milf

Tu tan imponente

Cada hombre a lo largo de su vida se encontrará con mujeres como tu, ese tipo de mujer imponente e intimidante. Vamos a estar claros que una mujer de tu tamaño y proporciones es la fantasía de muchos de nosotros. Aunado a esto posees ese encanto seductor de unas pecas que invaden tu cuerpo, es como chispas de chocolate que hacen más provocativo la dulce tentación de tus curvas. Posees unos labios carnosos que más haya de fantasearlos besandome me los imagino recorriendo cada centímetro de mi cuerpo. Una mirada que te pone a volar la imaginación, ver esos ojos café mirándome siempre como si desearas desvestirme. Tu voz, ese tono de seducción que llevas siempre, como si al hablar me hicieras el amor. No se sí haz notado que cuando hablamos hay momentos que dejo de verte a los ojos, es el instante donde huyo de llegar al clímax de mis fantasías contigo. Sobre todo cuando llevas esos escotes que dejan ver el encanto que llevas bajo la blusa, ese par por el que muchos hombres pierden la cordura. Es que poseen el tamaño perfecto, la forma ideal, ese tambaleo tan sexy que tienen al caminar sin dejar de ser firmes. ¿Cuantas veces habré imaginado mi cara allí entre las dos? Creo que perdí la cuenta. ¿Por que sonríes? Si sabes bien que esos son los pensamientos que nos haces tener a todos los hombres. No hay nada más excitante que verte caminar con rumbo hacia mi, preferiblemente con uno de esos vestidos escotados, donde puedo ver tus piernas en todo su esplendor. ¿Sabias que te imagino a lo Sharon Stone en «Bajos Instintos» abriendo tus piernas para mi? Es que posees ese mismo poder de seducción de mujer fatal que me inculco esa película desde pequeño. Te impones donde llegas, tu presencia es capaz de intimidar a muchas mujeres y alborotar a muchos hombres. Aunque puedes causar el efecto inverso, puedes intimidar a hombres como me paso la primera vez contigo. ¿Recuerdas? Esa vez que me invitaste a tu apartamento para hablar de negocios, no puedo negar que eres muy buena anfitriona, recuerdo perfectamente que me serviste un trago de whisky Royal Satule 21 años, mientras tu preferiste un vinito tinto. Conversamos por un rato largo, planes y propuestas para hacer dinero con lo mejor que manejamos, la publicidad. Al darnos cuenta ya era bastante tarde para irme a mi casa. Así que amablemente me pediste que me quedara en tu apartamento. Yo en ese instante ya me hacia durmiendo en el sofá, ya que más temprano me habías mostrado que sólo poseía una sola habitación. ¿Pero cual fue mi sorpresa? Cuando me pediste que te acompañara a tu cuarto diciéndome: «Bueno, esta noche te va a tocar dormir conmigo, de todas formas sabes que yo te veo como si fueras mi hijo, chico, ¡además mi cama es muy grande!» Dijiste sonriendo y con mucha tranquilidad en tu rostro.
Vamos a confesarnos, eso no se hace, en ese instante pasaron mis más alocadas fantasías perversas por la mente. Compartir la cama de lo que hoy día conocemos como MILF, tu sabes, esas mujeres maduras que no dejamos de verlas con deseo por lo sensuales y atractivas que son. Mi cabeza sin haberme metido a la cama ya había mandado la señal a todo mi cuerpo. Me prestaste un pantalón deportivo para dormir. Eso era lo que menos me preocupaba, yo duermo en bóxer donde sea. Mi pregunta era ¿como va a dormir ella? Aunque mi fantasía es verte en babydoll esa noche tenías una pijama de seda blanca. Me dijiste con voz seductora (bueno, yo siempre te escucho así)

«¿Que lado de la cama quieres? ¡Métete chico! Deja la pena, estas en tu casa.»

¿Qué lado quiero? -me respondí mentalmente- Encima de ti. Yo sabía que no iba a dormir ya fuese porque tu te lanzaras encima de mi o porque mi cerebro no dejaría de mandarme instrucciones y fantasías contigo. Como iba a dormir tranquilo con tremenda mujer al lado mío, en pijama, luz apagada, una cama tamaño King y las próximas 7 horas para que amaneciera.

