Estoy a merced de ambas, mi respiración se acelera cada vez más. De pronto ambas se adueñan de mi sexo y unos labios húmedos y calientes se empiezan a degustar con gran placer. Una lengua bien juguetona empieza a recorrerme, unos labios carnosos le dan apoyo. Sientes el sonido de una boca degustando con gran placer un sexo oral largo y profundo. Siento tantas sensaciones que no deseo que se detenga ni por un instante, una de ellas se apodera de la mitad de mi sexo, apretándome fuerte. La otra acaricia mis nalgas, mi espalda. Y cuando menos lo esperas ambas se adueñan de mi sexo y con movimientos intensos me masturban, quieren hacerme explorar… Se turnan, y cuando le hago saber que ya se aproxima mi orgasmo ambas trabajan juntas con movimientos giratorios invertidos llevando mi sexo hasta tu boca me dices:

-¿Quieres que siga con las dos manos? o ¿Quieres llegar aquí? (Tocando sus labios muy sutilmente)

Tu mirada de picardía fue la que me hizo llegar antes de que terminaras la frase… Tu boca se apoderó por esos segundos de mi, y tus ojos no se apartaron de mi, disfrutaste cada segundo mirándome, viendo como un escolofrio se apoderaba de mi cuerpo, te mire fijamente a los ojos casi sin parpadear. Tu terminaste de saborear y finalizaste con una sonrisa de satisfacción y placer consumado.

– ¿Te gusto? dijiste con voz suave
-Creo que tu cara lo dice todo… – dijiste con una sonrisa malvada entre tus labios
-¿Viste las maravillas que pueden hacer juntas mis manos y mis labios? ahora espero lo mismo de ti…

Continuara…