Son cada una de esas curvas las que me hacen delirar los pensamientos, ver tu cuerpo completamente desnudo era mi mayor deseo. Disfrutar con mis ojos cada peca que cubre tu cuerpo, sería capaz de contarlas una a una con mi lengua hasta haberte recorrido toda entera. Tu eres así como un postre de brownie con helado y chispas de chocolate, hay que disfrutarte con calma, degustandote con suavidad, el brownie representa tu lado CALIENTE, ese lado tentador, provocativo, que despierta pasiones y deseos. El helado tu lado FRÍO, calculador, agudo, dulce pero mortal. Todo se mezcla en un excitante sabor con variedad de texturas y temperaturas.
Tus labios, esa boca inspiradora, de besos seductores y adictivos. Esa boca que te besa y te degusta labio a labio, beso a beso hasta dejarte sin aliento. ¿Que otras cosas pueden hacer tus labios? ¿Comerme a besos? ¿Que otra cosa puede hacer tu boca? ¿Devorarme? Devorar quiero yo hacerlo con tu cuerpo, disfrutar cada centímetro de tus grandes y firmes senos, mi lengua jugaría sin control lamiendo cada uno con pasión, mordiéndoles suave y sutilmente hasta escuchar tus primeros quejidos. Mis manos disfrutarían de tocarlos y apretarlos sin control. Los besare y lameré tanto que parecerá que quisiera borrar las pecas que los invaden. Una de mis manos, la derecha para ser más preciso, se desvía del camino y se dirige a tu sexo para explorar como tu cuerpo se derrite por mis caricias. Dicho y hecho, la humedad de tu entre piernas era perceptible. Mis dedos se deslizaban con tanto gusto por tu sexo que en poco tiempo se encontraron empapados de tu sirope de placer, mis dedos no paraban de moverse, alterando tus sentidos, mi boca en tu boca robándote los besos que tanto deseaba, mordiendo esos carnosos labios sin parar. No hubo palabra alguna hasta que susurraste en un instante: -«Quiero sentir estos labios tuyos aquí abajo volviéndome loca»

Así mismo fue, sin pensarlo mucho mi boca se deslizó hasta el medio de tus piernas y empece a complacerte, obedeciendo la primera orden que me diste sin darme cuenta. Mi boca te disfruto al máximo, cada gemido tuyo me mostraba que debía hacer, cada alón de mi cabello me indicaba si debía acelerar o detenerme. Tenías el control de mi cuerpo. Y te dabas placer con el a tu gusto. Yo sólo obedecía cada capricho tuyo.
Si, eras mi dominatriz y deseaba cumplir cada deseo tuyo. Mi cara entre tus piernas pegada a tu sexo había sido mi mayor deseo. Tus gritos, mi mayor afrodisiaco. Cuando medio abría mis ojos para verte, allí estabas, mirándome lascivamente complacida. Manoseabas tus senos mientras me mirabas con morbo. A veces mordías tus dedos de la mano, y en algunas ocasiones llevabas tus senos cerca de tu boca para tratar de morderlos o besarlos, apenas lograbas lamerlos. Eso me calentaba mucho mas, así que mi lengua trataba de penetrarte más allá de sólo lamerte y disfrutar de tu clítoris y tus labios. Un grito seguido de un suspiro quejumbroso invadieron tu cuerpo, estabas llegando al clímax y podía sentir como lo disfrutabas con sumo placer, tu pelvis se movia con mayor intensidad, me aferre de tus caderas y clavando mis dedos en tus nalgas trate de meter mi cara dentro de ti. Mi lengua, mis dientes y mis labios fueron los culpables de aquel orgasmico momento. Ver como te retorcías de placer en la cama era el mayor de mis deseos, pero aún deseaba más. Así que mi intención era penetrarte justo después de esto. No lo permitiste. Diciéndome: «En mi cama mando yo».

Así que me hiciste recostar mi espalda a la cama y te subiste encima de mi, tus enormes senos estaban frente mis ojos y no podía dejar de mirarlos. «¿Te gustan verdad? -dijiste sonriendo con mucha picardía- Siempre lo supe, mi niño a veces se te iban los ojos derechito a mis escotes, pero no se te puede negar que eres un caballero. ¿Pero sabes que? Esta noche no quiero que lo seas, ¡no me respetes tanto chico! – inmediatamente retrocedisteis me llevaste a la orilla de la cama y bajaste al piso hasta tener mi miembro al frente y acercaste tu boca y tus senos, sólo rozándolo, jugando a provocarme. Deslizabas tu lengua de abajo hacia arriba con suma lentitud, eso me estaba torturando. De pronto tus labios se posaron en la punta y empezaste a devorartelo centímetro a centímetro hasta llegar a la base, una garganta profunda. Tu saliva cubría todo mi sexo, lo hiciste varias veces hasta que acercaste tus senos para cubrirlo y hacerme una «rusa», ambos senos arropaban mi miembro gracias a tus manos que apretaban y movían con gran agilidad. Aunque más morbo me daba tu cara, esos labios mordidos por tus dientes y esa boca entre abierta a veces como esperando que explotara en un orgasmo sobre ti. Al cabo de unos minutos así, desististe y cambiaste de posición, dejándome en la misma posición te levantaste y dándome la espalda y dejando ver esas grandes caderas y tan tentadoras nalgas, acompañado de una marca de un pequeñito traje de baño, te sentaste encima de mi, tomaste mi miembro con tu mano y lo llevaste a tu sexo húmedo y excitado.
Ver tu enorme culo moverse encima de mi solo me llevo a poner mis manos en tus caderas. Cada embestida me acercaba más al clímax. Pero era hora de tener algo de control. Así que te tumbe en la cama y te obligue a ponerte en cuatro, pusiste algo de resistencia al principio, pero eso me emocionaba. Te di un par de nalgadas como castigo, eso te calentó aún más. Eras una fiera salvaje deseando ser domada. Tome el control por tu cabello aferrandome a el mientras tu movías tu caderas con frenesí y mi mano derecha te azotaba en cada embestida. Tus gritos y gemidos eran el mayor afrodisíaco, ver como estabas arrancando las sábanas de tu cama y tus manos rebeldes tiraban todo al piso. Otro orgasmo invadió tu cuerpo, empezaste a morder y a ahogar tus gritos en una almohada que tenías debajo de ti. Te alejaste de mi y te retorciste sola en la cama, acariciandote tu misma. Me encantaba verte así. Esta vez fui yo quien hablo: «Aún no he terminado contigo»- Así que te voltee y subí tus pies juntos a mi hombro izquierdo. Ver como te aferraste a la cama mientras te penetraba sin cesar, tus gemidos eran cada vez más fuertes y mis ganas cada vez mayores, el sudor corría por mi frente, goteando al punto de caer en tu abdomen. Mientras tanto tu acariciabas tu cuerpo y me hablabas sucio: «No pares, no pares, quiero que me des mas duro. Me haces sentir tan puta. Dime, ¿desde cuando deseabas cojerme así? –
-Desde el primer día- respondí
-Siempre quise tenerte en mi cama y follarte como nadie. Hacerte gritar. Verte toda puta pidiéndome mas.- te dije mientras no paraba de embestirte.
«Me encanta ver como se mueven tus tetas al ritmo de mis caderas» -te dije casi sin aliento.
«¿Y te gusta ver como me las acarició para ti mientras me cojes tan rico? -Me respondiste manoseandolas y apretándolas con fuerza.
«Quiero verte acabar encima de ellas, te gustaría? – me dijiste con voz muy erótica.
Sería algo así como una escena porno hecha realidad. Una madurita sexy te complace en todas tus fantasías. Así que se me ocurrió otra idea y deseaba ver si me complacerías. De dije: «Quiero que lo hagamos en el balcón, así desnudos los dos con las luces apagadas pero con la intriga de que nos puedan ver de los edificios del frente.»
«Eres un picarón muchachito» me dijiste tomándome de la mano y llevándome al sitio. Me pusiste de pie mientras tu te agachaste de rodillas, y usando tus manos mágicas, tu boca y tu lengua, me diste un oral que jamás había imaginado o vivido antes. Acariciabas cada parte de mi sexo con tu lengua, tus manos me apretaban y masturbaban cada vez más fuerte. No dejabas de verme y decirme: «¡Vente! Lo quiero aquí en mi boca, llename de ti, quiero saborearlo, anda. Fue tan fuerte la escena que no pude más y sólo me dio tiempo de decirte: «Siiii» y un largo chorro de semen empezó a brotar y tu boca jugueteo con mi sexo lamiéndolo y regando mi semen en tu pecho. Tus manos se encargaron de extenderlo por ambos senos manoseandote con erotismo.
«Ni siquiera te voy a preguntar si te gusto… Con esa cara me lo dices todo» me dijiste sonriendo con cara de satisfacción. Yo quede rendido en la cama. Al despertar en la mañana, estabas allí acostada a mi lado, con la pijama puesta y el cabello arreglado. Ya va, ¿todo esto fue sólo un sueño? Justo abriste los ojos y dijiste: «¿Como dormiste gordo? ¡Anoche como que tuviste una pesadilla! Decías ‘No, no, no, no…’ Con voz agitada, estuve a punto de despertarte.»
Menos mal no lo hiciste pensé. Este ha sido el sueño más maravilloso que he tenido. Al final sólo nos levantamos me hiciste desayuno, y yo no podía dejar de desvestirte con mi imaginación. Y revivir en mi mente entre sonrisas esa noche juntos que nunca sucedió.